SYMBOLOS

Revista internacional de
Arte - Cultura - Gnosis

FRAY TORIBIO DE MOTOLINÍA

ANA CONTRERAS

Dicen que motolinía fue la primera palabra que aprendió este franciscano al llegar a la Nueva España, pues los indios repetían al verlo tan desarrapado: “motolinía, motolinía”, que en náhuatl significa “pobre”. “Ése será mi nombre para toda la vida”, resolvió al reconocerse en ella. Y pasó de hacerse llamar Fray Toribio de Benavente,1 o de Paredes –su apellido paterno–, a Fray Toribio Motolinía.


Los doce franciscanos con sus nombres. Anónimo, Los doce franciscanos, siglo XVII.
Sala de Profundis del convento de Huejotzingo, Puebla.

Fray Toribio venía de la provincia de Zamora y llegó a la costa de México el 13 de mayo de 1524. Su intención era no sólo evangelizar a los indios, sino también protegerlos. El ánimo del franciscano estaba impregnado de un cristianismo primitivo, razón por la cual sentía un profundo rechazo por la iglesia jerarquizada e institucional. Con dicho ánimo llegó a la Nueva España, junto con otros once franciscanos, dispuesto a librarla del encorsetamiento, la rigidez y el dogmatismo.

Había oído hablar de México “como de la tierra prometida, destinada para la realización de una gran empresa”, y llega, junto con otros pocos de su orden, dispuesto a luchar por esa utopía. La lucha por los derechos indígenas y contra los abusos que se venían produciendo por parte de los conquistadores se convertiría en su caballo de batalla.

Según lo describe Sahagún, Motolinía era “varón muy amigo de la santa pobreza, muy humilde y muy devoto, y competentemente letrado”. No obstante, es preciso adoptar un enfoque más amplio aclarando que “los religiosos cristianos –salvo honrosas excepciones en cuanto alguna ciencia humanista o ‘clásica’– sólo aparentan ser, en el mejor de los casos, personas devotas, o bien intencionadas, cuando no funcionarios de la corona, o espías fanáticos de la conversión masiva de infieles, pero nunca hombres de conocimiento en el verdadero sentido de esta palabra”.2

De hecho, se puede decir que los franciscanos entraron por la puerta grande, pues el papa Adriano VI les había concedido ciertos privilegios en cuanto a la administración de los sacramentos. Asimismo fueron muy bien acogidos por el propio Cortés en persona, quien, dicho sea de paso, tenía gran interés en favorecer a la orden, no sólo con el fin de legitimar su empresa sino también de retardar la llegada de la iglesia secular, demasiado interesada en las riquezas materiales del nuevo continente. Y aunque lo que aquí nos trae no es el trasfondo de intrigas políticas, juegos de poder y tejemanejes de unos y otros, ni las enemistades entre órdenes –en especial entre franciscanos y dominicos–,3 conviene tenerlo muy presente para no caer en el error de juzgar por las apariencias, especialmente de índole moral.


Cortés recibe a los doce misioneros franciscanos.
Mural de la parroquia de Ozumba, México.

Lo que venimos a destacar aquí es la valiosa aportación de Motolinía en el ámbito de la cultura de aquellas tierras, cuyo acervo sobrepasaba sobremanera al material. Su crónica, Historia de los indios de la Nueva España, está considerada como una de las más fieles por cuanto hace un retrato objetivo del mundo azteca del s. XVI, sin denostar a los indios pero tampoco idealizarlos.4

Fray Toribio fue uno de los primeros recopiladores de la historia de la Mesoamérica precolombina. Aunque su profunda religiosidad condicionó fuertemente su perspectiva de las cosas, se mostró francamente abierto ante lo desconocido y no dudó en investigar todo lo que veía. Su labor le llevó a viajar incansablemente por aquellas tierras y se acercó a los lugareños con gran curiosidad. Su enorme interés por los orígenes, cultura y ritos de aquellos pueblos hace de su obra un bien extremadamente preciado, en particular por el hecho de que extrajo y recopiló información directamente de los indígenas. El hecho de hablar náhuatl5 le facilitó en gran manera el acercamiento a aquellas gentes y le permitió una aproximación a sus códices de manera fidedigna, pudiendo formular preguntas y aclarar sus dudas en la lengua vernácula.

Había entre estos naturales cinco libros, como dije, de figuras y carateres: el primero habla de los años y tiempos; el segundo, de los días y fiestas que tenían todo el año; el tercero, de los sueños, embaimientos y vanidades y agüeros en que creían; el cuarto era del bautismo y nombres que daban a los niños; el quinto, de los ritos y cerimonias y agüeros que tenían en los matrimonios.6

Así, según el primer libro al que llaman Libro de la cuenta de los años:7

de los que esta tierra poblaron fueron tres maneras de gentes, que aún ahora hay algunos de aquellos nombres. A los unos llamaron chichimecas, los cuales fueron los primeros señores de esta tierra; los segundos son los de Colhua; los terceros son los mexicanos.

