SYMBOLOS
Revista internacional de
Arte - Cultura - Gnosis
 

CRETA, UN REGALO DE LOS DIOSES
(1ª Parte)

PATRICIA SERDÁ



Estátera de plata batida en Cnosos entre 300-330 a. de C. Cabeza de Britomartis (Dictina) coronada de rosas y reverso cabeza de minotauro en el centro de laberinto.

Abundante en recursos de todo tipo, Creta es un regalo de los dioses a los hombres y no sólo por Cnosos, o la cultura minoica, sino por otros muchos indicios de que éste fue un punto clave para una idea de lo que será posteriormente Occidente y su cultura.1



Cuernos de la consagración.
Palacio de Cnosos, Creta.

Existe una tierra en mitad de las aguas vinosas: es Creta su nombre, bien hermosa y fecunda, cercada de olas. (…) Una de esas ciudades es Cnoso, la grande, en que Minos de maduro reinó, consultor de Zeus máximo y padre de mi padre. Este fue Deucalión, el de pecho animoso (..) 2


      
a) Cerámica con palmera, Cnosos.
b) Ceramica con espiral, Museo Heraklion, Creta.

Para ir adentrándonos en la antigua civilización cretense, nada mejor que seguir el hilo áureo que Ariadna, “la doncella divina”, hija del rey Minos de Creta, guiada por Amor y aconsejada por Dédalo, ofreció al héroe Teseo al comenzar su viaje por el laberinto, para que éste lograra arribar a su centro, vencer al Minotauro y encontrar de nuevo la salida.



Baccio Baldini, Teseo y Ariadna junto al laberinto de Creta (fragmento). c. 1465. British Museum.

Este hilo misterioso y salvífico que hizo posible que Teseo no se perdiera en el laberinto y saliera victorioso de tamaña aventura, simboliza a la Tradición y sus misterios, la que ha guiado y fecundado a toda la cadena áurea. Hombres y mujeres de todo tiempo y lugar que por Amor se han abierto a su influjo y han perseverado hasta el final. Un mensaje liberador, para algunos una verdadera necesidad, que nos habla directamente a nuestro corazón, sede de la intuición intelectual, como sujetos que somos del Conocimiento del Sí mismo, “donde el símbolo es vivido y se revela con toda la potencia de su energía ordenadora permitiendo conocer simultáneamente la realidad de un tiempo mítico en el que lo prodigioso se hace coetáneo con la realidad horizontal”.3

Esta civilización ha sido llamada minoica, en honor a Minos, hijo de Zeus, quien no dejó de guiarle, y de la princesa fenicia Europa, hermana de Fénix y de Cadmo, el héroe que fundó Tebas guiado por el oráculo de Delfos y auspiciado por la diosa Atenea.

Zeus, enamorado de la belleza de Europa, ideó un plan para raptarla, ayudado por el dios Hermes, que condujo una manada de bueyes encaminándola desde el monte hacia las orillas del mar, en la costa de Tiro, donde la princesa Europa y sus queridas compañeras disfrutaban cortando flores y escuchando el ruido de las olas. Zeus entonces, transformándose en un toro blanco, bello y manso, se unió a la manada. Europa, atraída por su encanto, se montó confiada sobre su lomo, cuando de pronto, el toro se lanzó impetuoso mar adentro llevándosela, a través del oleaje, como si “volara cual delfín sobre el Mediterráneo”, rumbo a la isla de Creta.

–¿Adónde me llevas divino toro? ¿Quién eres? (…) ¿Acaso eres algún dios? (…) ¡Ay, desdichada de mí! ¡He abandonado las moradas de mi padre, y he seguido a este toro, y voy errante y solitaria en tan extraña navegación! ¡Oh tú que conmocionas la tierra y mandas en el blanco mar, ven en mi ayuda! (…)

Y el toro de grandes cuernos le respondió:

–Tranquilízate, virgen, y no temas a las olas marinas. Soy el propio Zeus, aunque parezca un toro, pues puedo tomar la forma que me plazca. El amor que por ti siento me ha impulsado a surcar un mar tan largo, bajo la forma de un toro, y pronto va a recibirte Creta. Ella es quien me ha criado, y allá se celebrarán tus bodas. De mí concebirás ilustres hijos que entre los hombres han de ser reyes portadores de cetros.4



El rapto de Europa, Antonio Carracci, 1602.

