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Revista internacional de
Arte - Cultura - Gnosis
 

CRETA, UN REGALO DE LOS DIOSES
(2ª parte)

PATRICIA SERDÁ


Figura de diosa madre minoica, alrededor del 1200 a. C. Museo Arqueológico Heraclion, Creta.

Misteriosa Creta, en los albores del siglo pasado resucitaste, cuando de tus entrañas se desenterraron tus preciosos tesoros que durante tanto tiempo permanecieron escondidos,1 iluminando 4000 años de tu historia, que revelaban la realidad del mito y el culto ancestral a la Gran Diosa. Tú fuiste la heredera directa de la cultura neolítica de “la vieja Europa”,2 que floreció entre el año 7000 y el 3500 a. C. y estaba centrada en la figura de esta poderosísima Diosa primordial que preside la vida, la muerte y la regeneración, fuente y dadora de todo.

El arte inherente a la Diosa, con su sorprendente ausencia de imágenes de guerra y dominación masculina, refleja un orden social en el que las mujeres, como jefes de clanes o sacerdotisas-reinas, desempeñaban un papel central. La Vieja Europa y Anatolia, así como la Creta minoica, eran una “gylanía”. Este sistema social equilibrado, ni patriarcal ni matriarcal, queda reflejado en su religión, mitología, y folklore.3

La civilización minoica pertenece, cronológicamente, a la Edad del Bronce. Sin embargo, debido a la paz y prosperidad que pudo mantener la isla, sin invasiones durante 1500 años, desde el 3000 al 1500 a. C., la llamada “Pax minoica” permitió que se dilatara un poco más en el tiempo el espíritu pacífico y espontáneo, así como los símbolos y valores característicos del neolítico, que laten en todo su arte, con formas renovadas,4 evidenciado por la primacía de la diosa, inspiradora de toda su cultura.

Durante el Neolítico se creía que la diosa era la fuente del agua sustentadora de la vida, que caía del cielo como lluvia y surgía de debajo de la tierra para constituir los manantiales, ríos y lagos. De la misma manera en que la luminosa franja de estrellas denominada Vía Láctea evocaba el flujo de alimento que manaba de sus pechos, la tierra se percibía como envuelta por aguas que, cayendo en forma de lluvia, la impregnaban para que pudiese dar a luz. (…) Jarras de agua pintadas y decoradas con pechos aparecen profusamente en la Creta de la Edad del Bronce, simbolizan a la madre del cielo, cuya lluvia cae como leche de sus pechos.5


Ritón de la diosa, vaso de terracota minoico, finales del III milenio a. C.
Museo Arqueológico de Heraklion, Creta.

En sus creaciones artísticas, aparece la diosa y sus constantes epifanías divinas; desconocemos su nombre pero podemos reconocerla como diosa de las serpientes, diosa pájaro, diosa de la doble hacha, diosa de los animales, diosa abeja, diosa del nudo sagrado, etc. En ocasiones tiene palomas o amapolas sobre su cabeza. También en sellos o anillos de oro la vemos sentada bajo el Árbol de la Vida ofreciendo sus frutos a sus sacerdotisas.

Su presencia y grandeza se refleja en toda la naturaleza, como expresión de lo sobrenatural, y de la sacralidad de todo cuanto existe.

En Creta se experimentaba la gran diosa como un flujo de energía dinámica que podía manifestarse en un enjambre de abejas, en el brinco alegre de un delfín, en una bandada de pájaros, en el enroscarse de las serpientes y de las criaturas marinas así como en el gesto humano. “Un himno a la Naturaleza como diosa parece escucharse de todas partes, un himno de gozo y de vida”.6

    
a) Pájaro azul, Palacio de Cnosos, Creta.  b) Fresco minoico de los papiros, Akrotiri, Santorini.

Es muy relevante también la función destacada y esencial de la mujer en los ritos, tal y como podemos apreciar en sus bellísimas pinturas y frescos encontradas en los Palacios, donde aparecen presidiendo escenas de sacrificio, ofrendas, procesiones, danzas rituales, y libaciones.


Procesión de Coperos del Palacio de Cnosos.
Detalle del fresco de los propileos del Palacio, 1400 a. C.

En una de ellas, de gran finura y plena de movimiento, vemos a la diosa en el centro de la imagen, con varias figuras masculinas en sus dos costados. Son sus adoradores, seguidos por sacerdotisas. Ellos la miran de frente, al igual que sus manos, donde se advierte un gesto propiamente ritual. La diosa vestida con gran elegancia, con sus senos al aire, símbolo de su poder nutricio, y sus manos alzadas, en un gesto que la caracteriza, lleva en cada una de ellas la doble hacha.


Diosa de la doble hacha, 2000 a. C. Palacio de Minos, Cnosos, Creta.

La doble hacha, la lâbrys, que es un símbolo de la potencia espiritual, del Eje y su desdoblamiento en dos unidades opuestas y complementarias. La diosa, al sujetar con sus manos tanto la doble hacha como las dos serpientes, representa a la propia Unidad o Eje que al unir o complementar en sí misma los dos polos de la dualidad, en su trascendencia, se sitúa mas allá de toda oposición.


Sacerdotisas sacrificando un líquido y un altar adornado con la doble hacha. Haggia Triada, Creta.

En Creta, las grandes hachas de bronce, de doble filo, y mangos de hasta dos metros de altura, se levantaban a cada lado del altar de la diosa, donde las sacerdotisas al celebrar sus ritos las sostenían en las manos o sobre sus cabezas. Marcaban también la entrada a sus santuarios, del mismo modo que en Sumer las estilizadas columnas gemelas de juncos marcaban la entrada al templo de la diosa Inanna.7


Sacerdotisa en un altar en el que se sacrificará el toro.
Sarcófago Agia triada, 1600-1450 a. C. Museo Heraclion, Creta.

Esta hacha sagrada era el instrumento ritual que se utilizaba para el sacrificio del toro, que como símbolo de fertilidad y de la potencia generadora de la naturaleza, cuando se lo sacrificaba, su sangre, la regeneraba, renovando el ciclo vital. “Símbolo de la gran madre y de todas las diosas lunares en su poder nutricio”, se dice.8 La importancia del toro y el culto que le rendían en Cnosos es harto evidente, como puede verse en las creaciones artísticas del Palacio-Templo, con sus célebres astas esculpidas en piedra; igualmente en un fresco, magnífico, ubicado en su mirador, donde aparece una talla enorme de su cabeza. También en un precioso rhytón de esteatita (recipiente en forma de cabeza de toro que se utilizaba en los ritos para verter las libaciones), cuyos cuernos son de oro, sus ojos de cristal de roca, y el hocico de nácar. De igual modo figura en sus pinturas murales que reflejan los rituales taurinos; además de innumerables figuras de toros que fueron hallados en tumbas o cuevas, etc.


Fresco del mirador del Palacio de Cnosos, Creta.

Solía relacionarse al toro con la luna a través de la forma de luna creciente de sus cuernos, como forma masculina de la diosa lunar. Hasta este momento parece como si el principio fertilizador encarnado en el toro se pusiese en relación con el poder vital del sol, antes que, como en tiempos anteriores, con el rocío de la luna, cuya naturaleza fructífera se renueva cada noche. El hecho de que el toro personifique al sol antes que a la luna, refleja el proceso de crecimiento que conduce a la independencia del poder masculino, generador de la diosa, que antaño era andrógina. Este poder generador, imaginado primero como un animal con cuernos y después como el hijo de la diosa, puede ahora encontrarse con ella como su amante. Tras su matrimonio sagrado, el amante ha de ser sacrificado para renacer de ella como su hijo, en la imagen de la renovación constante. En todo Próximo Oriente antiguo este sacrificio se representaba en el ritual de la matanza del toro. El sacrificio del toro constituía un acto propiciatorio para la fase oscura de la luna, del sol y del año, que garantizaba el regreso de la luz en el cielo y de la fertilidad en la tierra.9


Diosa o sacerdotisa sujetando en las manos gavillas de trigo, o cebada roja.
Fresco micénico, s. XIII a. C.

