SYMBOLOS
Revista internacional de 
Arte - Cultura - Gnosis

FEDERICO GONZALEZ
Desde la Costa Maya del Pacífico (II)
Mª ANGELES DIAZ

HERMES, LA TRADICION HERMETICA Y LA MASONERIA

P. – Me viene a la memoria aquello que dices en Hermetismo y Masonería (por cierto una obra que ha dado fuerza y vigor a la Orden Masónica dado el interés que ha suscitado entre los masones, sobre los que ha ejercido una gran influencia a la hora de comprender mejor la verdadera esencia histórica y simbólica de la Orden a la que pertenecen; en especial lo hemos constatado en Argentina y España, por lo que nada nos sorprende que la editorial esté trabajando ya en la segunda edición), haciéndote eco de unas palabras de Gilbert Durand acerca de las ciencias humanas y su decadencia, el racionalismo, el positivismo, etc.; señalas que la única posibilidad de sacarlas del callejón sin salida en que se encuentran es la presencia del Hermetismo, o sea la aceptación de todo aquello que significan los dioses en cuanto pautas, encuadres y patrones del pensamiento, en particular el versátil Hermes, deidad de las adaptaciones, mensajero y por tanto vehículo de la comunicación y la Enseñanza, Psicopompo, lo cual parece ser que ya ha ocurrido antes.

R. – Esto está implícito en su propia denominación de Hermes Trismegisto, o sea de tres veces grande que no sólo está en relación con su propia identidad, sino con su actuación en el devenir, su intervención histórica. Esta figura recorre toda la historia de Occidente hasta nuestros días ya que no sólo es el Trismegisto alejandrino, el Hermes griego y el Mercurio romano, entidades tan móviles e inquietas como sus múltiples atributos, que abren caminos y resuelven encrucijadas, sino que asimismo se lo puede identificar con el Odín o Wotan nórdicos, los Henoch, Elías y Eliseo bíblicos, con el Zoroastro iranio, y con el Quetzalcóatl tolteca y sus análogos en toda América, con quienes comparte muchos atributos y funciones, de los que se dice no han muerto, sino que han sido arrebatados al cielo, están vivos, y se afirma han de volver al final de los tiempos, es decir de este ciclo humano. De hecho estos dioses son antediluvianos, atlantes, y aún de origen anterior, hiperbóreos, y su presencia ha sido continua a lo largo de la presente humanidad articulando las tradiciones conocidas por su propia función, y hasta aquellas de las que hemos perdido noticia, e incluso es muy importante en la última revelación religiosa, el Islam, donde es conocido como el profeta Idris. Sin embargo los dioses, para el hombre de hoy, no existen, en el mejor de los casos puede llegar a creer que estas ideas son simples alegorías relacionadas con la naturaleza.

Y ya que me haces esta pregunta te diré que la deidad no es necesariamente un Deus Pater, ni siquiera una Diosa Madre, pese a que mi interés se centre más en esa idea que en la de un Padre bueno, pero una vez esa diosa te ha parido estás completamente solo, como naciste y como te vas a morir. Desde luego que en ese trayecto existe el amor, la belleza, la sabiduría, pero no necesariamente la felicidad tal y como se la cree, esto es, como un "confort espiritual", algo propio de una mentalidad pequeño burguesa. Tal y como han afirmado muchos sabios, creo con ellos que la paradoja es que de pronto conocer es reconocer que uno nada sabe, que es un verdadero ignorante, sobre todo si se tiene en cuenta que la respuesta de la Cábala a través de todo el cosmos es: Mi, que significa: ¿Quién?, o sea una forma de reiterar el nombre de Dios pero a través de una pregunta que se sabe que no tiene ninguna respuesta. Y no se trata de nihilismo que niega todo. Lo nuestro es negación a todo lo que no es, inclusive el Ser, que según como se vea puede también ser un espejismo. Confundir cualquier cosa con lo que de verdad es la Deidad, no es invocar ni servir a los dioses más altos, sino a los dioses pequeños, los llamados lares, penates, etc.; aspectos del Ser de Dios que aún es una manera de decir, pues se le conoce por su afirmación, pero hay otra cara que permanecerá siempre oculta y desconocida.

P. – ¿Esto quiere decir que la Cosmogonía y la Ontología, es decir los diferentes planos de manifestación, cuyo conjunto ha sido conocido como "los Pequeños Misterios", lejos de representar la totalidad del Conocimiento son sólo un soporte, aunque importantísimo, para acceder a los Grandes Misterios, o sea a la Metafísica?

R. – La Metafísica, como decía anteriormente, se refiere a todo aquello que está más allá del edificio cósmico, e incluso más allá de su principio creador, que no es otro que el Ser, es decir que exclusivamente se ocupa del conocimiento trascendente del No-Ser. El Ser, la Unidad, es el No-Ser afirmado, y por tanto representa ya una primera determinación, que aunque sea la más primordial de todas sin embargo está condicionada con respecto a aquellas otras posibilidades, verdaderamente infinitas, que no se manifestarán jamás por su naturaleza inefable e incondicionada, y que pertenecen enteramente al No-Ser, el cual, en consecuencia, contiene tanto lo que será manifestado a través del Ser como lo que nunca se manifestará. Así pues, distinguir entre el Ser y el No-Ser, entre Kether y En Sof, es esencial para quienes emprenden el camino de la verdadera Gnosis.

P. – Está muy presente en el recuerdo que esta distinción es algo que siempre has tratado de advertir desde los inicios a todas las personas que se acercaron a escuchar tus conferencias y cursos; nos referimos a las primeras clases, allá por el año 1979 en Barcelona en el Centro de Estudios de Simbología que fundaste en esa ciudad. Creo que era el piso 13 del primer rascacielos de la ciudad condal sito en la calle Trafalgar. Por cierto que la gran afluencia de público que en aquel entonces convocaban estas ideas fue algo extraordinario de vivir. También recuerdo el pleno que se hacía en la sala Claret, o en el museo Miró, entre otros espacios que acogieron tus clases. Realmente vemos, con la perspectiva que da el tiempo, que Barcelona vivió un momento de interés por la cultura realmente álgido.

