SYMBOLOS
Revista internacional de
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MENSAJE PARA AMOR




Palacio Farnese. Galeria Carracci, detalle. 1597-1608.

¿Quién? ¿Qué decir de ti bello Amor? Deidad primordial, luz primigenia de la creación. Impulso engendrador que todo lo puede; ordenador del universo entero.

Esquivo y veloz, despiadado, no reparas en los sufrimientos de quienes te conocen. Y, aun así, no vacilas en darnos tu alimento de Amor, a cada instante nuevo.

Te nos ofreces recto y certero y provisto de muchos dones. En tu inteligencia nos liberas de los amenazantes males de nuestra alma, para reconocernos dignos de tu confianza.

Eros, ¡somos reflejo de tu luz! A tientas buscamos desenmascarar ese estado del alma con el que nos identificamos, y eso nos colma de grandes riquezas. Tu poder es ser intermediario entre dioses y hombres, y aquí te presentas como uno y solo, amante de la Belleza y la Sabiduría.

Filón, en Diálogos de Amor, nos narra quién es el padre de todo amor y quién es la madre:

te diré que el padre común de todo amor es lo bello, y la madre común es el conocimiento de lo bello unido a la carencia de él. (…) Por consiguiente, lo bello amado es padre y engendrador del amor, y la madre es el entendimiento del amante, preñada por el semen de ese bello, que es la belleza ejemplar en la mente del conocedor, la cual mente, preñada por lo bello, desea unirse a él, o sea, engendrar el semejante.1

Nuestra alma anhela ser partícipe de la suprema Belleza. Anhelamos unirnos a ti y ser uno con ella, produciéndose esa alquimia espiritual, donde la tiniebla ve la luz, alumbrando dentro de sí, a la divinidad. Coagulas toda la creación y nos rendimos a tu energía que mueve el mundo. Somos raptados por tu furor divino. ¿Qué sería nuestra existencia, sin tu fuego?

En tu nombre, mujeres y hombres de todos los tiempos han iniciado un camino de despojamiento absoluto. En tu búsqueda, te han invocado en la más completa desnudez, pues “Amor despoja de toda forma a los que acoge en su simplicidad, los amantes se ven así sin Dios por exceso de Dios, en la simplicidad desierta y salvaje, que no tiene fin ni comienzo, ni forma, ni modo, ni razón, ni sentido, ni opinión, ni pensamiento, ni ciencia, ni intención, pues nada la limita en su inmensidad”2, para rendirse a la plenitud de la realización espiritual, al reconocimiento y la unión con el Uno.

Así eres en tu naturaleza eterna, tan misterioso y esquivo en tu verdadera esencia. Eso anhelamos de ti; en nuestra entrega perseguimos, en lo posible, conectarnos con tu verdad eterna e inmortal y vivenciar la unión despojada del amante y el amado en la cópula sagrada del Ser con las ideas eternas. Y también abrir la puerta del abismo sin fondo, libre de imágenes, formas e ideas.

Por Amor nos entregamos a la muerte, cuando experimentamos un arrebato que nos identifica con lo inasible, dejando de ser los mismos y donde se nos revelan aquellos planos de la realidad que trascienden nuestra humanidad, alumbrando un hombre nuevo. Se nos ofrece un nuevo lenguaje y penetrar otros códigos simbólicos, accesibles tan sólo a los verdaderos amantes de Amor.

¡Ay, Bello Amor, por ti muero!




Origen desconocido.

Montse Gallego



NOTAS.
1 León Hebreo, Diálogos de amor. Ed. Tecnos, Madrid, 2002.
2 Hadewijch de Amberes, El lenguaje del deseo. Ed. Trotta, Madrid, 1999.

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