Motolinía nos ubica respecto a estos tres grupos, y así como calificaba a los chichimecas de bárbaros –si bien no hacían sacrificios humanos como sus descendientes los aztecas, a los de Colhua,8 por el hecho de haber sido los primeros en plasmar en códices su memoria, los situaba intelectual y culturalmente por encima de todos los demás. En cuanto a los mexicas, provenientes de Chicomoztoc, “lugar de siete cuevas”, fueron los últimos en llegar y asentarse. Aunque todos decían venir del norte, el franciscano sospechó que descendían de Noé:

Aristótiles, en el libro De admirandis in natura, dice que en los tiempos antiguos los cartagineses navegaron por el estrecho de Hércules,9 que es nuestro estrecho de Gibraltar, hacia el occidente, navegación de sesenta días, y que hallaban tierras amenas, deleitosas y muy fértiles. Y como se siguiese mucho aquella navegación y allá se quedasen muchos hechos moradores, el senado cartaginense mandó, so pena de muerte, que ninguno navegase ni viniese la tal navegación, por temor que no se despoblase la ciudad. Estas tierras o islas pudieron ser las que están antes de San Juan o la Española o Cuba, o por ventura alguna parte de esta Nueva España, pero una tan gran tierra y tan poblada por todas partes, más parece traer origen de otras extrañas partes, y aun en algunos indicios parece ser del repartimiento y división de los nietos de Noé.10

Opinión que compartía con otros:

Algunos españoles, considerados ciertos ritos, costumbres y cerimonias de estos naturales, los juzgan ser de generación de moros; otros, por algunas causas y condiciones que en ellos ven, dicen que son de generación de judíos (…).11

Ya vimos en otro trabajo algunas analogías entre el viejo y el nuevo mundo.12 Analogías que llevaron a muchos de los cronistas de la época a pensar en el origen semita de aquellas gentes.

Huelga decir que en lo concerniente a la cultura, para una persona culta como Motolinía la verdadera contribución fue por parte de los toltecas, quienes habían fundado su estado en el s. X. Nada que ver con los aztecas, a los que tenía por violentos y belicosos y consideraba usurpadores de los de Colhua.13 De hecho, a la llegada de los españoles, hacía tiempo que éstos habían consolidado su liderazgo.14


José Vivar y Valderrama, La consagración de los templos paganos
y la primera misa en México-Tenochtitlán
.
Museo Nacional de Historia.
Uno de los temas recurrentes de su crónica es el de la idolatría de aquellos pueblos. Esta cuestión sirvió naturalmente de excusa a los españoles para expoliar todo lo que pudieron, pues en los templos se hallaban multitud de ídolos y objetos sagrados de materiales nobles.

En cada pueblo tenían un ídolo o demonio al cual principalmente como su abogado tenían y llamaban, y a este honraban y ataviaban de muchas joyas y ropas y todo lo bueno que podían haber le ofrecían, cada pueblo como era, y más en las cabezas de provincias.15

Y la reacción por parte de los indios no se hizo esperar:

Estos principales ídolos, con las insinias y ornamentos o vestidos de los demonios, escondieron los indios, unos so tierra, otros en cuevas, otros en los montes.16

En cuanto a los ídolos y ofrendas, explica:

Los ídolos que los indios tenían eran muy muchos y en muchas partes, en especial en los templos de sus demonios y en los patios y en los lugares eminentes, así como bosques, grandes serrejones y en los puertos y montes altos, y en los caminos adoquiera que se hacía algún alto o lugar gracioso o dispuesto para descansar. Y los que pasaban echaban sangre de las orejas o de la lengua, o echaban un poco de incienso de lo que hay en aquella tierra, que llaman copali; otros, rosas que cogían en el camino, y cuando otra cosa no tenían, echaban un poco de hierba verde o unas pajas y allí descansaban, en especial los que iban cargados, porque ellos se echan buenas y grandes cargas.17

Y sigue:

Tenían asimesmo ídolos cerca del agua, mayormente en par de las fuentes, adonde hacían sus altares con sus gradas cubiertos, y en muchas principales fuentes de mucha agua tenían cuatro de estos altares puestos en cruz, unos enfrente de otros, la fuente en medio, y allí en el agua ponían mucho copali y papel y rosas, y algunos devotos del agua se sacrificaban allí. Y cerca de los grandes árboles, así como cipreses grandes o cedros, hacían los mesmos altares y sacrificios, y en sus patios de los demonios y delante de los templos trabajaban por tener y plantar cipreses, plátanos y cedros. También hacían de aquellos altares pequeños, con sus gradas y cubiertos con su terrado, en muchas encrucijadas de los caminos y en los barrios de sus pueblos y en los altozanos.18

Imagen de la evangelización.
Tantos eran y tantos se fabricaban continuamente, que la tarea de destruirlos les pareció interminable:

Y en otras muchas partes tenían como oratorios, en los cuales lugares tenían mucha cantidad de ídolos de diversas formas y figuras, y estos públicos, que en muchos días no los podían acabar de destruir, así por ser muchos y en diversos lugares como porque cada día hacían muchos de nuevo, porque, habiendo quebrantado en una parte muchos, cuando por allí tornaban los hallaban todos nuevos y tornados a poner, porque como no habían de buscar canteros que se los hiciesen ni escoda para los labrar ni quien se los amolase, sino que muchos de ellos son maestros, y una piedra labran con otra, no los podían agotar ni acabar de destruir.19

Sobre la manufactura y formas de los ídolos explica:

Tenían ídolos de piedra y de palo y de barro cocido, y también los hacían de masa y de semillas envueltas con masa, y tenían unos grandes y otros mayores y medianos y pequeños y muy chiquitos. Unos tenían figuras de obispos, con sus mitras y báculos, los cuales había algunos dorados, y otros de piedras de turquesas de muchas maneras. Otros tenían figuras de hombres: tenían en la cabeza un mortero en lugar de mitra y allí le echaban vino, porque era el dios del vino. Otros tenían diversas insinias en que conocían al demonio que representaba. Otros tenían figuras de mujeres, también de muchas maneras. Otros tenían figuras de bestias fieras, así como leones, tigres, perros, venados y de cuantos animales se crían en los montes y en el campo. También tenían ídolos de figuras de culebras, y estos de muchas maneras, largas y enroscadas, otras con rostro de mujer.
Tenían también ídolos de aves, así como de águilas, y de águila y tigre eran muy continos ídolos. De búho y de aves nocturnas, y de otras como milano y de toda ave grande o hermosa o fiera o de preciosas plumas tenían ídolo.

