SYMBOLOS
Revista internacional de 
Arte - Cultura - Gnosis
 
SAN JUAN DE VERANO EN EL FOLCLORE CATALAN *
ANTONIO GURI e IÑIGO CORREA

Buenas tardes y bienvenidos a esta conferencia acerca del San Juan de verano en el folclore catalán que organiza el CES, pareja a la que tuvimos oportunidad de escuchar hace aproximadamente seis meses por Francisco Ariza y Mª Ángeles Díaz; conferencias ambas que no casualmente se ubican en las fechas solsticiales, pues como veremos son notoriamente simbólicas refiriéndonos a los principios entre los cuales se expresa la armonía universal mediante el apogeo de la luz y de las tinieblas, y especialmente significativas por su condición de pasajes o canales; así la tradición los ha considerado como dos puertas, una que da acceso al ámbito supracósmico y otra al infernal, las que en la tradición de Roma se han asociado al simbolismo de Janus, el dios de la iniciación en los misterios y que en su adaptación al cristianismo se han identificado con el Cristo-Janus portador del cetro y la llave que permiten el acceso a ambas. Acerca del simbolismo del solsticio hablaremos más adelante, pero ahora veremos que el folclore, por ciertos motivos que intentaremos esbozar es un canal tradicional que lejos de ser ajeno a la simbólica propia de estos días, la expresa con enorme júbilo y entusiasmo.

El folclore popular
Antes que nada quisiéramos matizar un aspecto que nos parece importante referido a lo que entendemos por folclore para poder comprender a que nos estamos refiriendo; digamos que la palabra folclore proviene del ingles, folklore con "k", y ésta etimológicamente se compone de "folk", que se refiere a las gentes, a lo que entendemos por el pueblo llano, la base social, y de "lore" que significa ciencia, saber o conocimiento; es en otras palabras "el saber popular", el conocimiento arraigado en la masa del pueblo y que no debemos confundir con lo rural o exclusivo de esa base social, pues el saber que se deposita en el folclore se dirige a todos los hombres, sin distinción.

Por ello es fundamental que precisemos que el conjunto de manifestaciones que constituyen el folclore tienen un origen tradicional, es decir, un origen suprahumano y ahistórico, pues es de esas palabras1 sujetas a desviaciones y malentendidos y cuyo significado ha sido tergiversado llevándonos a confundir el orden espiritual de la Tradición y junto con ella el folclore, con el aspecto temporal de lo lúdico y pintoresco, de los usos y costumbres propias de los pueblos que bajo el nombre de "tradicionales" pretenden hacerlos venerables y garantizar su continuidad. Se suma a este engaño una colección de tópicos los cuales las más de las veces tienen que ver con cuestiones de territorialidad y nacionalismo, y que apoyados por la oficialidad política o la "religión civil" se entremezclan y otorgan validez a unas fiestas en detrimento de otras, introduciendo conmemoraciones de carácter histórico vinculadas a los hechos y la historia de los hombres, las que no están directamente relacionadas con el significado tradicional que es el que nos interesa. Respecto a este tipo de "iglesia oficial" quisiéramos recordar lo que nos dice René Guénon2:

la constitución de las "nacionalidades" hizo posibles verdaderas tentativas de subyugación de lo espiritual a lo temporal, implicando así una inversión completa de las relaciones jerárquicas entre ambos poderes; esta servidumbre encuentra su expresión más definida en la idea de una Iglesia "nacional", es decir, subordinada al Estado y encerrada en los límites de éste; y la misma palabra de "religión de Estado", bajo su voluntariamente equívoca apariencia, no significa en el fondo otra cosa; se trata de la religión de la que el gobierno temporal se sirve como de un medio para asegurar su dominio; es la religión reducida a no ser más que un simple factor del orden social;

Tenemos que decir también que las autoridades religiosas han tenido problemas serios con las fiestas de carácter pagano3, algunas de las cuales han sido perseguidas y abolidas por diferentes medios como los promovidos por la inquisición, y otras han sido readaptadas e incorporadas dentro del santoral tal como sucede en la fiesta solsticial de la que hoy hablamos. Tenemos por otra parte que matizar que toda esta trama lejos de ser algo casual ha ido contaminando la tradición y el folclore de acuerdo a un "guión", del cual –digamos brevemente– que la primera acción ha sido humanizarlo, es decir, igualar aquello que es sagrado con lo profano. También por un tipo de necesidad historicista se ha pretendido determinar en lo posible un origen temporal, ello ha permitido introducir y entremezclarlo con los usos y costumbres propios de los pueblos, lo cual ha creado una confusión que ha permitido en su momento evitar toda connotación sagrada y así, aplanado el camino, tergiversar su significado original. Reinando entonces la oscuridad y la ignorancia, no es de extrañar pues que las fiestas que hoy día podamos contemplar incorporen como foco de atención a los grupos musicales más actuales y sean el escenario de acontecimientos deportivos y diferentes; respecto a este "plan", nos dice René Guénon:

el empleo exclusivo de ciertos métodos ha sido impuesto a los historiadores modernos para impedirles ver claro en cuestiones a las que no deben acercarse, por la simple razón de que habrían podido conducirlos a conclusiones contrarias a las tendencias "materialistas" que la enseñanza "oficial" tiene por misión hacer prevalecer.

La gravedad de divulgar el engaño y promover la ignorancia, reside en que se desvía la búsqueda y se provoca el desinterés o la confusión en aquellos que han sido llamados y que de buena voluntad tienden hacia el verdadero conocimiento, aquel que reconoce el valor simbólico y la sacralidad del conjunto de la vida, y que ha regido el conjunto de las sociedades tradicionales. Pues como sabemos y en palabras de Federico González4:

la vida es un rito perenne que se verifica en todas las labores cotidianas y de manera constante. Cualquier acción y aun cualquier pensamiento están signados por la presencia de lo significativo, de lo mágico, de lo trascendente, ya que todo sucede en distintos planos de la realidad y por eso también en el mundo de lo oculto, de lo invisible.

Así como, que5

los ritos de la vida cotidiana, expresión de una cultura viva en todos los órdenes, no solo tocan lo metafísico y lo ontológico como posibilidad cósmica sino que igualmente abarcan lo social, lo económico, e incluso cualquier institución o forma menor, las que están basadas y siempre se refieren a la estructura arquetípica del mito

es por ello que nos dice en su libro La Rueda, una imagen simbólica del Cosmos que6:

el ordenamiento cultural, todas las estructuras de una civilización, no son sino el reflejo de un centro invisible, que se manifiesta, o revela, a través de las mismas.

Como decíamos, de todo este tipo de acciones antitradicionales está impregnado nuestro tiempo y de forma muy sutil se nos ha conducido a sustituir por ejemplo el espíritu por el alma particular y relativa, y se nos ha inculcado también que la sabiduría es la consecuencia o la capacidad personal de acumular datos así como que la inteligencia sería la habilidad personal que es capaz de analizarlos y relacionarlos entre sí. La verdad es muy otra, la Sabiduría es la matriz universal tan presente en todo el cosmos como la Inteligencia que la fecunda. Decimos esto porque existe una gran dificultad en liberarse de las creencias que el medio nos ha impuesto y que conforman la mayoría de nuestros patrones, y no nos extraña entonces que la moderna concepción evolucionista no quiera sino ubicar el "saber antiguo" como proveniente de la ignorancia y la superstición7.

El origen o el principio no está en el tiempo sino que es mítico y precisemos que este principio, siendo atemporal puede polarizarse en lo espacio-temporal sin atender a su cronología, pues ésta es el soporte o el medio en el que se expresa, es por ello que esta irrupción temporal no hay que confundirla con su verdadero origen, cuestión esta que no deja de estorbar a la curiosidad histórica de nuestros contemporáneos.

El pueblo entonces ejerce, mediante el folclore, como un soporte y canal tradicional sin ser plenamente consciente del saber con el que comulga, de tal forma que la tradición se fija a ese nivel, y en él se mantiene, y aunque queda mermada en su aspecto superior mantiene la posibilidad de conservarse. Veamos lo que al respecto nos dice René Guénon en las siguientes glosas,8

la concepción del "folklore", tal como se entiende habitualmente, reposa sobre una idea radicalmente falsa, la idea de que haya "creaciones populares", productos espontáneos de la masa del pueblo; y se ve en seguida la relación estrecha de esa manera de ver con los prejuicios "democráticos". Como se lo ha dicho con mucha justicia, "el interés profundo de todas las tradiciones llamadas populares reside sobre todo en el hecho de que no son populares por origen" (Luc Benoist)…

Lo que puede ser popular es únicamente el hecho de la "supervivencia" cuando esos elementos pertenecen a formas tradicionales desaparecidas; y, en este respecto, el término de "folklore" adquiere un sentido bastante próximo al de "paganismo"…

… cumple con ello la función de una especie de memoria colectiva más o menos "subconsciente", cuyo contenido ha venido, manifiestamente, de otra parte.