La Iniciación que equivale a una regeneración, a un cambio de piel en el que se deja la ‘otra existencia’ está íntimamente vinculada con estos ritmos naturales y por lo tanto con los agrarios, por ser éstos una exteriorización, o un modelo prototípico de creación de una nueva vida, a cualquier nivel que ésta se produzca.10

Todas las culturas tradicionales han celebrado y sacralizado la energía de la fecundidad y la fertilidad, con invocaciones, cantos, danzas, himnos y alabanzas. Ritos sacrificiales necesarios que promueven y actualizan la regeneración constante, para que la vida se perpetúe. Trasladadas estas ideas al viaje iniciático, el iniciado en los misterios se ha dejado fecundar por el Intelecto, muriendo a un estado para renacer a otro. Se lo llama “neófito”, pues ha nacido, como una planta nueva.

En la Creta minoica no han habido pruebas arqueológicas que confirmen la existencia de un dios masculino adulto:

Parece como si lo masculino se hubiese disociado de lo femenino; pero todavía no es una realidad independiente de lo femenino, por lo que la relación entre ambos principios se plasma en la imagen de una gran diosa y un joven dios. Una figura masculina, diminuta en tamaño en relación con la diosa, aparece gradualmente en algunas piedras sello; o bien desciende del cielo hacia ella, o bien está de pie ante ella, inclinado hacia atrás con gesto de adoración.11

Diosa y joven dios, anillo minoico, 1500 a. C.

A este joven dios podemos verlo tanto en anillos minoicos como en sellos micénicos. Los micénicos fueron absorbiendo y adaptando poco a poco la cultura minoica como propia, incluso antes de asentarse en Creta. En uno de ellos propiamente minoico, vemos al joven dios descendiendo del cielo con un báculo en su mano, frente a la diosa que parece saludarlo, donde se ve una gran columna y un santuario en el que crece el Árbol de la Vida; o en otros dos micénicos donde en uno vemos a la diosa y al joven dios bailando junto al Árbol de la Vida; y en el otro el joven dios parece tocar el Árbol de la Vida, junto a él está un macho cabrío del que brotan ramas floridas de su cuerpo, símbolo de su fuerza vital y del poder de renovación. Es “el dios del año”, que debe morir cada año para renacer nuevamente como toda la vegetación y sus ciclos. En estas imágenes se advierte la importancia que tenía para ellos el árbol, al que llaman Árbol de la Vida, símbolo universal del Eje del mundo, que une todos los planos de la creación, cielo, tierra e inframundo: “El Árbol de la Vida arquetípico que lo da todo continuamente sin esperar nada, verdadero regalo de los dioses a los seres humanos, quienes extraen su existencia de este sustento divino”.12 Es muy significativo que fuera un símbolo de la diosa:


El árbol de la vida, “sello de Néstor” micénico de oro, c. 1500 a. C.

En Creta (al igual que en Egipto) se adoraba el árbol como imagen de la propia diosa y se requería un rito especial, así como un hacha sagrada cuando un árbol se talaba.13

Uno de los muchísimos ejemplos de esta continuidad de la diosa neolítica de la Vieja Europa, son las famosas estatuillas minoicas, de marfil y loza, que fueron encontradas en un pozo de la cámara subterránea del Tesoro, en el santuario central del Palacio de Cnosos; llamadas, “Las Diosas serpientes”, datan del año 1600 a. C. Ambas aparecen con el corpiño abierto, el pecho desnudo, faldas acampanadas y sus caras expresan un dramatismo como si portaran una máscara. Una de ellas está sujetando una serpiente en cada mano, con sus brazos alzados, con un gesto solemne, típico del poder de la diosa, y sobre su cabeza vemos a un “guardián” en la figura de un cachorro de león. “El diseño en forma de red de su falda, que se llena de significado por su ascendencia paleolítica y neolítica, sugiere que es la tejedora de la red de la vida, que se teje perpetuamente de su matriz”. Su falda acampanada tiene siete niveles, “el número de días que componen los cuatro cuartos de la luna, que dividen en dos las mitades creciente y menguante del ciclo, al igual que la cruz neolítica dentro del círculo” y delantales bordados con motivos espirales y líneas paralelas.


Diosas serpiente minoicas, 1600 a. C., Cnosos.
Museo Arqueológico de Heraclion, Creta.
La otra diosa aparece sujetando con una mano la cabeza de una serpiente y con la otra, su cola. Tiene, además, otras dos sierpes entrelazadas alrededor de sus brazos, pecho y espalda y una de ellas enrollada en su tocado en forma de espiral “sobresaliendo por encima de él como el ureo (cola de cobra) del tocado de las deidades egipcias”. También observamos otras dos pequeñas formando un caduceo en el centro de su cuerpo. La serpiente estaba asociada a la espiral, símbolo de descenso-ascenso y al laberinto, como símbolo de renacimiento y transformación.14

Sello de la Diosa de la montaña o de los animales,
pothnia teron, 1500 a. C. Cnosos, Creta.

Igualmente la diosa aparece como la conocida “diosa de los animales” (potnia theron). En un sello famoso de Cnosos, la vemos con el pecho descubierto, un báculo en su mano extendida que inclina de frente hacia un adorador o joven dios, que parece deslumbrado ante la aparición de la diosa, o realizando un gesto ritual de saludo frente a ella. La gran diosa está erguida sobre la cima de una montaña, grácil e imponente a su vez, flanqueada por dos leones. En el fondo de la imagen se divisa un santuario con cuernos de toro superpuestos. No se sabe cuál sería el nombre minoico de la diosa. Se la ha relacionado con la diosa griega Rea, la gran madre de los dioses. Apolodoro nos relata que en Cnosos, donde tenían su morada los Titanes, se han encontrado los cimientos de su templo y un bosque de cipreses consagrado a ella desde tiempos antiguos, y Evans ha identificado su templo con los fundamentos de un templo griego entre los propileos y el patio central del palacio de Cnosos. En los mapas del Palacio está señalado como la “Casa de Rea”.


Ornamento Micénico de oro con forma de abeja,
1700-1600 a. C., British Museum, Londres.

La miel también jugó un papel fundamental en los rituales de Año Nuevo de los minoicos. El Año Nuevo se iniciaba en Creta a comienzos del solsticio de verano, cuando las temperaturas alcanzaban los máximos. El veinte de julio era el día en que se alzaba la gran estrella Sirio en conjunción con el Sol, al igual que en Sumer y en Egipto. En estos últimos países se trataba explícitamente de la estrella de la diosa (Inanna en Sumer, e Isis en Egipto), y los palacios templo minoicos de Creta estaban orientados hacia ella. La salida de Sirio daba fin a un ritual de cuarenta días a lo largo del cual se recogía la miel de las colmenas en la oscuridad de cuevas y bosques. La miel entonces se fermentaba, transformándose en hidromiel, licor embriagador que se bebía en los ritos extáticos que pudieron haber celebrado el regreso del hijo de la diosa como comienzo del Año Nuevo, igual, quizá, que en la escena dibujada en el sello de la doble hacha de la figura. Todos estos ritos se hallan presentes en los mitos dionisíacos de la Grecia clásica; el propio Dioniso tiene su origen en Creta, donde se le llamaba el dios toro. Este mismo animal se sacrificaba al salir la estrella de Sirio, y las abejas eran consideradas la forma resucitada del toro muerto y también las almas de los muertos.15


Diosa de doble hacha junto al árbol de la vida, sello micénico, c. 1500 a. C.

Las corridas sagradas de toros, en las que el animal no es sacrificado, tenían lugar en las explanadas de los palacios con graderíos llamados “teatros”. Las pinturas de Cnossos nos muestran a los acróbatas de ambos sexos saltando por encima del toro. (…) Es indudable el significado religioso de aquellas “acrobacias”: saltar por encima del toro a la carrera es una “prueba iniciática” por excelencia. Es muy probable que la leyenda de los compañeros de Teseo, siete muchachos y siete muchachas que habían sido “ofrecidos” al Minotauro, refleje el recuerdo de aquellas pruebas iniciáticas.16


Saltadores de toro, hombre y mujer, fresco. c. 1500 a. C. Cnosos, Creta.

