SYMBOLOS
Revista internacional de
Arte - Cultura - Gnosis
 

HIMNOS: ASÍ CANTABAN LOS SUMERIOS A SUS DIOSES

PATRICIA SERDÁ

“Los hombres hemos buscado en los dioses la respuesta a la impermanencia
y al sentido que puedan tener nuestras herencias culturales”.
“Son Conceptos de lo sagrado presentes en todas las tradiciones,
y de los cuales los seres humanos creen que ha nacido el universo y ellos mismos.
Son como todo en el cosmos masculinos y femeninos tal los hombres
y la energía de la dualidad en la que se manifiesta el Principio Supremo”.
“Y tienen la gracia de que por cualquier modo, o método que sea, de pronto,
en un recodo nos iluminan y no sólo se dan a conocer, sino que nos aman y protegen”.1



Inanna sedente.

Desde siempre, como vemos en todas las Tradiciones, hemos cantado himnos de alabanza a los dioses; a las energías celestes que nos conforman y regeneran, expresiones de lo Único e Innombrable que nos guían en la conquista del Sí Mismo. Y así lo hicieron profusamente aquellos seres humanos tan antiguos y misteriosos, los primeros habitantes de Mesopotamia, los sumerios, invocándolos constantemente, glorificándolos y exaltándolos. Relataron sus prodigiosas hazañas, los orígenes atemporales, la creación del mundo y del hombre, el recorrido iniciático, así como los beneficios que dispensaban. Aquellos hombres y mujeres tan desconocidos, que vivieron en un mundo más primordial, fueron los inventores de la escritura, con la que avivaron la llama perenne de la Tradición, tan viva en sus corazones. Memoria de un legado imperecedero, en el que fijaron la Sabiduría eterna y que asombrosamente llega hasta nosotros ahora, abiertos a recibir estos cantos sagrados tan ancestrales y a su vez familiares, que iluminan esta edad oscura, pues acerca de los sumerios, hasta hace muy poco tiempo, tan solo cien años atrás, se ignoraba incluso su existencia.

El testimonio de su floreciente y fecunda cultura es un corpus literario extraordinario, donde símbolo mito y rito se entrelazan poéticamente, que plasmaron sobre tablillas de arcilla, en escritura cuneiforme. Una literatura que atesora el mito y la epopeya heroica, los himnos, lamentaciones, salmos, conjuros y presagios, documentos históricos, textos amorosos y numerosas colecciones de obras morales que comprenden proverbios y exhortaciones, fábulas y ensayos.

En la antigua civilización sumeria todo giraba en torno a sus dioses, estaban tan familiarizados con la presencia de lo sagrado que para ellos la vida era un rito constante. Y se nos presenta como un misterioso escenario mágico-teúrgico, un gran teatro que refleja la comedia y la tragedia, en el que hombres y mujeres actuaban la vida de sus dioses, encarnándolos. Lo que nos revela la gran identidad que había entre el mundo de los hombres y el de los dioses, el amor que les profesaban, y el “tuteo reiterado” que mantenían con ellos. Entidades invisibles que pueblan y protegen sus ciudades, los dioses eran los responsables del orden cósmico, los que determinan los destinos, los fundadores de las ciudades, reveladores de las artes y las ciencias y de todo conocimiento. Los seres humanos habían sido creados para servirlos y colaborar con ellos fecundando y renovando el mundo a perpetuidad. Eran plenamente conscientes de que no existe nada en la naturaleza que no esté gobernado y auspiciado por una diosa o un dios.

Nombrarlos es conocerlos y poder así encarnar la cosmogonía completa. A eso se nos llama, para eso hemos venido a la vida.2

La cantidad de escritos desenterrados es inmensa, y si bien en cuanto a su producción literaria es menor, los himnos conforman el género más amplio de la literatura sumeria; actualmente se conocen más de 3000 composiciones hímnicas. Sin embargo, cualitativamente, este legado es importantísimo y suficiente –pese a que muchos de ellos están fragmentados– para darnos una idea del valor simbólico que poseen aquellos que se han encontrado, restaurado y descifrado y que junto con los mitos son la base de su cultura y transmisión, y por tanto expresión de su cosmogonía y metafísica.

Los himnos de alabanza, ensalzando prácticamente a la totalidad de sus dioses, fueron sus cantos más numerosos. El panteón sumerio es inabarcable, mostrándonos la gran riqueza de aspectos y matices que alberga el Principio Uno y Único, en el que sus dioses, como en todas las tradiciones, manifiestan un Orden o estructura arquetípica jerarquizada. No podemos extendernos en ello pues escapa al objeto de este escrito3 pero a groso modo este panteón estaba compuesto por dos tríadas principales, que como vemos en sus himnos son sus dioses más significativos. Una primera tríada cósmica, cuyo poder era su Verbo divino, estaba constituida por An, “dios del cielo” y “padre de los dioses”, paredro de la diosa Ki (tierra), la “madre de los dioses” también llamada Nintu, “la dama que pare”, cuyo nombre fue cambiado en el transcurso del tiempo a Ninhurshag, “señora de la montaña”, surgidos ambos del Océano Primordial. Enlil, “dios del aire” o la atmósfera, hijo de An y paredro de Ninlil, “señora del viento”, reside en lo alto de la “gran montaña” y es heredero de la realeza de su padre”. Y Enki, “señor del fundamento abismal de la tierra”, vive en el Abzu, el abismo de las aguas, dios de la sabiduría y de la magia, hijo de An y paredro de Ninki. Y la otra tríada de carácter astral, formada por Nanna o Zu-En, el dios luna, “señor del saber”, dios de la adivinación, primogénito de Enlil y padre de Inanna, pareja de Ningal. Utu, el dios sol, “El brillante”, “dios de los oráculos”, y por último Inanna, la “Reina del cielo”, “La estrella de la mañana y del atardecer” (el planeta Venus), diosa del amor y la guerra, “la diosa que gobierna el cielo, la tierra”. Además de una larga lista de dioses y diosas, como se ha dicho, y de reyes. Los himnos también recogen múltiples nombres de demonios y un rico bestiario donde aparecen dragones, serpientes, leones, etc.

Solemnemente pronunciados y cantados con acompañamientos musicales, los himnos desempeñaron un papel principal en sus ritos, como ideas salvíficas presentes en sus invocaciones, tanto en ceremonias como en celebraciones y fiestas, siendo una de las más importantes la ceremonia anual del rito hierogámico de la Festividad del Año Nuevo, llamada el “Matrimonio sagrado” que simbolizaba la regeneración periódica del cosmos, (zagmu = fuerza que hace revivir el mundo) y la fertilidad de las mujeres.

El matrimonio del soberano sumerio, que representaba a Dumuzi, con la diosa Inanna, cuyo papel ostentaba una alta sacerdotisa, era de incalculables consecuencias para la ciudad.4

Otro de los ritos que tenía gran importancia era el que conmemoraba los ciclos o fases lunares (esh-esh), muy extendido en Sumer. Igualmente los que se recitaban en honor a los dioses, la construcción o reparación de templos, erección de estatuas, advenimiento o divinización de reyes, etc.

Transcribimos a modo de una pequeña antología algunos de los himnos o fragmentos de los mismos –debido a su larga longitud– dedicados a dioses, templos, reyes, ciudades y objetos simbólicos que hemos recogido y seleccionado para mostrar cómo los sumerios cantaron y exaltaron la gloria de lo divino.

Según sabemos, todas las mañanas y todas las tardes (urri u tamhie) los templos, santuarios y capillas entonaban cantos hímnicos en honor de los dioses, reyes o templos, en cuyo transcurso las letanías y los gritos de alegría (ka-nundi) se confundían.5



Orantes.

En los himnos aparecen ciertos términos que por su importancia en cuanto a lo que simbolizan queremos destacar. Uno de los más citados son los me, los Poderes, decretos o fuerzas divinas, que tanto An, Enlil, Inanna y especialmente Enki custodiaban y dispensaban. La palabra garza, cuyo significado es rito o acción ritual; gis-hur o plan divino fundamental como esencia de las cosas; duranki, unión del cielo y la tierra, nombre del zigurat y del área sagrada de Nippur; kur, Tierra o Montaña, nombre dado a veces al Abzu; arali, uno de los nombres del infierno; inim o palabra que una vez pronunciada era irreversiblemente operativa; Nindingi, “Señora-diosa”, título de las sacerdotisas principales; me-lam, o irradiación sobrenatural de dioses y aún de reyes; dilmun, paraíso duku, en su origen fue la primitiva morada de los dioses o “colina santa”; Egueshtu, Casa de la sabiduría; ku, claridad, resplandor, luz o estallido.