Cuando una forma tradicional está a punto de extinguirse, sus últimos representantes pueden muy bien confiar voluntariamente a esa memoria colectiva de que acabamos de hablar lo que de otro modo se perdería sin remedio; es, en suma, el único recurso para salvar lo que puede salvarse en cierta medida; y, al mismo tiempo, la incomprensión natural de la masa es garantía suficiente de que lo que poseía un carácter esotérico no ser así despojado de este carácter, sino que permanecerá solamente como una especie de testimonio del pasado para aquellos que, en otros tiempos, sean capaces de comprenderlo.

Ello por otra parte es del todo coherente –por paradójico que parezca– con las formas que toma la transmisión tradicional; si observamos que en una sociedad de tal tipo sujeta a un esquema jerárquico, la masa del pueblo se suma a este desde la base9 ocupando una función que astrológicamente podríamos llamar lunar, es decir receptiva, pasiva, desvinculada de los condicionantes racionales y del espíritu analítico propios de la clase media10, veremos que es por lo tanto más apta para recibir aquello que no puede ser comprendido exclusivamente por la razón y que traspasa las imposiciones dogmáticas y morales, y que se libera por este motivo de los intereses manipulatorios, ejerciendo así como receptáculo a un cierto nivel de las ideas tradicionales, la que las conservará en su propia estructura, convirtiéndose como apuntábamos, en el medio mnemotécnico idóneo para transmitirlas de generación en generación.11

Quisiéramos referirnos ahora al amplio cultivo folclórico, a las formas en las que el "alma del pueblo" se expresa, y que se relaciona con su propia historia y geografía sagradas. En el campo de la filología se recogen las leyendas, los proverbios, los nombres y fórmulas mnemotécnicas, la rondalística, las canciones, las danzas, etc.; en el campo de la etología aquello que se incorpora en las costumbres mediante los juegos y los aspectos culinarios. El de la demofilología, las toponimias y la geografía popular.

Digamos que todos estos aspectos están estrechamente ligados a los quehaceres y oficios y a su participación mediante ellos en el saber cosmogónico; es el pueblo, que estaba más vinculado a los oficios artesanales, el que va a modelar a través de ellos lo que devendrá en el folclore, un ejemplo de ello lo tenemos en la herencia que se ha depositado en la llamada "cultura del agro", que compagina la geografía terrestre, es decir, la tierra, las orientaciones, los vientos y las lluvias y los diferentes fenómenos naturales, aplicándolos al reino vegetal, con los ciclos astrales que se despliegan en el período anual, especialmente el del sol y el de la luna. Y como el poder vivificante y regenerador del sol es en este día especialmente significativo, las gentes antiguas –dice Amades– creían que en este día se encendía una gran hoguera en el cielo que precipitaba y aceleraba el crecer de todos los frutos; es un día marcado por la salida helíaca de Régulo (la Estrella Regia), la principal de la constelación de Leo, que anuncia la posición mas alta del Sol en el trópico norte, o sea, el solsticio de verano. Todavía podemos ver en el "calendari anual dels pagesos", con 150 años de edición, como se compaginan los datos astronómicos, cronológicos y religiosos con láminas y poesías, siendo a día de hoy todavía una referencia estimable para los pageses. No nos sorprende entonces ver al dios Hermes, el que como intermediario entre los dioses y los hombres ha guiado este proceso, liderando a los atributos propios del campo en lo alto de este edificio significativo de una comarca de la Selva, en Gerona (Vidreras).

También la labor de los artesanos ha modelado y pintado los símbolos heredados: soles, astros, dibujos geométricos, utensilios, y todo un bestiario de una gran riqueza, también los ha ritualizado mediante las danzas (círculo, rueda y eje). Pero de entre todas ellas, hablaremos particularmente de la transmisión oral, que es la vía natural por la que se fecundan las generaciones, transmitiéndose de boca en boca, de sabio a sabio, de iniciado a iniciado, la memoria de los pueblos: sus mitos, los que se identifican con su historia verdadera y configuran de esta manera su cultura12. Esta transmisión oral por cuestiones también cíclicas y de permanencia, se expresa mediante la escritura, que salvando las diferencias propias de cada forma, ha permitido fijar la palabra en el tiempo haciéndola perdurable.

Podemos entonces dentro del entorno del folclore reconocer en los cuentos populares un carácter mistérico y sobrehumano; ubicados en el tiempo aquel del "érase una vez…" que nos sitúa fuera del orden cotidiano, dan acceso a "lugares" que aun desconocidos e inhóspitos, se reconocen en algún lugar del alma13; narrados en un lenguaje a veces inconexo, falto de lógica ordinaria, más parecido al de los sueños y llenos de una simbólica sutil, están encabezados por personajes que impulsados por el amor, se convierten en grandes viajeros solitarios que no temiendo a la muerte son capaces de lo imposible, a ellos lo sobrenatural se les revela en la soledad, salen reforzados en sus experiencias con el príncipe de las tinieblas, y en su caminar se topan con animales que hablan, unos benéficos y otros no tanto; lo vemos en Alicia en el país de las maravillas corriendo tras el conejo blanco, o en el relato de James Matthew Barrie en el que Peter Pan conduce a Wendy a la isla de nunca jamás, de la que nos dice Peter Pan :

La isla de nunca jamás no se puede buscar. Es ella la que te encuentra

o lo que le sucede a Mary Lennox la protagonista de "El Jardín Secreto", de Hodgson Burnet, que viniendo de Oriente se encuentra en el opresivo entorno de Yorkshire, Inglaterra, en donde un ave celeste le muestra el acceso a un jardín abandonado que le permitirá penetrar en un tiempo otro.

También las narraciones históricas, las leyendas, incluyen personajes legendarios que hacen eco de las batallas míticas, la lucha de la luz contra las tinieblas, la reconquista del amor y la justicia, así nos lo recordaba Francisco Ariza refiriéndose a muchos autores como el difundido novelista y masón, el barón Walter Scott (1771-1832) y traductor del Corpus Hermeticum como nos señala Federico González en su libro Hermetismo y Masonería, el cual nos relata las hazañas de Ivanhoe, el caballero sajón que luchará para liberar al cruzado Ricardo Corazón de León y se batirá en duelo para salvar a la "bruja" Rebeca. Johann Gottfried von Herder, filósofo alemán (1744-1803) escribe junto con Goethe un canto a la literatura popular, a la poesía de William Shakespeare y Homero, y trabajó en una versión del Cantar del mío Cid. Y aunque este autor aboga por un carácter nacionalista del la cultura popular, lo nombramos especialmente porque tiene influencias en los Hermanos Grimm (1785,86-1863,59), catedráticos de filología en Alemania, que hicieron una gran recopilación de los cuentos orales de su país, publicando Historias infantiles y familiares en 1812, lo cual contribuyó a la divulgación de cuentos como Blancanieves y los Siete Enanitos, la Cenicienta, Hansel y Gretel, etc., y por otra parte influyeron en gentes de otros países14 a efectuar la misma y fundamental labor de recopilación, gracias a lo cual llegan a nuestros días estas narraciones y con ellas la posibilidad de reconocer ese saber del que extraen su sentido.

El refranero popular también se suma a la conservación y transmisión oral, es la colección de dichos o sentencias del que nos dice Miguel de Cervantes en Don Quijote de la Mancha (Cap. LXVII):

los refranes son sentencias breves, sacadas de la experiencia y especulación de nuestros antiguos sabios

y el romancero antiguo proveniente de los cantares de gesta, que es el conjunto de narraciones, diálogos o cuentos de estructura ritmada, las más de las veces compaginando una superficial con otras más profunda y otras de forma concéntrica, lo que constituye un valor simbólico añadido, y ello conjugando el número y la letra mediante un ritmo que da compás al canto, que era la forma más parecida al lenguaje en el que el hombre se expresaba en épocas pretéritas.