En la isla de Creta consumarían su unión de la que nació Minos, además de sus hermanos, Radamantis y Sarpedón.

Tiempo después Asterión desposó a Europa y reinó en Creta. A su muerte, al no dejar descendencia, Minos quiso gobernar la isla, manifestando que era la voluntad de los dioses que así fuera. Y para demostrarlo éstos le concederían aquello que Minos les solicitase. Mientras realizaba un sacrificio en honor a Poseidón, pidió al dios que saliera del mar un toro al que inmolaría por ello. Poseidón hizo surgir del fondo del mar un toro blanco magnífico, de una gran belleza. Minos no lo sacrificó, inmolando, en su lugar, a otro de su propia manada. Poseidón irritado por esta acción, desató en Pasifae “la que brilla para todos”, y esposa de Minos, una pasión irresistible hacia el toro de Poseidón. Pasifae pidió ayuda a Dédalo, quien le fabricó una vaca de madera a la que cubrió con una piel, vaciándola, para que Pasifae pudiera introducirse en su interior y engañar de este modo al toro, de cuya unión contranatura nacería el famoso Minotauro.



Dédalo y Pasífae, Jean Lemaire. Siglo XVII, Museo del Louvre.

Minos, advertido por ciertos oráculos, lo encerró y lo mantuvo custodiado en el laberinto, construido por Dédalo; era un recinto de complicados ambages, que confundían la salida.5



El minotauro en el Laberinto, mosaico Romano,
Conímbriga, Portogallo.

Vinculado a la idea de “perderse para encontrarse”, el recorrido por el laberinto está relacionado directamente con el proceso iniciático. Un viaje hacia el centro, en el que con valentía y amor, y guiados por el rito de la concentración y el estudio de la ciencia sagrada, hay que estar dispuesto a enfrentar todo tipo de luchas internas y externas necesarias para vencer nuestras densidades y flaquezas, nuestras dudas e ignorancia. Un peregrinaje que no está exento de riesgos, y peligros de todo tipo además de innumerables sacrificios, por lo que siempre se ha visto a la iniciación como una gesta heroica. Estas pruebas, vividas como muertes y renacimientos, son verdaderos ritos catárticos y purificadores, que avivan nuestro fuego interno, necesario para superar las limitaciones propias de lo humano sin desfallecer.

En el centro del laberinto cretense se encuentra el Minotauro custodiándolo. Este monstruo con cabeza y cola de toro y cuerpo de hombre es un símbolo del ‘caos’ y de las pasiones inferiores a las que tuvo que enfrentarse el héroe Teseo, como todo iniciado, para vencerlas; energías que para que no se desboquen, debemos ponerlas a nuestro favor, sin identificarnos con ellas, tampoco negándolas, sino domándolas y encauzándolas, utilizando su empuje hacia un sentido superior. Es imprescindible mantenernos concentrados y asidos al Eje, redoblar constantemente nuestra entrega incondicional hacia la Verdad, despertadora de la luz de la Inteligencia, que da cabida a la vivencia de estados cada vez más luminosos y universales que promueven la unión de los opuestos, impulsando al alma hacia la Unidad del Ser. La llegada victoriosa al centro, simbolizado por la isla o continente mítico de los orígenes, puede abrir la brecha para ser jalados hacia el Misterio; las tinieblas más que luminosas del No-Ser.


El Minotauro, Museo Arqueológico Nacional de España.

