SYMBOLOS

Revista internacional de
Arte - Cultura - Gnosis

BREVE PERIPLO POR LA REPÚBLICA DE LAS LETRAS

ANA CONTRERAS

“Tal es pues, Tat, la imagen de Dios que he dibujado para ti lo mejor que he podido: si tú la contemplas exactamente y te la representas con los ojos del corazón, créeme, hijo, encontrarás el camino que conduce a las cosas de lo alto. O, más bien, es la propia imagen quien te mostrará la ruta. Pues la contemplación posee una virtud propia: toma posesión de los que ya una vez han contemplado, y los atrae a sí como –se dice– el imán atrae al hierro”.1

PROEMIO2

Nuestro periplo –que por definición acaba en el punto de partida–, se presenta aquí como una espiral ascendente, forma que adopta el camino del Conocimiento.3 Dicha espiral se halla profusamente jalonada por signos de reconocimiento: analogías y correspondencias que conforman una red sutil que nos ubica en el centro del mundo, desde donde, en nuestra ignorancia, nos preguntamos: ¿Quién soy? La respuesta la hallamos en la cita del Corpus Hermeticum que corona este trabajo. Y es así porque los textos sagrados son el mero corazón de lo que comunican, y en él, que es también el propio, encuentra respuesta toda pregunta de forma oracular:4
Es la propia imagen quien te mostrará la ruta.5

Omphalos. Museo de Delfos.
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Esta cita, escogida por Federico González para ilustrar la voz ‘atanor’, expresa con luz meridiana lo que para un aspirante al Conocimiento constituye su Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Podría decirse que la Ciencia Sagrada en él contenida es esa piedra imantada que atrae hacia sí aquello que por naturaleza le es concordante y se le adhiere para ser uno con ella: es amor el motor que nos impulsa a conocer y a conocernos, el fuego invisible que mantiene la llama de nuestra fe encendida, que nos infunde la valentía y nos concede la paciencia para seguir adelante, pase lo que pase, sin prisa pero sin pausa, redoblando en nuestro esfuerzo.

Y es exacta dicha ciencia –“si tú la contemplas exactamente”– por dos razones. La primera, por el hecho de que por ella todo está ajustado según medida, número y peso6 con la finalidad de poder traspasar el umbral que da acceso a estados más sutiles de la conciencia. La segunda, por la precisión por la que todo va encajando con el recuerdo del Sí Mismo, de manera que éste se va conformando en uno, ocupando ese vacío que subsigue a la entrega sincera al Conocimiento y antecede a toda creación: nada menos que

el paso previo a cualquier transmutación.7

Jerusalem, William Blake.
Tal vez ello se deba a que
la memoria del Sí Mismo deja un rastro invisible en aquellos que han tenido la gracia de presentirla, lo que los incita, en el tiempo, a hallarla nuevamente.8

En este sentido, es en el corazón, sede de la Inteligencia –capaz de discriminar entre lo verdadero y lo falso–, donde se reconocen invocación y evocación como dos facetas complementarias del logos, la primera ascendente y la segunda descendente, manifestándose mediante símbolos o ritos para revelar veraces significados bajo la forma de certezas, que, por su naturaleza trascendente

no necesita[n] demostración.9

De hecho,

el término griego symbolon se refería a dos mitades de algo que se juntaban, que coincidían, y conformaban un signo de reconocimiento.10

Viene al caso, pues, señalar e insistir en lo siguiente,

sin la dualidad no existe la Unidad pues no hay donde ésta pueda reconocerse, ya que no existe el espejo aquel que genera todo lo existente puesto que ella al mirarse en él toma conciencia de sí misma. El “yo” y el “otro” conforman una misma entidad que necesita autorreflejarse para conocerse.11

Aunque, paradójicamente,

se debe volver sobre aquello de que la imagen que proyectan los espejos es invertida con respecto a lo que reflejan12

ya que

el cosmos está invertido con respecto a su creador.13

Siendo así, según la ley que rige este juego de espejos, ¿cómo reencontrase con el auténtico Yo? Sin duda, y nos responde el oráculo,

con los ojos del corazón.14

Es decir, recordando, ya que es en el corazón donde reside la Intuición Intelectual, justamente la

certeza con la que se conoce una cosa generada en lo más hondo del corazón.15

Paradójicamente, el recuerdo o anamnesis entraña precisamente la

pérdida de memoria de lo relativo, condicionado y reflejo16

lo cual, revelándose tan irreal como ilusorio, hace caer por su propio peso las falsas identificaciones.