Pero el folclore también ha recogido su saber en lo que podríamos llamar rituales populares de carácter festivo entendiendo lo festivo como sagrado (tal como el vocablo inglés "hollyday" nos indica: donde holly se refiere a aquello de carácter sagrado y day se traduce por día). Son manifestaciones que conectan a un colectivo con aquel otro tiempo al que nos referíamos y estando inscritas a la rueda del curso temporal mediante el día en que se celebra no tendría entonces ningún sentido considerarlas aisladamente, pero si ubicándolas dentro de este universo simbólico en el que cada una de ellas se encuentra inscrita. La función colectiva en la festividad es entonces ritual, es decir, que trae a presente y pone en acción las energías ocultas que el hombre y el macrocosmos llevan en sí y ello en concordancia con las del día en que se celebra, lo cual nos permite reintegrarlo a su orden. Nos dice Federico González :

Las fiestas, o sea los espacios significativos donde el tiempo ordinario puede ser abolido, son puntos simbólicos de coyuntura dentro del tiempo monótono e insignificante y señalan en la sucesión del año lo que es el Tiempo en Sí al valorizarlo y reintegrarlo a su espacio originario

Para situarnos más particularmente en una de esas festividades, quisiéramos ahora hablar ya más particularmente de este "lugar solar" que es el solsticio de verano.

Solsticio de Verano
La sabiduría contenida en el folclore popular se expresa en todos los rincones de la geografía, y en el caso de la catalana Joan Amades se dedicó a recorrerla y dejar testimonio de lo que ya eran los últimos vestigios de gran cantidad de leyendas, refranes y costumbres (muchas de ellas como hemos visto con un claro origen ritual) que sin su labor no hubieran llegado hasta nosotros. Sin el escriba que las plasmara en el papel, habrían desaparecido al perderse la transmisión oral que hasta aquel momento la había ido legando de generación en generación.

No hay ciudad o pueblo, ya sea grande o pequeño, costero o del interior, donde hasta principios del siglo pasado no estuviera todavía viva en forma más o menos velada tras la máscara del folclore, la huella de la Tradición, la cual siendo el vínculo que nos une al Principio constituye el testimonio entre otras cosas de que la Tierra está verdaderamente viva, y lo está en cada uno de sus pliegues y recodos, como nos muestra con profusión el Costumari de Joan Amades –extenso compendio que reúne dichas muestras de sabiduría popular–, y el cual nos viene a hacer memoria de aquello que muchos de nuestros abuelos o tal vez bisabuelos todavía conocieron, y que como decíamos aunque sea tras la pátina de lo popular contribuía a que en alguna medida pudieran intuir que las cosas, incluso las más cotidianas, también eran significativas. Que tras la expresión de un refrán o en una celebración se ocultaba algo que excedía lo anecdótico, y que estaba tan enraizado en su entorno y en ellos mismos que ni se cuestionaban pero que aún sin saberlo les resultaba simbólico, pues intuían que su razón de ser no se agotaba en su literalidad sino que reflejaban una realidad misteriosa, esencial.

No veían la naturaleza que les rodeaba como algo separado de ellos mismos, y a la vez que la respetaban y la disfrutaban, podían leer en ella. Contrariamente, hoy la vemos como algo externo y ajeno, algo que utilizamos en la inmediatez consumista de fin de semana, y lo que es peor la sobre explotamos de forma irreversible abocándonos (a ella y a nosotros con ella) a un fin anunciado.

Y esta naturaleza, siendo reveladora en toda su extensión, contiene enclaves en los que especialmente se condensan unas energías –que las leyendas a las que nos referimos manifiestan y vehiculan– y que nos hablan de su potencial simbólico, por tanto mágico: la montaña, la caverna, determinadas fuentes, árboles longevos (generalmente robles y encinas) etc. Símbolos todos ellos relacionados con "Eje del Mundo", con la unión del Cielo y la Tierra, es decir con el eje del hombre, con su jerarquía interior. El hombre tradicional reconoce en el paisaje que le rodea espacios internos, ámbitos de su propia alma. Contemplando el árbol se identifica con su verticalidad, en la cumbre de la montaña descubre su libertad, sus posibilidades de elevación, de comunión con lo universal; visitando una cueva está reconociendo su alma como receptáculo de la luz, y en su oscuridad –en la concentración de la soledad– visita sus infiernos como pasaje previo, imprescindible a la realización de su verdadero ser.

Y si en lo espacial, estos parajes privilegiados nos conectan con el "no lugar", arquetipo o modelo ideal del que cualquier lugar es un reflejo y hacia el que todos los paisajes nos impulsan, del mismo modo, y ya refiriéndonos a la coordenada del tiempo, la sabiduría popular recorre todo el calendario anual: cada día tiene su hado, su patrón, su particular forma de reflejar el centro. En una correspondencia que no obedece a decisiones arbitrarias o convenciones de tipo onomástico o sentimental, sino que es el reflejo de la armonía de Cielo en la Tierra, el reflejo de la danza cósmica: los módulos y relaciones que se establecen con del movimiento de los planetas, de las estrellas, se proyecta en formas y proporciones también anímicas plasmándose en la Tierra. Y existen también determinados momentos dentro del ciclo que expresan un vínculo directo con el no-tiempo. Nos estamos refiriendo a la cruz inscrita en la circunferencia cuyos brazos horizontales determinan los equinoccios, y los verticales los solsticios, al Cuaternario arquetípico espacio-temporal, ley por la cual se rigen todas las cosas manifestadas.

En el momento del solsticio, tal como nos indica la misma etimología de la palabra, el sol se detiene. En el solsticio de invierno una vez finalizado el periodo de descenso el sol se dispone a ascender, e inversamente y análogamente en el solsticio de verano al sol, una vez finalizado su ascenso solo le queda descender. Existe pues una complementariedad entre ambos solsticios, también una jerarquía entre ellos. Como muy bien explica René Guénon en diversos capítulos de su libro Símbolos fundamentales de la Ciencia Sagrada, en conformidad con lo que todas las tradiciones han conocido y expresado, especialmente la griega y la hindú, en el solsticio de verano se abre la puerta de los hombres, en el de invierno la de los dioses. Dicha complementariedad entre ambos solsticios está muy bien expresada en la divinidad romana Jano-Bifronte (dios de la iniciación por cierto) que con su rostro dual mira en las dos direcciones opuestas del tiempo y del espacio, siendo su tercer rostro el que verdaderamente marca el eje del medio, invisible: ya no lo que fue, todavía no lo que será, sino el aquí ahora inaprensible, análogo al tercer ojo de Shiva, central, que rompe con la apariencia del pasado y del futuro, la apariencia del tiempo.

Es sabido que en el cristianismo las dos festividades de San Juan recogen la misma realidad expresada por el dios Jano: San Juan Bautista el solsticio de verano la puerta de los hombres y San Juan Evangelista el solsticio de invierno la puerta de los dioses.

En verdad todas las puertas, todos los cambios, salidas, entradas, muertes y renacimientos son imágenes de la única puerta, la que conecta el cosmos con lo supracósmico, y que por tanto hoy también se abre, (recordemos que durante el solsticio ambas puertas se abren simultáneamente e inversamente en sendos hemisferios). Hoy todos los pares de complementarios se vienen a unificar, es decir se nos da la oportunidad de reconocer la ilusión de la dualidad, y penetrando su espejismo intuir su origen: la unidad. Uno es el protagonista de cada conjugación: se reconoce en "el Juan que ríe y el Juan que llora" porque es ambos a la vez sin ser ninguno de los dos. Agradece la generosidad de la vida, ama la belleza de las formas múltiples y cambiantes, pero no por ello olvida la tremenda incomodidad de estar vivo; anhela aquel espacio indescriptible al que sólo nos podemos referir con términos negativos, en el que ya no hay ni vida ni muerte, dónde al no haber cárcel no hay deseo.

Es curioso ver como a nivel popular, la complementación entre ambos solsticios se refleja a través también de una asimilación entre los dos San Juan: numeroso refranes y canciones se refieren a "Juan Bautista, Apóstol y Evangelista", como si se tratara de un mismo Juan. Estamos seguros que no se trata de una confusión, antiguamente todo el mundo conocía muy bien estas figuras de la historia sagrada, la del Precursor, aquel que ya en el vientre de su madre, Isabel, se regocija al sentir cerca al Cristo también en el vientre de María, aquel que deberá menguar para que el mensaje de Cristo crezca, del otro Juan, apóstol y evangelista, el discípulo preferido, el que lo acompañará a los pies de la cruz. No había pues confusión pero si la intuición del perfil complementario entre los dos "Juanes".

