SYMBOLOS

Revista internacional de
Arte - Cultura - Gnosis

PHOENIX 33
LAS UTOPÍAS RENACENTISTAS

MARC GARCÍA
ÁNGELA SARDÁ


Sintonía del programa. “Unforgettable”, por Natalie Cole y Nat King Cole.

Locutor: Bienvenidos a Phoenix 33, un programa de ivoox con el que pretendemos difundir de una manera fresca, directa y amena las obras de Federico González Frías, nuestro norte intelectual. Y esto con el fin de que, a quienes aún no las conozcan, les entren unas ganas irresistibles de hacerse con ejemplares de ellas para sumergirse en su lectura atenta, lo que sin duda les va a redituar beneficios de orden anímico y espiritual, y no pocos; y a los que ya están familiarizados con las obras, que se animen a releerlas una vez más para descubrir los aspectos o perspectivas nuevas en las que no habían reparado —que seguro que las hay— y se dejen impregnar una vez más por lo que estos extraordinarios textos y las bellísimas imágenes que los adornan transmiten. Como ya anticipamos en nuestro anterior episodio, ahora es el turno de Las Utopías Renacentistas, uno de los libros doctrinales de Federico, cuya edición más reciente es la publicada por la editorial zaragozana Libros del Innombrable en 2016. Y como siempre están aquí con nosotros, en la sala de grabación, los miembros del Ateneo del Agartha, ¡buenas tardes! También nos acompañan una audiencia asidua de personas que nos escuchan desde de sus casas o sus lugares de actividad y los amigos y amigas que están siguiendo nuestra emisión de manera presencial, ¡hola a todos!

Final de la sintonía del programa.

Locutor: Bien, los títulos de los libros suelen anticiparnos su contenido, y este es el caso del volumen que vamos a ir recorriendo capítulo a capítulo de la mano de citas del autor y de algunas reseñas. Ah, Las Utopías Renacentistas también tiene un subtítulo: Esoterismo y Símbolo. Un enunciado que expone el punto de vista en el que se ubica Federico: aquello que verdaderamente le interesa y desea transmitir al lector: la posibilidad de acceder al significado más interno y auténtico de las cosas —en este caso, del Renacimiento como una coyuntura del ciclo cósmico de nuestra humanidad en la que la Tradición Hermética vuelve a la luz con un gran vigor— y convertirse en habitante de la Utopía, una ciudadela invisible que se nos invita a reconocer como nuestra verdadera patria y a la que se accede con las alas del pensamiento inspirado.

Voz del Ateneo: Como escribe Mireia Valls en una amplia recensión sobre Las Utopías Renacentistas, “personajes tan destacados desde el punto de vista de la Vía Simbólica como Gemisto Pletón, Nicolás de Cusa, el cardenal Bessarión, Egidio de Viterbo y por supuesto Marsilio Ficino así como Pico de la Mirándola, Giordano Bruno, Jacques Lefévre d’Etaples, Guillaume Postel, Juan Reuchlin, León el Hebreo y una cadena larguisíma de filósofos, poetas, pintores, escultores, arquitectos, cabalistas, y en definitiva, hombres de conocimiento, son citados por el escritor como los promotores y transmisores en aquellos siglos de ese legado perenne y siempre actual que permite al ser humano de cualquier tiempo y lugar conectar verticalmente con el Centro y la Verdad”.1

Voz del Ateneo: Y añade: “Leer dicho libro es dejarse empapar por la experiencia de aquellos seres humanos que antaño y ahora han recorrido ese itinerario individual y suprahumano y lo han expresado a través del símbolo de la Utopía, de la Ciudad Celeste, del Paraíso mental, de la República de las letras o del Olimpo invisible, que como nos dice Federico Gonzalez son algunas de las denominaciones de “estos ‘lugares de la conciencia’ que se manifiestan como un mundo ideal ordenado, jerárquico, asombroso, por momentos indómito, por otros gélido y abismal, turbulento o esplendoroso”.2

Breve pausa y fondo musical. Caludio Monteverdi, “Chiome d’oro”.

Voz del Ateneo: “El Renacimiento, como su nombre lo indica, es un período histórico donde surgen nuevas posibilidades latentes en la propia historia de Occidente, frente a valores ya caducos de la organización medieval que, como todos los períodos históricos y en virtud de la dialéctica que los opone, se transforman permanentemente en nuevas realidades, abonando así el discurso de la historia. En ese sentido es que su nombre, relacionado con un nuevo nacimiento de posibilidades dormidas de la antigua ciencia sapiencial”, posee validez propia; una ciencia “que corre desde los egipcios, griegos y romanos —con el aporte de numerosos pueblos que la han engrosado—, y que desemboca afortunadamente, valiéndose de una serie de hechos claves, en el período histórico al que estamos haciendo mención”.

