SYMBOLOS
Revista internacional de
Arte - Cultura - Gnosis
 

REUNIENDO LO DISPERSO 1
ALGUNAS ANALOGÍAS ENTRE EL VIEJO Y EL NUEVO MUNDO

ANA CONTRERAS

Uno de los temas que más destacan cuando nos enfrentamos con el estudio de las sociedades precolombinas es la coincidencia, en casi todos los autores europeos de la conquista y aún de siglos posteriores, en pensar que los americanos eran de origen judío, ya habían sido cristianizados, o de algún modo confuso derivaban sus conocimientos y tradiciones del Viejo Mundo. Estas opiniones se basaban sin duda en la similitud de símbolos, mitos y modos culturales, que aunque tomasen formas diferentes eran sin embargo análogos a los suyos.2

A partir de esta premisa y de datos dispersos, se han ido tejiendo vínculos entre el Viejo y el Nuevo Mundo, religándose ambos a través del símbolo y el mito, es decir de sus orígenes, que de manera inequívoca se reconocen enraizados en una misma tradición, la Tradición Primordial. Afloran sorprendentes analogías, ratificadas en diferentes puntos de la Nueva España y recogidas por misioneros e historiadores, algunos de estos últimos, fruto del mestizaje entre ambas culturas con el consiguiente acceso directo a las fuentes de su tradición.

***


Jeroglífico de la peregrinación tolteca. Dicha pintura, aquí citada y reproducida,
propiedad de Fernando de Alva Ixthlxochitl,3 pertenece actualmente al Museo Nacional
de la Ciudad de México, y fue copiada entre otros por Humboldt.4

Rescatamos de entre los Nahuas5 la memoria de un diluvio y de un arca:

Entre los diversos pueblos que habitan en México, se han encontrado pinturas representando el diluvio de Coxcox. El Noé, Xisutrus o Menou6 de estos pueblos se llama Coxcox, Teocipactli o Tezpi: se salvó en unión de su mujer Chochiquetzal en una barca, o según otras tradiciones, en una balsa de ahuehuete.7


Según indica Humboldt, “la pintura representa a Coxcox en medio del agua, extendido sobre una barca”.

Llama la atención el significado del término con el que es referida la embarcación, tan análoga al Arca de Noé:

[…] de esta general calamidad sólo escaparon ocho8 personas en un tlaptlipetlacalli, que quiere decir «casa como barca cerrada», y en sus mapas la figura en forma de una barquilla con toldo por encima [...].9

Analogía que se complementa con lo siguiente:

Conservaban los pueblos de Michoacán una tradición, según la cual Coxcox, a quien ellos llamaban Tezpi, se embarcó en un espacioso acalli con su mujer, sus hijos, muchos animales y los granos cuya conservación era cara a la humanidad. Cuando el gran espíritu Tezcatlipoca ordenó a las aguas retirarse, Tezpi hizo salir de su barca el zopilote, el cual no volvió, pues como se alimenta de carne muerta, se entretuvo con el gran número de cadáveres de que la tierra estaba regada. Tezpi soltó otros pájaros, volviendo únicamente el colibrí10 trayendo en el pico una ramita con hojas; conociendo Tezpi que el suelo comenzaba de nuevo a engalanarse con vegetación, abandonó su barca cerca de la montaña de Colhuacan.11

A través de esto último entronca el discurso con la montaña sagrada, de la que Colhuacan es símbolo como lo es la pirámide. O el zigurat, en cuya forma escalonada coinciden las pirámides precolombinas, coronadas por un teocalli, término náhuatl que significa literalmente Casa de Dios (Teotl = Dios y calli = casa), equivalente a la cella de Marduk que culminaba el Etemenanki en Babilonia.12

Si la mítica Colhuacan evoca la montaña primordial, su análogo en este plano es Cholula, principal centro de peregrinaje de los pueblos Nahuas, construida de ladrillo, como los zigurat mesopotámicos según abundantes testimonios entre los españoles que la conocieron en el s. XVI.13 Un manuscrito conservado en el Vaticano14 ofrece sorprendentes coincidencias ya sea con los mitos mesopotámicos como con el episodio de Babel narrado en la Biblia:15