Pero vista esta identidad o asimilación, volvamos al carácter diferenciador de ambos solsticios. El de invierno como vimos en la conferencia de ahora hace medio ciclo solar, tiene carácter eminentemente, uránico, celeste. La puerta de Capricornio, la noche de Navidad, el nacimiento de Cristo en la cueva, el sol de medianoche. En contraposición San Juan Bautista, la puerta de Cáncer, con un carácter eminentemente, ctónico, telúrico, el triunfo de la Tierra, de la Naturaleza, su exhuberancia y generosidad, también la noche de brujas.

Y Noche de Brujas es precisamente el título de la obra de teatro escrita por Federico González, suya acción –un aquelarre auténtico–, se sitúa en la noche de San Juan. De Noche de Brujas hablaremos más adelante.

El fuego es el elemento central como sabemos en la noche de San Juan, la hoguera:

Las hogueras. El Canigó. Isil
Bueno, aunque sólo sea ahora de forma embrionaria, queremos presentar algunos ejemplos que se recogen aquí, en las tierras catalanas y que ilustran claramente todas estas ideas a las que nos hemos estado refiriendo.

Si nos situamos ahora más concretamente en esta fiesta solsticial, tenemos que referirnos primeramente al "fuego" que es un elemento radiante, iluminador y purificador, y a otro nivel "el principio vital que el aire transporta" imagen de un principio universal al que simboliza como su elemento principal; pero en el San Juan vernal el aspecto de este fuego está mas relacionado con su aspecto terrenal, aquí como veíamos, el astro solar ha logrado comprimir a la noche y su poder iluminador en el máximo apogeo, alumbra todo lo terrenal. Las fiestas populares no son ajenas a esta fecha y a sus cualidades, y se encuentran en todas las diferentes culturas pasadas y presentes: en Grecia se hacia comenzar el año este día y se dedicaban las fiestas al dios solar Apolo, lo que podemos relacionar con aquellas que se dedicaban al dios Vulcano, en las que se corría con un hacha prendida en lo alto y a las hogueras celtas como dice Menéndez Pelayo y también con las fiestas romanas a Pallas, las "pallilias" de abril, en honor a este dios del fuego; podemos agregar que en algunos templos antiguos, se ponía un tipo de cristal pulido en el techo, de tal forma que cada año en este solsticio el Sol de mediodía, concentrándose por el efecto de estas lentes, encendía los fuegos del altar. Para los sacerdotes era como si el propio dios solar los encendiera en honor de Hu, la Suprema Deidad de los druidas; los pueblos de Bretaña y Gales celebraban anualmente este encendido del fuego en el que ellos llamaban Día del Solsticio Estival. Todas estas tradiciones como decíamos, dejan su testimonio en el folclore. Aquí en Cataluña, tal como sucedía en la edad media, podemos ver todavía tres diseños ígneos, las hogueras que iluminan las ciudades y los pueblos, las procesiones de antorchas que descienden las montañas y las ya casi desaparecidas ruedas de fuego, y podríamos añadir las petardadas o fuegos de artificio que siguen aclamando violentamente el poder de los dioses, quizás herencia de los trabucos y sonidos producidos con las cornamentas tal como se cuenta en el Empordá; y a pesar de que a día de hoy se han reducido en número y en significación todas estas prácticas, aun podemos encontrar múltiples ejemplos de ellas; nosotros nos referiremos a dos solamente: una que renacida de nuevo ha calado en todo el territorio catalán, es la llamada "trobada del Canigó" y la otra por el contrario es de pequeña factura pero que por diferentes motivos ha mantenido este "saber popular" en la vida de sus gentes, es la verbena de Isil.

La Trobada del Canigó
La "Trobada del Canigó" que se realiza el 23 de Junio, ha renacido del olvido recientemente, y aunque teñida de aires nacionalistas, su simbólica no deja de ser muy precisa: la montaña, el eje, el ascenso hasta la cúspide y el descenso posterior, los movimientos de concentración y expansión, el fuego y la luz, los guardianes de ésta etc. etc.… Diremos primero que el Canigó, es una montaña que ha tenido un significado especial para los países catalanes, cantada por poetas y coronada por excursionistas, marca un hito en la geografía catalana. Se sitúa entre las comarcas del Conflent, el Vallespir y el Ripollés, y aunque no es la montaña más alta (2.784 m.) desde ella se contempla la plana del Rosselló, y se la puede observar desde Prada, Perpinyá y Figueres. A este monte va referido en el siglo XIX, el conocido poema épico de Jacint Verdaguer15 titulado "Canigó"16 (1886), que penetrará en el imaginario popular impulsando su valor simbólico; poema al que se refiere el mismo Verdaguer diciendo:

Sota la protecció del marquès vaig publicar L'Atlàntida, Canigó i un munt més de llibres d’una envergadura que ningú en català no havia assolit des de Ramon Llull. Mentre, els anarquistes, els socialistes, els ateus, esvalotaven els obrers, blasmaven l’Església, denigraven la Monarquia restaurada, assenyalaven els piadosos senyors com els seus enemics. Us ho exigeixo, contesteu-me: ¿hauria d’haver estat amb aquest, hauria d’haver sofert la fam, no hauria d’haver volat amb les muses?

[Bajo la protección del marqués publiqué la Atlántida, Canigó y un montón más de libros de una envergadura que nadie en catalán había alcanzado desde Ramón Llull. Mientras, los anarquistas, los socialistas, los ateos, alborotaban a los obreros, censuraban a la Iglesia, denigraban a la Monarquía restaurada, señalaban a los piadosos señores como sus enemigos. Os lo exijo, contestadme: ¿tendría que haber estado con éste, tendría que haber sufrido el hambre, no tendría que haber volado con las musas?]

Esta vinculación propia a Ramón Llull nos parece interesante, especialmente si atendemos a lo que de él nos dicen Federico González y Mireia Valls en su libro La Cábala del Renacimiento, cap. II:

En el hacer de Ramón Llull y en su obra poliédrica se esconden señales de la Sabiduría perenne que subyace tanto en el cristianismo como en el judaísmo y el Islam, Sabiduría que Lulio sintetizó en su "Arte" presentándolo como un "método" aconfesional que enseñaba a pensar y que daba a cualquier ser humano las herramientas intelectuales para reconocer en su conciencia la compleja trama del universo

y nos parece también reseñable su referencia a las musas, las hijas de Mnemosine, la memoria, pues como sino escribir los siguientes versos del canto I del Canigó:

Aixís les hores en ses danses belles
lo ritme van seguint de les estrelles
que en giravolta eterna rodegen la polar;
mes canta el gall i dansen més alegres
i, d’ombra alçant los cortinatges negres,
amb cants d’albada ajuden la terra a desvetllar.

Del bosc de Canigó són los fallaires
que dansen, fent coetejar pels aires
ses trenta enceses falles com trenta serps de foc;
en sardana fantàstica voltegen
i de mà en mà tirades espumegen,
de bruixes i dimonis com estrafent un joc.

[Así las horas en sus danzas bellas
el ritmo van siguiendo de las estrellas
que en vuelta eterna rodean la polar;
mas canta el gallo y danzan más alegres
y, de sombra alzando los cortinajes negros,
con cantos de alba ayudan a la tierra a despertar.

Del bosque del Canigó son los “fallaires”
(los que llevan las antorchas, fallas)
que danzan, lanzando por los aires
sus treinta encendidas fallas como treinta serpientes de fuego;
en sardana fantástica voltean
y de mano en mano tiradas espumean,
de brujas y demonios como imitando un juego.]

Para Verdaguer la montaña –que para él es física y espiritual así como el escenario simbólico de una gran ascensión celeste–, es junto con la cruz, la figura central de su pensamiento, dos símbolos que como sabemos se refieren al axis mundi y a la estructura interna con la que se genera del cosmos.

Es a raíz de este poema y de la vinculación del fuego con los solsticios, tal como ha sido costumbre de conmemorar en las comarcas de la Cataluña sur, que impulsados por la iniciativa en 1955 de Francesc Pujades (Artés de Tec, el Vallespir) se enciende el primer fuego en la cima del Canigó, iniciativa que las entidades nordcatalanas Cercle de Joves de Perpinyá y Tradicions I Costums, las que tras diferentes celebraciones desde pasada la segunda guerra mundial han traspasado las fronteras francesas y se ha extendido por el territorio catalán, arraigando en el año 1964 la que hoy día conocemos por La Flama del Canigó, cuyo fuego enciende gran parte de las hogueras de nuestra geografía.