De hecho, casi todos los héroes y dioses solares y civilizadores vencen a las potencias de las tinieblas y del caos (representadas en todos los mitos por las entidades ctónicas y telúricas como los Titanes, los dragones o las serpientes) ayudados con espadas, o con cualquier otra arma semejante, como la lanza, las flechas, el hacha simple o de doble filo. En este sentido, todas éstas son armas que tradicionalmente se han asociado al rayo y a la luminosidad fulgurante del relámpago, es decir que tienen una conexión directa con el simbolismo de la luz, entendida como una energía esencialmente fecundante, al mismo tiempo que destructora de todo lo que se opone a lo superior, es decir la oscuridad tenebrosa y la ignorancia.6

La espada puede ser considerada, de modo general, como un arma de doble filo; pero un ejemplo aún más notable es el de la doble hacha, que pertenece en particular al simbolismo egeo y cretense, o sea prehelénico. El hacha es especialmente un símbolo del rayo y por lo tanto, a este respecto, un equivalente estricto del vajra y la comparación de estas dos armas muestra, por consiguiente, la identidad profunda de las dos formas de simbolismo mencionadas, la de las armas de doble filo y la de las armas de doble punta. En cuanto a las armas de doble filo, donde la dualidad está marcada en el mismo sentido del eje, debe verse en ello una alusión más directa a las dos corrientes representadas de otro modo por las dos serpientes que se enroscan en torno del bastón o caduceo; pero como esas dos corrientes inversas están respectivamente en relación con los dos polos y los dos hemisferios, se ve inmediatamente que en realidad los dos simbolismos coinciden.7



Pithos, Cerámica minoica, Kamarés.
Museo de Heraklion, Creta.

El recorrido por el laberinto es análogo al “viaje post mortem”. “Guiados por Hermes viajan los muertos hacia su verdadera morada”. El dios Hermes, mensajero y psicopompo, es el guía que nos conduce y protege en esta senda, que es la vida, con sus luces y sombras, y preside los ritos en los que con furor se canta e invoca sin cesar la gracia de las deidades, en el centro oculto y secreto, donde se unen los contrarios y se resuelven las contradicciones, propiciando el vuelo vertical que las alas del dios promueven.



Hermes. Moneda cretense, Sybritta.

Teseo, fiel a la promesa que hizo a Ariadna de unirse a ella llevándosela consigo a Atenas si salía victorioso del laberinto, cumple con su cometido. Los amantes abandonan Creta y se embarcan rumbo a la patria de Teseo. Durante la travesía hacen escala en la isla Dia, la actual Naxos y mientras Ariadna duerme, Teseo la abandona partiendo en su navío sin ella. Ariadna tuvo que enfrentarse al abandono de su amante humano, desapegándose. Y es entonces, cuando una vez desprendida de todo anhelo humano, por obra de Afrodita, irrumpe Dioniso, el dios del vino, el éxtasis y el furor mistérico, cuyo vuelo arrebatador rapta a Ariadna, cumpliéndose finalmente su más alto destino al entregarse y unirse al inefable y glorioso Dioniso, cuyas nupcias sagradas la impulsan hacia el firmamento convertida en luminaria celeste.

Dioniso, de dorada cabellera, tomó por floreciente esposa a la rubia Ariadna, joven hija de Minos, y Zeus la hizo inmortal y exenta de vejez.8



Triunfo de Baco y Ariadna, Annibale Carracci, Palacio Farnesse.

Ella está llamada a las sublimes cimas del Olimpo. Dioniso se presenta a ella, y le va a hablar: vas a ser la esposa de Baco. Recibe el cielo como regalo, en el cielo se te contemplará convertida en astro, la Corona de Creta orientará muchas veces al navío perdido.9

Cuando los dioses festejaban la boda de Dioniso y Ariadna en la isla de Dia, la novia se coronó con ella tras haberla recibido como regalo de las Horas y Afrodita.(…) La Corona posee nueve estrellas dispuestas en forma de círculo; de ellas son muy brillantes las tres que están frente a la cabeza de la serpiente que se encuentra entre las dos Osas.10

El legendario laberinto, que Dédalo construyó en Creta, a petición del rey Minos, ha pasado a ser el prototipo de los laberintos en Occidente. Perpetuado en nuestra cultura a través de la Tradición Hermética, lo vemos representado en el arte, en muchas de sus facetas, como un símbolo revelador que ejemplifica la aventura en pos del Conocimiento del Sí mismo.


      
a) Grabado de Boethius von Bolswart (1580-1634) en Pia Desideria de Hugo Hermann, 1624.
b) Girolano Rusucelli, Le imprese ilustre, 1584.