Antes de la gran inundación (apacihuiliztli) ocurrida cuatro mil ocho años después de la creación del mundo, habitaban el país de Anahuac unos gigantes (Tzocuilixeque); los que se salvaron de la irrupción de las aguas se trasformaron en peces, á excepción de siete que se refugiaron en las cavernas.16 Vueltas las aguas á su natural corriente, el gigante Xelhua, llamado el arquitecto, marchó á Chololan17 donde construyó una colina artificial18 de figura de pirámide en memoria de la montaña Tlaloc que le había servido de refugio como á sus seis compañeros. Los ladrillos de la pirámide se fabricaron en la provincia de Tlamanalco, que está al pie de la Sierra de Cocotl, colocando una fila de hombres que para transportarlos al punto de su destino los pasaban de mano en mano. Vieron los dioses con enojo este arrogante edificio, cuya cima debía tocar en las nubes, irritáronse con la audacia de Xelhua, y lanzando sus fuegos sobre la pirámide hicieron que muchos obreros perecieran y que la obra no continuase.19

Los habitantes de Cholula cantaban este mito durante sus fiestas, dejando constancia de la antigüedad de la pirámide.20 Es evidente que no pudieron algunos dejar de advertir las sorprendentes analogías entre el Viejo y el Nuevo Mundo:

Volviendo á cobrar el hilo de nuestra historia, digo, que multiplicado considerablemente el linage humano, dicen, que temerosos los hombres de otro diluvio, y queriendo hacerse un nombre famoso, emprehendieron la fábrica de una torre muy alta á que dan el nombre de Zacuali, y que pasadas cuatro edades (que son ocho siglos de los suyos de á 52 años) desde el diluvio, en un año que señalan también con el jeroglífico de un pedernal, cuando más empeñados estaban en la fábrica de su torre, de repente se les confundieron las lenguas de modo que unos á otros no se entendían, con lo que cesó la fábrica y todos se dividieron esparciéndose por toda la redondez de la tierra. Esta noticia tan puntualmente anotada por la nación Tolteca, de cuyos mapas históricos la sacaron los autores que escribieron en estas monarquías de México y Texcoco, se halló conforme y sin variación entre los indios de Chiapa, como lo asegura el Sr. Don Francisco Núñez de la Vega, Obispo de aquella diócesis, en el prólogo de sus constituciones diocesanas, quien afirma guardarse en su archivo un antiguo M. S. de los primeros naturales de allí que supieron escribir en nuestros caracteres, en el cual consta que mantuvieron siempre la memoria de que el padre y progenitor primero de su nación se llamó Tepanahuaste, que quiere decir el Señor del palo hueco, y que este se halló en la fábrica de la gran pared, que así llamaban á la torre de Babel, y vio por sus ojos la confusión de las lenguas, después de lo cual le mandó el Dios criador venir á estas dilatadas tierras a repartirlas entre los hombres.21

Lenguas que efectivamente acaban confundiéndose:

tuvieron muchos hijos, pero todos mudos, hasta que una paloma les comunicó los idiomas desde la rama de un árbol, tan diversos, que no podían entenderse entre sí.22

De Alva comenta el final de la torre, que coincide con la partida de Quetzalcóatl:23

El cual [Quetzalcoatl], ido que fué de allí, á pocos días sucedió la destrucción y asolamiento referido de la tercera edad del mundo, y entonces se destruyó aquel edificio y torre tan memorable y suntuosa de la ciudad de Cholula, que era como otra segunda torre de Babel, que estas gentes edificaban casi con los mismos designios, deshaciéndola el viento; y después los que escaparon de la consunción de la tercera edad, en las ruinas de ella edificaron un templo á Quetzalcoatl, á quien colocaron por dios del aire, por haber sido causa de su destrucción el aire, entendiendo ellos que fué enviada de su mano esta calamidad; y le llamaron asimismo Ce Acatl, que fué el nombre del año de su venida.24

Finalmente y avalado por la rotundidad del símbolo, se cierra este trabajo con unas palabras de Veytia según las cuales se recogen en el centro, origen y destino, aquellos que se reconocen en una misma lengua, aquella que les transmite la paloma desde las ramas del árbol, que, si bien se distinguen unas de otras como los distintos idiomas, emanan todas ellas de un tronco común que es la Tradición, a la escala que sea. Dice así:

En esta confusión de lenguas dicen que se hallaron siete familias de un mismo idioma que era el Náhuatl, que hoy se conoce por lengua mexicana; y como entre sí se entendiesen, se unieron, y juntos emprendieron su peregrinación por diversas tierras y países a la aventura, y sin destino cierto, hasta hallar terreno que les pareciese acomodado y á propósito para hacer asiento; y habiendo caminado una edad, que entre ellos era el espacio de 104 años, atravesando montes, ríos y brazos de mar que señalan en sus mapas, llegaron al sitio donde hicieron su primera población, a la parte septentrional de este reyno, á que llamaron Tlapallan, que se interpreta la Bermeja, por ser aquella tierra de este color;25 y efectivamente dan en todos los mapas modernos el nombre de mar bermejo al que sitúan entre la costa oriental de la California, y la occidental de las provincias del Nuevo México y Sonora, y al río que desagua en él por la parte septentrional llaman el río colorado.

Aquella lengua de la que se habla al principio del episodio de Babel del Génesis:

Todo el mundo era de un mismo lenguaje e idénticas palabras.26


“Los hombres nacidos después del diluvio eran mudos;
desde lo alto de un árbol les distribuye una paloma las palabras,
representadas en forma de pequeñas vírgulas”.

Y según esta premisa cierran este trabajo unas palabras de Federico González:

Este lenguaje adámico es mencionado en el islam como “el idioma de los pájaros” y debe ponerse en acuerdo no sólo literalmente con una lengua primordial, sino con la expresión metafísica, con un metalenguaje subyacente y común a todos los idiomas. Ese lenguaje del Paraíso original era también compartido por los animales; en la Tradición indo americana se destaca esto no sólo en el Memorial de Sololá, entre otros escritos míticos precolombinos, sino igualmente en numerosas leyendas folklóricas.27