Diríamos de pasada que esta llama permanece siempre encendida en el castellet de Perpinyá, ahí se oculta resguardada y protegida durante el ciclo anual, hasta que el día 23 de Junio de cada año sale del castillo en una urna llevada por tres jóvenes camino a la cima del Canigó y una vez ahí la velaran para que no se apague. Previamente, el fin de semana antes del día de San Juan, han salido miles de catalanes de sus villas o barrios, llevan con ellos paquetes de leña recogidos de sus campos a los que acompaña algún que otro escrito o dibujo así como el nombre del pueblo del que proceden. El punto de reunión y acampada es el refugio de Cortalets, al pie del monte, y el domingo por la mañana comienza el ritual de ascenso que culmina en la cima, donde se deposita la leña que se trae y se apila, junto con todas las ahí llegadas, bajo la cruz de hierro que corona la cima. Al anochecer se enciende la hoguera y a medianoche, a las doce y un minuto ya se comienza el camino de retorno, que siguiendo un indeterminado numero de relevos, llega al lugar de origen recibida por las autoridades locales para encender la hoguera que esperaba tan precioso fuego. Así sucede en más de 30.000 hogueras de las tierras catalanas.

Verbena de San Juan en Isil
La otra fiesta, considerada actualmente de interés nacional, reúne una rica simbólica relacionada con el fuego solsticial, con el árbol, la montaña, la música, la danza, la cadena de unión, los ritos de madurez, etc., y que por su situación dentro de la cordillera pirenaica le ha permitido aislarse de muchas influencias disolventes, es la que se revive en esta fecha en Isil, pequeño pueblo sito en un valle, que fue un país en otro tiempo, situado en la zona más septentrional del Alt Àneu, junto a Francia, en la comarca del Pallars Subirá (Pirineo de Lleida,1.280 m). Digamos primeramente que este pueblo era en la edad media centro espiritual del valle, y estaba bajo la advocación de San Juan al que se dedica su iglesia románica que consta como un priorato de San Juan de Jerusalén en el 1556, y que de este ritual solsticial hay todavía referencias que se remontan hasta el año 839.

Hoy día los preparativos de la noche de San Juan comienzan un mes antes con el ascenso al "l´obaya d´arioto" para entrar en el alto valle del "Clot d´urdé" en busca del "pi negre", allí se seleccionan unos bellos ejemplares de estos, se limpian y se llevan a un pequeño saliente de la montaña llamado "Faro", palabra esta que se utiliza en diferentes lugares para referirse al lugar luminoso y elevado desde donde se contempla la falla, la que orienta al pueblo en esta noche; ahí se arreglan los troncos, se cortan más o menos a un metro y medio, se limpian las ramas y se les quita la corteza, una vez limpios se practican unas aberturas con piezas de hierro de forma que se puedan clavar unas cuñas de madera en forma de cruz, y así preparadas se "plantan" en tierra formando un círculo rodeando al centro simbolizado por un poste central, uniéndose a él por la cúspide formando la figura de un cono y su eje. Este poste central, referencia al eje solsticial y al axis mundi, se ha tenido la costumbre de "coronar" en otros lugares de Cataluña, y nos dice Amades que en ciertas comarcas como en la Garrotxa, si se podía encontrar un árbol con dos ramas de tal forma que pareciera una cruz ese era el que se ponía.

Por la tarde de la vigilia, abajo en pueblo –donde se ha preparado también una gran falla– están los fallaires dispuestos a ascender al faro, cuando empieza a oscurecer se enciende la primera falla del faro y cogiendo el relevo al sol marca el camino de ascenso, salen entonces los fallaires: los hombres del fuego o los mensajeros de la luz. Cuando tras un costoso ascenso llegan a "faro" se enciende en el pueblo la falla mayor, la que marcará el momento en que se tiene que descender, se enfilan entonces los fallaires con su antorcha encendida hacia el abismo oscuro, el zigzagueante descenso no es fácil, se hace en silencio siguiendo cada uno a la antorcha del que le precede, conformando como una cadena de luz, a más se desciende más pesa la antorcha, hay paradas intermedias, dos horas de concentración para no caer, pero llegando ya al pueblo el clamor de sus gentes anuncia su llegada, se encaminan al río, iluminan la iglesia de San Juan, el cementerio y se dirigen al pueblo y recorriendo la plaza central se encaminan a dar la buena nueva por las calles. Retornando a la plaza central se suman con su falla a la hoguera común, la que toma entonces el relevo que conectará con el sol levantino al amanecer. Mientras tanto la fiesta, la música, la danza entremezclada con el fuego, el baile de los bastones, lo que queda de los ritos de madurez, los obsequios, los ya desaparecidos aspectos predictivos, especialmente propicios en esta verbena, como podían ser la lectura del humo, de los vientos o de las llamas, acompañan en esta corta noche a los asistentes que se suman al legado que esta celebración nos brinda.

Danzas
Sabemos que antiguamente por toda la geografía catalana se extendía un tipo de danza el "ball rodó", origen de la actual sardana, el cual se bailaba a veces alrededor de símbolos axiales como el árbol, la fuente, la piedra e incluso el altar, y que a través de sus pasos ritmados y desplazamientos cíclicos, los bailarines participaban de un ritmo Universal. No es difícil realizar correspondencias con danzas similares por todo el mundo, nos acordamos por ejemplo de los Derviches giróvagos girando simultáneamente alrededor de un centro y de ellos mismos, como el movimiento de rotación y traslación de los planetas, o incluso nos vienen a la memoria determinadas coreografías circulares de danza contemporánea –ya lejos del academicismo y el amaneramiento clásico–, en el que los bailarines conformando un calidoscopio participan de un mismo movimiento catártico, pasando sincopadamente de la inestabilidad al equilibrio, sintiéndose a la vez participes de una comunión con los demás danzarines y con el cosmos. Concretamente Joan Amades nos habla de la noche de San Juan en la que era común el baile redondo alrededor de la hoguera. Uno mismo se puede imaginar bailando, formando parte de un aro compacto que gira a un compás perfectamente ritmado, a veces veloz, de pronto detenido, frente al fuego, sintiendo su calor en el rostro encendido. Citamos textualmente a Joan Amades cuando lo explica: "Cantaban y durante la tirada del primer verso giraban hacia la derecha, durante la del segundo hacia la izquierda…; al acabar se paraban y sin soltarse daban un salto tan alto como podían y volvían a empezar. Con el movimiento del baile la hoguera se inflamaba y las llamas revoloteaban de aquí y de allá avivadas por el aire de los bailarines. Los ancianos leían entre el agitado movimiento de las llamaradas las cosas que habían de pasar durante el año siguiente en cuanto a las cosechas, a las pestes, a las guerras y otras cuestiones de carácter colectivo. Parece que se trataba de una danza judiciaria que podía recordar la antigua giromancia, basada en la interpretación del futuro mediante un baile redondo". Ciertamente poco hay que añadir a un texto como éste, sólo tal vez constatar la añoranza que nos provoca el recuerdo de una danza todavía fuerte, teúrgica frente al muestrario de la danza actual que va desde el frenético movimiento en la discoteca, hasta la triste estampa de baile regional para consumo de turistas.

Otro elemento emblemático del día de solsticio de verano, que ha perdurado hasta nuestros días, es el de la Coca de San Juan.

Leemos en el Costumari:

"Esta noche es tradicional comer coca, posiblemente como remembranza de un rito solar. Antiguamente las cocas era obligatoriamente circulares y con un agujero en el medio, y trataban de recordar el disco solar"

"No podía comerse la coca antes de media noche. La cortaba y la repartía el vecino más viejo, con preferencia que se llamara Juan. La costumbre de comerse la coca en común puede constituir el resto de un banquete o consagración ritual, derivada de una de las ceremonias solsticiales".

Esto último nos recuerda que la masonería, organización iniciática todavía viva, mantiene la celebración de los solsticios de San Juan. Y los celebra con un rito solsticial y también con un banquete, un ágape ritual.

Y siguiendo con costumbres todavía vivas, nos detendremos un momento en los "Castellers".