Voz del Ateneo: “Esta etapa de esplendor del auténtico Renacimiento, antes de ser disuelto por los intereses de la Reforma y la Contrarreforma, es decir por las guerras religiosas, o mejor, simplemente por la religión en detrimento de la sabiduría y el conocimiento tradicionales, pese a que ha sido tratada por numerosos autores desde hace años en sus múltiples aspectos, se sigue desconociendo. Nos referimos al espíritu que irrumpió en Florencia en el siglo XV en la corte de Cosme y Lorenzo de Médicis, y que se proyectó inmediatamente en toda Italia y posteriormente a Francia, Alemania, Inglaterra, etc., e incluso España, hasta el siglo XVII —e incluso comienzos del XVIII—, tomando la forma del Iluminismo Rosacruz y la Ilustración, nombres que designan a una misma corriente de pensamiento cuyos epígonos han subsistido hasta el presente”.3

Breve pausa y fondo musical. Dietrich Buxtehude, “Der Herr ist mit mir, Alleluia”.

Voz del Ateneo: “El término ‘Utopía’ fue acuñado por Tomás Moro a comienzos del siglo XVI (1516) como título de una célebre obra suya, Utopía, que como hemos recordado quiere decir, o deriva, del término u-topos, o sea de aquello que no tiene lugar, algo que por lo tanto está fuera del tiempo y del espacio para significar con seguridad un asunto imposible de realizar en este universo y relacionado con otro mundo, o sea con una región más allá de estas dimensiones, un ámbito celeste y perfecto donde las cosas fueran en verdad y no signadas por las imperfecciones humanas, una forma de la ciudad celeste, o de la ciudad de Dios”.4

Voz del Ateneo: “Desde que la conciencia de la humanidad, con la caída, dejó de habitar permanentemente en el Paraíso, esto es, en el estado de Unidad, ha sido necesaria la evocación y recuerdo a través del símbolo de esa posibilidad siempre anhelada, del que la utopía es un tipo. Esta ha estado presente en muchas culturas y tradiciones como vehículo didáctico para revelar altos conocimientos espirituales y para guiar a la humanidad en su viaje de retorno a la patria original. Durante el Renacimiento, la utopía fue un modelo que se retomó con vigor; es más, fue entonces cuando se implantó el uso de este nombre”.5

Voz del Ateneo: “No es difícil trazar una breve sinopsis de Utopía, escrita en forma de diálogo —lo cual recuerda a Platón, tanto como a Luciano, otro de los autores que fue importante en la formación de Moro— no obstante lo condensado y complejo de esta obra que describe una sociedad ideal, y a pesar de las contradicciones que los hombres de nuestra época, y los contemporáneos del autor inglés, podrían advertir en ella; verbigracia, ciertas formas muy cercanas a la esclavitud y a las guerras llevadas a cabo por mercenarios”.

Voz del Ateneo: “En el texto se refiere cómo el navegante portugués Rafael Hitlodeo narra a unos amigos en la ciudad de Amberes las peripecias de un viaje en el que ha habitado durante cinco años la isla de Utopía y conocido a sus moradores.

(...)

Moro describe en su obra un mundo feliz y una sociedad totalmente protegida de la maldad, la malintención, la fealdad y la mentira constante de los hombres, que bien en algún caso podría ser asimilada a una orden monacal, o a un convento de la época, en donde pueden florecer las auténticas posibilidades de amor, paz, justicia, equidad, solidaridad y belleza, objetivos divinos para los que ha sido creado verdaderamente el hombre en abierta oposición a su organización política, social y económica, a la que no deja de denostar, o sea, al mundo profano, incluso por la incapacidad en el aprovechamiento de los bienes y circunstancias naturales (…)”.

Voz del Ateneo: “Desgraciadamente la crítica profana posterior (…) tomó de modo literal la obra y para explicar este ‘idealismo’ no tuvo más remedio que juzgarla como un entretenimiento banal y snob, apoyándose por otra parte en el ‘disfraz’ con el que el propio Moro la ocultó”.6

Breve pausa y fondo musical. Thoinot Arbeau, “Belle qui tiens ma vie”.

Locutor: Federico nos adentra, en el capítulo tercero de Las Utopías Renacentistas, en la ciudad del Sol, “ese mundo de mundos también conocido y descrito por Tomasso Campanella, un dominico calabrés que al igual que Moro, ‘se sentía impulsado por la idea de una misión de tipo hermético aplicable a la sociedad’”.

Voz del Ateneo: “La ciudad del Sol está construida en forma de siete círculos concéntricos (regidos por cada uno de los planetas) que se elevan en espiral sobre una colina de tal manera que ‘si alguien lograre ganar el primer recinto, necesitaría redoblar su esfuerzo para conquistar el segundo; mayor aún, para el tercero. Y así sucesivamente tendría que ir multiplicando sus fuerzas y empeños’. Es pues evidente que el viaje hacia el interior de uno mismo al que ante todo nos invita este libro —rescatando los modelos diseñados por sus predecesores en la Vía Simbólica— es arduo, y requiere promover sin receso las virtudes del guerrero —‘generosidad, coraje, sabiduría y paciencia’—, así como comprender cabalmente lo que esta aventura espiritual-intelectual significa, para no confundirla nunca con una mareada de tipo psíquico que ciertamente jamás trasciende los límites de la individualidad humana”.