Acerca de este rito taurino y del rito del matrimonio sagrado en Creta, nos parece muy interesante lo que nos dicen Anne Baring y Jules Cashford:

Los sellos y frescos de Cnosos sugieren que, antes de la matanza del toro, se invocaba el poder mágico del animal mediante los saltos que muchachos y muchachas daban por encima de su lomo. El riesgo de morir parece desaparecer ante el gozo de la danza, y se sugiere que se trataba de sacerdotes y sacerdotisas sometiéndose a un rito de iniciación para entrar al servicio de la diosa que presidía el ritual. Las mujeres del fresco de Cnosos tienen la piel blanca y la de los hombres es roja, al igual que ocurre en los frescos egipcios. Una mujer está a punto de saltar por encima del toro, estirando sus manos retorcidas para alcanzar su cuerno izquierdo, mientras que otra permanece a la espera para recibir el cuerpo del saltador varón, que ha completado a medias su “salto mortal”. (…) Parece, pues, muy plausible que lo más importante de los rituales de Cnosos fuese el matrimonio sagrado y este significado subyacente se transmite de forma implícita en la historia del Minotauro, a través del simbolismo de los nombres. Lo que tiene lugar, mitológicamente hablando, en la leyenda es un ciclo de matrimonios sagrados entre el sol, como toro, y la luna, como princesa o sacerdotisa. Cada uno de los cinco “matrimonios”: Zeus, el toro, con Europa; Minos, hijo del toro, con Pasífae; el toro de Posidón con Pasífae; Teseo, hijo de Posidón, el toro, con Ariadna; y, más adelante, Dioniso, el toro, con Ariadna, simbolizan el matrimonio del sol con la luna como ciclo sin fin. Incluso cuando parece interrumpirse este ciclo, como cuando Teseo abandona a Ariadna, Dioniso, el toro, ocupa su lugar y completa el ritual. (…) Todos los nombres femeninos que aparecen en este mito tienen connotaciones lunares, y los masculinos solares.17


a) Rapto de Europa por Zeus, crátera de cáliz, s. IV a. C. Museo Nacional de Arqueología.
b) El famoso trono de Minos con grifones a ambos lados, Cnosos, Creta.

De hecho, todo el palacio era un recinto sagrado, pues era la residencia de la divina patrona y del rey-sacerdote que hacía de intercesor entre ella y los hombres. Las explanadas rodeadas de jardines donde se celebran las danzas, los patios interiores donde se elevan los altares, los mismos almacenes son instalaciones religiosas. El trono era objeto de veneración, como lo prueban los grifos simbólicos que lo flanquean en Cnosos y Pylos, y hasta es posible que estuviera reservado a la epifanía ritual de la diosa del palacio más bien que el soberano. (…) Es probable que el oficio funerario se desarrollara bajo los auspicios de la diosa. En efecto, la tumba de un rey-sacerdote de Cnosos, excavada en la roca viva, incluía una cripta con pilares, cuyo techo, pintado de azul, representaba la bóveda celeste; encima se había erigido una capilla semejante a los santuarios palaciegos de la Diosa-Madre.18


Teseo y Ariadna en la entrada del Laberinto, Richard Westall, 1810.

Creta fue un gran centro espiritual, y muchos son los testimonios simbólicos que inducen a creer que fue una colonia de la propia Atlántida, depositaria de la gran Tradición Unánime. Minos fue su gran Legislador, cuyo nombre, lo más probable es que fuera un título o dinastía, como el que ostentaban los faraones egipcios. El famoso laberinto cretense en Cnosos, imagen del viaje iniciático, era sin duda el núcleo central de los ritos minoicos. El hilo de Ariadna, símbolo de la Tradición, alumbra al héroe en su proceso regenerador y liberador, guiándolo por los oscuros vericuetos laberínticos del inframundo, y otorgándole fuerza y valor para acometer el duro combate interno contra sus densidades e ignorancia. Un autosacrificio por el que muere y renace a un mundo otro. Al sacrificar la individualidad, se va transmutando lo denso en sutil, reconociendo la identidad con el Sí mismo. Entregado de corazón, con el fuego de la pasión, y por Amor, impulsa al alma a proseguir este viaje, ahora ascendente, hacia el origen increado. Gesta mítica y heroica, guiado por Hermes, el iniciado va encarnando los distintos estados de su alma, análogos a los del Ser Universal, y su unión con el Principio, para abismarse en los Misterios del No-Ser. El hilo invisible está relacionado con la cadena áurea que “liga la doctrina metafísica y cosmogónica perenne, y a los iniciados que de ella son partícipes entre sí”, “gracias a la cual podemos acceder a la Tradición y nacer por ello a la vida eterna”.19 Tanto las cuevas, como el carácter sagrado del Palacio-Templo, ofrecen un testimonio de los ritos y misterios iniciáticos que debieron vivenciar los minoicos.

En el corredor de la planta baja del palacio de Cnosos se dibujó un laberinto.20 El corredor conduce a la fuente de luz más importante del palacio, a un patio interior rodeado de siete columnas. Este hecho afirma precisamente lo que significaba da-pu-ri-to para los minoicos: un camino hacia la luz.21

En la mitología griega, Homero en su Ilíada y también Plutarco en su Vida de Teseo, mencionan una danza ritual relacionada con Ariadna y el laberinto. Cuando Homero describe el escudo de Aquiles, una obra de Hefesto, dios del fuego y de la fragua, lo relaciona con el espacio o edificación que construyó con gran maestría el arquitecto Dédalo para Ariadna, “una obra hecha con arte”. Seguramente en la Creta minoica, a través de la danza, se ritualizaba el recorrido por el laberinto hacia su centro, evocando la muerte y el renacimiento.22

Plutarco, en su narración acerca de la partida de Teseo una vez abandonó Creta con Ariadna, refiere que su nave se detuvo en Delos. El héroe, después de celebrar un sacrificio en honor al dios Apolo y ofrecerle una talla de la diosa Afrodita que había recibido de Ariadna, ejecutó junto con sus jóvenes acompañantes, una danza, imitando los senderos y giros del laberinto, con alternancias y rodeos en conexión con el hilo de Ariadna. Teseo la danzó en torno a un altar, “llamado el Kératon, enteramente formado por cuernos de bueyes y cabras sólidamente juntados”. Este acontecimiento vuelve a ligar a Creta con Delos de forma significativa.23


“Danza sagrada en la arboleda”, 1800 a. C.,
fresco minoico del palacio de Cnosos, Creta.

La danza, en todas las culturas antiguas, era un modo de comunicarse con la diosa, atrayéndola, por medio de gestos extáticos y rituales, hasta que se presentase entre las formas caracoleantes que se convertían, a medida que eran danzadas, en su epifanía.24


Damas azules, fresco del Palacio de Cnosos, 1525-1450 a. C., Creta.

Los santuarios de montaña, la cueva como el útero de la gran diosa madre, el Árbol de la vida y sus frutos; la serpiente, símbolo de renovación cíclica y de la energía vital inagotable; la diosa serpiente, el caduceo, el hacha de doble filo ceremonial, la diosa de la doble hacha, la luna creciente. El niño divino, el toro y su fuerza vital, epifanía animal del dios como hijo de la diosa madre, los cuernos de la consagración. Círculos, triángulos, meandros, esvásticas, redes. El cetro, el trono, los sarcófagos. Columnas y pilares como símbolos del Axis Mundi y de la diosa, y su especial veneración. El cielo, los pájaros, las abejas y mariposas, las alas de la diosa pájaro; la diosa de las aguas superiores. La corona celeste, el nudo sagrado. El mar y sus criaturas marinas, la diosa pez, el delfín, pulpos, tritones, los grifos, los leones, la diosa de los animales. La rosa, el lirio y la amapola, símbolo de la transformación. La palmera datilera, Phoenix theophrasti, (el palmeral natural más extenso de Europa) y los olivos. En la antigüedad Creta fue llamada “la isla de los olivos”. El descenso y el ascenso, el laberinto, el viaje iniciático, la danza sagrada, el más allá…

    
a) Pintura minoica de doble hacha y cuernos sagrados.  b) Cerámica Kamares, minoica, Phaistos, 1900-1700 a. C.

Toda esta simbólica y mucho más ha sido plasmada en las creaciones artísticas de Creta con gran belleza, gracia y frescura, muy colorida y alegre. Refleja una constante celebración de la vida, vivida de forma ritual y simbólica, en una geografía significativa, en la que se advierte la importancia del Palacio-templo, así como sus santuarios de montaña en sus elevadas cimas, y la gran cantidad de cuevas sagradas y grutas “cargadas de influjos espirituales” donde se producían las hierofanías, se celebraban ritos iniciáticos y el culto a distintas divinidades autóctonas.