Las preguntas del aprendiz al Conocimiento son múltiples, indefinidas y nos ayudan a ir descorriendo cortinas, desentrañar cosas, observar el poder de lo pequeño e ir conociendo temas que nos amplían el horizonte, que nos van despertando y aclarando nuestro camino mediante chispas, o iluminaciones en el viaje del alma.17

Es necesario hacer aquí un inciso para aclarar que siempre somos aprendices. De hecho, hemos venido a esta vida a aprender, recordando. Sólo desde la humildad que representa aceptar nuestra ignorancia puede el pensamiento

conformar una estructura recién nacida y derribar una anterior, que hoy se presenta como deficiente.18

Se impone por sí sola la realidad que condiciona el éxito de todo proceso de Conocimiento:

Los símbolos deben necesariamente ser enseñados y aprendidos sin lo cual no pueden comprenderse.19

Es decir que

el pensamiento se aprende, hay que aprender a pensar –se nos enseña–, y comprender que hay otros grados más amplios que nuestros pensamientos, a los que debemos ascender. 20

El ascenso se define entonces como

una figura del alma en su viaje hacia el Conocimiento que se expresa por una levedad cada vez mayor en sus contenidos y destino final.21

Y es gracias a la luz, como

manifestación de la deidad22

que se puede ir ascendiendo mediante el pensamiento,23

recordando que en un plano superior se van conociendo cosas nuevas, pero no se pierde por ello el recuerdo de los planos más bajos, de donde comenzó [el] recorrido.24

También interviene el fuego interno, y de hecho existe una íntima relación etimológica entre luz y fuego y entre fuego y crecimiento.25 Se trata de un fuego regenerador que, vigorizado por el soplo del Espíritu, alumbra la caverna del corazón haciendo aparecer lo oculto, dándolo a conocer, de forma que

un hombre de Conocimiento vive un constante volver a empezar, y siendo así nada es rígido en su pensamiento.26

El sabio mantiene sus pies en la tierra, consciente de que lo que acontece en su interior es análogo a lo que acontece en el teatro de la vida. Nótese que en griego, θέατρον, théatron, significa ‘lugar para ver’, lo que le confiere en su aspecto más profundo y elevado una

posibilidad vinculada con la magia y aun con la teúrgia,27

ya que

nos brinda la activación de la memoria original sobre todo aquello que hemos olvidado, que no podemos recordar, y consolida paradójicamente nuestro núcleo central, al que se llega en este caso por la anamnesis, la ‘reminiscencia’ y también, como ya sabemos, por otras tantas vías tradicionales.28

Es así como el teatro se presenta como

una de las artes tradicionales con las que realizar un trabajo de transmutación interna,29

pues

el mundo entero es un gran teatro donde se produce la ilusión de la existencia de los personajes, por eso su emulación es una forma indicadísima de la labor iniciática donde se conjugan la memorización de los textos (una forma del Arte de la Memoria) junto con la comprensión del personaje y lo que éste dice, su situación y movimiento en el espacio teatral, el tono de la voz, sus gestos, etc., a lo que debe agregarse los ensayos, el estreno. Y la suma que resulta de todo ello que abre en la conciencia mundos siempre renovados que mantienen perennemente vírgenes a quienes se prestan para ello y que mueren y nacen con cada personaje, al que actualizan de modo permanente en la representación.30

Su alcance es subliminal, y se va produciendo

cada vez por medio de transmutaciones, muertes y renacimientos alquímicos una concepción totalmente nueva del Universo que se expresará en todos los ámbitos de [la] vida de un modo permanentemente nuevo y de una forma que algunos podrían tildar de Teúrgica.31

En términos alquímicos, esta caja negra en la que se desarrolla este trabajo de transmutación es análoga al atanor,

horno o vaso alquímico donde se cuece la materia,32

y donde cobran vida todas las formas en una metamorfosis que las trasciende para volver a esa imagen única de la deidad a la que hace alusión la primera cita, que sigue así:

… todos los que han participado en el don venido de Dios, esos, Tat, cuando se comparan sus obras con las de la otra clase, son inmortales y no ya mortales, porque han abarcado todas las cosas por su propia Inteligencia: las de la tierra, las del cielo, y lo que puede hallarse aun por encima del cielo. Habiéndose elevado ellos mismos así a una tal altura, han visto el Bien, y, habiéndolo visto, han considerado la estancia aquí abajo como una desgracia. Entonces, habiendo despreciado todos los seres corporales e incorpóreos, van aprisa hacia el Uno y Solo.33

De modo tal que ya sea en el atanor, como en el teatro,

el alma humana va conociendo distintos grados, niveles o mundos con los que se identifica,34

para poder desidentificarse, ubicándose una y otra vez, al nivel que sea, entre el Ser y el No Ser, paradójicamente siendo y no siendo a la vez, concluyendo finalmente que

el espectáculo más teatral de todos es el de una noche serena iluminada por los astros –efervescente de grandeza– que están ya en otra cosa o han muerto.35