Sin embargo:

(…) el principal era del sol, y también de la luna y estrellas.20

Demonios llamaba el franciscano a sus dioses, pues “la opinión oficial de la iglesia con respecto a las tradiciones precolombinas aún sigue siendo para muchos aquella que la juzgaba como inspirada en el demonio, y eran y siguen siendo para esos elementos el producto idolátrico de la más oscura ignorancia o de su cándida ingenuidad infantil”.21 Se colige que los indios fueran acusados también de superstición. He aquí algunos ejemplos que da de ésta:

No se contentaba el demonio con el servicio que esta gente le hacía adorándole en los ídolos, sino que también los tenía ciegos en mil maneras de hechicerías y cerimonias supersticiosas. Creían en mil agüeros y señales, y mayormente tenían gran agüero en el búho, y si le oían graznir o aullar sobre la casa que se asentaba, decían que muy presto había de morir alguno de aquella casa. Y casi lo mesmo tenían de las lechuzas y mochuelos y otras aves noturnas. También si oían graznir un animalejo que ellos llaman cuzatli22 le tenían por señal de muerte de alguno. Tenían también agüero en encuentros de culebras y de alacranes y de otras muchas sabandijas que se mueven sobre la tierra. (…)
Si alguna persona enfermaba de calenturas recias, tomaban por remedio hacer un perrillo de masa de maíz y poníanle sobre una penca de maguey, y luego de mañana sácanle a un camino y dicen que el primero que pasa lleva el mal apegado en los zancajos, y con esto quedaba el paciente muy consolado.
Tenían también libros de los sueños y de lo que sinificaban, todo puesto por figuras y carateres, y había maestros que los interpretaban, y lo mesmo tenían de los casamientos.
Cuando alguna persona perdía alguna cosa, hacían ciertas hechicerías con unos granos de maíz y miraban en un librillo o vasija de agua, y allí decían que veían al que lo tenía y la casa adonde estaba y allí también decían que veían si el que estaba ausente era muerto o vivo.
Para saber si los enfermos eran de vida tomaban un puñado de maíz de lo más grueso que podían haber y echábanlo como quien echa unos dados, y si algún grano quedaba enhiesto, tenían por cierta la muerte del enfermo.23

Naturalmente, sus sacerdotes eran perseguidos, a menudo hasta la muerte por su propia gente, que caía en el fanatismo religioso alentado por algunos clérigos. Sin embargo, “los sabios y altos sacerdotes indígenas parecían conocer –a través de distintos documentos se lo puede comprobar– o haber conocido hasta muy poco tiempo atrás los secretos de la vida, la cosmogonía y la deidad”.24

Como en cualquier cosmogonía, los cuatro elementos estaban en correspondencia con sus respectivas deidades:

Tenían por dioses al fuego y al aire y al agua y a la tierra, y de esto sus figuras pintadas, y de muchos de sus demonios tenían rodelas y escudos, y en ellas pintadas las figuras y armas de sus demonios con su blasón.25

Aunque sus dioses principales eran Huitzilopochtli26 y Tláloc, dioses del fuego y del agua respectivamente, a los cuales se ofrecían principalmente los sacrificios. Sobre todo, sacrificios humanos. Puede afirmarse que estos últimos constituían el fundamento de la cultura de aquellas tierras, la cual consideraba que la función principal del ser humano era alimentar a los dioses con el chalchíuatl, “líquido precioso” presente en la sangre y sustento de Huitzilopochtli, el Sol, quien competía con sus hermanos, la Luna y las estrellas, en la lucha cósmica.

Huitzilopochtli, dios del Sol y de la guerra, sujetando una serpiente de
cascabel en una mano y un escudo con las cinco direcciones
del espacio en la otra. Códice Tovar.27
Motolinía establecía una distinción entre los sacrificios mortales y los autosacrificios. En cuanto a los primeros, consistían los más en la extracción del corazón, decapitación, desmembramiento y posterior lanzamiento de los restos desde lo alto de la pirámide, que luego eran ingeridos por los guerreros, tal como hacía cada mañana Huitzilopochtli con la Luna, pues “entre los aztecas, Huitzilopochtli es el sol, el joven guerrero que nace todas las mañanas del vientre de la vieja diosa de la tierra, y muere todas las tardes, para alumbrar con su luz apagada el mundo de los muertos”.28

Motolinía dedica varios capítulos a la descripción de los sacrificios, aunque no pretendemos extendernos aquí ya que el lector interesado puede remitirse para más detalle al artículo de Roberto Castro, Los sacrificios humanos en las culturas Maya y Azteca.29 Claro está que tales prácticas justificaban y ayudaban a legitimar la conquista por parte de los españoles, algunos de los cuales tenían el cinismo e hipocresía de juzgarlas aún cometiendo ellos mismos verdaderas atrocidades contra los indios –por no hablar de los horrores de la Inquisición y del abominable tráfico de esclavos, todo por codicia convenientemente disfrazada de moral.


