SYMBOLOS
Revista internacional de
Arte - Cultura - Gnosis
 

BABILONIA, CIUDAD PURA

ANA CONTRERAS

Enuma Elish, Poema babilónico de la Creación



Sello representando la victoria de Marduk sobre Tiamat.

El Enuma Elish o Poema babilónico de la Creación, narra el mito de la Creación babilónico poniendo especial énfasis en Marduk, dios patrón de Babilonia. Su nombre repite su primer verso que significa “Cuando en lo alto”. Es también conocido como Las siete tablillas de la Creación, número significativamente presente en la cultura mesopotámica y que signa también la Creación del Génesis bíblico.

Las tablillas de barro sobre las que ha sido copiado una y otra vez durante siglos han sido halladas en diferentes excavaciones en las ciudades más importantes de Asiria y Babilonia, y suelen datar de alrededor del 1200 a. C., aunque en ellas se indica que son todas copias de versiones mucho más antiguas del mito, anteriores a 1750 a. C. Al no haberse encontrado una serie completa, se ha tenido que reconstruir el texto a base de los fragmentos hallados, muchos de los cuales son meros ejercicios de aprendices escribas.

La tablilla I inicia con la Teogonía. Al principio de los tiempos, sólo había Caos, un Caos acuoso indiferenciado del que surge la primera pareja divina: Apsu y Tiamat. Apsu, dios de las aguas dulces, representa el principio masculino; Tiamat, diosa de las aguas saladas, el principio femenino. Ambos darán nacimiento a Lahmu y Lahamu. Seguidamente nacerán Anshar y Kishar, quienes a su vez engendrarán a Anu, dios supremo del panteón sumerio-acadio. Ésta se corresponderá con una primera generación de dioses a la que sigue el nacimiento de Nudimmud, epíteto de Enki/Ea, hijo de Anu, cuyo papel es clave. Enlil, el otro hijo de Anu, es prácticamente ignorado en el poema, que se va revelando así como la exaltación de Marduk, hijo de Enki/Ea, cuyos atributos heredará su hijo:

Nudimmud era el maestro de sus padres:
de profundo juicio, sabio, extremadamente fuerte;
era mucho más poderoso que su abuelo Anshar,
no tenía igual entre los dioses, sus cofrades.1

A raíz de la nueva generación de dioses da comienzo un conflicto entre los antiguos y los jóvenes dioses. El conflicto estalla cuando el ruido originado por los dioses jóvenes no deja descansar a los antiguos. Apsu decide, apoyado por su ministro Mummu, eliminarlos, a lo cual se niega como matriarca Tiamat. En ese momento entra en escena Ea, quien destaca por su inteligencia y su astucia adelantándose a los acontecimientos. Tras concebir, planear y ejecutar “un plan maestro”, acaba mediante un conjuro con la vida de Apsu, se hace con su residencia –a la cual llama también Apsu–, donde se instala con su esposa Damkina. Y es en el Apsu, “santuario de los destinos”, donde es concebido Marduk:

En el santuario de los destinos, la celda de los Planes (divinos),
el más sabio entre los sabios, el más experto entre los dioses,
Bel,2 fue engendrado,
en el interior del Apsu, fue creado [Mar]duk;
en el interior del sagrado Apsu, fue creado [Marduk].3

Bel-Marduk “llena de júbilo” con su brillo a Anu. A partir de ahí, Enki/Ea aprovechará para promover a su hijo como dios supremo del panteón. Marduk pertenece pues a otra generación de dioses,4 la cual por otra parte no tardará en encolerizar esta vez a Tiamat, a quien además recriminan los antiguos no haber evitado la muerte de Apsu. Ésta decide finalmente vengar a su esposo y crea una hueste de monstruos para acabar con los jóvenes dioses. Pone al frente a su amante Kingu, a quien otorga el trono y con ello el gobierno de todos los dioses, incluido Anu.

En la tablilla II, Ea descubre los planes de Tiamat y pone al corriente a su abuelo Anshar, quien le dice que, como responsable de lo sucedido, debe asumir sus actos e ir a hablar con ella. Ea reacciona con prudencia y se declara incapaz ante su abuelo. Anu tampoco se ve capaz de confrontarla, y así ocurre con todos los dioses. Ea habla entonces con su hijo, Bel-Marduk, el valiente, quien se ofrece para luchar contra Tiamat. Éste, quien ha heredado de su padre su inteligencia y astucia, propone a cambio ser él quien decide los destinos en asamblea “mediante su palabra”.

En la tablilla III básicamente Anshar convoca a todos los dioses y manda a través de su visir, Kaka, un mensaje a sus mayores informando de la situación. Se prepara la batalla por parte de una Tiamat “furiosa y rabiosa” y sus temibles monstruos liderados por Kingu. Los dioses aceptan el ofrecimiento de Marduk y deciden el destino de su “vengador”.

En la tablilla IV tendrá lugar el combate, que se saldará con la victoria de Marduk sobre Tiamat. Al principio, tras serle adjudicado “un sitial principesco” frente a sus padres, se encuentran unos versos curiosos, y del hecho que el 4 sea el número de Marduk se desprende la importancia de lo que dice esta tablilla:

Pusieron una constelación entre ellos,
a Marduk, su primogénito, le dijeron:
“Que tu destino, oh Bel, sea igual al de los dioses,
ordena la destrucción y la creación, que así sea.

Que según tu orden, sea destruida la constelación,
da la orden de nuevo y la constelación estará intacta”.
Dio la orden y la constelación fue destruida,
dio la orden de nuevo y la constelación fue creada otra vez.5

Ésta fue la prueba tras la cual los dioses lo reconocen como rey, le adjudican el cetro, el trono y la vara y le dan un arma todopoderosa. Bel-Marduk asume un papel axial, simbolizado por dichos atributos, en el que se conjugan y armonizan las dos corrientes cósmicas:

Los dioses, sus padres, decidieron el destino de Bel:
le hicieron tomar el camino, la senda de la bondad y la armonía.6

Reanudando la batalla contra Tiamat, el dios dispone de todo un arsenal entre el cual destacan los vientos, en número de siete, y cuatro corceles, “entrenados para destruir” que recuerdan a los cuatro jinetes del Apocalipsis.7

Se insiste en que, cuando ambos están listos para entrar en combate, todos los dioses rodean a Marduk:

En ese preciso momento, los dioses le rodearon; le rodearon,
los dioses; sus padres le rodearon; los dioses le rodearon.8

El dios descubre entonces el plan de Kingu:

Bel se acercó e inspeccionó el interior de Tiamat,9
descubrió el plan de Kingu, su marido.10

A raíz de lo cual Tiamat empieza a proferir “mentiras y falsedades”. Marduk observa cómo, aunque aparentemente “calma en la superficie”, “su corazón planea la pelea”. Con su Sabiduría y su Inteligencia traspasa las apariencias. Desenmascara sus tretas y les pone nombre, lo cual provoca el desquicie de Tiamat.

Empieza la batalla y Marduk acabará venciéndola al envolverla con una red e introducirle por la boca los vientos, regalo de su abuelo. Con una flecha le parte el vientre y el corazón, matándola y provocando la huida de todos sus monstruos, quienes sin embargo, atrapados por la red no pueden escapar y son encerrados en prisión. Da muerte también a Kingu, a quien arrebata las tablillas de los destinos, las cuales vuelve a sellar y custodiar. Se dirige a continuación hacia Tiamat, pisa su parte inferior y “machaca su cráneo”, y tras haber acabado con ella descansa. De su cuerpo, hace dos partes. Con una techa el Cielo y hace una réplica del Apsu. Replica de modo análogo también los planos intermedios, “acomodando a Anu, Enlil y Ea en sus santuarios”.

La tablilla V habla de la creación del universo y del orden que va estableciendo Marduk en el Cielo, fijando los ciclos conforme a las órbitas de los astros y constelaciones. Determina también los ciclos de la Luna y el Sol y su interrelación; aprovecha la baba de Tiamat para controlar los fenómenos atmosféricos; de sus ojos hace salir el Tigris y el Éufrates.

En un momento dado el poema habla de una “Gran Cuerda”:

Torció su cola [de Tiamat], la ató con la “Gran Cuerda”...11

de la cual la edición de J. Bottéro y S. N. Kramer ofrecen otra traducción: el “Gran Cable”. En todo caso, la función de “Gran Cuerda” o “Gran Cable” es la de religar a modo de Eje los tres planos del Universo, Cielo, Tierra y Apsu:

Por último él dobla su cola y la ata [al] Gran Cable
Bajo el cual ... [Él ...] el Apsu.
[Prepara la gr]upa de Tiamat para sostener el cielo
Y techa [su otra mitad (?)] para consolidar la Tierra.
(Su) obra [así rematada], él la equilibra (?) en el interior de Tiamat;
[Después, desplegando su red, él la desenvuelve por todas partes,
Formando, así, una [envoltura] (?) para el cielo y la tierra,
Y asegurando [perfecta]mente (?) [...] su cohesión (?).
De inmediato, él traza las reglas del curso perfecto de las cosas
Y dispone sus estatutos de funcionamiento:
Establece los Poderes delegados de los dioses e inviste con ellos a Ea,
Muestra la [Tablilla de los De]stinos que había confiscado a [Qi]ngu
Y (la) coge para ofrecer(la) a Anu como primer regalo de bienvenida.12

Tiamat es integrada al Todo al ser atada por la cola a la “Gran Cuerda” o “Cable”.13 Con cada una de sus partes, Marduk va modelando y al mismo tiempo equilibrando aquel espacio que envuelve con la propia red con la que venció a Tiamat, cohesionando el todo, uniendo en definitiva lo disperso. Y es en ese espacio delimitado y dotado de equilibrio donde establece las leyes para su sostén o conservación, pasando así con esta tablilla de su aspecto destructor al constructor y ordenador, transmutando en todo momento la fuerza del enemigo como cuando coloca los monstruos de la diosa en la puerta del Apsu, a modo de recordatorio y como signo de los tiempos:

Que en el futuro esto no se olvide, que ella sea el signo.14

En relación a esta idea, cada año es ritualizado el combate entre Marduk y Tiamat durante la Celebración de Año nuevo, fiesta que tuvo que ver en su forma arcaica con el agro y por extensión con el simbolismo de la cizaña, sobre la cual dice el Programa Agartha:

Para la economía divina, que se expresa como orden cósmico, el bien y el mal [...] suponen una dualidad fundamental e imprescindible, dejando entrever por ello mismo la idea de la unidad o equilibrio conciliador de los opuestos […]15

La cizaña es parte del Juego cósmico. Va creciendo y cada año debe ser cortada con la espada de la Inteligencia –atributo de Marduk junto con la Sabiduría–, capaz de discriminar entre el bien y el mal, análogos respectivamente a la Verdad y la falsedad, que debe ser desenmascarada. Y sigue la cita:

Pero es importante el no olvidar que ello debe hacerse amparados en la Doctrina y la Tradición, que actúan a modo de enmarque protector (sagrado). Sólo así lo inferior podrá ser canalizado, purificado y transmutado (por el fuego sutil) en un elemento superior, que en la parábola [evangélica] queda ejemplificado por la dorada espiga de trigo, fruto que simboliza el estado de regeneración iniciática y espiritual.16

Una regeneración que es precisamente el objetivo de la fiesta de Año nuevo, de la que se hablará más adelante.17

A continuación, todos los dioses reconocen a Marduk como su rey y éste se reviste con los atributos del rey. Le otorgan el título de Lugaldimmerankia, que significa en sumerio “El rey de los dioses del cielo y la tierra”. Con estas palabras anuncia por primera vez el nombre de Babilonia, y en cuya creación está implícita la de la Tierra:

Cuando subáis a la asamblea desde el Apsu,
que sea éste el lugar de vuestro descanso nocturno antes de la asamblea,
cuando desde el cielo bajéis a la asamblea,
que sea éste el lugar de vuestro descanso nocturno antes de la asamblea.

Yo quiero pronunciar su nombre: [Babilon]ia, “Las Casas de los Grandes Dioses”.18
En su interior celebraremos un festival, el de la tarde.19

Babilonia se plantea como un lugar a medio camino entre el Cielo y el Apsu para el descanso nocturno, donde les traerán sus ofrendas regulares. Todo ello les llena de alegría.

La tablilla VI empieza diciendo:

Cuando Marduk escuchó el discurso de los dioses,
tuvo el deseo de hacer prodigios.20

Uno de esos prodigios es la creación del hombre21 con el claro propósito que éste haga el trabajo de los dioses y éstos puedan descansar, para lo cual es asistido por Ea. Éste propone sacrificar a uno de los dioses, no a cualquiera sino al culpable, al incitador, Kingu, para poder formar a la humanidad, que es creada con su sangre, y así:

Después que Ea, el sabio, crease la humanidad,
Les impuso las obligaciones de los dioses.22

La humanidad es creada con sangre divina pero también con Sabiduría. Sigue diciendo el poema:

Esta obra sobrepasa toda comprensión, Nudimmud lo creó gracias a los prodigios de Marduk.23

A continuación Marduk dividió a los dioses, trescientos arriba, en el Cielo, y trescientos abajo, en la Tierra; como guardianes, seiscientos en total. Los dioses, agradecidos, proponen hacer “un santuario de gran renombre”:

... que tu cella sea el lugar de nuestro descanso nocturno, en su interior estaremos tranquilos.24

Marduk los incita con entusiasmo a construir la Babilonia celeste que será el prototipo de la Babilonia terrestre. Su construcción celeste se ciñe a la construcción del templo, morada de los dioses:

Al llegar el segundo año,
levantaron la cabeza del Eságil, una réplica del Apsu,
construyeron el gran zigurat del Apsu,
lo establecieron como morada para Anu, Enlil, Ea y para él.25

El E-sagil es la “Casa cuyo Techo es Alto”, réplica del Apsu, así aparece descrito etimológicamente el templo en el Tintir.26 El zigurat al que se refiere el poema es el E-temen-anki, referido asimismo en el Tintir como “Casa Plataforma de Fundamento del Cielo y el Inframundo”, réplica del E-šarra. Se trata sobre ambos ampliamente en el apartado “Babilonia, Ciudad pura”.

Una vez dispuesto el recinto sagrado, celebran un banquete y hacen una ofrenda “en el majestuoso Eságil”, y a continuación:

Establecieron las directrices, la totalidad de los planes,
todos los dioses distribuyeron las posiciones del cielo y la tierra.
Los cincuenta grandes dioses se aposentaron,
los siete dioses de los destinos fueron designados para decidir.27

Anu hace sentar a Marduk en su trono y los dioses se postergan ante él, confirmándolo como “Señor de los dioses del cielo y de la tierra”. Anshar le concede el excelso nombre de Asaluhi.28 Él es el que crea y destruye, que perdona y castiga,29 conjugándose en él los contrarios a partir de su Sabiduría. Siguen algunos de sus nombres de poder que los dioses prometen exaltar.

En la tablilla VII continuan revelándose sus nombres, hasta 50, con los que los dioses, al pronunciarlos, enaltecerán su condición. Al final, Ea dice:

¡Sí! Aquél cuyos padres han glorificado su nombre,
él es como yo: que Ea sea su nombre.
Que administre el cumplimiento de todos mis cultos,
que organice toda mi sabiduría.30

Es también presentado como el juez supremo:

Su corazón es insondable, su interior inconmensurable,
ante él se presenta el crimen y el pecado.31

Y finalmente acaba el poema con estas palabras:

Aquí está la oda de Marduk,
[aquél que] sometió a Tiamat y tomó la realeza.32

Marduk, como joven dios que viene a reemplazar el antiguo panteón mesopotámico, aporta dinamismo introduciendo el concepto de cambio y mutabilidad al universo a través de la creación del hombre, sujeto a la muerte. A pesar de ser mortal, su tarea es la de asistir a los dioses en el mantenimiento de su Creación.

Babilonia, ciudad pura



Sello representando la derecha a Marduk sobre su dragón Mušuššu,
y a la izquierda a su hijo Nabû sobre Mušuššu.

Cuando Anu, el Altísimo, Rey de los Annunakis, [y] el divino Enlil, señor de los cielos y la tierra, que prescribe los destinos del País, le otorgaron al divino Marduk, al hijo primogénito del dios Ea, la categoría de Enlil de todo el pueblo [y] lo magnificaron entre los Igigus...33

Marduk precisaba del beneplácito de los grandes dioses para fundar Babilonia, y esto no se hizo esperar. Así se hizo posible su Utopía, previa cesión de poderes por parte de Enlil, dios patrón de Nippur, la ciudad-estado que detentaba el poder religioso,34 y Babilonia se convertiría en el Centro del Mundo.

Hasta entonces –hablamos del tercer milenio a. C.–, no fue sino una población más en la vasta llanura mesopotámica. Y lo mismo puede decirse de Marduk, un joven dios más del extenso panteón sumero-acadio a la sombra de la gran tríada formada por Anu, Enlil y Enki. Sin embargo, tanto a él como a su ciudad, inseparables, les esperaba un esplendor nunca visto antes en la Antigüedad, según han dejado constancia los historiadores de la época, y durante el segundo milenio, Babilonia se convertiría en la capital política de un vasto imperio apadrinado y alentado por su dios tutelar y artífice. Ello coincidió con la llegada del rey Hammurabi, quien reinó entre 1792 y 1750 a. C., fundando la primera Dinastía Babilónica y el Imperio Babilónico. A partir de entonces, Marduk iría ascendiendo hasta el escalafón más alto del panteón:35

¡Marduk, eres el más eminente entre los grandes dioses,
tu destino no tiene parangón, tu palabra es como la de Anu!36



Representación de la estatua de Marduk
con su dragón Mušuššu.

Pero, como hemos visto en el apartado anterior, antes de hacerse en la Tierra, todo se hizo en el Cielo. Para Sumer y Acad los asuntos terrestres eran reflejo de los celestes y los dioses gobernaban desde arriba fijando los destinos en sus asambleas. La Historia y la Geografía sagradas de Babilonia, la ciudad pura, enraízan profundamente en el mito.37


* * *

Babilonia, lugar puro,
morada amada de Marduk,
concebida en el corazón del Cielo.

Cuando Marduk piensa en ella, se le ilumina el rostro. La ha gestado en su corazón para disfrute propio y el de todos los dioses, que podrán celebrar allí sus fiestas. Y ahora, reunidos todos en asamblea y deseosos de complacerle, le confieren plenos poderes y lo reconocen como su “rey total”. Con él empezará un orden nuevo.