R. – Aunque los interesados estén recién iniciados en este camino y todavía tengan que cumplimentar sus primeras transmutaciones alquímicas deben tener siempre como referencia permanente lo supra-cósmico y las ideas y principios más universales, evitando así posteriores confusiones que les impedirían sobrepasar las condiciones que les atan a su estado individual y contingente.

En cuanto al CES, éste se constituyó en base a una energía que se produjo en un montón de gente. Incluso en algunos que no se ajustaron a las enseñanzas y que se fueron por caminos paralelos u opuestos. Ahora bien, para los nuevos miembros como para los antiguos la semilla siempre es virtual. La idea es que aquí se nace siempre. El mensaje de la Ciencia Sagrada es como la salmodia, donde el ritmo acompaña al rito. En un mundo donde todo es circular la vuelta al principio es siempre necesaria. Es por eso que los más grandes Maestros Masones por más grados que tengan siempre son aprendices. Esto tiene que ver con la reiteración del rito y del mito siempre presentes. En realidad nuestra historia es esa. Por más que se haya avanzado siempre se está naciendo y siendo todo simultáneo siempre es el primer día de cualquier creación.

P. – Ese interés puesto en distinguir entre el Ser y el No-Ser, es el mismo que has puesto en intentar diferenciar entre metafísica y religión, algo que también procuró siempre Guénon y que es una confusión muy frecuente.

R. – Si, esa confusión es algo bastante común hoy en día, incluso entre algunos de los que se han nutrido de la obra de Guénon, a la que por este motivo han distorsionado cuando no simplemente manipulado y traicionado. Es necesario distinguir netamente entre lo metafísico y el punto de vista religioso, entre otras razones porque éste se limita siempre a lo más exterior, considerando al elemento sentimental y devocional por encima de lo verdaderamente intelectual y espiritual, con lo cual ni tan siquiera ese punto de vista contempla la idea de una Cosmogonía, y en consecuencia la posibilidad de la iniciación en los misterios de la vida y del Ser, antesala a los Grandes Misterios de la metafísica. Confundir lo metafísico con lo religioso supone la inversión total de las relaciones jerárquicas entre lo exotérico y lo esotérico, y más aún entre lo psíquico y lo espiritual. Aunque hay que recordar que lo que interesa es la realización del Conocimiento y la obtención de la Sabiduría, lo que no excluye lo emocional ni ninguna otra experiencia encaminada a ese fin, y tampoco se opone a lo religioso y menos aún a lo moral, siempre y cuando estos conceptos no pretendan usurpar el territorio de lo metafísico y tratar de reducirlo, en el mejor de los casos, a un mero o vago misticismo, y en el peor, a una moral basada en ciertas normas de conducta convencionales.

P. – Otra cosa importante que hemos visto continuamente reflejada en tus libros, clases o conferencias ha sido la restitución del valor doctrinal a los Misterios Menores, a los que todos los adeptos de la Tradición Hermética pertenecemos, y que como acabas de decir suponen el paso previo para acceder a la metafísica. Exponiendo con claridad que los Pequeños Misterios incluyen el cielo y la tierra, es decir el macro y el microcosmos, revelados al hombre por medio de la Astronomía-Astrología y la Alquimia, dos ciencias propias del Hermetismo Occidental el cual, por cierto, a lo largo de la historia ha dado filósofos y artistas pero no monjes, ni frailes.

R. – Así es, a los adeptos de esta Tradición se les ha conocido siempre como filósofos, sabios, artistas, etc., y no como hombres sumamente piadosos o destacados por su accionar compulsivo, sin menospreciar estas virtudes propias del bhakti y el karma-yoga que incluso están contenidas en el jnâna. Por lo que se ve que los Misterios Menores y los Mayores se interpenetran constantemente formando un todo en la búsqueda del Graal, en la obtención del Conocimiento, y que estas nomenclaturas de los Misterios Mayores y Menores, por convencionales, no se corresponden siempre con la misma realidad de los hechos que se examinan bajo su luz, añadiendo que los Misterios Mayores, si verdaderamente lo son, por su misma condición de suprahumanos no son expresables en el lenguaje de los hombres, y por tanto no pueden ser enseñados ni aprendidos, sino que se revelan de modo directo en aquellos que han sido elegidos para tal fin.

Desde luego que cuando me refiero al conocimiento de la Cosmogonía tal cual la concibe la Tradición Hermética o la Masonería, lo hago pensando, no sólo en el aspecto visible de las estructuras cósmicas sino en el invisible del que proceden; tampoco me refiero a una simple cosmología, o descripción más o menos mecánica del mundo, sino a la totalidad de los aspectos visibles y formales e invisibles e informales del cosmos, como Modelo o Arquetipo de toda la Posibilidad.

P. – ¿Quiere decir esto que el Hermetismo no es una religión sino una ciencia?

R. – Así es, el Hermetismo se ha expresado más como una ciencia que como una religión, y de hecho podíamos decir que es una Ciencia de Ciencias, al ser el origen y el principio de todas las ciencias conocidas. Hay innumerables textos sagrados que se han considerado como integrantes de estas ciencias hermético-alquímicas, comenzando por aquellos a los que se ha dado el nombre de Corpus Hermeticum, y sobre todo a sus Ideas, que fundamentalmente a través de la Cábala, la Alquimia, la Numerología y la Geometría y el Tarot, también denominado libro de Thot, han llegado hasta hoy con toda la fuerza que tantos sabios, a través de los siglos, les fueron otorgando.

P. – Actualmente ¿qué influencia tiene el dios Hermes y Pitágoras en la Masonería?

R. – Hermes y Pitágoras son una referencia siempre presente en la Masonería. Asimismo la influencia del dios Hermes, y las ideas del sabio Pitágoras, no han desaparecido totalmente de este mundo crepuscular que habitamos, de hecho son todo lo que queda de él; no olvidemos que los alquimistas equiparan a Jesús con el Mercurio Solar, en Occidente al menos. Por otra parte ni siquiera pudiera ser el mundo sin ellos, tanto en el aspecto de las energías perpetuamente regeneradoras atribuidas a Hermes y su Filosofía, como en el de las ideas-fuerza pitagóricas, sin cuyo orden numérico y geométrico hoy no es posible la menor operación.

