SYMBOLOS
Revista internacional de
Arte - Cultura - Gnosis
 

SIGUIENDO LAS HUELLAS DE EROS

PATRICIA SERDÁ


Cupido ordenando a Mercurio que anuncie su poder al universo. Eustache Le Sueur 1617 - 1655.

Invoco al grande, puro, amado y dulce Eros, poderoso por su arco, alado, veloz como el fuego, de ágil carrera en su impulso; que juega con los dioses y con los humanos mortales, habilidoso, de dual naturaleza, poseedor de los resortes de todas las cosas, esto es, de la bóveda celeste, del mar, de la tierra y de cuantas respiraciones de toda índole proporciona para los mortales la diosa que produce frutos verdes, y de cuanto alberga el ancho Tártaro y el mar de estruendosas olas. Porque tú solo dominas el timón de todo ello. Mas, ea, afortunado, con pensamiento puro acude a tus iniciados y desvía de ellos los impulsos perniciosos y extraños.1


Primeramente, por cierto, fue Abismo; y después, Gea de amplio seno, cimiento siempre seguro de todo inmortal que habita la cumbre del Olimpo nevoso, y Tártaro oscuro al fondo de la tierra de anchos caminos, y Eros, que es entre los inmortales dioses bellísimo, que desata los miembros, y de todos los dioses y hombres domeña la mente y la voluntad prudente, en el pecho.2


El amor humano es parte del amor divino. Eros es anterior a lo creado y nos sume siempre en ese estado donde nada es hecho todavía y donde todo es posible y por lo tanto ilimitado.3


[El] Amor divino [es] la más alta posibilidad del amor. La esencia del magnetismo. La vuelta al origen, por antonomasia.4


Hay un Eros cósmico y un Eros supracósmico, que desciende a unir toda la masa del Universo, digamos de éste que es un dios no humano.5


Pues ser con mucho el dios más antiguo, dijo, es digno de honra y he aquí la prueba de esto: padres de Eros, en efecto, ni existen ni son mencionados por nadie, profano o poeta. Así, Hesíodo afirma que en primer lugar existió el Caos y luego “la Tierra de amplio seno, sede siempre segura de todos, y Eros.”
Y con Hesíodo está de acuerdo también Acusilao en que, después del Caos, nacieron estos dos, Tierra y Eros. Y Parménides, a propósito de su nacimiento, dice: “De todos los dioses concibió primero a Eros”.6



Detalle Cupido. Parmigianino,
Girolamo Francesco Maria Mazzola, finales del siglo XVI.


Cuando Orfeo en las Argonáuticas, siguiendo la teología de Mercurio Trimegisto, cantó los principios de las cosas en presencia de Quirón y de los héroes, puso el caos antes del mundo, y colocó el amor en el seno de ese mismo caos, antes de Saturno, Júpiter y los demás dioses, con estas palabras:
Amor es el más antiguo, perfecto en sí mismo y mejor consejero. Hesíodo, en la Teología, y Parménides, el pitagórico, en el libro de la Naturaleza, y Acusilao, el poeta coincidieron con Orfeo y Mercurio. Platón en el Timeo describió el caos de forma semejante, y en él colocó el amor. Y lo mismo refirió Fedro en el Banquete.7



A lo primero había Caos, Noche, el negro Érebo y el Tártaro anchuroso, / pero tierra aún no había, ni aire ni cielo. Y de Érebo en el regazo ilimitado / engendra lo primero un huevo huero Noche de alas negras, / del que, con el trascurso de las estaciones, nació Eros el deseado, / de espalda refulgente por su par de alas de oro, parejo a torbellinos raudos como el viento. / Y este, unido al Caos alado en medio de la noche por el Tártaro anchuroso, / empolló nuestra raza y la trajo la primera a la luz. / Antes aún no existía la estirpe de los inmortales, hasta que Eros unió todas las cosas; / a medida que se iban uniendo unos a otros, nacieron el cielo y el océano, / la tierra y la estirpe imperecedera de los dioses felices.8


Como sabemos la unidad al polarizarse produce hijos los cuales a su vez entre si procrean uno que generara con su madre la raza humana. La unidad es el mayor de los símbolos porque aquellos tres reflejándose mutuamente son fundidos por el dios Eros.
Todo ello viene posteriormente al mar de lo no terminado de hacer, a las Aguas Primordiales de lo apenas bocetado aunque pueda verse lo que será luego.
El ritmo es entonces alteridad y es alteridad en cuanto Urano se opone a su hermana gemela (cielo-tierra) y, en otra versión, por determinación de Eros acostándose con su madre puede éste generar al universo.9



Es una idea interesante asociar a Cronos (el Tiempo) como cohesionador del sistema cósmico, así como Eros era en el Olimpo un arquetipo del Amor, que todo lo une, elemento imprescindible en el matrimonio del cielo y la tierra.10


Eros, el Amor, es el gran cohesionador de este mundo engendrado por la madre Gea y su hijo Júpiter, según creencias muy antiguas que los poetas recogieron de las fuentes tradicionales incluso anteriores a la cultura griega, y que ellos (Homero, Hesíodo y otros) cantaban en celebraciones solemnes y también en los banquetes y tabernas.11


Tan pronto como nació este dios, [Eros] en virtud del amor a las cosas bellas, se han originado bienes de todas clases para dioses y hombres.12


Relieve de Eros llevando guirnaldas.
Museo de Pérgamo Berlín (Alemania), Sala arquitectura Romana.


