SYMBOLOS
Revista internacional de
Arte - Cultura - Gnosis
 

AL HERMES DE AMÉRICA

MIREIA VALLS


Templo de la Serpiente Emplumada, Xochicalco, México.

AL HERMES DE AMÉRICA

¡“Serpiente Emplumada”, vuelas por los aires, reptas por la tierra!
Reúnes los opuestos, “Divina dualidad”,
“Precioso aconsejador” de súbita aparición y desaparición.
En toda América te han cantado, y aún te cantan,
ora con un nombre, ora con otro, pero con idénticas funciones y atributos.
¿Eres un dios, el mítico rey de Tula o el lucero del alba y vespertino?
¿O quizás todo ello a la vez?

Te revelas a innumerables pueblos, siendo repentina tu irrupción;
generosamente los guías, los instruyes, les enseñas las artesanías,
cómo plantar el maíz, el cómputo del tiempo y la elaboración del calendario,
las artes de la paz y de la magia.

Dios del aire, del sol y de la Sabiduría,
los náhuatl te conocen como Quetzalcóatl,
pues en ti se aúna el pájaro de verdes plumas, el quetzal,
con el reptil serpenteante, coátl,
palabra que también significa “gemelo”,
de ahí la complementariedad con tu hermano Xólotl,
tu cara oscura y tenebrosa,
con la que conformas el símbolo de la dualidad cósmica:
“Femenino y masculino”, “movimiento y quietud”,
los pares se expresan a tu través y revelan la unidad de su origen.


Quetzalcóatl en el Códice Telleriano-Remensis.

Con ese mismo nombre, Quetzalcóatl, se refieren los toltecas al mítico rey de Tula,
que tras embriagarse y tener unos deslices con la mujer de tu gemelo, y con otras más,
tuvo que iniciar un largo peregrinaje hacia el este,
fundando a su paso pueblos y culturas hasta que llegó al mar y se inmoló,
resucitando tras ocho días y ascendiendo al cielo convertido en la estrella Venus.
Así lo recuerdan sus descendientes:

Cuando llegó a la orilla del mar divino, / al borde del luminoso océano, se detuvo, lloró. / Tomó sus aderezos y se los fué revistiendo, / su atavío de plumas de quetzal, su máscara de turquesas.

Y cuando estuvo aderezado, él por sí mismo se prendió fuego, y se encendió en llamas: es por esta razón llamado / el Quemadero, donde fué a arder Quetzalcoatl.

Y es fama que cuando ardió, y se alzaron ya sus cenizas, también se dejaron ver y vinieron a contemplarlo / todas las aves de bello plumaje que se elevan y ven el cielo: / la guacamaya de rojas plumas, el azulejo, el tordo fino, / el luciente pájaro blanco, los loros y los papagayos / de amarillo plumaje y, en suma, toda ave de rica pluma.

Cuando cesaron de arder sus cenizas / ya a la altura sube el corazón de Quetzalcoatl. / Lo miran y, según dicen, fué a ser llevado al cielo / y en él entró. Los viejos dicen que se mudó en lucero del alba,/ el que aparece cuando la aurora. Vino entonces, / apareció entonces cuando la muerte de Quetzalcoatl. / Esta es la causa de que lo llaman El que Domina en la Aurora.1

¡Renaces perpetuamente de tus cenizas, era tras era,
tu presencia es eterna, “Ave de las edades”, “Gema de los ciclos”,
“Ombligo o centro precioso” del que emana tu instrucción acerca de la cría de animales,
las curaciones, la agricultura, la arquitectura, la astronomía, la música y la danza, la escritura y la literatura, y el arte de gobernar. Presides las escuelas sacerdotales y las Casas de las Pinturas de donde emanaban estos cantos:

Con él empezó la verdad
De él partió la verdad
De Quetzalcoatl
Todo arte y sabiduría.2


Pirámide de Kukulkán en Chichén Itzá.

