SYMBOLOS

Revista internacional de
Arte - Cultura - Gnosis
MARÍA SABINA: LA MUJER-LIBRO

MIREIA VALLS


María Sabina.
Eras ágrafa, apenas te expresabas en castellano, hablabas el mazateco, la lengua indígena de Oaxaca. Tuviste una larga vida muy humilde y llena de dificultades y sin embargo fuiste una gran sabia.
Soy mujer-libro que está debajo del agua
Soy la mujer de la población grande
Soy la pastora que está debajo del agua
Soy la mujer que pastorea lo grandioso
Soy pastora y vengo con mi pastor
Porque todo tiene su origen
Y yo vengo recorriendo los lugares desde el origen.1

Así es como te referías a ti misma, una vez descubriste la razón de tu ser en el mundo y de tu función como sabia y mujer medicina, una chamana, en definitiva.

Nos nace dirigirnos a ti en primera persona, por tu cercanía en el tiempo y por tu cercanía en todo lo que comunicas. Al preguntarte si naciste en 1894 en Huautla de Jiménez, Oaxaca, México, nos respondes:

No sé en que año nací, pero mi madre María Concepción me dijo que fue en la mañana del día en que se celebra a la Virgen Magdalena, allá en Río Santiago, agencia del municipio de Huautla. Ninguno de mis antepasados conoció su edad.2

Tuviste una existencia muy sencilla, trabajaste duro en la casa y en el campo, vendías leña, en ciertas etapas regentaste una pequeña tienda de abastos, cosías tu propia ropa y luchaste sin descanso para tirar adelante tu numerosa prole. Cuando te conoció tu paisano Álvaro Estrada, ingeniero mecánico de formación, se interesó inmediatamente en tu vida, en tus experiencias con los hongos y en las largas “veladas” en las que sanabas enfermos. Fruto de las conversaciones que mantuvisteis, escribió un libro titulado Vida de María Sabina. La sabia de los hongos, gracias al cual te hemos conocido. Estrada destacaba:

Mujer valiente, no se arredraba ante nada ni ante nadie.3

Sigamos tirando el hilo de aquellos que se acercaron a ti. Allá por los años 50 del siglo pasado, Gordon Wasson, un banquero de Nueva York estudioso de la etnomicología, participó en una “velada” contigo, escribiendo después acerca de aquella experiencia y de la función de esos intermediarios entre la deidad más alta y el ser humano: los hongos alucinógenos. Nos cuenta que tu abuelo, tu bisabuelo y otros parientes tuyos fueron chamanes y que todo ese saber ancestral y supranatural lo recibían al ingerir esos “seres” a los que tú llamabas cositas o niños santos. Y es muy significativo lo que anotó Wasson acerca de quién fue el revelador del poder de los hongos a los seres humanos:

Por partida doble se refiere María Sabina con admiración a un Joven, vigoroso, atlético, viril, una especie de Apolo mesoamericano, pero llamándolo Jesucristo (¡asombrosa confluencia de ideas!). Su colega náhuatl, más de tres siglos antes, introducía una divinidad parecida en su cantar, pero nos enteramos de que esta divinidad era Piltzintecuhtli, el Nobilísimo infante, quien, como el doctor Alfonso Caso nos informa en su ensayo “Representaciones de hongos en los códices”, está recibiendo de manos de Quetzalcóatl el don de los divinos hongos en el Códice vindobonense, especialmente importante para nosotros por dar el origen mítico de los hongos milagrosos. En la conciencia de María Sabina, y probablemente de otros sabios florecientes hoy, hay una síntesis completa de las religiones cristiana y anteriores de la conquista.4

Nada menos que Quetzalcóatl –el Hermes griego, el Mercurio romano o el Thot egipcio– es el transmisor de la función sagrada de estos “seres” que al penetrar en el interior de uno le confieren conocimiento y sabiduría, mas no por igual a todo el mundo, sino solamente a los elegidos por la deidad. Hermes es, pues, el iniciador en los misterios del cosmos y del universo que se van abriendo en la conciencia del que “comulga” con los niños santos; dios siempre muy cercano a los seres humanos, a los que guía e instruye, en este caso se le “presentó en persona” a María Sabina en una visión que tuvo al ingerir las cositas una vez asumió que estaba llamada a ser mujer sabia.

Pero no nos avancemos. Antes de esta experiencia que relataremos más adelante, aconteció el primer encuentro con estas entidades, cuando la entonces joven María Sabina asistió a una “velada” oficiada por el sabio Juan Manuel. El rito se celebró de noche. El chamán prendió la velas y comenzó con los cantos; se comunicaba así con los dueños de los cerros y de los manantiales, repartía hongos contándolos por pares, los ingería de dos en dos y los ofreció al enfermo. En esa oportunidad, María Sabina solamente estuvo contemplando, era todavía muy niña, pero la participación en ese rito le quedó grabada por siempre más.