Voz del Ateneo: “Y para llevar a cabo tal cometido, la propuesta de Campanella es que todos los habitantes de la polis —hombres, mujeres y niños—, se entreguen al estudio de las artes liberales y al dominio de oficios y artesanías y que reconozcan en la jerarquía que los gobierna —cuatro príncipes y un jefe supremo, el Metafísico, Sol o Hoh— el ordenamiento del macrocosmos análogo al del microcosmos”. El capítulo que Federico dedica a la Ciudad del Sol, escrita en 1602, “abunda en citas del propio Campanella en las que se sintetiza lo esencial de su pensamiento y pone al lector en disposición de atender al sonido de esa ‘campanita’ que figura en uno de los grabados que ilustran sus páginas, instrumento que no es sino el símbolo de la llamada del numen o entidad intermediaria que guiará a cada cual por la senda mágica de autoconocimiento universal”.7

Breve pausa y fondo musical. Claudio Monteverdi, “Lamento della Ninfa”.

Voz del Ateneo: Pero “las formas de la utopía se amplían y adquieren revestimientos más etéreos que ya no toman únicamente como soporte la polis o la isla, sino que esas arquitecturas del pensamiento se vehiculan a través de una construcción escrita o de la cristalización de la palabra”.8 Una de esas utopías es la de los Manifiestos Rosacruz, a los que Federico dedica el siguiente capítulo de su libro. Atribuidos “a Juan Valentín Andrae aunque él nunca lo confirmara, tuvieron desde la invisibilidad de su formulación una gran proyección y repercusión entre los sabios y hombres de conocimiento de los ya muy oscuros y difíciles tiempos de la Contrarreforma”.

Voz del Ateneo: “La Hermandad Rosacruz, heredera de la esencia de la Tradición Hermética, promulgó en sendos documentos las ideas perennes de la filosofía secreta con una escritura y un lenguaje mágicos, haciendo hincapié en la importancia del libro como revelador de los misterios, a la par que se denunciaba el error y la ignorancia que campaba por doquier y se apuntaba la posibilidad de conocer ese vergel interno del alma iluminado por el Espíritu”.9

Voz del Ateneo: “La comunidad de los rosacruces no está, al igual que la ciudad celeste, en ninguna parte sino que es el lugar de reunión de todos aquellos que han alcanzado un nivel espiritual determinado que los hace conocerla, y por lo tanto ser uno con ella, al punto de ser los habitantes de esa Utopía, lo que indica sin duda una genealogía espiritual; una vinculación con una cadena que incluye también a los antepasados míticos”.10

Voz del Ateneo: Los dos Manifiestos Rosacruz, la Fama Fraternitatis de 1614 y la Confessio de 1615, “fijan el ingreso” a esa Utopía, “que es real, en otro espacio, e invitan de modo masivo a compartir su verdad a aquellos que por selección natural —si se pudiera emplear hoy este término— están capacitados para ello, y coexisten así con los que han conocido esa patria invisible en todos los lugares y tiempos, la que siempre ha de proyectarse hacia el futuro mientras exista este mundo. Ese es el propósito de cualquier escuela de Conocimiento: el de abrir una puerta hacia la sabiduría, tal como se dice en los Manifiestos y tal como los rosacruces revelan a su tiempo con sus célebres escritos que tan extraordinario éxito tendrían en su momento y que gracias a ello pudieron influir al medio hasta nuestros días ya que su proyecto llegó a un vasto público de importante nivel intelectual, especialmente en el mundo germánico y anglosajón —y de allí a todo Occidente— y a prohijar diversas instituciones, entre las que es dable señalar la Masonería”.

Breve pausa y fondo musical. Dietrich Buxtehude, “Prelude in C Major, III. Ciaconna”.

Locutor: También de la pluma de Juan Valentín Andrae, autor presunto de los Manifiestos Rosacruz, nace Cristianópolis, título de la obra que publica en 1619 y nombre de una ciudad utópica que éste ubica en la imaginaria isla antártica de Cafarsalama.

Voz del Ateneo: Federico cita en su libro este pasaje de Cristianópolis: “Es cuadrada, de 700 pies por cada lado, bien defendida por cuatro baluartes y un muro. Se orienta exactamente a los puntos cardinales. Está reforzada por ocho torres poderosísimas, repartidas por la ciudad, además de otras dieciséis menores, no desdeñables, y una ciudadela en el medio prácticamente inexpugnable. Las casas están dispuestas en dos filas o, si añades la sede del gobierno y los almacenes de la ciudad, en cuatro, con una sola calle pública y una sola plaza, muy majestuosa. Si mides las construcciones, verás que desde la calle interior, cuya anchura es de 20 pies, hasta el centro, donde está el templo, redondo, de 100 pies de diámetro, las medidas van subiendo de cinco en cinco. Si partes de las viviendas, entonces el espacio intermedio, los almacenes y el barrio tienen 20 pies cada uno, el muro 25. Las viviendas alcanzan todas tres pisos, a los que se sube por unos podios públicos”.11

Voz del Ateneo: “En la ciudad vivían seres que tenían el control de sí mismos, que luchaban contra el mundo, que aceptaban la muerte y que vivían en la contemplación del cielo y de la tierra, en el escrutinio de la naturaleza, en la armonía de todas las cosas, en la patria del Cielo y con la familia de Dios. Por el contrario no acogían a meros curiosos, fanáticos, ‘sopladores’ que deshonran a la alquimia e impostores que simulasen ser hermanos de la Rosacruz”.12