De esta suerte,

es inmortal aquél que ha trascendido las distintas muertes y resurrecciones y casi sin pretenderlo accede a este nivel, o estado, su auténtica identidad, que es aquella que jamás muere.36

Lo que muere es en cualquier caso el yo pequeño con sus múltiples egos,37 por lo que sólo desde la sana distancia respecto a dicha individualidad puede levantar el vuelo el alma como lo hace el águila, elevándose en espiral. En el ascenso vamos olvidando quienes fuimos, vamos dejando atrás lo más denso sin por ello perder el contacto con la realidad. Como ya se ha dicho, el sabio sabe que ha de mantener los pies en el suelo, no sólo porque ello garantiza que todo este proceso sea real y efectivo, sino porque es aquí donde se hace ‘el milagro de una sola cosa’, como dice la Tabla de Esmeralda. Es más, debe haber una comunicación permanente entre lo de arriba y lo de abajo, y el eje por el que ésta tiene lugar penetra hasta lo más profundo para elevarse hasta lo más alto. Esto es así porque

el viaje espiritual ha sido siempre homologado con un descenso hacia lo bajo seguido de un ascenso a las alturas, a los cielos.38
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II

Es de tal forma como este vuelo en espiral permite conocer planos cada vez más sutiles y, a la vez que cambia la perspectiva, se puede apreciar desde arriba el plano completo y comprender su intrincado diseño como quien ve desde lo alto un laberinto,39 develándose de esta forma las limitaciones de lo horizontal,

opuesto a la verticalidad y como símbolo de un ente limitado y forzosamente chato en el que nosotros y los cerdos nos revolcamos en el penoso día a día profano.40

Laberinto. Catedral de Chartres.
Por consiguiente,
debemos estar preparados para romper constantemente los niveles horizontales que tratan de poseernos y ahogarnos para lo cual la disciplina es una buena sugerencia y la paciencia un arma de eficiencia comprobada.41

Es imperativo para poder acceder y conocer esos otros planos o mundos, entregándose al Misterio. Precisamente porque éste

no es un tope en las posibilidades de nuestra mente,42

sino que por el contrario,

la cualidad del misterio radica en su indescifrabilidad, en que es algo en sí inherente a la naturaleza misma del hombre y las cosas. Tiene vida propia, es per se y se manifiesta como una categoría del alma delimitada por su propia existencia.43

Si bien dicha entrega es perentoria, el proceso transcurre gradualmente, dejando atrás lo que ya no tiene sentido, negando así la negación, a menudo por la fuerza, pues

los pasos iniciáticos de un plano a otro siempre han estado relacionados con la idea de sacrificio.44

Esto es posible

particularmente cuando se toma conciencia de nuestra nada y del lugar donde estamos, o sea, a partir de la muerte de nuestras expectativas y deseos.45

De hecho,

el neófito advierte “los Misterios del ser” en el Ser mismo que, como él, no sabe quién es, al punto de tener que contemplarse en el iniciado –una vez que éste se ha desembarazado de la espesa maraña de sus condicionamientos e ignorancia–, para conocerse.46

Se trata de acceder desde lo más profundo, que es asimismo paradójicamente lo más elevado, mediante la conjugación de opuestos, a la esencia de todo lo que se puede nombrar; de penetrar el lenguaje del símbolo, que interpreta el lenguaje del cosmos, y descubrir que letras y números

conjuntamente definen a su manera las posibilidades de la forma en el espacio y el tiempo.47

En la luz contenida en el logos se conserva el sentido de la vida y se ilumina la conciencia con

la cadencia y el ritmo secreto del cosmos48

cuando se reconoce como propio, porque uno se reconoce en esa armonía que

es la coincidencia de las partes en un lenguaje musical que lleno de matices y pautas consigue componer el enigma del Sí mismo. Que no es otra cosa que el espejo del alma, aquél en que ella se ve.49

En este sentido, recalcar que la Iniciación en sí

equivale a una regeneración, a un cambio de piel en el que se deja la 'otra' existencia, (que) está íntimamente vinculada con (los) ritmos naturales.50

Sólo así puede acontecer lo asombroso,

renacer, pasando a otro mundo donde todo es lo más sutil y milagroso que pueda imaginarse, por decir algo,51

ya que

ascenso y descenso son la oportunidad de la complementación de opuestos en aras de dar a luz al Niño Alquímico.52
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III

Furor producido por un conjunto de palabras,
sonidos, o de imágenes que son capaces de
sacarnos de nivel y llevarnos a la comprensión
de cosas que aún no se nos habían dado a conocer.53

Dejamos hablar al diccionario, a sus imágenes, y sin habernos percatado, nos descubrimos emplazados en este espacio otro, pudiera decirse liberados de nuestra previsible y pesada realidad ordinaria. Nos hallamos en la República de las Letras, esta isla de la conciencia que va apareciendo a medida que penetramos el mundo de las ideas y con ello los verdaderos significados de las palabras o cosas.54 Y ello se debe, como decíamos al principio, a que cada voz está escrita con el único propósito de llevarnos más allá de nosotros mismos, de nuestra individualidad, en una navegación hacia instancias superiores en las que ésta no ha lugar.