En completa oscuridad hablaba, hablaba y hablaba. Su lenguaje era muy bonito. A mí me gustó. Por momentos el sabio cantaba, cantaba y cantaba. No comprendía exactamente las palabras pero a mí me agradaba. Era un lenguaje diferente al que nosotros hablamos en el día. Era un lenguaje que, sin comprenderlo, me atraía. Era un lenguaje que hablaba de estrellas, de animales y de otras cosas desconocidas para mí.5

Al cabo de un tiempo, mientras estabas con tu hermana María Ana cuidando de las gallinas en un cerro cercano a vuestra casa, identificaste a los hongos tu solita, los arrancaste con cuidado y los comiste a pares tal como habías visto hacer al chamán. Primero te sentiste borrachita, según tus propias palabras, y luego muy contenta, invadida como por un aliento vivificador.

Yo no sabía si los hongos eran buenos o eran malos en realidad. Ni siquiera sabía si eran alimento o veneno. Pero sentía que me hablaban. Después de comerlos oía voces. Voces que venían de otro mundo. Era como la voz de un padre que aconseja.
(…)
Tiempo después supe que los hongos eran como Dios. Que daban sabiduría, que curaban las enfermedades y que nuestra gente hacía muchísimos años que los tomaban. Que tenían poder, que eran la sangre de Cristo.6

A los 14 años te juntaste con tu primer marido, con el que tuviste tres hijos, pero a los 20 ya habías enviudado. Luego apareció tu segundo hombre con el que engendraste muchos hijos. Jamás, mientras cohabitaste con tus compañeros, ingeriste los hongos.

Nunca comí los niños santos mientras viví con Serapio, pues de acuerdo con nuestras creencias, la mujer que los toma no debe tener trato con los hombres. Quienes van a desvelarse no deben tener trato sexual durante cuatro días antes y cuatro días después de la velada. Los que así lo quieran pueden completar cinco y cinco. Yo no tomaba los niños santos porque temía que mi hombre no lo comprendiera. La condición debe cumplirse fielmente.7

Sabías que era importantísimo respetar estas condiciones, no por una rigidez ni por una obediencia ciega a preceptos, sino porque la unión con los hongos requería toda una preparación ritual que abriera el alma a otros mundos, sin nada mundanal que la enturbiara, lo que no quita que tuvieras una vida cotidiana como la de cualquiera de tus paisanos. Una existencia marcada por el trabajo constante, la hambruna y muchas dificultades que jamás enturbiaron el destino que se te había trazado.

Nunca de mí ha salido la maldad, tampoco la mentira. Siempre he sido pobre, pobre he vivido y pobre moriré. He padecido. Mis dos maridos murieron. Varios de mis hijos murieron, por enfermedad o en tragedia. Unos hijos fallecieron cuando eran pequeños; otros, nacieron sin vida. A los pequeños no los curaba con mi poder porque entonces tenía marido; las relaciones con los hombres invalidan el poder de los niños.8

Hasta que llegó el momento en el que definitivamente nada se interpuso a ese llamado divino.

Años más tarde, cuando me quedé viuda por segunda vez, me entregué para siempre a la sabiduría, para curar las enfermedades de la gente y para yo estar siempre cerca de Dios. A los honguitos se les debe tener respeto. En el fondo, siento que son familiares míos. Como si fueran mis padres, mi sangre. En verdad yo nací con mi destino. Ser sabia. Ser hija de los niños santos.9

Tu hermana María Ana enfermó, y ésa fue la primera vez que tomaste las cositas para una sanación. Fueron largas horas de rito, horas de incantar para llegar a identificar la enfermedad y expulsarla, mas lo extraordinario fue lo que “viste” al volver a tu cabaña una vez terminado el ritual: tres visiones, a cual más significativa y simbólica. En la primera,

aparecieron unos personajes que me inspiraban respeto. Yo sabía que eran los Seres Principales de que hablaban mis ascendientes. Ellos estaban sentados detrás de una mesa sobre la que había muchos papeles escritos. Yo sabía que eran papeles importantes. Los Seres Principales eran varios, como seis u ocho. Algunos me miraban, otros leían los papeles de la mesa, otros parecían buscar algo entre los mismos papeles. Yo sabía que no eran de carne y hueso. Yo sabía que no eran seres de agua o de tortilla. Sabía que eran una revelación que los niños santos me entregaban. De pronto escuché una voz. Una voz dulce pero autoritaria a la vez. Como la voz de un padre que quiere a sus hijos pero que los cría con fuerza. Una voz sabia que dijo: “Estos son los Seres Principales…”. Comprendí que los niños me hablaban. Yo sentí una felicidad infinita. En la mesa de los Seres Principales apareció un Libro, un libro abierto que iba creciendo hasta ser del tamaño de una persona. En sus páginas había letras. Era un libro blanco, tan blanco que resplandecía.
Uno de los Seres Principales me habló y me dijo: María Sabina, éste es el Libro de la Sabiduría. Es el Libro del Lenguaje. Todo lo que en él hay escrito es para ti. El Libro es tuyo, tómalo para que trabajes…”. Yo exclamé emocionada: “Eso es para mí. Lo recibo…”.10