Sacrificio. Códice Ixtlilxochitl.30

La consecuencia de toda esta represión ya la conocemos: “este fanatismo cercano al desprecio absoluto por aquello que se desconoce –junto con todos los argumentos que apuntan y señalan al ejercicio del poder– explica en parte el por qué de la extinción casi total de la sabiduría que creó no sólo los grandes monumentos y obras de arte que hoy nos asombran, sino también y fundamentalmente su modelo cosmogónico, sus calendarios astronómicos y rituales, las escrituras jeroglíficas, simbólicas e ideogramáticas; o sea, las estructuras de pensamiento que hicieron florecer la vida en el seno de esas culturas”.31

Pero aunque es evidente el horror que aquellos sacrificios humanos provocaban en el franciscano, el rito habla por sí solo en algunas de sus descripciones, recordándonos que “los símbolos han creado a las sociedades y no estas a sus símbolos –sin olvidar la interacción mutua–, pues ellos están entretejidos en la trama misma de la vida y el hombre”.32 Oigamos a Motolinía:33

Y es mucho de notar la cerimonia y fiesta que hacían en el fin y postrero día de aquellos cincuenta y dos años, y en el primer día que comenzaban nuevo año y nueva olimpiada. El postrero día del postrer año, a hora de vísperas, en México y en toda su tierra y en Texcoco y sus provincias, por mandamiento de los ministros de los templos mataban todos los fuegos con agua, así de los templos del demonio como de las casas de los vecinos. En algunos lugares que había fuego perpetuo, que era en los infiernos ya dichos, este día también mataban los fuegos. Luego salían ciertos ministros de los templos de México, dos leguas a un lugar que se dice Iztapalapa, y subían a un cerrejón que allí está, sobre el cual estaba un templo del demonio, al cual tenía mucha devoción y reverencia el gran señor de México, Moctezuma. Pues allí a la medianoche, que era principio del año de la siguiente hedómada, los dichos ministros sacaban nueva lumbre de un palo que llamaban palo de fuego, y luego encendían tea, y antes que nadie encendiese, con mucho herbor y priesa la llevaban al principal templo de México y, puesta la lumbre delante de los ídolos, traían un cautivo tomado en guerra y, delante del nuevo fuego sacrificándole, le sacaban el corazón y con la sangre el ministro mayor rociaba el fuego a manera de bendición. Esto acabado, ya que el fuego quedaba como bendito, estaban allí esperando de muchos pueblos para llevar lumbre nueva a los templos de sus lugares, lo cual hacían pidiendo licencia al gran príncipe o pontífice mexicano, que era como papa, y esto hacían con gran fervor y priesa. Aunque el lugar estuviese hartas leguas, ellos se daban tanta priesa que en breve tiempo ponían allá la lumbre; en las provincias lejos de México hacían la mesma ceremonia, y esto se hacía en todas partes con mucho regocijo y alegría. Y en comenzando el día, en toda la tierra y principalmente en México, hacían gran fiesta y sacrificaban cuatrocientos hombres en solo México.34

Modo de sacrificar sacando el corazón y dando con él
en el rostro del ídolo, era el común. Códice Tovar.

Es bien conocido que cuando no quedaban víctimas, se recurría a las xochiyaoyotl o “guerras floridas”, enfrentamientos de carácter ritual, cuya función era proveer tanto a aztecas como a tlaxcaltecas, pues ambos compartían la misma sangre –dado que Huitzilopochtli no se alimentaba de sangre bárbara–35 de guerreros para su sacrificio, siendo la muerte ritual la más noble de las muertes para éstos.

Está claro que el conocimiento de los símbolos y mitos es necesario para comprender la función de los ritos. Y en el caso del Sol, “siempre lo vieron como un intermediario entre el mundo físico y el metafísico, ya que él recoge las energías celestes y las envía a la tierra, sirviendo también de vehículo para que los hombres asciendan al mundo de los dioses”.36

El franciscano describe, además de lo ya relatado, otras formas de sacrificios como asaetamientos, desollamientos y reclusión de niños en cuevas sagradas.37

En cuanto a los niños, solían sacrificarlos a Tláloc, dios de la lluvia cuyas gotas “son asimiladas al esperma por la potencialidad de la fecundación”.38 Y así:

Una vez en el año, cuando el maíz estaba salido de obra de un palmo, en los pueblos que había señores principales, que a su casa llamaban palacio, sacrificaban un niño y una niña de edad de hasta tres o cuatro años: éstos no eran esclavos, sino hijos de principales, y este sacrificio se hacía en un monte en reverencia de un ídolo que decían que era dios del agua y que les daba la pluvia, y cuando había falta de agua, la pedían a este ídolo. A estos niños inocentes no les sacaban el corazón, sino degollábanlos y, envueltos en mantas, poníanlos en una caja de piedra como lucillo antiguo y dejábanlos así por la honra de aquel ídolo a quien ellos tenían por muy principal dios, y su principal templo y casa era en Texcoco, juntamente con los dioses de México.39

Tláloc, dios del agua.
Códice Ixtlilxochitl.
En cuanto a los autosacrificios, explica:

[daban] de comer a los ídolos de su propia sangre, la cual sacaban de sus propias orejas, lengua y brazos y de otras partes del cuerpo.40

Y pasa a relatar que el primero en acogerse a tales prácticas fue Quetzalcóatl, al que hace descender de aquellas Siete Cuevas, hijo de Chimalma, engendrada de la lluvia y el polvo de la tierra:

Dicen que fue este el primero que comenzó el sacrificio41 y a sacar sangre de las orejas y de la lengua, no por servir al demonio, sino en penitencia contra el vicio de la lengua y del oír; después el demonio lo aplicó a su culto y servicio.42

Autosacrificios. Códice Tovar.
Menciona también largos ayunos:

En estas tres provincias que digo,43 los ministros del templo y todos los de sus casas ayunaban cada año ochenta días. También ayunaban sus cuaresmas y ayunos antes de las fiestas del demonio, en especial aquellos papas, con solo pan de maíz y sal y agua; unas cuaresmas de a diez días, y otras, de veinte y de cuarenta, y alguna como la de Panquetzaliztli,44 en México, que era de ochenta días, de que algunos enfermaban y morían, porque el cruel de su dios no les consentía que usasen consigo de misericordia.45