Gracias al desciframiento de la tercera y última de sus escrituras que surgió en el llamado período minoico tardío (la lineal B), introducida por los micénicos (o aqueos) cuando se instalaron en Cnosos, sale a la luz otro de sus secretos. Aunque la mayor parte de su escritura todavía permanece indescifrable, pues nadie sabe leerla, nos revela que entre el 1500 a. C. y el 1400 a. C. –el periodo final de su civilización–, ya se hablaba y se escribía en la isla un griego arcaico, por lo que a pesar del parco contenido de sus textos, ha sido también un testimonio de los orígenes espirituales de la Grecia Clásica.25 En el año 2000 a. C., la isla alcanzó tal esplendor que llegó a exportar su cultura por todo el mar Egeo. “Creta fue un punto clave para una idea de lo que será posteriormente Occidente y su cultura”.26

La isla fue aureolada con todo el prestigio de la época del primordium. Para la Grecia clásica, la Creta minoica había sido el escenario de todos los prodigios de los “orígenes” y de la “autoctonía”.27

En una de las tablillas de arcilla encontradas en Cnosos y descifradas por Ventris, encontramos otro de sus tesoros escondidos; en ella puede leerse una ofrenda, muy sorprendente, cuya traducción de un griego muy arcaico sería:

“Miel para la Señora del laberinto”.
“Miel para el conjunto de los dioses”.

En este breve pero significativo testimonio arcaico, la figura de Ariadna aparece bajo una nueva luz, nada menos que como una diosa minoica. A la diosa se le hace una ofrenda de miel, la misma que al conjunto de los dioses. La miel era el alimento que se ofrendaba a los dioses:

El alimento más dulce correspondía a la esencia de los dioses como donantes de felicidad y bienaventuranza. La miel era el alimento divino más antiguo, anterior incluso a la ambrosía. El homérico Himno a Hermes la denomina “el dulce alimento de los dioses” y continúa siéndolo hasta la antigüedad tardía, donde aún se dice: “Pues la miel es el manjar de los dioses”. Corresponde a la mitología de los dioses más arcaicos, uno de los cuales, Cronos, se embriagaba con miel, porque entonces, por ser antes del nacimiento de Dioniso, el vino aún no existía.28

Cuando Zeus llevó a cabo su plan para destronar a Cronos, éste se encontraba ebrio de miel. En el poema de Orfeo, la Noche le dice a Zeus sugiriéndole el ardid de la miel: “Cuando le veas bajo la encina de alto follaje, ebrio por las labores de las abejas zumbantes, átale”.29

La diosa del Laberinto, Ariadna, bien podría haber sido la gran diosa cretense, y el Laberinto su Templo o su reino, donde se vivenciaban los Misterios de la Iniciación, los Misterios de la muerte y la resurrección.

En los mitos que nos hablan de Ariadna, si bien no aparece como una diosa, ya están presentes estos ámbitos que la relacionan con la muerte y la resurrección. Y directamente ligados con la figura de Dioniso:

Con Ariadna, la esencia de la mujer dionisíaca se eleva hasta alcanzar su culmen. Ella es la imagen perfecta de la belleza que, tocada por el amado, confiere inmortalidad a la vida, y que sin embargo ha de transitar por un camino cuyas estaciones de paso son el dolor y la muerte.30


Fresco de Ariadna abandonada por Teseo.
Casa de Vetti, vestíbulo primer atrio, Pompeya.

En los dos mitos griegos protagonizados por Ariadna, ésta es raptada por Teseo y ha de sufrir los padecimientos de su abandono. En el que ya citamos, aparece Dioniso ante ella esplendoroso, con su delirante cortejo báquico. Ariadna se deja arrebatar por el furor mistérico del dios, que culmina con su unión y la apoteosis final cuando Dioniso la ensalza hasta alcanzar el Olimpo, otorgándole la inmortalidad y a la que vemos convertida en la constelación de la Corona Boreal. En Creta recibe el nombre de Aridela, la “clarísima”, por su corona que brilla en el cielo.


Triunfo de Dioniso y Ariadna, Annibale Carracci.
Fresco de la bóveda del palacio Farnesio de Roma, 1597.

En otro mito más arcaico, que ya conocía Homero, Ariadna era amante de Dioniso antes de la llegada de Teseo a Creta y de fugarse con ella. La infidelidad hacia Dioniso le costará padecer un dramático final, nada menos que su muerte. Artemisa la mató por deseo expreso de Dioniso. Se dice también que murió estando embarazada.

Artemisa, que castiga con peligrosos dolores la virginidad perdida, entró en escena cuando Ariadna –considerada en la mitología griega la mujer elegida por Dionisios entre todas las mujeres–, se disponía a escapar del ámbito de poder y de la posesión de Dionisios.31

Sin embargo, Hesíodo relata en su Teogonía que como mujer de Dioniso, Zeus la hizo inmortal y exenta de vejez.32

En la época prehomérica la imagen del inframundo fue pensada como un laberinto en espiral, y el retorno desde allí, como una gracia concedida por la reina del inframundo. (…) Como diosa poseía dos facetas y a estas dos facetas les correspondían dos invocaciones: como la “purísima” reinaba en el inframundo, como la “clarísima” aparecía en el cielo. Convertida en hija de un rey terrenal, Ariadna sufría un doble destino: uno, oscuro, por el que debía morir, y uno, claro, por el que ella –y su corona– alcanzaban el cielo. Todo esto sucedía en su relación con Dioniso.33

La gran diosa que en los tiempos más primordiales se revelaba sin nombre, se transforma en los momentos posteriores del ciclo, apareciendo bajo el ropaje de múltiples diosas, presentes en los distintos panteones y cosmogonías. Algunas son opuestas pero a su vez complementarias. Sus nombres se relacionan con sus distintas funciones y atributos. Uno de ellos es el de Afrodita, diosa de la Belleza y el Amor que todo lo une. Siempre invocada y reverenciada, impulsa y guía al héroe hacia el Origen increado, –al promover las uniones y las transformaciones en todos los planos de la existencia–, pues ella es quien religa lo más alto con lo más bajo. Y como la gran diosa, pues no es sino una de sus emanaciones, su poder abarca los tres mundos: el cielo, la tierra y el inframundo.

Walter Otto, en su libro Dioniso, mito y culto, emparenta a Ariadna con varias diosas, pero muy especialmente con Afrodita. Y aunque este autor no pudo conocer la traducción de estas tablillas porque son posteriores a su obra escrita, ya intuyó la divinidad de Ariadna.

En Amatunte, en Chipre se la veneraba como Ariadna-Afrodita. Cerca del templo de Dioniso en Argos, donde se dice que está enterrada, se encontraba en su día un templo consagrado a Afrodita. El testimonio más importante lo proporciona su nombre, vinculado al de Afrodita. Ariadna, es una variante dialectal de Ariagne como se transcribe a menudo en las imágenes de los vasos áticos, es decir designa aquella a la que se ajusta en gran medida el predicado ayvn. Y ahora sabemos que este predicado se aplicaba precisamente a la Afrodita de Delos. (…) Con las palabras “intangible” e “intacta” nos aproximamos más a su verdadero significado (…) Está próxima a lo divino, y por eso este concepto de intacto se asocia también a lo digno de veneración. El culto y la épica arcaicos asignan este predicado únicamente a divinidades femeninas, y sólo a aquellas que pertenecen al misterioso reino de la tierra, del elemento húmedo, del devenir y la muerte: Ártemis, Core, Deméter, Afrodita. Con todas ellas se vincula Ariadna por afinidad de su naturaleza.34

Hay otro testimonio recogido por Mircea Elíade:

Picard recuerda la tradición griega según la cual Minos fue sepultado en una cripta a la que se superpuso un templo consagrado a Afrodita, heredera de la Diosa egea.35

Las tablillas exhumadas en Cnosos, Pylos y Micenas mencionan a los dioses homéricos por sus nombres clásicos: Zeus, Hera, Atenea, Poseidón y Dioniso. Desgraciadamente, los datos mitológicos y cultuales son muy modestos; se habla de Zeus Dyktaos y de Dédalo, de los “esclavos del dios”, de la “esclava de Atenea”; se dan los nombres de las sacerdotisas, etc. Pero aún es más significativa la importancia de Creta en la mitología y en la religión de la Grecia clásica. En Creta se suponía que había nacido Zeus. Dioniso, Apolo, Heracles pasaron su infancia en Creta; allí había amado Deméter a Iasión, y allí recibió Minos las leyes, convirtiéndose, junto con Radamanto, en juez de los infiernos. Y ya en plena época clásica, de Creta eran enviados los purificadores acreditados.36

Muchos son los mitos, himnos, ritos y leyendas que desde la antigüedad nos han transmitido historiadores, narradores, mitólogos, sabios y poetas tradicionales, como Orfeo, Homero y Hesíodo en el siglo VIII a. C, y también Calímaco en el s. IV a. C y Apolodoro en el s. II, entre muchos otros. Queremos recoger algunos de sus testimonios, a modo de una pequeña antología de citas, acerca de acontecimientos prodigiosos que como veremos sucedieron en Creta. Muchos de ellos en cuevas, donde advertimos la importancia que tuvieron en las hierofanías y como lugares de Iniciación.