Da comienzo el Relato babilónico de la Creación del mundo por Marduk con un conjuro: “El templo puro, el templo de los dioses, todavía no estaba construido en un lugar puro”38. Eso era cuando “todos los países aún eran mar”39...

Entonces Eridu40 fue construida, el Eságil41 fue construido,
[es el Eságil], que Lugaldukuga42 fundó en medio del Apsu.43
Babilonia fue construida, el Eságil fue completado,
hizo a los Annunaku del mismo modo
y la llamaron con pompa: “La ciudad pura, la morada amada de su corazón”.44

La relación de Babilonia con Eridu tiene que ver con el simbolismo del Centro. Eridu fue, según el mito, la primera ciudad creada. A raíz de ello, pasó a ser una forma erudita de referirse a Babilonia ya desde muy antiguo, hasta el punto que ambas ciudades llegaron a identificarse como un mismo lugar, surgido de las Aguas, que pasó a simbolizar la misma ciudad primigenia. Babilonia era una proyección de Eridu como Centro del Mundo, tomando el relevo como centro sagrado al convertirse en la morada escogida por el nuevo rey de los dioses, Marduk.45

Es más, el distrito donde se hallaba el recinto sagrado que incluía los templos principales tenía por nombre Eridu; y dentro del complejo del Eságil, al borde del Éufrates, se encontraba el Ekarzaginna, el templo de Ea.

La identificación entre ambas ciudades trae también a colación una conexión a nivel cosmológico entre Babilonia y la puerta del Apsu. Eridu, ciudad sagrada de Enki/Ea, “Señor de las Aguas”, albergaba un templo, el “Templo [o casa] de las Aguas Profundas”, E-abzu en sumerio o bitū apsu en acadio.46 Asimismo, en Babilonia se hablaba también de un pequeño lago al que los sacerdotes se referían como Apsu, donde se decía que residía Ea, y cuyas aguas eran utilizadas para uso ritual. Según explica Mircea Eliade, “los cimientos de los templos se hunden profundamente en las regiones inferiores”47, idea que se complementa con una inscripción de Nabucodonosor II que dice:

Consolidé los fundamentos del corazón de los infiernos en el manto de agua.48

Según Eliade, “siempre era en Babilonia donde se efectuaba la unión entre la Tierra y las regiones inferiores, pues la ciudad se había edificado sobre el bab-apsu, ‘Puerta de Apsu’,49 siendo aquí apsu la denominación de las Aguas del Caos antes de la creación”50. En el Tintir51 se la cita claramente a continuación de los dos otros templos principales:

E-sagil, “Casa cuyo Techo es Alto”, la réplica del Apsu.
E-temen-anki, “Casa, Plataforma de Fundamento del Cielo y el Inframundo”, la réplica del E-šarra.
E-kar-zaginna, “Casa del Muelle de Lapis Lazuli”, la Puerta del Apsu.52

Pero hasta aquí, el Eságil es todavía una idea gestándose bajo la égida de la Sabiduría y de la Armonía universal, reconocida y anhelada por todos los dioses. Nace pues de un solo corazón. Y con cada latido, emprenderán al unísono la construcción del santuario, alentados por Marduk, al mando, “el más sabio entre los sabios”:

Haced Babilonia, la obra que deseáis, que se fabriquen los ladrillos, levantad el santuario.53


* * *

Babilonia, ciudad pura,
del cielo bajaste
y en lugar puro fuiste trazada.

Lo que hizo en el cielo, que lo haga en la tierra.54

En el Tintir, el Eságil aparece como:

E-sagil, casa llamada al ser por [...]55

Al realizarse aquella Utopía, se hacía realidad su reflejo en la Tierra, floreciendo en el corazón de aquellos que se reconocían en la Ciudad Celeste. Se armonizaban así todos los planos conforme a una sola Voluntad, común para dioses y hombres, como consta en dicha fuente:

E-sagil, la casa que reúne [...]56

La realidad de aquel espacio físico obedecía a una realidad de orden superior, expresada tácitamente mediante una dinámica y una armonía cifradas en el propio Lenguaje. La Historia sagrada se reflejaba en aquella Geografía entrelazándose la vertical y la horizontal en el día a día. Así las puertas y murallas vigilaban y protegían la ciudad57 con la ayuda de los dioses, ya que al llevar su nombre éstos eran nombrados y por tanto invocados; el agua del Éufrates y de los canales que recorrían la ciudad traían abundancia y sabiduría; y las propias vías y calles ofrecían el escenario adecuado para las procesiones, permitiendo que los hombres, al ser contemporáneos de los dioses, participaran en la simultaneidad del tiempo mítico análogo a la Eternidad.58 Todo tenía una función ritual y había sido cuidadosamente diseñado para acoger y celebrar lo sagrado, y ambas lecturas se complementaban dando pie a la analogía e incluso a la magia.

El nombre propio59 intrínsecamente enraizado en la esencia del símbolo, habla por sí solo desde las cinco tablillas de arcilla que componen el Tintir. En ellas quedó plasmada la nomenclatura sagrada de templos, altares, calles, barrios, murallas y puertas de la ciudad, que figuran con sus nombres en sumerio y en acadio, así como su función. Se trata de nombres ceremoniales que constituyen ideas-fuerza, verdaderos nombres de poder entre los que se incluye el nombre de la propia ciudad: Babilonia, cuya etimología revela de por sí su función sagrada. Proviene de Babylon, adaptación que hicieron los griegos del acadio Bâb-Ili y del babilonio Bābilu, “Puerta de Dios”.60 Eliade habla de ella como Bâb-ilânî, “Puerta de los dioses” por la que los dioses bajaban a la Tierra.61 Su nombre en sumerio, Ka-dingir-ra, se traduce igualmente como “Puerta del dios”, y en el Tintir, topónimo de Babilonia, aparece también como Šuanna, “El poder de los cielos”, y 50 nombres más según los cuales se la exalta como Centro del Mundo.

A continuación aparecen algunos de estos nombres tal como figuran descritos en la tablilla II. En ellos destaca la idea de pureza, de centro y de eje:

Ki-tilmunna, “Lugar de los Nobles”.
E-hal-anki, “Casa de los Secretos del Cielo y el Inframundo”.
Ki-ša-duga, “Lugar del Corazón Contento”.
Du-ki-sikil, “Montículo en Lugar Puro”.
Kiur-kuga, “Puro Fundamento”.
E-...ankia, “Casa ... del Cielo y del Inframundo”.
E-ešbat-anki, “Casa de las Decisiones del Cielo y del Inframundo”.
E-u-galgalla, “Casa de las Tempestades”.
E-ur-šaba, “Casa ... del Corazón”.
E-mah-tila, “Casa exaltada que Da la Vida”.
Du-ku Ki-namtartarrede, “Montículo Puro, donde los Destinos son Decretados”.
Tul-idim-anki, “Pozo de las Fuentes del Cielo y del Inframundo”.62

Con esta última nomenclatura se abre un aparte que nos lleva al mito de Gilgameš a través de ese pozo o canal que se corresponde con el término sumerio nagbu, “lo más hondo”,63 palabras con las que da comienzo la Epopeya del héroe:

El que vio lo más hondo,
los cimientos del país;
el que conoció los caminos rectos,
el sabio en todos los campos.64

Sanmartín puntualiza en nota a pie de página65 que dicha palabra tiene, además, otras acepciones tales como “capa freática”, “fuente” y “totalidad”, que la vinculan estrechamente a Enki/Ea y a su Sabiduría. Ese “Pozo de las Fuentes del Cielo y del Inframundo” es el pozo mítico –ratū se traduce como “hoyo”, “hueco” o “canal”– en el que se sumergirá el héroe para conseguir la planta, análoga a la Piedra Filosofal, la fuente misma de la Sabiduría. Y a raíz de su transmutación, simbolizada por la muda de la serpiente, la planta es devuelta por ésta al Apsu, su “morada”.66 Se muestra así la Sabiduría imposible de poseer: sólo se la puede conocer o “ver”, como dice la traducción. Ese vínculo con ella también viene dado por el hecho de que Babilonia fuera construida sobre la Puerta del Apsu.

Al final de la tablilla I aparece otra nomenclatura en la que se reconoce ese “canal”:

Dim-kurkurra: Babilonia, “Enlace de los mundos”.

Asimismo en la tablilla II, donde aparece también como “morada”:

Dur-ankia: “Morada/Enlace del Cielo y del Inframundo”.

Apelaciones que aluden asimismo a la “Gran Cuerda” o “Gran Cable” mencionados en el apartado anterior cuya función consiste en ligar los tres mundos por su centro a modo de Eje.67 La “morada” es el lugar intermedio entre el Cielo y el Inframundo, donde se establece la comunicación entre los tres planos o regiones cósmicas. En ella es donde se efectúa el pasaje entre una región y otra o la ruptura de nivel. Según Mircea Eliade:

Las ciudades santas y los santuarios se encuentran en el centro del mundo. Los templos son réplicas de la Montaña cósmica y constituyen, por consiguiente, el “vínculo” por excelencia entre la Tierra y el Cielo.68


* * *

Y de corazón a corazón,
una escala...

Al llegar el segundo año,
levantaron la cabeza del Eságil, una réplica del Apsu,
construyeron el gran zigurat del Apsu,
lo establecieron como morada para Anu, Enlil Ea y para él.69

Lo divino siempre ha estado simbolizado por la idea de altura o elevación. Desde muy antiguo, ya en el 5.000 a. C., la morada de los dioses se construía sobre una terraza o elevación que representaba un plano superior y dominaba sobre el resto, sentando con ello el fundamento de la jerarquía. Por su parte, el E-sagil, también conocido como “templo bajo” –“bajo” con respecto al Etemenanki– y cuyo nombre significa “Templo que levanta la cabeza”,70 parecía mirar hacia la sumidad del zigurat, que se encontraba a unos 80 metros al norte siguiendo el eje norte-sur, al que se accedía subiendo una gigantesca escalera ya mencionada en el Enūma Eliš, en el que la propia Babilonia es planteada como una escala:

Cuando abandonéis el Apsû
para subir a la As[amblea],
esa será vuestra escala,
para recibiros a todos juntos;
cuando abandonéis el cielo
para descender a la As[amblea],
esa será vuestra escala,
para recibiros a todos juntos.
¡Yo le daré por nombre “Babilonia”:
“el templo de los grandes dioses”,
y allí nosotros haremos nuestras fiestas!”.71

Esta escala, sabiamente ubicada en el corazón de Babilonia, cuyo nombre significa ya de por sí “Puerta de los dioses”, aparece claramente como una imago mundi en la figura siguiente. Se aprecia en el centro el Etemenanki encuadrado por las murallas de la ciudad. Las dos diagonales se cruzan con precisión al pie de la gigantesca escalera del zigurat.72 Ello no fue algo casual sino propio de un rito de fundación según el cual fue otorgado a esta estructura este lugar y función. Lo que realmente hacía especial aquella escalera era el hecho que se elevara en el Centro del Mundo, como la Escalera de Jacob.



Trazado original de la ciudad de Babilonia a partir del emplazamiento del zigurat.73

Explica Mircea Eliade:

A imagen del Universo que se desarrolla a partir de un Centro y se extiende hacia los cuatro puntos cardinales, la ciudad se constituye a partir de una encrucijada. [...] El cuadrado construido a partir del punto central es una imago mundi. La división del pueblo en cuatro sectores, que implica por lo demás una partición paralela de la comunidad, corresponde a la división del Universo en cuatro horizontes. En medio del pueblo se deja con frecuencia un espacio vacío: allí se elevará más tarde la casa cultual, cuyo techo representa simbólicamente el Cielo.74

Asimismo, desde el punto de vista vertical, dice el mismo autor:

En las culturas que conocen la concepción de tres regiones cósmicas –Cielo, Tierra, Infierno– el “centro” constituye el punto de intersección de estas tres regiones.75

En este caso, esas tres regiones se corresponden con el Cielo, la Tierra y el Apsu. Ambas simbólicas se juntan en la escalera del zigurat. Según Mircea Eliade:

El ziqqurat era propiamente hablando una montaña cósmica, es decir una imagen simbólica del Cosmos: los siete pisos representaban los siete cielos planetarios; subiéndolos, el sacerdote alcanzaba la cima del Universo”,76 y penetraba la “región pura”.

El propio diseño de la ciudad llevaba implícito en sí esa escala que vincula lo de arriba y lo de abajo. Así ha quedado reflejado en la Tablilla del Eságil,77 fechada en el 229 a. C. aunque es copia de un texto mucho más antiguo. Sus siete secciones empiezan hablando del Eságil, pasando a continuación al Etemenanki, dando medidas y proporciones que se plantean como problemas matemáticos, lo que hace pensar que se trata de información codificada reservada a iniciados. Es más, en el reverso de la tablilla aparece una advertencia dejada por el escriba que dice así: “Que el sabio iniciado muestre esto al iniciado. Que el no-iniciado no lo vea”, lo que pone en evidencia su carácter reservado.

En lo referente al Eságil, se dan las dimensiones de un gran patio y de otro más pequeño dedicado a Ishtar y Zababa. Se habla asimismo de seis puertas que se corresponden con un protocolo ritual. Pero la importancia de esta tablilla radica en que en ella se encuentra la información más valiosa referente al zigurat, igualmente cifrada. La cuarta sección informa de sus dimensiones:

Las dimensiones de la base del E-temen-anki: largo y ancho a resolver: 3x60 es el largo, 3x60 es el ancho, medido en codos estándar.78 Por lo tanto, sus dimensiones son: 3 suppān la longitud, 3 suppān la anchura, usando el aslu medida de codo-estándar. Para calcular su producto: 3 [x 3 =] 9 (suppān); 9 x 2 = 18; si no entiendes 18 (sūtu), es una superficie en acres de 3 panū usando el codo pequeño-estándar: la base del E-temen-anki. La altura se corresponde a la longitud [y anchura.]

Más adelante, en la sexta sección, y continuando con detalles sobre el zigurat, pasa a exponer las dimensiones de las seis cellae:

[Las] dimensiones de las seis cellae que son llamadas templo del zigurat:79 las habitaciones hacia el este — la cella del dios.
2 (nidannu)80 [la] longitud, 40/60 la anchura, ... a ...; las cellae de Nabû y Tašmētum, cada una 45/60 la longitud, 40/60 la anchura.
Las dos habitaciones hacia el norte, de Ea y Nuska — la capilla de Ea: 1 + 25/60 la longitud, 30/60 de la anchura; la capilla de Nuska: 35/60 la longitud, 35/60 la anchura. La habitación hacia el sur — la capilla de Anu y Enlil:
1 + 10/60 la longitud, 30/60 la anchura. Las habitaciones hacia el oeste — el tu’um81 y, detrás, la escalera: la “fachada” exterior, el dormitorio: 2 + 5/60 la longitud, 30/60 la anchura; la “fachada” interior: 1 + 40/60 la longitud, 20/60 la anchura; la escalera: de acuerdo con estas (cifras) la longitud Y (var.: 35/60) la anchura. El patio: 1 + 40/60 la longitud, 1 + 5/60 la anchura; el patio está techado.
El lecho: 9 codos82 la longitud, 4 codos la anchura. Lecho y trono se encuentran opuestos y rodeados con círculos (?); otro lecho está ubicado [en] el patio. Puerta del Amanecer, Puerta del Sur, Puerta del Ocaso, Puerta del Norte.

En la séptima y última sección aparecen las dimensiones de los pisos del zigurat, en número de siete:

Las dimensiones, longitud, anchura y altura, (del zigurat): de nombre Templo-Ziqqurrat de Babilonia:
15 nindanu de longitud, 15 nindanu de anchura, 5 1/2 nindanu de altura: la plataforma de base;
13 nindanu de longitud, 13 nindanu de anchura, 3 nindanu de altura: el segundo piso;
10 nindanu de longitud, 10 nindanu de anchura, 1 nindanu de altura: el tercer piso;
8 1/2 nindanu de longitud, 8 1/2 nindanu de anchura, 1 nindanu de altura: el cuadro piso;
7 nindanu de longitud, 7 nindanu de anchura, 1 nindanu de altura: el quinto piso;
5 1/2 nindanu de longitud, 5 1/2 nindanu de anchura, 1 nindanu de altura: el sexto piso;
4 nindanu de longitud, 3 3/4 nindanu de anchura, 2 1/2 nindanu de altura: el sanctum superior, el séptimo piso, (y) el šahūru.83

Se presenta tan importante la base como la sumidad del edificio, y es que la primera enraíza el templo a la tierra y al mundo inferior mientras la segunda lo hace penetrar en el cielo. De hecho, la base o primer piso es de dimensión sensiblemente superior al resto de pisos. En cuanto al séptimo piso, consta de dos alturas, el sanctum y el šahūru, azotea o capilla de la cumbre. La torre parece constar así de seis pisos escalonados y un templo de dos niveles en la cima, lo que por otra parte aclararía el relato de Herodoto, quien le atribuye ocho pisos.84

A modo de ilustración, la única imagen conocida del Etemenanki está grabada sobre una pequeña estela de piedra negra hallada hace un siglo en Babilonia y conocida como la Estela de la Torre de Babel.85 En ella aparece en la parte superior Nabucodonosor II, junto al Etemenanki y un plano de una planta.86 Cincelado en la piedra se lee a la izquierda de la cella: “Etemenanki zigurat Babili”. El texto de la parte inferior está cuidadosamente borrado, como era habitual cuando un nuevo monarca accedía al poder. Es el único testimonio del que se dispone hoy en día de cómo era el edificio, muy valioso por lo que significa.


 
Estela de la Torre de Babel, Colección privada Martin Schøyen (ver nota 53).

A este respecto, se complementa a nivel sensible con la Tablilla del Eságil, cuya trascendencia radica en su trasfondo matemático, clave para la reconstrucción de la torre.87 Dicha reconstrucción entraña todo un rito cosmogónico análogo a la construcción del alma, la cual puede reconocerse en este modelo y sus proporciones gracias a las claves que le brinda la Ciencia Sagrada. Del mismo modo que la gran pirámide de Egipto, esta torre escalonada atesora en sus medidas y proporciones el Saber de la Humanidad88 que revela en definitiva la Ciencia de los Ciclos, que numerosos historiadores de la Antigüedad atribuyen entre otros pueblos a los caldeos, los cuales llegaron a Babilonia hacia el segundo milenio a. C. No deja de sorprender el hecho de que estas medidas coincidan en diferentes fuentes, más cercanas entre sí de lo que se cree.