HIMNO A AN (Adab para An, fragmento)
¡Señor Supremo, que precedes a todos, que has hecho
poderosas las "fuerzas divinas" perfectas,
el más anciano de los señores!
                                                                                                                   (Barsud)
El que levanta la cabeza, el enorme, el toro, del que sale todo germen,
el del nombre importante, revestido de poderoso terror,
cuya suprema sentencia nadie derriba,
la "montaña de las puras fuerzas divinas", revestida de terror,
se ha sentado en el sillón grande:
An, el rey de los dioses,
                                                                                                                   (Shabatuku)
le miró desde lejos con su mirada fija,
al príncipe Lipit-Ishtar le miró con su mirada fija,
le dio vida para días lejanos,
al príncipe Lipit-Ishtar le dio vida para días lejanos.
La sentencia de An está sólidamente asentada,
ningún dios se opone a ella,
los dioses Anunna, todos los dioses
se reunieron con él en el lugar del destino.
                                                                                                                   (Shabatuku)
Ha hecho aparecer radiantemente todas las grandes "fuerzas divinas",
los dioses del cielo (por esto) acudieron a él.
                                                                                                                   (Barsud)
Dispuso con justicia las reglas (del cielo),
cualquiera se le doblega en el cielo y en la tierra.
Con su suprema "fuerza divina", en […],
el gran An regaló el reino estimado
a Lipit-lshtar, hijo de Enlil.
                                                                                                                   (Sagidda)
Grande es An, el dios que aparece es grande,
el apoyo del poderoso An es el rey Lipit-Ishtar.
                                                                                                                   (Es su antífona)
(...)
An, revestido de terror, te ha donado a ti,
al hijo elegido de E[nlil], grandes dones.
                                                                                                                   (Es su antífona)
La palabra de An determina la buena suerte,
la palabra del gran An [determina] la buena suerte;
a Lipit-Ishtar, hijo de Enlil, [le ofrece su] brazo.6
                                                                                                                   (Uru-en)

HIMNO A ENLIL (fragmento)
Enlil, cuyas órdenes llegan muy lejos, el de la palabra santa;
el Señor de la decisión inmutable, que decreta para siempre los destinos;
aquel cuyos ojos abiertos recorren el país.
Cuya elevada luz escruta el corazón de todos los países;
Enlil, sentado cómodamente bajo el blanco Palio, bajo el Palio sublime;
aquel que cumple los decretos de poderío, de señorío, de realeza.
Aquel ante quien los dioses de la tierra se inclinan aterrorizados,
ante quien se humillan los dioses del cielo (…),
El Cielo, de donde Enlil es el Príncipe;
la Tierra, de donde él es el Grande;
los anunnakis, de quienes él es el dios sublime.
Cuando en su majestad decreta los destinos,
ningún dios se atreve a mirarle.
Es únicamente a su glorioso visir, el chambelán Nusku.
A quien los mandatos y la palabra de su corazón
el describe: de ellos le informa,
le encarga de ejecutar sus órdenes universales,
le confía todas las reglas santas, todas las leyes divinas.
Sin Enlil, el “Gran Monte”,
ninguna ciudad sería construida, ningún establecimiento fundado:
ningún establo sería construido, ningún aprisco instalado;
ningún rey sería exaltado, no nacería ni un solo gran sacerdote;
ningún sacerdote mah, ninguna gran sacerdotisa
podrían ser escogidos por la aruspicina;
los trabajadores no tendrían ni inspector ni capataz...;
a los ríos, sus aguas de la crecida no los harían desbordar;
los peces del mar no depondrían huevas en el juncal;
las aves del cielo no construirían sus nidos en la ancha tierra;
en el cielo, las nubes erráticas no darían su humedad;
las plantas y las hierbas, gloria de la campiña, no podrían crecer,
en el campo y en la pradera, los ricos cereales no podrían granar;
los árboles plantados en el bosque montañoso
no podrían dar sus frutos (…)7

HIMNO A ENLIL
¡Muy grande Señor, montaña de los I[gigu],
príncipe de los Anunnaku, Gran (dios) reflexivo,
[En]lil, Señor muy grande, montaña de los Igigu,
príncipe de los Anunnaku, gran (dios) reflexivo,
que te renuevas sin cesar, que lo que dice tu boca es invariable,
de quien ningún dios revoca lo que dicen tus labios!
Señor de los señores, rey de reyes, padre que has engendrado a los grandes dioses,
Señor de los destinos y de las normas, que gobiernas los cielos y la tierra,
Señor de todos los países,
que juzgas sin llamada, cuya orden es inmutable,
que fijas los destinos de todos los dioses,
que, a tu orden, son engendrados los pueblos,
tú nombras rey y gobernador.
Puesto que está en tu poder crear dios y rey,
y porque tú conviertes al débil en fuerte,
entre los numerosos astros de los cielos,
yo, Señor mío, me he confiado en ti, te he celebrado,
te he sido atento.
Fíjame un destino de vida, (…)8

HIMNO A ENLIL Y A NINLIL (fragmento)
(…) Tu palabra es grano, tus palabras son plantas,
tu palabra es la inundación, la vida de todas las tierras;
las criaturas vivientes paseando el [...],
exhalan dulce aliento por el césped (y) la hierba.
¡Enlil, que eres un leal pastor, hiciste conocidos sus caminos!
Ella que tiene dulce gracia, la “estrella oculta”,
madre Ninlil, la santa esposa, cuya [palabra es graciosa],
[vestida] con la santa prenda ma [...],
la fiel mujer, habiendo elevado (tus) ojos (sobre ella), la tomaste en matrimonio,
rica de gracia y de fascinación, señora en el Ekur, que sabe lo que conviene al decoro,
la elocuente, que es elegante al hablar,
cuyas palabras son suaves al género humano,
se ha sentado a tu lado en el santo estrado, en el puro estrado,
habla elocuentemente contigo, susurra a tu lado,
decreta los destinos en el lugar donde sale el sol.
Ninlil, la reina del universo,
estimada en las (canciones de) alabanza de la “Gran Montaña”,
el elevado, cuyas palabras están firmemente asentadas,
cuyo mando y favor son inalterables,
cuyos mandamientos son todos aceptados,
cuyos planes “confirman la palabra”.
¡Oh “Gran Montaña” Enlil, tu alabanza es exaltada!9

HIMNO A ENKI (fragmento)
¡Señor! ¡Sublime en todo el universo! ¡Soberano por naturaleza!
¡Oh venerable Enki, nacido del Toro,
engendrado por el Uro,
amado de Enlil, el Gran Monte, bien amado por el sagrado An!
¡Oh rey, Árbol-mes plantado en el Apsû y que domina la tierra,
alzado en Éridu como un dragón altivo
y cuya sombra abriga al mundo!
¡Huerto cuyo ramaje se extiende sobre todo el país!
¡Enki, señor de la opulencia para los Anunna!
Nadimmud, omnipotente en el Ékur,
Todopoderoso en el cielo y en la tierra,
¡Tú, cuyo [Palacio] sin par fundado en el Apsû,
constituye el gran Mât del mundo!
(…)
¡Tú enumeras los días, ordenas los meses,
concluyes los años.
Y, cuando (cada uno de ellos) termina,
expones ante el Consejo la decisión exacta
y declaras ante todos, la sentencia!
¡Oh venerable Enki, el soberano del conjunto de los hombres
eres tú!
¡Apenas has terminado de hablar y todo crece
y la opulencia llega a la tierra!10

GLORIFICACIÓN DE ENKI
Con razón, en su majestad, Enki, el rey del Absû,
se glorificaba en los siguientes términos:
“¡Mi padre, el soberano del cielo y de la tierra,
me situó en el primer rango del universo!
¡Mi hermano mayor, rey de todos los países,
reunió en mis manos todos los Poderes,
y desde el Ékur, el templo de Enlil,
he traído todas las técnicas a Éridu, en mi Apsû!
¡Soy el heredero legítimo, nacido del Toro,
el hijo que honra a An!
¡Soy el enorme huracán, salido de debajo de la tierra!
¡Soy el gran Señor del país!
¡El primer monarca, el padre del mundo,
el hermano mayor de los dioses, el creador de la opulencia,
el canciller del universo,
el supremo conocimiento e ingenio,
aquel que sobre su estrado, al lado de An,
imparte justicia.
Aquel que, para establecer los destinos, escruta la tierra,
junto con Enlil,
que fue quien me confió dicho cargo
hasta los confines del mundo!
¡Soy el auténtico favorito de Nintu,
aquel que ha recibido de Ninhursag un nombre favorable
el jefe de los Anunna,
el principal hijo de An
y aquel que hace honor a su padre!”
Y cuando el Señor hubo, de esta forma,
proclamado su superioridad
Y el Gran Príncipe hizo pública su propia glorificación,
los Anunna, de pie ante él,
le rogaron e invocaron de la siguiente manera:
“¡Señor que tienes la custodia de todas las técnicas,
experto en decisiones, digno de aplauso,
Oh Enki, gloria a ti!”11

ALABANZA A ENKI
“Señor que dominas las grandes normas, las puras normas,
sobre las grandes normas, la totalidad de las normas pon tu pie.
Triunfa (en) el cielo y en la tierra, sobre su (vasta) extensión.
En Eridu, lugar puro, el lugar más precioso, has entrado en posesión del noble disco (solar).
¡Alabanza a Enki, señor del universo!”
Al gran señor que se presenta en su país
los señores, los sentados sobre tronos,
los (sacerdotes) en posesión de los encantamientos de Eridu,
los “vestidos de lino” de Sumer,
los que (cumplen) el oficio de exorcistas del Abzu,
al padre Enki, en el lugar sagrado, ponen su pie.
La estancia de la casa regia ellos la purifican.
Al (lugar) del asiento real ellos le imponen un buen [nombre].
En el gran santuario del Abzu
(...)
en él se llevan a cabo cantos en voz alta.12