Bajorrelieve de los Curetes protegiendo al niño Zeus.

Una de las más célebres de estas grutas, la de Amnisos, cerca de Cnosos, fue consagrada a Eileithya, diosa prehelénica del parto. Otra gruta, situada sobre el monte Dicteo, era célebre por haber ocultado a Zeus niño; en ella vino al mundo el futuro Señor del Olimpo, y los gritos del recién nacido eran disimulados por el estrépito que provocaban los curetes haciendo entrechocar sus escudos. La danza armada de los curetes constituía probablemente una ceremonia de iniciación, celebrada por cofradías de jóvenes. Lo cierto es que las cavernas servían a las cofradías para celebrar sus ritos secretos. Así, la gruta del Ida, donde se reunían los dáctilos, personificación mitológica de una fraternidad de maestros metalúrgicos.37

Karl Kerenyi nos habla de esta diosa Eileithya y su culto en una asombrosa cueva en Creta, conocida también por las estalactitas y estalagmitas de su interior, con forma de ombligo y falo:

Con este nombre [Ilitía] los griegos designaban a una diosa que dirigía los nacimientos y todo cuanto se relacionaba con la vida de la mujer y que supuestamente en las épocas pregriegas su dominio era aún mayor. Del nombre de la diosa se deduce la interpretación de su lugar de culto, como uno de los lugares de consagración del origen de la vida. En el interior de la cueva se habían construido dos cercos redondos. Una estalagmita muy baja, que tenía la forma de un ombligo, podía ser descrita como si fuera una especie de altar. En el primer cerco hay una estalagmita que tiene forma de figura entronizada, una diosa doble unida por la espalda. También en Creta, el arte griego arcaico conserva esta dualidad de diosas veneradas. En el interior del segundo cerco, el más importante, una estalagmita se alza solitaria. La religión cretense probablemente conocía los falos de culto, si bien no aparecen en las representaciones artísticas. Pues ahí hay uno muy natural. La naturaleza, así puesta de relieve, evidencia tanto el conocimiento como el reconocimiento: un objeto cultual masculino, de forma inequívoca, se alza en el centro del santuario femenino.38


Falo de estalactita en la cueva de Ilitía, Creta.

En la Teogonía de Hesíodo ya aparece la isla como protagonista en el nacimiento o los orígenes de Zeus, hijo de Rea y Cronos. Rea engañará a su esposo ofreciéndole una piedra, en lugar de al recién nacido Zeus, para que Cronos no se lo trague –como hizo con sus otros retoños por miedo a ser destronado por uno de ellos–, tal y como se lo había vaticinado el Oráculo:

Gea y Urano escucharon atentamente a su hija y la obedecieron; la pusieron ambos al corriente de cuanto estaba decretado que ocurriera respecto al rey Cronos y a su intrépido hijo, y la enviaron a Licto, a un rico pueblo de Creta, cuando ya estaba a punto de parir al más joven de sus hijos, el poderoso Zeus. A éste le recogió la gran Gea para criarlo y cuidarlo en la espaciosa Creta. Allí se dirigió, llevándole, al amparo de la rápida negra noche, en primer lugar a Licto. Le cogió en sus brazos y le ocultó en una profunda gruta, bajo las entrañas de la divina tierra, en el monte Egeo de densa arboleda. (…) Y envolviendo en pañales una enorme piedra, la puso en manos del gran soberano Uránida, rey de los primeros dioses. Aquél la agarró entonces con sus manos y la introdujo en su estómago, ¡desgraciado! No advirtió en su corazón que, a cambio de la piedra, se le quedaba para el futuro su invencible e imperturbable hijo, que pronto, venciéndole con su fuerza y sus propias manos, iba a privarle de su dignidad y a reinar entre los Inmortales.39


Rea y Cronos, bajorrelieve romano.

Zeus se convierte entonces en el “rey” de todos aquellos dioses que conformarán el panteón de los grandes Olímpicos de la Grecia Clásica, marcando una nueva etapa cíclica, donde una floreciente civilización, claramente patriarcal, inauguraba una nueva cosmovisión.

Los mitos cuentan que allí [en Creta] tuvieron sus orígenes la mayor  parte de los dioses que obtuvieron honores inmortales.40

Los primeros de estos dioses de los que la tradición ha dejado recuerdo habitaron en Creta, en la zona del monte Ida y fueron los llamados Dáctilos Ideos (…) al ser magos, realizaban encantamientos y celebraban ritos de iniciación y misterios, (…) y precisamente en aquella época, Orfeo, dotado por la naturaleza de un excepcional talento para la poesía y para la música, fue su discípulo y fue el primero que introdujo entre los griegos los ritos de iniciación y los misterios. Los Dáctilos Ideos de Creta, según nos ha transmitido la tradición, descubrieron el uso del fuego, las propiedades del cobre y del hierro y la manera de trabajar estos metales en la zona del monte Berecinto, en el territorio de Áptera; y dado que se consideraba que eran los iniciadores de grandes beneficios para el género humano, obtuvieron honores inmortales.41

Zeus nació en una cueva de la ladera oriental del monte Ida, donde hubo un importante centro de culto desde la época minoica.42


Cueva en el monte Ida, donde nació Zeus en Creta.

Quienes criaron a Zeus narran que cuando era aún bebé fue dejado para que lo llevasen los Curetes; pero dicen que el ómphalos (cordón del ombligo) se les había caído cerca del río conocido como Tritón (en Creta). Por lo que este lugar se ha hecho sagrado y ha sido llamado Ómphalos después de esa circunstancia; mientras que de igual manera, la llanura que lo rodea es conocida como la de Ómphaleion. En el Monte Ida, fue donde el dios se alimentó y crió, dentro de la cueva y donde pasó esos días, por lo que se convirtió en sagrada para su culto. Los prados situados sobre las mismas cumbres de la montaña, de igual manera han sido consagrados a Zeus.43


Los Curetes tocan instrumentos mientras Zeus baila.
Escudo votivo del s. VII a. C. hallado en la cueva del Ida, Museo Heraclión, Creta.

También Calímaco celebra su nacimiento en este “Himno a Zeus”:

Cuando Tenas abandonó la ninfa, ¡oh padre Zeus!,
trayéndote hasta Cnoso (Tenas estaba cerca de Cnoso),
se te cayó en este momento, divino, el ombligo: por eso a aquel
llano desde entonces “Onfalio” lo llaman los cidones.
Zeus, a ti las compañeras de los Coribantes te tuvieron en brazos,
las Melias dicteas, a ti te meció Adrastea
en cuna de oro, tú mamaste de la pingüe ubre
de la cabra Amaltea y con dulce miel te alimentaste.
Es que aparecieron de repente los trabajos de la abeja Panácride
en los montes ideos, a los que la fama llama Panacras.
Y los Curetes bailaron a buen ritmo en torno a ti una danza guerrera,
entre golpeteos de sus armas, para que a los oídos de Crono
llegara el estrépito de sus escudos y no el de tus llantos infantiles.
Con donaire crecías, con donaire te criaste, Zeus celeste,
presto llegaste a la juventud y presto te brotó el bozo.
Pero, cuando aún eras niño, todo lo que dijiste se cumplió;
Por tanto, tus hermanos, aun nacidos antes,
no se opusieron a que te hicieras con el cielo, indivisa morada.44


La crianza de Zeus, Nicolás Poussin, 1630.