Tarot Visconti-Sforza, med. S. XV.

La República de las Letras es cabalmente gobernada y operada por el símbolo. Ello nos aboca a reconocer que toda manifestación es simbólica y que somos guiados por un hilo conductor que todo lo religa en función de la impecable coherencia del lenguaje por el que se rige, el cual obedece al carácter axial propio de la Ciencia Sagrada, que no es sino otro nombre de la Sabiduría. No ha pues lugar aquí la incongruencia dado que dicha ciencia es exacta y se va revelando en función de una geometría sagrada que parte del centro y regresa siempre a él, de forma que es la propia Inteligencia la que se reconoce en todo lo que generosamente la refleja.

Esta República, como

imagen de la ciudad celeste es, pues, una organización casi imposible de alcanzar por las limitaciones humanas, aunque real en otros espacios o mundos relacionados con las ideas.55

Algunas tradiciones la han ubicado

después de la muerte y se preparaban para ella a lo largo de su vida, tal los egipcios que aguardaban la barca que había construido toda su civilización alrededor de ese viaje.56

El hecho de hallarse más allá de las coordenadas espacio-temporales le confiere sin embargo un carácter ubicuo que la sitúa en el ámbito de lo simultáneo, y por tanto constituye para el hombre una

posibilidad del ser que le permite existir en varios lugares al mismo tiempo, siendo él mismo en todas las ocasiones.57

Lambsprinck, Tratado de la Piedra Filosofal, fig. XII, 1677.

Desde este afortunado enclave del piélago no se divisa más que un horizonte difuso entre el mar y el cielo por el que surgen y desaparecen el Sol, la Luna y las estrellas. Hemos llegado aquí navegando con el pensamiento, llevados por el soplo del Espíritu, que por medio de una brisa sutil y evocadora, suscita el recuerdo del Sí Mismo.58 Y decimos afortunado porque

aquí moran los dioses y los inmortales, o sea, los que han realizado la unión última entre el Ser Universal y lo que No-Es, aceptando el mundo tal como es y su ignorancia propia de ese mismo mundo a la par que su condición.59

Ignorancia que tiene que ver con el Misterio, con lo incognoscible,

el más alto grado de Conocimiento según Nicolás de Cusa.60

Es gracias al reconocimiento y aceptación de esta Docta Ignorancia, núcleo de esta construcción intelectual que constituye el aula magna del Colegio Invisible, que podemos volver a partir de cero. Todo vuelve a empezar a otro nivel, más profundo y más elevado, pues este camino, como ya hemos dicho, es un

complejo itinerario de múltiples etapas cuyo trazado no es rectilíneo sino espiral,61

propiedad que otorga nuevos significados a lo que ya hemos conocido, que se revelan a otro nivel, hasta ahora absolutamente insospechado, reafirmándose,

como decía Cicerón, (que) “la ausencia de saber está en el principio de la filosofía”,62 repitiendo el “sólo sé que no sé nada” de Sócrates.63

En esta isla invisible se vive mirando al cielo,64 contemplando el grandioso escenario en el que se desarrolla toda la cosmogonía.65 Trazando con el hilo de oro de la Memoria la forma de las constelaciones mientras los dioses recrean sus mitos, se va dando nombre a toda expresión del alma, análoga al cosmos, dando voz al pensamiento,66 aprendiendo de forma especular67 del simbolismo que nos envuelve,68 conformando esa red que todo lo integra a través de la palabra.


Calendario de pastor. Inglaterra s. XV.