Como vemos este dios, que no aparece en Homero, es el más bello de los dioses y encanta tanto los corazones de sus pares como los de los hombres. Se lo consideró el más joven de todos los olímpicos, hijo de Afrodita, Cupido es su camarada perpetuo. Dios de la unidad por excelencia; esa misma cualidad es propia del amor. La palabra hebrea Ahabah: Amor, numéricamente equivale a la palabra Ehad (Uno) y por tanto se identifica con la sefirah Kether.13


A ésta, [la vejez] en efecto, Eros la odia por naturaleza y no se le aproxima ni de lejos. Antes bien, siempre está en compañía de los jóvenes y es joven, pues mucha razón tiene aquel antiguo dicho de que lo semejante se acerca siempre a lo semejante. Es el más joven de los dioses y siempre joven, y que aquellos antiguos hechos en relación con los dioses de que hablan Hesíodo y Parménides se han originado bajo el imperio de la Necesidad y no de Eros, suponiendo que aquellos dijeran la verdad.14


Pues, a mi parecer, los hombres no se han percatado en absoluto del poder de Eros, puesto que si se hubiesen percatado le habrían levantado los mayores templos y altares y le harían los más grandes sacrificios, no como ahora, que no existe nada de esto relacionado con él, siendo así que debería existir por encima de todo. Pues es el más filántropo de los dioses, al ser auxiliar de los hombres y médico de enfermedades tales que, una vez curadas, habría la mayor felicidad para el género humano.15


Por consiguiente, si celebramos al dios causante de esto, celebraríamos con toda justicia a Eros, que en el momento actual nos procura los mayores beneficios por llevarnos a lo que nos es afín y nos proporciona para el futuro las mayores esperanzas de que, si mostramos piedad con los dioses, nos hará dichosos y plenamente felices, tras restablecernos en nuestra antigua naturaleza y curarnos.16


Cupido niño. Bartholomeus van der Helst, c.1644.


Él es quien nos vacía de extrañamiento y nos llena de intimidad, el que hace que se celebren en mutua compañía todas las reuniones como la presente, y en las fiestas, en los coros y en los sacrificios resulta nuestro guía; nos otorga mansedumbre y nos quita aspereza; dispuesto a dar cordialidad, nunca a dar hostilidad; es propicio y amable; contemplado por los sabios, admirado por los dioses; codiciado por los que no lo poseen, digna adquisición de los que lo poseen mucho; padre de la molicie, de la delicadeza, de la voluptuosidad, de las gracias, del deseo y de la nostalgia, cuidadoso de los buenos, despreocupado de los malos; en la fatiga, en el miedo, en la nostalgia, en la palabra es el mejor piloto, defensor, camarada y salvador; gloria de todos, dioses y hombres; el más hermoso y mejor guía, al que debe seguir en su cortejo todo hombre, cantando bellamente en su honor y participando en la oda que Eros entona y con la que encanta la mente de todos los dioses y de todos los hombres.17


La vida de Cupido. Cupido recibiendo el homenaje de Diana, Apolo y Mercurio. Eustache Le Sueur.


Según Hesíodo, primero fue Abismo, padre de la Noche, hermana por lo tanto de Gea y Eros -y tía de Urano-, la que engendró con su hermano (Érebo) a Éter y Hémera aunque posteriormente, y tras la emasculación de Urano, produce sin padre a otra especie de hijos.18


Nos cuenta Hesíodo que del abismo (Caos) nacieron los gemelos Gea (a su vez madre de Urano, el firmamento), y Eros, o sea en otro ciclo Afrodita (Venus) y Deméter (Ceres).19


Nacida de la espuma del mar (esperma) después de que Saturno le cortara los testículos a Urano (cielo) y montada en una concha, Venus ha sido el ejemplo del Amor, en especial de la atracción sexual simbolizada por Eros, elemento fundamental de cohesión en la manifestación universal.20


Venus reclinada sobre una concha. Atribuido a Andrea Appiani le Jeune.