La primera cita pertenece al final de la Epopeya de Gilgameš, en el momento en que Ea “sopla” a Uta-napišti, el “Supersabio”, único superviviente del Diluvio, las medidas de la embarcación que debe construir:

La embarcación —que tú mismo vas a hacer,
que sean iguales todas sus medidas,
que se correspondan su anchura y largura.89

En cuanto a su altura:

A diez ‘varas’ de altura se alzaban sus flancos,
diez ‘varas’ median por igual
los bordes superiores.90

Resultando un cubo de 60 metros de lado,91 en el que equivalen altura, longitud y anchura, correspondencia que figura al final de la cuarta tablilla del Eságil, tal como aparece más arriba:

La base del E-temen-anki. La altura se corresponde a la longitud [y anchura.]

Volvemos a encontrar dicha equivalencia al final del Apocalipsis, en la descripción de la Ciudad que baja del Cielo:

La ciudad es un cuadrado: su longitud iguala a su anchura. Midió la ciudad con la caña, y tenía doce mil estadios. Su longitud, anchura y altura son iguales.92

En todas estas construcciones la figura geométrica de la que se está hablando es la del cubo, análogo a la cruz tridimensional,93 a través de la cual se vuelve a revelar el siete, siendo éste el punto central en el que se cruzan los tres ejes. Dicha cruz es, según Guénon, la representación geométrica del ser y sus estados múltiples.94

Por otra parte, coincide la embarcación con el zigurat en el número de pisos:

... le instalé seis cubiertas
— lo dividí en siete pisos...95

Siete pisos jerárquicamente dispuestos en correspondencia con los siete planetas o estados de la conciencia involucrados en la construcción del alma.96 Ya sea en forma de nave o de torre, se emprende con su construcción el viaje hacia el Origen, con el que ésta se identifica y es a la vez el principio y el fin de todas las cosas.97 Siete es también el número de días que duró el Diluvio, el que signa la Creación,98 y las regiones del espacio que se corresponden a su vez con ciertos periodos cíclicos.99 Este número es susceptible de distintas interpretaciones que se complementan entre sí aportando una profundidad que abre la conciencia, invitándola a abarcar desde ese centro en el que se ubica, los diferentes planos o facetas del Ser en simultaneidad, lo que permite, aunque sólo sea por un instante, vislumbrar la Unidad.100

En definitiva, a través del lenguaje del símbolo se revela una realidad que oculta en lo más aparente sorprendentes lecturas, abriendo nuevas e inesperadas perspectivas, como es el caso de estas palabras de Federico González:

Hay ciclos más amplios y hay otros más reducidos, los más reducidos se encuadran dentro de otros más amplios y así se estructuran las jerarquías y se conforma un zigurat de siete vueltas. Y al acompasarse entre ellas de forma teúrgica apuestan por los dioses intermediarios que son con seguridad aquéllos con los que tenemos que sintonizar para tratar de equiparnos respecto a esta nueva realidad (la postdiluviana), pues de lo que se trata es de una ruptura de nivel, en este caso cíclica.101

Se abre aquí un último paréntesis a modo de conclusión que presenta una también última analogía en relación al final del Diluvio y a la cima del monte en la que quedó encallada el Arca. No deja de ser significativo que de forma análoga se ubique en la cima del Etemenanki la cella de Marduk. Desde el punto de vista etimológico, la palabra zigurat viene del babilonio zaqaru, cuyo significado es literalmente “construir alto”, “elevar”. A su vez Ziqqurratu designa propiamente el templo-torre, es decir el santuario que se halla en su sumidad. Al final de la Epopeya de Gilgameš (Epopeya babilónica clásica), en la tablilla XI, en el momento en que Uta-napišti hace la ofrenda desde aquella cima, en el umbral de la morada de los dioses, dice así:

Preparé todo
y, a los cuatro vientos, les hice un sacrificio:
esparcí incienso en lo más alto
de la ziqqurat del monte [...]102

Según Eliade “la cima de la Montaña Cósmica no es sólo el punto más alto de la Tierra; es el ombligo de la Tierra, el punto donde comenzó la creación”103. Aquel montículo primigenio, primer trozo de tierra firme que asomó por encima de las aguas, fue simbolizado por la pirámide o el zigurat, y “por el hecho que el territorio, la ciudad, el templo o el palacio real se encontrasen en el ‘Centro del Mundo’, es decir en la cima de la Montaña Cósmica, eran considerados como el lugar más alto del mundo, el único que no fue sumergido por el diluvio”104.

De ahí la importancia de ese lugar central y simultáneamente elevado que en definitiva “reúne dentro de sí al espacio y al tiempo sagrados”105. Ese “lugar puro” es el centro de la cruz o punto primordial “del que las extensiones indefinidas no son más que la expansión o el desarrollo”106. El templo representa en definitiva “un modelo del Universo al que imita en sus formas y proporciones, y como él, tiene por objeto albergar y ser el medio de la realización total y efectiva del ser humano”107.

La cella, corona del Etemenanki como de toda construcción sagrada, se abre así a los designios del Cielo. Y la Ciudad Celeste, arquetípica y siempre virgen, se hace visible en la Tierra como en el Cielo, anunciando el nacimiento de un nuevo ciclo y de una nueva humanidad.

Amanece en Babilonia



Amanece en Babilonia, óleo sobre lienzo, 1906. Centro de Arte Moderno y Contemporáneo de Praga.

Después de esto, construyó en medio de la ciudad un santuario de Zeus, al cual los babilonios llaman Belo como hemos dicho. Pero, discrepando los escritores sobre él y derruida la construcción por el tiempo, no es posible manifestar qué es cierto. Se está de acuerdo en que ha sido alto en extremo y en que los caldeos han hecho en el mismo sus observaciones sobre los astros, pues sus salidas y puestas se podían contemplar con exactitud por la altura de la construcción.108

En la parte central del santuario hay edificada una torre maciza de un estadio de altura y otro de anchura; sobre esta torre hay superpuesta otra torre y otra más sobre esta última, hasta un total de ocho torres. La rampa de acceso a ellas está construida por la parte exterior, dispuesta en espiral alrededor de todas las torres. Y hacia la mitad de la rampa hay un rellano y unos asientos...109

Desde allí se divisa la línea sutil que define el horizonte.


* * *

Cada día se pone el sol por el oeste para renacer por el este. Para aquellos astrólogos caldeos,110 primero era el atardecer y luego el amanecer,111 lapsos de tiempo que se dilataban indefinidamente con el crepúsculo112 que eran clave para la observación del cielo. Aunque no literalmente cuando el sol se ponía o salía por el horizonte, sino más bien todo el proceso de transformación de la luz que acompañaba aquel momento. Aquel no-tiempo propiciaba el silencio mental y la entrada en un estado de la conciencia que se abría a la más alta intuición, dando pie a la visión, a la interpretación profética y a los presagios, inducidos por los propios dioses.

Desde allí, con la mirada aparentemente perdida de quien ya está en otra, traspasaban con el ocaso el umbral de la noche, y una vez sumidos en la total oscuridad, poco a poco empezaban a distinguir los astros, hasta entonces invisibles. Era entonces cuando su brillo y su color los hacían destellar como piedras preciosas,113 y en la quietud promovida por la concentración y el asombro ante aquel espectáculo que sabían irrepetible, daba comienzo una coreografía que secretamente revelaba los ciclos114 y ritmos del universo, ofreciendo a aquellos sacerdotes las claves de la vida y la muerte.

Diodoro de Sicilia, viajero, investigador y escritor del s. I a. C., dejó testimonio en su Biblioteca Universal de lo que allí vio y oyó:

Y, tras haber hecho observaciones de los astros durante muchos años y conocido los movimientos y las fuerzas de cada uno más exactamente que todos los hombres, predicen a los hombres muchas cosas que van a suceder. Y la más importante afirman que es la contemplación y la influencia de los cinco astros llamados planetas, a los cuales denominan aquéllos, en conjunto, “intérpretes” y, en particular, al denominado Crono por los griegos, el más famoso y el que indica las más y mayores cosas, lo llaman “de Helio”; y a los otros cuatro, los denominan “de Ares”, “de Afrodita”, “de Hermes” y “de Zeus”, igual que los astrólogos que hay entre nosotros. Por eso, los llaman “intérpretes”, porque al ser inmóviles los otros astros y tener su curso con un recorrido ordenado, éstos solos, haciendo su recorrido particular, indican lo que va a ocurrir, interpretando a los hombres el pensamiento de los dioses. Afirman que ellos señalan unas cosas por la salida, otras por la puesta y algunas por el color a quienes quieren prestarles atención cuidadosamente: a veces indican la magnitud de los vientos, a veces, el exceso de lluvia o de calor y hay ocasiones en que apariciones de cometas y también eclipses de Sol y de Luna y seísmos y, en general, todas las circunstancias beneficiosas y perjudiciales producidas por la atmósfera, no sólo a pueblos o lugares, sino también a reyes y a los particulares que fuere.115

Una coreografía por la que los astros, por medio de los dioses con los que tienen afinidad, hablan de lo invisible a través de “intérpretes” y “mensajeros”. Y es por el horizonte crepuscular, esa línea que se abre como una brecha al límite de lo conocido señalando sutilmente el paso de un mundo a otro, por donde se comunican con los hombres. Hablan también de “consejeros” y “jueces”, dando a entender la simultaneidad y la relatividad de lo visible y lo invisible.

Bajo su curso, dicen que están dispuestos treinta astros,116 a los cuales llaman “Dioses Consejeros”; de éstos, la mitad vigila los lugares de encima de la tierra y la mitad, los de debajo de la tierra inspeccionando las cosas de los hombres y, a la vez, lo sucedido en el cielo; y, cada diez días, es enviado uno de los astros de arriba hacia los de abajo como mensajero e igualmente uno de los de debajo de la tierra, al revés, hacia los de arriba y tienen ellos ese curso delimitado y regido por una órbita eterna.

Y afirman que los principales de esos dioses son doce en número, a cada uno de los cuales asignan un mes y uno de los doce signos llamados zodiacales. Y afirman que, a través de éstos, realizan su recorrido el Sol y la Luna y los cinco planetas, completando el Sol su ciclo particular en un año y recorriendo la Luna en un mes su propia órbita.

Cada uno de los planetas tiene un trayecto propio y emplea de modo diferente y variado las velocidades y la división del tiempo. [...]

Tras el círculo zodiacal delimitan veinticuatro astros,117 la mitad de los cuales afirman que se encuentran en la regiones del norte y la mitad en las del sur y, de éstos, los observados calculan que son de los vivos y los invisibles, a los cuales llaman “Jueces del Universo”, piensan que están dedicados a los muertos. Y bajo todo lo antes citado, dicen que se desplaza la Luna, que se sitúa muy cerca de la Tierra por su gravedad y recorre en brevísimo tiempo su propio trayecto, no por la rapidez del curso, sino por la brevedad del ciclo. Que tiene la luz ajena y que produce los eclipses a causa de la sombra de la Tierra, lo dicen de modo semejante a los griegos. Con explicaciones debilísimas acerca del eclipse del Sol, no se atreven a predecirlo ni a describir exactamente su momento. Hacen afirmaciones particularísimas acerca de la Tierra, diciendo que es escafoide y cóncava y abundan en muchas y fidedignas explicaciones acerca de ella y acerca de las otras cosas del Cosmos; tratar sobre esto cada cosa detalladamente, pensamos que sería ajeno a la historia propuesta. Esto aseguraría cualquiera adecuadamente: que los caldeos tienen la mayor habilidad de todos los hombres en astrología y que han puesto el mayor cuidado en esa observación. Acerca de la cantidad de años en los cuales afirman que el conjunto de los caldeos ha realizado la observación de las cosas del cosmos, cualquiera no confiaría fácilmente: calculan que ha habido cuatrocientos setenta mil años, y tres mil además de estos, hasta la llegada de Alejandro, desde que empezaron antiguamente a hacer las contemplaciones de los astros.118

Estaba a punto de amanecer, el cielo estaba nítido y la atención recaía sobre el fugaz Mercurio, el “intérprete”, tan pequeño que tan pronto despuntase el Sol desaparecería de la vista. Mas luego otros planetas, que alumbrados por el todavía invisible astro rey podían destacar en la oscuridad. Destacaba Venus, quien, también matutina, aparecía medía hora antes de la salida del Sol con un brillo tan poderoso que inspiraba versos a la Diosa.

¡Su orto es el de una heroína!119

Cada día nacía de lo más profundo de la noche y cada amanecer se asistía a aquel alumbramiento, que era también el propio, habiéndose dejado fecundar por los dioses del Cielo, cuando volvía a distinguirse desde lo alto de aquella torre rodeando el horizonte la corona del astro rey, siempre diferente, anunciando por el aspecto de su halo y las gemas que la adornaban las novedades del día, del mes o del año. De tal forma que la visión ofrecida por el primer amanecer del año sería interpretada como presagio para el año entrante o el color de la puesta de sol de ese mismo día daría pie al presagio del mes siguiente.

De igual modo ocurría cada mes con la aparición de la Luna, que seguía a la puesta del Sol por el oeste, dando lugar a interpretación por su color...

Luminaria Sin,120 ... [...] Sin, has surgido en medio de cornalina pura
y de lapislázuli. A la vista de Sin las estrellas se regocijan, la noche se alegra.121

...su claridad, hacia dónde apuntaban sus cuernos, los planetas o estrellas que la rodeaban, su altitud...

La Señora que surge en el cielo es tan elevada como el horizonte.122

...dejando constancia de la importancia de la Luna tanto para la medición del tiempo como para la adivinación:

Cuando Anu, Enlil y Enki, los grandes dioses,
en su Consejo infalible,
entre las principales normas del Cielo y de la Tierra,
instauraron el Creciente lunar
que daría lugar a los Días, constituiría los Meses
y proporcionaría los presagios
relacionados con el Cielo y la Tierra,
¡dicho Creciente brilla en el Cielo,
y, en pleno Cielo, se le vio resplandecer entre las Estrellas!123

También se registraban los eclipses tanto solares como lunares:124 su fecha y hora, su duración, su magnitud, la dirección de su sombra y en particular el color del eclipse y el disco, los planetas que lo acompañaban en el cielo en ese instante y qué partes quedaban eclipsadas. Todo, absolutamente todo, quedaba registrado en tablillas que constituían las tablas o efemérides sobre las cuales los caldeos se basaban para hacer sus estudios y predicciones,125 ya sea de eclipses como los cálculos de los solsticios y lunaciones, enraizando su Ciencia en el Origen de los tiempos:

Acerca de la cantidad de años en los cuales afirman que el conjunto de los caldeos ha realizado la observación de las cosas del cosmos, cualquiera no confiaría fácilmente: calculan que ha habido 470.000 años, y 3000 además de estos, hasta la llegada de Alejandro, desde que empezaron antiguamente a hacer las contemplaciones de los astros.126

En cuanto a sus creencias, derivadas de la Ciencia Sagrada, Diodoro nos hace una síntesis en su obra:

Los caldeos, pues, afirman que la naturaleza del cosmos es eterna y ni ha habido creación original ni después recibirá destrucción, y que la disposición y el orden del universo se ha producido por alguna divina Providencia y cada cosa producida ahora en el cielo se ha llevado a cabo no como fuere ni espontáneamente sino por una resolución de los dioses determinada y firmemente decidida.127

Cornelio Agrippa informa también en su Filosofía Oculta:

En consecuencia, los cuerpos celestes dan movimiento a los cuerpos del mundo elemental, mixtos, corruptibles y sensibles, desde el cóncavo hasta el centro, por medio de esencias superiores perpetuas, y espirituales dependientes del primer entendimiento, que es el entendimiento actuante, y aun de la virtud que Dios infundió mediante su palabra; esa palabra es la que los sabios caldeos de Babilonia llaman la causa de las causas, puesto que esa palabra produce las entidades y el entendimiento actuante que no es sino el Segundo después de él.128

Por Diodoro sabemos que la transmisión del Conocimiento se hacía de padres a hijos:

El aprendizaje de todas esas cosas no lo hacen igual que los griegos dedicados a tales cosas. Entre los caldeos, se hereda de la familia el estudio de esas cosas y el hijo la recibe del padre, liberado de todos los otros servicios públicos. Por tanto, con los padres como maestros, a la vez lo aprenden todo sin restricción y, a la vez, atienden a las lecciones confiando más firmemente. Después, criados directamente desde niños en las enseñanzas, alcanzan un gran dominio por la facilidad de aprender de la juventud y por la cantidad del tiempo empleado.129

Pero su linaje se pierde en la noche de los tiempos. Poco se sabe de su origen, respecto al cual afirma el Sículo:

Los egipcios afirman también que, después de eso, se diseminaron muchísimas colonias desde Egipto por todo el mundo habitado. A Babilonia, condujo a los colonos Belo,130 de quien se cree que era hijo de Posidón y Libia; éste, asentado junto al río Eufrates, creó sin impuestos y libres de toda contribución, igual que los de Egipto, el cuerpo de sacerdotes que los babilonios llaman caldeos, y estos realizan las observaciones de los astros imitando a los sacerdotes y naturalistas egipcios, también astrólogos.131

Todo cual aclara una nota de la edición de Gredos:132

La astronomía era mucho más antigua que la astrología. Los egipcios no fueron maestros de los babilonios, sino inferiores a ellos, pero descollaron en el calendario y el horario, resumidos en esos recuerdos astronómicos que Diodoro cita, los Decanos, estrellas que delimitaban las horas de la noche. La predicción astrológica no se desarrolló en Egipto hasta más tarde de la época faraónica y también como importación babilónica. Es el estado de cosas de la época helenística, con la mezcla de culturas mesopotámica, egipcia y griega consiguiente.

A este respecto, René Guénon, hablando de un “Hermes Babilónico”, El-Bâbelî, y de un “Hermes Egipciaco”, El-Misri, confirma:

Esto parece indicar bastante claramente que las tradiciones caldeas y egipcia se habrían derivado directamente de una sola y misma fuente principal, la cual, dado el carácter antediluviano que se le reconoce, poco puede ser otra que la tradición atlante.