Dice Platón en el Crátilo que “el nombre es la imitación con la voz de aquello que se imita; y el imitador nombra con su voz lo que imita”.69 De ahí de nuevo el papel esencial de la Memoria en todo este juego de espejos, siendo el alma, con sus aguas superiores e inferiores, un espejo de lo que está más allá del cielo,

la siempre misteriosa ecuación de lo intermediario, de lo que no será esto o aquello, lo cual conforma un mundo estrechamente vinculado con cualquier origen, como es el apareamiento del cielo con la tierra.70

Todo está escrito en la bóveda celeste, en el Libro de la Vida. Se dice que Eratóstenes,71 antes de hablar de una constelación, narraba el mito, embarcando así al oyente en un viaje simbólico que recorría todo el firmamento. Tal vez, precisamente, porque sabía que nuestro destino, de índole celeste, es

un don que se hace en ciertos hombres que tienen necesidad de él y que fijan la voluntad en la prosecución de su camino.72

Bien entendido, se trata aquí de necesidad con mayúscula, para los griegos Ananké, diosa quien, cuenta Pausanias, compartía santuario en Corinto con Bía, la Fuerza –la Fuerza de la Inteligencia–. Como dejó escrito Platón en el Timeo,

el universo nació efectivamente por la combinación de la Necesidad y la Inteligencia.73

Y es que de la Necesidad nace la Sabiduría, lo que la hace

el único camino seguro para llegar a la verdad.74

Se nos revela así la ruta por la que discurre nuestra nave, la Vía Láctea, esa ruta que destaca en el cielo estrellado formada de la misma divina sustancia que mamó Herakles, el héroe por antonomasia, prototipo del iniciado en los Misterios del Ser; aquella

que atravesaron los antepasados míticos, de sudeste a noroeste, hasta llegar a la tierra.75

Por ella navega el Argo, nave mítica inmortalizada por siempre surcando los cielos. Para los egipcios, era el Nilo celeste, por el que discurría la barca sagrada, en contraposición al Nilo terrestre donde iniciaba, con la muerte física, el viaje más allá, para lo que se preparaban durante toda su vida, aguardando

la barca que había construido toda su civilización alrededor de ese viaje.76

Nuestra nave es el símbolo, que

liga (las) dos realidades o mejor (los) dos planos de una misma realidad.77

Símbolo y mito entrañan un carácter transformador imprescindible para el iniciado. En el caso del símbolo, éste

para la antigüedad, (…) era el representante de una energía-fuerza que permitía la ruptura de nivel, el acceso a otros mundos, o la obtención del conocimiento de diferentes planos de este mismo mundo, caracterizados por distintos grados de conciencia.78

En cuanto al mito, se dice de él que

es tal su poder, que constituye de modo misterioso la propia raíz del logos.79

De hecho en la voz ‘mito’, μύθος, se hallan presentes la idea de ‘cerrar’, μύω, y la de ‘aprender’, μυώ, aunándose ambas en la Iniciación en tanto que conocimiento oculto o cifrado.

Alan Watts llega incluso a afirmar en Mito y Ritual en el Cristianismo la necesidad del mito como fundamento para el pensamiento:

la mitología es la representación de lo sobrenatural, lo impensable e incognoscible, en términos de imágenes sensibles que poseen dimensiones espaciales y temporales, sin las cuales la mente se ve incapaz de pensar.80

En este sentido, Plutarco, en Los Misterios de Isis y Osiris, nos dice que

es preciso servirse de los mitos, no como de razones absolutamente probatorias, sino para tomar de cada uno de ellos los rasgos de parecido que se concilian con nuestro pensamiento.81

Ambos –símbolo y mito– constituyen pues la sustancia del pensamiento, y habida cuenta de la identidad entre ser y conocer, el papel del símbolo y el mito se fundamenta en definitiva en la facultad de abocar al neófito al ámbito del Misterio, donde éste

advierte “los Misterios del ser” en el Ser mismo que, como él, no sabe quién es, al punto de tener que contemplarse en el iniciado –una vez que éste se ha desembarazado de la espesa maraña de sus condicionamientos e ignorancia–, para conocerse.82

Es más,

En este sentido creamos a Dios para que éste pueda mirarse en nosotros, la creatura, o sea que la madre auto generada pare al padre para que éste pueda fecundarla y de ese modo engendrar al mundo tal cual lo refieren distintas mitologías. Por lo que la identificación con la deidad no es sólo la definitiva del individuo con ella, sino un hecho cósmico de alcances inesperados y desconocidos. Estamos hablando del invocador–invocado, paradoja que constituye un elemento indispensable del desarrollo de la creación a perpetuidad, ciclos que no tienen fin siempre que haya un ser que pueda identificarse con la Naturaleza Perfecta, capaz, como vemos, de ser un Dios, o participar con éstos en una nueva aventura olímpica.83

Se trata en suma de un

desarrollo hacia lo eterno –o sea hacia lo simultáneo e inmóvil–, que por ello convierte (a la individualidad) entonces en contemporánea de los que han transitado por el mismo camino,84

quienes nos asisten en nuestro periplo, abriéndonos puertas, tendiéndonos puentes, atrayéndonos hacia esta República de las Letras, cabalmente gobernada y operada por el símbolo con el fin de que se haga ‘el milagro de una sola cosa’.