La deidad es inmanente en cada ser, y los Hijos de la Viuda, los hijos de la Luz, la reconocen en el interior de su propia Logia, hecha a imagen y semejanza del Cosmos. Recordemos que la raíz H.R.M. es común a los nombres Hermes e Hiram y éste último forma con Salomón un paredro donde se aúnan la sabiduría y la posibilidad, la doctrina y el método, señalando a la Tradición, Cábala hebrea, en la que nació Jesús, como la vehiculadora de esta revelación sapiencial, real y artística o artesanal, que constituye la Ciencia Sagrada, la que es aprendida y enseñada por símbolos y ritos en la Logia, "libro" cifrado que los Maestros decodifican hoy, puesto que la Masonería no otorga el Conocimiento en sí sino que muestra los símbolos e indica las vías para acceder a él, con la bendición de los ritos ancestrales que actúan como transmisores mediáticos de ese Conocimiento.

P. – ¿Significa que la Masonería tiene los medios para otorgar la Iniciación pero que es el propio masón, a través de su experiencia interna y el estudio reiterado de los símbolos que la Orden va poniendo a su alcance de forma gradual, quien tiene la posibilidad de penetrar el Conocimiento integral de la Masonería y completar con ello su Iniciación?

R. – En efecto. La actualización de la posibilidad, es decir, el Ser, la comprobación de que todo está vivo, de que el presente es Eterno, la simultaneidad del Tiempo, la idea de Triunidad del Unico y Solo, conforman un Conocimiento al que los masones arriban por la propia experiencia que proporciona un aprendizaje gradual y jerarquizado a través de los planos cósmicos.

El Maestro Constructor lleva su Logia interior a todas partes, él mismo es eso, una miniatura del Cosmos, diseñada por el Gran Arquitecto del Universo. Pero la obra está inacabada, se necesita que pula con Ciencia y Arte su piedra bruta tal cual cincela el Creador su Obra. Los números y las figuras geométricas simbolizan conceptos metafísicos y ontológicos que también representan realidades humanas concretas e inmediatas, tan necesarias como las actividades materiales, y de allí en más cualesquiera otras.

P. – Dices que los masones nunca han dejado de reconocer la frase evangélica "En la casa de mi Padre hay muchas moradas".

R. – Naturalmente, pues aunque saben que ellos tienen abierto un sendero ante sí que los conducirá a su Padre, no niegan otros caminos ni se oponen a ninguna vía, ya que piensan que las estructuras invisibles son las mismas, prototipos válidos para todo tiempo y lugar, pese a la adaptación constante de distintas formas aptas para diferentes individualidades, la mayor parte de las veces determinadas por los ciclos temporales, a los que la Masonería tampoco es ajena, como se comprueba en su paulatina transformación concretada finalmente en el siglo XVIII.

P. – ¿Eso significa que los masones tienen claro que la Orden representa una de las tantas vías iniciáticas de la Tradición Universal o Unánime?

R. – Efectivamente, y es por esa misma comprensión de sus posibilidades metafísicas e iniciáticas que la Masonería reconoce otras Tradiciones, y también deja abierto el ejercicio de cualquier creencia religiosa, o pseudorreligiosa, entre sus miembros, muchos de los cuales concilian su proceso de Conocimiento, es decir de Iniciación, con la práctica de preceptos legales y ceremonias religiosas exotéricas, que piensan podrían enriquecer su pasaje, y el de otros, por este mundo. No hay por tanto conflicto entre Masonería y Religión, siempre que no traten de mezclarse los conceptos, o se pretenda –como ya ha sucedido– que determinados fundamentalistas, religiosos o no, intenten copar las Logias para su provecho personal. De hecho, numerosos hermetistas, pitagóricos y masones han sido, y son, cristianos cumplidos, o grandes cabalistas, y todos ellos han tenido a los símbolos como sus maestros.

P. – ¿Y en cuanto a Hermes?

R. – La importancia que la Masonería da a Hermes y Pitágoras está reflejada en sus antiguos manuscritos, por ejemplo el Cooke, donde se dice que la sabiduría antediluviana fue escrita en dos grandes columnas que posteriormente fueron descifradas una por Pitágoras y la otra por Hermes. A Hermes se le adjudica la enseñanza de todas las ciencias, gozando de sumo prestigio a lo largo de distintos períodos de la historia de la cultura de Occidente. Esto ha sido así entre los alquimistas y los llamados filósofos herméticos posteriores al Renacimiento, y estas mismas ideas se han manifestado en la Orden de los Hermanos Rosacruces, influencias todas que ha recogido la Masonería al punto que puede considerársela como un depósito de la sabiduría pitagórica y su transmisora en los últimos siglos, así como la receptora de los Principios Alquímicos, y también de las ideas Rosacruces, lo cual es evidente cuando a simple vista comprobamos que uno de los altos grados en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, el 18º, se denomina precisamente Príncipe Rosacruz.

P. – ¿No es cierto que no sólo con los Hermanos Rosacruz está emparentada la Masonería, sino que también lo está con las Ordenes de Caballería y con la Orden del Temple?

R. – Hay muchos indicios históricos que mostrarían estas simientes, también tradiciones y ritos, especialmente de las palabras de pase en el grado 33, pero quedan bastante disminuidos cuando se recuerda que los templarios eran a la vez monjes y soldados, aunque grandes constructores medioevales, lo que no guarda relación aparente con la Masonería, en donde por otra parte sí se señala una influencia bien clara de lo hebraico como es el caso de Salomón y la construcción del Templo, y se ve confirmada por la sencilla comprobación de que casi todas las palabras de pase y grado, secretos sagrados, son hebreas.

P. – Es evidente por todo lo que dices que la Masonería es Universal. ¿Es el masón además de un constructor un mago o teúrgo o alquimista, en el sentido de que opera y alterna con conceptos que son capaces, si los encarna, de trasformarle y llevarle hasta la perfección completando así la obra que él mismo representa?