Según un relato más antiguo y menos conocido, este nacimiento al aire libre también tuvo lugar en Creta. Rea habría esperado la hora del parto en los montes de Ida. Cuando ya estaba allí y empezó a sentir contracciones, la gran diosa se apoyó con ambas manos en el suelo. En ese mismo instante el monte que le servía de apoyo engendró tantos espíritus o dioses como dedos tenía ella. Estas criaturas la rodearon para ayudarla en el parto. Mas adelante se les llamaría Dakyloi Idaioi, “dedos ideos”, por el monte Ida y los dedos con los que Rea se ayudaría a sí misma, tan hábiles que se convirtieron en magníficos herreros artesanos.45

Para los cretenses el resplandecer de una gruta era algo natural. Según una narración cretense, un enjambre de abejas se apropió totalmente de la gruta donde había nacido Zeus, y con su miel habían alimentado al niño divino. Se pensaba que la sangre del dios, la que había quedado en el interior de la gruta después del nacimiento, fermentaba a intervalos determinados –como la embriagadora bebida a base de miel de los tiempos arcaicos–, y entonces la caverna resplandecía como si un gran fuego surgiera desde su interior. (…) Las procesiones en estas cuevas eran como rituales misteriosos, de los cuales los no iniciados sólo podían ver la luz de las antorchas y del fuego desde la lejanía.46


Zeus alimentado por los Coribantes, Nicolás Poussin, 1650.

Se ha observado que en la Grecia arcaica algunos grupos de personajes míticos –Telquinos, Kabiros, Curetas, Dáctilos– constituyen a la vez cofradías secretas en relación con los misterios y hermandades de trabajadores de los metales. Según las diversas tradiciones, los Telquinos fueron los primeros en trabajar el hierro y el bronce; los Dáctilos ideos descubrieron la fusión del hierro, y los Curetas, el trabado del bronce: eran además reputados por sus danzas, que ejecutaban entrechocando sus armas. Los Kabiros, como los Curetas, son llamados “dueños de los hornos”, “poderosos por el fuego”, y su culto se extendió por todas partes en el Mediterráneo oriental. Los Dáctilos eran sacerdotes de Cibeles, divinidad de las montañas, pero también de las minas y las cavernas, que tenía su morada en el interior de las montañas. (…) Estos grupos de metalúrgicos míticos tienen puntos de contacto con la magia (Dáctilos, Telquinos, etc.), la danza (Coribantes, Curetas), los misterios (Kabiros, etc.) y la iniciación de los jóvenes (Curetas). Tenemos aquí vestigios mitológicos de un antiguo estado de cosas en el que las cofradías de herreros desempeñaban un papel en los misterios y las iniciaciones.47

Se trata, ciertamente, de un complejo mítico-ritual egeo, centrado en la figura del niño divino, hijo y amante de una Gran Diosa. Según la tradición griega, los gritos del recién nacido eran ahogados por el estrépito que hacían los Curetes entrechocando sus escudos, proyección mitológica de los grupos iniciáticos de jóvenes que celebran su danza armada. El himno de Palaifeastro (siglos IV-III a. C.) alaba los saltos de Zeus, “el más grande entre los Curetes”.48

Estrabón compara a los sátiros de Dioniso, los curetes o dáctilos de Zeus y los coribantes frigios de la madre Tierra citando estos versos de las Bacantes de Eurípides: “Oh morada secreta de los curetes y guarida sagrada de Creta que vio nacer a Zeus, allí donde los coribantes de triple penacho inventaron en sus cavernas este anillo ocultador y mezclaron sus festejos dionisiáticos con el agudo aliento de dulce sonar de la flauta frigia y pusieron en manos de Rea su resonante bramido para acompañar el griterío de las bacantes, y los enloquecidos sátiros lo recibieron de la Madre Rea y lo añadieron a las danzas corales de las trieterides, en la que se deleita Dioniso”. Desde sus moradas subterráneas, estos seres, concluye, inventaron los instrumentos musicales y les dieron nombre a sus tonadas en paralelo a Pitágoras: inventaron los nombres apropiados para la flauta, para los ruidos de los crótalos, los címbalos y tambores, así como sus exclamaciones y gritos de “evohe” y zapateados; y también inventaron ciertos nombres que se aplican a los servidores, bailarines del coro y oficiantes en los misterios, quiero decir cabiros, coribantes, panes, sátiros y títiros, y llamaron al dios Baco, y a Rea Cibeles, Cibele o Dindimene, según los lugares donde fueran venerados.49

Aquellas danzas formaban parte probablemente de un rito arcaico de la fecundidad. Por otra parte, no menos significativo es el hecho de que el culto de Zeus Ideo, celebrado en una caverna del monte Ida, poseía la estructura de una iniciación en los Misterios. Lo cierto, sin embargo, es que Zeus no era un dios mistérico. También en Creta se enseñaría más tarde la tumba de Zeus. Ello significa que el gran dios olímpico había sido asimilado a un dios mistérico que muere y resucita. (…) En Homero recupera Zeus los atributos de un verdadero dios supremo indoeuropeo. Es algo más que el dios del “cielo inmenso”, es el “padre de los dioses y de los hombres” (Ilíada I, 544). En un fragmento de sus Heliadas proclama Esquilo: “Zeus es el éter, Zeus es la tierra, Zeus es el cielo. Sí, Zeus es todo lo que está por encima de todo”.50

En un comentario de Proclo, se relaciona a Atenea como jefe de los Curetes:

Sócrates celebra la potencia guardiana mediante el nombre de Palas (Cra. 406d7-407a5), y la potencia perfeccionadora, mediante el de Atenea (Cra. 407a6-c2). Así pues, deja entrever la danza rítmica por medio del movimiento, de la que también hace partícipe en primerísimo lugar al orden de los Curetes, y en segundo lugar, también a los otros dioses; la diosa es, en efecto, por esta potencia, jefe de los Curetes, como dice Orfeo (Orph. fr. 185). Por lo que está adornada con las armas de fuego, como aquéllos, con los que supera todo desorden y preserva inmóvil el orden demiúrgico, y revela la danza por el movimiento rítmico; y cuida la razón que procede del intelecto y que somete la materia por ella; “el universo está mezclado de intelecto y de necesidad”, dice Timeo (Tim. 47e5-48a1), ya que la necesidad obedece al intelecto y todas las causas materiales están sometidas a la voluntad del padre.51


Atenea en la forja de Vulcano, Giorgio Vasari, 1555.

Porfirio nos habla como Pitágoras recibió una iniciación en su viaje a Creta:

Poniendo sus pies en Creta, entre los iniciados de Morgo, [Pitágoras] se dirigió a uno de los Dáctilos Ideos, por quienes también fue purificado con una piedra tocada por el rayo, tendido boca abajo, desde el alba, junto al mar, y, por la noche, junto a un río, adornado con los mechones de un carnero negro. Y bajó a la llamada cueva del Ida con la lana negra; allí pasó tres veces los rituales nueve días y ofreció un sacrificio a Zeus. Contempló también el sitial que se le preparaba cada año y un epigrama grabó sobre su tumba con estas palabras: “Pitágoras a Zeus”. Su comienzo es el siguiente: Aquí yace, tras su muerte, Zan, a quien suelen llamar Zeus.52

Apolodoro refiere el nacimiento de Atenea en Creta, así como la boda de Zeus y Hera:

Cuenta el mito que Atenea nació de Zeus en Creta cerca de las fuentes del río Tritón, por lo que fue llamada Tritogenia. Aún en nuestros días, junto a estas fuentes, hay un templo consagrado a esta diosa en el lugar donde el mito cuenta que tuvo lugar su nacimiento. Dicen asimismo que la boda de Zeus y Hera se celebró en el territorio de los cnosios, en un lugar cercano al río Terén, donde actualmente hay un templo en el que cada año los habitantes del lugar ofrecen piadosos sacrificios y hacen una representación de la ceremonia de la boda, fiel al modo en que la tradición dice que tuvo lugar en su tiempo.53