En efecto, desde lo invisible, dioses e inmortales orquestan el silencio audible en esta caja negra donde ver y oír se aúnan a niveles sutiles dando pie al Teatro de la Memoria y su complejo juego de espejos. Y al dejarnos guiar por ese hilo conductor que todo lo religa, se va revelando una geometría sagrada que parte del centro y regresa siempre a él, devolviéndonos gradualmente la imagen verdadera, aquella en la que, en última instancia, podemos leer “Yo soy Tú”, siendo la propia Inteligencia la que se reconoce en todo lo que generosamente la refleja.

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IV

Sigue elevándose la espiral al reconocerse el alma en el propio discurso del diccionario. Y volvemos de nuevo a aquello que decíamos al principio:

sin la dualidad no existe la Unidad pues no hay donde ésta pueda reconocerse.85

Cada una de estas voces o entradas, a través de las cuales se manifiesta el Hilo de Oro de la Tradición, franquea el acceso a esta Ciudad, y si bien se dice que es

una organización casi imposible de alcanzar por las limitaciones humanas, aunque real en otros espacios o mundos relacionados con las ideas,86

incluso algunas tradiciones la han ubicado

después de la muerte,87

también se nos dice

que tiene tantas entradas como hombres hay en el mundo.88

Y esto es así porque cada uno es una faceta única de la deidad que al conocerse, se reconoce primero como tal en su imperfección, tratando a partir de entonces de encarnar la imagen perfecta por la cual ha sido concebido. Como dice el oráculo:

Es la propia imagen quien te mostrará la ruta. Pues la contemplación posee una virtud propia: toma posesión de los que ya una vez han contemplado, y los atrae a sí como –se dice– el imán atrae al hierro.89

En todo caso, no hay mayor fortuna que cuando el hilo de la Tradición se cruza con el hilo del destino y se revela en esa unión la Providencia,

el mayor regalo de los dioses, el que crea una necesidad a la cual auxilia la voluntad para arribar a su propio destino.90

Como tácitamente expresa este emblema de Alciato, “Que el arte ayuda a naturaleza”.


“Que el arte ayuda a naturaleza”.
Alciato, Emblemas, 1531.

Aparece Hermes, guía y psicopompo, sentado sobre un ara, dirigiéndose a la diosa Fortuna, Pequeña Fortuna, a juzgar por el tamaño de la bola del mundo sobre la que se sostiene en precario equilibrio, a diferencia de la Gran Fortuna de Durero. Si bien está atenta a las indicaciones del dios, sus ojos vendados representan la ignorancia y también el sueño en el que permanece sumida el alma en el estado de conciencia ordinario. Se trata de la errante naturaleza humana, siempre a merced del viento que hincha esa vela que sujeta con ambas manos.

En rigor, podemos decir que

el despertar hermético, (que) es el inicio del camino de Conocimiento,91

se da cuando existe una voluntad superior,

una necesidad del ser humano (…) que gracias a la Providencia labra su destino.92

Y es Hermes-Mercurio quien troca con su caduceo la Pequeña Fortuna en Gran Fortuna:

el papel de despertador del sueño le cabe a la vara mágica de Hermes –en cualquier forma en que éste se presente. Así es en su función de guía del alma post-mortem, o de psicopompo de la realización espiritual en esta vida, o sea, la culminación del Camino del Conocimiento.93

Mercurio-Hermes como divinus amator.
Achille Bocchi, Symbolicae quaestiones, 1574.
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EPÍLOGO

Como decíamos al principio, un periplo, por definición, acaba en el punto de partida. Empezamos con un oráculo, y acabamos con un oráculo que, según refiere Pausanias, Homero recibió en Delfos: “Dichoso e infortunado, pues naciste para ambas cosas, buscas una patria. Tienes una tierra natal, pero no una patria”.94

Las personas olvidamos, pero el alma no olvida. Es con la Memoria con la que el viajero va hilando su viaje de regreso a su verdadera patria, la celeste, tras tan largo exilio. Y es aquí y ahora donde se proyecta lo rescatado, donde se materializa el espíritu espiritualizándose la materia, donde se aploman cuerpo, alma y espíritu, definiendo dónde se encuentra el tesoro, custodiado por amor en esta isla de la conciencia. Sigue aquí, tan prístino e inmaculado como su recuerdo.

Llega Ulises a Ítaca ya anciano, o mejor dicho, sabio, pues esa ancianidad es sinónimo de sabiduría. De hecho, es la propia Atenea quien lo recibe a su llegada. Y a pesar de su apariencia, su corazón sigue tan joven como cuando partió, si es que alguna vez en verdad partió, pues nunca olvidó su origen. Nunca olvidó quién era.