R. – En realidad la labor del masón es pulir la piedra bruta y llevarla a la perfección. En ello su labor no se diferencia de la del alquimista, o hermetista, que lleva a cabo la transmutación, es decir que completa un ciclo propio y real en el mundo permanentemente inacabado, casi ilusorio. Es importante aclarar que este pulimento de la piedra, encargado por el Gran Arquitecto del Universo a los hermanos masones, sólo se extinguirá con el fin de los tiempos, o sea, hasta el momento en que el tiempo, vivo, siempre presente, absorba la totalidad del espacio.

P. – ¿Qué opinas sobre la multitud de talleres que existen en el mundo y la división entre logias?

R. – La división entre las logias desde el siglo XVIII es una característica tan propia de la Masonería, que casi se podría decir que es una condición de ella. Sin embargo esta multiplicidad de Talleres y Ritos ha beneficiado a numerosos países que de este modo han podido recibir en su seno este depósito ancestral, que se ha mantenido casi intacto en su andamiaje iniciático, ya que en casi todos ellos son respetados los símbolos fundamentales y su dramatización ritual, aunque no todos los masones conozcan completamente los secretos de la Orden, o lisa y llanamente los ignoren. Esta cadena de Unión, llamada Hilo de Oro en el Hermetismo, que une los distintos mundos verticales entre sí y se expande de modo horizontal hacia las cuatro direcciones del espacio, está tan viva hoy como lo ha estado siempre. La Tradición Hermética y la Masonería poseen la llave de la Transmutación a través del Conocimiento.

P. – En una carta editorial correspondiente al año 1997, número 13-14 de SYMBOLOS dedicado íntegramente a la Masonería, leemos: "La Masonería es Universal y sus talleres otros tantos templos de la Iglesia Secreta. En ellos se expresa la Voluntad Perenne del Constructor, llamado Gran Arquitecto del Universo, mediante el Símbolo y el Rito, y se aprende a conocer la Obra del Creador, y por sobre todo el pensamiento que la ha organizado.

Por lo que ser masón no es simplemente una adscripción a una institución cualquiera por esotérica que fuere, sino el hacerse cargo, el encarnar su cuerpo doctrinario manifestándose en la totalidad de los mundos físico, anímico y espiritual. Para ello es necesario un trabajo que actúe de modo operativo sobre los postulantes y los lleve a comprender no sólo la majestad de los conceptos con los que está alternando, sino también la dignidad feroz de esta labor de accesis al Conocimiento, principio y motor de todo trabajo, inclusive material y profano; esta dignificación del trabajo es pareja con toda idea de Orden propia de la Construcción, y se encuentra presente en la Masonería, una Orden, desde la época de las corporaciones y gremios medioevales hasta hoy".

R. – Decía entonces y digo ahora que la Masonería se presenta en este fin de ciclo como un depósito de la doctrina viva y tradicional que incluso ofrece la posibilidad de la realización intelectual-espiritual, es decir, de la Iniciación en el Conocimiento. Por eso es a este renacimiento de la Orden al que asistimos sobre todo si se tiene en cuenta que la Masonería, noaquita, ha recibido su legado doctrinario y experimental de un ciclo anterior al del diluvio bíblico, según la Tradición.

HISPANOAMERICA

P. – Hemos hablado de muchas cosas, sin embargo son muchas más las que aún me gustaría preguntarte. Por ejemplo, hemos tratado del tema de América precolombina pero no hemos dicho nada de Hispanoamérica, es decir de esa fructuosa y complementaria unión que, pese a todos los despropósitos con los que se cubren los acontecimientos y la historia de los pueblos, produjo el hermanamiento solidario e intelectual entre España y Latino América convertidas por la lengua en una unidad que tu trabajo intelectual sin duda hoy fomenta. Es así como todos los que de una u otra manera nos alimentamos de la doctrina tradicional a través de tu pensamiento tenemos ese sentimiento y hemos ampliado nuestras fronteras mentales, en lugar de cerrarlas como hacen los nacionalismos excluyentes, empobrecedores del espíritu y la mente de las personas, y que desgraciadamente están tan de moda.

R. – A los hispanoamericanos no nos separa el Atlántico, sino que este nos une. Para algunos, nuestra madre común, la Atlántida, presente en la raíz TL de los nombres de las ciudades-centros de Tula y Toledo, selló este pacto en el siglo XV con la sangre generosa de los vencedores y vencidos e hizo que sus hijos conciliaran los opuestos de dos tradiciones, de dos mundos aparentemente excluyentes, el cristiano y el indígena, el europeo y el americano que, sin embargo, se han influido mutuamente al punto de complementarse, tan identificados se encuentran el uno con el otro, aún más allá de la inmensa importancia de una lengua, una historia y en muchos casos una sangre común. Y, asimismo, más allá de las susceptibilidades y diferencias de dos tradiciones, la precolombina y la cristiana que al enfrentarse se resolvieron en conquistadores y conquistados, es enorme el sustrato común que se manifiesta en cantidad de hechos y cosas, conscientes e inconscientes, que nos hermanan para siempre y en forma definitiva, tomada debida cuenta, entre muchas otras razones, que en la Historia de los hombres y los pueblos nada hay de casual, y que próximos a arribar al fin de un ciclo nos toca un destino obviamente compartido.

P. – ¿Desde la perspectiva Tradicional o Sagrada, ¿puede la Historia del descubrimiento de América remitirnos a ideas universales?

R. – Obviamente bajo esta luz que hace a la Historia y a la Geografía trascendentes, otorgándoles la categoría de simbólicas sagradas, el descubrimiento de América recupera un sentido significativo y encuentra su verdadero lugar en el mapa mental de españoles y americanos. Los que a pesar de ciertos discursos huecos se consideran mutuamente responsables de comprender la magnitud de esta unión, bajo la tutela de un Dios único, un Arquitecto del Universo revelado a todos los pueblos del mundo, y una Tradición Universal y Unánime que se ha manifestado actualmente para América y España bajo una forma común: Hispano-América, lo que no sólo nos obliga solidaria y fraternalmente, sino que, además, nos mueve a actuar conjuntamente en los cauces ordenados del tiempo y el espacio, reuniendo los contrarios que más bien nos unen que separan, en aras de la realización ontológica y metafísica, o sea de la vida verdadera y la identidad, lo cual abonará una vez más los vínculos fraternos y los ideales compartidos.