Afrodita-Venus, el amor, la energía capaz de unificarlo todo, nace del semen producido por el desmembramiento de Urano (el Cielo) y es llamada la «mujer nacida de las olas». De todas maneras estos nacimientos son «antinaturales» en cuanto la fecundación es «anormal» con respecto a las simples génesis ordinarias. Son el fuego y el cielo quienes en definitiva fecundan, y esto, que es absolutamente interno, constituye un hecho siempre asombroso, pero más real que nada conocido -aunque presentido- hasta el momento. Eso no es casual, y en términos de todas las tradiciones es necesario un largo peregrinaje y grandes trabajos para obtenerlo, tal el caso neto de Heraklés-Hércules.21


Afrodita [diosa de la espuma nacida y Citerea de bella corona] la llaman dioses y hombres, porque en la espuma se crió; y también Citerea, porque llegó a Citera; y Chiprogena, porque nació en Chipre de mar agitado, o Filomeda, porque de los genitales vino a la luz. Eros la acompañó y la siguió Hímero bello, desde cuando nació y entró en la familia divina.22


Venus desarmando a Cupido. Alejandro Allori, 1535 - 1607.


En Roma, Venus es la diosa madre por ser la progenitora de Eneas; pero siempre encarnando la imagen del Amor, de Eros, aunque éste no es el mismo para Hesíodo que para Platón; sin embargo, ambas concepciones son válidas y hasta complementarias por su carácter intermediario y además fundamentales en la Creación. Un alter ego de la diosa, a veces considerado su hijo es el alado Cupido, capaz de vehicular sus mensajes particularizándolos, por medio de sus famosas flechas, portadoras del Amor.23


Origen desconocido.


El mundo está compuesto de mensajes verticales, de los dioses a los hombres y horizontales, de los hombres entre sí con lo cual se teje la trama y la urdimbre de lo que conforma lo que llamamos la realidad. Y el tiempo y el espacio son los primeros en tejer esta trama que es la propia existencia del ser humano; en cuanto al amor, las flechas del Ángel pagano Cupido, un alter ego de la diosa Venus, cumplen esa misión de mensajeras.24


El arco de guerra o caza es el arma más poderosa antes de la utilización de las de fuego. Portador de una flecha que llevaba la muerte en sí, inversamente a la de Cupido que entregaba el Amor a todo aquel que estuviese dispuesto a ello.25


FILÓN.– ... el verdadero Cupido es la pasión amorosa y la concupiscencia perfecta; procede de la lascivia de Venus y del fervor de Marte, por lo cual lo representan niño, desnudo, ciego, con alas y tirando flechas. Lo representan niño porque el amor siempre crece y es desenfrenado, como los niños; desnudo, porque ni se puede encubrir ni disimular; ciego, porque es incapaz de ver ninguna razón contraria, pues la pasión le ciega; con alas, porque es velocísimo, pues el amante vuela con el pensamiento y está siempre con la persona amada y en ella vive; con las flechas traspasa el corazón de los amantes, flechas que causan llagas estrechas, hondas e incurables, y que la mayoría de las veces proceden de los respectivos rayos de los ojos de los amantes, rayos que son como saetas.26


Cupido con antorcha. Elisabetta Sirani, 1638 - 1665.


“Eros, Eros, que por los ojos
instilas el deseo, inspirando dulce deleite en el alma de aquellos a quienes atacas.
Nunca te me muestres unido a la desdicha,
ni desacompasado acudas.
Pues ni el dardo de fuego ni el de las estrellas
es tan potente como el dardo de Afrodita,
que lanza de sus manos,
Eros, el hijo de Zeus.”27



Origen desconocido.


La flecha presupone el arco capaz de lanzarla al aire. Es el arma de Cupido y aún hoy se emplea el término flechar como sinónimo de invasión del amor y su rapto correspondiente. Cuando se trata del Amor divino no cambian las condiciones por las que somos flechados o raptados, en relación con lo que sucedería hablando de modo literal. Ser flechado por un dios es el colmo de la belleza, aunque éste nos haga pasar tan, pero tan, amargos momentos.28


[Eros] Interpreta y comunica a los dioses las cosas de los hombres y a los hombres las de los dioses, súplicas y sacrificios de los unos y de los otros órdenes y recompensas por los sacrificios. Al estar en medio de unos y otros llena el espacio entre ambos, de suerte que el todo queda unido consigo mismo como un continuo. A través de él funciona toda la adivinación y el arte de los sacerdotes relativa tanto a los sacrificios como a los ritos, ensalmos, toda clase de mántica y la magia. La divinidad no tiene contacto con el hombre, sino que es a través de este demon como se produce todo contacto y diálogo entre dioses y hombres, tanto como si están despiertos como si están durmiendo.29


Eros es un demon, y por tanto un espíritu intermediario que igualmente toma otras formas vinculadas con la transmisión, la ignorancia y la sabiduría dada por su intermedio, y por ello este espíritu celeste inspirado por la deidad e hijo de Afrodita acuciado por la necesidad de unir las cosas entre sí, está estrechamente vinculado a la Necesidad (de conocer), según nos parece.30