Zeus engendró secretamente a su hijo Zagreo con Perséfone, antes que ésta fuese llevada al infierno por su tío Hades. Ordenó a los hijos de Rea, los Curetes cretenses o, como algunos dicen, los Coribantes, que guardaran una cuna en la cueva de Ida, donde saltaban a su alrededor entrechocando sus armas, como habían saltado alrededor de Zeus en Dicte. Pero los Titanes, enemigos de Zeus, después de blanquearse con yeso hasta quedar irreconocibles, esperaron a que se durmieran los Curetes. A medianoche atrajeron a Zagreo fuera de la cueva ofreciéndole juguetes infantiles como un cono, un sonajero, manzanas de oro, un espejo, una taba y un manojo de lana. Zagreo dio muestras de valor cuando ellos se lanzaron sobre él para matarlo y pasó por varias transformaciones con el fin de engañarlos: se convirtió sucesivamente en Zeus con zamarra de piel de cabra, Crono haciendo llover, un león, un caballo, una serpiente cornuda, un tigre y un toro. En ese momento los Titanes le asieron fuertemente por los cuernos y las patas, lo despedazaron con sus dientes y devoraron su carne cruda. Atenea interrumpió ese banquete espantoso poco antes que terminara y, rescatando el corazón de Zagreo, lo encerró en una figura de yeso en la que insufló la vida, de modo que Zagreo se hizo inmortal. Sus huesos fueron recogidos y enterrados en Delfos, y Zeus mató a los Titanes con rayos.54

Este mito se refiere al sacrificio anual de un niño que se realizaba en la Creta antigua: un sustituto de Minos, el rey-toro. Reinaba un solo día, bailaba una danza ilustrativa de las cinco estaciones –león, cabra, caballo, serpiente y ternero– y luego lo comían crudo. Todos los juguetes con que los Titanes lo atrajeron eran objetos utilizados por los órficos filosóficos que heredaron la tradición de este sacrificio, pero comían un ternero crudo en vez de un niño.55

Podemos, por tanto, ver en el “crimen de los Titanes” un antiguo conjunto iniciático cuya significación original había caído en el olvido. Pues los Titanes se comportan como oficiantes de una iniciación, es decir, “matan” al novicio para que “renazca” a un modo superior de existencia (en nuestro ejemplo podría decirse que confieren la divinidad y la inmortalidad al niño Dioniso). Pero en una religión que proclamara la supremacía absoluta de Zeus, los Titanes no podían desempeñar un cometido demoníaco, y fueron fulminados. Según ciertas variantes, los hombres fueron creados de sus cenizas. Este mito desempeñó un importante papel en el orfismo.56

Invoco al atronador Dioniso, que lanza su ritual grito, primigenio, de dual naturaleza, engendrado tres veces, soberano transportado por delirios báquicos. Agreste, inefable, obscuro, provisto de dos cuernos, biforme, cubierto de yedra, de faz taurina, belicoso, que se celebra con gritos de júbilo, sagrado; que se complace en la carne cruda, de trienales festividades, adornado con racimos de uva y revestido de tiernas ramas, Eubuleo, prudente, engendrado por la secreta unión de Perséfone y Zeus, deidad inmortal. Escucha, afortunado, mi voz, danos tu aprobación, suave y benévolo, con un corazón propicio, acompañado de tus nodrizas de bella cintura.57

También el nombre Dioniso, se puede leer en una tablilla de Pilos en escritura cretense. (…) Los cuatro elementos más llamativos de culto en el palacio de Cnosos son precisamente éstos: el toro, el vino –incluso ambos a la vez unidos en valiosas vasijas, que servían para beber o para la bebida del sacrificio, y tenían forma de cabeza de toro–, además de las mujeres como sacerdotisas, y la serpiente en la mano de figuras sacerdotales y divinas femeninas. (…) Que el sustrato dionisíaco prefiguraba la religión griega en Creta, y que ahora salte a la vista en el palacio de Cnosos, es una de las profundas impresiones que el viajero puede llevarse consigo después de que la escritura lineal cretense de la lengua griega haya sido descifrada.58

Y ahora, ¡salud vosotros que habitáis las mansiones olímpicas y también vosotros, islas, continentes y salobre ponto encajado entre ellos! ¡Celebrad, Musas Olímpicas de dulces palabras, hijas de Zeus portador de la égida, la tribu de diosas que, acostadas con varones mortales, siendo inmortales dieron a luz hijos semejantes a dioses!  Deméter, divina entre diosas, parió al generoso Pluto en placentero abrazo con el héroe Yasio en un fértil campo en el rico país de  Creta. Éste recorre toda la tierra y los anchos lomos del mar y a quien le encuentra, si se echa en sus brazos, le vuelve rico y le colma de prosperidad.59