Voz del Ateneo: “Cada apartado o estancia de este palacio literario proyecta a través de diversas simbólicas las distintas formas con que el ser humano ha concebido y experimentado los estados múltiples del ser. De ahí ese hecho mágico por el que cada utopía resulta única, original, e inédita y al mismo tiempo idéntica en lo nuclear a todas las demás”. Así lo corrobora Cristianópolis, un ámbito ideal “que a modo de castillo, convento o colegio acoge a una comunidad de 400 personas, entre hembras, varones, jóvenes y niños, gobernados de forma aristocrática y en cuyo colegio, que es el centro de enseñanza de todos sus habitantes, hay un sacerdote que ‘consume todo su tiempo en meditaciones y prácticas sagradas’, el cual está casado con una mujer llamada ‘la conciencia’. (…) Valgan estos someros apuntes para despertar en el lector el interés por penetrar y habitar realmente en esta nueva versión utópica, que se vincula con las otras obras esotéricas de Andrae (…)”.13

Sintonía del programa.

Locutor: Estamos en Phoenix 33, una navegación por la vasta obra de Federico González Frías, y hoy hemos hecho puerto en Las Utopías Renacentistas, volumen publicado por la editorial zaragozana Libros del Innombrable en 2016. “El libro que estamos siguiendo paso a paso cumple una misión pedagógica, en el sentido que no sólo revela la simbólica, razón de ser y actualidad de la utopía, sino que igualmente denuncia el advenimiento de sus versiones inversas y/o negativas, así como de los estudios simplemente literarios que la han tomado como soporte, unas y otros ejemplificadores de la mentalidad cada vez más restringida del ser humano moderno, que creyéndose el más desarrollado de cuantos han poblado la tierra, es sin embargo aquél cuya conciencia está más limitada y circunscrita a un plano sensorial y material, y por contra, permanece casi completamente cerrada a la aprehensión de otros estados supraindividuales y universales”.

Voz del Ateneo:Gargantúa y Pantagruel corresponde a ese género literario antes mencionado, aunque también es cierto que el propio Rabelais enuncia al principio que su libro tiene un sentido oculto; la investigación de Federico González pone de relieve la influencia de ciertas ideas tradicionales en la configuración, vida y principios de los habitantes de la ciudad de Telema en la que se ambienta la novela, la cual, por otra parte, es amena, rica en imágenes y respira un ‘sabio naturalismo’”.

Voz del Ateneo: “Del otro tipo es el opúsculo de J. Hall titulado Un mundo distinto pero igual, especie de sátira literaria compuesta por un personaje egótico que firma con el pseudónimo de Mercurio Británico pero que en nada está penetrado por la doctrina de la Tradición Hermética; más bien da muestras de una total ignorancia de la sabiduría, fuerza y belleza vehiculadas por el dios Hermes, por lo que su escrito constituye una muestra rasante, obtusa, ridícula y macarrónica de un mundo pequeño, encerrado sobre sí mismo, y sin posibilidad de abrir puertas y ventanas hacia lo desconocido y liberador”.

Voz del Ateneo: “Agradecemos al autor de [Las Utopías Renacentistas] el tiempo dedicado a estudiar este opúsculo que hasta hace muy poco no había sido traducido al castellano, sobre todo porque a través de la síntesis que realiza de esta anti-utopía (y que consciente o inconscientemente será imitada en lo sucesivo por muchas otras cada vez más literales y solidificadas) nos advierte de la degradación intelectual que está padeciendo la presente humanidad, al mismo tiempo que manifiesta los muchos engaños, farsas y parodias que van apareciendo a lo largo del camino de Conocimiento, a nivel histórico-temporal y también en lo que atañe al viaje interno de cada ser, trampas que pretenden desviarnos de la recta vía y encerrarnos en visiones cada vez más disminuidas y asfixiantes de la realidad”.14

Breve pausa y fondo musical. Raimbaut de Vaquieras, “Kalenda maya”.

Voz del Ateneo: “En la Nueva Atlántida, utopía de sir Francis Bacon y título del capítulo siete [del libro que hoy nos ocupa], se halla el germen de lo que desarrollado de forma literal constituirá en los siglos posteriores la organización y la expresión de la sociedad moderna —en concreto la liderada por EEUU— con todos sus pros y contras. En esta utopía, Federico González nos hace descubrir la prefiguración de un mundo que, no reconociendo ya los antecedentes clásicos greco-romanos ni el modelo del cosmos como inspirador del orden socio-político, da primacía a la experimentación, la investigación de nuevas posibilidades materiales, la búsqueda científica con aplicaciones prácticas y la producción de un sinfín de inventos, pero todo ello para ‘una mayor gloria de Dios y provecho real del género humano’, es decir, dentro de una concepción en la que aún prevalecen ciertas ideas tradicionales, como por  ejemplo la ubicación de tal sociedad en una isla, Bensalem, como recuerdo del Centro espiritual primordial, así como la mención y revivificación de la mítica Atlántida (…)”.15