NOTAS
1 “Desde el punto de vista simbólico, armar el rompecabezas del microcosmos y revelarnos a nosotros mismos, o sea, incluida la correspondencia –o identidad– entre lo que se suele considerar interno-externo. Dicho de otro modo, reunir los pedazos y sorprendernos observando nuestra imagen”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Reunir lo disperso”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
2 Federico González, El Simbolismo Precolombino, Cosmovisión de las Culturas Arcaicas, cap. II. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2016.
Asimismo afirma dicho autor: “Al punto creyeron que eran la tribu perdida de Israel por la sabiduría y ética de sus convicciones y forma de vida”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Aztecas”, op. cit.
3 Fernando de Alva Ixtlilxochitl (1578-1650), historiador mestizo y testigo de excepción por ser descendiente directo de Nezahualpilli y nieto del rey de Texcoco Netzahualcoyotl.
4 Alejandro de Humboldt, Sitios de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América. Gaspar editores, Madrid, 1878.
5 Según Francisco Javier Clavijero, sacerdote jesuita e historiador novohispano del s. XVIII conocido por su apología indigenista, se trata de siete tribus de una misma nación: los Xoximilcas, los Chalcas, los Tepanecas, los Acolhuas, los Tlahuicas, los Tlaxcaltecas y los Aztecas o Mexicas, todos ellas provenientes de Aztlán y con una lengua en común, el náhuatl. Estas siete tribus fueron las que iniciaron la migración desde Chicomoztoc, que en lengua náhuatl significa “siete cuevas”.
Ver a este respecto el trabajo de Roberto Castro:
https://symbolos.com/n60verano2021/12.gigantes-2/0.gigantes-2.htm
6 Ver trabajo de Lucrecia Herrera:
https://symbolos.com/n58verano2020/mesopotamia/2.poema-atrahasis/0.poema-atrahasis.htm
7 Así lo recoge Alejandro de Humboldt (1769 - 1859), geógrafo, naturalista y explorador alemán, citado por el Dr. Cecilio A. Robelo, Diccionario de Mitología Nahuatl. Ed. Fuente Cultural, México, 1951.
8 El ocho es de por sí un número de pasaje.
9 Mariano Fernández de Echeverría y Veytia (1718 - 1780), historiador y filósofo novohispano contemporáneo y conocido de Clavijero, autor de una Historia antigua de México, citado por Humboldt, op. cit.
10 “Al colibrí se le consideraba como símbolo de la resurrección”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Colibrí”, ibíd.
11 Dr. Cecilio A. Robelo, Diccionario de Mitología Nahuatl, entrada ”Diluvio”, op. cit.
12 A este respecto, remitimos a un trabajo anterior, Babilonia, ciudad pura:
https://symbolos.com/n58verano2020/mesopotamia/9.babilonia-ciudad-pura/0.babilonia-ciudad-pura.htm En todo caso, las pirámides, sea cual fuere su forma, “son todas ellas sendas hacia la sumidad intelectual y lo más alto”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Pirámides”, ibíd.
13 Cholula era, a la llegada de los españoles, la ciudad más sagrada de Mesoamérica, la ciudad de Quetzalcóatl y principal centro religioso y de peregrinaje en el que destacaba claramente el templo de dicho dios. Según Sahagún (1499 - 1590), Cholula fue edificada por los que huyeron de Tula y que, siguiendo la visión de su sacerdote, Couenan (término curiosamente próximo etimológicamente a cohen, que en Hebreo significa precisamente sacerdote), llegan a la Tierra prometida, Cholula, tierra de Quetzalcóatl. Fray Bernardino de Sahagún, Historia General de las cosas de la Nueva España. Ed. Alianza, Madrid, 1995.
14 Humboldt, que tuvo acceso a la biblioteca del Vaticano, cuenta de este manuscrito de Pedro de los Ríos (? - 1566), fraile dominico cuyo trabajo de compilación fue muy importante pues copió in situ todos los jeroglíficos que pudo. Compiló el códice Telleriano-Remensis y elaboró el Vaticano A, conocido como “Códice Ríos”.
15 Ver Gn 11:1-9. Biblia de Jerusalén, Ed. Desclée De Brower, Bilbao, 1998.
16 No podemos dejar de pensar en Oannes y los Apkallu, aquellos seres con forma de pez que llegaron a la costa mesopotámica para transmitir su sabiduría a los hombres. Ver trabajo de Mireia Valls:
https://symbolos.com/n58verano2020/mesopotamia/4.dioses-de-sumer/0.dioses-de-sumer.htm
Ver trabajo de Marc García:
https://symbolos.com/n58verano2020/mesopotamia/8.mesopotamia-en-el-manvantara/0.mesopotamia-en-el-manvantara.htm
17 Cholula.
18 Cholula es de hecho una colina artificial, como los tell del Próximo Oriente.
19 Alejandro de Humboldt, Sitios de las cordilleras y monumentos de los pueblos indígenas de América, ibíd.
20 Pedro de los Ríos reclamaba la atención sobre este hecho y subrayaba que dicho canto empezaba diciendo “Txdanian hululaez”, palabras que “no pertenecen á ninguna de las lenguas conocidas actualmente en Méjico”.
21 Veytia, Historia de México, Tomo I. Ed. Juan Ojeda, Mexico, 1836.
Dicho zacuali o torre, afirma Veytia, se corresponde con la torre de Cholollan (Cholula) construida por los Olmecas, “una de las primeras naciones que poblaron el país de Anáhuac, con el mismo fin de hacer famoso su nombre”, todavía en pie aunque convertida en un cerro, hoy día coronado por una iglesia católica.
22 Clavijero, citado por Robelo, Diccionario de Mitología Nahuatl, entrada “Coxcox”, ibíd.
23 “Y viendo el poco fruto que hacía con su doctrina, [Quetzalcoatl] se volvió por la misma parte de donde había venido, que fué por la de Oriente”. Fernando de Alva Ixtlilxochitl, Obras históricas, Tomo I, Historia xiximeca. Oficina Tip. De la Secretaría de Fomento, México, 1891.
24 Fernando de Alva Ixtlilxochitl, Obras históricas, op. cit.
25 “Tradicionalmente los indoamericanos, herederos de los Atlantes, son llamados «la raza roja». Muchos de los pueblos indígenas se identifican con este apelativo; el color rojo prevalece como principal y sagrado en casi toda América”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Piel roja”, ibíd.
El rojo, color con que se identifica esta raza, es también en la Biblia la tierra con la que es creado el hombre, adam, literalmente en Hebreo, “ser rojo”. En Hebreo, adamah, significa literalmente “tierra”, pero también “sangre roja”.
26 Gn XI, 1. Biblia de Jerusalén, op. cit.
27 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Lenguas indígenas”, ibíd.
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