A partir de entonces te reconociste como la mujer-libro. Tú, que no sabías ni leer ni escribir, fuiste elegida como la depositaria de los más altos conocimientos del universo. Y dijiste sí, sin miedo, con valentía, con humildad, pues reconociste que toda aquella revelación no era una fantasía tuya, ni te pertenecía, sino que se trataba de un saber venido de otros mundos y depositado en tu corazón, siendo los Seres Superiores, o sea los dioses, sus emisarios. De ahí en adelante siempre te tuteaste con ellos.

Los Seres Principales desaparecieron y me dejaron sola frente al inmenso Libro. Yo sabía que era el Libro de la Sabiduría. El Libro estaba ante mí, podía verlo pero no tocarlo. Intenté acariciarlo pero mis manos no tocaban nada. Me limité a contemplarlo y, al momento, empecé a hablar. Entonces me di cuenta que estaba leyendo el Libro Sagrado del Lenguaje. Mi Libro. El Libro de los Seres Principales.
Yo había alcanzado la perfección. Ya no era simple aprendiz. Por eso, como un premio, como un nombramiento, se me había otorgado el Libro. Cuando se toman los niños santos se puede ver a los Seres Principales. De otra manera, no. Y es que los niños santos son santos; dan Sabiduría. La Sabiduría es el Lenguaje. El Lenguaje está en el Libro. El Libro lo otorgan los Principales. Los Principales aparecen con el poder grande de los niños. Yo aprendí la Sabiduría del Libro. Después, en mis posteriores visiones, el Libro ya no aparecía porque su contenido ya lo guardaba en mi memoria.11

Extraordinario, bien extraordinario. La deidad se sirvió de tu sencillez, tu apertura de corazón y tu alma limpia para reflejarse en ella. Y te dio a conocer todo lo que puede ser conocido: el origen del cosmos y sus misterios, el ámbito de la muerte, la creación por el Verbo, los viajes por los mundos invisibles, los dioses, la luz, la brisa, el rocío, las profundidades del abismo, la medicina, las estrellas, el árbol de la vida…

En la segunda visión, viste al Supremo Señor de los cerros que se acercaba cabalgando sobre un hermoso caballo blanco. Se dirigió hacia tu choza y tú te paraste frente a él; no tenía rostro, pero sí un gran sombrero blanco y lo reconociste de inmediato como el Chicon Nindó, o sea Quetzalcóatl, el Hermes-Mercurio mesoamericano, entidad universal, mensajera, instructora, iniciadora, conductora del viaje post mortem y sanadora de cuerpos y almas. Envuelto en un halo se detuvo ante tu presencia y luego siguió camino hacia el cerro próximo a tu casa, donde habita. Fuisteis toda la vida vecinos. Hermes siempre a tu lado.

Pero no acabaron aquí las visiones de esa primera “velada” en la que se te revistió de todas las potencias celestes.

Vi que algo cayó del cielo con gran estruendo, como un rayo. Era un objeto luminoso que cegaba. Vi que caía por un boquete que había en una pared. El objeto caído se fue convirtiendo en una especie de ser vegetal, también cubierto por un halo como el Chicon Nindó. Era como una mata con flores de muchos colores, en la cabeza tenía un resplandor. Su cuerpo estaba cubierto de hojas y tallos. Ahí estuvo parado, en el centro de la choza, yo lo miré de frente. Sus brazos y sus piernas eran como ramas y estaba empapado de frescura, y detrás de él apareció un fondo rojizo. El ser vegetal fue perdiéndose en ese fondo rojizo hasta desaparecer completamente. Al esfumarse la visión yo sudaba, sudaba. Mi sudor no era tibio, sino fresco. Me di cuenta que lloraba y mis lágrimas eran de cristal, las que, al caer sobre el suelo, producían tintineos. Seguí llorando pero chiflé y aplaudí, soné y bailé. Bailé porque sabía que era la payasa grandiosa y la Payasa dueña… En la madrugada dormí plácidamente. Dormí, pero no en sueño profundo, sino sentía que me mecía en un ensueño… como si mi cuerpo se meciera en una hamaca gigante sostenida del cielo, que oscilaba de una montaña a otra.12

Al igual que muchas de las mujeres que nos han acompañado hasta ahora, desde entonces fuiste una hamacada que vivía a caballo entre el No Ser y el Ser, y aunque tú jamás usaste estos términos, seguro que no te eran ajenos. Tu experiencia es la misma que la de muchas otras iniciadas que se balancearon entre el mundo manifestado y el mundo de la metafísica. El Lenguaje que te reveló este misterio de la No-dualidad es universal, arquetípico, pero se adapta a los seres a los que se dirige para hacerse inteligible. A ti te habló en tu lengua.