Voz del Ateneo: En la Nueva Atlántida “tiene un papel fundamental la praxis y en consecuencia se valoriza el trabajo manual”. Entre las cosas curiosas que puede observar el visitante “se encuentran inventos para transformar agua salada en dulce, cambiar un árbol o planta en otra y hacer germinar la naturaleza sin semilla, también la construcción de máquinas para multiplicar y acumular la energía de los vientos, cámaras con aguas para la salud, lluvias provocadas y nuevos metales artificiales; igualmente se obtiene por diversos procedimientos la prolongación de la vida, la generación de nieves y granizos y la de cuerpos en el aire, tales como lluvia de ranas, moscas, etc. Fabrican aguas nutritivas tan excelentes que algunos no quieren probar otra cosa, así como experimentan la alimentación por filtración o sea por ósmosis; asimismo laboran con carnes y pescados conservados indefinidamente, alimentos concentrados que una vez ingeridos habilitan para ayunar de manera prolongada, igualmente con barcos para navegar debajo del agua, y como en el Corpus Hermeticum imitan criaturas vivientes mediante estatuas robóticas de hombres, bestias, pájaros y peces”.

Voz del Ateneo: “Lo cual desemboca en nuestra época donde una novedad científico-técnica es sucedida casi inmediatamente por otra haciéndola vieja en apenas un lustro en una carrera desenfrenada donde lo nuevo es prácticamente lo único que interesa, porque esa novedad es una fuga hacia adelante, un ahora, siempre inexistente, ya que se han destruido las raíces que lo vinculaban con lo Eterno, que lo sustenta todo y que constituye la Tradición, el hilo de oro mediante el cual el hombre puede conectar con la Ciudad Celeste y conocer espacios y tiempos distintos y ligar con otros estados, cada vez más sutiles, casi impalpables, prácticamente inexistentes del Ser Universal”.16

Breve pausa y fondo musical. Giovanni Battista Pergolesi, “Les tendres souhaits”.

Voz del Ateneo: Federico dedica el capítulo octavo de su obra a “una de las utopías más bellas, y de profundo contenido esotérico con que nos ha regalado el Renacimiento”.17 Se trata de Hypnerotomachia Poliphili o El sueño de Polifilo, libro atribuido a Francesco Colonna cuya primera edición apareció en 1499, es decir, unos quince años antes de la Utopía de Tomás Moro.

Voz del Ateneo: “Todo el recorrido de este libro que es aparentemente un sueño, o donde, como en otros ejemplos de la literatura universal, se utiliza este pretexto para narrar acontecimientos y cosas que no podrían ser comprendidos si no se vistieran con el disfraz de la ficción, es, en última instancia, el proceso de realización espiritual conocido como la iniciación a las abundantes y hermosas mieses del Conocimiento de la mano de la Belleza y el Amor; AMOR VINCIT OMNIA (El Amor todo lo puede) reza uno de los lemas impresos de esta lucha de amor en sueños de Polifilo”.18

Voz del Ateneo: Su autor “actuó como compilador de un círculo de sabios que tocaron todas las ramas del Conocimiento como la arquitectura, mitología, aritmosofía, astrología, artes de la palabra, música, alquimia, danza y teatro, así como ciencias naturales (botánica, mineralogía), geografía e historia sagrada, y también gastronomía, jardinería, orfebrería, costura, etc., saberes que configuran un corpus a través del cual se revela la cosmogonía y por tanto la esencia de la utopía. Se nos ofrece aquí una selección de textos y grabados de ese tratado excepcional en el que a través de la búsqueda en sueños de Polifilo a su amada Polia se está expresando de manera reiterada la hierogamia o matrimonio sagrado del Cielo y la Tierra. Amor sellado, consumado y realizado a diversos niveles de profundidad y que es el símbolo de la fusión del Alma y el Espíritu así como de la conquista de la verdadera Identidad. Enlace amoroso que se vive en cada página y que hace concluir así el acápite [del libro de Federico que éste titula Las utopías del sueño]: ‘Te invito entonces a compartir la lectura completa de este vasto monumento —con 171/172 grabados— que fue leído como una enciclopedia renacentista, un tratado de arquitectura, una suma pagana y sobre todo como lo que es, como una gran construcción hermética, donde las energías de los dioses nos guían por el esplendoroso camino del Conocimiento’”.19

Breve pausa y fondo musical. Antonio Vivaldi, “Concierto para violín en La Minor”.

