EL SIMBOLISMO PRECOLOMBINO.
Federico González Frías.
340 páginas, 123 ilustr.
ISBN: 978-84-92759-82-8.
Libros del Innombrable,
Zaragoza 2016.


INDICE

PREFACIO

CAPÍTULO I: Introducción a la Simbología Precolombina

CAPÍTULO II: La Simbología Americana

CAPÍTULO III: Los Símbolos, los Mitos y los Ritos

CAPÍTULO IV: El Centro y el Eje
        Lo Sagrado y los Profano

CAPÍTULO V: El Mundo Precolombino
        La América Antigua

CAPÍTULO VI: Algunos Errores Filosóficos


CAPÍTULO VII: Ciertas Peculiaridades en la Visión del Mundo de una Sociedad Arcaica

CAPÍTULO VIII: La Iniciación

CAPÍTULO IX: El Redescubrimiento de América

CAPÍTULO X: Cosmogonía y teogonía

CAPÍTULO XI: El Cosmos y la Deidad

CAPÍTULO XII: La Dualidad: Energías Descendentes y Ascandentes
        Cuaderno Iconográfico

CAPÍTULO XIII: Algunos Símbolos Fundamentales

CAPÍTULO XIV: Símbolos Numéricos y Geométricos

CAPÍTULO XV: El Simbolismo Constructivo

CAPÍTULO XVI: Plantas y Animales Sagrados
        El Maíz

CAPÍTULO XVII: Arte y Cosmogonía

CAPÍTULO XVIII: Mitología y Popol Vuh

CAPÍTULO XIX: Algunos Temas Relacionados con los Calendarios
        La Escritura
        Las grandes Eras
        El Cuadriculado
        La Luna

CAPÍTULO XX: Los Calendarios Mesoamericanos
        El Tonalámatl

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE ONOMÁSTICO

ÍNDICE DE ILUSTRACIONES

CONTRAPORTADA

Una obra sintética y fundamental que tanto habla de lo precolombino, su cosmogonía y teogonía, como constituye una introducción a la Simbología. Federico González nos brinda la posibilidad de comprender en esencia a las antiguas culturas americanas, así como a las «primitivas», arcaicas y tradicionales en general. La sacralidad simbólica de la naturaleza (piedras, árboles, animales, astros), los mitos, la arquitectura del templo y la ciudad, los calendarios, la agricultura, el maíz (como en otros lugares el trigo), las artesanías, los juegos y el arte de la guerra, la música y los cantos, las pinturas, el tatuaje y las danzas, sacrificios y festi­vidades, conforman para el hombre tradicional –en particular aquí el americano– su experiencia cotidiana de lo sagrado, su conocimiento de la cosmogonía que se le revela mediante los símbolos, los mitos y los ritos, y a la cual él conoce y recrea por su intermedio, por mucho que puedan sorprendernos las extraordinarias formas de una cultura que, como toda aquella que está viva, reconoce a la deidad –y a la vida– como un perpetuo asombro. Pues es lo sagrado lo que conforma su propia expresión –la del mundo y la de nosotros mismos– y no al contrario según la programación que nos ha sido impuesta.

«La idea que manifiesta y a la vez oculta el símbolo es lo que a la Simbología le interesa. Por lo que el simbólogo aspira no sólo a la comprensión histórica o meramente intelectual de aquél, sino a su conocimiento metafísico, a su aprehensión supra-intelectual –obtenida mediante su concurso–, a la identificación o encarnación de lo que el símbolo o mito revela; tal cual hacían los integrantes de los pueblos que los diseñaron con ese propósito».