NOTAS.
1 En el año 1900, Arthur Evans, arqueólogo inglés y director en ese momento del Ashmolean Museum de Oxford, empezó sus excavaciones sistemáticas en Creta, concretamente en Cnosos. Tales fueron sus hallazgos arqueológicos que llegó a escribir una obra de 6 volúmenes: The Palace of Minos en Cnosos. Evans llamó a esta civilización Minoica, en honor a Minos. La dividió en tres períodos, basados en su mayor parte en los estilos de las cerámicas. Unos años más tarde el arqueólogo griego Nikolaos Platón, lo hizo también apoyándose en el desarrollo de los complejos palaciegos: Minoico temprano o “prepalatino”, desde el 2600 hasta el 2000 a. C.; minoico medio o “palatino temprano”, del 2000 al 1650 a. C., cuando se construyeron los famosos palacios de Cnosos, Malia, Festos, Zakros y Hagia Tríada; y minoico tardío o “alto palatino” del 1600 al 1150 a. C. Alrededor de 1627 a. C hubo un gran cataclismo. La hipótesis más defendida es la que lo atribuye a los efectos de una explosión volcánica en la isla de Thera, como consecuencia de lo cual los Palacios y casi todos los asentamientos cretenses fueron destruidos. Después de esta fecha, fueron reconstruidos y ampliados. Se inicia entonces una gran actividad en la isla, hasta que, de nuevo, el fuerte terremoto y la entrada en erupción de la isla de Thera, la actual Santorini, ocurrido en 1475 a. C., asolará a casi todo el archipiélago, destruyendo de nuevo los célebres palacios cretenses.
“Durante el minoico medio utilizan una escritura jeroglífica, y posteriormente hacia el 1700 a. C. una escritura lineal, (la “Lineal A”) ambas aún sin descifrar. La primera fase del Minoico reciente (1580-1450 a. C.) constituye el apogeo de la civilización minoica. Es la misma época en que los conquistadores ariófonos del Peloponeso construyen Micenas y mantienen relaciones con Creta. Poco después (1450-1400 a. C.) se instalan en Cnosos los micénicos (o aqueos) e introducen la escritura llamada “Lineal B”. La última fase del Minoico tardío, llamada período Micénico (1400-1150 a. C), finalizará con la invasión de los dorios (hacia el 1150 a. C.) y la destrucción definitiva de la civilización cretense”. Mircea Eliade, Historia de las Creencias y las Ideas Religiosas, I. Ed. Paidós, Barcelona, 1999.
2 Término que fue acuñado por Maria Gimbutas, arqueóloga, y considerada unánimemente como una autoridad en arqueología prehistórica de la Europa del Este. “En sus dos libros, Diosas y dioses de la vieja Europa y El lenguaje de la diosa, Gimbutas analiza detalladamente el arte neolítico y calcolítico de la vieja Europa. Esta área incluye Hungría, la ex Yugoslavia central y meridional, Bulgaria, Rumania y Austria oriental. Se extiende por el norte hacia el sur de la antigua Checoslovaquia y el norte de Polonia y, por el este hasta Kiev, en Ucrania. Hacia el sur incluye el sur de Italia y Sicilia, Malta, Grecia, Creta, y las islas Cícladas, Jónicas y Egeas, además de la región costera occidental de Turquía. El legado de esta civilización a la posterior de Creta y de Grecia y, a través de éstas, a la nuestra, es incalculable; la escultura y pintura de la vieja Europa del Neolítico constituyen la prueba evidente de una transmisión de imágenes del Paleolítico a la Edad del Bronce. Ello conecta dos períodos de la historia que no se habían puesto en relación con anterioridad, ofreciendo una imagen de continuidad de la Tradición humana cuya formación era antes imposible”. Anne Baring y Jules Cashford, El mito de la diosa, Ed. Siruela, Madrid, 2005.
“No fue una única y pequeña isla legendaria aislada por el mar, hace unos 9000 años, lo que dio lugar a la famosa civilización de Creta y las Cícladas, sino una parte considerable de Europa bañada por el Mediterráneo oriental, el Egeo y el Adriático. La gran cantidad de islas existentes eran de gran ayuda para la navegación y facilitaban la comunicación con Anatolia, Levante y Mesopotamia. Los fértiles valles fluviales atrajeron a los primeros agricultores tierra adentro, hacia la península balcánica y la Europa del Danubio. La Vieja Europa es un producto de mezcla híbrida de pueblos y culturas del Mediterráneo con los de la zona templada del sureste europeo”. Marija Gimbutas, Dioses y Diosas de la Vieja Europa, 7000-3500 a. C. Mitos, Leyendas e Imaginería. Ed. Istmo, Madrid, 1991.
3 Maria Gimbutas, El Lenguaje de la Diosa. Ed. Dove, Oviedo, 1996.
4 “Hasta que en 1952 fue descifrada por Michael Ventris, la escritura (Lineal B), los únicos documentos de que disponíamos para el estudio de la cultura y la civilización minoicas eran los aportados por las excavaciones arqueológicas, que son todavía los más importantes. Los más antiguos testimonios de una actividad religiosa han sido descubiertos en varias grutas”. Mircea Elíade, Historia de las Creencias y las Ideas Religiosas I, op. cit.
5 Anne Baring y Jules Cashford, El mito de la diosa, op. cit.
6 Ibíd. La cita incluida es de Nikolas Platón, arqueólogo griego director del museo Heraklion en Creta.
7 Anne Baring y Jules Cashford, El mito de la diosa, ibíd.
También René Guenon nos dice: “En cuanto al origen del nombre del “laberinto”, es bastante oscuro y ha dado lugar a muchas discusiones; parece que, al contrario de lo que algunos han creído, no se relaciona directamente con el nombre de la lâbrys o doble hacha cretense, sino que ambas derivan igualmente de una misma palabra muy antigua que designaba la piedra (raíz la-, de donde lâos en griego, lapis en latín), de suerte que, etimológicamente, el laberinto podría no ser en suma otra cosa que una construcción de piedra, perteneciente al género de las construcciones llamadas “ciclópeas”. Empero, no es ésa sino la significación más exterior de la palabra, que, en sentido más profundo, se vincula al conjunto del simbolismo de la piedra, al cual hubimos de referirnos en diversas oportunidades, sea con motivo de los “betilos”, sea con motivo de las “piedras del rayo” (identificadas, precisamente, con el hacha de piedra o lâbrys). René Guénon, Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, Cap. XXIX, La Caverna y el Laberinto. Ed. Eudeba, Buenos Aires, 1988.
8 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
9 Anne Baring y Jules Cashford, ibíd.
10 Federico González Frías, El Simbolismo Precolombino, Cosmovisión de las Culturas Arcaicas. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2016.
11 Anne Baring y Jules Cashford, El mito de la diosa, ibíd.
12 Federico González Frías, El Simbolismo Precolombino, op. cit.
13 Anne Baring y Jules Cashford, El mito de la diosa, ibíd.
14 Los entrecomillados son de Anne Baring y Jules Cashford, ibíd.
15 Ibíd.
16 Mircea Elíade, Historia de las Creencias y las Ideas Religiosas I, op. cit.
17 Anne Baring y Jules Cashford, El mito de la diosa, ibíd.
18 Francis Vian, Histoire des Religions, I. (Cita extraída de Mircea Elíade, op.cit.).
19 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, op. cit.
20 Anne Baring y Jules Cashford, El mito de la diosa, ibíd.
21 Karl Kerényi, En el Laberinto. Ed. Siruela, Madrid, 2006.
22 Homero, La Ilíada. Ed. Gredos, Madrid, 1982.
23 René Guénon, Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, op. cit. Ver también Mireia Valls, Cuando los dioses hablan: Centros oraculares de la Tradición Hermética (1ª parte). Revista SYMBOLOS, núm. 59 (solsticio de invierno 2020).
24 Anne Baring y Jules Cashford, El mito de la diosa, ibíd.
25 “Aquello fue algo completamente inesperado. La adaptación de ese tipo de escritura a la lengua griega se produjo con toda probabilidad en el continente, en los centros de cultura filial con algunos rasgos similares y otros disímiles: así puede describirse la relación entre lo micénico y lo cretense con la mayor brevedad. Por aquel entonces ya se consideraba creíble que los representantes de esta civilización filial en el continente fueran griegos. Lo que ahora resulta novedoso es que incluso en el palacio dominante de Creta en Cnosos, entre el 1500 y el 1400 a. C. ya imperara la lengua griega. El dominio de aquella lengua fue precedido por unos 500 años libres de toda influencia griega, con el florecimiento de la cultura palaciega cretense cuyas raíces se alargaban hasta el lejano oriente: hasta las culturas más antiguas de Harappa y Mohenjo-Daro, en el valle del Indo. Pero sólo las raíces orientales de esta cultura han podido ser demostradas, porque su lengua todavía nos es desconocida. Hasta ahora sólo podemos afirmar que fue la lengua de la primera civilización europea desarrollada y que ésta se formó con elementos orientales y mediterráneos, característicos del mundo prehistórico de las islas del Egeo. Si el origen cretense de la religión dionisíaca nos parece probable, esto es así porque procede de aquella desarrollada civilización que se formó hace 2000 años, y que aproximadamente en el 1500 hablaba griego”. Karl Kerenyi, En el Laberinto, ibíd.
26 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, ibíd.
27 Mircea Eliade, Historia de las Creencias y las Ideas Religiosas, ibíd.
28 Karl Kerenyi, En el Laberinto, ibíd.
29 Porfirio, El antro de las Ninfas de la Odisea, Ed. Gredos, Madrid, 1989.
30 Walter F. Otto, Dioniso, Mito y culto. Ed. Siruela, Madrid, 1997.
31 Karl Kerenyi, Dionisios, Raíz de la Vida Indestructible. Ed. Herder, Barcelona, 2011.
32 Hesíodo, Obras y Fragmentos: Teogonía. Ed. Gredos, Madrid, 2004.
33 Karl Kerenyi, ibíd.
34 Walter Otto, Dioniso, Mito y culto, op. cit.
35 Mircea Eliade, Historia de las Creencias y las Ideas Religiosas, ibíd.
36 Ibíd.
37 Ibíd.
38 Karl Kerenyi, En el Laberinto, ibíd.
39 Hesíodo, Obras y Fragmentos: Teogonía, op. cit.
40 Apolodoro, Biblioteca Histórica, libro IV. Ed Gredos, Madrid.
41 Ibíd.
42 Ibíd.
43 Ibíd.
44 Calímaco, Himnos, Epigramas y Fragmentos. Ed Gredos, Madrid, 1980.
45 Karl Kerenyi, En el Laberinto, ibíd.
46 Ibíd.
47 Mircea Elíade, Herreros y Alquimistas. Ed. Alianza, Madrid, 1983.
48 Mircea Elíade, Historia de las Creencias y las Ideas Religiosas, ibíd.
49 David Hernandez de la Fuente, Vida de Pitágoras. Ed. Atalanta, Gerona, 2011.
50 Mircea Elíade, Historia de las Creencias y las Ideas Religiosas, ibíd.
51 Proclo, Lecturas del Crátilo de Platón. Ed. Akal, Madrid, 1999.
52 Porfirio, Vida de Pitágoras. Ed. Gredos, Madrid, 1987.
53 Apolodoro, Biblioteca Histórica, op. cit.
54 Robert Graves, Los Mitos Griegos I. Ed. Alianza, Madrid, 1985.
55 Ibíd.
56 Mircea Elíade, Historia de las Creencias y las Ideas Religiosas, ibíd.
57 Himnos Órficos, A Dioniso XXX. Ed. Gredos, Madrid, 1987.
58 Karl Kerenyi, En el Laberinto, ibíd.
59 Hesíodo, Obras y Fragmentos, Teogonía “Catálogo de los héroes”. Ed. Gredos, Madrid, 2004.
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