Sucederá que todo el que se salvare y pueda escapar por sus obras o por la fe mediante la cual creyó, este tal será librado de los peligros predichos y verá mi salvación en mi tierra y en mis confines que santifiqué desde la eternidad.95
NOTAS
1 Corpus Hermeticum IV. “Discurso de Hermes a Tat: La Crátera, o la Mónada”. Citado en Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Atanor”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013. Integramente en versión online: Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos.
2 ‘Proemio’ viene del griego y está formado por προ, pro, ‘antes’, y οιμος, oimos, ‘camino’.
3 También representado por una escalera, en este caso de caracol. “En su sentido iniciático la escalera es símbolo del ascenso espiritual y también del descenso al interior de la tierra, primera parte del viaje del adepto”. Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Escala-Escalera”, op. cit.
4 Este diccionario, verdadero compendio de Sabiduría, constituye por sí mismo un oráculo.
5 Corpus Hermeticum IV. “Discurso de Hermes a Tat: La Crátera, o la Mónada”. Citado en Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Atanor”, ibíd.
6 Lo más pequeño es lo más poderoso. En este viaje del alma es conveniente ir bien ligero de equipaje, practicar una sana economía de gestos, y concentrarse en un sólo objetivo: nuestro destino. Como Ulises, tan centrado en el retorno a su patria, idea nuclear de la Odisea, que “no bajaba a sus ojos el sueño”. Citado en Homero. Odisea, canto V, 271. Ed. Gredos, Madrid, 2005.
7 Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Vacío”, ibíd.
8 Entrada: “Memoria”, ibíd.
9 Entrada: “Certeza”, ibíd.
10 Entrada: “Símbolo”, ibíd.
11 Entrada: “Espejo”, ibíd.
12 Ibíd.
13 Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Inversión”, ibíd.
14 Corpus Hermeticum IV. “Discurso de Hermes a Tat: La Crátera, o la Mónada”. Citado en la entrada: “Atanor”, ibíd.
15 Entrada: “Intuición Intelectual”, ibíd.
16 Entrada: “Anamnesis (gr.)”, ibíd.
17 Entrada: “Rapto”, ibíd.
18 Entrada: “Pensamiento”, ibíd.
19 Entrada: “Espejo”, ibíd.
20 Entrada: “Pensamiento”, ibíd.
21 Entrada: “Ascenso”, ibíd.
22 Entrada: “Luz”, ibíd.
23 En oposición, en griego, σκοτώνω, skotono, es ‘quitar la luz’, ‘cegar’, y también ‘matar’ –σκότος, skotos, es ‘oscuridad total’–.
24 Entrada: “Ascenso”, ibíd.
25 En griego, luz y fuego son φως y φωτιά respectivamente. Crecer es φύω.
26 Entrada: “Sabio”, ibíd.
27 Entrada: “Teatro”, ibíd.
28 Ibíd.
29 Ibíd.
30 Ibíd.
31 Entrada: “Arte”, ibíd.
32 Entrada: “Atanor”, ibíd.
33 Corpus Hermeticum IV. “Discurso de Hermes a Tat: La Crátera, o la Mónada”. Citado en la entrada: “Atanor”, ibíd.
34 Entrada: “Atanor”, ibíd.
35 Entrada: “Teatro”, ibíd.
36 Entrada: “Athanatos”, ibíd.
37 Durante el carnaval de Venecia, un cartel en la puerta de los templos dice así: “Luogo sacro, non si entra in maschera”.
38 Entrada: “Escala-Escalera”, ibíd.
39 Se dice también que del laberinto se sale por arriba.
40 Entrada: “Horizontal”, ibíd.
41 Entrada: “Ruptura de Nivel”, ibíd.
42 Entrada: “Misterio”, ibíd.
43 Ibíd.
44 Entrada: “Iniciación”, ibíd.
45 Ibíd.
46 Ibíd.
47 Entrada: “Lenguaje”, ibíd.
48 Entrada: “Poesía”, ibíd.
49 Entrada: “Armonía”, ibíd.
50 Entrada: “Iniciación”, ibíd.
51 Entrada: “Ruptura de Nivel”, ibíd.
52 Entrada: “Ascenso”, ibíd.
53 Entrada: “Catarsis”, ibíd.
54 La raíz φα, presente en ‘aparecer’ y también en ‘Fanes’, expresa la acción de hacer visible.
55 Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Utopía”, ibíd.
56 Entrada: “Ciudad Celeste”, ibíd.
57 Entrada: “Simultáneo”, ibíd.
58 No es casual que ‘nave’ y ‘pensamiento’, respectivamente ναύς y νους, tras las que subyace la idea de νέω, ‘flotar sobre las aguas’, tengan una etimología común. Es más, en cuanto a la palabra ‘isla’, νήσος, ésta viene a significar nada menos que ‘tierra que navega’, como Delos, donde nace Apolo.
