LA VIRGEN 
En nuestros días, la virginidad es entendida, sobre todo en occidente, como una condición exclusivamente física del ser humano, que adquiere según las costumbres del grupo o sociedad que la contempla, un valor de mayor o menor importancia social. 

Para los miembros de una sociedad tradicional, donde todo es simbólico, la virginidad no es una cuestión moral, es expresión de lo divino, sagrado y vivo en la naturaleza humana que lo manifiesta, que en el seno de su cultura se halla en armonía con el Principio. 

En este sentido, el símbolo de la Virgen, expresa fundamentalmente un aspecto arquetípico: la receptividad o capacidad, la potencialidad que la hace contenedora de la Toda-posibilidad emanada de la Voluntad del Principio. El desarrollo y alumbramiento de este germen que alberga la Virgen, la hace a la vez madre. Y es así que la encontramos representada como deidad femenina en las diferentes culturas, siendo simultáneamente Virgen y Madre que retorna al estado virginal después del alumbramiento, inmaculada e intacta para una nueva concepción. 

En su estado de virginidad no fecundada la Virgen es la substancia primordial indiferenciada; simboliza lo no manifestado, lo no revelado, la potencia con respecto a la manifestación. 

En cuanto a principio pasivo representado por lo femenino, la Virgen madre constituye uno de los polos de la manifestación, complementario del principio activo y masculino. Son Yin y Yang, Prakriti y Purusha, la tierra y el cielo respectivamente, primera polarización del Ser Universal. 

De acuerdo con la tradición hebrea, la unidad sephirotica se despliega desde Kether a Malkhuth, según una jerarquía de tres tríadas en las cuales se vierte y es recibida sucesivamente. Cada sephirot es un recipiente virgen, que a la vez refleja, alumbra, y expresa Unidad. 

En el plano superior, Binah, la Inteligencia, recibe la Sabiduría llamada por la cábala, "el Padre Supremo", y en este sentido, Binah, es "Madre suprema". 

Malkuth, la última sephirot, es el gran recipiente donde se vierten todas las emanaciones. Malkuth es llamada entonces "la mujer", "la esposa", "la reina del divino Rey" y en tanto que manifiesta ese germen heredado, Malkuth es "madre inferior". 

En la tradición cristiana, María es la Virgen Inmaculada, concebida, "sin pecado original", que el ángel ha llamado "llena de gracia". En esta Virgen, Dios se reconoce y su Espíritu, descendiendo sobre ella, es aceptado y se engendra a sí mismo en un acto prototípico eterno. 

En otro orden la Virgen representa el Alma pura, libre de prejuicios, dispuesta para recibir la semilla divina que Gabriel le anuncia. Siendo así, en ella se hace según la Palabra, y el aspecto femenino de la divinidad deviene misteriosamente Madre de Dios. 

Esta orientación en dirección a lo alto, el cielo, es la que toma todo ser al recibir la iniciación. Se dice que el iniciado es hijo de la Virgen,1 que al igual que los verdaderos cristianos, como dice San Juan "no han nacido ni de la sangre, ni de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios", ya que la iniciación que es un segundo nacimiento,2 hace que en el corazón, arca y sagrario virgen del aspirante, germine la semilla espiritual, la gracia que por su estado virginal se hace fecunda. 

En el mismo sentido la tradición como receptora, conservadora y transmisora, es también el Arca de la influencia espiritual que vehicula. Y como Madre, acoge en su seno al iniciado, alimentándole con sus ritos, símbolos y mitos, siendo como María, Arca de la Alianza que permite "aliar" y "juntar", reunir los fragmentos dispersos, o recobrar la "palabra perdida", en el caso de la tradición Masónica. 

El candidato (de candere: ser blanco) en su estado de candidez e ingenuidad (de gignere engendrar, in dentro), noble y generosa, es imagen de la virginidad, del estado o condición previa de todos los misterios de generación y regeneración. 

Si la posibilidad de renacer se ubica simbólicamente en el corazón, el proceso de encarnación física humana se produce en un nivel inferior del cuerpo, en la matriz femenina que es su reflejo, el fértil receptáculo donde se gesta el nuevo ser. Ester Llecha 

 
NOTAS
1 Denys Roman. A la Gloriosa Memoria de los dos San Juan
2 "La iniciación, en tanto que 'segundo nacimiento' no es en el fondo otra cosa que la 'actualización' en el ser humano, del principio mismo que en la manifestación universal aparece como el 'Avatâra eterno". René Guénon, Aperçus sur l'Initiation, capítulo La naissance de l'Avatâra.
   
 
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