HIMNO A NANNA
¡Hijo del príncipe, a la salida del santo mar, tú eres todo irradiación [...]
saliendo de la montaña a las santas ordenanzas en el amplio interior [...] del Abzu,
en el sublime Kiur, vasta morada de [...]
aportando un vivísimo resplandor fuera de las profundidades, con trazos que inspiran terror,
tú estás allí levantando la cabeza hacia tu buen destino, tu grandeza, tu sublimidad,
tú avanzas majestuosamente hacia el destino que va a ser(te) fijado:
el gran An te ha dado, sin restricción alguna, tu realeza sobre cielo y tierra,
Enlil ha hecho desplegar para ti una sublime naturaleza divina;
sin embargo, para que tú puedas abandonar majestuosamente la onda
inferior, según el destino decretado, la buena tierra, buen mar,
ha sido Enki, desde el interior del santo mar, quien la ha situado bajo tus pies.
Enlil te ha creado con la majestad y la cualidad de en,
Nanna, tu “creciente” es llamado “creciente del séptimo (día)”;
Enlil ha nombrado para ti en cielo y tierra tu nombre, un nombre santo,
hijo de príncipe, él ha hecho desplegar tu grandeza en cielo y tierra.
La sublime asamblea te ha hecho presente de su todo poderío divino,
sin embargo Enki, desde el santuario de Eridu, había decretado para ti tu destino de en, tu majestad;
desde el sublime Abzu del santuario de Eridu, dada tu gran cualidad de en,
el rey de cielos y tierra ha hablado, dada tu grandeza, en el [...].
Nanna, él ha decidido que tu cabeza sobrepase a los Anunna.
Dotado de sus ordenanzas sagradas, que alegran el corazón, tú habitas una morada santa;
a los grandes dioses él los invita dignamente al sacrificio,
se sitúan para la distribución (de las raciones) con el corazón lleno de gran satisfacción:
él dio ofrendas que alegran el corazón a los dioses.
Tú habitas un lugar sublime, un lugar santo,
Nanna, tu habitas un lugar santo, una mansión santa,
Enki consagra para ti la morada, hace esplendorosa para ti la morada,
santifica el cielo, hace brillar a la tierra,
dirige para ti hacia el cielo al Ekishnugal, el “templo bosque de cedros”,
tu sublime morada; hace para ti un lugar santo, fundamento de cielo y tierra
ordena para ti las reglas y los sublimes ritos de purificación [...],
(…)
Respecto a los santos ritos de purificación, que no deben caer en desuso, desde el abismo sublime
vasto mar, ha emergido este destino:
el Ekishnugal de trono sublime y santo convienen a las grandes ordenanzas de cielo y tierra
Al salir del santo mar, habiéndote bañado sobre la orilla sublime
y habiendo untado tu cuerpo santo con aceite de las montañas,
Nanna, te has instalado sobre tu trono sublime.
(…)
Del Eshabzu, trono sublime de Ur, de acuerdo con el buen y gran destino decretado,
del Ekishnugal, la mansión santa y buena, oh Ningal, (tú eres) la reina sublime;
la mansión santa, el lugar donde tú reinas para Nanna, su rey,
el Ekishnugal, la cámara santa, (es) tu templo de realeza.
¡Nanna y Ningal habitan allí en la alegría!
¡Zu-en, señor sabio y sublime de cielo y tierra, tu corona es una corona sublime!
¡El que llena cielo y tierra de su vivo resplandor, Ashimbabbar, que su mano sea santa!
¡Que sea santa como el cielo, que sea resplandeciente como la tierra,
que brille como el interior del cielo!
¡Que él lleve sobre la cabeza la corona de cielo y tierra, la corona pura!
Zu-en, el señor sabio y sublime de cielo y tierra, que es apropiado para el trono sagrado.
Ashimbabbar, lleva sobre la cabeza una cinta, corona de la que uno se puede fiar, comportando el cuerno brillante sublime [...].
Él eleva la cabeza.
¡Aceite santo, aceite sagrado, aceite resplandeciente!13

HIMNO A UTU
Al león rugiente,
a Utu el valiente, el toro bien plantado
que, orgulloso, hace ostentación de su poder,
al padre de la “Gran Ciudad”, en el Oriente,
al gran heraldo del sagrado An,
al juez, el que dicta las sentencias
en lugar de los dioses,
al que, adornado con una barba de lapislázuli,
sube desde el horizonte hasta el cielo,
a Utu, el hijo de Ningal
(al que) nombra encargado de (todo el universo).14

HIMNO A NINURTA (“Señor del viento del sur”, dios guerrero y de la tormenta)
¡Rey! ¡Luz resplandeciente y soberana!
¡Ninurta! ¡El primero! ¡Dotado de una fuerza sin igual!
¡Tú, que, sólo, has trastornado la Montaña!
¡Oh Cataclismo! ¡Serpiente pitón tenaz que te lanzas contra la región rebelde!
¡Héroe, siempre presto a pelear con vigor!
¡Señor de poderoso brazo,
siempre dispuesto a blandir el Arma mortífera,
que corta como espigas las cabezas de los rebeldes!
¡Ninurta! ¡oh rey! ¡hijo que con tu prestancia
encantas a tu padre!
¡Héroe, que cubres la Montaña como el Viento del Sur!
¡Ninurta!, aureolado por el Arco iris y cuyos ojos fulguran!
¡Nacido del Príncipe de la barba de lapislázuli, plena de rizos!
¡Poderoso como un león, serpiente que lanza su boca a modo de dardo!
¡Huracán que revienta!
¡Ninurta! ¡Soberano que Enlil, en persona, ha elevado a lo muy alto!
Héroe, que aprisionas a tus enemigos con tus redes de combate!
¡Ninurta, cuya sombra terrorífica se extiende sobre el país,
que hundes en la oscuridad a la región rebelde y asedias sus ejércitos!
¡Rey Ninurta, hijo que propagas el culto de tu padre hasta los lugares más remotos!
¡Voy a cantar tu hazaña!15

HIMNO A NISABA (diosa del cereal y la escritura)
A la Señora de los Poderes Divinos autónomos,
muy digna de glorificación:
a Nisaba, la santa mujer, muy sabia y por todas partes eminente,
a aquella a la que ostenta la augusta tablilla en la que están consignadas
las prerrogativas de los reyes pontífices,
a aquella a la que en el Santo montículo
Enki había dotado
de una inteligencia superlativa
¡Gloria a Nisaba!
¡A la mujer, a la Estrella que en el Apsû
contenta de maravilla al Príncipe!
¡A la dama de la Sabiduría, que distribuye la felicidad!
¡La única apta para gobernar,
el receptáculo del saber y la prudencia!
[…], la Soberana de los cabezas negras,
detentadora de la tablilla en la que todo está apuntado.16

HIMNO A NISABA (fragmento)
Gran matriarca, que establece [...],
que en donde ella se presenta rebosa [la abundancia],
Nisaba, que reconstruye el terreno baldío, que restablece [la ciudad devastada],
que restablece (lo que) An ha dejado caer, la fiel superintendente de An,
que en donde ella se presenta guía la reconstrucción,
Nisaba, la que establece y cuida los ritos de purificación.
Mi Señora, que guardas la buena tablilla del país,
tú te aconsejas en el lugar de las “Cañas de escribir”,
tú satisfaces el corazón de Enlil.
Mi Señora, eres el sustento del Ekur,
eres el sustento del Eanna,
eres la mesa de las delicias del Ekur, la casa de Enlil.
Eres la vida de los grandes dioses, los padres.
Mi Señora, tú consolidas el lugar de Enlil,
tú eres su Nisaba, más grande que todo.
Nisaba, tú afianzas la base de la realeza,
tú das esplendor a la corona de la realeza.17



Estatuilla sumeria.

Las deidades femeninas fueron veneradas y adoradas a través de toda la historia sumeria (…) pero la diosa que dominó, eclipsó y sobrevivió a todas fue Inanna, (…) representó un papel más importante en los mitos, en las épicas y los himnos que cualquier otra deidad, masculina o femenina.18

HIMNO A INANNA (la sagrada sacerdotisa del cielo)
Digo, “¡Salve!” a la sagrada que aparece en los cielos!
Digo “¡Salve!” a la Sagrada Sacerdotisa del Cielo!
Digo “¡Salve!” a Inanna, Gran Señora del Cielo!
¡Antorcha Sagrada! ¡Llenas el cielo de luz!
¡Aclaras el día al amanecer!
Yo digo “¡Salve!” a Inanna, Gran Señora del Cielo!
¡Majestuosamente abrumadora Señora de los Dioses Annuna!
¡Llenas los cielos y la tierra de luz!
Yo digo “¡Salve!” a Inanna, Primogénita de la Luna!
Poderosa, majestuosa, y radiante,
brillas resplandeciente en la tarde,
aclaras el día al amanecer,
te yergues en los cielos como el sol y la luna,
se conocen tus portentos tanto arriba como abajo,
por la grandeza de la sacerdotisa sagrada del cielo,
¡A ti, Inanna, yo te canto!19

HIMNO A INANNA (la sagrada, fragmento)
(…)
Digo, “¡Salve!” a Inanna, ¡Primogénita de la Luna!
Los hombres jóvenes, quienes portan aros, cantan en tu honor.
Las doncellas y las sacerdotisas de los grandes peinados caminan en tu honor,
portan la espada y el hacha de doble filo.
Los sacerdotes kurgarra que ascienden elevan sus espadas en tu honor.
El sacerdote, que cubre su espada con sangre, rocía sangre,
rocía sangre sobre el trono y la sala de la corte.
¡El tambor tigi, el tambor sem, y el pandero ala resuenan!20

HIMNO A INANNA (Poderosa Tempestad atronadora)
Orgullosa Reina de los Dioses Terrestres, Suprema entre los Dioses Celestes,
Poderosa Tempestad Atronadora, viertes tu lluvia sobre toda la tierra y todo el pueblo.
Tú haces que el cielo truene y la tierra tiemble.
Gran Sacerdotisa, ¿quién puede aliviar tu corazón acongojado?

Resplandeces como el relámpago sobre las tierras altas; lanzas tus teas a través de la tierra.
Tu mandato ensordecedor, silbando como el Viento del Sur, desgaja las grandes montañas
Pisoteas al desobediente como un toro salvaje; cielo y tierra tiemblan.
Sagrada Sacerdotisa, ¿quién puede aliviar tu corazón acongojado?
(…)
En el séptimo día cuando la luna creciente llega a su plenitud,
te bañas y rocías tu cara con agua bendita.
Cubres tu cuerpo con las largas vestimentas de lana de la realeza.
Te amarras el combate y la batalla a tu costado;
los atas a un cincho y los dejas reposar.

En Eridu recibiste los me del Dios de la Sabiduría,
el Padre Enki te obsequió los me en su recinto sagrado en Eridu.
Él puso la realeza y la divinidad en tus manos.

