SYMBOLOS
Revista internacional de
Arte - Cultura - Gnosis
 

EL VIAJE DE AI-APAEC
EN BUSCA DEL SOL

CRISTINA FLÓREZ-ESTRADA

Hoy viajamos al antiguo Perú, rico en recursos, de variada y abundante vegetación, cuna de civilizaciones arcaicas, y aunque esparcidas a lo largo y ancho del país, todas ellas relacionadas las unas con las otras. Para poder entender la geografía del Perú hay que imaginarse una división vertical sobre el mapa, es decir, norte-sur. Empezando por el océano Pacífico hacia adentro, descubrimos que hay tres grandes zonas; la primera se denomina Costa, conocida por sus amplios y áridos desiertos, y riqueza pesquera. Se extiende desde Tumbes (el punto más al norte) hasta Tacna, al extremo sur. La segunda es la Sierra, y es por donde pasa la cadena montañosa de los Andes, de ahí que se le llame también la región andina. Es ahí donde el clima tiene mayores oscilaciones, y donde la tierra es más fértil, no solo en alimentos sino también en minerales. Por último está la Selva; ésta es la zona más extensa del territorio y también la menos poblada, de exuberante vegetación, región del cacao, colinda con Brasil y es de climas húmedos y cálidos.

Y aunque hay tantísimo por explorar y conocer, esta vez nuestra atención se centra en la cultura moche o mochica, civilización que se estableció entre los siglos I y VII d.C. en la costa norte del Perú, en el fértil valle del Río Moche, lo que actualmente se conoce como Trujillo. Nos adentraremos en el seno de su cultura, en el mundo de sus dioses, quienes animaban sus ritos y arte. Pues como toda cultura tradicional, tenía una visión sagrada ante la vida puesto que había una comunicación directa entre hombres/mujeres y dioses, que no dejan de ser los distintos aspectos de una sola deidad, puesto que de cuajo descartamos la idea de encasillar a una cultura tradicional como politeísta o monoteísta; una clasificación racional y rasante adoptada por la ciencia moderna y que nada tiene que ver con lo tradicional, aunque paradójicamente ésta ha extraído todo su saber de la Tradición para luego utilizarlo a su favor, desvirtuándolo hasta degradarlo en un sincretismo sin raíces.

Las gentes de estas culturas vivían inmersas en un mundo mágico y sacro; cada gesto de sus vidas iba direccionado en torno a la deidad pues conocían la idea de una Jerarquía divina y reconocían su función dentro de ella, la de ligar el cielo con la tierra mediante el arte de recordar, o Memoria del Origen.

Eso haremos hoy, recordando la idea del Viaje a través del dios-héroe más importante de la cultura moche. Éste tiene colmillos y corona de felino (ligado al mundo terrestre) adornada por plumas de ave (ligado al mundo aéreo), orejeras de serpiente (vinculado al mundo subterráneo) y en su vestimenta lleva grabada la imagen de una escalera, lo cual indica que tiene la potestad de viajar a través de los tres mundos con el fin de unirlos y así restaurar el orden universal.

Ai Apaec le llaman. Su nombre original es desconocido, puesto que los mochica –como el resto de culturas pre-incaicas– no contaban con escritura para plasmar su cosmogonía, sino que para ello se valieron de distintas expresiones artísticas como fueron la cerámica, los textiles, la orfebrería, la pintura mural, la arquitectura...

A este dios se le conoce por diferentes nombres, como “el degollador” o “decapitador”, “el dios de las montañas” y también por “Ai Apaec”. Siendo este último el que actualmente se utiliza más comúnmente para referirse al dios. Fue Rafael Larco Hoyle quien asignó este nombre a esta deidad. Lo cual ha generado cierta polémica ya que algunos estudiosos afirman que la designación de Ai Apaec no era como los mochica llamaban a su dios, sino que se trataba de un epíteto o adjetivo que los conquistadores adoptaron para resaltar al dios de la religión cristiana.