Y añade a pie de pagina:

Es fácil comprender que, en todo caso, todo esto se sitúa, bastante lejos ya de la Tradición primordial; y bien poco útil sería, además, designar especialmente a ésta como fuente común de dos tradiciones particulares, siendo así que lo es necesariamente de todas las formas tradicionales sin excepción. Por otra parte, del orden de numeración de los tres Hermes, en la medida que parece tener alguna significación cronológica, se podría llegar a la conclusión de cierta anterioridad de la tradición caldea con respecto a la tradición egipcia.133

Y sigue diciendo Diodoro:

Los caldeos, que son los más antiguos de los babilonios, tienen una posición semejante a los sacerdotes de Egipto en la división de la ciudadanía; dispuestos para el cuidado de los dioses, se dedican a la filosofía todo el tiempo de su vida, y tienen gran fama en astrología.134

Los caldeos eran llamados “magos” en Occidente, y consta que muchos eran los griegos, entre otros pueblos de la Antigüedad, que acudían a ellos para ser iniciados en su Saber.135 Es conocido el caso de Demócrito, contemporáneo de Sócrates, que aprendió de ellos. Según Diógenes Laercio, fue discípulo de “algunos magos y caldeos, pues el rey Jerjes, cuando se hospedó en la casa del padre de Demócrito, dejó allí algunos hombres sabios, según también afirma Heródoto. De ellos recibió, cuando aún era niño, enseñanzas sobre la teología y astronomía”136. Más tarde, Demócrito viajó a Persia, Babilonia y Egipto, donde completó su aprendizaje.

Cornelio Agrippa escribe acerca de la cantidad de filósofos que viajaban en busca del Conocimiento:

Pitágoras, Empédocles, Demócrito, Platón y muchos de los más famosos filósofos efectuaron grandes viajes para aprenderla y, de regreso en sus lares, señalaron cuánto la estimaban, teniéndola muy en secreto. Aún se dice que Pitágoras y Platón hicieron llegar a Adivinos de Menfis para aprenderla, y que recorrieron casi toda Siria, Egipto, Judea y las Escuelas de los Caldeos para no pasar por alto a los grandes y misteriosos príncipes de la Magia, y para poseer esa ciencia divina.137

Esta apertura también se dio con Beroso, sacerdote de Bel-Marduk contemporáneo de Alejandro Magno, quien dedicó a Antioco I Sóter138 su Chaldaica, también conocida como Babiloniaca, en un intento de transmitir a aquellos griegos que habían llegado con Alejandro su Cosmogonía y los fundamentos de su cultura, contenidos en esencia en el Enuma Elish.139 Porque es obvio que, aunque los caldeos creían firmemente en la divina Providencia, sabían a ciencia cierta que, por una parte, la victoria del invasor simbolizaba la del caos y la muerte y que en este caso podía significar el final de su cultura y de culto de Marduk, del que dependía no sólo su futuro, sino el de su Tradición, de la que ellos eran guardianes y garantes. Por otra parte, sabían por la ley cíclica que una vez alcanzado el apogeo de cualquier cultura, empieza su declive. Es más, tal como expresa René Guénon:

Para ser legítima y válida desde el punto de vista tradicional, es decir, si quiere ser ‘normal’, la constitución y la organización de toda ciudad o sociedad humana debe tomar como modelo, en la medida de lo posible, la ‘ciudad divina’.140

Y de la misma forma que la cadena de transmisión de las verdades eternas no se interrumpe a pesar del final inminente del ciclo, aquellos sacerdotes –o por lo menos los que se mantuvieron incorruptos ante su avance y el oscurecimiento que ello implica– intentaron en todo momento y por todos los medios aportar lucidez a sus conquistadores, presentando un modelo de soberanía fundado en aquellos reyes míticos, ante-diluvianos, de los cuales Beroso había transmitido a consciencia una lista en su primer libro.141

En todo caso, “caldeo” acabó siendo un término que no sólo definía a los habitantes de Caldea, territorio que abarcaba las tierras mesopotámicas desde Babilonia hasta el Golfo Pérsico, sino a los babilónicos propiamente dichos, e incluso se aplicaba a aquellos griegos que acudieron a estas tierras a aprender a leer en el Cielo. Pero no sólo en el Cielo escrutaban en busca de señales. También los pájaros del cielo contribuían con su vuelo y su canto dejando señales susceptibles de interpretación. Y a partir de los hígados y entrañas de animales víctimas de sacrificios sabían descifrar lo que iba a suceder. Así lo explica Diodoro de Sicilia:

Se ocupan también en gran medida de la adivinación, haciendo predicciones acerca del futuro e intentan lograr el alejamiento de los males y el cumplimiento de los bienes; de unos, con purificaciones, de otros, con sacrificios, y de otros, con unos encantamientos distintos. También tienen experiencia en la adivinación por las aves y manifiestan interpretaciones de sueños y de fenómenos. Realizan también no sin sabiduría la hieroscopia, y se piensa que aciertan en extremo.142

Presagios, buenos y malos, auguraban estos astrólogos a los reyes, que los consultaban a diario:

Estos astros influyen en muchas cosas buenas y malas en el nacimiento de los hombres; y, mediante su naturaleza y observación, conocen en gran medida los sucesos de los hombres. Afirman que han hecho predicciones, además de a no pocos otros reyes, también al vencedor de Darío, Alejandro, y a los que reinaron después, Antígono y Seleuco Nicátor, y parecen haber acertado en todo lo dicho, sobre los cuales, nosotros describiremos cada cosa parte por parte en ocasión más apropiada. Predicen también a los particulares lo que va a suceder con tanta certeza que quienes lo experimentan admiran lo ocurrido y lo consideran superior a lo humano.143

Adquirieron mucha notoriedad y sus conocimientos eran reconocidos y solicitados por reyes también extranjeros. Como Ptolomeo, quien, al crear su Biblioteca en Alejandría, intentó atraer a todos aquellos sabios y mandó a sus representantes a buscarlos; también les encargó reunir para su biblioteca el mayor número posible de escritos.

Se les sabía duchos en mántica, pero también eran conocidos por su arte de conjurar y sus exorcismos, en los que está implícita la palabra. Sobre este particular dice Cornelio Agrippa:

Además de las virtudes de las palabras y los nombres, existe una virtud más grande en los discursos seguidos, que proviene de la verdad que contienen y tiene grandísimo efecto para imprimir, cambiar, ligar y establecer; de tal modo que, oscurecida, destella, y ataca, se afirma y consolida; esa virtud de la verdad no se halla en las palabras simples sino en las enunciaciones por las que se afirma, o se niega alguna cosa; son los poemas, los encantamientos, las imprecaciones, las plegarias, las oraciones, las invocaciones, los conjuros, las abjuraciones, los exorcismos y otras cosas semejantes.144

Existen multitud de fórmulas,145 dejadas por escrito sobre tablillas de barro: fórmulas, para calmar a una divinidad, para reconciliarse con el dios personal, conjuros, generalmente dirigidos a Shamash; fórmulas “a mano alzada”,146 fórmulas contra malos presagios, contra sortilegios, contra maldiciones, contra espectros, universales, fórmulas de adivino en el examen de las entrañas de un animal sacrificado o en otras técnicas adivinatorias, fórmulas reales, ya sea del rey o para el rey, etc.

En líneas generales, Ea-Enki, gran dios de los exorcismos y patrón del arte conjuratorio, es invocado por el conjurador antes de su intervención:

Ea, rey del Apsu, que encuentras el (buen) consejo,
soy el conjurador, tu servidor.
Ve a mi derecha, ven a ayudar a mi izquierda;
une tu incantación pura a mi incantación,
une tu boca pura a mi boca;
vuelve eficaz mi palabra pura,
asegura el éxito a lo que dice mi boca;
ordena que mis ritos sean puros;
allí donde vaya, que tenga éxito;
que el hombre que voy a tocar se recupere,
que se hable de mí de forma favorable,
que me señalen con el dedo con favor;
sé mi buen Genio,
sé mi buena Fortuna.
Que Marduk, el dios que salvaguarda,
allí donde dirija mi marcha, [procure] salvación.
Que el dios de este hombre diga tus altas obras,
el hombre, él, que cante tus alabanzas,
¡Y yo, el conjurador, tu servidor, déjame cantar tus alabanzas!147

Tras lo cual, pronunciaba sus incantaciones o conjuros mediante unas fórmulas que eran heredadas de las sumerias. Denominadas por los babilonios “Fórmulas a recitar ahí dónde está Shamash”, se distinguían por su encabezamiento, donde aparecía la partícula En- sumeria o la palabra shiptu acadia,148 que señalaban el comienzo de estas invocaciones conjuratorias destinadas a apartar un mal o sufrimiento de alguien. Dichas fórmulas, como las dos que siguen, legitimaban al conjurador como enviado de Ea-Enki:

Soy el mensajero de Enki,
él me ha enviado...149

El Señor me ha enviado,
el gran Señor Enki me ha enviado...150

Sin embargo, dichas invocaciones estaban dirigidas a Shamash, el dios Sol,151 garante de la Justicia, “Juez eminente” y “Juez del Cielo y de la Tierra”, quien todo lo escruta con su Luz, tal vez por ello tenían lugar por la mañana. En este sentido, explica Mircea Eliade:

Se ve que, en estos cantos mágicos con fin medicinal, el mito del origen de los medicamentos está siempre integrado en el mito cosmogónico. [...] En las terapéuticas primitivas, un remedio no llega a ser eficaz más que si se recuerda ritualmente su origen ante un enfermo. Un gran número de encantamientos del Oriente Próximo y de Europa contienen la historia de la enfermedad o del demonio que la ha provocado, evocando a la vez el momento mítico en que una divinidad o un santo ha logrado vencer el mal.

Y añade:

La eficacia terapéutica del encantamiento reside en el hecho de que, pronunciado ritualmente, reactualiza el tiempo mítico del “origen”, tanto origen del mundo como origen de los dolores [...] y de su tratamiento.152

En síntesis, la vida del hombre estaba regulada por los astros y los dioses. También por el calendario, como se explica en el apartado “Celebración de Año nuevo”. La trama y urdimbre de aquella cultura componía un tejido rico en analogías, siendo el estrechísimo vínculo entre lo celeste y lo terrestre tan sutil como la línea del horizonte, y tan fértil como aquellas tierras en las que había enraizado. Para aquellas gentes la magia era una realidad, y el cielo y la naturaleza un libro abierto, un entramado mágico por el que se subía y bajaba de la Tierra al Cielo y del Cielo a la Tierra. Todas aquellas mánticas en las que por defecto se conjugaban los contrarios –en última instancia lo de arriba y lo de abajo–, tenían como resultado la curación, ya sea de cuerpos como de almas.

Pero la visión mágica que impregnaba aquella cultura se fue degradando, contaminando y pervirtiendo tal como se fue pervirtiendo el hombre con el inexorable avance del ciclo. No hay que olvidar que los últimos 6.000 años se corresponden con la Edad de Hierro y un oscurecimiento progresivo. A medida que lo individual fue ganando terreno sobre lo universal y la multiplicidad y la división sobre la Unidad –lo cual tiene que ver con la “confusión de lenguas” que se asocia a la Torre de Babel–, se fue corrompiendo el uso de la magia, que pasó de su dimensión teúrgica y universal en beneficio exclusivo del Conocimiento a un uso personal cada vez más impuro y desviado de su verdadera función que es la intermediación entre Cielo y Tierra para atraer las más altas verdades y en definitiva el Misterio.

A este respecto explica Federico González:

Tanto las prácticas cultuales, como los encantamientos, ejercicios rituales, concentraciones, estudios y meditaciones, y especialmente la oración, deben efectuarse teniendo el ánimo y la inteligencia puestos en las verdades más elevadas, en el Dios supremo e incognoscible, más allá de su propia creación. Esto hará que estas prácticas teúrgicas, que presuponen un conocimiento cosmogónico y metafísico, sean eficaces y adecuadas proporcionalmente a las necesidades cuya satisfacción se invoca. Por otro lado este movimiento descendente de energías y fuerzas que se establece ha de ser completamente interno, o sea del exclusivo interés del sujeto que las practica en íntima relación con el beneficio del Conocimiento. Su característica ha de ser la de la realización de un rito simpático y rítmico con el universo, y estas correspondencias y analogías que se pretende encauzar han de ser efectuadas con un total desinterés sobre cosas particulares; o sea con un alto grado de 'vaciamiento' e impersonalidad, para que los efluvios de lo más alto se derramen sobre el 'operario' o aprendiz de mago, que de este modo puede acceder a las realidades más sutiles y recónditas y a las esferas más altas del intelecto divino, a un punto tal que su propio ser se encuentre identificado en todo tiempo y lugar con las más transparentes emanaciones del cosmos y advierta su unidad y majestad en todas las cosas de una manera natural, pues estas verdades son ya consubstanciales con su ser mismo.153

Celebración de Año Nuevo



Imagen de la procesión.

En el palacio “Casa del consejo para el país”, la cadena de todas las tierras extranjeras,
reunido el pueblo de los “cabezas negras” en el “Templo del río de las duras pruebas”,
ellos levantan un trono para la Dama del palacio,
en donde el rey divino pueda sentarse con ella, a su lado,
y preocuparse de la vida del país,
señalar (el inicio) del verdadero primer día del mes,
y “librar” los oráculos el día del “reposo” (de la luna).
En el Año Nuevo, en el día de la celebración de los ritos,
preparan el tálamo para mi Señora,
se le purifica con manojos de esparto y perfumada resina de cedro.
Para mi Señora se lo disponen como diván,
extendiendo por encima de él la bella cubierta,
para que con esta cubierta “regocijo del corazón” lo vuelva confortable.
Mi Señora realiza las abluciones rituales para el sagrado abrazo,
ella se lava para el encuentro con el rey.154

Según el calendario lunar, la luna con su nuevo creciente se prepara para recibir a su amado y ser fecundada por su Luz.155 Es la misma Luz que vuelve a hacerse sobre la oscuridad, el Orden que vuelve a hacerse sobre el caos, Marduk que vuelve a vencer a Tiamat. Esta imagen arquetípica que subyace en el corazón de todo aquél que vive sumido en la sacralidad de su existencia, está aludiendo a la hierofanía, que es, desde la más elevada a la más elemental, símbolo de la irrupción de lo sagrado en la vida ordinaria.156 Como dice Federico González, está “estrechamente vinculada con un don particular o un regalo divino”157 que tiene que ver con la posibilidad de vivenciar mediante el rito el Tiempo sagrado, un no-tiempo equiparable a la Eternidad. De ahí que “la fiesta es la celebración de la Gracia, la Gracia misma actuando en el tiempo”158, que subyace tras cualquier rito de celebración y constituye el hilo conductor y su razón de ser.

Hoy, primer día de Nisán, con el Sol atravesando Aries, como todos los años, uno tras otro desde tiempo inmemorial,159 Babilonia mira al Cielo. Atentos, los astrólogos observan con sumo cuidado y leen los signos que se les presentan y que interpretan con la delicadeza de quien maneja un tesoro, pues los reconocen como símbolos sagrados. De sus observaciones saldrán los presagios para todo el año. Va a inaugurarse un nuevo ciclo. Doce estaciones, doce días de celebraciones. Todo quedará atrás y volverá el mundo a empezar de cero.

Cada año, desde finales del segundo milenio, Babilonia, como toda ciudad mesopotámica, celebraba su festividad de Año nuevo. Y siendo que la fiesta se desarrolla siempre en el tiempo original160 pues actúa aboliendo el tiempo y raptándonos desde aquel no-tiempo–, puede decirse con propiedad que con el comienzo del año volvía a comenzar el mundo, y así una y otra vez, partiendo de cero, siendo así periódicamente regenerado, “recreado” con dicha celebración. De hecho, “el nombre sumerio de esta fiesta, á-ki-til, significa "fuerza que hace revivir el mundo" (-til quiere decir "vivir" y "revivir"; así, un enfermo "revive", es decir, sana); se evoca aquí todo el ciclo de la ley del eterno retorno”161.

En Babilonia, esta festividad era conocida con el nombre de akîtu, cuyo significado es “comienzo del año” en acadio. Durante los doce días que duraban las celebraciones, toda actividad se centraba en Marduk, cuya estatua salía en procesión por la calle principal de la ciudad, lo que permitía excepcionalmente al pueblo acercarse a aquel dios que una vez más decidiría su destino. Aunque dentro del Eságil, estas celebraciones se vivían de otra manera, a cubierto de miradas profanas.

El Santuario de Babilonia cuenta, asimismo, con otro templo abajo,162 en el que hay una gran estatua sedente de Zeus,163 en oro, y a su lado una gran mesa de oro, siendo el pedestal de la estatua y el trono, asimismo, de oro. Estas piezas, al decir de los caldeos, están hechas con 800 talentos de oro. Fuera del templo hay un altar de oro y hay, además, otro altar de gran tamaño sobre el que se inmolan las reses adultas, ya que en el altar de oro sólo se pueden inmolar lechales. Asimismo, sobre el altar mayor los caldeos queman cada año, cuando celebran la fiesta en honor de ese dios, 1000 talentos de incienso. Y por aquel entonces había todavía en ese sagrado recinto una estatua de oro macizo de 12 codos de altura. Yo no la he visto, simplemente repito lo que dicen los caldeos. Darío, hijo de Histapes, puso sus miras en esa estatua, pero no se atrevió a apoderarse de ella; en cambio, su hijo Jerjes se apoderó de ella e hizo matar al sacerdote que prohibía cambiar la estatua de sitio. Estas son, en suma, las bellezas que adornan este santuario y hay, además, numerosas ofrendas privadas.164

Aunque la Celebración de Año nuevo, la fiesta más importante en el culto de Babilonia, tenía lugar dos veces al año, correspondiéndose con los dos equinoccios, el de otoño y el de primavera, la más conocida fue esta última, de la que ha llegado testimonio a través de unas tablillas165 en las cuales está basado todo lo que sigue. Dichas tablillas están escritas en seis columnas, tres por cada cara, de las que se han podido recuperar, aunque con lagunas más o menos importantes, cuatro fragmentos y uno más largo en los que se detallan los ritos. Es importante destacar que dichas tablillas formaban parte del secreto del templo, como dejaron constancia los escribas al final de la primera invocación a Marduk, secreto que tiene que ver con el número 21, número de líneas que tiene dicha invocación.166

El texto167 en cuestión empieza hablando del segundo día de nissanu que se corresponde con los meses de marzo-abril. Ese día, dos horas antes del final de la noche, el urigallu168 se levantará, se lavará con el agua del Éufrates, entrará en la cella donde se halla la estatua de Bel, revestirá una túnica de lino e invocará a Bel-Marduk:

Bel, sin rival en tu cólera,
Bel, rey benevolente, Señor de los países,
que haces favorables a los grandes dioses,
Bel, quien, con tu mirada, derribas a los poderosos,
Señor de los reyes, luz de la humanidad, que repartes las partes,169
Bel, tu sede es Babel, Borsippa es tu tiara,
Los vastos cielos son el conjunto de tu vientre.
Bel, con tus ojos observas el mundo;
[con] tus oráculos controlas los oráculos;
[con] tu mirada das la ley;
[con] tus brazos mueles a los poderosos;
tus ..., (los) tomas con la mano;
[cuando] (los) miras, te apiadas de ellos; repiten tu valentía.
Señor de los países, luz de los Igigi, tú que bendices,
¿quién (no hablará) de ti, no repetirá tu valentía?