Después de que curé a mi hermana María Ana, comprendí que había encontrado mi camino. La gente lo sabía y venía a mí para que curase a sus enfermos… Yo curo con el Lenguaje, el Lenguaje de los niños santos.13

Por eso, cuando te refieres al Lenguaje que te legaron los dioses con los que compartes el banquete celeste, lo haces con esta frescura y autenticidad. Nada de solemnidades pomposas, nada de ostentaciones, nada de manipulaciones para un provecho particular.

Y desde que recibí el Libro, pasé a formar parte de los Seres Principales. Si ellos aparecen, me siento junto a ellos y tomamos cerveza o aguardiente. Estoy entre ellos desde la vez en que agrupados detrás de una mesa con papeles importantes me entregaron la sabiduría, la palabra perfecta: El Lenguaje de Dios.14

Supiste perfectamente que habías recibido un saber inmemorial procedente de Dios, que tú no eras su propietaria sino que él te inundaba por completo y brotaba a tu través. El canto fluía de tu boca y fecundaba el mundo, sanando la enfermedad y calmando el dolor. Es posible todavía escucharte, aunque sea en esas cintas registradas por Wasson y que hoy circulan con toda libertad por internet. Cantos que repetías en los ritos durante horas y horas, como éste que aquí reproducimos:

Soy mujer de pensamiento / Mujer de sentarse / Mujer de pararse / El corazón de Cristo traigo yo / El corazón de nuestra virgen traigo yo / El corazón de nuestro padre traigo yo / El corazón de Cristo traigo yo / El corazón del padre traigo yo / El corazón de tata traigo yo / Es por eso que digo que traigo ese corazón / Santo traigo yo, santa traigo yo / Tú, madre pastora, dice / Tú eres la madre, dice / Madre que tiene vida / Madre que se mece, dice / Madre de brisa / Madre de rocío, dice / Madre que pare / Madre que se pone en pie, dice / Madre de leche / Madre con pechos, dice / Tú, madre de leche / Madre de pechos, dice / Madre fresca / Madre tierna, dice / Madre que crece / Madre verde, dice / Madre fresca, / Madre tierna, dice / Ah, Jesucristo, dice / Ah, es Jesús, dice / Nuestro padre fresco, dice / Nuestro padre tierno, dice / Madre que crece, madre verde, dice / Madre fresca, madre tierna, dice / Ah, es Jesucristo, dice / Nuestra mujer santo, dice / Nuestra mujer santa, dice / Nuestra mujer espíritu, dice / Nuestra mujer de luz, dice / Es mujer día, dice / Es mujer día, dice / Nuestra mujer de luz, dice / Es mujer día, dice / Nuestra mujer espíritu, dice / Ah, es Jesús, dice / Es mujer de luz, dice / Es mujer día, dice / Soy mujer que mira hacia adentro, dice / Soy mujer que examina, dice / Soy mujer que llora, dice / Soy mujer que chifla, dice / Soy mujer que truena, dice / Soy mujer que es arrancada, dice / Soy mujer que es arrancada, dice / Soy mujer sabia en medicina, dice / Soy mujer sabia en hierbas, dice / Ah, es Jesucristo, dice / Soy mujer labó / Soy mujer sabia en medicina, dice / Soy mujer sabia en lenguaje, dice / Soy mujer de sabiduría, dice.15

Sí, mujer sabia, realidad que te distanciaba de otras formas de magia relacionadas con lo fenoménico, la producción de efectos y los manejos de energías invisibles con fines pequeños, particulares o invertidos.

Para mí, la brujería y el curanderismo son tareas inferiores. Los brujos y los curanderos también tienen su Lenguaje, pero diferente al mío. Ellos le piden favores al Chicon Nindó. Yo se lo pido al Dios Cristo, a San Pedro, a Magdalena y a Guadalupe.
Y es que en mí no hay brujería, no hay cólera, no hay mentira. Porque no tengo basura, no tengo polvo. La enfermedad sale si vomitan los enfermos. Vomitan la enfermedad. Vomitan porque los niños así lo quieren. Si los enfermos no vomitan, yo vomito. Vomito por ellos, de esta manera se expulsa el mal. Los niños tienen poder porque es carne de Dios. Y los que creen, sanan. Los que no creen no sanan.16

Efectivamente, los hongos tienen gran poder, el poder de la deidad hablando a su través. Pero los hongos no actúan por igual en todos los seres humanos. Hablan a quien de verdad escucha y se abre a su revelación. En tu caso, penetraste los más profundos secretos de la deidad y del universo al ingerirlos, conocimientos que quedaron grabados por siempre más en tu memoria. Ya no tuviste necesidad de “leerlos” de nuevo en el Libro que se te entregó, aunque siempre había alguna novedad. “La deidad es un asombro permanente”. Ingerías las cositas y ese Lenguaje fluía a borbotones, al ritmo de unos cantos envolventes, simples y sintéticos, pero cargados de toda la potencia del Principio.