Así, Eros casi parece reunir en su ser -y para nosotros es, como mínimo, una indicación para la comprensión de la idea de Hermes- lo fálico, lo espiritual y lo psíquico, es decir, va más allá de la vida del individuo. Las transmisiones, según las cuales Eros es de hecho un hijo de Hermes, recobran de esta forma una importancia especial. No pertenecen a la tradición clásica, sino que originaban otra junto a ella, una transmisión más secreta.31


El Hermes originario no precisa ninguna historia especial de amor con Afrodita para engendrar con ella a Eros: la llevaba consigo en su propio aspecto femenino, y quizá incluso éste fuese su aspecto predominante, antes de que en él fuese estimulada la naturaleza masculina.32


Venus, Mercurio y Cupido. Antonio Balestra, 1666 - 1740.


“Todos los dioses están ligados unos a otros por una especie de caridad mutua, de tal manera que puede decirse en justicia que el amor es nudo y vínculo permanente del universo”.33


Origen desconocido.


Ya hace tiempo, mi queridísimo Giovanni, había aprendido de Orfeo que el amor existe y tiene las llaves del mundo entero, y luego de Platón qué es el amor y cómo es. Pero, qué fuerza y poder tiene este dios, había estado oculto para mí durante treinta y cuatro años hasta que un héroe divino a los ojos celestes, manifestándolo a través de una señal extraordinaria, me mostró cuán grande es el poder del amor.34


SÓC. – Pienso que ibas a decir la palabra justa: maniáticamente. Porque dijimos que el amor era como una locura, una manía, ¿o no?
FED. – Sí
SÓC. – Pero hay dos formas de locura; una, debida a enfermedades humanas, y otra que tiene lugar por un cambio que hace la divinidad en los usos establecidos.
FED. – Así es.
SÓC. – En la [locura] divina, distinguíamos cuatro partes, correspondientes a cuatro divinidades, asignando a Apolo la inspiración profética, a Dioniso la mística, a las Musas la poética, y la cuarta, la locura erótica, que dijimos ser la más excelsa, a Afrodita y a Eros. Y no sé de qué modo, intentando representar la pasión erótica, alcanzamos, tal vez, alguna verdad, y, tal vez, también nos desviamos a algún otro sitio. Amasando un discurso no totalmente carente de persuasión, hemos llegado, sin embargo, a entonar, comedida y devotamente, un cierto himno mítico a mi señor y el tuyo, el Amor, oh Fedro, protector de los bellos muchachos.35



FILÓN. – También se representa a Cupido desnudo, porque un gran amor no puede disimularse tras la razón ni cubrirse con la prudencia, por las intolerables penas que causa; es pequeño, porque le falta prudencia y ésta no le puede gobernar; tiene alas, porque el amor penetra rápidamente en las almas y rápidamente les hace ir al encuentro de la persona amada; es ajeno a sí mismo, por lo cual dice Eurípides que el amante vive en el cuerpo de los demás”. Se le representa lanzando flechas, por herir de lejos y porque tira al corazón como si fuera su blanco natural y, además, porque la llaga del amor es como la de la flecha inesperada, de abertura estrecha pero honda, nada fácil de ver, difícil de curar y muy mala de sanar; a quien la mira desde fuera le parece pequeña, pero por dentro es peligrosísima y la mayoría de las veces se convierte en fístula incurable. Por otra parte, así como la llaga de la flecha no se cura, aunque se afloje el arco y muera el arquero, del mismo modo la causada por un verdadero amor no puede remediarse sea cual sea el placer que el destino le pueda conceder o le pueda proporcionar la persona amada, ni puede curarse aunque falte la cosa amada por haber muerto. Por lo tanto, no te maravilles de que el perfecto amor, aun siendo hijo de la razón, no esté gobernado por ella.
SOFÍA. – ¡Me maravilla que pueda ser loable un amor que no está gobernado por la razón y la prudencia! Yo creía que en ello residía la diferencia entre el amor virtuoso y el lascivo, totalmente desordenado y desenfrenado. Pero ahora me pregunto cuál será el perfecto.
FILÓN. – No me has comprendido bien. El desenfreno no sólo es propio del amor lascivo, sino que también lo es de cualquier amor grande y eficaz, honesto o deshonesto, con la única diferencia de que en el honesto el desenfreno aumenta la virtud, mientras que en el otro hace mayor el error. ¿Quién se atreverá a negar que los amores honestos no encierran maravillosos y desenfrenados deseos? ¿Hay amor más honesto que el divino?, y, sin embargo, ¿cuál es más ardiente y desenfrenado?36



Nos interesa además rescatar un elemento de incertidumbre, o de aventura, inherente a los riesgos del arte y del amor, dos maneras de encarar por lo más alto el proceso del conocimiento, que se halla en el origen y en la identidad del ser mismo. Y ese riesgo, esa pasión, ese fuego, está siempre presente en todo lo que implique la búsqueda y la realización de la belleza y la sabiduría, es decir la unidad en amor, lo que constituye el arte en la vida.37