Quién no dirá de tu gloria, no glorificará tu soberanía?
Señor de los países, que habitas el E-ud-ul,
que tomas la mano del que ha caído,
¡de tu ciudad, Babel, ten piedad!
¡Hacia el Eságil, tu templo, vuelve tu rostro!
¡De los hijos de Babel, de los clientes170 establece la libertad!

21 es el número de líneas: el secreto del Eságil;
[a] Bel nadie excepto el urigallu del E-ku-a
lo dejará ver.

Tras lo cual, abrirá la puerta, los sacerdotes se levantarán y harán sus ritos como de costumbre y ante Bel y Belti (Zarpanit, su esposa) ejecutarán los kalû171 y los chantres.172

Sigue una laguna de cinco líneas en las que se supone que se describe el inicio del 2° día, al final de la cual se lee: “y colocará ... un sello en la tiara de Anu”. Y tres veces dirá:

Los malvados enemigos...
que en su potencia...
he aquí que en...
ritos conjuratorios...
porque el enemigo y el sinvergüenza...
el gran Señor Marduk...
de una maldición inexpiable maldecido...
una suerte sin retorno asignada...
El que ... Bel mi señor,
que ... el señor de los países,
que ... Babel,
en el centro de la tierra...
el que ... el E-ud-ul,
la purificación de...
como el cielo y la tierra...
...
arrancando...
los templos de ...
el olvido de sus ritos...
dispersando...
los habitantes de...
los servidores...173
(Vosotros) que ... Babel,
que ... el E-ud-ul,
os ha tomado...
habitáis...

Continua una laguna de 76 líneas.

El tercer día, se sigue el mismo protocolo que el primero, tras lo cual, tres horas después del amanecer, se fabricaban dos figuras de 7 dedos de alto, una tallada en madera de cedro y otra de tamarisco y ambas recubiertas de oro y piedras dušú provenientes del tesoro de Marduk. Dichas estatuillas se reservaban para el sexto día de la celebración. Se asignaba a los diferentes artesanos (orfebre, ebanista, sastre, etc.) una parte de sus cuerpos y una mención en el texto a “la víctima”, hace pensar en un exorcismo. Una de las figuras sujeta en su mano izquierda una serpiente de madera de cedro y levanta su mano derecha hacia Nabû.174 La otra sujeta en su mano izquierda un escorpión y levanta su mano derecha hacia Nabû. Llevan vestimentas rojas y el cinto rodeado de una rama de palmera. Serán colocadas hasta el sexto día en el templo del Juez divino. Les serán presentados los panes de la mesa del Juez divino. El sexto día, a la llegada de Nabû al E-bur-sag-ti-la, el porta-espada abatirá su cabeza (hay pequeñas lagunas en el texto). Ante Nabû se encenderá un fuego, y en medio de éste serán echadas.

El cuarto día, tres horas y un tercio antes del final de la noche, el urigallu repite el protocolo inicial y “elevando la mano”175 hacia Bel, “elevará” la siguiente invocación:

Señor el más poderoso de los Igigi, el más elevado de los grandes dioses,
señor de las regiones, rey de los dioses, Marduk, que fijas los designios (celestes),
augusto, sublime, muy alto, príncipe,
que mantienes la soberanía,
luz brillante, Marduk que habita el E-ud-ul,
... que sumerges el país de los enemigos.

Laguna de 4 líneas

que unes el cielo, que apilas la tierra,
que mides las aguas del mar, que pones los campos en cultura,
que habitas el E-ud-ul, Marduk sublime,
que fijas los destinos de todos los dioses,
que otorgas el cetro santo al rey que lo teme,
soy el urigallu del E-ku-a, que te bendice,
¡con tu ciudad, Babel, sé indulgente,
del Eságil, tu templo, ten piedad!
Que con tu palabra sublime, señor de los grandes dioses,
ante los hijos de Babel luzca la luz.

A continuación, pronunciará esta otra en honor a Beltia:176

Es poderosa, es diosa, es la más elevada de las diosas,
Sarpanitu, la más brillante de las estrellas, que habita el E-ud-ul,
la ... de las diosas, vestida de luz,
que unes el cielo, que amontonas la tierra,
Sarpanitu, cuya estación es alta;
brilla, Beltia, es sublime y muy alta,
entre las diosas no hay como ella;
es la que acusa e intercede,
que abate al rico y vuelve a enderezar al humilde,
que derriba al enemigo, al que no teme su divinidad,
que salva al cautivo, toma la mano del caído.
Al servidor que bendice tu nombre, bendícelo;
al rey que te teme, fija su destino;
a los hijos de Babel, a los clientes177 da la vida;
ante el rey de los dioses, Marduk, intercede por ellos;
que digan tu gloria, que exalten tu soberanía;
que repitan tu valentía, que glorifiquen tu nombre;
del servidor que te bendice, ten piedad;
en la necesidad y en la pena, toma su mano;
en la enfermedad y el sufrimiento, dale la vida;
que vaya y venga constantemente en la alegría y el regocijo;
¡que repita tu valentía ante los pueblos del mundo entero!

Seguidamente saldrá al patio-sublime y se colocará de cara al norte para bendecir tres veces el Eságil con estas palabras: “Astro Ikû,178 Eságil, imagen del Cielo y de la Tierra”. Entrarán los sacerdotes y ejecutarán los ritos como de costumbre. Tras la cena, se recitará179 el Enuma Elish “desde el principio hasta el final”.180 Mientras tanto, la tiara de Anu y el trono de Enlil permanecerán cubiertos.181

El quinto día, cuatro horas antes de acabar la noche, se repite el protocolo inicial, aunque esta vez se precisa que el urigallu se lavará con el agua del Tigris y del Éufrates. A continuación, éste dirige una invocación a Bel y a los planetas, estrellas y constelaciones como aspectos del dios,182 rogándole reiteradamente que se calme:

Mi Señor, es él; ¿no es acaso mi señor?
Mi Señor... ; ¿No es “mi Señor su nombre?
Mi Señor... ; mi Señor, rey de los países;
mi Señor...; mi Señor...;
mi Señor, ¿no es él quien da? Mi Señor, ¿no es él quien...?
mi Señor...; mi Señor...;
mi Señor...; mi Señor...;
mi Señor...; mi Señor que habita el E-ud-ul;
mi Señor...; mi Señor...;
mi Señor...; mi Señor, que da;
mi Señor...; mi Señor, que habita el parakku;
mi Señor...; mi Señor, mi Señor es él.
Dimer-an-ki-a,183 que fija los destinos, es mi Señor: ¡mi Señor, cálmate!
El astro Mu-sir-keš-da (el Dragón), que aguanta el cetro y el círculo, es mi Señor: ¡mi Señor, cálmate!
El astro de Eridu (la Nave), que posee la sabiduría, es mi Señor: ¡mi Señor, cálmate!
Asari, que hace presente de la cultura, es mi Señor: ¡mi Señor, cálmate!
El Astro-blanco (Júpiter), que traes los presagios al mundo, es mi Señor: ¡mi Señor, cálmate!
El astro Gud (Mercurio), que hace llover la lluvia, es mi Señor: ¡mi Señor, cálmate!
El astro Gena (Saturno), el astro de justicia y de equidad, es mi Señor: ¡mi Señor, cálmate!
El astro An (Marte), furioso Gibil, es mi Señor: ¡mi Señor, cálmate!
El astro Kak-si-sa (Sirius), que mide las aguas del mar, es mi Señor: ¡mi Señor, cálmate!
El astro Šu-pa (Arcturus), señor de los Enlil, es mi Señor: ¡mi Señor, cálmate!
El astro Ne-ne-gar, que es creado de él mismo, es mi Señor: ¡mi Señor, cálmate!
El astro Nu-muš-da (la Grulla), que desborda de lluvia, es mi Señor: ¡mi Señor, cálmate!
El astro Pecho-del-Escorpión, que se agolpa en el pecho del mar, es mi Señor: ¡mi Señor, cálmate!
Shamash, luz de las regiones, es mi Señor: ¡mi Señor, cálmate!
Sin, que ilumina la oscuridad, es mi Señor: ¡mi Señor, cálmate!
Mi Señor es mi dios, mi Señor es mi soberano; ¿es un señor fuera de sí mismo?

Lo mismo con Sarpanit –aunque ella es reconocida como la “que se calma”, la “muy buena”, la que “concede”–, y a los planetas, estrellas y constelaciones que le corresponden como aspectos de la diosa:184

Mi Señora misericordiosa, mi Señora que se calma;
mi Señora que no está irritada, mi Señora que se calma;
mi Señora que da, mi Señora muy buena;
mi Señora ..., mi Señora muy buena;
la Señora... que no está irritada, mi Señora que concede;
mi Señora que (acoge) la invocación, mi Señora que concede;
Dam-ki-an-na, soberana del cielo y de la tierra, “mi Señora” es su nombre.
La estrella Dilbat (Venus), la más brillante de las estrellas, “mi Señora” es su nombre.
La estrella del Arco (el Gran Perro), que abate a los poderosos, “mi Señora” es su nombre.
La estrella de la Cabra (la Lira), que observa los cielos, “mi Señora” es su nombre.
La estrella He-Gal-a (Cabellera de Berenice), estrella abundante, “mi Señora” es su nombre.
La estrella Bal-teš-a (Corona Boreal), estrella de placer, “mi Señora” es su nombre.
La estrella del (Gran) Carro, nudo del cielo, “mi Señora” es su nombre.
La estrella Eru (la Virgen), que crea el esperma, “mi Señora” es su nombre.
La estrella Nin-mah, que hace presente de la vida, “mi Señora” es su nombre.
Mi Señora, “mi Señora” es su nombre; “mi Señora”, ¿no es ése su nombre?

Tras la invocación, abrirá los batientes de las puertas, entrarán los sacerdotes y ejecutaran sus ritos como de costumbre. Dos horas después del amanecer, el urigallu llamará a un incantador que purificará el templo, las cisternas del Tigris y del Éufrates y rociará el templo. Hará sonar el timbal de estaño del centro del templo. Traerá el pebetero (para quemar perfume) y la antorcha al centro del templo. El incantador se quedará en el centro del patio; no entrará en el santuario de Bel y Belti. Cuando acabe la purificación del templo, entrará en el Ezida, en el santuario de Nabû, luego con el pebetero, la antorcha y el aspersorio, purificará el templo de Nabû, bendecirá el santuario con las aguas de la cisterna del Tigris y de la cisterna del Éufrates. Tocará todos los batientes de las puertas del santuario con aceite de cedro. En medio del patio del santuario, colocará un pebetero de plata, y en él mezclará especias y ciprés. Llamará a un porta-espada, éste cortará la cabeza a un cordero, luego, con el cadáver del cordero, el incantador frotará el templo. Recitará incantaciones para exorcizar el templo. Purificará el santuario en toda su extensión y luego quitará el pebetero. El incantador se llevará el cadáver del cordero, se irá al río, se colocará cara a occidente y tirará al río el cadáver del cordero. Saldrá al campo. El porta-espada hará lo mismo con la cabeza del cordero. Ambos saldrán al campo. Mientras Nabû esté en Babilonia, no entrarán allí.

Del 5° al 12° día se quedarán en el campo. El urigallu del E-ku-a no verá la purificación del templo. Si la ve, no está puro. Tras la purificación del templo, tres horas y un tercio después del amanecer, el urigallu del E-ku-a saldrá del santuario y llamará a todos los artesanos. Harán salir el Cielo de oro de Marduk, luego Ezida, el santuario de Nabû, cubrirán desde el [...] hasta los fundamentos del templo. El urigallu del E-ku-a y los artesanos dirán esta invocación, invitando a salir a todo mal y al gran demonio:

Purificarán el templo,
Marduk, el hijo de Eridu, que habita el E-ud-ul,
Azag-su(g)..., dios que bendices con (agua) pura,
Nin-a-ha-du, que escuchas las invocaciones:
Marduk purificará el templo,
Azag-su(g) diseñará el diseño,
Nin-a-ha-du lanzará la incantación.
Todo mal que se encuentra en el templo, ¡sal!
Oh gran demonio, ¡que Bêl te aniquile!
Del lugar en que te encuentras, ¡sé arrancado!

Todos los artesanos saldrán a la puerta. Luego el urigallu entrará ante Bel, preparará una mesa de oro con una ofrenda de viandas, panes, sal, miel, especias, ciprés y vino, junto con un pebetero de oro y cuatro jarrones de oro, y hará la siguiente invocación:

Oh Marduk, señor supremo de los dioses,
que habitas el Eságil, que creas las leyes,
[que] ... a los grandes dioses,
..., tu fuerza celebro.
¡[Que se vuelva] tu corazón hacia quien toma tu mano!
¡[Que en el E-zur, tu casa de la invocación,
[en el] ... , tu santuario, levanta su cabeza!

Hará una invocación, tras lo cual quitará la mesa, llamará a todos los artesanos, les entregará la mesa y se la hará llevar a Nabû. Éstos la cogerán e irán al borde de canal. Cuando llegue Nabû, la llevarán a Nabti (se mencionan los panes) y una vez allí, saldrá la barca de Nabû. Traerán agua para lavar las manos del rey e introducirán a éste en el Eságil. Los artesanos saldrán a la puerta. Habiendo llegado el rey ante Bel, el urigallu saldrá del santuario, luego le quitará al rey el cetro, el círculo y el arpa, tomará las manos del rey, tomará su tiara real; ante Bel introducirá estos objetos y los colocará sobre un asiento ante él. Saldrá del santuario y luego abofeteará al rey en la mejilla. Vienen unas lagunas pero parece entenderse que coloca al rey detrás suyo, lo introduce ante Bel, le tira de las orejas y lo hace arrodillarse en el suelo.185 El rey deberá decir:

No he pecado, señor de los países,
no he sido negligente con respecto a tu divinidad.
No he destruido Babel, no he ordenado su dispersión.
No he agitado el Eságil; no he olvidado sus ritos.
No he abofeteado la mejilla de los clientes;186
no he causado su humillación.
Me preocupo de Babel, no he derribado sus murallas.

Viene una laguna de 5 líneas.



Estela proveniente de Babilonia donde aparece un rey ante Marduk, s. VIII a. C. Museo arqueológico del Antiguo Oriente, Estambul.

Lo que sigue, igualmente con numerosas lagunas, pertenece a un discurso dirigido por el urigallu al rey:

No temas, ...
que Bel ha dicho...
Bel [contestará] a tu plegaria...
Engrandecerá su soberanía...
Elevará tu reino...
El día (de la fiesta) de eššešu, haz...
En (la fiesta) de la apertura de la puerta, purifica [tus] manos...
día y noche...
[Tú] que... Babel, su ciudad,
que... Eságil, su templo,
que... los hijos de Babel, los clientes,187
Bel te bendecirá... para siempre,
destruirá a tus enemigos, abatirá a tus adversarios.

Tras haber hablado así el urigallu, el rey recuperará la dignidad habitual de su aspecto. El urigallu hará salir del santuario su cetro, el círculo, el arpa y la tiara y las devolverá al rey. Abofeteará al rey en la mejilla: cuando lo haya abofeteado, si le saltan las lágrimas, Bel está bien dispuesto, si no le saltan, Bel está enfadado, el enemigo surgirá y provocará su caída.

Cuando haya hecho esto, 40 minutos después de la puesta del sol, el urigallu liará juntos 40 juncos de tres codos cada uno, ni hendidos, ni rotos, sino rectos, atados con una rama de palmera; en el patio sublime hará un hoyo, y en ese hoyo colocará los juncos; miel, nata, aceite de primera calidad [...] instalará un buey blanco188 ante el foso. El rey mediante un junco introducirá en medio del foso una llama. El rey y el urigallu harán la siguiente invocación:

Oh divino Toro, luz brillante que ilumina la oscuridad,
(toro) ardiendo de Anu...
oh Gibil...
(…)


Estela de piedra. A la derecha se puede ver un altar dedicado a Marduk.

A partir de aquí hay un vacío que sólo puede llenarse con otras tablillas encontradas o por referencias indirectas. Puede sin embargo reconstruirse el orden según el cual se desarrollaba la ceremonia gracias a otros textos que nos han llegado. Se sabe por ejemplo que el 8° día, antes de partir hacia el akîtu, el sacerdote rociaba al rey y al público con agua consagrada. Por lo demás, se desconoce la parte de este ritual relativa a la procesión del akîtu. Según M. Eliade, “la procesión representaba el cortejo de los dioses que se dirigían a luchar contra Tiamat”.189 La regeneración del tiempo significaba también una renovación del poder del rey. Se sabe también que en conmemoración de dicha victoria, los otros dioses le ofrecían regalos, lo cual prueba la grandísima importancia que tenían las estatuas, que eran estatuas vivas.190

En cuanto a la procesión, un texto de Assur enumera los nombres sucesivos de Marduk en las diversas etapas: 1° “en el santuario”, 2° “entre los lienzos”, 3° “sobre el asiento ante la estrella”, 4° “en el parakku de los destinos”, 5° “en la calle”, 6° “en la barca”, 7° “en el akîtu”. El rey no debía salir del santuario antes del 6° día, como vemos en este ritual, y el 8°día Marduk hacía una parada en el parakku191 de los destinos antes de salir del templo.