Los Castellers
Los castellers, que actualmente entran en el ciclo anual el 24 de Junio los inaugura la colla de Valls. Pero digamos primero que su simbólica no es específicamente solsticial sino mas bien cósmica, al igual que la del árbol y que otras construcciones con las que comparte un modelo de estructura, como los zigurats de Babilonia o las pirámides escalonadas a las que se asimila. Nosotros los introducimos porque no es difícil verlos levantarse por san Juan y porque son todavía uno de los pilares vivos del folclore Catalán.

De su historia nos dice Francisco Ariza :

el origen de los castellets está vinculado al propio nombre de los catalanes (y por tanto de Cataluña) que procede de un término acuñado en la Edad Media: los "castlan", que eran los caballeros que cumplían el papel de intermediarios entre el señor del castillo feudal y el pueblo. Los "castlan" eran literalmente las "gentes del castillo".

Recordemos también que debían ser muy populares en la edad media, de hecho según la información que nos da Durán Sempere, en el año 1392 se prohibieron construir castillos y otras construcciones en las calles de tránsito entre las poblaciones, refiriéndose seguramente a los altares y castellets con los cuales los barrios competían entre ellos.

Pero por muy relacionado que esté con el folclore catalán, no debemos apropiarnos de la autoría del símbolo y del rito, que como decíamos al principio son universales; las formas exteriores en que este se expresa es lo único que podemos considerar local, podemos ver entonces rituales como en la India el los Govindas que levantan construcciones humanas de un gran parecido, tal como nos mostraron el pasado año; y extraemos una cita del periódico al respecto:

Al final de la actuación 11 componentes de los govindas, los castellers de la India que visitan Catalunya para conocer los ejercicios de aquí, levantaron una construcción de cinco pisos que fue muy aplaudida por el público reunido en el Raval de Montserrat.

Por su carácter atemporal podemos comprobar que es en muchas de las fiestas mayores de los pueblos y ciudades de este territorio en donde se congregan, lo hacen frente al ayuntamiento, en la plaza central de la villa que es el centro del pueblo y mostrándose a los representantes del poder temporal, a las doce de mediodía del domingo17, como referencia al eje del tiempo–, Aquí las collas, que son el conjunto de castellers, impulsadas a culminar esta construcción entre la atención de las gentes del pueblo, se ordenan según está ya planeado para proceder a levantar el castell.

La geometría aquí es imprescindible, es la que configura la estructura, la que puede ser simple o compleja y de la que depende la estabilidad del castell, y la vemos siempre referida a un eje central, el que para cada nivel se ve como un centro, ahora bien, este eje es invisible excepto para los castells tipo pilar que se refieren exclusivamente al eje, pero si no se levantan con la plomada interna de los participantes, el castell caerá. Este eje por otra parte esta jerarquizado: partiendo de la tierra, de las fuerzas telúricas que se concentraran en la base del eje, se encuentra el mayor número de castellers, los más voluminosos y fuertes, rodeados por el pueblo, se le da el nombre de piña, pero si el pueblo no participa entonces se le llama folre aunque el folre suele ser como una segunda piña que refuerza el segundo nivel y ayuda a soportar el tercero; si este se suma a soportar desde la base el folre pasa a llamarse la soca, pues queda enterrada entre el público. Si es este el caso, sobre ésta se levanta el folre como decíamos un segundo nivel, y sobre éste el tronc, el que puede ser del mismo número de castellers o ir disminuyendo a medida que se gana en altura; la dificultad del castell evidentemente depende de su altura y anchura y de las ayudas que tenga.

Para culminarlo se requiere de los castellers mas pequeños y ágiles, son la canalla, los niños que formarán en lo alto el pom de dalt (para que el ultimo casteller corone, bajo la atención y silencio de los asistentes, la construcción con la aleta, es como vemos el único participante que está en el eje, con el brazo en alto, tocando al cielo, sobre él ya no hay nada).

Pero no acaba aquí el ritual, quizás empieza lo más difícil, pues tal como el cosmos se expande y se concentra, aquí el castell se construye y se deconstruye, se invierten entonces las fuerzas y comienza el descenso, la descarga es rápida y no podría ser sino de forma inversa a la construcción, como un ritual de desfundación, de arriba abajo, para que una vez descargado, con los castellers en tierra y el jubilo de los asistentes, desaparezcan poco a poco, pero eso sí, sin confundirse con ellos.

Ordalías amorosas
Dentro del capítulo dedicado a la noche de San Juan en el Costumari de Joan Amades hay un apartado que lleva por título: las Ordalías amorosas. Según el diccionario, Ordalía significa Juicio divino. Durante los solsticios el oráculo se expresa a través de la naturaleza toda y también a través de ritos específicos, solamente efectivos en el día de hoy, la mayoría de los cuales con la finalidad de predecir relaciones amorosas. "Entre las múltiples gracias propias de esta noche, nos dice J. A., figura en lugar preeminente la del don del santo Precursor para predecir a los enamorados y a los jóvenes solteros, y más aún a las solteras (fadrines), si durante el ciclo que comienza encontraran a su amado".

De la gran cantidad de Ordalías que se conocían hasta mediados del pasado siglo pasamos sólo a enunciar algunas de ellas:

"Quienes estaban en gracia de Dios podían consultar a San Juan sobre las cosas más difíciles y comprometidas en todos los órdenes de ideas, y el santo nunca dejaba de responder. Se servían de un evangelio del "Precursor" y de una llave (Símbolo del dios Jano, el que abre las puertas) Se pasaba un cordel rojo por la anilla de la llave, se colocaba entre las hojas del libro y se dejaba encima de una mesa de manera que la llave colgara en el vacío y pudiera balancear libremente. Se formulaba la pregunta presionando con fuerza el libro cerrado, si la llave no se movía la respuesta era negativa, y si rodaba era afirmativa…" Antes de formular la pregunta se decía:
Sant Joan Baptista, apóstol i evangelista, per la virtut que Déu us ha dat contesteu-me en veritat el que us serà preguntat.

La ordalía se hacía a medianoche. Este sistema mántico nos dice J. A., ya lo practicaban los pueblos clásicos y como costumbre en esta fecha solsticial se encuentra en otros muchos pueblos.

Varias son las ordalías encaminadas a predecir el oficio del futuro marido. Pasamos a poner algún ejemplo:

Se colocaban dos espejos encarados, a dos metros uno del otro, en una habitación bien oscura y herméticamente cerrada, y encendían una vela delante de cada uno, igualmente equidistantes. La claridad dibujaba diversos reflejos y espejismos, entre los cuales las doncellas veían la fisonomía de su futuro galán. Igualmente a través de las ondulaciones del agua de una cisterna. O tirando un huevo dentro de un vaso con agua, colocando luego el vaso en el balcón para recibir la serena de esta noche de prodigio y maravilla, y a la mañana siguiente entre las formas extrañas que ha tomado la mezcla adivinan las herramientas del oficio de su futuro esposo. El mismo efecto se consigue echando un poco de plomo fundido dentro de un vaso de agua. Otra variante muy difundida era buscar lagartijas de dos colas, a las que se atribuyen dones y gracias maravillosas, se las hacía correr por una mesa cubierta de ceniza con la convicción de que con la cola dejaban escrito el nombre de su futuro marido. Muchas ordalías relacionadas con plantas, árboles, fuentes etc.

En estas costumbres y predicciones de cariz ya exclusivamente horizontal y particular se intuye la memoria del vínculo de este día de plenitud con la diosa Venus, –también por cierto con "El sueño de una noche de verano" de Shakespeare"–, vínculo pues con la energía del Amor, energía axial que atraviesa al ser en cada uno de sus planos, y que también a través del arrebato sexual, la conjunción de los opuestos, trastocando lo individual, se accede a lo universal.

La virtud de los vegetales
Todo un mundo aparte lo constituye lo relacionado con los vegetales, con las hierbas y su virtud curativa. Mediante los saberes que hasta hace poco estaban aún vivos podemos reconocer vestigios de lo que en épocas anteriores fueron los conocimientos de magia natural, la alquimia vegetal, la ciencia de los remedios, de los venenos, la de curar a través de los similares.