Los niños me dan el poder de la contemplación universal. Que puedo ver desde el origen. Y puedo llegar hasta donde nace el mundo.
(…)
Tomo pequeño que brota y veo a Dios. Lo veo brotar de la tierra. Crece y crece, grande como un árbol, como un monte. Su rostro es plácido, hermoso, sereno como en los templos. Otras veces, Dios no es como un hombre: es el Libro. Un Libro que nace de la tierra, Libro sagrado que al estar siendo parido, el mundo tiembla. Es el Libro de Dios, que me habla para que yo hable. Me aconseja, me enseña, me dice lo que tengo que decir a los hombres, a los enfermos, a la vida. El Libro aparece y yo aprendo nuevas palabras.
Soy hija de Dios y elegida para ser sabia. En el altar que tengo en mi casa están las imágenes de Nuestra Señora de Guadalupe, la tengo en un nicho. También tengo a San Marcos, a San Martín Caballero y a Santa Magdalena. Ellos me ayudan a curar y a hablar. En las veladas palmeo y chiflo, en este tiempo me transformo en Dios…17

Eras capaz de transmitir con palabras sencillas y ejemplos comprensibles por cualquiera esas experiencias extraordinarias.

En mis veladas puedo ver lo que nuestro cristito tiene. Lo contemplo. Puedo tenerlo muy cerca de mí, pero no tocarlo. Hay veces en que quiero atrapar con mis manos lo que veo, pero no hay nada y eso me causa risa en ocasiones. Entro a otro mundo diferente al que conocemos a la luz del día. Es un mundo hermoso pero inalcanzable. Es como ver el cine. Conozco el cine porque un día vino un señor y me llevó al centro de Huautla para que viera una película donde yo aparezco. En el cine uno puede ver, de lejos; pero si se intenta, no podrá tocarse nada de lo que está viendo. Como en el cine, después de una imagen viene otra. Luego sale otra cosa y después otra. Así siento el efecto de las cositas.18

Volvamos a lo que nos cuentas del Libro abierto en tu corazón, el Libro que tantos iniciados han contemplado, el Libro que se está escribiendo en este mismo instante y en el que paradójicamente ya todo está escrito. En la deidad no hay tiempo, está más allá de él, pero su pensamiento se proyecta en un antes o un después que solamente puede ser dicho en el ahora.

Y todo mi Lenguaje está en el Libro que me fue dado. Soy la que lee, la intérprete. Ése es mi privilegio. Aunque el lenguaje no es el mismo para los diferentes casos. Si estoy curando a un enfermo, uso un tipo de Lenguaje. Si el fin de tomar las cositas es para “encontrar a Dios”, entonces uso otro Lenguaje. Ahora, en vigilia, puedo recordar algo de mi mensaje:
Soy mujer que sola nací, dice
Soy mujer que sola caí, dice
Porque está tu Libro, dice
Tu Libro de Sabiduría, dice
Tu Lenguaje sagrado, dice
Tu hostia que se me da, dice
Tu hostia que comparte, dice
(...)
Soy mujer que mira hacia adentro, dice
Soy mujer luz, de día, dice
Soy mujer luna, dice
Soy mujer estrella de la mañana
Soy mujer estrella de Dios
Soy la mujer constelación huarache, dice
Soy la mujer constelación bastón, dice
(...)
Porque soy la mujer licenciada
Porque soy la mujer pura
Soy la mujer de bien
Porque puedo entrar y puedo salir en el reino de la muerte
Porque vengo buscando por debajo el agua desde la orilla opuesta
Porque soy la mujer que brota
Soy la mujer que puede ser arrancada, dice
Soy la mujer doctora, dice
Soy la mujer yerbera, dice.
Esto es parte de mi Lenguaje. Los ignorantes nunca podrán cantar como los sabios. Los niños santos me dictan, yo soy la intérprete. Aparece el Libro y ahí empiezo a leer. Leo sin titubear. No siempre aparece el Libro porque en la memoria guardo lo que ahí está escrito.19

Tu testimonio es suficiente para comprender que aquello de que nos hablas es de un orden superior al estado ordinario de la conciencia. Eres capaz de pasearte por mundos que no perciben nuestros sentidos; mundos poblados de seres invisibles, por los dioses, que median entre el Principio supremo y la concreción material. Mundos que muchos eruditos jamás conocerán, por mucho que hayan leído, estudiado, escrito o investigado. Nada como estas palabras de Federico González para entender lo alejada que está en la mayoría de las ocasiones la auténtica sabiduría —como la que tú conociste María Sabina— de la erudición:

La erudición para la Ciencia Sagrada suele ser una forma del saber distorsionada. La acumulación de datos, especificaciones, formas, fechas, y definiciones son artificios de esa ciencia de los que pretenden manipularla para ocultar la verdad. El erudito es un impostor, se hace pasar por aquél que conoce sin serlo. Gustan de la pompa, del orgullo, y de la imbecilidad en grado superlativo; poseen el aparato que circunda el punto central y lo toman por él gracias a una buena memoria lógica y repetitiva y a su falta de honestidad con respecto a los otros, de los que se creen separados y a quienes desprecian. Desde luego se trata del falso erudito, moneda corriente hoy en día, que circula en universidades, academias e instituciones como moneda sin precio. La verdadera Sabiduría a veces se alcanza por la erudición pero son casos mínimos, aislados, de lo que no dan cuenta ejemplar ni los filósofos presocráticos, ni Sócrates, ni el testimonio de Platón. Tampoco los sabios-chamanes de todos los pueblos arcaicos. De hecho, la erudición tal cual la conocemos existe después de la invención de la imprenta por Gutemberg y la fijación masiva de conocimientos en planchas tan pétreas como las lapidarias. El erudito cree que engañando a la muchedumbre va a ser admirado pero no sabe que se hace acreedor al más profundo desprecio por los hombres de Conocimiento. Marioneta más o menos moderna, recibe títulos y distinciones en entidades profanas, donde el rebuzno generalizado reina y donde todos creen que es más importante la universidad (profana) que el saber.20

Y resulta que tu función fue conocida más allá de las fronteras de tu localidad. Los gobernadores te obligaron a recibir a todo aquél que se acercara a ti buscando aliviar el dolor, y tú no opusiste resistencia. Aunque sabías que “los sabios no deben andar propalando lo que son, porque es asunto delicado”, sin embargo, no te guardaste para ti lo que sabías que no te pertenecía. La Palabra de Dios se da sin esperar nada a cambio, se da con generosidad.

Después de las primeras visitas de Wasson vinieron muchas personas extranjeras a pedirme que hiciera veladas para ellos. Yo les preguntaba si estaban enfermos, pero ellos decían que no. Que solamente venían a “conocer a Dios”. Traían consigo innumerables objetos con los que tomaban lo que llaman fotografías y tomaban mi voz. Después me traían papeles en los que yo aparecía. Conservo algunos papeles en donde yo estoy. Los conservo aunque no sé que dicen de mí.
Es cierto que Wasson y sus amigos fueron los primeros extranjeros que vinieron a nuestro pueblo en busca de los niños santos y que no los tomaban porque padecieran de mal alguno. Su razón era que venía a encontrar a Dios.
Antes de Wasson nadie tomaba los niños simplemente para encontrar a Dios. Siempre se tomaron para que los enfermos sanaran.21

Mucho revuelo se organizó a tu alrededor sin que llegaras a comprender el motivo, pues tu mentalidad era otra: una mentalidad sagrada, antigua, fundamentada en la verdad y la certeza, en la autenticidad, sin amago de doblez. Sabías que las cosas son lo que son y no lo que uno se querría que fuesen. Esa es una forma de vivir en el presente, sin proyecciones ni prejuicios. Jamás buscaste la fama, no sabías lo que era eso, ni te interesó lo más mínimo; tampoco el dinero. Para ti era natural vivir de arriba, del don celeste, de la palabra emanada del Libro de la Vida, por eso no veías conflicto entre la doctrina cristiana y los ritos ancestrales de tu cultura. Algunos hombres de Iglesia comprendieron tu modo de ser, y hasta te defendieron ante el acoso de los muchos periodistas que acudían en tropel a tu casa para obtener una exclusiva. Te quisieron convertir, a ti y a tu saber, en un objeto más de consumo. En una ocasión, Álvaro Estrada realizó una entrevista al sacerdote Antonio Reyes Hernández, de la que quisiéramos destacar:

La Iglesia no está en contra de estos ritos paganos —si así puede llamárseles— sino que lleva la palabra de Dios a todos los oídos y convence de la verdad cristiana a los pocos que aún mezclan las creencias locales con la religión católica. No hay mucho de eso, la propia María Sabina es miembro de la Asociación del Apostolado de la Oración y viene a misa el primer viernes de cada mes. Usa su escapulario. Ella es una persona humilde, por lo que me consta, y a nadie hace daño. En cambio, la escandalosa publicidad que se le hace la perjudica y compromete con las autoridades. Deben dejarla en paz. A los periodistas, ¿quién los llama? ¿A qué vienen? Se lo digo, Álvaro, pese que sé que el hablar con personas que escriben en los periódicos es peligroso. Es peligroso hablar con los periodistas.
Los sabios y curanderos no hacen competencia con nuestra religión, ni siquiera los hechiceros. Todos ellos son muy religiosos, vienen a misa. Ellos no hacen labor de proselitismo, por lo tanto no son considerados herejes…22

Al ser humano actual, ajeno totalmente a la mentalidad sagrada, le ha sido casi imposible comprenderte, salvo honrosas excepciones. Habláis lenguajes diferentes, aunque utilicéis las mismas palabras. Es un choque de mentalidades. Lo que tú eres, encarnas y conoces, le está vedado al occidental contemporáneo que se ha puesto las anteojeras del análisis y la razón y que confunde constantemente lo de orden espiritual con lo psíquico y fenoménico. Mas en ti no existía tal conflicto, reconocías la unanimidad entre la doctrina de Jesús y tu cultura ancestral; sabías que la Sabiduría era una sola.