Es importante destacar que en muchas iglesias medioevales figuraba un laberinto (como en Chartres, en medio del cual aparecía antiguamente el combate entre Teseo y el Minotauro) que recorrían de forma ritual todos aquellos que, por una u otra razón, no podían cumplir su peregrinaje al centro sagrado de su tradición (por ejemplo Santiago de Compostela, o Jerusalén), el que era considerado un sustituto o reflejo de la verdadera "Tierra Santa", donde los conflictos y luchas han finalizado, posibilitando así el ascenso por los estados superiores hasta lograr la salida definitiva de la Rueda del Mundo.11

El laberinto cretense es el palacio de Minos, nombre idéntico al de Manu, y designación, por lo tanto, del legislador primordial.12


      
a) Laberinto, Catedral de Chartres, Francia.
b) Laberinto, Creta. Athanasius Kircher, 1679.

El título de “Rey del Mundo”, tomado en su acepción más elevada, más completa y al mismo tiempo más rigurosa, se aplica con propiedad a Manu, el Legislador Primordial y universal, cuyo nombre se reencuentra, bajo formas diversas, en un gran número de pueblos antiguos; recordaremos solamente en este sentido al Mina o Ménes de los egipcios, al Menw de los celtas y al Minos de los griegos. (…) Entre los griegos Minos era a la vez el Legislador de los vivos, y Juez de los muertos. (…)

Por otra parte, lo que interesa esencialmente destacar aquí, es que este principio puede ser manifestado por un centro espiritual establecido, en el mundo terrestre, por una organización encargada de conservar integralmente el depósito de la tradición sagrada, de origen “no-humano” (apaurushêya), según la cual la Sabiduría primordial se comunica a través de las edades a aquellos que son capaces de recibirla. El jefe de tal organización, representa en cierto modo al mismo Manu, podrá legítimamente llevar el título y sus atributos; y asimismo, por el grado de conocimiento que debe haber alcanzado para poder ejercer su función, se identifica realmente con el principio del cual es como la expresión humana, y frente al cual su individualidad desaparece.13

Un centro del género de los que acabamos de hablar existía en Creta en la época prehelénica, y parece que Egipto haya contado con varios de ellos, probablemente fundados en épocas sucesivas, como Menfis y Thebas. Se ha visto que Delfos había desempeñado este papel en Grecia.14



Fresco de la Procesion, Palacio de Cnosos, Creta.

Homero nos habla de Minos en su Odisea como Juez de los muertos:

Allí vi sentado a Minos, el brillante hijo de Zeus, con el cetro de oro impartiendo justicia a los muertos. Ellos exponían sus causas a él, al soberano, sentados o en pie, a lo largo de la mansión de Hades de anchas puertas.15



Procesión de sacerdotisas, Cnosos, Creta.

Y Platón se refiere a él como Legislador:

SÓCRATES. Y bien, ¿quién pasa entre los antiguos reyes por un excelente legislador, y cuyas leyes subsisten aún hoy gracias a su perfección?
EL AMIGO. No lo sé.
SÓCRATES. ¿No sabes cuál es el pueblo griego que tiene las leyes más antiguas?
EL AMIGO. ¿Quieres hablar de los lacedemonios, o de Licurgo, su legislador?
SÓCRATES. Esas leyes no tienen más que trescientos años, o quizá un poco más. Pero las mejores de esas leyes ¿de dónde proceden? ¿Lo sabes?
EL AMIGO. Se dice que vienen de Creta. (…)
SÓCRATES. Homero, hablando de Creta, de sus numerosos habitantes y de sus noventa ciudades, dice: “Entre ellas esta Cnoso, la gran ciudad, donde Minos reinó nueve años en familiaridad con el gran Júpiter”.
El hecho de que Homero no haya concedido a ningún otro de sus héroes este honor de ser instruido por Júpiter, constituye un elogio admirable. En la bajada a los infiernos en la Odisea, Minos es el que Homero presenta juzgando con un cetro de oro en las manos, y no a Radamanto. En este pasaje, no sólo no hace a Radamanto juez de los infiernos, sino que en ninguna parte lo presenta como discípulo de Júpiter. Por todas estas razones me atrevo a decir, que Minos es el héroe que Homero ha alabado más. Hijo de Júpiter, educado por él mismo, ¿no es esto el colmo del elogio? (…) Hesíodo dice poco más o menos lo mismo de Minos. Después de haber citado su nombre, añade: “Era el rey más de verdad entre todos los reyes mortales. Reinó sobre la multitud de los hombres que le rodeaban con el cetro de Júpiter en la mano. Y con este cetro gobernaba los Estados”. El cetro de Júpiter no es otra cosa, en el pensamiento de Hesíodo, que la educación que Minos recibió de este dios, y que le permitió gobernar a Creta con tanta sabiduría.16



Tetradracma batido en Cnossos entre 200-67 a. de C. Minos y laberinto.

Y también Plotino:

El alma debe apartarse del mundo exterior y volverse enteramente hacia su interioridad. No se inclinará ya hacia las cosas de afuera, sino que se mostrará ignorante de todo y, antes de nada, se preparará para la contemplación, alejando de ella toda idea y desconociendo incluso ese trance de la contemplación. Luego de haber consumado la unión y de haber tenido con el Uno el trato suficiente, el alma deberá ir a anunciar a los demás seres, si realmente le es posible, ese estado de unión a que ha llegado (tal vez por haber resultado Minos de una unión semejante se le ha llamado “el confidente de Zeus”, pues llevado de este recuerdo instituyó leyes que son como su imagen, justificadas por él plenamente por ese contacto con la divinidad); o si es que no juzga ya dignas de sí las ocupaciones políticas, que permanezca, si lo prefiere, en la región celeste, como haría cualquiera que hubiese contemplado mucho.17

El Himno Homérico a Apolo pítico, da testimonio de que fueron cretenses los primeros pobladores que llegaron a Delfos, como oficiantes, para celebrar su culto, cuando Apolo decidió erigir su santuario en la rocosa Pito. Este mito nos habla una vez más de la entrega incondicional de la que fueron capaces aquellos hombres, que ante la sorprendente irrupción de la deidad, lo abandonaron todo, sin mirar atrás, y por Amor se abrieron a los designios del resplandeciente Apolo, dios hiperbóreo que marcaría su destino providencial.

Mientras le daba vueltas a esta idea vio sobre el vinoso ponto un raudo bajel. En él había muchos y valerosos hombres, cretenses, de la minoica Cnoso que celebran los ritos en honor del Soberano y anuncian los oráculos de Febo Apolo, el del arma de oro: todo lo que diga vaticinando desde el laurel, al pie de las  gargantas del Parnaso…
Ellos, por su negocio y ganancias navegaban en una negra nave hacia Pilos, la arenosa, y los hombres nacidos en Pilos. Mas les salió al encuentro Febo Apolo. Se lanzó por el mar, asemejando su cuerpo a un delfín, sobre el raudo bajel y quedó tendido en él, prodigio grande y espantoso (…) Así que ellos permanecían en la nave en silencio, atemorizados (…)18



Delfos, Oráculo. Grecia.

Mientras, la nave surcaba los mares prodigiosamente sin el gobierno de aquellos hombres, navegando bajo los designios del dios, pues, “con el soplo del viento, el Certero Soberano Apolo, la dirigía con facilidad”, atravesando todo el Peloponeso hasta que el barco arribó a Crisa, tierra de viñedos donde finalmente desembarcaron.


a) Moneda griega con Apolo sobre Omphalos.
b) Omphalos, Delfos. Grecia.