P. – En distintos libros te has referido a la gesta de Colón, y a la importancia que el descubrimiento de América tuvo en las ciencias y la nueva Cosmografía. También te has ocupado de devolver el reconocimiento debido a la extraordinaria figura del Almirante, resaltando su enorme cultura y los libros de autores filósofos, esoteristas y teólogos, que le movieron a llevar a cabo su proeza mágico-científica, y que combinó con datos facilitados por los navegantes. ¿De dónde obtiene Cristóbal Colón su información? ¿Fue su fuente informativa la misma que estudió años más tarde Isaac Newton para sus investigaciones científicas?

R. – Efectivamente parece que Colón sabía por sus lecturas y la peculiar información que poseía, de la existencia de otro continente al lado opuesto del Atlántico, al que llamaba las Indias, gracias a Platón, Aristóteles, Séneca, Pío II, Toscanelli, Ptolomeo, etc., y sobre todo la Biblia, particularmente Salmos y Profecías y de entre éstas las de Isaías en donde se encontraba escrita de modo secreto su extraordinaria epopeya y la inmensidad de su descubrimiento, que incluía nada menos que el Paraíso Terrestre.

En cuanto a Isaac Newton sólo decir que efectivamente el ilustre sabio que enunciara la famosísima ley de la gravedad universal fue un esoterista que veía en la naturaleza el Templo del Gran Arquitecto del Universo y por tanto al científico como un sacerdote que podría intervenir en los procesos del mundo y llevar hacia el Conocimiento y el Origen gracias a las pistas que el Creador había manifestado y al tiempo velado en su discurso criptogramático. De allí que en sus investigaciones prestara especial interés a las historias bíblicas, a las que se refirió varias veces, aunque no utilizó sólo la Historia Bíblica, como única fuente de sus estudios históricos, sino también a Flavio Josefo, Filón de Alejandría, los mitos griegos, etc., que le valieron para descubrir que la posición de las estrellas en las constelaciones del zodíaco dada en la guerra de Troya, y de la misión de Jasón en busca del Vellocino de Oro, fijaban una pauta en el espacio y el tiempo, adelantándose así tanto a los arqueólogos como a la moderna ciencia de la Arqueoastronomía que fija fechas y sitios –inclusive grandes conjuntos– en relación al estudio del cielo de la época en que fueron edificados. Hay numerosos aspectos esotéricos de la obra de Newton que aún no han sido tratados…

EL RENACIMIENTO

P. – En numerosas ocasiones y en especial en dos de tus últimos libros, Hermetismo y Masonería y en Las Utopías Renacentistas, Esoterismo y Símbolo destacas la importancia, desde el punto de vista de las ideas, que ha tenido el Renacimiento y muestras la evidencia de que nuestra época vive aún de la eclosión que se dio en ese periodo que signa y es el origen de toda la Historia del Occidente moderno.

R. – El Renacimiento, como su nombre lo indica, es un período histórico donde surgen nuevas posibilidades latentes en la propia historia de Occidente, frente a valores ya caducos de la organización medieval que, como todos los periodos históricos y en virtud de la dialéctica que los opone, se transforman permanentemente en nuevas realidades, abonando así el discurso de la historia. En ese sentido es que su nombre, relacionado con un nuevo nacimiento de posibilidades dormidas de la antigua ciencia sapiencial que corre desde los egipcios, griegos y romanos –con el aporte de numerosos pueblos que la han engrosado–, y que desemboca afortunadamente, valiéndose de una serie de hechos claves, en el periodo histórico al que estamos haciendo mención, posee validez propia.

P. – Los hermetistas del Renacimiento desarrollaron ciertas artes clásicas que ya habían tenido un resurgir anterior por medio de los neoplatónicos, neopitagóricos y gnósticos, cristianos o no, me refiero por ejemplo al arte de la memoria, practicado por Giordano Bruno en ese periodo y que tú has incorporado al sistema de enseñanzas que has creado y que están desarrolladas especialmente en el Programa Agartha y en el Tarot de los Cabalistas. Vehículo Mágico. Y que consiste en la meditación y concentración en el Arbol de la Vida, modelo del Universo y mapa de la estructura del mundo y en el juego de relaciones que se producen con los naipes del Tarot, ambos diseños destinados a facilitarnos la interiorización de la Cosmogonía. Otra de esas artes ignotas que cobraron fuerza en el Renacimiento es el género de la Utopía, que aunque con precedentes en la República de Platón, o la de Cicerón entre otras, fue reconocida como tal género a partir de la obra de Tomás Moro que signó la suya con tal nombre. ¿En qué consiste el Arte de la Utopía?

R. – El termino Utopía deriva del u-topos, o sea de aquello que no tiene lugar, algo que por lo tanto está fuera del tiempo y del espacio para significar con seguridad un asunto imposible de realizar en este universo y relacionado con otro mundo, o sea con una región más allá de estas dimensiones, un ámbito celeste perfecto donde las cosas fueran en verdad y no signadas por las imperfecciones humanas, una forma de la ciudad celeste, o de la ciudad de Dios. Que esta obra de tipo ideal tenga antecedentes clásicos, no es de extrañar pues todo el periodo histórico signado con el nombre de Renacimiento buscó en los modelos de la antigüedad de modo consciente las formas que darían lugar a dicho segmento que no en vano se ha denominado así, aun en su propio momento histórico, que implica una resurrección de las formas griegas y romanas que fueron sus antecedentes, en este caso concreto La República de Platón como dices.

P. – Parece ser que Tomás Moro fue discípulo de Juan Colet, seguidor de las enseñanzas de Platón.

R. – Así es, y de él se decía que al escuchársele parecía que se estuviera oyendo al mismo Platón, cuya influencia en el primer Renacimiento fue determinante y eso en gran parte se debió a que se conocieron los textos de la totalidad de sus Diálogos, así como varios tratados de Proclo y otras obras, todas ellas traídas por los sabios de Bizancio especialmente en ocasión del concilio que se efectuó en Florencia en 1439 y que por orden de Cosme de Médicis fueron traducidas por primera vez en su totalidad al latín, así como la obra íntegra de Plotino y otros escritos neo-platónicos, por Marsilio Ficino –junto con el Corpus Hermeticum– y que dieron lugar a la refundación de la academia Platónica en Careggio, dirigida por el propio Ficino.