He pertenecido a las hermandades desde hace 30 años. Ahora pertenezco a la hermandad del Sagrado Corazón de Jesús. La hermandad está compuesta por diez mujeres. Si la sociedad está compuesta por hombres, se llama mayordomía. A cada socia también se la llama madre. Nuestra tarea consiste en hacer velas y juntar dinero para pagar la misa que mensualmente se hace en acción de gracias al Sagrado Corazón de Jesús.23

Hasta llegaron a atacarte, a acusarte de revelar los secretos de tu tradición, cosa que sí hiciste pues no podías guardar solamente para tu persona lo que sabías era un legado dirigido a toda la humanidad.

Y aunque soy la mujer limpia, que soy la Payasa principal, la maldad ha existido contra mí. En cierta vez quemaron mi casa de siete brazadas de largo. Estaba construida de madera con techo de zacate. Ignoro el motivo por el que lo hicieron. Unas personas pensaron que el motivo era que yo había revelado el secreto ancestral de nuestra medicina nativa a los extranjeros.
Es cierto que antes de Wasson nadie hablaba con tanta soltura acerca de los niños. Ninguna persona, de nuestra gente, revelaba lo que sabía de este asunto. Pero yo obedecí al síndico municipal; sin embargo, ahora pienso que si los extranjeros hubieran llegado sin recomendación alguna también les hubiera mostrado mi sabiduría, porque en eso no hay nada malo. Los niños son la sangre de Cristo.
(…)
Al cabo nos fuimos a vivir a casa de unos familiares. Y había que empezar nuevamente. Trabajé mucho para levantar otra casa. Ésta sí de adobes con techo de lámina y vivo actualmente en ella.
Pero no todo ha sido sufrimiento. Me pongo contenta al escuchar música en salterio. Me gusta la música. A los Seres Principales también les gusta, ahora recuerdo que cuando ellos me entregaron el Libro, había música. Sonaba el tambor, la trompeta, el violín y el salterio. Es por eso que canto:
Soy la mujer tamborista
Soy la mujer trompetista
Soy la mujer violinista
y me gusta bailar el jarabe mazateco. Lo bailo en mis visiones con los Seres Principales. Un Ser Principal es mi pareja…24

Para ti era lo más natural del mundo vivir como vivías y conocer lo que conocías. Y al mismo tiempo eras plenamente consciente que la recepción de la Sabiduría es un don, que ésta jamás puede adquirirse por la fuerza ni con mucho esfuerzo, ni tampoco legarse como quien lega una herencia a sus vástagos o transmite unos conocimientos en plan sistemático.

El obispo me aconsejó que iniciara a mis hijos en la sabiduría que yo tengo; le dije que se puede heredar el color de la piel o de los ojos, incluso la manera de llorar o de sonreír, pero con la sabiduría no puede hacerse lo mismo. La sabiduría no puede heredarse. La sabiduría se trae consigo de nacimiento. Mi sabiduría no puede enseñarse; es por eso que digo que mi Lenguaje nadie me lo enseñó, porque es el Lenguaje que los niños santos dicen al entrar en mi cuerpo. Quien no nace para ser sabio, no puede alcanzar el Lenguaje aunque haga muchas veladas. ¿Quién podría enseñar un Lenguaje así?25

De ahí esa gran seguridad y entereza al dirigirte a personas “preparadas” y aparentemente más cultas que tu. ¿Qué es verdaderamente ser culto? —nos preguntamos.

Eres maestra y se supone que enseñas a los niños, pero tú quieres burlarte de mí, te crees superior porque sabes leer y escribir. Debes de saber que no me siento insignificante ante nadie, porque es cierto que sabes leer y escribir gracias a que tus padres te enviaron a la escuela para que aprendieras. Tuviste que ir muchos días a la escuela para saber lo que sabes… pero debes comprender que yo, para ser sabia, no tuve necesidad de ir a ninguna escuela. Los sabios no necesitan aprender lo que sabemos en una escuela. La sabiduría se trae de nacimiento. Y viene junto a uno cuando está siendo parido, como si fuese la placenta. Y es que los honguitos me han revelado como era yo en los días en que me encontraba en el vientre de mi madre: es una visión en la que me veo convertido en feto. Un feto iluminado. Y sé que en el momento en que yo nací, los Seres Principales estaban presentes. También allí estaba el corazón de Cristo y había música.26

Y aun viste con tus propios ojos el uso profano de los niños santos, su comercio y desvirtuación. Viviste el derrumbe del don de las cositas.