Habla igualmente de los templos o teocalme, que en náhuatl significa “Casa de Dios”. Por supuesto se refiere a ellos como “templos del demonio”, aunque no deja de sentir genuina admiración por aquellas construcciones que sufrieron la destrucción a medida que avanzaba la conquista, ya fuere la destrucción por la destrucción como el aprovechamiento de sus piedras para erigir nuevos templos cristianos:

La manera de los templos de esta tierra de Anáhuac o Nueva España nunca fue vista ni oída, así de su grandeza y labor como de todo lo demás, y la cosa que mucho sube en altura también requiere tener gran cimiento. Y de esta manera eran los templos y altares de esta tierra, de los cuales había infinitos, de los cuales se hace aquí memoria para los que a esta tierra vinieren de aquí adelante que lo sepan, porque ya va casi pereciendo la memoria de todos ellos.46

Y sigue describiendo:

Quedaba la cepa en lo alto de treinta y cuatro o treinta y cinco brazas. A la parte de occidente dejaban las gradas y subida, y arriba en lo alto hacían dos altares grandes allegándolos hacia oriente, que no quedaba más espacio detrás de cuanto se podían andar: el uno de los altares a mano derecha y el otro a mano izquierda, y cada uno por sí tenía sus paredes y casa cubierta como capilla. (…)
Delante de estos altares dejaban gran espacio, adonde se hacían los sacrificios, y sola aquella cepa era tan alta como una gran torre, sin los sobrados que cubrían los altares.47

Templo de Huitzilopochtli y el altar de las calaveras o zompantli. Códice Tovar.
Se refiere a diferentes tipos de templos:

Tenían asimesmo unas casas, o templos del demonio, redondas, unas grandes y otras menores, según eran los pueblos, la boca hecha como de infierno y en ella pintada la boca de una temerosa sierpe con terribles colmillos y dientes, y en algunas de éstas los colmillos eran de bulto, que verlo y entrar dentro ponía gran temor y grima, en especial el infierno que estaba en México, que parecía traslado del verdadero infierno. En estos lugares había lumbre perpetua, de noche y de día. Estas casas o infiernos que digo eran redondos y bajos, o tenían el suelo bajo, que no subían a ellos por gradas como a los otros templos, de los cuales también había muchos redondos, mas eran altos y con sus altares y subían a ellos por muchas gradas. Éstos eran dedicados al dios del viento, que se decía Quetzalcóatl.48

Destaca la importancia de alimentar el fuego:

En servir de leña al templo del demonio tuvieron estos indios siempre muy gran cuidado, porque siempre tenían en los patios y salas de los templos del demonio muchos braseros de diversas maneras, algunos muy grandes, los más estaban delante de los altares de los ídolos, que todas las noches ardían.49


Fiesta indígena. Códice Ixtlilxochitl.
Y de la entrega de aquella gente a sus dioses:

Cuando los mercaderes venían de lejos, o otras personas, sus parientes y amigos hacíanles gran fiesta y embeodábanse con ellos. Tenían en mucho alongarse de sus tierras y darse por allá buena maña y volver hombres, aunque no trujesen más de la persona. También cuando alguno acababa de hacer una casa le hacían fiesta. Otros trabajaban y adquirían en dos o tres años cuanto podían para hacer una fiesta al demonio, y en ella no sólo gastaban cuanto tenían; más aun: se adeudaban de manera que tenían que servir y trabajar otro año, y aun otros dos, para salir de deuda, y otros que no tenían caudal para hacer aquella fiesta vendíanse y hacíanse esclavos para hacer una fiesta un día al demonio. En estas fiestas gastaban gallinas, perrillos y codornices para los ministros de los templos, su vino y pan, esto abondo, porque todos salían beodos. Compraban muchas rosas y canutos de perfumes, cacao, que es otro brebaje bueno, y frutas. En muchas de estas fiestas daban a los convidados mantas, y en las más de ellas bailaban de noche y de día hasta quedar cansados o beodos. Demás de éstas hacían otras muchas fiestas con diversas cerimonias, y las noches de ellas todo era dar voces y llamar al demonio, que no bastaba poder ni saber humano para las quitar, porque les era muy duro dejar la costumbre en que se habían envejecido.50

A propósito de la embriaguez, el problema era que para Motolinía ésta iba de la mano de la hechicería, por lo que había que erradicarla:

Las beoderas que hacían muy ordinarias, es increíble el vino que en ellas gastaban, y lo que cada uno en el cuerpo metía. Antes que a su vino lo cuezan con unas raíces que le echan, es claro y dulce como aguamiel; después de cocido, hácese algo espeso y tiene mal olor, y los que con él se embeodan, mucho peor. Comúnmente comenzaban a beber después de vísperas, y dábanse tanta priesa a beber, de diez en diez, o quince en quince, y los escanciadores que no cesaban, y la comida que no era mucha, a prima noche ya iban perdiendo el sentido, ya cayendo, ya asentando, cantando y dando voces llamaban al demonio.51

Es bien sabido y comentado por numerosos cronistas que fue después de la conquista cuando los indios empezaron a abusar del alcohol de forma profana, con funestas consecuencias, por lo que no podemos saber si los “excesos” que el fraile describe formaban parte de sus ritos o eran efecto de la degradación y el mancillamiento espiritual del que aquéllos eran víctimas.