Nos dice Joan Amades: "San Juan al punto de la medianoche bendice a todo el mundo y a partir de esta hora, las aguas, las hierbas, los frutos en general, y todo lo que se extiende por encima de la tierra, cobra gracia y virtud. Hay también quien dice que el santo se pasea, en un momento de relámpago, por todo el mundo como un rayo de sol que lo iluminase todo en un instante, y que a su vista, todo crece, revive y cobra gracia. Se cree que la virtud de las hierbas está en relación con la fuerza y con la duración de la claridad del sol que les da gracia y vida. Hasta hoy la virtud de las hierbas ha ido aumentando a medida que el día iba creciendo y desde hoy irá menguando con la claridad y la fuerza del sol. Por tanto, hoy, por ser el día más largo, es el momento del año en que cualquier planta tiene más virtud".

Para que conserven su poder no pueden ser recogidas de cualquier forma, hay que tener en cuenta distintas circunstancias y observar diversas prácticas; las particularidades de la recolección dependían de su especie, estaban relacionadas con el momento del año, la hora del día, razones de tipo solar, también lunar, y por supuesto también relacionadas con quien las recolectaba: su sexo, aspecto físico y sobre todo con el estado de su alma.

Esta noche se salía a buscar tomillo, verbena, romero y otras hierbas aromáticas, se ataban en forma de cruz y se colgaban de las puertas de casas y masías. La cruz permanecía todo el año hasta el San Juan siguiente, en que era arrojada a la hoguera y sustituida por otra; quedando protegidas durante todo el año de los malos espíritus, brujas y demonios.

También se decía que "El jazmín es obra del demonio, sus raíces llegan al infierno, y a veces el demonio cuando sube a la tierra sale de dentro de una de estas flores. Por su virtud diabólica está inmunizada de los rayos, y esta noche se iban a buscar y se las ponía en la puerta de las casas a modo de pararrayos".

Y aquí nos gustaría hacer un paréntesis y volver al tema de las brujas y el demonio, muy presentes en el folclore popular, y referirnos de nuevo a la obra de teatro antes mencionada.

En "Noche de Brujas", las brujas son verdaderas mujeres de conocimiento, mujeres sabias, magas, conscientes de que el inframundo es también sagrado y que nada hay fuera del athanor, este espacio interno dónde se producen las combustiones: nuestras angustias, éxtasis y dolores encendidas por la llama del Amor. Y el Demonio, el Hierofante y Psicopompos, aquel que nos guía en el pasaje por nuestras realidades más densas, nuestros infiernos, cuya visita y reconocimiento es imprescindible en nuestro camino.

En su introducción a dicha obra Francisco Ariza nos sitúa en el momento histórico, finales de siglo XVI, advirtiéndonos por otro lado de su absoluta actualidad, nos dice:

"Aunque el dogmatismo religioso consideraba y sigue considerando a las fuerzas elementales de la naturaleza como las raíces mismas del pecado, negando "a priori" cualquier participación o injerencia de lo divino en tales fuerzas, el esoterismo y la gnosis de todas las épocas siempre la han considerado por el contrario de muy distinta manera… para la gnosis y el verdadero esoterismo las divinidades subterráneas participan de lo sacro tanto como las divinidades celestes, aunque en un grado o proporción más restringido al ser su reflejo (…) El punto de vista metafísico no excluye a las cosas sino que las integra, situando a cada una en el lugar que le corresponde dentro del conjunto del orden universal, el "mundo inferior" tiene su función y su importancia, que consiste precisamente en la de estar invertido en relación al que le es superior: el mundo celeste. ¿Acaso no alude esta complementariedad a la conocida fórmula hermética de que lo de arriba es igual a lo de abajo, y lo de abajo a lo de arriba, para hacer el milagro de una sola cosa?"

Bien es verdad que las brujas y demonios que recorren el folclore popular no son los de esta Noche de Brujas, sino que son presentados más bien como energías de las que hay que protegerse, puesto que dicha memoria, al constituir como se ha dicho un receptáculo, pasivo y lunar, refleja no sólo las verdades tradicionales más altas sino que también a veces se hace eco de los miedos y proyecciones de aquel exoterismo ignorante que pretende negar todo lo que no entiende tachándolo de supersticioso. Cuando verdaderamente la auténtica superstición es la del mundo moderno, autosuficiente y orgulloso, pretendidamente emancipado, mientras acredita ciegamente en la multiplicidad cambiante, en la técnica, la estadística y en aquello que René Guénon tan bien ha descrito como "vida ordinaria", o sea una vida que en verdad lo no es, pues no se atreve a encarnar la realidad en toda su profundidad y elevación.

Oímos por boca de las brujas, dirigiéndose a un público que representa la pretenciosa insignificancia de este mundo moderno:

"El orgullo os impide acercaros a la vida. La soberbia de vuestra mentida humildad os convierte en mediocres." (…)

"No sabéis lo que es la vida, sino que creéis que ella obedece a la ley y grosería de vuestro antojo y provecho." (…)

"De todas las posibilidades de la vida habéis elegido la hipocresía."

Y en verdad este mensaje va dirigido a cada uno de nosotros, a desenmascarar al hombre viejo que se siente tan seguro en la simulación, y es incapaz no tan sólo de leer en el entramado mágico de la vida sino incluso de tolerar que otros lo hagan, ni tan siquiera hace siglos.

La gracia del agua
Hemos visto la importancia del fuego y su simbolismo en el día de hoy, también la exuberancia de la naturaleza, de la tierra; del aire que transporta los aromas de todas las plantas henchidas. Veamos ahora el agua y su poder regenerador, sabemos que San Juan Bautista bautiza con el agua.

Durante las horas de oscuridad del anochecer de hoy y del amanecer de mañana, y especialmente en el momento del tránsito de un día al otro, se cree que las aguas están poseídas de virtudes especiales, exclusivas de esta noche. Alrededor de esta creencia se producen algunas costumbres que podemos recordar:

En el Bergadà se dice que al punto de la medianoche, de todas las fuentes brota la flor del agua, y quien la pueda tomar tiene aseguradas la riqueza, la ventura y la salud. Esta flor como su nombre indica, está hecha de agua y contiene toda la esencia y la virtud del líquido, concentradas y notablemente aumentadas. Es tan sutil que obtenerla se hace muy difícil, y cuando se consigue si no se sabe tratarla con sumo cuidado, se deshace como un líquido.

Las doncellas de Ripoll creían que se podían convertir en hadas, y gozar de todas las gracias y virtudes inherentes a estos seres privilegiados, bebiendo agua de siete fuentes recogida esta noche, desde que sonaban las doce campanadas hasta la salida del sol. Beber agua hervida con hojas de encina herida por el rayo, recolectada también esta noche, proporcionaba la misma virtud.

Ritos relacionados con fuentes que esta noche se limpiaban y engalanaban, con pozos, y con ríos.

En la Tierra Alta cuando alguien tenía una dolencia se acercaba al río al lado de un santuario, se dirigía al río con estas palabras: "Déu lo guard lo senyor riu, aquest coc li donaré perquè vostè es quedi el mal i a mi em doni el bé" ["Dios le guarde señor río, esta coca le daré para que usted se quede el mal y a mí me dé el bien"]. Se dirigía al río de rodillas, y mientras hablaba tiraba una coca al río. La ceremonia, nos dice J.A. comportaba todo un formulismo que recordaba un culto a los genios fluviales. Una vieja ermitaña, guardiana del santuario, parecida a una sacerdotisa, iniciaba a los pacientes en las reglas que habían de observar durante la práctica, y se encargaba de cocinar las cocas empleadas en la ofrenda.

Nuestros antepasados esta noche se remojaban la cabeza debajo de las fuentes –en Barcelona por ejemplo en las fuentes del paseo de San Juan, del paseo de Gracia, de la plaza del Duque de Medinaceli, y las de Montjuïc–, para curarse de todos los males y prevenirse de posibles desgracias.

En los pueblos marítimos era costumbre de esta noche pasearse en barca, y los baños en el mar no eran aconsejables antes de la noche de hoy. En los del interior, de madrugada jóvenes desnudos se revolcaban sobre la hierba empapada de rocío, rocío del amanecer de San Juan al que se le atribuía la misma gracia sanadora que al agua solsticial.