Locutor: “Embriagados por el furor mistérico que nos ha ido penetrando a lo largo de la lectura de Las Utopías Renacentistas ya no ponemos ningún impedimento para embarcarnos en el nuevo tramo de esta aventura espiritual tal cual hizo Cristóbal Colón en las postrimerías del siglo XV, travesía que nos llevará, como a él, al descubrimiento de parajes de la psiqué que aunque siempre presentidos exceden todo lo que pudiéramos haber imaginado”. En el acápite que Federico titula “La utopía en estado puro: Cristóbal Colón”, tenemos “la oportunidad de comprobar como la vivencia de esos mundos simultáneos fue experimentada por aquel extraño hombre, el Almirante, que aunque calumniado y difamado por la inmensa mayoría de sus contemporáneos, no se dejó amedrentar y se lanzó, contra viento y marea y sorteando miles de obstáculos humanos y naturales, a la búsqueda de esa tierra mítica, plasmación de la Utopía en la geografía e historia lineal”.20

Voz del Ateneo: “Esto debía realizarse en un individuo, encarnar en una individualidad visionaria, de acuerdo a las pautas de los hados culpables del destino histórico que conformó lo que conocemos como Renacimiento e hizo que él descubriera —en correlación con los hallazgos experimentales científicos— América. Es decir un mundo otro entrevisto en los contenidos del Alma universal, alucinado por el propio fuego de sí mismo; su ‘furor’, como un estado de ebriedad anímico, fue el que movió a Colón a lanzarse a una aventura genial que lo tuvo como protagonista. Para el marino genovés la idea de mundos paralelos, o sea de otros espacios reales, que coexisten con nuestro mundo en el plano imaginal, los cuales deben por tanto tener una ubicación geográfica tangible, constituye el secreto que le es revelado en las escrituras”,21 como escribe en la carta-relación fechada en septiembre de 1498 que Federico cita:

Cristóbal Colón: “Sant Esidro y Beda y Damaçeno y Estrabón y el Maestro de la Ystoria Escolástica y San Ambrosio y Escoto, y todos los sacros teólogos, todos conçiertan quel Parayso Terrenal es en fin de oriente, el qual oriente llaman el fin de la tierra; yendo al oriente, en una montaña altísima, que sale fuera deste ayre torbolento, adonde no llegaron las aguas del dilubio; que allí está Elías Enoque, y de allí sale una fuente y cae el agua en la mar; y allí haze un gran lago, del qual proçeden los quatro rríos sobredichos, que bien queste lago sea en oriente, y las fuentes destos rríos sean divisas en este mundo, por ende que proceden y vienen allí deste lago, por catar antes debajo de tierra, y espiran allí donde se been estas sus fuentes; la qual agua que sale del Paraíso Terrenal para este lago, trahe un tronído y rrogir mui grande, de manera que la gente, que naze en aquella comarca, son sordos (…).

Grandes yndiçios son estos del Parayso Terrenal, porquel sitio es conforme a la opinión destos santos y sacros teólogos. Y ansimesmo la señal es mui conformes, que yo jamás ley ni oy, que tanta cantidad de agua dulçe fuese así dentro y vezina de la salada; y en [e]llo ayuda asimismo la suavísima temperançia, y sí de allí del Parayso no sale, paresçe aún muy maior maravilla, porque no creo que sepan en el mundo de rrío tan grande y tan fondo, al qual no pude llegar; en algunos lugares es en el pie, largo con ochenta brazas de cordel, e colgado dél doze libras de plomo”.22

Voz del Ateneo: “Se trata de la desembocadura del gran río Orinoco en el mar, que levanta una enorme ola, transpuesta la cual se encuentra un gran lago, o mar interior. (Algo análogo sucede con la desembocadura del Amazonas).

Y así finaliza su carta”:

Cristóbal Colón: “Torno a mi propósito de la tierra de Graçia e rrio y lago que allí hallé, a tan grande que más se le puede llamar que lago, porquel lago es lugar de agua, y en seyendo grande, se le dize mar, como se dixo a la mar de Galilea y al mar Muerto; y digo que si no proçede del Parayso Terrenal, que viene este rrío y proçede de tierra ynfinita, pues al austro de la qual hasta agora no se a visto notiçia. Mas yo mui asentado tengo en el ánima que allí, adonde dixe, es el Parayso Terrenal, y descanso sobre las rrazones y autoridades sobrescriptas”.23

Breve pausa y fondo musical. Anónimo s. XIII, “Ductia”.

Voz del Ateneo: “La Utopía supone un viaje, imagen de la aventura del Conocimiento. Se trata de descubrir un nuevo mundo, otra realidad distinta a la anterior. Este cambio implica una transmutación, o sea la adaptación a otra forma de vida propia del Hombre Nuevo. Cuando se descubre que la Utopía hermética es real, es que comienza a encarnarse en verdad. El viaje ha llegado a su fin, se ha descubierto la isla. Sólo falta un segundo tramo, la exploración de su territorio, el asombro de las buenas nuevas, la necesidad de seguir conociendo. ‘Hay otros mundos pero están en éste’ dice el poeta, efectivamente todo está en el alma. (…)”

Voz del Ateneo: “A raíz del descubrimiento de América se pusieron de moda los viajes, la geografía, la cartografía, y la aventura. Estas ansias de novedad caracterizan a ‘la moda’. Y así florecieron los viajes a lugares desconocidos, la conquista, y la búsqueda del oro como imagen del premio que la diosa Fortuna otorga como retribución de los esfuerzos y gratificación de los sinsabores en el camino del Conocimiento”.

Voz del Ateneo: “Pero también florecieron varios géneros literarios: el de las crónicas históricas llamadas ‘de la conquista’, el de los libros de viajes, especialmente a lugares fabulosos, (que se anticiparían a los de expediciones a otros planetas y la literatura de ciencia ficción) y particularmente la utopía expresándose como viajes imaginarios a lugares desconocidos”,24 tal como vemos a lo largo del libro de Federico.