P. – En tu estudio sobre las Utopías rescatas el sentido real de éstas, referido a la idea de la ciudad interior que cada uno posee o puede construir dentro de sí, y que del mismo modo puede reconocer en sus semejantes; sin embargo algunos autores han querido hacer de las distintas utopías esotéricas, simples modelos mundanos o políticos. ¿Puede oponerse la ciudad celeste e interna al modelo de la ciudad tradicional? ¿Cómo se vio en su época la Utopía arquetípica de Moro?

R. – Algunos autores han aventurado que el modelo que significó la Utopía de Moro, concerniente a la ciudad interior, ideal y angélica, o sea, a la ciudad celeste y prototípica, se vio forzado por los acontecimientos propios del "mundo real" del medio en que a Moro le tocó desenvolverse y criticar severamente, en una actitud que trató de paliar la injusticia de la sociedad inglesa de la época, volcando en ella sus fuerzas –incluso los honores mundanos– y ocupándose de ciertos aspectos menores implícitos en su Utopía, dejando de lado su vocación teosófica, trocando la ciudad de Dios por la de los hombres, pese a que sus comportamientos como magistrado fueron ejemplares. Por otra parte la ciudad de Dios y la de los hombres no se contraponen, sino que por el contrario la última debe imitar a la primera. Desgraciadamente la crítica profana posterior a la Utopía de Moro tomó de modo literal la obra y para explicar este "idealismo" no tuvo más remedio que juzgarla como un entretenimiento banal y snob, apoyándose en el disfraz con que el propio Moro la ocultó.

P. – ¿Cuál es la diferencia entre utopía y quimera?

R. – La quimera es la representación de la vana ilusión. La Utopía, como la Ciudad Celeste, no está en ninguna parte sino que es un lugar de reunión de todos aquellos que han alcanzado un nivel espiritual determinado y que los hace conocerla, y por lo tanto ser uno con ella, al punto de ser los habitantes de esa Utopía, lo que indica sin duda una genealogía espiritual; una vinculación con una cadena que incluye también a los antepasados míticos. En cuanto a las Utopías literarias habría que matizar de nuevo que éstas pertenecen a una visión esotérica y por tanto existen en ellas distintos planos o lecturas de una misma realidad que no se excluyen ni interfieren entre sí.

P. – Al referirte a la utopía lo haces como un espacio, ciudad o jardín interior que además uno podría compartir con otros aunque éstos estuvieran en el pasado.

R. – Así es, uno puede compartir ese espacio ya sea en el presente o en el pasado, mediante la posesión de su conocimiento secreto, es decir lo que se ha dado en llamar el Colegio invisible, la Ciudad de Dios, o la Iglesia Secreta. Volviendo a la obra de Moro es importante aclarar que no toda la crítica ha sido tan necia como para relegar a la categoría de fantasía literaria las utopías renacentistas, encabezadas por la que nos ocupa y ha visto en ellas –como en Platón– no sólo la idea de modelos ejemplares que, de una u otra manera pudieran también ser plasmados de modo concreto, sino que igualmente las han valorado como inspiradoras de ordenamientos jurídicos, sociales y culturales y elementos permanentes de debate en sociología y derecho, así como en especulaciones de tipo económico y sobre todo en consideraciones de orden ético. Y es en esta última condición en la que queremos poner el índice y subrayar su contenido, ya que consideramos por sobre todos los aspectos la validez de la Utopía de Moro y de todas las que la han seguido. Pues no hay utopía sin un profundo sentido ético y de allí la necesidad de la utopía, género feliz e imprescindible, inaugurada en el Renacimiento por Santo Tomás Moro y de la cual somos herederos los occidentales y de la que cada vez estamos más necesitados en vista a la degradación generalizada de todos los valores, y del estado de crisis permanente que caracteriza a este siglo XXI que comienza.

Donde en los distintos medios geográficos puede observarse de acuerdo a diferentes características folklóricas, esta descomposición que también ataca a los nuestros. Pero creemos que sólo será en base a un ordenamiento moral y a los valores que de él pudiesen derivarse que se haría posible reestructurar cualquier intento, en detrimento de cuestiones coyunturales o soluciones fragmentarias –por más "pragmáticas" que fuesen– que no serían sino "parches" más o menos agregados a una realidad que no podría detener su franca decadencia.

P. – ¿Qué tipo de régimen político crees que podría reconducir la pésima situación actual?

R. – Para contestar a esta pregunta debo citar a Cicerón pues como él creo que cualquier régimen puede ser bueno si aquellos que gobiernan son capaces y honestos.

ESTRUCTURA DE UNA OBRA INICIATICA

P. – Tu obra tiene el mérito de haber logrado actualizar el lenguaje de la Doctrina y la Tradición aún viva en distintos pueblos del mundo y rescatando de las tradiciones desaparecidas su mensaje esencial. Además de la virtud, por su propia estructura, de ser una obra iniciática que en ningún momento se deja penetrar por la erudición vana con que se encopetan los discursos estériles, sino que tu vasta cultura y consecuente erudición ha sido puesta al servicio de la Enseñanza, o sea, haciendo de tus conocimientos una didáctica eficaz para transmitir el pensamiento Tradicional. Todo ello bajo la forma de la Tradición Hermética, el Neo-Platonismo, la Cábala Judeo-Cristiana y la Masonería. Con esa base estructural donde se asienta la cultura de Occidente, has conseguido armar una obra que es también un orden en lo imaginal y un edificio en lo formal, en el que los símbolos han sido los útiles y el andamiaje para la construcción.

Y es una obra iniciática en cuanto que reuniendo todos los elementos doctrinales esenciales como plataforma de acceso al Conocimiento, es portadora del germen de la posibilidad, de hacer renacer los valores dormidos en el hombre actual.