Y puesto que no había escritura, hoy solo nos podemos valer de los mitos orales que se han ido recogiendo en los pueblos que han quedado en donde antes se ubicaron estas ancestrales civilizaciones. Al igual que por el lenguaje simbólico y relato mítico que fue plasmado en el arte de las mismas.

Empecemos pues con el relato del viaje de Ai Apaec en busca del sol de la mano del mismo dios, que sea él quien inspire y guíe esta lectura, que su energía-fuerza nos fecunde.

Ingreso en el mar

Un día Ai Apaec ve al sol salir de detrás de las montañas, atraviesa el cielo y luego empieza a caer dentro del mar, extinguiéndose su luz y dejando a la tierra en una profunda oscuridad.

Ante lo sucedido, Ai Apaec que estaba en las montañas, decide seguir al sol en su viaje descendente, rescatarlo del mundo inferior y devolver la luz a la tierra. Va acompañado de sus dos aliados: la lagartija y el perro. De este último nos dice Federico González Frías: “Es un animal psicopompo y va junto a los héroes mensajeros e iniciadores. Como Hermes, en el Egipto representa a Anubis”.1 El gallinazo de cabeza roja, ave carroñera que anticipa la idea de la muerte, lleva a Ai Apaec por los cielos hasta la orilla del mar. El dios porta consigo pallares (alubias) blanqui-negros en los que “hay mensajes escritos de los dioses”. Estos poderosos tesoros le ayudarán a sortear las dificultades que se presenten en su camino para así poder continuar con su viaje en busca del sol.

Ai Apaec llega a la playa, límite que separa el mundo terrestre y el marino. Ahí está el cangrejo gigante, guardián de la playa. Ai Apaec se enfrenta a él, y al vencerlo se embiste de su poder obteniendo fuertes y ágiles piernas para poder aguantar el largo recorrido que le queda por delante. Si bien el mar brinda la posibilidad de la navegación así como alimentos, para la cultura moche, entre otras, el mar también simboliza el inframundo o mundo subterráneo.

Al ingresar en el mar, muy cerca de la orilla, Ai Apaec es sorprendido por la raya, quien escondida en la arena le ataca de repente. Al vencerla, el dios consigue su astucia y destreza para deslizarse sigilosamente y con rapidez por el suelo marino. Al poco rato se encuentra con el hombre erizo, un adversario de largas y venenosas púas que le impide el acceso a aguas más profundas, además, él posee algo que Ai Apaec necesita para poder continuar: su nariguera, ya que con ella, el héroe será capaz de aguantar la respiración bajo el agua. Ai Apaec saca los pallares blanquinegros con el fin de intercambiarlos por la nariguera del hombre erizo.


Fragmento de vaso sonajero de cerámica. Mochica, costa norte del Perú. Época Auge 1-800 d.C.

Y cuando parecía que ya no habrían muchos más peligros, aparece otro guardián del mar, el pez globo, portando una corona que le da la potestad de ver en la oscuridad, atributo que Ai Apaec necesitará en su viaje descendente por el profundo mar, donde la luz es cada vez más escasa.

Asimismo lleva orejeras que protegen sus oídos. Ai Apaec vuelve a sacar los pallares blanquinegros y se los entrega al pez globo a cambio de la corona y las orejeras.


Fragmento de vaso sonajero de cerámica. Mochica, costa norte del Perú. Época Auge 1-800 d.C.

En las profundidades del océano

Ai Apaec ha traspasado ya el umbral que separa las aguas superficiales de las aguas profundas, aquí se encuentra con el caracol gigante, también llamado pututu, animal sagrado puesto que a través de su vía espiral “los dioses envían sus mensajes”. Ai Apaec ha de ingresar en la caracola y atravesar el laberinto espiral que se esconde en su interior, símbolo universal del viaje iniciático, en donde el iniciado ha de superar múltiples pruebas antes de llegar a su centro.

Ai Apaec, logra su cometido y guarda la caracola para podérsela ofrendar luego al dios de la montaña.