Aquí se halla un hombre entre dos posibilidades, en actitud de elegir libremente una de ellas. Una mujer, que señala sus partes exteriores, lo atrae hacia la corriente del mundo profano, el materialismo y el engaño de los sentidos, ofreciéndole un amor vulgar, no trascendente. La otra señala su corazón, atrayéndolo hacia los sentimientos más nobles del amor espiritual y simbolizando la verdad. El cupido, a cuyas espaldas brilla un sol radiante, apunta con su flecha a la segunda, aunque el individuo se encuentra aquí en libertad de escoger cualquier opción, poniendo su corazón donde esté su verdadero tesoro. 38


Cupido, detalle de La Primavera de Botticelli, 1477 - 1482.


Representar ciega o con los ojos vendados la deidad del amor (por ejemplo, el Cupido de “La Primavera” de Botticelli, pintor integrado en el círculo de Ficino) era una forma de ejemplificar que los más elevados misterios, ocultos en las “tinieblas más que luminosas del Ser”, no se pueden aprehender por los solos sentidos corporales, sino por medio del alma purificada, recogida en sí misma en el arrebato del éxtasis amatorio que antecede a la unión con lo inefable.39


En el centro nodal del ser, Eros es la argamasa del alzado cósmico y con el auxilio de Cupido, penetra corazones que aceptan sin condiciones el sacrificio inherente a la deificación.40


Por ello, del amor se dice que es la fuerza de atracción de los contrarios u opuestos, el centro de unión donde se concilian las energías verticales y horizontales, activas y pasivas del cosmos y del hombre, haciendo posible el equilibrio y la verdadera concordia (o “unión de los corazones”) universal, de ahí que los antiguos griegos vieran en él al hijo de Afrodita y Hermes, (al igual que su hermana la diosa Harmonía) de donde nace también el Hermafrodita, es decir el Rebis, el cual representa en el ser humano la unión perfecta y armoniosa de su naturaleza masculina y femenina, activa y pasiva, yang y yin. En efecto, es con el fuego del amor, y la sutil pasión que él genera, como se lleva a cabo la obra de la transmutación alquímica, porque ese fuego es el propio amor al Conocimiento y a la Sabiduría, y como decía Leonardo da Vinci: “El Amor es hijo del Conocimiento. El Amor es tanto más elevado cuanto el Conocimiento es más cierto”. A este amor, expresión del amor divino, es al que cantaban los trovadores medioevales, y el que Dante ve personificado en la figura de Beatriz (que simboliza a la Sabiduría), y ciertamente es el que invoca Salomón en El Cantar de los Cantares, en donde se trata precisamente de las “bodas”, “casamiento”, o unión del alma humana con el Espíritu.41


Al final de la Divina Comedia, Dante nos dice que el amor es el que hace girar armónicamente la rueda que mueve el sol y a las demás estrellas.42


[León Hebreo] se expresa así acerca de la arquitectura celeste, aquí y en otras partes de su tratado, ya que el conjunto de los astros y su música sutil son la escenificación de la función de Eros en el comienzo de toda posibilidad, según lo afirma Hesíodo.43


Que Eros es doble, me parece, en efecto, que lo ha distinguido muy bien. Pero que no sólo existe en las almas de los hombres como impulso hacia los bellos, sino también en los demás objetos como inclinación hacia otras muchas cosas, tanto en los cuerpos de todos los seres vivos como en lo que nace sobre la tierra, y, por decirlo así, en todo lo que tiene existencia, me parece que lo tengo bien visto por la medicina, nuestro arte, en el sentido de que es un dios grande y admirable y a todo extiende su influencia, tanto en las cosas humanas como en las divinas.44


El diablo, que también puede ser asociado con el Macho Cabrío, el Baphometh de los Templarios, simboliza las energías ctónicas, las cuales se pueden aprovechar para la realización; ya que el proceso iniciático incluye un viaje hacia el interior de la tierra seguido por un ascenso hacia el centro celeste. En ese sentido recordar el acróstico V.I.T.R.I.O.L. que significa: desciende hacia el interior de la tierra y rectificando encontrarás la Piedra Oculta (Filosofal), utilizado por Basilio Valentín. Ese aprovechamiento puede lograrse también por medio de la energía sexual, es decir, del erotismo y la presencia del dios Eros, y Venus, particularmente; el deseo, la pasión y el furor, tal cual lo entendían Platón y Marsilio Ficino. Igualmente es un maestro o Psicopompo, aunque nunca hay que dejar de tener en cuenta a su contrapartida, la esclavitud de los sentidos y la fijación en la ilusión, las sombras y el sueño en un mundo imaginado, y que al liberarnos de ello y de todas las otras mentiras que nos fabricamos en otros campos, se logra la Trascendencia.45