Subes los escalones de tu trono sublime.
Te sientas en él en toda tu majestad
a tu lado, Dumuzi, tu amado esposo.
Los dioses de la tierra, deseando oír su destino, vienen ante ti.
Ante ti, los dioses de cielo y tierra se arrodillan.
Las criaturas vivientes y la gente de Sumeria vienen ante ti.
Atrapas con tu mirada al pueblo de Sumeria,
y queda preso en tu sagrado yugo.21

HIMNO A INANNA (Balbale de Inanna, fragmento)
Mi padre me ha dado el cielo, me ha dado la tierra:
¡Yo soy la reina del cielo!
¿Existe algún dios, uno solo que pueda rivalizar conmigo?
Enlil me ha dado el cielo, me ha dado la tierra:
¡Yo (soy la reina del cielo)!
Él me ha dado mi señorío,
él me ha dado mi realeza,
él me ha dado mi batalla, (él me ha dado mi) combate,
él me ha dado la inundación, (él me ha dado) la tempestad,
él ha colocado el cielo en mi cabeza como una corona,
él ha atado la tierra a mi pie como una sandalia,
él ha fijado la sagrada vestidura alrededor de mi cuerpo,
él ha colocado el sagrado cetro en mi mano.
Los dioses son bandadas de (temerosos) pájaros, (pero) ¡yo soy reina, yo!
Los Anunna se escabullen (a su) alrededor, ¡Yo, la vaca salvaje, dadora de vida, soy yo!
¡La vaca salvaje, dadora de vida del Padre Enlil, soy yo!
¡Su vaca salvaje, dadora de vida que es la primera!
Cuando entro en el Ekur, la casa de Enlil,
el guardián de la puerta no me detiene,
el visir no me dice, “Espera”.
¡El cielo es mío, la tierra es mía! ¡Yo, una guerrera soy yo!
(…)
¿Existe algún dios, uno (solo) que pueda rivalizar conmigo?22

HIMNO A INANNA (júbilo de Sumeria, el Rito del Matrimonio Sagrado)
El pueblo de Sumeria se reúne en el palacio,
la morada que guía la tierra.
El rey construye un trono para la reina del palacio.
Se sienta a su lado en el trono.
Para cuidar la vida de todas las tierras,
el primer día exacto del mes es examinado cuidadosamente,
y en el día de la desaparición de la luna,
en el día del sueño de la luna,
los me son llevados a cabo a la perfección
para que el Día del Nuevo Año, el día de los rituales,
sea determinado con formalidad,
y se erija un lugar para que Inanna duerma.
El pueblo limpia los juncos con aceite de cedro de dulce fragancia,
arreglan los juncos para el lecho.
Extienden una sábana nupcial sobre el lecho.
Una sábana nupcial para regocijar el corazón,
una sábana nupcial para regocijar la cintura,
una sábana nupcial para Inanna y Dumuzi.
La reina baña su cintura sagrada,
Inanna se baña para la cintura sagrada de Dumuzi,
se lava con jabón.
Rocía aceite de cedro de dulce fragancia en el suelo.
El rey va con cabeza alta hacia la cintura sagrada,
Dumuzi va con cabeza alta a la cintura sagrada de Inanna.
Se tiende junto a ella sobre el lecho.
Con ternura la acaricia, murmura palabras de amor:
“¡Oh mi joya sagrada! ¡Oh mi maravillosa Inanna!”
Luego que entra a su vulva sagrada, y causa el regocijo de la reina,
luego que entra a su vulva sagrada, y causa el regocijo de Inanna,
Inanna lo abraza y murmura:
“Oh Dumuzi, tu eres mi amor verdadero.”
El rey convida al pueblo a entrar al gran salón.
El pueblo trae ofrendas de comida y cuencos.
Ellos queman resina de junípero, ejecutan ritos lavatorios,
y apilan incienso de fragancias dulces.
El rey abraza a su amada desposada,
Dumuzi abraza a Inanna.
El rey abraza a su amada desposada,
Dumuzi abraza a Inanna.
Inanna, sentada sobre el trono real, resplandece como la luz del día.
El arregla la abundancia, la lozanía y la plenitud ante ella.
El reúne al pueblo de Sumeria.
Los músicos tocan en honor de la reina:
tocan el instrumento ruidoso que ahoga la tormenta del sur,
tocan el dulce instrumento algar, el ornamento del palacio,
tocan el instrumento de cuerdas que trae alegría a todo el pueblo,
tocan canciones en honor de Inanna que regocijan el corazón.
El rey tiende la mano por comida y bebida,
Dumuzi tiende la mano por comida y bebida.
El palacio está de fiesta. El rey está gozoso.
En el lugar puro y limpio celebran a Inanna con cantos.
Ella es el ornamento de la reunión, ¡la dicha de Sumeria!
El pueblo pasa el día en la plenitud.
El rey está ante la reunión con gran gozo.
Aclama a Inanna con las alabanzas de los dioses y del pueblo:
“¡Sacerdotisa Sagrada! Creada con los cielos y la tierra,
Inanna, Primogénita de la Luna, Señora del Atardecer!
Yo entono tus alabanzas”.
Mi Señora mira con dulce sorpresa desde el cielo.
El pueblo de Sumeria en procesión ante la sagrada Inanna.
La Señora Que Asciende a los Cielos, Inanna, es radiante.
Poderosa, majestuosa, radiante, y siempre juvenil.
A ti, Inanna, ¡yo te canto!23


Hierogamia.

Y a continuación, uno de los más antiguos poemas de amor escrito y recitado por la elegida del rey Shu-Sin como “esposa ritual”, una sacerdotisa de Inanna, en el rito del “Matrimonio sagrado”, poema-balbale de Inanna.

Esposo, amado de mi corazón.
Grande es tu hermosura, dulce como la miel.
León, amado de mi corazón,
grande es tu hermosura, dulce como la miel.
Tú me has cautivado, déjame que permanezca temblorosa ante ti;
esposo, yo quisiera ser conducida por ti a la cámara.
Tú me has cautivado, déjame que permanezca temblorosa ante ti;
León, yo quisiera ser conducida por ti a la cámara.

Esposo, déjame que te acaricie;
mi caricia amorosa es más suave que la miel.
En la cámara llena de miel,
deja que gocemos de tu radiante hermosura;
León, déjame que te acaricie;
mi caricia amorosa es más suave que la miel.
Esposo, tú has tomado tu placer conmigo;
díselo a mi madre, y ella te ofrecerá golosinas;
a mi padre, y te colmará de regalos.

Tu alma, yo sé cómo alegrar tu alma;
esposo, duerme en nuestra casa hasta el alba.
Tu corazón, yo sé cómo alegrar tu corazón;
León, durmamos en nuestra casa hasta el alba.

Tú, ya que me amas, Dame, te lo ruego, tus caricias.
Mi señor dios, mi señor protector,
mi Shu-Sin, que alegra el corazón de Enlil,
dame, te lo ruego, tus caricias.

Tu sitio dulce como la miel.
Te ruego que pongas tu mano encima de él,
pon tu mano encima de él como sobre una capa-gishban,
cierra en copa tu mano sobre él como sobre una capa-gishban-sikin.24

HIMNO A INANNA (fragmento)
¡Celebro a la más suprema,
la más valiente de entre los dioses!
Exalto el poder
de la hija de Ningal.
¡Sí, de la muy suprema Inanna,
la más valiente de entre los dioses,
la hija de Ningal,
repito, ensalzo su poder!
¡Sus hazañas son famosas,
sus ardides, sibilinos:
ella siempre está peleando
y con una actividad desconcertante!25

También cantaron himnos exaltando a sus reyes, pues según dejaron por escrito, “la realeza descendió del cielo”. El rey, (el lugal) “hombre grande”, era considerado un dios en la tierra, llegando algunos de ellos a formar parte del panteón ya que fueron deificados, investidos de las energías de los dioses, como Gilgamesh, Enmmerkar, Urnammu, Gudea de Lagash, Lipit-Ishtar, Shulgi, etc.



Orante.

HIMNO A LIPIT-ISHTAR
Lipit-Ishtar, magnífico rey, entronado príncipe,
el más conveniente retoño de la realeza,
que camina como Utu, brillante luz de la tierra,
alto en nobleza, conduciendo los grandes me, que asienta a la gente en las cuatro regiones,
favorecido por Enlil, amado por Ninlil,
verdadero joven de ojos brillantes, digno del trono,
(cuya) cabeza está adornada con la tiara, la verdadera corona,
(que está) perfectamente equipado con el cetro sobre los “cabezas negras”,
príncipe Lipit-lshtar, hijo de Enlil, sabio pastor,
que conduce a la gente bajo suave sombra, relajante “luz de luna”,
señor, gran bisonte, amado por An,
objeto de la protección maternal de Ninlil.
Lipit-Ishtar, se te ha concedido el poder principesco;
tu nombre, un sonido tan dulce como la miel, es perfecto para ser pronunciado, deseado para esposo de Inanna,
a quien Enki dio amplia sabiduría como un regalo.
Nisaba, la mujer radiante de alegría,
la verdadera mujer escriba, la señora de todo conocimiento,
que guía sus dedos en la arcilla,
embelleció la escritura de las tablillas,
hizo la mano resplandeciente con un dorado estilete.
La vara de la medida, el destellante cordel del agrimensor,
la regla de codos que da sabiduría
Nisaba pródigamente te los concedió.
Lipit-Ishtar, eres hijo de Enlil;
haces manifiesta la verdad y la justicia;
Señor, tu divinidad cubre incluso el horizonte.
Rey Lipit-Ishtar, consejero de gran juicio,
(cuya) palabra nunca vacila, sabio (cuya) decisión proporciona justicia a la gente;
gran mente, que conoce todas las cosas profundamente,
a fin de dictar leyes para los países extranjeros,
tú percibes la falsedad y la verdad incluso en las palabras escondidas en el corazón.
Lipit-Ishtar, tú “bramas contra” los enemigos (…)
así implantaste la justicia en Sumer y Akkad,
e hiciste placentera (la vida de) todos en la tierra.
Lipit-Ishtar, rey de Isin, rey de Sumer y Akkad,
para Nippur tú eres el escriba,
para el Ekur, la casa de Enlil,
Lipit-Ishtar, eres su proveedor,
para Enlil y Ninlil eres el amor de sus corazones;
el héroe Ninurta es tu poderoso guardián
y el visir Nusku hace cumplir tus decisiones.
Eres el sacerdote ishib para Kesh, a quien Nintu verdaderamente eligió.
Instalado en Ur, eres el joven que acapara la atención de Zu-en.
Eres aquel a quien Enki dio la verdadera tiara en Eridu.
Para la santa Inanna en la región de Uruk,
tú, Lipit-Ishtar, eres la delicia de su corazón.
Ninisina en Isin
te hizo sentarte en tu alto estrado.
Con una sincera canción de alegría, en un próspero año real,
al príncipe, el valiente príncipe sobresaliente en grandeza y en nobleza,
tu padre Ishme-Dagan, rey de la tierra, estabilizó los cimientos de tu trono,
y por encima de la orden dada por An y Enlil
él silenció la ruidosa lucha de los países extranjeros.
Tú, Lipit-Ishtar, hijo de Enlil,
has puesto tu honradez en los labios de todos
tu alabanza nunca desaparecerá del barro en la edubba;
cada escriba debe, por tanto, cantar sobre este gozo
y glorificar (tu) grandeza,
de manera que tu alabanza en la edubba no cesará.
¡Oh principalísimo pastor, joven hijo de Enlil,
Lipit-Ishtar, sé alabado!26