A medida que avanza en el viaje, Ai Apaec envejece, tal y como lo denota las arrugas de su cara. A continuación, se enfrenta al ser más poderoso de la oscuridad, “un ser nocturno y marino, mezcla de lobo marino, raya y tiburón”.


Fragmento de vaso sonajero de cerámica. Mochica, costa norte del Perú. Época Auge 1-800 d.C.

Ambos batallan, pero el ser de la oscuridad logra tomar la cabeza de Ai Apaec y lo decapita con su cuchillo. El héroe muere, pero su entrega y valentía se ven recompensadas, por lo que vienen las mensajeras del mundo de arriba, las aves, en su ayuda. Un piquero y un buitre, lo llevan a las islas donde habitan los ancestros.


Fragmento de vaso sonajero de cerámica. Mochica, costa norte del Perú. Época Auge 1-800 d.C.

Es ahí donde la chamana lechuza lo cura. Ai Apaec, regenerado, va entonces al encuentro de la madre tierra y la fecunda. De esta unión, nace el árbol de la vida, asimismo Ai Apaec se transforma en ají, alimento que calienta y sana a la vez, Ai-apaec también germina y crece como maíz, que fermentado se vuelve en chicha, la bebida preferida de los dioses, utilizada para ceremonias y celebraciones.

   
a) Ai Apaec portando ajíes y frijoles. Vasija Mochica. Período Intermedio Temprano 200 a.C-600 d.C.
b) Vasija ceremonial de cerámica escultórica que representa a Ai Apaec emergiendo de una mazorca de maíz.
Estilo Moche 1 d.C.- 800 d.C.

Finalmente, el dios-héroe regresa al valle junto al sol que ilumina nuevamente la tierra, se dirige al dios de la montaña para entregarle el caracol como ofrenda, quien a cambio le promete lluvias para regar los campos. Ahí es recibido con festejos entre cantos y la música de los tambores que alegres celebran el retorno y victoria de Ai Apaec, pues ha logrado vencer la oscuridad, restaurado el orden del mundo, permitiendo así la prosperidad de la tierra y la continuidad de las generaciones.


Fragmento de vaso sonajero de cerámica. Mochica, costa norte del Perú. Época Auge 1-800 d.C.

Este es el relato del viaje iniciático del dios-héroe Ai Apaec, que se acompasa al ritmo del sol para morir y renacer cada día. Una labor de hacer-sagrado que el iniciado ha de realizar constantemente para que se produzca la transformación interna del alma. Una labor delicada, donde se ha de separar lo denso de lo sutil, espiritualizando la materia y materializando el espíritu, de la mano de la Doctrina y a través de las artes tradicionales. Labor o viaje mediante el cual se conocen las posibilidades de la Deidad que uno porta dentro de sí; las más bajas o estados inferiores para ponerles nombre y límite, y las más altas, para identificarse con ellas ya que uno es lo que conoce. Para una vez fundidos con el Ser Universal, dejarlo todo y lanzarse al Misterio.


Vaso sonajero de cerámica.
Mochica, costa norte del Perú. Época Auge 1-800 d.C.

NOTAS
1 Federico González Frías. Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Perro”. Editorial Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.

BIBLIOGRAFÍA
Federico González Frías. El Simbolismo Precolombino. Cosmovisión de las culturas arcaicas. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2016.

Los Viajes de Ai Apaec, Museo Larco, [consultado: 14 agosto, 2021]. Disponible en:
https://www.museolarco.org/exposicion/exposicion-permanente/obras-maestras/los-viajes-de-ai-apaec/

Museo Larco. “Ai Apaec, el héroe Mochica”.
Youtube https://www.youtube.com/c/MuseoLarcoVideos/videos [consultado: 14 agosto, 2021].

¿Por qué Aiapaec y Chicopaec no son nombres de dioses? [en línea]. Henry Luis Gayoso Rullie (ed). Arica, Universidad Nacional de Trujillo, vol.46 no.3 Arica set. 2014. ISSN: 0717-7356.

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