Esta reclusión es especialmente significativa. Según M. Eliade, “durante este tiempo el pueblo buscaba a Marduk, que se suponía que estaba «encerrado en la montaña», fórmula que indicaba la «muerte» de una divinidad”192. Parece claro que el rey, asimilado al rey de los dioses, debía morir con aquel ciclo que acababa193 y para ello tenía que sufrir unas pruebas de carácter iniciático, entre ellas una Muerte que debía repetirse cada año. En relación a esta idea, añade Eliade en nota: “Los autores clásicos hablan de «la tumba del Bel»194 (= Marduk), en Babilonia. Se trata, con toda probabilidad, del zigurat del templo Etemenanki, considerado sepulcro momentáneo del dios”, poniendo en relación la “Tumba de Bel”, su “encierro en la montaña”, la Iniciación y la Muerte iniciática; todo lo cual nos conduce directamente al simbolismo del corazón de la montaña, a la caverna iniciática y al Agartha.195 Y de ahí nuevamente al Etemenanki, imagen arquetípica de la jerarquía y del Eje del mundo atravesando los diferentes planos. En él muy probablemente tuvieran lugar las Iniciaciones196 y con ello el paso de la oscuridad a la Luz revivido con esta celebración, un paso capital, pues de ello dependía que la lucha del rey/Marduk contra Tiamat, símbolo del enemigo interno que el rey debía enfrentar, acabase con éxito.

Pero también alude a los ciclos. A este respecto, René Guénon habla de las pirámides, o en este caso el zigurat, “monumento destinado a asegurar la conservación de los conocimientos tradicionales en previsión del cataclismo”, como lugar de Iniciación, siendo “el medio normal de mantener ‘vivos’ los conocimientos que en ellas se habían incluido, al menos mientras haya subsistido esta iniciación.” Lo relaciona asimismo con Enoch y Set, hijo de Adán: “Es verdad que antiguos autores árabes lo designan con los nombres, extraños en apariencia, de Aghatîmûn y Adhîmûn pero, evidentemente, estos nombres no son sino deformaciones del griego Agathodaimôn, que, refiriéndose al simbolismo de la serpiente considerada en su aspecto benéfico, se aplica perfectamente a Set, como explicamos ya en otra ocasión. La conexión particular que así se establece entre Seth y Enoc también es muy notable, tanto más que a ambos se lo relaciona, por otra parte, con ciertas tradiciones que conciernen a un retorno al Paraíso terrenal, esto es, al ‘estado primordial’ y en consecuencia, con un simbolismo polar que no carece de alguna relación con la orientación de las pirámides”197.

Siguiendo con el desarrollo de la fiesta, un fragmento del rito menciona sucesivamente las palabras que debían ser pronunciadas, primero en el momento en que Bel se sienta en el parakku de los destinos: “Sal, Bel, el rey te espera”, siendo un privilegio del rey coger la mano del dios198 invitándolo a salir de su templo y conducirlo al akîtu. Marduk atravesaba entonces en su barca sagrada el Éufrates en un itinerario de siete etapas que duraba entre uno y dos días. Entre la estación del parakku de los destinos y la llegada al borde del río tiene lugar la procesión en la calle, que partía del parakku de los destinos hasta encontrar, enfrente de la Puerta Santa, la gran vía sagrada, que iba desde ésta hasta la Puerta de Ishtar, y tal como han demostrado las excavaciones, continuaba más allá de dicha puerta en dirección norte. Probablemente llegaba al río donde el dios se embarcaba hacia el akîtu. A partir de ahí, la barca remontaba el río hasta probablemente un brazo del Éufrates y desde ahí la procesión seguía una vía sagrada hasta el akîtu. Este templo, llamado también E-zur o “de las invocaciones”, se encontraba en el campo,199 en el norte de la ciudad.

No se tiene ningún dato acerca del día de llegada del dios al akîtu, pero su presencia queda atestada el 10° y el 11° día. En todo caso, el 10° día se dice que los dioses se reunían en asamblea en el akîtu.200 Es muy probable que todos los actos entre la salida del Eságil y la llegada al akîtu se dieran el mismo día, eso es el 8º día. En todo caso, allí se desarrollaba el episodio central con la victoria del dios sobre Tiamat, probablemente mediante un combate ritual en el que se representa la batalla primordial entre la diosa y el dios,201 y con el rito, a través del cual actúa el Arte de la Memoria, se actualizaba el tiempo reabsorbiéndose en su Origen. Tal como consta en la tablilla, el Enuma Elish era recitado entero, “desde el principio hasta el final”, constituyendo una parte esencial en la celebración. Mircea Eliade explica que “del cuerpo del monstruo marino, Tiamat, Marduk creó el mundo [...] Pero, como se ha de ver, esta victoria del dios sobre el Dragón debe repetirse simbólicamente cada año, pues cada año el mundo ha de ser creado de nuevo. Igualmente, la victoria de los dioses contra las fuerzas de las Tinieblas, de la Muerte y del Caos se repite en cada victoria de la ciudad contra sus invasores”202.

Se reafirmaba con ello también la jerarquía Cielo/Tierra y poder sacerdotal/poder temporal. Empezando por el rey, que debía juramentarse para renovar su legitimidad y sus votos bajo rigurosa obediencia al Gran Sacerdote, el cual, como representante del poder espiritual, oficiaba el rito, asumiendo un papel crucial en la celebración. En el mismo sentido, la primera etapa de la celebración transcurría en la más estricta intimidad entre el dios y el urigallu. Ni siquiera el resto de sacerdotes estaba autorizado a entrar en el templo, hecho ya de por sí muy significativo que ponía de manifiesto la jerarquía interna del clero. A su vez, Marduk también ejercía su papel, desde el plano ontológico, presente a través de su estatua,203 porque el significado de la celebración del Año era esencialmente cósmico. Era invocado y exaltado para renovar, con la entrada en un nuevo ciclo, el tiempo y el universo. De todo ello se deduce que los ritos tenían lugar en diferentes planos, que, aunque coexistentes, se correspondían con espacios más o menos interiores de lo sagrado.204

El 11° día, el dios volvía al Eságil, seguramente deshaciendo el camino, pues ese día hay evidencia de su parada en el parakku de los destinos, donde, como el nombre indica, Marduk y su hijo Nabû “fijaban los destinos”, ya sea del rey, del pueblo, o de cada individuo para aquel año, lo cual era recogido por escrito por el escriba divino y secretario de los dioses en la “Tablilla de los Destinos”.205

A este respecto, Mircea Eliade comenta que “puesto que los dioses son responsables del orden cósmico, los hombres deben observar sus mandatos, que se refieren a las normas, a los «decretos», me, que aseguran el buen funcionamiento tanto del mundo como de la sociedad humana. Los «decretos» fundamentan, es decir, determinan el destino de todos los seres, de todas las formas de vida, de toda empresa divina o humana. La determinación de los decretos se realiza mediante el acto del namtar, que constituye y proclama la decisión tomada. Con ocasión de cada Año Nuevo, los dioses fijan la suerte de los doce meses que han de seguir”206.

Se cree que el 11° día tuviera también lugar algún tipo de ceremonia entre Marduk y Sarpanit. Mircea Eliade así lo afirma en su Historia de las creencias y las ideas religiosas: “Este complejo [akîtu] incluye el hieros gamos entre dos divinidades tutelares de la ciudad, representadas por sus imágenes o por el soberano –que recibía el título de esposo de la diosa Innana y encarnaba a Dumuzi–207 y una hieródula. Este hieros gamos actualizaba la comunión entre el dios y los hombres, una comunión efímera, pero de consecuencias importantes, pues la energía divina se comunicaba directamente a la ciudad —dicho de otro modo, a la Tierra— para santificarla y asegurar su prosperidad y bienestar durante todo el año que comenzaba”208.

Al día siguiente, Nabû volvía con su esposa Tashmetû a Borsippa y terminaba la Celebración hasta el año siguiente. El nuevo comienzo, de alcance universal, que había sido amparado por los dioses, se había hecho realidad, una vez más, gracias a aquellos sacerdotes, mediadores entre lo de arriba y lo de abajo. El destino humano y su frágil equilibrio dependían enteramente de su pureza. De hecho, todo, absolutamente todo, estaba supeditado a que no se rompiera el vínculo con lo sagrado,209 lo cual, inexorablemente, acabó ocurriendo, como es propio del devenir de todo ciclo, signado por la lucha entre la memoria210 y el olvido, equivalente este último, como el enemigo, a la oscuridad y la muerte.

Aunque en el más estricto secreto, en aquella cella, magníficamente dispuesta desde el principio, se celebraba la unión más sublime: la del tiempo y la Eternidad.

Babilonia, ciudad pura,
es en el secreto de tu nombre,
reflejo del corazón del Cielo,211
donde todo empieza de nuevo.
Lugar puro, intangible,
donde “siempre es ahora”.212

¡Los grandes dioses
ocuparon, así pues, su lugar
y, presentando sus copas,
siguieron celebrando el banquete!213