HIMNO A URNAMMU (fragmento)
En la ciudad yo me senté para un banquete,
en alegre danza bailé hasta (la hora de) acostarse.
Por el canal real [traje] abundancia al templo de Enlil;
dirigí los barcos al “muelle del vino” de Enlil,
dirigí los barcos al “muelle de lapislázuli” de Nanna;
(le fue) escanciado a Enlil vino y almíbar.
Yo soy Umamma, el pastor, dejad que la vida sea mi recompensa.
Para Nanna, mi rey, construí su templo;
asenté firmemente sobre sus cimientos al Ekishnugal como una verde montaña,
revestí su gigunu con oro y lapislázuli [...].
¡Soy el perfecto de Nanna!
¡Soy el gran hermano de Gilgamesh!
¡Soy el hijo nacido de Ninsun, soy progenie de príncipes!
Desde el cielo la realeza ha llegado hasta ti.
¡Yo soy [el pastor] Urnammu! ¡Mi alabanza es hermosa!27

HIMNO A SHULGI
Yo, el rey, soy héroe desde el seno de mi madre,
yo, Shulgi, soy un hombre poderoso desde que nací.
Soy un león de mirada salvaje, nacido del dragón,
soy el rey de las cuatro regiones del mundo,
soy el guardián, el pastor de los “cabezas negras”,
soy el héroe, el dios de todos los países,
soy el hijo nacido de Ninsun,
a quien el santo An designó en su corazón,
a quien Enlil destinó la suerte.
Soy Shulgi, el amado de Ninlil,
fielmente cuidado por Nintur,
provisto de inteligencia por Enki,
el poderoso rey de Nanna,
el león de Utu que abre las fauces.
Soy Shulgi, destinado al deleite de Inanna,
un principesco asno establecido para el camino,
un caballo veloz, que balancea su cola,
un noble asno de Sumuqan, impaciente para la carrera,
el sabio escriba de Nisaba.
Igual que mi heroísmo, igual que mi fuerza,
mis conocimientos son perfectos,
compito con la verdadera palabra de su sabiduría.
(…)
Igual que un león incansable en su juventud mostré (mi) fuerza,
cubrí mis caderas con una falda corta,
moví mis brazos como una paloma que echa a volar (asustada) por una serpiente,
igual que el pájaro Imdugud que fija la mirada en la montaña, caminé a grandes pasos.
Me llegaron las ciudades que yo fundé firmemente en el país,
miré bondadosamente al pueblo de los “cabezas negras”, numeroso como ovejas.
(…)
Con el valiente Utu, mi hermano y amigo,
bebí la vigorosa bebida en el palacio fundado por An,
mis cantores me cantaron con acompañamiento de timbal y de zam-zam,
con mi esposa, la virgen Inanna, la reina de la delicia en el cielo y en la tierra,
estaba sentado comiendo y bebiendo.
A mi juicio no se opone ningún juez,
en donde fijo mi mirada, allí voy,
adonde me impulsa mi corazón, allí llego.
An puso la auténtica corona real en mi cabeza,
en el Ekur luciente tomé el cetro,
en el alto sillón brillante, el trono de firme fundamento,
orgullosamente levanté la cabeza hacia el cielo,
engrandecí la fuerza del reino.
Sometí los países extranjeros, hice vivir al pueblo con seguridad,
en las cuatro [regiones del mundo] las gentes pronuncian en sus residencias
[para días lejanos] mi nombre,
cantan santas oraciones,
pronuncian mi exaltación (diciendo):
“¡Criado con alta fuerza regia,
en el Ekishnugal de Zu-en,
obsequiado de heroísmo y poder, de vida en alegría,
investido de alta fuerza por Nunamnir,
Shulgi, el que destruye todos los países extranjeros, que hace vivir al pueblo con seguridad,
que (dispone de) las ‘fuerzas divinas’ del cielo y de la tierra, que no conoce adversario,
Shulgi, el hijo mimado por el héroe del cielo!”
¡Alabada sea Nisaba!28

Los templos más importantes de las ciudades de Sumer fueron glorificados en sus himnos, así como su construcción y consagración. Una construcción ritual, eje y centro de la ciudad de donde emanan los efluvios divinos y símbolo de la perenne actualización de la cosmogonía. Erigido para el culto a un dios determinado, el templo era la casa del dios (e, egal o esh), morada sagrada, e imago mundi por excelencia. Su riqueza era muy grande. Fueron además, centros culturales con escuelas de escribas, incluso atesoraban archivos y bibliotecas. El culto que se desarrollaba en los templos o “casas de dioses” (e), en “grandes casas” (e-gal) o en santuarios (esh), estaba dirigido y vigilado por una jerarquía de sacerdotes y sacerdotisas.


Clavo de fundación conoidal.
Templo de Ningirsu de la ciudad de Lagash.

El sanga, el nubanga y el shabra eran los sacerdotes administrativos. “El isag (el constructor de templos), el lugal (hombre grande), el ishib , el abgal y el abrig (purificadores), el gudu (unción), el ushku (actividades funerarias), el dimma (lamentador), el nar (músico), el gala (cantor), el masshugidgíd (adivinador), el agrig (intendente), etc. La lista de los sacerdotes la encabezaba el en, que designaba el grado sacerdotal más alto, siempre conectado con las divinidades de mayor prestigio. Tal sacerdote residía en el gipar.

La jerarquía femenina estaba constituida por las nin-dingir o altas sacerdotisas, de marcada influencia en la sociedad sumeria, las sal-dingir o “mujer del dios”, las sal-me y las sal-ishib, con funciones aún no clarificadas del todo por los estudiosos. Infinidad de nu-gi o hieródulas poblaban los recintos templares.29

HIMNO AL TEMPLO EKUR (“Casa de la Montaña”, Templo de Enlil en Nippur, fragmentos)
Nippur –Santuario donde habita el Padre, el “Gran Monte”,
estrado de abundancia, Ekur que se eleva...,
alta montaña, noble Localidad...,
su Príncipe, el “Gran Monte”, el Padre Enlil,
ha establecido su morada en el Estrado del Ekur, sublime santuario.
¡Oh, Templo, cuyas leyes divinas, como el cielo, no pueden ser derogadas,
cuyos ritos sagrados, como la tierra, no pueden ser sacudidos,
cuyas leyes divinas son semejantes a las leyes divinas del Abismo:
nadie puede mirarlas,
cuyo “corazón” parece un santuario inaccesible,
desconocido como el cénit…
cuyas palabras son plegarias.
cuya conversación es la súplica...,
cuyo ritual es precioso,
cuyas fiestas chorrean grasa y leche
son ricas en abundancia,
cuyos almacenes traen el gozo y la dicha...!
Mansión de Enlil, montaña de fertilidad…
Ekur, mansión de lapislázuli, alta Morada, que hace temblar,
cuyo respeto y cuyo terror tocan al cielo,
cuya sombra se extiende por todo el país,
cuya altura alcanza al mismo corazón del cielo.30

La mansión de Enlil es una montaña de fertilidad.
La inspección de las víctimas, la eliminación (de las infecciones de) las cosas prohibidas
(las cumplen) el gran sacerdote en del templo, que ha crecido con el templo,
(y) su sacerdote lagar, adecuado a la mano que bendice.
Sus sacerdotes lustrales del Abzu son expertos en ritos de agua
y sus (sacerdotes), nu-esh son perfectos en las oraciones santas.
Su Noble Granjero, el fiel pastor del país,
como se había convenido, nació en un día favorable
(…)
Enlil, (después que) trazaste tu santa habitación en el suelo,
allí construiste Nippur como tu propia ciudad;
el Kiur, la montaña, tu lugar puro, cuya agua es dulce,
tú (lo) fundaste en Duranki, en el centro de las cuatro esquinas (del universo);
su tierra es la vida de la tierra, la vida de todas las tierras,
su tejado es de metal rojo, sus cimientos de lapislázuli,
tú lo has alzado en Sumer como un buey salvaje
y todas las tierras inclinan la cabeza ante él.31

HIMNO AL EENGURRRA (”Palacio del Engur o Apsû”, Templo de Enki en Eridu)
¡Oh morada construida con plata y lapislázuli!
¡Tú, que tienes tus cimientos hincados en el Apsû,
cuyo príncipe te ama!
¡A ti, que te respetan (?) el Tigris y el Éufrates!
¡Tú, que causas alborozo en el Apsû de Enki!
¡Tu picaporte es imposible de atacar:
¡Tus vigas de parhilera, en su extremo,
se apoyan en un toro celeste!
¡Las esteras que te cubren
son de lapislázuli tejido junto a las vigas!
Tu pináculo es un toro de cuernos afinados:
tu puerta, una fiera que retiene a las personas entre sus garras;
¡La piedra de tu umbral, un león puesto en pie frente a las poblaciones!
¡Apsû! ¡Oh lugar noble y sagrado!
¡Palacio de Engur que frecuenta tu soberano!
¡Enki, rey del Apsû!
(…)
¡Apsû, tú eres uno de esos lugares sagrados
en los que se determinan los destinos!
Enki, el sabio por excelencia, el soberano,
Nudimmud, el amo de Éridu,
el de “vientre de carnero”, en el que nadie puede fijar su mirada,
te ha hecho como a uno de esos antiguos (?) Apkallu
de opulenta cabellera (?).
¡Eridu, oh favorito de Enki!
¡Palacio de Engur que desbordas opulencia!
¡Apsû, vivificador del país, favorito de Enki!
¡Palacio en longitud construido,
magníficamente construido para guardar el secreto de todos los Poderes!
¡Eridu, tú, cuya sombra se extiende a lo ancho!
¡Oh mar encrespado y sin rival!
¡Río sublime y suntuoso que aterroriza al país!
¡Palacio de Engur, gigantesco e indestructible!
¡Palacio a la orilla del mar! ¡León en pleno Apsû!
¡Noble morada de Enki!
Fuente de (todo) saber para el país entero!
¡Tu rumor, similar al de un río durante la crecida,
compone una música para Enki, el soberano!
En tu santo habitáculo suenan, con agrado
algar, balag, algarsurra,
harbar, sabitûm, mirîtum, lo llenan de melodías,
con el balag de dulce resonancia
que refuerza la salmodia (¿):
¡Allí se tocan todos estos instrumentos, cada uno a su manera!
¡Allí suena, en solos, el algar sagrado de Enki,
¡Allí resuenan las siete tigi!
¡La orden de Enki es inalterable:
El fundamento de su palabra es inquebrantable!
(…)
¡Por haber edificado Éridu, ese sagrado templo,
Gloria (a ti), venerable Enki!32