Al intentar definir el diseño estructural de tu obra nos aparece la idea del discurso circular y reiterado que sin embargo en todo momento mantiene la frescura virginal de un mensaje siempre nuevo e inagotable. Eso mismo podríamos aplicarlo a La Rueda, tu primer libro, donde fijas por primera vez la enseñanza oral, lo que supone la primera piedra que da inicio a toda la obra escrita. Un libro que tiene una cadencia circular como el tema que trata, el del símbolo de la rueda, y como en ésta, en él se coloca la primera piedra a partir de la cual surgen los distintos radios o rayos cuya fuerza ha estado y está destinada a abrir a los lectores las puertas de la inteligencia.

R. – En primer lugar tengo que aclarar que la Iniciación verdadera es un proceso íntimo, secreto, donde el hombre cambia el contenido de sus imágenes mentales a través de la reforma total de su psique, la que incluye una muerte al mundo conceptual profano, lo cual es una reconversión del ser, y por lo tanto va seguida de un nuevo nacimiento a un estado diferente. La Tradición, que como se sabe procede del latín tradere, transmitir, es la transmisión del Conocimiento, entendido éste en sus principios inmutables y universales, aunque también en sus aplicaciones a todas las esferas de la vida. De ahí la distinción entre esoterismo y exoterismo, que de un modo u otro se da en el seno de todas las tradiciones. El último es el que se ocupa de organizar moralmente las sociedades humanas, pues como afirma Platón, y pese a la visión moderna, moral y política son una misma cosa. El primero mantiene viva la llama de la Verdad última, mediante la cadena iniciática ininterrumpida, el "Hilo de Oro" que te mencionaba anteriormente para aquellos que son capaces de acceder a la realización espiritual propiamente dicha. La variedad de tradiciones pertenece al círculo exterior de la rueda. Ellas son los rayos que conducen al Centro, donde está ubicada la Tradición Original, Universal y Unánime.

P. – La revista SYMBOLOS encauza y manifiesta de forma práctica y concreta los distintos aspectos de la Vía Simbólica y de la gnosis Universal cumpliendo un papel fundamental en el panorama esotérico actual.

R. – SYMBOLOS se ha constituido, sin que lo haya pretendido, en una especie de atalaya desde donde observar el panorama del ambiente esotérico. Sus redactores y colaboradores están unidos en la identidad de un pensamiento que ha tomado como su vía la Simbólica. Y siempre ha estado abierta a cualquier tipo de pensamiento Tradicional y a todos aquellos cuya búsqueda en lo simbólico, cosmogónico, metafísico, esotérico y artístico les ha llevado al encuentro de la Filosofía Perenne.

P. – A estas alturas no estaría mal que explicaras qué es la cultura.

R. – Va de suyo que lo que entendemos por Cultura no son las artes y las letras imperantes en uno u otro periodo, ni lo que comprendemos por Tradición son ciertos usos y costumbres válidos para un tiempo histórico. Ni siquiera es el catálogo de los detalles de esos diferentes pueblos. Una Cultura es la concepción internalizada de un modo coherente de ser, que vivencian todos los integrantes de la misma. Es un organismo vivo que a los efectos de su manifestación ha tomado una estructura determinada que lo hace apto para la interrelación de sus distintos integrantes, cuyos canales se comunican entre sí con el objeto de satisfacer todas sus necesidades.

Esta forma particular de ver la organización, cultural o social, tiene especial interés no bien se reflexiona en que todas las ciudades o civilizaciones tienen un Origen Mítico, vale decir, sagrado. En un medio de esa naturaleza, la Tradición, en sí, no es sino la imagen del Mundo Arquetípico, Atemporal, que se expresa cíclicamente en la cinta del tiempo. Por lo tanto no hay Tradición sin Cultura ni Cultura sin Tradición. Sino que la Cultura que transmite la tradición es fundamentalmente una idea, un espacio otro, para decirlo de alguna manera.

Y ya que te has referido al tema de la erudición, me gustaría añadir que a veces la Sabiduría y el Conocimiento, por una cuestión de terminología podrían confundirse con una falsa intelectualidad y muchas veces, aún peor, con la erudición y catálogos de citas, nombres, fechas, referencias, a saber: con inmensas minucias, y en este sentido nuestra crítica a las universidades, verdaderos focos de ignorancia, y no me refiero a buenos o malos profesores, sino al sistema, el que además valora como menos a los autodidactas. Guénon, a los 20 años dejó el ambiente universitario ya que ahí no estaba el Conocimiento que buscaba. Lo mismo podría decirse cuando se confunde religión con Metafísica.

P. – ¿Cómo descubriste la Vía Simbólica y cómo nació tu interés por ella?

R. – Todos los que de alguna manera hemos entrado aquí lo hemos hecho atraídos por una poiesis. Yo no accedí por la vía de la erudición. No soy un gran erudito, sino un gran lector. Esas ideas emanadas de ciertos libros sagrados y tradicionales son las que van ubicándose en el imaginario hasta el punto de que van conformando una estructura y eso es uno. Según yo veo todos ustedes no pretenden ser eruditos. La erudición es como la parte burocrática del saber. Se trata de observar las relaciones que existen entre las cosas y ubicarse en el centro desde el cual las irradiaciones se van uniendo. Es aceptar un orden. Te vas estructurando a través de ese pensamiento que se va haciendo en ti. Para mí ha sido y sigue siendo fácil. También ves esa facilidad en otros, vengan con el bagaje que vengan.

P. – Algo que es imposible no destacar de tu forma de escribir y transmitir las ideas y la doctrina es la manera en que renuevas las palabras y los conceptos, de modo que las ideas eternas, aquellas expresadas por los sabios de todas las épocas y cuyo sentido trascienden toda individualidad, cobran vigencia y son salvadas por ese arte de la ley del tiempo. Eso mismo pasa con la obra de Guénon, cuya lectura facilitas al renovar conceptos que por razón de los más de cincuenta años transcurridos desde que fueron escritos habían perdido parte de su vigencia. ¿Cómo fue tu encuentro con Guénon?