También habla de otra sustancia, los hongos, la cual era totalmente desconocida por los españoles y muy malentendida:

Tenían otra manera de embriaguez que los hacía más crueles, y era con unos hongos o setas pequeñas, que en esta tierra las hay como en Castilla; mas los de esta tierra son de tal calidad, que, comidos crudos y por ser amargos, beben tras ellos o comen con ellos un poco de miel de abejas. Y de allí a poco rato veían mil visiones, en especial culebras, y como salían fuera de todo sentido, parecíales que las piernas y el cuerpo tenían lleno de gusanos que los comían vivos, y así, medio rabiando, se salían fuera de casa, deseando que alguno los matase. Y con esta bestial embriaguez y trabajo que sentían, acontecía alguna vez ahorcarse, y también eran contra los otros más crueles. A estos hongos llaman en su lengua teonanacatl,52 que quiere decir “carne de dios”, o del demonio que ellos adoraban. Y de la dicha manera, con aquel amargo manjar su cruel dios los comulgaba.

Niños emborrachándose en una celebración.
Códice Ixtlilxochitl.
Queda claro por el nombre que daban a dichos hongos que su uso era ritual, como todas las plantas sagradas en todas las culturas. Comenta al respecto Federico González que “en Mesoamérica distintos tipos de hongos han cumplido funciones religiosas y han sido tomados como sagrados por las alucinaciones que producen, algunas de ellas de carácter profético al igual que en Siberia y otras geografías, sin hablar del soma del Rig Veda. Por ello eran unánimemente sacros y objeto de culto hasta el día de hoy, al punto de ser denominados carne de los dioses –Teonanácatl–”.53

En todo caso, dando prueba de apertura y honestidad, Fray Toribio acabó escribiendo:

Después que comencé a escribir los ritos y costumbres de estos indios y a querer saber la verdad, halleme que en muchas cosas estaba muy engañado y ésta del beber vino era una de las cosas que yo tenía entendida al revés. Después de me haber mucho informado cómo éstos usaban del vino, hallo que estos naturales condenaban por muy mala la beodez y la vituperaban como nuestros españoles.54

No podemos dejar de mencionar una de las aportaciones más relevantes de Motolinía, que fue la descripción del calendario en su Libro de la cuenta de los años, donde expone la “manera y cuenta que tenían en repartir el tiempo, de años y meses, semanas y días”.55 Porque, a decir de Federico González, “esos mismos hombres reconocieron a la deidad a través de los ‘números’, o medidas armónicas, como patrones o módulos de pensamiento universal y expresión de las ideas arquetípicas siempre presentes –como partes constitutivas del cosmos según sus calendarios lo reflejan–, que los símbolos representan y cuya energía-fuerza no ha dejado ni dejará de manifestarse mientras existan el tiempo y el espacio”.56

Así se expresa el franciscano:

(…) mucha orden tenían en contar los tiempos, días, semanas, meses y años y fiestas, como adelante parecerá. Asimesmo figuraban las hazañas y historias de vencimientos y guerras, y el suceso de los señores principales; las temporales y notables señales del cielo y pestilencias generales; en qué tiempo y de qué señor acontecían y todos los señores que principalmente sujetaron esta Nueva España hasta que los españoles vinieron a ella. Todo esto tienen por carateres y figuras que lo dan a entender.57

De todo orden y armonía es protagonista el Sol, pues “el sol es el que determina fundamentalmente la cuenta de los días, los años y las grandes eras, y sus ciclos están además en íntima relación con los periodos de la agricultura. Se encuentra en el centro del cielo igual que el corazón en el centro del hombre, y es expresión de la inteligencia cósmica. Los americanos lo consideraron símbolo de resurrección e inmortalidad”,58 como bien hemos visto anteriormente.

En la perfección de su calendario se hace evidente el conocimiento de los aztecas acerca de los ritmos y ciclos de Universo, de la astronomía y astrología:

De la cuenta de los meses y años y fiestas principales había maestros, como entre nosotros los que saben bien el cómputo.59

El año comenzaba en marzo, como para los Judíos, y se repartía como sigue:

Los indios naturales de esta Nueva España, al tiempo que esta tierra se ganó y entraron en ella los españoles, comenzaban su año en principio de marzo; mas, por no alcanzar bisiesto, se va variando su año por todos los meses. Tenían el año de trescientos y sesenta y cinco días, tenían mes de veinte días y tenían diez y ocho meses y cinco días en un año, y el día postrero del mes muy solemne entre ellos.60

Respecto a esos cinco días que sobraban del año, éstos eran considerados nefastos. Recibían el nombre de nemontemi. Cada cuatro años añadían un día a la cuenta, convirtiéndose ese año en bisiesto. Por otro lado, contaban ciclos de 52 años, y cuando un ciclo acababa, se encendía un Fuego Nuevo.

Motolinía reconoce algunas similitudes con nuestro calendario:

Este calendario de los indios tenía para cada día su ídolo o demonio, con nombres de varones y de mujeres diosas, y estaban todos los días del año llenos como calendarios de breviarios romanos, que para cada día tienen su santo o santa.61

Mes azteca. Figuran los nombres
de cada día del mes. Códice Tovar.
Y aun las diferencias, se hacía evidente el orden y concierto que tenían en la cuenta y la forma de representarlo:

En esta tierra de Anáhuac contaban los años de cuatro en cuatro y este término de años contaban de esta manera: ponían cuatro casas con cuatro figuras; la primera ponían al mediodía, que era una figura de conejo; la otra ponían hacia oriente, y eran dos cañas; la tercera ponían a setentrión, y eran tres pedernales o tres cuchillos de sacrificar; la cuarta casa ponían hacia occidente, y en ella la figura de cuatro casas. Pues comenzando la cuenta del primero año y de la primera casa, van contando por sus nombres y figuras hasta trece años, que acaban en la mesma casa que comenzaron, que tiene la figura de un conejo. Andando tres vueltas, que son tres olimpiadas62 la postrera tiene cinco años y las otras cuatro, que son trece, al cual término podríamos llamar indicción.63 Y de esta manera hacían otras tres indicciones por la cuenta de las cuatro casas, de manera que venían a hacer cuatro indicciones, cada una de a trece años, que venían a hacer una hebdómada64 de cincuenta y dos años, comenzando siempre el principio de la primera hedómada en la primera casa.65

Pese a que el interés del franciscano se centraba en realidad en ubicar en dicho calendario los diferentes ritos para erradicarlos junto con los sacrificios que en ellos se realizaban, sus esfuerzos pondrían de manifiesto, aun no siendo consciente de ello, el alto grado de conocimiento de aquellas culturas. Así pues, reconocido y valorado su trabajo, se convirtió en referencia para otros autores, como por ejemplo Torquemada, quien declaró en su Monarquía indiana: “Yo tengo en mi poder tres o cuatro libros de éstos, y una rueda con toda su declaración, hecha por el padre fray Toribio Motolinía”.

Sin embargo, nada pudo impedir el desmoronamiento de aquella superestructura cultural, aparentemente tan bien constituida a juzgar por su calendario de asombrosa perfección, en el que se fundamentaban todos sus ritos, usos y costumbres. Desde una perspectiva cíclica, simplemente llegó su momento, sin más. De hecho, ellos supieron desde el principio que llegaba el final de su civilización pues alcanzaron a reconocer las señales inequívocas del fin. En otro orden de cosas, toda aquella “manera y cuenta que tenían en repartir el tiempo, de años y meses, semanas y días”, en síntesis, un rito permanente, era lo que mantenía la cohesión de aquella cultura; y los religiosos sabían que tocando una sola pieza de aquel maravilloso entramado, tan clave como los sacrificios, caería todo junto. Y así fue.

Se dice que “cuando los sabios nahuas, los tlamatinime, fueron interrogados por los doce primeros religiosos católicos arribados a México acerca de sus creencias y se enteraron por boca de sus inquisidores que sus dioses ya no existían pidieron morir con ellos”.66