El macho cabrío es la víctima escogida principalmente en los ritos dionisíacos. Simboliza la energía sexual, la posesión de energías exacerbantes, la atracción, las pasiones, las energías ocultas, etc., y también lo hediondo, la sobreexcitación, la ignorancia y la estupidez. Es este carácter trasgresor el que le posibilita acceder a otros estados superiores y relacionarlo entonces con la fuerza del Eros, del fuego purificador, de la virilidad y la fecundación espiritual. Paradójicamente es una entidad protectora, pues atrae todas las influencias negativas, que con su fuego interno son transmutadas y sutilizadas. Otra faceta del alma que hay que reconocer, domar y traspasar. 46


La relación necesaria de continuidad entre el todo y la parte, entre Dios y el mundo, y viceversa, es por cierto el número de oro de la Creación. Un arcano intuido desde siempre, que la Tradición revela. Es la lógica verdadera que como “gracia divina” opera más allá de la lógica convencional o formal. Esta permanente ligazón que une a los mundos, ya sea de manera visible o invisible, permite la posibilidad perpetua del “despertar”, de un regreso al sentido universal de la existencia, operativamente una salida del tiempo-espacio ordinario y amorfo, y una entrada en lo “extraordinario” y sagrado. La función de los ritos no tiene otro fin que dinamizar y actualizar esta posibilidad siempre latente. A ella se vincula especialmente la intuición intelectual y el Eros o Amor divino, no ya la “razón” propiamente dicha, analítica y discriminativa por naturaleza.47


Eros con Herma.


Este Eros que el ser humano es capaz de realizar en sí mismo, o sea en el microcosmos, se extiende y expande de forma natural al macrocosmos, dada la analogía entre uno y otro orden, e incluso llega a acrecentarlo y aun a modificarlo, lo que se traduce en la liberación del microcosmos de todas sus ataduras y condicionamientos, en clara correspondencia con la que experimenta el macrocosmos, con lo cual el Creador ya no es su creación, se redime de ella y se reintegra en lo nunca manifestado. Esto es lo que todos los textos sagrados hebreos denominan el jubileo y es lo más cercano a la experiencia plena del Amor: ausencia de límite, vivencia de lo eterno e infinito.48


El camino del amor es una locura para el mundo, pero es la Sabiduría para los hijos de Dios, para quienes lo que desprecia el mundo es el más preciado de los tesoros; en efecto, es un tesoro tan grande, que ninguna vida puede expresarlo, ninguna lengua puede nombrarlo, tan inflamable, tan conquistador, es el amor de Dios.49


En la cumbre del Helicón, montaña sagrada al norte del Olimpo, se hallaba el altar de Zeus, y en sus laderas las fuentes que otorgaban la inspiración poética a quien bebía de ellas (como la de Hipocrene, surgida de la roca por una coz de Pegaso, o la de Aganipe), de cuyas azuladas aguas (del color del éter) también las Musas beben cuando, cansadas, renuevan su vigor después de bailar en sus prados, en los que a veces se manifiestan a los hombres; igualmente se encontraba en aquel Monte el sepulcro de Orfeo, las estatuas de los principales dioses, y el bosque sagrado a ellas dedicado y donde anualmente se las celebraba junto a Cupido.50


Origen desconocido.


Antes que nada declarar que se trata de una obra de amor cuyos principales referentes son Venus y el niño sagrado Eros-Cupido-Amor, aunque desfilan innumerables ninfas y dioses, de Marte a Pan, de Júpiter a Mercurio, etc. etc., en la descripción de estos verdaderos ritos dionisíacos. Donde: “la Belleza es la puerta de entrada a la Sabiduría por la gracia del Amor.

En la cara anterior se veía al poderoso Cupido que dirigiendo su flecha áurea hacia los cielos estrellados hacía llover amorosamente gotas de oro, contemplado por una estupefacta muchedumbre de personas de toda condición, heridas. En la parte opuesta vi a Venus airada, liberada junto con Marte de una red mágica, que había tomado a su hijo de las alas para vengarse y le quería desplumar; ya tenía un puñado de plumas en la mano y el niño lloraba. En otro panel el dios Mercurio enviado por Júpiter, que estaba sentado en su trono, le liberaba de los castigos de su madre y luego se lo presentaba al dios. Y el benévolo Júpiter le decía en lengua ática estas palabras, que estaban esculpidas cerca de su boca divina: “tú eres para mí dulce y amargo”, y lo cubría bajo su celeste manto.
En la otra cara vi a Júpiter, el benefactor, que entregaba aquel mismo niño a un hombre celeste que tenía alas en los pies y que llevaba un caduceo, el cual luego lo encomendaba a unas ninfas que estaban en una cueva para que lo nutrieran. (...)
Y entre las ninfas se destaca Polia, de donde el nombre del protagonista principal Polifilo, es decir el amigo de Polia, la Beatriz de Colonna, es decir la Sabiduría Universal a la que Polifilo ama tan profundamente que es capaz de seguirla con exclusión de cualquier otra cosa y dejarse guiar por ella abandonándose a su puro amor al punto de entender que la única gratificación que ansía es poseerla, ser uno con ella. (...)
Es, en última instancia, el proceso de realización espiritual conocido como la iniciación a las abundantes y hermosas mieses del Conocimiento de la mano de la Belleza y el Amor; AMOR VINCIT OMNIA (El Amor todo lo puede) reza uno de los lemas impresos de esta lucha de amor en sueños de Polifilo.51