Estos jóvenes, rubios y morenos, no respetaron nuestras costumbres. Nunca, que yo recuerde, los niños santos fueron comidos con tanta falta de respeto. Para mí no es un juego hacer veladas. Quien lo hace para sentir simplemente los efectos puede volverse loco y quedar así temporalmente.
Nuestros antepasados siempre tomaron los niños santos en una velada presidida por un sabio.
El indebido uso que los jóvenes hicieron de las cositas fue escandaloso. Obligaron a los principales de la ciudad de Oaxaca a intervenir en Huautla. No todos los extranjeros son malos, es cierto.
(...)
Los jóvenes son los que han sido más irrespetuosos, ¿sabes…?, ellos toman niños a cualquier hora y en cualquier lugar. No lo hacen durante la noche ni bajo las indicaciones de los sabios y tampoco los utilizan para curarse de alguna enfermedad.
(...)
Pero desde el momento que llegaron los extranjeros a buscar a Dios, los niños santos perdieron su pureza. Perdieron su fuerza, los descompusieron. De ahora en adelante no servirán. No tienen remedio.27

María Sabina asistió al acto final de una tradición milenaria que también sucumbía ante el avance de la modernidad, el consumismo, la negación de la espiritualidad —o la confusión de ésta por unas experiencias de orden psíquico—, y la decadencia humana en todas sus facetas. Los hongos y las hierbas sagradas son emisarias de otros mundos si se acepta la existencia de otros estados del ser; y se precisa de un guía que se mueva libremente por los espacios significativos del universo para no quedar atrapados en tal o cual esfera. He ahí la función del chamán, del iniciado en los misterios del ser humano y del cosmos. En este sentido escribe Aguirre Beltrán:

Una circunstancia más, de gran entidad, debe ser considerada. La hierbas sagradas, deidades en sí, actúan en virtud de sus propiedades místicas; esto es, no es la hierba propiamente la que cura sino la divinidad, parte de la divinidad o poder mágico en ella imbuido. Para que este poder permanezca en la planta es indispensable todo un complicado ritual, tanto en su cosecha como en su preparación y uso; de no llevarse a efecto resulta completamente ineficaz su empleo, ya que no curan las propiedades farmacológicas de las hierbas sino las propiedades místicas.28

A ti te tocó una función muy alta y la desempeñaste contra viento y marea, tanto si te comprendieron como si no, aunque te criticasen, aunque quisieran profitar de tu saber o disminuirlo de nivel.

Pero yo nunca he visto a los demonios, aunque para llegar a donde debo paso por los dominios de la muerte. Me sumerjo y camino por abajo. Puedo buscar en las sombras y el silencio. Así llego donde las enfermedades están agazapadas. Muy abajo. Abajo de las raíces y del agua, del barro y de las piedras. Otras veces asciendo, muy arriba, arriba de las montañas y de las nubes. Al llegar adonde debo, miro a Dios y a Benito Juárez. Allí miro a las gentes buenas. Allí se sabe todo. Del todo y de todos, porque allí todo está claro. Oigo voces. Me hablan. Es la voz del pequeño que brota. El Dios que vive en ellos entra en mi cuerpo. Yo cedo mi cuerpo y mi voz a los niños santos.
Los niños se convierten en Seres Principales. Los Seres principales aparecen en las visiones de los iniciados. Ponen sobre su mesa sagrada relojes, papeles, libros, hostias, estrellas, rocío o águilas… Los Seres Principales preguntan a los iniciados:
—¿Qué tipo de sabio quieres ser tú? ¿Quieres que te guíen los Señores de las Montañas, los dueños de los lugares o quieres que te guíe Dios Cristo?—. Entonces el iniciado escoge y le dice a los Seres Principales lo que prefiere. En ese momento, el iniciado recibe un libro que contiene el Lenguaje que ha escogido.
Yo me decidí por Dios Cristo. Así se lo hice saber a los Seres Principales.29

Así te reconocemos, una intérprete sagrada, custodia del Libro de la Vida, lectora del Alma del Mundo, Mujer Medicina, Mujer Libro.


María Sabina.
NOTAS
1 Álvaro Estrada. Vida de María Sabina, la sabia de los hongos. Siglo XXI editores, Madrid, 2023.
2 Ibid.
3 Ibid.
4 Ibid.
5 Ibid.
6 Ibid.
7 Ibid.
8 Ibid.
9 Ibid.
10 Ibid.
11 Ibid.
12 Ibid.
13 Ibid.
14 Ibid.
15 Ibid.
16 Ibid.
17 Ibid.
18 Ibid.
19 Ibid.
20 Federico González. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada “Erudición”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013. Integramente en versión online: Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos.
21 Álvaro Estrada. Vida de María Sabina, la sabia de los hongos, ibid.
22 Ibid.
23 Ibid
24 Ibid.
25 Ibid.
26 Ibid.
27 Ibid.
28 Ibid.
29 Ibid.
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