Los mayas yucatecos te conocen como Kukulkán. En Chichén Itzá, ciudad que tú fundaste, levantaron un gran templo en tu honor, pues allí llegaste tras ser expulsado de Tula, y mientras viajabas hacia el sur ibas nombrando todo lo que encontrabas, las montañas, los ríos, los lagos, hasta que te instalaste en Yucatán culturizando a todos aquellos pueblos. Y es cosa bien sabida y asombrosa que en el equinoccio de primavera y en el de otoño desciendes serpenteando por la escalinata de tu majestuosa pirámide, para unir las cosas de arriba con las de abajo. Llamaban los antiguos a esta fiesta Chickabá, y entonces te acercabas a los hombres con toda suerte de prodigios, caminando sobre las aguas, portando antorchas ardientes y sentado sobre el árbol cruciforme, ordenabas sus vidas y les enseñabas los secretos del universo y las artes para recrearlo.


Relieve con Kukulkán, British Museum.

Eres igualmente el Gucumatz de las tierras del Quiché, donde los indios te invocan como “Dios Corazón del Cielo, porque en él habitas, y Culebra Fuerte y Sabia, por tu sabiduría e inteligencia”. Tu latido se expande por todo el continente y se deja sentir desde el septentrión hasta las zonas más sureñas. Dador de la palabra, para los onas eres Kenós, el que les enseñó la lengua para comunicarse con los dioses y entre ellos; los hopi hablan del misterioso Másaw, un ser que se les apareció revelándoles en cuatro tablillas cómo debían hacer sus migraciones, cómo reconocer su lugar de asentamiento y todos los conocimientos necesarios para vivir en armonía, tras lo cual se esfumó sin previo aviso. Y Viracocha, es el

Dios hacedor del mundo entre los indios andinos, original del lago Titicaca, donde vivía; fue también el constructor de Tiahuanaco.

Señor y dueño de todas las cosas, era el patrono del crecimiento en general. Regalos –tierras, ganado, ofrendas– eran dados a otros dioses incas, pero a Viracocha no se le daba nada puesto que lo contenía todo. Antes que el sol y que la luna fueran hechos, se elevó desde el fondo de las aguas de su hogar; después creó los dos cuerpos luminosos y los colocó en el cielo convenientemente. Su siguiente tarea fue hacer imágenes de piedra y dotarlas de vida, creando así la raza humana. El dios enseñó a los hombres las artes, la agricultura, y la metafísica; les dio enseñanzas mágicas e instituciones. Con posterioridad, habiendo hecho su trabajo, desapareció como había llegado, de súbito.3


Viracocha, repujado en oro.

De forma muy bella se refieren a ti los antiguos habitantes de Colombia; Bochica te llaman, que significa “Manto de Luz”, siendo para ellos…

… un dios civilizador y legislador que habitó durante dos mil años en el Valle de Iraca y que llegó a las tierras de Colombia, desde el Oriente, cuando aún no existía la luna. Se le considera como un profeta extranjero, un educador barbado y de cabellera larga, que les enseñó la virtud, artes y oficios, construir la casa y también acerca del tiempo. Se dice que desapareció misteriosamente, pero que antes de irse dividió la tierra en cuatro partes iguales y entregó a cuatro caciques la responsabilidad de gobernarla, los que hasta el tiempo de la conquista salvaguardaron sus enseñanzas, ritos y organización. Los muiscas le llamaron Zuhé, y le consideraron hijo del sol, legislador y civilizador.4

¡Hermes de las Américas, formador de los seres humanos, mucho los amas y con demasiada frecuencia ellos te olvidan, entregados a sus minucias, soberbias y egoísmos. Mas si abren su corazón y de ti se acuerdan, la plenitud de la Verdad los colma y mientras esperan tu parusía en el momento postrero de esta era, te siguen invocando en secreto, en su fuero interno, al aire libre o cerca de las ruinas de tus templos que les recuerdan con viveza tu presencia eterna.


NOTAS
1 Ms. Cantares Mexicanos, p. 3-4, trad. Ángel Mª Garibay K., Hª de la Literatura Náhuatl, t. Citado en el Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos de Federico González Frías. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013, entrada: “Quetzalcóatl”.
2 Extraído del libro de Neil Baldwin, Leyendas de la Serpiente Emplumada. Biografía de un dios mexicano. Ed Debate, Madrid, 1999.
3 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Viracocha”, op. cit.
4 Ibíd., entrada: “Bochica”.
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