Cupido tallado con flecha y el arco de terracota toscana.


El enlace del novio y de la novia, o el del Rey y la Sulamita del Cantar, son símbolos de todos los posibles maridajes que conforman el universo: el del hombre y la mujer, el del alma y el Espíritu, el del ser humano y su Principio, el del Cielo y la Tierra, reflejos sexuados todos ellos de una Unidad que se polariza, la del No-Ser y el Ser, la Suprema Identidad. Ya hemos dicho que para revelar tan esplendorosa realidad, el autor del Cantar y su comentarista se apoyan en el lenguaje ardiente del Eros, construyendo un relato no sólo conmovedor y de gran belleza, sino teúrgico, es decir, con poder para provocar la identificación del iniciado con las energías sutiles e interiores del Arbol de la Vida, con sus nombres de poder, por intermedio del ritmo evocador de la poesía.52


“He aquí, pues, el recto camino de ir hacia las cosas eróticas o de ser conducido por otro: empezar de estas cosas bellas a causa de la belleza aquélla, y sirviéndose de ellas como de escalones subir cada vez, de uno a dos y de dos a todos los cuerpos bellos y de los cuerpos bellos a las bellas ocupaciones, y de las ocupaciones a las bellas ciencias, hasta terminar -partiendo de éstas- en esa ciencia de antes que no es ciencia de otra cosa sino de la belleza absoluta, y llegar a conocer, por último, lo que es la belleza en sí. Ese es el momento de la vida, ¡oh querido Sócrates!, -dijo la extranjera de Mantinea- en que más que en ningún otro, adquiere valor el vivir del hombre: cuando éste contempla la belleza en sí... ¿Es que no te das cuenta de que es únicamente en este momento, cuando ve la belleza con el órgano con que ésta es visible, cuando le será posible engendrar, no apariencias de virtud -ya que no está en contacto con una apariencia- sino virtud verdadera -puesto que está en contacto con la verdad- y de que al que ha procreado y alimenta una virtud verdadera le es posible hacerse amigo de los dioses y también inmortal, si es que esto le fue posible a algún hombre?”53



Cupido, El Amor vencedor del universo.
Anthony Van Dyck. 1599–1641.


Se nos ofrece la posibilidad de transponer el umbral dejando atrás todo condicionamiento, comenzando por las concepciones mentales, de las que se ha dicho son las más esclavizadoras y conforman nuestra personalidad, lo que no es posible realizar sin una “entrega total a la llama del amor”, (Eros representado por el falo primordial, “la potencia siempre renovada y el acto continuamente virgen”), “y a los éxtasis y goces de la sublime y fogosa belleza”, lo que constituye la efectivización de un salto cualitativo a otro nivel, en el que se produce la conjunción de los opuestos complementarios en la copa del corazón, (en el interior de uno mismo): la cópula sagrada entre el Cielo y la Tierra, signada precisamente por el solsticio que celebramos.54


Pues aquí vamos, todos a una, conciliando notas y acordes para interpretar una obra única inspirada por una única causa que hoy denominaremos Eros o Amor, y que se traduce en una serie de novedades escritas, en audio, en imagen, en video, y en vivo y en directo armonizadas por un director “ausente del estrado”, ese dios alado que comunica lo más bajo de la tierra con su principio celeste. Destinamos las herramientas duales del mundo moderno a la única motivación que nos mueve, la de continuar dando aliento y vuelo a la Tradición Hermética.55