–Extranjeros, que antes habitabais Cnoso, la bien arbolada, pero que ahora no os veréis ya más de regreso a tan encantadora ciudad, cada uno a sus hermosas moradas y con sus amadas esposas, sino que aquí ocuparéis un espléndido templo, el mío, honrado por numerosos hombres. Yo soy el hijo de Zeus, Apolo me glorío de ser. A vosotros os traje aquí por cima de la gran hondura de la mar sin albergar malas intenciones, sino que aquí ocuparéis un espléndido templo, el mío, muy honroso para los hombres todos; conoceréis las determinaciones de los inmortales y por la voluntad de éstos seréis por siempre continuamente honrados por el resto de vuestros días.19


Fresco de Delfines en Cnosos, Creta.

Toda esta simbólica, como vemos, manifiesta la importancia que tuvo esta isla Mediterránea, llamada a ser un centro espiritual; a través de su ubicación central en el mar y su gran flota marina, se pudo conectar con todas las grandes culturas en las que ha dejado su impronta, irradiando su luz, especialmente en la Grecia clásica que ha sido su gran heredera.

Creta, isla dichosa, resplandeciente, mágica y sagrada, muy colorida, que rezuma alegría. Tierra fértil y fecunda, misterioso habitáculo de la Gran diosa, (de la que hablaremos en la continuación de este escrito). En tu seno han nacido y vivido dioses y diosas muy cercanos y familiares, guías en este viaje, a los que hemos cantado e invocado con ardor. También ilustres legisladores, reyes y reinas, sacerdotisas y sacerdotes además de héroes que se han deificado. Ideas-fuerza salvíficas capaces de regenerar al cosmos –que fecundaron a esta isla y sus parajes, tan secretos y llenos de vida, donde montañas de altura, cuevas, grutas y palacios-templos han sido lugares ancestrales de ritos e iniciaciones– y a todos aquellos corazones que se abren a su influjo, haciendo posible que el mito se encarne.



Amaltea amamantando a Zeus niño, British Museum.

(Continuará)


NOTAS.
1 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: Creta. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
2 Homero, Odisea, canto XIX. Ed. Colección biblioteca clásica, Madrid, 1982.
3 Federico González y colaboradores, Introducción a la Ciencia Sagrada: Programa Agartha. Revista SYMBOLOS nº 25-26, Barcelona, 2003.
4 Hesíodo, Teogonía. Editorial Porrúa, México, 1982.
5 Apolodoro, Biblioteca III. Ed. Gredos, Madrid, 1985.
6 Federico González y colaboradores, Introducción a la Ciencia Sagrada: Programa Agartha. Op.cit.
7 René Guénon, Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, cap. XXVI: Las armas simbólicas. Ed Eudeba, Buenos Aires, 1988.
8 Hesíodo, Teogonía. Op.cit.
9 Ovidio, Arte de Amar I, 555 ss. Ed. Hiperión, Madrid, 1999.
10 Eratóstenes, Mitología del Firmamento. Editorial Alianza, Madrid, 2007.
11 Federico González y colaboradores, Introducción a la Ciencia Sagrada: Programa Agartha. Ibid.
12 René Guénon, Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, cap. XI: Los guardianes de tierra santa. Op.cit.
13 René Guénon, El Rey Del Mundo, cap. II: Realeza y pontificado. Ed. Ediciones Fidelidad, Buenos Aires, 1985.
14 Ibid. Cap. XI: Localización de los Centros espirituales.
15 Homero, Odisea, Canto XI. Op. cit.
16 Platón, Obras completas: Minos. Editorial Medina y Navarro, Madrid, 1872.
17 Plotino, Eneadas, VI, 7. Ed. Biblioteca Clásica Gredos, Madrid, 2008.
18 Homero, Himnos Homéricos, Ed. Gredos, Madrid, 1978.
19 Ibid.

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