Uno de los himnos más importantes de los que se han encontrado, además del más extenso y del que se dice es “el clímax de la antigua literatura sumeria”, es el dedicado a celebrar la fabulosa construcción (o reconstrucción y ampliación) del templo de Eninnu en Girsu, para el dios Ningirsu hijo de Enlil, labor realizada por Gudea de Lagash. El himno fue redactado hacia el 2.140 a. C. y encontrado en los “famosos cilindros A y B de Gudea”. En el transcurso de un sueño, en realidad más de uno, el propio dios relata al rey Gudea la construcción que ha de erigir para su morada terrestre, hasta los más mínimos detalles. Sueño en el que aparece toda una simbólica sorprendente donde a Gudea se le manifiestan seres fantásticos, como un enorme ser pájaro y huracán a la vez, una “bellísima mujer con instrumentos escriturarios”, “un guerrero que sujetaba una placa de lapislázuli en la mano”, “un asno dando vueltas constantemente”, entremezclados con fenómenos atmosféricos como “una potente luz solar despuntando en el horizonte”, etc. Gudea necesita de las artes de la diosa Nanshe, “adivina de los dioses”, para que le interprete su significado, no sin antes ir en busca de la diosa Gatumdu, “diosa madre” a quien Gudea reconoce como padre y madre, para rogarle su aprobación. Las diosas tienen un gran protagonismo en este relato hímnico. Se describen además todos los ritos que anteceden a la construcción y consagración del templo que son verdaderamente innumerables: constantes ofrendas, sacrificios, alabanzas, oraciones, agradecimientos a los dioses, que conmueven, pues advertimos hasta qué punto los sumerios estaban inmersos en lo sagrado. El himno relata también cómo en el Enninu se llevó a cabo el rito hierogámico de su dios titular con su consorte, la diosa Baba. Este acontecimiento fue celebrado con fiestas y banquetes, junto con los dioses, por todo el país durante siete días que finalizan con el agradecimiento a Gudea por el magnifico templo que ha construido. Nos parece interesante citar una de las posibilidades que se barajaron acerca de la interpretación de este himno:

… la hipótesis de que los Cilindros hubieran podido recoger el texto de un “misterio teatral” sumerio, compuesto con motivo de la consagración del Eninnu y que, en consecuencia, se representaba anualmente, rememorando aquel evento (…) que tenía lugar durante los siete días que duraba la representación y que posibilitaba a todo el pueblo (o una minoría en determinados momentos) tomar parte en la misma.33



Recipiente sagrado templo Gudea de Lagash.

He aquí una muestra de esta fabulosa composición hímnica, que debido a su larguísima extensión, recogemos tan sólo algunos fragmentos.

Cuando en el cielo y en la tierra debían ser fijados los destinos,
La[gash] levantó orgullosamente [la cabeza] hacia el cielo exaltada en sus grandes “fuerzas divinas”.
Enlil miró complacido al señor Ningirsu,
(y) fue movido a hacer que la cosa apropiada (para él) apareciera en nuestra ciudad.
El corazón fue movido a desbordarse,
el corazón fue movido a desbordarse,
la poderosa ola de la inundación, cargada de destellos e imponente,
el corazón de Enlil, el propio Tigris, fue movido a traer aguas fecundantes.
El rey del templo lo llamó;
actuaba para que las “fuerzas divinas” del Eninnu hicieran su aparición en el mundo;
el gobernante, hombre de vasto entendimiento, estaba prestando oído;
presentó sus respetos con todo (tipo) de grandes cosas,
trayendo hacia acá un toro perfecto (y) un cabrito perfecto.
El “ladrillo del destino” levantó su cabeza hacia él,
estiró (ávidamente) su cuello hacia él para la construcción del templo puro,
y en aquella visión nocturna, hacia su rey,
cuando Gudea abrió sus ojos (y los dirigió) sobre su señor Ningirsu,
éste le habló sobre su templo y su construcción:
las grandes “fuerzas divinas” del Eninnu
él se las puso ante sus ojos.
Gudea –puesto que era ininteligible lo que estaba en su corazón–
suspiró en estos términos:
“¡Vamos, se lo voy a decir! ¡Vamos, se lo voy a revelar!
¡que ella me apoye en esta tarea!
¡A mí, el pastor, (me) ha llegado algo sublime!
De lo que me ha traído el sueño
(todavía) no he comprendido el sentido.
¡Voy a exponer mi sueño a mi madre!
¡Que mi adivina, que sabe lo que es oportuno,
mi Nanshe, la hermana de Sirara,
me haga comprender su sentido!
(…)
“¡Héroe, león, asaltante, que no tiene rival,
Ningirsu, poderoso en el Abzu,
Supremo en Nippur!
Ningirsu, te voy a edificar tu templo,
te voy a perfeccionar sus ‘fuerzas divinas’!
(…)