No acabaríamos de citar ritos y costumbres, algunos de ellos bien extraños pero que aúnan la belleza y el misterio y nos sumergen en un mundo que se extinguió hace unos pocos años, cuyo recuerdo nos transporta a unos ámbitos de nuestra alma donde nos sentimos confortados, más de acuerdo con aquello que somos. Queremos insistir en que los hombres y mujeres sobre cuyas costumbres hemos dado una breve pincelada, no eran posiblemente conscientes de la realidad Tradicional, metafísica, que muchas de ellas atesoraban, pero vistos desde la artificialidad y la asepsia pegajosa que hoy nos rodea nos parecen seres afortunados, aunque no nos cuesta reconocer que si no fuera por la enseñanza recibida que nos permite realizar una lectura esotérica, intuir su origen atemporal, nos parecerían a lo sumo, costumbres rodeadas de un halo de fantasía que miraríamos con simpatía y cierta indulgencia.

Y ya para finalizar, queremos mencionar una práctica sanadora, de la cual existían numerosas variantes en nuestro territorio. Nos referimos a la de curar niños afectados de hernia pasándolos por dentro de la cepa de un roble hendido. A ser posible quebrado por el rayo.

Nos dice Joan Amades: "Hay que hacer la operación al punto del caer las doce campanadas de la medianoche y mientras dura este intervalo de tiempo. La forma más usual en Barcelona requiere la concurrencia de los padrinos de la criatura, y además de dos actuantes, uno llamado Juan, y el otro Pedro. Cada uno de ellos se coloca a uno de los lados del árbol. Tan pronto cae la primera campanada, Pedro coge el niño, lo pasa por dentro del roble y lo entrega a Juan diciendo Joan, aquí us dono aquest infant; trencat us el dono ["Juan, aquí os entrego este niño; roto os lo doy"]. Juan recibe al niño lo vuelve a pasar otra vez por el roble, lo entrega a Pedro y le dice: Pere, l'infant us torno; curat us el dono "Pedro, el niño os devuelvo; curado os lo entrego"]. Repiten la operación tantas veces como pueden, hasta que cae la última campanada de las doce. Es necesario que al acabarse la ceremonia el niño quede en manos de Juan…"

La forma del roble quebrado por el rayo (el roure esberlat pel llamp) es la de una Y griega, la Y de los pitagóricos cuyos brazos se corresponderían a nivel exotérico a los caminos, del vicio y la virtud. En realidad son asimilables también a los dos solsticios, los dos rostros del Dios Jano, y el niño pasando por entre estas dos vías, los unifica, unifica los dos pilares del Árbol de la vida, es el Pilar del Medio. El niño, herniado (trencat) es decir quebrado, al pasar entre las dos vías del roble, unifica las dos caras de la aparente dualidad y por tanto es curado. En el momento del solsticio tenemos la oportunidad de identificarnos con este niño enfermo, al comienzo todavía roto, quebrado, separado del mundo y de su Principio, dual; después ya curado consciente de la Unidad, del Todo.



Ilustraciones

NOTAS
* Conferencia en el Centro de Estudios Simbólicos de Barcelona el día 19-06-07. Las intervenciones citadas de Francisco Ariza y Mª Angeles Díaz se incluyen en la actualización de la página web ATRIVM.
1 Ver "Tradición y tradicionalismo" de René Guénon.
2 Poder temporal y autoridad espiritual, cap VII.
3 Recogemos como ejemplo lo que nos dice Aurelio Capmany en Costums i Tradicions Catalanes, ed. Laia, Barcelona, pág. 73-82, después de escribir los diferentes motivos simbólicos que se recreaban en la fiesta del Corpus desde la edad media: "de todas las representaciones y figuras simbólicas concurrentes a la procesión, solamente se han salvado la pareja de gigantes y han desaparecido todas las otras, las cuales habían estado llamadas en sentido peyorativo".
4

Simbolismo y arte, "Arte, símbolo y mito en las culturas tradicionales".

5 Federico González, Simbolismo y Arte, ibid.
6

Cap. 2: "Algunos aspectos del simbolismo de la rueda".

7 A lo cual Valeri Serra i Boldú se refiere en Arxiu de Tradicions Populars, diciéndonos: "gran parte de la tradición oral ya no pasaba a la siguiente generación, ya se había perdido la confianza en esta tradición, y por ello en su eficacia. La influencia ciudadana, con un grado alto de culturización había hecho recular las antiguas tradiciones locales, incluso haciéndolas aparecer a los ojos de los mismos portadores como supersticiones, fruto de la ignorancia".
8 En Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, cap. IV: "El Santo Graal".
9 No debiéramos confundir aquí las castas con las clases sociales al no estar estas vinculadas a las naturalezas propias de los seres que las conforman.
10 Y también por otro lado con el solsticio de verano, en tanto el polo inferior del año, a través del cual se invierte la polaridad descendente.
11 Nos dice Francisco Ariza en su artículo sobre el folclore: "... los mitos, los símbolos y los ritos universales, que se entrelazan permanentemente con el quehacer cotidiano del pueblo, del que emana una imaginería propia y característica que se añade finalmente a esos mismos símbolos, ritos y mitos, adornándolos en cierta manera, dando así origen al folklore propiamente dicho".
12 Esta transmisión que solo pertenece a aquellos que la encarnan, se funda en las palabras, las que son el soporte del lenguaje, es decir, en el conjunto de símbolos orales, los que son ideas-fuerza, de tal forma que "despiertan" y nos conectan con otros estados de la conciencia, estados "mudos", pero desde los cuales todo puede ser nombrado, configurando así cualquier lenguaje. Son por otro lado estados que tiene que ser encarnados y transmitidos continuamente por los hombres, lo cual es posible porque el hombre no puede desligarse de su identidad, de los arquetipos y de los mitos que constituyen su esencia, por mucho que los confunda.
13 Es en la Edad Media donde se dice que cristalizan muchas de las leyendas que todavía hoy se conocen y estas se difundieron gracias al invento de la imprenta en el s. XV. Al alma se refiere Bernard Shaw diciendo: "He vagado por muchas tierras buscando las regiones perdidas de las cuales mi nacimiento en este mundo me ha exiliado, y la compañía de criaturas como yo mismo".
14 Francisco Ariza, ibid.: "... los hermanos Grimm en Alemania, Asbajörsen en Noruega, Andersen en Suecia, Perrault y La Fontaine en Francia, Afanassief en Rusia, etc., etc., recorrieron los caminos y los pueblos de Europa y del mundo a la búsqueda de todo ese 'saber inmemorial' que el pueblo había conservado en los cuentos, los proverbios y los refranes. El propio Jonatan Swift, en Los Viajes de Gulliver, se hace seguramente eco de algunas leyendas recogidas en el folklore de su tierra".
15 (Folgueroles, 1845 - Vil·la Joana, Vallvidrera, 1902).
16

El argumento es el siguiente:

Cantos:
En el Rosellón, mientras se está celebrando una fiesta, llegan noticias de que los árabes están invadiendo el territorio. Todo el mundo se pone en movimiento para defender la tierra; entre ellos Gentil, hijo de Tallaferro y enamorado de la pastora Griselda, que, acompañando a su tío Guifré, se va a luchar.

En el Canigó, Gentil, que se ha quedado solo, es hechizado por el hada Flordeneu que le hace contemplar el Pirineo –extensamente poetizado.

Siguen las gestas de Tallaferro, que acaba prisionero de los árabes y después se escapa y llora la supuesta muerte de su hijo.

Los cantos VI y VII son los cantos de exaltación de la tierra de las hadas de las diferentes comarcas pirenaicas durante la boda de Gentil y Flordeneu.

Finalmente, Guifré encuentra a Gentil cubierto de flores y todavía hechizado y, pensando que ha abandonado la lucha contra los árabes sin motivo, lo lanza desde lo alto del Canigó. Después de diversas luchas, ante el dolor y la ira de Tallaferro al conocer la muerte de su hijo, Guifré quiere expiar su crimen y funda, bajo la dirección del abad Oliba, un monasterio benedictino sobre la tumba de Gentil.

Una vez muertos Guifré y Tallaferro, Oliba con sus monjes sube al Canigó y allí tienen lugar una serie de cánticos de los religiosos y de las hadas hasta que éstas acaban huyendo y el Canigó queda deshechizado después de plantar una cruz en su cima.

Epílogo:
El poema se acaba haciendo referencia a la época actual –la de Verdaguer, en este caso– con un diálogo entre los campanarios de los monasterios de Sant Miguel de Cuixà y Sant Martí del Canigó, en el que hablan de la caducidad de la obra humana (representada por ellos mismos) frente a la pervivencia de la obra de la naturaleza –la obra divina.

17 Aunque no es así siempre, sí que es habitual ver castellers levantarse a esta hora.
   

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