NOTAS
1 Benavente era la capital más próxima a su lugar de nacimiento, y así se hacía en aquella época entre los religiosos.
2 Federico González, El Simbolismo Precolombino. Cosmovisión de las Culturas Arcaicas. Ed. Kier, Buenos Aires, 2003.
3 Bien conocida es la rivalidad entre Fray Toribio y Bartolomé de las Casas.
4 Tal vez por el hecho mismo de que dicha obra no pretendía en sí describir a los indios ni informar sobre ellos, como tampoco escribir sobre la Conquista, sino simplemente informar al Conde de Benavente para que evitase la aprobación de las Leyes Nuevas de 1542 que comprometían el equilibrio de la sociedad de la Nueva España así como sus proyectos evangelizadores. Aunque tras todo ello se hallaba una trama de intereses por la que se enfrentaba a Bartolomé de las Casas, defensor de dichas leyes.
5 Se cree que el náhuatl provenía de los toltecas –s. VII–. Vendría a ser para los nahuas como el latín para las lenguas romances, considerando que a la llegada de los españoles se hablaban ciento veinticinco lenguas diferentes. Empezó a imponerse alrededor del s. X y fue deviniendo la lingua franca. Cuando llegaron los españoles, ya era la lengua “oficial”.
6 Fray Toribio de Benavente “Motolinía”, Historia de los Indios de la Nueva España. Epístola Proemial. Anejos de la Biblioteca Clásica de la Real Academia Española, Madrid, 2014.
7 Se trata del xiuhámatl, o Libro de la cuenta de los años, o Códices de los años, conservados por los sabios encargados de hacer perdurar la memoria del pueblo azteca atesorada en sus mitos. Se sirvió de él para determinar la procedencia de los diferentes grupos nahuas que pueblan Anáhuac, o Nueva España, especialmente los del altiplano central.
8 Los colhuas llegaron al altiplano de México hacia el s. VII.
9 Parece que hacía tiempo que Motolinía soñaba con aquellas tierras.
10 Fray Toribio de Benavente “Motolinía”, Historia de los Indios de la Nueva España. Epístola Proemial, op. cit.
11 Ibíd.
12 Ver artículo en Revista SYMBOLOS nº 61: reuniendo-lo-disperso
13 Se ha llegado incluso a afirmar que inventaron su propia ascendencia, haciéndose pasar por descendientes de los toltecas, lo cual en cierta medida los legitimaba en aquellos territorios.
14 Aunque llegaron al valle de México por el s. XII, no acabaron imponiéndose hasta el s. XV.
15 Fray Toribio de Benavente “Motolinía”, Historia de los Indios de la Nueva España, parte III, cap. XX, ibíd.
16 Ibíd.
17 Ibíd, parte I, cap IV.
18 Ibíd.
19 Ibíd, Epístola Proemial.
20 “Para las culturas precolombinas este rito universal ejemplificado en la bóveda celeste por el Sol, la Luna y Venus en particular –y todos los planetas y estrellas en general– y por sus ciclos de aparición y desaparición, muerte y resurrección, de los que la Tierra y el ser humano dependen, ya que han visto en ellos la manifestación más alta de los modelos o arquetipos universales y eternos en los que fundamentaron su cosmogonía. Las leyes de la analogía y la correspondencia se basan en la interrelación entre un plano menor y conocido y otro mayor y desconocido. Lo conocido simboliza a lo desconocido y este jamás puede ser un símbolo de aquél”. Federico González, El Simbolismo Precolombino. Cosmovisión de las Culturas Arcaicas, op. cit.
21 Ibíd.
22 Comadreja.
23 Fray Toribio de Benavente “Motolinía”, Historia de los Indios de la Nueva España, libro II, cap. VIII, ibíd.
24 Federico González, El Simbolismo Precolombino. Cosmovisión de las Culturas Arcaicas, ibíd.
25 Fray Toribio de Benavente “Motolinía”, Historia de los Indios de la Nueva España, parte I, cap IV, ibíd.
26 Es también el dios del sol y de la guerra.
27 El Códice Tovar se debe a Juan de Tovar, nacido en Texcoco, quien lo realizó hacia el año 1585 por encargo de Felipe II.
28 Alfonso Caso, El pueblo del Sol, citado por Federico González, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: Apolo. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
29 Remitimos al lector al artículo de Roberto Castro Los sacrificios humanos en las culturas Maya y Azteca: sacrificios-humanos
30 El Códice Ixtlilxochitl se debe a Fernando de Alva Ixtlilxochitl, nacido en Texcoco hacia el 1568, tataranieto de Nezahualcóyotl.
31 Federico González, El Simbolismo Precolombino. Cosmovisión de las Culturas Arcaicas, ibíd.
32 Ibíd.
33 “La simbología no toma en consideración, sino en forma secundaria, las condiciones históricas donde se produce el símbolo, destacando por el contrario valores no históricos, es decir esenciales y arquetípicos”. Federico González, El Simbolismo Precolombino. Cosmovisión de las Culturas Arcaicas, ibíd.
34 Fray Toribio de Benavente “Motolinía”, Historia de los Indios de la Nueva España, parte I, cap. V, ibíd.
35 Acerca de este particular, “para que se levante y nazca de nuevo, el sol necesita de la sangre de los hombres –chalchíuatl–, siendo el pueblo azteca elegido por el sol para que le de su alimento”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: Apolo, op. cit.
36 Ibíd.
37 Las cuevas eran consideradas entradas al Inframundo, de ahí su importancia.
38 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada:  Tláloc, ibíd.
39 Fray Toribio de Benavente “Motolinía”, Historia de los Indios de la Nueva España, parte I, cap. VII, ibíd.
40 Ibíd, parte I, cap. II.
41 “Los héroes civilizadores, reveladores y salvadores como Quetzalcoatl o Viracocha, no son seres humanos que como tales y gracias a sus méritos se hayan deificado o convertido en astros, sino que por el contrario, son dioses o estrellas que –como los hombres– han caído del firmamento y deben recorrer el Inframundo y morir por el autosacrificio para renacer a su verdadera identidad y ocupar su auténtico lugar en el Cielo que, además, es su origen. Federico González, El Simbolismo Precolombino. Cosmovisión de las Culturas Arcaicas, ibíd.
42 Fray Toribio de Benavente “Motolinía”, Historia de los Indios de la Nueva España. Epístola proemial, ibíd.
43 A saber, Tehuacán, Teotitlán y Cuzcatlán.
44 Fiesta dedicada a Huitzilopochtli, dios del sol y de la guerra. Del náhuatl pantli, “estandarte de plumas” y quetza, “alzar”.
45 Fray Toribio de Benavente “Motolinía”, Historia de los Indios de la Nueva España, parte I, cap. IX, ibíd.
46 Ibíd, parte I, cap. XII.
47 Ibíd.
48 Ibíd, parte I, cap. IV.
49 Ibíd.
50 Ibíd.
51 Ibíd, parte I, cap. II.
52 Teonanacatl significa literalmente ‘hongo o seta de dios’, de teotl, ‘dios’, y nanacatl, ‘hongo o seta’.
53 A lo que añade que “las representaciones arqueológicas de los hongos alucinógenos mesoamericanos se encuentran particularmente en el territorio de Guatemala y forman parte de la civilización maya en piedras del período clásico. Puede advertirse que la enema era una forma usual de administración. Estos hongos son del género psilocybe y su nombre médico es psilocibina; también psilotina aunque esta sustancia se halla en menor concentración en los hongos. Igualmente los mesoamericanos utilizaban otras plantas psicotrópicas. Es interesante observar que estos objetos líticos no se encuentran en tumbas sino generalmente en campos –milpas– lo que también señalaría procedencia agrícola, límites de terrenos e igualmente elementos también relacionados con períodos de lluvia, o para provocarla”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada “hongos”, ibíd.
54 Fray Toribio de Benavente “Motolinía”, Memoriales, parte II, cap. XXVIII.
55 Fray Toribio de Benavente “Motolinía”, Historia de los Indios de la Nueva España, libro I, cap. IV, ibíd.
56 Federico González, El Simbolismo Precolombino. Cosmovisión de las Culturas Arcaicas, ibíd.
57 Fray Toribio de Benavente “Motolinía”, Historia de los Indios de la Nueva España. Epístola Proemial, ibíd.
58 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: Apolo, ibíd.
59 Fray Toribio de Benavente “Motolinía”, Historia de los Indios de la Nueva España, parte I, cap V, ibíd.
60 Ibíd.
61 Ibíd.
62 Periodo de 4 años.
63 Unidad de medida temporal de 15 años introducida por Constantino en el año 312.
64 Entiéndase aquí como semana.
65 Fray Toribio de Benavente “Motolinía”, Historia de los Indios de la Nueva España, parte I, cap V, ibíd.
66 Federico González, El Simbolismo Precolombino. Cosmovisión de las Culturas Arcaicas, ibíd.
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