Representación diosa Nanshe.
¡Que tu hermana, la niña nacida de Eridu,
máxima en su especialidad, reina, la adivina de los dioses,
mi Nanshe, la hermana de Sirara,
me allane el camino a ello!”.
Su súplica en verdad fue atendida;
las ofrendas y los ruegos de Gudea
aceptó el señor Ningirsu, su rey;
en el templo Bagara celebró la fiesta esh-esh.
El gobernante instaló su lecho en el templo de Gatumdi;
ofrendó hogazas de pan, vertió agua fría;
(luego) se acercó a la pura Gatundu
le pronunció un ruego:
“Mi reina, hija del sagrado An
máxima en su especialidad, deidad tutelar (puesta) en lo más alto
(…)
¡La reina, la madre que fundó Lagash, eres tú!
(…)
No tengo madre: tú eres mi madre,
no tengo padre: tú eres mi padre,
tú has recibido mi germen; me has dado luz en el Unumakh.
¡Gatumdu, dulce es tu puro nombre!
Esta noche me acuesto aquí,
tú pones aliento en mis entrañas
(…)
¡Yo iré a la ciudad, que mis presagios sean favorables!
¡Déjame llevar mi sueño a mi madre!
¡Qué mi adivina, experta en su especialidad,
me haga comprender su sentido!”
La sagrada Gatumdu aceptó las ofrendas y los ruegos de Gudea.
(…)
Ofrendó hogazas de pan, vertió agua fría;
luego se fue hacia Nanshe, le rogó:
¡Nanshe, reina y sacerdotisa en, reina, ángel guardián y querida deidad tutelar,
reina, que como Enlil, decides las suertes,
–¡tu eres la adivina de los dioses,
tú eres la reina de todos los países!–, oh madre hoy mi palabra es un sueño.
(…)
Su madre Nanshe le contestó al gobernante:
“¡Mi pastor te voy a interpretar tu sueño:
el hombre cuya talla igualaba el cielo, igualaba la tierra,
que por su cabeza era un dios,
por sus alas era el pájaro Imdugud, por la parte inferior de su cuerpo era la tormenta del diluvio,
a cuya derecha e izquierda yacía un león,
era realmente mi hermano Ningirsu.
Él te ordenó construir el santuario de Eninnu.
El sol que despuntó sobre el horizonte
era tu dios Ningizzida: como el sol él salió para ti del horizonte.
La virgen que apareció (luego), que sobre la cabeza le sobresalía un apropiado tocado,
que en una mano tenía un cálamo de plata pura,
que sobre una tablilla que puso en sus rodillas estaban diseñadas las “estrellas del buen cielo”
que ella consultaba,
aquella era, realmente, mi hermana Nisaba.
La estrella pura en lo alto, para la construcción del templo te habrá hecho saber.
El segundo (hombre) que, como un guerrero, era poderoso en fuerza,
que sujetaba una placa de lapislázuli en la mano,
ése era Ninduba: él establecía el plano del templo.
La cesta pura colocada delante de ti, el molde puro del ladrillo dispuesto,
el “ladrillo del destino” colocado dentro del molde
era, realmente, el ladrillo sagrado de Eninnu.
Que hombres-pájaro de los jarros tigid, que dejaban que las centelleantes aguas fluyeran,
(situados) sobre un bello arbusto en que tus ojos estaban absortos,
significa que por el ardor en la construcción del templo ningún dulce sueño llegará a tus ojos.
En cuanto al asno a la derecha de tu señor, (que) estaba pateando el suelo para ti,
(ese eras) tú: que (en tu impaciencia) por (llegar) a Eninnu patearas el suelo
(…)
¡Te quiero dar un consejo! ¡Ojalá que sigas mi consejo!
En cuanto llegues a Girsu, el santuario de Lagash
cuando de tu Enigara quites el sello, saques madera de ella,
prepares un carruaje de forma robusta para tu rey,
atalajes los asnos totalmente,
adornes ese carruaje con plata pura y con lapislázuli,
hecho con las flechas, semejante a los rayos, sobresalgan del carcaj;
en cuanto fabriques cuidadosamente el arma ankara, el brazo del heroísmo,
le fabriques su estandarte amado
y le pongas nombre encima,
en cuanto con su querida arpa, llamada Ushumgal-Kalamma,
con el instrumento altisonante, que posee un nombre (conocido), que consulta (con él),
te acerques al héroe que regala amor,
a tu rey, el señor Ningirsu,
te aceptará tanto tus sencillas palabras, como tus sublimes palabras.
La mente del señor, que es insondable como el cielo,
la mente de Ningirsu, hijo de Enlil, se calmará por ti.
Te revelará el plano para su templo,
cuyas “fuerzas divinas” son todas grandes; el héroe
las pondrá en acción para ti”.
(…)
Mi rey, tu corazón es agua rebosante que no se debilita,
héroe, tu corazón es inasequible como el cielo.
Hijo de Enlil, señor Ningirsu,
yo, ¿qué sé de ti?
Por segunda vez (Ningirsu) se presentó ante él, que estaba tumbado
(…)
Gudea para la construcción de mi templo te quiero indicar las señales,
te voy a hacer saber mi decisión por las “estrellas puras del cielo”, (que son los heraldos) de mis ritos.
Mi templo, el Eninnu, que fundó An,
–sus “fuerzas divinas” son grandes, sobrepasan a todas las demás fuerzas divinas”,
(…)
los días te construirán el templo,
las noches harán que crezca.
De abajo te harán llegar madera de álamo
y madera de zakhan,
de arriba te harán llegar madera de cedro, de ciprés y de zabalum;
(…)
de la montaña de la piedra na, grandes piedras na de la montaña
te serán talladas en bloques.
Para entonces el fuego tocará sus bordes:
¡Esa será la señal para que reconozcas mis (indicaciones)!”.
Gudea se levantó, fue un sueño,
se estremeció, fue un sueño.
Ante las palabras que Ningirsu le había dicho
inclinó la cabeza.
Observó un cabrito de ofrenda, blanco (como la nieve),
el cabrito de ofrenda que observó le (dio) un presagio favorable
La voluntad de Ningirsu a Gudea
le brilló (clara) como la luz del día.
Él estaba lleno de sabiduría y (entonces) pudo realizar grandes cosas;
el gobernante a su ciudad, como si fuera un solo hombre, le dio instrucciones.
Lagash le siguió unánimemente, como hijos de una única madre.
(…)
Los dioses A[nunna] de Lagash
para construir el templo de Ningirsu
[apoyaron a] Gudea
en sus plegarias [y oraciones].
Al buen pastor Gudea alegría plena
le sobrevino.
(…)
Desde el cobertizo del molde de los ladrillos levantó el ladrillo:
era (como) la corona pura que lleva An;
alzó el ladrillo (y), entre su pueblo lo llevó (allí):
era (como) el santo tiro de Utu, volviendo sus cabezas;
el ladrillo estaba levantando su cabeza hacia el templo:
era (como) la vaca de Nanna, [dispuesta para yacer] en su establo.
(A continuación Gudea) situó el ladrillo, midió a pasos el templo,
estableció el diseño del templo
(como un auténtico) Nisaba, que conoce el sentido de los números,
y procuró, igual que un hombre joven que está construyendo su casa,
que el dulce sueño no le acudiera a sus ojos.
(…)
¡Templo, “Gran Mástil” del país,
crecido entre cielo y tierra!
¡Eninnu, buena obra de ladrillo, a la que Enlil ha decretado un buen destino,
verdeante colina que está allí para maravilla de (todos),
que sobresale entre todas las montañas!
El templo, como la gran montaña (que era), lindaba con el cielo.
(…)
El héroe Ningirsu entró en su templo,
el rey del templo había llegado:
(era) un águila con la mirada clavada en un toro salvaje.
La entrada del héroe en su templo
fue una tempestad tronando en el combate.
Ningirsu anduvo por su templo:
era (el sonido) del santuario del Abzu cuando se celebran fiestas
(…)
La ida de Baba a su celda
era la de una verdadera mujer que se ocupa de su casa,
su entrada en su dormitorio
era como el Tigris bajando después de su desbordamiento.
Cuando se acostó sobre el lado de su oreja
era la reina, la hija del divino An, haciendo que verdes jardines dieran fruta
(…)
Los ritos de purificación del templo se efectuaron a la perfección
y se tuvo cuidado en la búsqueda de presagios.
Se derramó vino de las grandes jarras
(…)
para mantener el templo bajo la ley, para mantener el templo en paz,
para emitir decretos para su ciudad, el Estado de Girsu,
para instalar el “trono del destino”
para poner en la mano el cetro de días lejanos
(…)
¡Gudea, hijo de Ningizzida,
que puedas tener larga vida!.
El templo que como una gran montaña linda con el cielo,
cuyo esplendor y gloria se vierten sobre el país
en donde An y Enlil determinaron el destino de Lagash,
por el que todos los países conocen
la majestad de Ningirsu,
el Eninnu crecido entre el cielo y la tierra.

¡Alabado sea Ningirsu!

También sus ciudades recibieron himnos de alabanza y vemos en ellos cómo los dioses son sus fundadores e intervienen en su destino. Su construcción, siendo una manifestación del cielo en la tierra, es un vinculo directo, teúrgico, entre dioses y hombres.

Las ciudades tradicionales siempre se han construido conforme al modelo de esa Ciudad mítica, es decir como la proyección en el tiempo y el espacio del mundo de las Ideas y de los Arquetipos.34

SUMER (cuando Enki decreta los Destinos, fragmento)
¡Oh Sumer, gran país, territorio infinito,
rodeado por una luz indefectible,
dispensador de Poderes a todos los pueblos,
desde Oriente hasta Occidente!
¡Sublimes e inaccesibles son tus Poderes
y tu corazón está lleno de misterio, insondable,
tu habilidad inventora, que incluso puede parir a los dioses…35

NIPPUR
¡Ésta es la ciudad en la que habitamos!
Vivimos en la ciudad de Nippur
¡Moramos en la ciudad cubierta de palmeras!
¡Aquí está su claro curso de agua, el “Canal de las Damas”(?);
éste es su muelle el “Puerto del vino”;
y éste es su embarcadero, el “Muelle de atraque”(?);
éste es su manantial de agua dulce, el “Pozo melifluo”;
¡He aquí su brillante vía fluvial, el “Canal principesco”;
¡Y sus tierras de cultivo, “Cincuenta sar la rodean por todas partes”!36

UR
Ciudad de toda perfección, cuyos pies están en el agua,
Toro poderoso,
rico camino que dominas la tierra,
alta como una montaña,
bosquecillo embalsamado, de sombra desplegada,
segura de tu fuerza,
¡Llena estarás de los Poderes que han sido preparados para ti!
¡Pues Enlil, el Gran Monte,
ha pronunciado ante el universo tu nombre sublime!
¡Oh ciudad cuyo destino habrá determinado Enki,
¡Oh ciudad sagrada de Ur, serás levantada hasta el cielo!37

Hubieron también algunos objetos simbólicos que fueron divinizados, como el carro de Enlil (construido por el rey Ishme-Dagán), así como tronos, emblemas de los dioses y ciudades (en Lagash, su Imdugud o “Pájaro de la Tempestad”), la barca de Enki, estatuas de los príncipes, las armas de los dioses (Sarur, el arma mágica de Ninurta), instrumentos musicales (el arpa de Ningirsu), etc. Todos ellos muy citados y exaltados en sus himnos.


Detalle instrumento musical.

AL CARRO DE ENLIL (fragmento de un tigi de Enlil)
¡Oh majestuoso carro! Enlil, el señor de la inteligencia, el padre de los dioses,
habló sobre tu construcción, en el Ekur, su sublime santuario!
Te ha sido dado un nombre favorable por Ishme- Dagan, el muy sabio pastor,
nacido de un hermoso seno, el jefe del país.
El dio órdenes para que tus santos y puros me pudieran llegar a ser famosos,
él aplicó (su) mano a tu (construcción y) no ha parado desde entonces.
En su [...] él ha motivado tu hermosura,
tú has sido colocado con [...] por él.
[...] los dos [...], tú eres un espectáculo para contemplar.
Tus adminículos son descollantes, como un bosque de cedros:
tu larga vara, un campo de surcos abiertos, abundancia de grano reciente;
tu sudin, una nube, tu arzón (?) [...] (con el cual) tú unes cielo y tierra.
Para tu yugo, tu gran tronco, no hay escape, tú sujetas al malhechor,
tus clavijas [sujetas con una soga] están dispuestas como una red, tu [...].
(…)
(Enlil) completó su gran aparejo, él anduvo en [...],
él ab[razó] a Ninlil, la Madre, [su] esposa.
Ninurta, el héroe,[... (en la delantera)].
Los Anunna [...], después de él [...].
El carro brilla como un relámpago, su bramido [estruendoso] es un placer,
[...] sus jumentos enjaezados a la yunta.
Enlil, su mítico carro, su resplandeciente [...] es brillante.
(…)
el joven héroe orgullosamente entra en el resplandeciente Ekur.
El señor Ninurta ofrece una oración a Enlil:
“Hacia Ishme-Dagan, el diestro pastor [...], quien ha realizado (este) servicio para ti,
hacia el rey quien ha construido tu carro, dirige una piadosa mirada.
Dale como esposa a Inanna, tu querida hija primogénita.
¡Abrázalos para siempre!
Delicia, dulzura, santos miembros,
¡ojalá dure mucho tiempo su abundante vida!”
                                                                                                                   (Sagarra)38

BARCA DE ENKI
Cantos sagrados y conjuros (me) han difundido en mi Abzu,
mi barco de alta proa “Corona del Rebeco del Abzu”
trae en su interior una gran alegría para mí.
En el excelso pantano, mi sitio favorito,
abre sus brazos hacia mí, inclina su cuello hacia mí.
Los kara tiran de los remos al unísono,
cantan dulces canciones para mí, hacen alegrarse al río,
Nimgirsig, el ensi de mi barco (de alta proa),
sostiene el cetro de oro para mí.
Yo soy Enki (...) el barco “Rebeco del Abzu” (...),
yo soy el señor (...),
yo, Enki (...)39

Hubo una larga tradición oral y fue posteriormente, al final del tercer milenio a. C., cuando los himnos fueron fijados en esas tablillas y cilindros de arcilla, “llegando incluso a servir como instrumento del aprendizaje de la lectura y escritura, al ser empleadas como libros de texto en las edubba (Casa de las tablillas) o escuelas, donde los ubsar o escribas aprendían estas artes bajo la supervisión de los ymnia o expertos”40.