NOTAS.
1 Himnos Órficos LVIII. A EROS. Ed. Gredos, Madrid,1987.
2 Hesíodo, Teogonía (116-124). (Traducción de Paola Vianello de Córdoba). Recogido en Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Eros”. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
3 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Amor Humano”, op.cit.
4 Ibid. Entrada: Amor.
5 Ibid. Entrada: Eros.
6 Platón, El Banquete (178 a-b) Diálogos III. Ed. Gredos, Madrid, 1997.
7 Marsilio Ficino, De Amore, Comentario al Banquete de Platón. (Discurso Primero, Capítulo III, “Del Origen del Amor”). Ed. Tecnos, Madrid, 1994.
8 Aristófanes, Las Aves (698-702), Textos Órficos y Filosofía Presocrática. Trad. Alberto Bernabé. Recogido en Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, Entrada: Huevo, op.cit.
9 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Ritmos”, ibíd.
10 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Cronos-Saturno”, ibíd.
11 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Hechizo”, ibíd.
12 Platón, El Banquete (197 b). Diálogos III, op.cit.
13 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Eros”, ibíd.
14 Platón, El Banquete (195 b-c). Diálogos III, ibíd.
15 Platón, El Banquete (189 b). Diálogos III, ibíd.
16 Platón, El Banquete (193 d). Diálogos III, ibíd.
17 Platón, El Banquete (197 c-e). Diálogos III, ibíd.
18 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Noche”, ibíd.
19 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Abismo”, ibíd.
20 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Venus-Afrodita (lat.- gr.)”, ibíd.
21 Federico González, El Simbolismo de la Rueda. Ed Libros del Innombrable, Zaragoza, 2016.
22 Hesíodo, Teogonía, (211-232), op. cit. (Recogido en Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Teogonía”, ibíd.)
23 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, Entrada: “Venus-Afrodita (lat.- gr.)”, ibíd.
24 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Mensajes”, ibíd.
25 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Arco”, ibíd.
26 León Hebreo, Diálogos de Amor, (Diálogo Segundo). Ed. Tecnos/Alianza, Madrid, 2002.
27 Eurípides, Hipólito (vs. 525 -532).
28 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Flecha”, ibíd.
29 Platón, El Banquete (203 a) Diálogos III, ibíd.
30 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Eros”, ibíd.
31 Karl Kerényi Hermes El Conductor de Almas, Ed. Sexto Piso, Madrid, 2010. Cap. II, 1. Hermes y Eros. Recogido en Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Hermético-Hermetismo”, ibíd.
32 Karl Kerényi, Hermes El Conductor de Almas. Cap. II, 2. Hermes y las Diosas, op. cit. Recogido en Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Hermes-Mercurio”, ibíd.
33 Marsilio Ficino, De Amore, Comentario al Banquete de Platón, op.cit. Recogido en Federico González y Colab. Introducción a la Ciencia Sagrada, Programa Agartha, Revista Symbolos nº 25-26, acápite: “Marsilio Ficino”. Ed. Symbolos, Barcelona, 2003.
34 Marsilio Ficino, De Amore, Comentario al Banquete de Platón, Proemio. A Giovanni Cavalcanti, ibíd.
35 Platon, Fedro, (265 a-c). Ed. Gredos. Madrid, 1997.
36 León Hebreo, Diálogos de Amor, (Diálogo Primero), op.cit.
37 Federico González, El Simbolismo de la Rueda, op.cit.
38 Federico González, Tarot. Carta VI, El Enamorado. Ed. mtm editores. Barcelona, 2008.
39 Federico González y Colab. Introducción a la Ciencia Sagrada, Programa Agartha, op. cit.
40 Mireia Valls, Islas Simbólicas. Montjüic-Mallorca-Buda. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2009.
41 Federico González y Colab. Introducción a la Ciencia Sagrada, Programa Agartha, Revista Symbolos nº 25-26. Acápite: “El Amor”, ibíd.
42 Federico González, El Simbolismo de la Rueda, ibíd.
43 Federico González Frías, Las Utopias Renacentistas. León Hebreo, Los Dialogos de Amor. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2016.
44 Platon, El Banquete (186a-b), ibíd.
45 Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: “Diablo”, ibíd.
46 Mireia Valls, Islas Simbólicas. Montjüic-Mallorca-Buda, op.cit.
47 Federico González y Colb. Introducción a la Ciencia Sagrada, Programa Agartha. Revista Symbolos nº 25- 26, Acápite: “La Analogía”, ibíd.
48 Federico González y Mireia Valls, Presencia viva Cábala I, cap. IV, La Cábala de Castilla, El Zohar. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2006.
49 Federico González y Mireia Valls, Presencia Viva de la Cábala II, cap. V, La Cábala Cristiana, La Cábala en Alemania, Jacob Boehme. Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
50 Federico González y Colab. Introducción a la Ciencia Sagrada, Programa Agartha, Revista Symbolos nº 25-26, Acápite: “Las Musas”, ibíd.
51 Federico González, Las Utopias Renacentistas. Las Utopías del Sueño, Hipnerotomachia Poliphili, op.cit.
52 Federico González y Mireia Valls, Presencia Viva de la Cábala II, cap. III. Ezra de Gerona y su Comentario al Cantar de los Cantares. Op.cit.
53 Platón, El Banquete, 21 (1c-21 2a), ibíd.
54 Revista Symbolos 52, Carta editorial, web symbolos.com
http://symbolos.com/n52verano2017/carta_editorial/carta_editorial.htm
55 Revista Symbolos 55, op.cit.
http://symbolos.com/n55invierno2018/carta-editorial-55.htm

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