NOTAS.
1 Enūma Eliš y otros relatos babilónicos de la Creación, I 17-20. Ed. Trotta, Barcelona, 2014.
2 Bel significa “Señor”. Marduk es a veces llamado Bel o Bel-Marduk.
3 Enūma Elîs, I 79-82, op. cit.
4 Precisa el Enūma Eliš que “su divinidad [de Marduk] era totalmente diferente”. Enūma Eliš, I 91, ibíd.
5 Enūma Eliš, IV 20-26, ibíd.
6 Enūma Eliš, IV 29-30, ibíd.
7 Sus nombres son “Asesino”, “Despiadado”, “Arrasador” y “Alado”.
8 Enūma Eliš, IV 63-64, ibíd.
9 Tiamat dará en Hebreo la palabra Tehom, que se suele traducir como “lo profundo” y se asimila también al Caos. Ver Karen van der Toorn, Bob Becking, Pieter W. van der Horst, Dictionary of deities and demons in the Bible, William B. Eerdmans Publishing Company, Cambridge, UK, 1999.
Federico González comenta en su diccionario: “El término abismo denota al mismo tiempo lo inferior, lo ctónico, e igualmente la profundidad y por lo tanto la interioridad del carácter. A veces la visión del abismo puede considerarse la del ser del alma”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Abismo”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
10 Enūma Eliš, IV 65-66, ibíd.
11 Enūma Eliš, V 59, ibíd.
12 Jean Bottéro y Samuel Noah Kramer, Cuando los dioses hacían de hombres, Mitología mesopotámica, XIV 50 “La Epopeya de la Creación”, V 59-71. Ed. Akal, Madrid, 2004.
13 Podría verse en ello al Ouroboros, ya que Tiamat es simbolizada por un gran reptil.
14 Enūma Eliš, V 76, ibíd.
15 Ver acápite sobre la cizaña (Módulo III, 26): Federico González y col., Introducción a la Ciencia Sagrada, Programa Agartha, Revista Symbolos nº 25-26, Barcelona, 2003.
16 Ídem.
17 Ver apartado “Celebración de Año nuevo”.
18 En realidad, tal como señala la nota al pie de la edición de Trotta, “Las Casas de los Grandes Dioses” es una interpretación popular de lo que Babilonia significa: “La puerta de Dios”.
19 Enūma Eliš, V 125-130, ibíd.
20 Enūma Eliš, VI 1-4, ibíd.
21 Aquí la creación del hombre se corresponde con la tablilla VI. En él Génesis bíblico el hombre también es creado el 6° día.
22 Enūma Eliš, VI 35-36, ibíd.
23 Enūma Eliš, VI 37-38, ibíd.
24 Enūma Eliš, VI 52, ibíd.
25 Enūma Eliš, VI 61-64, ibíd.
26 Ver A. R. George, Babilonian topographical texts, I-3, Orientalia Lovaniensia Analecta. Ed. Orientaliste, Leuven, 1992. A propósito del Eságil o Esagila, ver apartado “Babilonia, ciudad pura”.
27 Enūma Eliš, VI 78-81, ibíd.
28 Primogénito de Enki/Ea, dios de los encantamientos y de los exorcismos.
29 Enūma Eliš, VI 131, ibíd.
30 Enūma Eliš, VII 139-142, ibíd.
31 Enūma Eliš, VII 155-156, ibíd.
32 Enūma Eliš, VII 161-162, ibíd.
33 Prólogo del Código de Hammurabi, Joaquín Sanmartín, Códigos legales de tradición babilónica, p. 97, col. I 1-26. Ed. Trotta, Madrid, 1999.
34 Si bien Nippur conservó su estatus como capital religiosa, por lo menos hasta bien entrado el periodo Casita, con el consentimiento de Enlil, cedería el brillo a Babilonia y a Marduk, hijo de Enki, adoptando un relativo segundo plano que garantizaría la paz y el equilibrio entre ambas ciudades. Con Hammurabi se reestructurará el panteón y Marduk sustituirá a Enlil.
Al respecto, dice Federico González: “Debe destacarse la sucesión del reinado de diversos dioses y su influencia, lo que está relacionado, como sabemos, con distintos periodos cíclicos en sus cosmogonías.” Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Mito”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
35 Existe en el panteón sumero-acadio, donde cada ciudad-estado posee su dios tutelar, y en especial desde la segunda mitad del segundo milenio, una tendencia al sincretismo, por la que dicho panteón acaba reduciéndose durante el primer milenio a Marduk, en quien se resumen todos los dioses, de forma que éstos se presentan como sus manifestaciones o aspectos. Dicha tendencia se manifiesta claramente en el Enuma Elish, que viene a ser la pieza clave en el ascenso de Babilonia al justificar con el triunfo de Marduk sobre Tiamat, análogo al triunfo del orden sobre el caos, la culminación del dios en el panteón mesopotámico y su calificación como “rey de los dioses”.
36 Enūma Eliš y otros relatos babilónicos de la Creación, IV 5-6, ibíd.
37 Ver apartado anterior: “Enūma Eliš, Poema babilónico de la Creación”.
38 Enūma Eliš y otros relatos babilónicos de la Creación, Cosmogonías menores, Mito bilingüe de la Creación: la Creación del mundo por Marduk, l. 1, ibíd.
39 Enūma Eliš y otros relatos babilónicos de la Creación, Cosmogonías menores, Mito bilingüe de la Creación: la Creación del mundo por Marduk, l. 10, ibíd.
40 Según los Sumerios y las primeras epopeyas babilónicas, la primera ciudad creada, de la que era dios titular Enki/Ea.
41 El Eságil es el templo dedicado a su dios patrón, Marduk, en Babilonia. Es a la vez templo y complejo, en el que se ubican otros edificios, principalmente el Etemenanki o zigurat.
42 Otro nombre para referirse a Enki/Ea.
43 Es el nombre de las aguas subterráneas u océano de agua dulce que sostiene la Tierra, pero representa asimismo las Aguas primordiales antes de la Creación, lo que confiere una doble profundidad a este término. El punto de inflexión viene marcado por la muerte del dios Apsu a manos de Enki/Ea, quien lo convertirá en su morada. En el primer caso, la Tierra sería el tejado del Apsu.
Apsu en acadio o Abzu en sumerio provienen etimológicamente de ab/ap, “agua” y zu/su, “profundo” o “conocer”. Ver apartado anterior: “Enūma Eliš: poema babilónico de la Creación”.
44 Enūma Eliš y otros relatos babilónicos de la Creación, Cosmogonías menores, Mito bilingüe de la Creación: la Creación del mundo por Marduk, 12-16, ibíd.
45 En Eridu, Enki siguió conservando un culto importante y se mantuvo en un lugar preeminente como dios de la Sabiduría.
46 Normalmente, los templos tenían dos nombres: uno sumerio y uno acadio. El nombre sumerio, que empezaba por E- (Templo o Casa), se correspondía con su nombre ceremonial, mientras que el acadio, que empezaba por la palabra de origen semítico bît o bitū (Casa), era el nombre de uso secular.
47 Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, cap. I, El Centro del Mundo. Ed. Paidós, Barcelona, 2009.
48 Giovanni Pettinato, Babilonia, centro dell’universo, Rusconi Libri, 1988.
49 Esta idea está presente en la Tradición Judía. En la Mishna se dice que el Templo de Jerusalén se encuentra encima del tehom, análogo al Apsu, en el que penetraba la roca, siendo a la vez ésta la que cerraba la puerta del tehom. Mircea Eliade, Images et symboles, Symbolisme du centre. Ed. Gallimard, Nanterre, 2013.
50 Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, cap. I, El Centro del Mundo, op. cit.
51 El Tintir es un conjunto de cinco tablillas de arcilla escritas que ofrece una descripción de la topografía sagrada de Babilonia. Data de finales del siglo XII a. C. Gracias a dicha fuente pudo trazarse el plano de la ciudad e identificar los restos arqueológicos.
52 Andrew R. George, Babilonian topographical texts, Orientalia Lovaniensia Analecta. Ed. Orientaliste, Leuven, 1992.
53 Enūma Elîs, VI 57-60, ibíd.
54 Enūma Eliš y otros relatos babilónico de la Creación, VI 112. Ed. Trotta, Barcelona, 2014.
55 Andrew R. George, Babilonian topographical texts, BM34850 p. 77, op. cit.
56 Ídem.
57 Las murallas, como los fosos, protegían a la ciudad de sus enemigos, aquellos humanos y aquellos infra-humanos, que entre otros males, traían las enfermedades y la muerte. La ciudad era considerada ante todo un recinto sagrado, y sus murallas y puertas eran ritualmente consagradas, recibiendo nombres de poder como consta en el Tintir.
58 Ver apartado “Celebración de Año nuevo”.
59 Viene al caso citar aquí, a propósito del nombre propio y de la magia que promueve, unas palabras de Cornelio Agrippa acerca de su virtud y de cómo actúan como intermediarios: “Los Nombres propios son muy necesarios en las operaciones de la Magia, como lo aseguran casi todos los magos, porque la fuerza o virtud natural de las cosas llega al punto de los objetos de los sentidos, pasa en seguida de ellos a la imaginación, de ésta al pensamiento que la contiene en primer lugar, y la expresa después por la voz y las palabras. Por ello los Platónicos dicen que la fuerza de una cosa está oculta en la voz misma o la palabra, y el nombre formado en sus artículos bajo la forma del significado, como la vida misma; estando concebida por el pensamiento, como por la semillas de las cosas, luego produce como un fruto a través de la voz y las palabras, y al fin se conserva por lo escrito. Esto hace decir a los magos que los nombres propios de las cosas son ciertos rayos presentes en todo, que conservan su fuerza mientras la esencia de la cosa domina en ellas y ella discierne; y hacen reconocer las cosas como a través de imágenes apropiadas y vivas”. Y continúa diciendo: ”Por ello toda voz significativa significa a través de una influencia de armonía celeste, luego por la imposición del hombre, aunque a menudo eso sea distinto entre unos y otros; mas cuando los dos significados se encuentran en una voz o nombre, impuestos por la armonía y por los hombres, entonces ese nombre se torna muy eficaz para actuar, teniendo doble virtud, a saber, la natural y la voluntaria, todas las veces que es pronunciado sobre una materia preparada en tiempo y lugares convenientes, con la ceremonia e intención requeridos y una naturaleza acorde a él”. Cornelio Agrippa, La Filosofía Oculta, Libro I, Cap. LXX. Ed. Kier, Buenos Aires, 2005.
60 Según Robert Graves y Raphael Patai, Los mitos hebreos. Ed. Gredos, Madrid, 2012. En hebreo, se convirtió en Bab-el, traducción exacta del babilonio. Ver Béatrice André-Salvini, Babylone, l’Album de l’exposition. Ed. Hazan, París, 2008.
61 Mircea Eliade, Images et symboles. Ed. Gallimard, Nanterre, 2013.
62 Algunos de los nombres de santuarios, Andrew R. George, Babilonian topographical texts, ibíd.
63 Traducción de Joaquín Sanmartín. Epopeya de Gilgameš, rey de Uruk, Epopeya babilónica clásica, I:1. Ed. Trotta, Madrid, 2018.
64 Ver Epopeya de Gilgameš, rey de Uruk, Epopeya babilónica clásica, I:1-4, op. cit.
65 Epopeya de Gilgameš, rey de Uruk, p. 94, ibíd.
66 La mutación de su piel es análogamente símbolo de renovación cíclica. Ver Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Serpiente”, op. cit.
Por otra parte, la serpiente aparece a veces como guardiana de determinados símbolos de Inmortalidad o “tesoros escondidos”. Ver René Guénon, El simbolismo de la cruz, Cap. IV. Ed. José J. de Olañeta, Palma de Mallorca, 2003.
Se trata de un símbolo polivalente y ambivalente presente en todas las culturas. En su aspecto benéfico está relacionada con la Sabiduría.
67 Ver Enūma Eliš V 65-68, ibíd.
68 Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, p. 35, ibíd.
69 Enūma Eliš VI 61-64, ibíd.
70 Ver Enūma Eliš VI 62, ibíd.
71 Jean Bottéro y Samuel Noah Kramer, Cuando los dioses hacían de hombres, Enūma Elîs, V 117-130, op. cit.
72 Según estudio realizado por Juan-Luis Montero Fenollós, Las murallas de Babilonia. Nueva interpretación de una maravilla del mundo antiguo, Revista Universitaria de Historia Militar, Volumen 6, número 12, 2017.
Para ver trazado el original de la ciudad de Babilonia a partir del emplazamiento del zigurat, consultar: Jean-Claude Margueron, Cités invisibles. La naissance de l’urbanisme au Proche-Orient ancien. Approche archéologique. Ed. Geuthner, París, 2013.
73 Jean-Claude Margueron, Cités invisibles, op. cit.
74 Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, ibíd.
75 Mircea Eliade, Images et symboles, I Symbolisme du “Centre”. Ed. Gallimard, Nanterre, 2013.
76 Mircea Eliade, Images et symboles, I Symbolisme du “Centre”, op. cit.
77 Ver texto completo: Andrew R. George, Babilonian topographical texts, I, 3, p. 115-119, ibíd.
78 1 codo = unos 50 cm.
79 Se entiende estrictamente por “templo del zigurat” el santuario que se halla en su sumidad. Ver Andrew R. George, Babilonian topographical texts, p. 424, ibíd.
80 1 nindanu, la vara babilónica, equivale a unos 6 m.
81 El tu’um comprende dos partes, una cámara interior y una exterior, esta última acoge el lecho divino.
82 1 codo pequeño equivale a unos 50 cm.
83 A modo de colofón, aparece una tabla de conversión. Andrew R. George, Babilonian topographical texts, p. 119, ibíd.
84 Herodoto, Historia, Libro I, 181:3-4. Ed. Gredos, Madrid, 1982.
85 Pertenece a la colección privada de Martin Schøyen, Noruega, ref. MS 2063. Data de c. 604-562 a. C. Las imágenes pertenecen al Smithsonian Channel, donde son comentadas por el asiriólogo Andrew George, autor de Babilonian topographical texts (ver bibliografía), en el vídeo:
http://www.smithsonianmag.com/videos/category/history/some-very-compelling-evidence-the-tower-of-b/?jwsource=cl
86 Se desconoce con qué se corresponde este plano. Se habla de la cella de Marduk en la sumidad del zigurat.
87 La construcción del templo repite la Cosmogonía.
88 Acerca de la Gran Pirámide, dice el Programa Agartha: “Se trata de la expresión "La Tumba de Hermes", que es como se designaba antiguamente a la mayor de las pirámides de Egipto, expresión que también puede extenderse a las dos restantes que están a su lado. En este sentido, esa misma fuente tradicional asegura que en dicha pirámide se encierra la Ciencia Sagrada transmitida por Hermes (identificado con el profeta Idris o Henoch) desde los tiempos antediluvianos, en clara alusión a la civilización Atlante, remontándose a través de ésta hasta la propia Tradición Primordial. Se afirma también que la referida pirámide guarda esa Ciencia no en forma de documentos o inscripciones jeroglíficas, sino "fijada" en su propia estructura exterior e interior, pues en verdad se trata de un auténtico modelo simbólico del Cosmos, al cual refleja en todas sus proporciones y medidas. Por consiguiente, es al conocimiento de lo que ese modelo expresa al que en realidad alude "La Tumba de Hermes", expresión que también sugiere el carácter secreto y velado que dicho conocimiento tomó a partir de un momento dado en el devenir de la historia humana”. Federico González y col., Introducción a la Ciencia Sagrada, Programa Agartha, Módulo III, “El hermetismo alejandrino”, op. cit.
Asimismo, explica René Guénon: “Esta interpretación concuerda además bastante bien, en el fondo, con otra versión árabe del origen de las pirámides, cuya construcción atribuye al rey antediluviano Surid; éste, advertido de la inminencia del Diluvio por un sueño, las hizo edificar según el plan de los sabios, y ordenó a los sacerdotes que depositaran en ellas los secretos de sus ciencias y los preceptos de su sabiduría. Pues es sabido que Enoc o Idris, también antediluviano, se identifica con Hermes o Thot, que representa la fuente de la que provenían los conocimientos del sacerdocio egipcio y luego por extensión, representa también este mismo sacerdocio en cuanto continuador de la misma función de enseñanza tradicional; es realmente, pues, la misma ciencia sagrada lo que, de esta forma, parece que fue depositado en las pirámides”. René Guénon, Formas tradicionales y ciclos cósmicos. Ed. Vía Directa, Valencia, 2007.
89 Epopeya de Gilgamesh, rey de Uruk, XI 29-31, ibíd.
90 Epopeya de Gilgamesh, rey de Uruk, XI 58-59, ibíd.
91 Diez varas o nindanu equivalen a 60 m, midiendo cada nindanu 6 m.
92 Biblia de Jerusalén, Ap. 21:16. Ed. Desclée De Brower, Bilbao, 1998.
93 “Entre el simbolismo geométrico y el simbolismo numérico, en cuanto a formas de expresión, se da un paralelismo completo, de tal modo que pueden utilizarse indiferentemente y que incluso se pasa del uno al otro con naturalidad”. En este caso, ambas figuras están signadas por el 6 y el 7 si se considera su Centro o Principio, del cual es irradiada la propia figura. René Guénon, Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada. Ed. Paidós, Barcelona, 2002.
94 Guénon concluye respecto al simbolismo de las direcciones del espacio, que todo lo abarca ya sea desde el punto de vista microcósmico como macrocósmico: “La cruz de tres dimensiones constituye, según el lenguaje geométrico, un ‘sistema de coordenadas’ al que se puede referir el espacio entero; y el espacio simboliza aquí el conjunto de todas las posibilidades, bien de un ser particular, o bien de la existencia universal. Este sistema está formado por tres ejes, uno vertical y los otros dos horizontales, que son tres diámetros rectangulares de una esfera indefinida, y que, incluso con independencia de toda consideración astronómica, pueden considerarse orientados hacia los seis puntos cardinales: en el texto de Clemente de Alejandría que hemos citado, lo alto y lo bajo corresponden respectivamente al Cenit y al Nadir, la derecha y la izquierda al Sur y al Norte, el delante y el detrás al Este y el Oeste, lo que se podría justificar con las indicaciones concordantes que se encuentran en casi todas las tradiciones. Se puede decir también que el eje vertical es el eje polar, es decir, la línea fija que une los dos polos y alrededor de la cual todas las cosas efectúan su rotación; es, pues, el eje principal, mientras que los dos ejes horizontales no son sino secundarios y relativos. De estos dos ejes horizontales, uno, el eje Norte-Sur, también se puede denominar el eje solsticial, y el otro, el eje Este-Oeste, se puede llamar el eje equinoccial, lo que nos remite al punto de vista astronómico, en virtud de cierta correspondencia de los puntos cardinales con las fases del ciclo anual [...]”. René Guénon, El simbolismo de la cruz, Cap. IV, op. cit.
95 Epopeya de Gilgamesh, rey de Uruk, XI 61-62, ibíd.
96 René Guénon explica a propósito del simbolismo universal de la cruz desde una perspectiva metafísica que contempla la realización del estado humano y la liberación del alma, lectura última de toda construcción sagrada en la que todas las demás confluyen y se sintetizan: “La mayoría de las doctrinas tradicionales simbolizan la realización del ‘Hombre universal’ mediante un signo que es en todas partes el mismo, porque [...] es de aquellos que se vinculan directamente con la Tradición primordial: el signo de la cruz, que representa muy claramente la manera en que se alcanza esta realización mediante la comunión perfecta de la totalidad de los estados del ser, armónica y conformemente jerarquizados, en una expansión integral en los dos sentidos de la ‘amplitud’ y la ‘exaltación’. En efecto, se puede considerar que esta doble expansión del ser se efectúa, por una parte, horizontalmente, es decir, en un nivel o grado de existencia determinado, y por otra parte verticalmente, es decir, en la superposición jerárquica de todos los grados. Así, en sentido horizontal representa la ‘amplitud’ o la extensión integral de la individualidad tomada como base de la realización, extensión que consiste en el desarrollo indefinido de un conjunto de posibilidades sometidas a ciertas condiciones especiales de manifestación; y hay que entender bien que, en el caso del ser humano, esta extensión no está en absoluto limitada a la parte corporal de la individualidad, sino que comprende todas las modalidades de ésta, no siendo propiamente el estado corporal más que una de esas modalidades. En sentido vertical representa la jerarquía, indefinida también y con mayor razón, de los estados múltiples, cada uno de los cuales, considerado asimismo en su integralidad, es uno de esos conjuntos de posibilidades, referidas a otros tantos ‘mundos’ o grados, que están comprendidos en la síntesis total del ‘Hombre universal’. En esta representación cruciforme, la expansión horizontal corresponde, pues, al número indefinido de las modalidades posibles de un mismo estado del ser considerado integralmente, y la superposición vertical, a la serie indefinida de los estados del ser total. Ni que decir tiene, por lo demás, que el estado cuyo desarrollo está representado por la línea horizontal puede ser un estado cualquiera; de hecho será el estado en el que se encuentre actualmente, en cuanto a su manifestación, el ser que realiza el ‘Hombre universal’, estado que es para él el punto de partida y el soporte o la base de esta realización”. René Guénon, El simbolismo de la cruz, Cap. III, ibíd.
97 Guénon cita a Clemente de Alejandría, autor que bebió de fuentes babilónicas, concretamente de la Chaldaica de Beroso, sacerdote del templo de Bel-Marduk de Babilonia: “Clemente de Alejandría dice que de Dios, ‘Corazón del Universo’, parten las extensiones indefinidas que se dirigen una hacia arriba, otra hacia abajo, esta a la derecha, aquella a la izquierda, una hacia delante y otra hacia atrás; al dirigir su mirada hacia estas seis extensiones como hacia un número siempre igual, Él acaba el mundo; Él es el principio y el fin (el Alfa y el Omega); en el se acaban las seis fases del tiempo y de Él reciben su extensión indefinida; este es el secreto del número 7”. René Guénon, El simbolismo de la cruz, Cap. IV, ibíd.
98 Sigue Guénon citando a Clemente de Alejandría, quien habla de “seis fases del tiempo, que corresponden respectivamente a las seis direcciones del espacio: son, como hemos dicho, seis periodos cíclicos, subdivisiones de otro periodo más general, a veces representados como seis milenios [...], y estos seis milenios son análogos a los seis ‘días’ de la creación. El séptimo milenio, como el séptimo ‘día’, es [...] la fase de retorno al principio, que corresponde naturalmente al centro, considerado como la séptima región del espacio”. Asimismo, Flavio Josefo, quien como Clemente bebió de Beroso, “observa que seis mil años forman diez ‘grandes años’ –el ‘gran año’ con seis siglos (es el naros de los caldeos). [...] Diremos, pues, tan solo que puede tratarse de seis fases indefinidas, o sea de duración indeterminada, más una séptima que corresponde a la terminación de todas las cosas y a su restablecimiento en el estado primero”. René Guénon, El simbolismo de la cruz, Cap. IV, ibíd.
99 “Lo que hay que considerar en realidad es, por una parte, el plano del ecuador y el eje que, uniendo los polos, es perpendicular a ese plano. Y, por otra parte, las dos líneas que unen respectivamente los dos puntos solsticiales y los dos puntos equinocciales; tenemos así lo que podemos llamar, en el primer caso, la cruz vertical y, en el segundo, la cruz horizontal. El conjunto de estas dos cruces, que tienen el mismo centro, forma la cruz de tres dimensiones, cuyos brazos están orientados siguiendo las seis direcciones del espacio; éstas corresponden a los seis puntos cardinales, que, junto con el centro, forman el septenario. Ya hemos tenido ocasión de señalar en otro lugar la importancia atribuida por las doctrinas orientales a estas siete regiones del espacio, así como su correspondencia con ciertos periodos cíclicos”. René Guénon, Le roi du monde, Cap. VII. Ed. Gallimard, Mayenne, 2015.