Durante muchos siglos el sumerio fue el lenguaje del conocimiento y desde distintas regiones llegaban sus gentes a las ciudades sumerias para aprender a ser escribas. Gracias a estas enseñanzas se pudo reproducir y conservar todo este legado, en el que los poetas no pusieron énfasis en su individualidad ya que sus creaciones fueron anónimas.

S. N. Kramer señaló que los propios poetas de la época dividieron las composiciones hímnicas atendiendo a sus aspectos formales. La palabra común que los definía era shir, “canción”. Otras composiciones recogidas son shir-hamun o “cantos de armonía”, shir-namnar o “cantos musicales”, shir- namgala o “cantos del sacerdote gala”, shir-namursagga o “cantos de heroicidad” y shir-namsipad-inanna-ka o “cantos del pastoreo de Inanna”.41

Los sumerios denominaron a sus composiciones hímnicas con distintos nombres de acuerdo con sus géneros y los instrumentos musicales que los acompañaban a la hora de su recitación. De forma abreviada se distinguieron por:
ADAB, fue por antonomasia el himno dedicado a los dioses. El adab estaba dividido en diferentes partes: sagidda (cuerda larga), sagarra (cuerda grave) y uru-bi o uru-enbi, del que no se sabe su significado; además en estas partes del himno se podían anteponer unas piezas cortas: barsud y shabatuku, o bien intercalando entre la sagidda y la sagarra una “antífona” (gishkigal) de unos cuantos versos, entendida en su sentido musical puro. El adab solía tener como máximo unos cien versos.
TIGI, “cantar de timbal o de tímpano”, parecida al adab, utilizada en los himnos laudatorios dirigidos a los dioses y también para cantar al soberano.
SHIRGIDDA, “cantar largo” nombre referido a la repetición de algunos versos pues contiene poesías cortas.
SHIRNAMURSANGA, “cantar heroico” dedicado a divinidades importantes como el himno dedicado a Inanna considerado como el único hasta ahora de este tipo.
SHIRNAMSHUBBA, “cantar de la suerte o del destino”.
BALBALE, abarcó distintos campos hímnicos y poéticos desde el himno a los dioses o autoalabanza de los monarcas, los cantos de amor conectados a veces con la fiesta de Año Nuevo.
ERSHEMMA, “canto de lamentación” de tipo emesal, es decir para ser cantada con coros o con acompañamiento del instrumento musical shem (timbal). Piezas dedicadas a los dioses y lamentaciones (especialmente a Dumuzi e Inanna) y a la desaparición de ciudades.
ERSHAHUNGA, más que un himno es un tipo de oración individual, el cantar de lamento “para calmar el corazón de los dioses” o la plegaria SIS-KUR.

La ejecución de los himnos se indicaba con el nombre de los instrumentos musicales que iban a acompañar su recitado, poniendo de manifiesto la importancia que tuvo para los sumerios la música, incluso los propios músicos se convirtieron en figuras importantes en el templo y la corte. Los instrumentos fueron tanto de cuerda, como de viento (muchos de ellos confeccionados con las cornamentas de algunos animales y de conchas marinas) y de percusión: los timbales (tigi, shem, ni-kala), tamboril (zam-zam, li-li-iz, balag) y tambores (ala, sem, men, alnig). Entre los de viento encontramos distintas flautas (kagi, gi-gid), aramillos y trompetas. Los más populares fueron los de cuerda, especialmente arpas y liras y ciertos laúdes, algunos de gran tamaño y bellamente adornados: arpa o lira-toro (zami), lira-cítara (za-miritum), un tipo de arpa (balag), arpa o quizás salterio (zagsal), laúd (sha-ech), etc.


        
Instrumentos musicales.

No queremos dejar de destacar que si bien los poetas no utilizaron la rima o el metro, en sus himnos y cantos, muchos de ellos de una gran potencia y musicalidad, se destaca el paralelismo y la repetición de palabras o grupos de palabras e incluso de versos enteros pues:

La palabra es inmortal, está siempre viva y por ello es que perpetuamente es actuante. Si se comprende, es curativa, porque nos lleva de continuo a la resurrección. Pero no es sólo ella su sentido, sino que su sonido es capaz de dar cuenta de un estado que se produce en nosotros. De allí la reiteración de nombres y palabras en los himnos sagrados, que han pasado, como convención de modo profano, a los estribillos de las canciones populares.42

Nos gustaría terminar con un último canto a Inanna, la diosa que lo abarca todo, desde lo más profundo del infierno hasta el cielo más alto.

HIMNO A INANNA (canción tigi para Inanna)
Señora, nacida de Ningal jubilosamente para la alegría,
como a un dragón se te ha dado (fuerza de) aniquilamiento,
Inanna, nacida de Ningal jubilosamente para la alegría,
como a un dragón se te ha dado (fuerza de) aniquilamiento.
Estás entronizada en una tormenta de viento, has logrado del Abzu las “fuerzas divinas”,
has dejado tomar asiento sobre tu sagrado estrado al rey Ama-ushumgal-anna.
Inanna, estás entronizada en una tormenta de viento, has logrado del Abzu las “fuerzas divinas”,
has dejado tomar asiento sobre tu sagrado estrado al rey Ama-ushumgal-anna.
Diosa, han hecho de ti un héroe, (la dignidad) de tus “fuerzas divinas” campean en el cielo,
has adoptado desde el vientre de tu madre la defensa y las armas.
Inanna, han hecho de ti un héroe, (la dignidad) de tus “fuerzas divinas” campean en el cielo,
has adoptado desde el vientre de tu madre la defensa y las armas
(…)
Dueña, ¿quién conoce en todos los cielos, en todas las tierras, lo que planea tu alta inteligencia?
Ante tu palabra, que como un hilo doble nadie rasga, tiembla todo el cielo.
Así te lo ha concedido tu padre Enlil (…)43



Pieza asiria. Museo Británico.


NOTAS.
1 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Fragmentos de las entradas: “Dioses (los)” y “Dioses-Diosas”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
2 Himnos del Agartha. Textos del Ateneo del Agartha. Colección Aleteo de Mercurio, 6. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2019.
3 Ver el artículo de Mireia Valls, Los dioses de Sumer en este mismo número de la Revista Symbolos.
4 Federico Lara Peinado, Himnos Sumerios. Editorial Tecnos, Madrid, 1988.
5 Ibíd.
6 Ibíd.
7 Samuel N. Kramer, La Historia Empieza en Sumer. Ed. Alianza, Madrid, 2019.
8 Traducido por Samuel N. Kramer. Extraído del Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Himnos Sumerios”, op.cit.
9 Federico Lara Peinado, Himnos Sumerios, op.cit.
10 Samuel N. Kramer y Jean Bottéro, Cuando los dioses hacían de hombres. Ed. Akal oriente, Madrid, 2004.
11 Ibíd.
12 Federico Lara Peinado, Los mitos sumerios y acadios. Ed. Nacional, Madrid 1984.
13 Federico Lara Peinado, Himnos Sumerios, ibíd.
14 Samuel N. Kramer, La Historia Empieza en Sumer, op.cit.
15 Federico Lara Peinado, Mitos de la antigua Mesopotamia. Ed. Dilema, Madrid, 2017.
16 Samuel N. Kramer y Jean Bottéro, Cuando los dioses hacían de hombres, ibíd.
17 Federico Lara Peinado, Himnos Sumerios, ibíd.
18 Samuel N. Kramer, From the Poetry of Summer. University of Berkeley Press, 1979. Extraído de: Diane Wolkstein y Samuel N. Kramer, Cantos e Himnos de Sumeria, (trad. Ofelia Iszaevich).
19 Ibíd.
20 Ibíd.
21 Ibíd.
22 Federico Lara Peinado, Himnos de Sumeria, ibíd.
23 Diane Wolkstein y Samuel N. Kramer, Cantos e Himnos de Sumeria, op.cit.
24 Samuel N. Kramer, La Historia empieza en Sumer, ibíd.
25 Samuel N. Kramer y Jean Bottéro, Cuando los dioses hacían de hombres, ibíd.
26 Federico Lara Peinado, Himnos Sumerios, ibíd.
27 Ibíd.
28 Ibíd.
29 Ibíd.
30 Samuel N. Kramer, La Historia empieza en Sumer, ibíd.
31 Federico Lara Peinado, Himnos Sumerios, ibíd.
32 Samuel N. Kramer y Jean Bottéro, Cuando los dioses hacían de hombres, ibíd.
33 Hemos recogido los testimonios al igual que los fragmentos que citamos de este Himno de Federico Lara Peinado quien le dedicó un libro entero: Himno al Templo de Eninnu, Cilindros A y B de Gudea. Ed. Trotta, Madrid, 1996, en el que aparece también la cita de la hipótesis del “especialista” H. Sauren escrita en su: Le Temple et le culte, Leiden, 1975.
34 Federico González y col., Introducción a la Ciencia Sagrada, Programa Agartha. Revista Symbolos nº 25-26, Ed. Symbolos, Barcelona, 2003.
35 Samuel N. Kramer y Jean Bottéro, Cuando los dioses hacían de hombres, ibíd.
36 Ibíd.
37 Ibíd.
38 Federico Lara Peinado, Himnos Sumerios, ibíd.
39 Traducción de Samuel Noah Kramer.
40 Federico Lara Peinado, Himnos Sumerios, ibíd.
41 Federico Lara Peinado, La civilización sumeria, Ed. Historia 16, Madrid, 1989.
42 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos. Entrada: “Palabra”, ibíd.
43 Federico Lara Peinado, Himnos Sumerios, ibíd.

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