Voz del Ateneo: El capítulo titulado “El realismo utópico americano” promueve “la posibilidad de establecer correspondencias entre tradiciones aparentemente distintas (las precolombinas, las vinculadas a la tradición greco-latina y las formas culturales nacientes después de la conquista) pero religadas por un único pensamiento universal que mana de ese tronco común que es la Tradición Primordial o Unánime; además, el hilado de estas páginas continúa ofreciéndonos las claves para que nuestra mente vaya comprendiendo la configuración —móvil en apariencia pero inmutable en lo central— que ha tenido la Utopía a lo largo del devenir temporal, a la par que nos desvela las posibilidades de efectivizar en nuestra vida el viaje arquetípico de universalización y realización espiritual, que bien puede ser equiparado al arribo a América y al descubrimiento de su territorio”.25

Breve pausa y fondo musical. Antonio Vivaldi, “Filiae maestae Jerusalem”.

Locutor: En el acápite “Otras utopías renacentistas”, “Federico González reporta nuevas modalidades acuñadas durante el Renacimiento y sus epígonos sobre la expresión de esta realidad, que no ciñéndose ya a la simbólica de la polis se erigieron igualmente sobre los pilares del pensamiento divino (…), pero recurriendo al auxilio de otras ciencias herméticas como son el arte de la escritura, la matemática y la geometría, la música, la alquimia o la imagen como vehiculadora de influencias espirituales (…).”

Voz del Ateneo: “Aquí se convoca a personajes tan destacados en la historia de las ideas (desde el primer Renacimiento al tardío y de distintos países) como Gemisto Pletón, León Hebreo, Luca Pacioli, Michael Maier y Robert Fludd, cada uno de los cuales aporta con singularidad, pero ligazón interna, su concepción y expresión de la utopía, tanto a través de sus vidas altamente simbólicas, extraordinarias, repletas de viajes y experiencias intelectuales, como por intermedio de sus respectivas producciones artísticas, ya fuesen escritas, pintadas o musicadas, y en todo caso siempre muy bellas y radiantes”.26

Voz del Ateneo: Y como botón de muestra, este texto sobre la “belleza en el ámbito tanto de lo cósmico como de su contemplación en el microcosmos”27 que cita Federico de los Diálogos de Amor de León Hebreo:

Voz del Ateneo: “Ya es tiempo de decírtelo. Bien sabes que el mundo fue, mediante el amor, producido del sumo Criador; porque, mirando el sumo Bien la inmensa hermosura suya, y amándola, y ella a él como a sumo hermoso, produjo o engendró, a semejanza de su hermosura, al hermoso universo: el fin del amor es, como dice Platón, parto en hermoso. Producido, pues, el universo del sumo Criador suyo a semejanza o a imagen de su inmensa sabiduría, nació el amor del Criador acerca de ese universo, no como de imperfecto a perfecto, sino como de perfectísimo superior a menos perfecto inferior, y como el del padre al hijo y el de la causa a su efecto singular; por lo cual el fin de este amor no es alcanzar hermosura que falte al amante, ni por deleitarse en la unión del amado, sino por hacer alcanzar al amado mayor perfección, de la cual faltaría si no la adquiriese por el amor del amante y por deleitarse ese divino amante en la hermosura mayor, la cual el amado universo alcanza mediante su divino amor, como acaece en todos los amores de las causas a sus cuatro efectos, de los superiores a los inferiores, de los padres a los hijos, del maestro al discípulo y de todos los bienhechores a los que reciben sus beneficios. Que su amor de ellos es deseo que su inferior arribe al grado mayor de la perfección y hermosura en la unión, de la cual se deleita ese amante con ese amado; y esta delectación del amante, que recibe en la perfección y hermosura del amado, es el fin del amor de ese amante”.28

Breve pausa y fondo musical. Claudio Monteverdi, “Pur ti miro”.

Voz del Ateneo: Federico titula el último capítulo de su libro “La mujer y las utopías del Renacimiento”. “No hay primacía del hombre sobre la mujer desde el punto de vista de la Tradición Hermética en cuanto al Conocimiento se refiere. Las diferencias son culturales y por lo tanto en otros ciclos históricos la situación no ha sido ‘favorable’ al hombre sino a la mujer, lo cual no quita ni pone nada desde el punto de vista esencial; son pues cuestiones secundarias que no tienen por qué afectar a las damas que se entregan a la Ciencia Sagrada; las que harían bien en tomar a sus dificultades y a las pruebas que les tocan en el camino del Conocimiento como distintas a las de los varones en lugar de dejarse desanimar por situaciones que nada tienen que ver con lo principal”.29

Voz del Ateneo: Aquí el autor vuelve sobre las distintas obras que ha ido visitando en su libro para subrayar el papel de las mujeres en aquellas utopías. Sirva como ejemplo esta cita que Federico hace, entre otras, de La Ciudad del Sol de Tomasso Campanella:

Voz del Ateneo: “Las artes mecánicas y especulativas son comunes a hombres y mujeres. Hay, sin embargo, la diferencia de que los ejercicios más pesados y que exigen caminar (como arar, sembrar, recoger los frutos, trabajar en la era y en la vendimia, etc.) son ejecutados por los varones. Las mujeres suelen dedicarse también a ordeñar las ovejas y hacer queso. Asimismo, van a cultivar y recoger hierbas en los huertos situados cerca de los muros de la ciudad. Los trabajos que pueden realizarse estando de pie o sentado (como tejer, hilar, coser, cortar el pelo, afeitar, preparar drogas y confeccionar toda clase de vestidos) conciernen a las mujeres, pero les está prohibido trabajar la madera y fabricar armas. Si alguna de ellas muestra aptitud para la pintura, se le concede ejercitarse en ella. En cambio, la música en todas sus formas, excepto la producida mediante trompetas y tambores, solamente está permitida a las mujeres y a veces a los niños, porque unas y otros pueden causar mayor deleite. Ellas hacen también la comida y preparan la mesa, pero el servir la comida es obligación peculiar de los niños y de las niñas hasta que cumplen la edad de veinte años”.30

Voz del Ateneo: Y como dice Federico en la conclusión del acápite final de su obra: “En todo caso y recordando los prejuicios que se tienen acerca de ellas, pensamos que finalmente quién o qué va a impedir a la hembra el Conocer, el encarnar el proceso iniciático y hacerlo efectivo por lo más alto. Para acceder finalmente a aquello que no tiene sexo, ni ninguna otra determinación, de lo cual emanan todos los colores, fenómenos y cosas del plano creacional, y aún sus posibilidades supracósmicas y supraindividuales presentes en el Ser (macrocosmos y microcosmos) que, no olvidemos, es el camino para el Conocimiento del No Ser, la Posibilidad Universal”.31

Sintonía del programa.

Locutor: La obra de Federico incluye “dos apéndices: un esquema de la isla de Citera en la que se sella el matrimonio de Polifilo y Polia cedido por J. Godwin de su traducción a Hypnerotomachia Poliphili, y unas notas muy interesantes ‘Acerca de brujas, hechiceras y herejes en el Renacimiento español y la criminalidad de la Inquisición’, además de una extensa y fidedigna bibliografía y un índice de nombres, temas e ilustraciones, así como el general del libro”.32

Y como escribe Mireia Valls como colofón de su reseña sobre el libro, “han sido doce capítulos ensamblados cual las doce caras pentagonales del dodecaedro, quinto sólido regular y símbolo del cielo y de la quintaesencia alquímica, de la plenitud de toda la manifestación; un diseño que también sintetiza al castillo espiritual que este libro rescata y actualiza, y que nos hace penetrarlo y habitarlo en toda su amplitud, altitud y profundidad. En su interior se viven todas las muertes y renacimientos, se conoce el frío y el calor, la humedad y la sequía, los hallazgos y las pérdidas, la luna, el sol y los planetas, las estrellas del empíreo y el sol de medianoche, símbolos astrológicos de estados de la conciencia o del alma y centro de encuentro de todos los seres que los han transitado. Cuando uno se ha identificado totalmente con el Mago y su obra, no aspira sino a ser el Loco —personaje de la carta del Tarot que no está numerada, el alfa y el omega de este juego sagrado— que busca por la vertical la salida de la mansión utópica, trascenderla y acceder al Océano sin límites, a ese estado otro innombrable e infinito pero real”.33

Y hoy acabamos así, con el eco de estas palabras a las que poco podríamos añadir. Muchas gracias y hasta un próximo podcast de Phoenix 33.



Podcast
NOTAS
1 Mireia Valls. Revista SYMBOLOS nº 29-30. Barcelona, 2005. Ver online en: Reseña.
2 Ibid.
3 Federico González. Las Utopías Renacentistas. Esoterismo y Símbolo. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2016. Ver online: Libro.
4 Ibid.
5 Mireia Valls. Revista SYMBOLOS nº 29-30, ibid.
6 Federico González. Las Utopías Renacentistas. Esoterismo y Símbolo, ibid.
7 Mireia Valls. Revista SYMBOLOS nº 29-30, ibid.
8 Ibid.
9 Ibid.
10 Federico González. Las Utopías Renacentistas. Esoterismo y Símbolo, ibid.
11 Ibid.
12 Ibid.
13 Mireia Valls. Revista SYMBOLOS nº 29-30, ibid.
14 Ibid.
15 Ibid.
16 Federico González. Las Utopías Renacentistas. Esoterismo y Símbolo, ibid.
17 Ibid.
18 Ibid.
19 Mireia Valls. Revista SYMBOLOS nº 29-30, ibid.
20 Ibid.
21 Federico González. Las Utopías Renacentistas. Esoterismo y Símbolo, ibid.
22 Ibid.
23 Ibid.
24 Ibid.
25 Mireia Valls. Revista SYMBOLOS nº 29-30, ibid.
26 Ibid.
27 Federico González. Las Utopías Renacentistas. Esoterismo y Símbolo, ibid.
28 Ibid.
29 Ibid.
30 Ibid.
31 Ibid.
32 Mireia Valls. Revista SYMBOLOS nº 29-30, ibid.
33 Ibid.
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