100 Su reducción numérica es la unidad: 7=6+5+4+3+2+1=28=2+8=10=1+0=1.
101 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “ruptura de nivel”, ibíd.
102 Epopeya de Gilgameš, rey de Uruk, XI 157-158, ibíd.
103 Mircea Eliade, Images et symboles, I Symbolisme du “Centre”, ibíd.
104 Mircea Eliade, Images et symboles, I Symbolisme du “Centre”, ibíd.
105 Federico González y col., Introducción a la Ciencia Sagrada, Programa Agartha, Módulo I, “El símbolo del templo”, ibíd.
106 René Guénon, El simbolismo de la cruz, Cap. IV, ibíd.
107 Federico González y col., Introducción a la Ciencia Sagrada, Programa Agartha, Módulo I, “El símbolo del templo”, ibíd.
108 Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica, II: 9, 4. Ed. Gredos, Madrid, 2001. La Babilonia descrita por Diodoro es la de tiempos de Nabucodonosor II.
109 Herodoto, Historia, Libro I, 181: 3-4, op. cit.
110 De hecho, Caldeo era en la Antigüedad sinónimo de astrólogo, ciencia en la que estos sacerdotes eran versados.
111 Como también se lee en el Génesis: “Atardeció y amaneció: día primero” (Gén. 1:5). Biblia de Jerusalén. Ed. Desclée De Brower, Bilbao, 1998.
112 Es importante remarcar que el crepúsculo propiamente dicho es la “hora del día –amanecer o atardecer– donde la luz crece o decrece en su devenir. Sin embargo es tomado este término en el aspecto que antecede a la noche, es decir como el ocaso del sol”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “crepúsculo”, ibíd.
113 Los colores que se asignaban a los planetas eran los siguientes: Venus, blanco; Júpiter, naranja; Saturno, gris; Marte, rojo; Mercurio, variable; la Luna, azul; el Sol, amarillo.
114 Beroso, sacerdote babilonio del s. IV a. C., en su Chaldaica, hoy perdida, ofrece una cronología de los Reyes ante-diluvianos donde el último rey, Xiusuthra, “con el que acabó el restablecimiento de la civilización bajo una nueva dinastía, fue de dieciocho sars, equivalente a 64.800 años”, que es a la duración del Manvántara en la Tradición Hindú. Joscelyn Godwin, Atlantis and the cicles of time. Ed. Inner Traditions, Rochester, 2011.
115 Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica, II 30: 2-5, op. cit.
116 Nota de Gredos: “Parece que atribuye a los caldeos el sistema egipcio de treinta astros divinizados correspondientes a cada día del mes en lugar del propiamente babilonio de 36 astros, llamado decans.” En la introducción de la edición de Gredos se explica que “se produce un desacuerdo en los astros de los caldeos: Diodoro cuenta dieciocho, más los doce del zodíaco (es decir, treinta), en II 30, 6; y veinticuatro, tras los doce del zodíaco (es decir, treinta y seis), en II 31, 4. Se ha supuesto que Diodoro confunde dos sistemas distintos, el babilonio del decans, con 36 estrellas, y el egipcio de sólo 30 estrellas, una para cada día del mes. En la primera noticia, sólo es visible la mitad de las constelaciones, oculta la otra bajo la Tierra, pero cada diez días desaparece una constelación y aparece otra. En cambio, en la segunda, la mitad son siempre visibles pues pertenecen al hemisferio norte y la otra mitad no lo son nunca por pertenecer al hemisferio sur. Por una parte, las circunstancias están basadas en el curso del año; por la otra, en la diferencia de hemisferios.” Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica, ibíd.
117 Gredos aclara en otra nota a pie de página que “esos 24, sumados a los 12 del zodíaco, dan los 36 del sistema babilonio del decans”. Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica, ibíd.
118 Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica, II 30:6 - 31:9, ibíd.
119 Innana o Ishtar está presente en el cielo bajo los rasgos del planeta Venus. Federico Lara Peinado, Himnos sumerios, Himno a Innana 10:18. Ed. Teknos, Madrid, 2013.
120 Dios de la Luna para Asirios y Babilonios.
121 Marie-Joseph Seux, Hymnes et prières aux dieux de Babylonie et d’Assyrie, Invocación a Sin p. 478. Ed. du Cerf, Limoges, 1976.
122 Federico Lara Peinado, Himnos sumerios, Himno a Innana 10:124, op. cit.
123 Introducción al Gran Tratado de Astrología, versión sumeria. Jean Bottéro, Cuando los dioses hacían de hombres, ibíd.
124 Existe incluso un ritual para la observación de eclipses. Ver T. Boiy, Late Achaemenid and Hellenistic Babylon, p. 24, Orientalia Lovaniensia Analecta. Ed. Orientaliste, Leuven, 2004.
125 Además de Efemérides, se habla de Almanaques, en los cuales figuraba la longitud de cada mes, los fenómenos de la luna y los planetas, la fecha en que un planeta entraba en un nuevo signo del Zodiaco, la posición del planeta al principio del mes, los fenómenos de Sirio e información sobre solsticios, equinoccios y posibles eclipses solares. Se deduce por la posición de los planetas en los signos zodiacales que dichos almanaques servían para trazar horóscopos. Sobre almanaques, diarios astronómicos, listas de observaciones de la Luna y otros planetas y otros registros, ver T. Boiy, Late Achaemenid and Hellenistic Babylon, p. 33 y ss., op. cit.
126 Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica, II 31:9, ibíd.
Conocedores de los Ciclos, ciencia del Cielo por excelencia, los caldeos dejaron constancia en tablillas y también en prismas de barro o piedra, de listas de Reyes cuyas cronologías se sumen en la noche de los tiempos, y que más allá de cualquier interpretación literal, dan cuenta de esta Ciencia.
127 Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica, II 30:1, ibíd.
128 Cornelio Agrippa, La Filosofía Oculta, Libro II, Cap. LX, op. cit.
129 Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica, II 29:2-4, ibíd.
130 Diodoro se refiere aquí a Belo, rey de Egipto, hijo de Poseidón y Libia, pertenece a la mitología griega.
131 Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica, I 28:1, ibíd.
132 Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica, nota al pie p.292, ibíd.
133 Por cierto, Guénon habla de un primer Hermes, Hermes El-Hâramesah, considerado antediluviano, siendo los otros dos postdiluvianos. René Guénon, Formas tradicionales y ciclos cósmicos, Cap. XI La tumba de Hermes. Ed. Vía Directa, Valencia, 2007.
134 Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica, II 30:1, ibíd.
135 Afirma, por ejemplo, Herodoto que “El polo, el gnōmōn y la división del día en doce partes, los griegos lo aprendieron de los babilonios”. Herodoto, Historia, Libro II 109:3, ibíd.
136 Los filósofos presocráticos. Ed. Gredos, Madrid, 1981.
137 Cornelio Agrippa, La Filosofía Oculta, Libro I, Cap. II, ibíd.
138 Hijo de Seleuco I Nicátor, heredero de Babilonia tras la muerte del macedonio.
139 En el primero de los tres libros que componían la Caldaica aparece el Enuma Elish, el Poema babilonio de la Creación, como una forma de transmitir cómo Marduk, al que todo rey babilonio debía obediencia, se hizo con el control del universo, y cómo dicho control tenía que ver con el orden cósmico. Ver apartado Celebración de Año nuevo.
140 René Guénon, Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada, Cap. LXXV, op. cit.
141 “El mito de la perfección de los comienzos está claramente atestiguado en Mesopotamia [...]. Según las tradiciones babilonias, los ocho o diez reyes antediluvianos reinaron entre diez mil ochocientos y setenta y dos mil años; por el contrario, los reyes de las primeras dinastías posdiluvianas no sobrepasaron los mil doscientos años. Añadamos que los babilonios conocían asimismo el mito de un Paraíso primordial y habían conservado el recuerdo de una serie de destrucciones y recreaciones (siete, probablemente) sucesivas de la raza humana”. Mircea Eliade, Mito y realidad, cap. IV. Ed. Labor, Barcelona, 1991.
142 Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica, II 30:1, ibíd.
143 Diodoro de Sicilia, Biblioteca Histórica, II 31:1-3, ibíd.
144 Cornelio Agrippa, La Filosofía Oculta, Libro I, Cap. LXXI, ibíd.
145 Ver Marie-Joseph Seux, Hymnes et prières aux dieux de Babylonie et d’Assyrie, op. cit.
146 Ver nota 17 del apartado “Celebración de Año nuevo”.
147 Marie-Joseph Seux, Hymnes et prières aux dieux de Babylonie et d’Assyrie, p. 240, ibíd.
148 De la misma raíz que ashipu, “conjurador”.
149 Marie-Joseph Seux, Hymnes et prières aux dieux de Babylonie et d’Assyrie, p. 225, ibíd.
150 Marie-Joseph Seux, Hymnes et prières aux dieux de Babylonie et d’Assyrie, p. 228, ibíd.
151 En Grecia y Roma, Apolo, dios del Sol y de la Luz, es también dios de la medicina y de la profecía.
152 Mircea Eliade, Mito y realidad, cap. II, El papel de los mitos en las curaciones, op. cit.
153 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Magia”, ibíd.
154 Federico Lara Peinado, Himnos sumerios, Himno a Innana 10:167-181, ibíd.
155 La luna asimilada a Innana como encarnación del principio femenino.
156 “Al tomar contacto e identificarse con esa condición superior de sí mismo y del todo, [se] constata que signos y estructuras simbólicas aparentemente diversas son sin embargo idénticas en significado y origen; un mismo pensamiento o idea puede ser expresado con distintos lenguajes y ropajes sin alterarse en modo alguno su contenido único y esencial; que las ideas universales y eternas no pueden variar aunque en apariencia se manifiesten de modo cambiante”. Federico González y col., Introducción a la Ciencia Sagrada, Programa Agartha, Módulo I, Lo exotérico y lo esotérico, ibíd.
157 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Hierofanía”, ibíd.
158 Federico González, En el útero del cosmos, obra teatral.
159 Pues el Tiempo sagrado se presenta de forma circular, reversible y recuperable. Así lo explica Mircea Eliade: “El Tiempo sagrado es indefinidamente recuperable, indefinidamente repetible. Desde un cierto punto de vista, podría decirse que no “transcurre”, que no constituye una “duración” irreversible. Es un Tiempo ontológico por excelencia, “parmenídeo”: siempre igual a sí mismo, no cambia ni se agota. En cada fiesta periódica se reencuentra el mismo Tiempo sagrado, el mismo que se había manifestado en la fiesta del año precedente o en la fiesta de hace un siglo: es el tiempo creado y santificado por los dioses a raíz de sus gesta, que se reactualizan precisamente por la fiesta. En otros términos: se reencuentra en la fiesta la primera aparición del Tiempo sagrado, tal como se efectuó ab origine; in illo tempore. Pues ese Tiempo sagrado en que se desarrolla la fiesta no existía antes de los gesta divinos conmemorados por ella. Al crear las diferentes realidades que constituyen hoy día el Mundo, los dioses fundaban asimismo el Tiempo sagrado, ya que el Tiempo contemporáneo de una creación quedaba necesariamente santificado por la presencia y la actividad divina”. Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, cap. II, ibíd.
160 “El tiempo del origen de una realidad, es decir, el tiempo fundado por su primera aparición, tiene un valor y una función ejemplar; por esta razón el hombre se esfuerza por reactualizarlo periódicamente por medio de rituales apropiados. Mas la “primera manifestación” de una realidad equivale a su creación por los seres divinos o semi-divinos: reencontrar el tiempo del origen implica, por su consiguiente, la repetición ritual del acto creador de los dioses. La reactualización periódica de los actos creadores efectuados por los seres divinos y lo temporal constituye el calendario sagrado, el conjunto de fiestas”. Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, cap. II, ibíd.
161 Raymond Jestin, La religión sumeria, Ed. Siglo XXI, Madrid, 1977, citado por Mircea Eliade, Historia de las creencias y las ideas religiosas I, cap. III-17. Ed. Paidós, Barcelona, 1999.
162 Se refiere aquí Herodoto como templo bajo al Eságil, donde tiene lugar el inicio de las celebraciones de Año nuevo que se describen a continuación, siendo el templo alto el Etemenanki.
163 Bel-Marduk era asimilado por los griegos a Zeus.
164 Herodoto, Historia, Libro I 183:1-3, ibíd.
165 A las que dedica un capítulo el arqueólogo François Thureau-Dangin. En éste aparecen las tablillas, su transcripción en sumerio y una traducción al francés. François Thureau-Dangin, Rituels Accadiens. Ed. Ernest Leroux, Paris, 1921.
166 “Y es preciso señalar que toda escritura, y todas las palabras atraen los movimientos ordinarios por sus números ordinarios y sus proporciones, como por su forma; siendo pronunciadas o escritas contra el orden corriente, y retrogradando, producen efectos insólitos”. Cornelio Agrippa, La Filosofía Oculta, Libro I, Cap. LXXI, ibíd.
167 Se ha transcrito la totalidad de las invocaciones y algunos fragmentos del texto, aunque otros se han sintetizado. Texto original: François Thureau-Dangin, Rituels Accadiens, op. cit.
168 Gran sacerdote, también llamado sesgallu. Esta apelación es la que aparece en el texto original.
169 Dicha expresión equivale a “que fijas los destinos”.
170 Thureau-Dangin da esta traducción.
171 Sacerdotes especializados en lamentaciones.
172 Los chantres y músicos recibían el nombre de narû.
173 Las amenazas de Marduk parecen aludir a sucesos como el que narra más arriba Herodoto refiriéndose a Jerjes, quien robó la estatua de Marduk y asesinó al sacerdote que se lo impedía.
174 Nabû es el dios de la escritura e hijo de Marduk, residente en Borsippa. Era traído junto con su esposa a Babilonia para las Celebraciones de Año nuevo. Entre sus títulos también está el de “Escriba del Esagila”, “Principal sacerdote de ritos” y “Señor de Sabiduría”. Es representado con un estilete o una cuña y un tablero de escritura, como el Thot egipcio. De hecho, el planeta con el que se corresponde es Mercurio. Karen van der Toorn, Bob Becking, Pieter W. van der Horst, Dictionary of deities and demons in the Bible. William B. Eerdmans Publishing Company, Cambridge, UK, 1999.
175 La “elevación de la mano” es el gesto tradicional propio de una invocación. Figura por ejemplo en la estela de Hammurabi, donde dicho rey hace el gesto ante Shamash. Dio nombre a las “Fórmulas a mano alzada al dios X” y tiene su expresión tanto en sumerio como en acadio. Reza una invocación ki-dutu-kam de un conjurador a Shamash: “Shamash, presta atención a mi mano alzada”.
176 Sarpanit, esposa de Bel-Marduk.
177 Ver nota 16.
178 Constelación de Babel.
179 Es de destacar que la recitación del Enuma Elish tiene lugar el 4° día, siendo el 4 el número con el que está signado Marduk.
180 La recitación ritual del mito cosmogónico sume en el tiempo mítico, que es de hecho un eterno Presente, y tiene una función regeneradora pues significa el retorno al origen y por consiguiente un renacimiento. A propósito de esta ruptura de nivel, explica M. Eliade: “Con relación al hombre religioso, existe una diferencia esencial: este último conoce intervalos “sagrados” que no participan de la duración temporal que les precede y les sigue, que tienen una estructura totalmente diferente y otro origen, pues es un Tiempo primordial, santificado por los dioses y susceptible de hacerse presente por medio de la fiesta”. Mircea Eliade, Lo sagrado y lo profano, cap. II, ibíd.
181 Parece ser que es entonces cuando el rey iba a buscar la estatua de Nabû a Borsippa, ciudad de la que era patrón. El viaje se hacía en barca y el rey volvía a Babilonia con la estatua.
182 ”Para componer poemas y oraciones que atraigan la virtud de una estrella o divinidad hay que considerar las virtudes que aquélla contiene, sus efectos y operaciones, y mezclar en estos versos, alabando, magnificando, elevando, adornando, las cosas que esa estrella tiene por costumbre dar o influir, rebajando o desaprobando lo que ella destruye e impide; suplicando lo que se desea tener, vituperando y detestando lo que se quiere destruir o impedir, y preparar de ese modo una oración bien compuesta, pulida, elegante, bien distinguida por artículos, con ciertos números competentes y proporciones convenientes. Los magos quieren, además, que se invoque y ruegue por los nombres de esa estrella y de esa divinidad a las cuales cuadra esa clase de poemas, por sus efectos admirables, o sus milagros y sus vías en su esfera; por su luz, por la nobleza de su reino, por su aprobación y por su claridad; por sus potentes virtudes y por cosas semejantes”. Cornelio Agrippa, La Filosofía Oculta, Libro I, Cap. LXXI, ibíd.
183 Nombre de Marduk en el parakku de los destinos.
184 Ver nota 28.
185 La humillación del rey y el cautiverio de Marduk señalan, según M. Eliade, la regresión del mundo al caos precosmogónico. Según el autor, ese día representa el día de expiación para el rey, que se corresponde con el “cautiverio” de Marduk. Mircea Eliade, Historia de las creencias y las ideas religiosas I, cap. III, op. cit.
186 Ver nota 16.
187 Ver nota 16.
188 Explica al respecto Thureau-Dangin en una nota: “Este buey blanco, que era aparentemente inmolado ante el fuego de juncos, representaba sin duda el toro celeste, el signo zodiacal. Un verso de las Geórgicas (I, 217) hace alusión a la estación en que el Toro blanco de cuernos dorados abre el año. Es probable que el rito descrito por nuestro texto haya sido fijado en un tiempo en que el Sol al principio de la primavera estaba todavía en el signo de Tauro”. François Thureau-Dangin, Rituels Accadiens, ibíd.
189 Mircea Eliade, Historia de las creencias y las ideas religiosas I, cap. III, ibíd.
190 Acerca de las estatuas vivas:
“– ¿Te refieres a las estatuas, oh Trimegisto?
– A las estatuas, Asclepio. ¿Te das cuenta hasta qué punto te cuesta creer a ti también? Porque éstas son estatuas animadas, dotadas de pensamiento y llenas de aliento vital y capaces de hacer gran cantidad de cosas de todo tipo; unas estatuas que conocen de antemano el porvenir y nos lo predicen por la suerte, la adivinación, los sueños y muchos otros métodos, que producen las enfermedades a los hombres y las curan y que nos inspiran alegría o tristeza de acuerdo con nuestros méritos”. Textos Herméticos, Asclepio 24. Ed. Gredos, Madrid, 2008. Ver también Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Estatuas”, ibíd.
191 El parakku de los destinos se encontraba en el Eságil.
192 Mircea Eliade, Historia de las creencias y las ideas religiosas I, cap. III , ibíd.
193 Según Federico González, “la iniciación, que equivale a una regeneración, a un cambio de piel en el que se deja la “otra” existencia, está íntimamente vinculada con estos ritmos naturales y por lo tanto con los agrarios, reiteramos, por ser éstos una exteriorización, o un modelo prototípico de creación de una nueva vida, a cualquier nivel que ésta se produzca”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Iniciación”, ibíd.
194 Podría verse aquí una analogía entre la “tumba de Bel” y la “tumba de Hermes”. Ver nota 57 del apartado “Babilonia, la ciudad pura”.
195 “Centro espiritual subterráneo análogo al corazón o a la base de la columna vertebral que en el hinduismo es lugar de Kundalinî, una serpiente dormida que comienza a despertar bajo los influjos de la iniciación. Alberga el germen de inmortalidad en su caverna iniciática, íntimamente vinculada con el Colegio Invisible”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Agartha”, ibíd. Ver asimismo René Guénon, Le Roi du Monde, cap. VIII, op. cit.
196 Respecto a las Iniciaciones, “en el Árbol cabalístico el pasaje a lo lunar se produce en Yesod, el solar en Tifereth, el polar en Kether”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Iniciación”, ibíd.
197 René Guénon, Formas tradicionales y ciclos cósmicos, Cap. XI La tumba de Hermes, Ed. Vía Directa, Valencia, 2007.
198 Refiere Thureau-Dangin en una nota: “El hecho de tomar la mano del rey era el rito inicial de la procesión; era como una invitación a la salida; no era, como parece admitirse tan generalmente, un rito que fuera un fin en sí mismo. En los textos estudiados para este trabajo nos hemos encontrado con numerosos ejemplos del mismo rito, que siempre está ligado al desplazamiento de una estatua divina o de un objeto sagrado”. François Thureau-Dangin, Rituels Accadiens, ibíd.
199 En tiempos de los sumerios, se celebraban ritos de fertilidad agrícola. Se trataba de una antigua fiesta estacional de origen muy antiguo, incluso se habla que es anterior a los sumerios, que posteriormente se vinculó con la Celebración de Año nuevo.
200 Añade el autor que para que los dioses pudieran determinar las suertes, se reunían todas las estatuas juntas. Mircea Eliade, Historia de las creencias y las ideas religiosas I, cap. III, ibíd.
201 Así lo sugiere una inscripción del rey Senaqueribo.
202 Mircea Eliade, Lo Sagrado y lo Profano, cap. I, El centro del mundo, ibíd.
203 Ver nota 36.
204 De forma análoga a lo que son en la Tradición Hebrea los Hekhalot/Palacios, “estados de la conciencia vistos como palacios celestes”. Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada “Hekhalot-Palacios”, ibíd.
205 Dicha tablilla “tiene similitudes con el libro en el que se creía que Dios registraba los nombres de aquellos a los que favorecía, o que lo complacían (Ex. 32: 32-33; Sal. 69:28; 139:16). El concepto continuó en épocas posteriores, especialmente en Apocalipsis, donde hay el 'libro de la vida' (Ap. 3:5; 20:12-15; 21:27), libros que registran los hechos de la humanidad (Ap. 12, 13) y el libro sellado que contiene el destino final del mundo (Ap. 5, etc.)”. Karen van der Toorn, Bob Becking, Pieter W. van der Horst, Dictionary of deities and demons in the bible, op. cit.
206 Mircea Eliade, Historia de las creencias y las ideas religiosas I, cap. III, ibíd.
207 Ver el himno a Innana del principio.
208 Mircea Eliade, Historia de las creencias y las ideas religiosas I, cap. III, ibíd.
209 Ver cap. VIII, René Guénon, Le Roi du Monde, ibíd.
210 Quién somos, de dónde venimos y a dónde vamos, tres preguntas que se resuelven en el mito, en nuestro Origen, al límite de lo Ilimitado.
211 Babel en Hebreo se escribe בבל, que invertido, לבב, significa “corazón”.
212 Federico González, Tres Teatro Tres, En el tren. Ed. libros del Innombrable, Zaragoza, 2011.
213 Jean Bottéro y Samuel Noah Kramer, Cuando los dioses hacían de hombres, Enûma elîs, tablilla VI: 74-76, ibíd.


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