59 Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Ciudad Celeste”, ibíd.
60 Entrada: “Docta Ignorancia”, ibíd.
61 Entrada: “Despertar”, ibíd.
62 Cicerón, Sobre la Naturaleza de los Dioses, I, 1. Citado en la entrada: “Filosofía”, ibíd.
63 Entrada: “Filosofía”, ibíd.
64 Tal vez porque recíprocamente Uranos, Ούρανός, el ‘cielo’, viene de όράω, ‘ver’: el Cielo todo lo ve. De nuevo el juego de espejos.
65 Los antiguos, según atestigua entre otros Platón, afirmaban que el hombre recibía el nombre de anthropos precisamente porque ‘miraba al cielo’, gesto en el que coincidían tres de sus más preciados atributos: la observación, el logos y la aspiración a lo alto. En definitiva, anthropos viene a ser ‘el que vuelve sus ojos al cielo’.
66 La raíz griega φα (ver nota 9), relacionada con ‘hacer visible’, está presente en ‘voz’, dejando entrever toda una cuestión etimológica sorprendente, ya que en griego ‘voz’ es φωνή, phoné, formada por φώς, phos, y νούς, nous, respectivamente ‘luz’ y ‘pensamiento’, lo que viene a significar ‘voz como luz que hace visible el pensamiento’. Asimismo, se podría decir que a través de la voz y la palabra cobra vida aquello que es nombrado.
67 Como empieza diciendo la Tabla de Esmeralda: “En verdad, ciertamente y sin duda: lo de abajo es igual a lo de arriba, y lo de arriba, igual a lo de abajo, para obrar los milagros de una cosa”. Citado en Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Esmeralda”, ibíd.
68 Siendo lo externo un reflejo de lo interno, como la propia vida es el reflejo de una Inteligencia viva que late simultáneamente en el corazón del hombre y en el del universo.
69 Platón, Crátilo, 423b. Ed. Gredos, Barcelona, 2006.
70 Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Agua”, ibíd.
71 Astrónomo, poeta y filósofo del s. III a.C. que estuvo a cargo de la Biblioteca de Alejandría hasta su muerte.
72 Entrada: “Destino”, ibíd.
73 Entrada: “Necesidad”, ibíd.
74 Ibíd. ¿No es acaso Necesidad quien incuba el huevo órfico bajo la forma de una serpiente? ¿No es ella quien impele a poner nombre a todo lo nombrable para hacerlo cognoscible?
75 Entrada: “Vía Láctea”, ibíd. Según afirma Mircea Eliade en Mito y Realidad, “en los niveles arcaicos de cultura, la religión mantiene la ‘apertura’ hacia un Mundo sobrehumano, el mundo de los valores axiológicos. Estos son ‘trascendentes’ al ser revelados por Seres divinos o Antepasados míticos... Como hemos visto, estos modelos se transmiten por los mitos, a los que está especialmente encomendado despertar y mantener la conciencia de otro mundo, de un más allá, de un mundo divino o mundo de los Antepasados. Este ‘otro mundo’ representa un plano sobrehumano, ‘trascendente’, el de las realidades absolutas. En la experiencia de lo sagrado, en el encuentro con una realidad transhumana, es donde nace la idea de que algo existe realmente, que existen valores absolutos, susceptibles de guiar al hombre y de conferir una significación a la existencia humana”. Citado en la entrada: “Mito”, ibíd.
76 Entrada: “Ciudad Celeste”, ibíd.
77 Entrada: “Símbolo”, ibíd.
78 Ibíd.
79 Entrada: “Mito”, ibíd.
80 Ibíd.
81 Ibíd.
82 Entrada: “Iniciación”, ibíd.
83 Ibíd.
84 Ibíd.
85 Entrada: “Espejo”, ibíd.
86 Entrada: “Utopía”, ibíd.
87 Entrada: “Ciudad Celeste”, ibíd.
88 Ibíd.
89 Corpus Hermeticum IV. “Discurso de Hermes a Tat: La Crátera, o la Mónada”. Citado en la entrada: “Atanor”, ibíd.
90 Entrada: “Providencia”, ibíd.
91 Entrada: “Despertar”, ibíd.
92 Entrada: “Voluntad”, ibíd.
93 Entrada: “Sueño”, ibíd.
94 Pausanias, Descripción de Grecia, X 24-2. Ed. Gredos, Madrid, 1994.
95 Libro IV de Esdras, Apócrifos del Antiguo Testamento. Citado en la entrada: “Ciudad Celeste”, ibíd.
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