R. – La lectura de Guénon me ordenó ideas y conceptos que tenía acerca de la Tradición Hermética y la Cábala que había estudiado. Pero debo salvar a esto que previamente había leído la crítica exhaustiva del autor al mundo moderno en mi juventud, con la que no comulgué enteramente ya que mi formación pertenecía a ese mundo. Alan Watts fue quien primero me abrió los ojos a la irrealidad e ilusión del mundo contemporáneo. El libro que leí de él muchos años después y que se hizo decisivo fue los Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, de Eudeba; luego apenas llegué a Europa, en un viaje a Francia me pude comprar el resto.

P. – Ya que hablamos de Francia, ¿qué opinas de aquellos que siguen la obra de Guénon, especialmente en ese que fue su país natal?

R. – En verdad ha habido un aprovechamiento de la obra de Guénon, y algunos han reunido a gente interesada en su obra, pero desde un punto de vista limitado. En Francia el rictus religioso hace que lo vean bajo el ámbito de la religión, aunque no en todos, y no el de la metafísica que es el que de esa obra yo estudié. En el campo de la Cábala la obra de Charles Mopsik es remarcable. Igualmente la Tradición Hermética y la Masonería han permanecido en ese país hasta este sol de hoy.

P. – Cuentas en El vientre de la Ballena tus conversaciones y encuentros con Sócrates, Platón, Orfeo, Proclo, Dionisio Areopagita…

R. – Eso es inevitable, es decir que tus verdaderos amigos sean los sabios y los maestros que han expuesto la doctrina. Sócrates es la imagen del Sabio para Occidente. En cuanto a Jesús para todos los occidentales ha sido un maestro y un amigo, pero nada tiene que ver el maestro Jesús con la bondad, el cordero, las estampitas.… Lo que está en las Escrituras es completamente otra cosa, y para comprobarlo no hay más que leerlo, y lo que verdaderamente de su mensaje interesa son las ideas en él contenidas, no los personajes que las enuncian.

P. – Muchos ven en ti un Maestro.

R. – Para mí cualquier persona que enseña es un maestro y muchos de los que me conocen me consideran como tal, pero yo creo que lo que han aprendido es la doctrina por mi intermedio, no que yo tenga una cualidad especial que otros no tengan, siempre que hayan experimentado la verdadera doctrina. Y ya que estamos hablando de Jesús, esa doctrina está expresada en los cuatro Evangelios que dicen cosas muy diferentes a lo que podrían pensar algunos santurrones que ni siquiera los han leído, y que constituyen las verdaderas enseñanzas de Jesús, y no que hubiera hecho este o aquel milagro, asuntos que al propio Jesús le tenían sin cuidado y que era lo que menos valorizaba de su mensaje. Te diré que según Platón su maestro Sócrates identificaba su función con la de un obstetra, lo que significa que no consideraba su oficio "magisterial", y ello es igual a decir que el verdadero maestro es una energía celeste que se hace en nosotros ya que en nuestro interior existe esa posibilidad. El auténtico maestro es divino, es el Cristo interno, como lo fue para los primeros cristianos y como lo es para todos aquellos que no tienen una visión simplista de las cosas.

P. – ¿Significa que son las ideas lo verdaderamente importante, y no el plano psicológico?

R. – Claro. Para mí la psicología no existe. No creo en los arquetipos psicológicos. Puede que haya ciertos tipos, pero todo eso carece de importancia. De cualquier manera, jamás me he permitido hacer uso de ella, comer el coco a nadie y jamás me he propuesto causar un efecto sobre las personas ni antes ni ahora. Lo que considero en mí es haber tenido una enorme paciencia, una virtud que con el tiempo es más valorada por mí.

P. – ¿Cuál es la meta para aquel que emprende el viaje del Conocimiento?

R. – No hay final del camino. El propio Conocimiento es el premio. En la vida profana hay la idea de que a uno le van a premiar por sus esfuerzos. Esta es una idea inconsciente. Aquí sin embargo el premio no existe. Los Dioses sólo se han dejado ver, de pronto sembrando más dudas que respuestas. Al poco de transitar por la Cábala uno se da cuenta de que las respuestas serían tan necias como las preguntas, en el sentido de que manifiestan la misma ignorancia. La vida del cabalista es bastante dura. Y la deidad un permanente asombro, como lo es que haya escogido un puñado apenas de gente para manifestarse en el descenso cíclico, y eso va a ser igual para cualquier persona que se interese en la simbólica en general y tenga la inmensa gracia de comprender, si no encarnar, el mensaje doctrinal.

Cuando no se tiene idea de a dónde se va, como sucede en la sociedad actual, las personas van impulsadas por sus ambiciones mínimas.

Como te dije antes, para Occidente Sócrates es la imagen del Sabio y ya ves, su final fue tomar la cicuta. Verdaderamente te puedo decir que nada me ha conmovido más que la Apología de Sócrates.

P. – Siempre has sido un gran viajero que has sabido impregnarte de todos los lugares que has visitado los que sin duda han influido en tu formación, me refiero a lugares tales como Nepal, el Norte de Africa, Grecia, Egipto, Turquía, etc. ¿Cómo debe entenderse el viaje en pos del Conocimiento?

R. – Como el trabajo interior los viajes auténticos también están en el alma y en la cotidianidad. Los viajes en la escala social, el que se hace al vivir en una ciudad mediana cuando se ha nacido en una gran ciudad, o trasladarse a un pueblo o una aldea, lo mismo de pronto pueden ser interesantísimos, me refiero a ponerse en el punto de vista de la gente de la calle. Eso es todo un viaje, el que lleva el hombre de a pie, el del campesino, del obrero y el empleado, y compartir sus vivencias.

P. – El Programa Agartha es una obra de una gran envergadura revestida de una didáctica asequible a cualquiera que tenga la ventura de interesarse verdaderamente por el Conocimiento y logre conectar con estos textos, los que sin duda le aportarán el orden y la disciplina necesarios para llevar a cabo la labor interna de autorrealización intelectual. Federico, ¿qué es el Agartha?

R. – Agartha es una escuela de pensamiento que traduce hoy día la Doctrina y la Tradición a todos los pueblos y tiempos, especialmente la Tradición Hermética. Agartha es además un espacio real aunque oculto a las miradas y los deseos de los simples mortales. Es también un espacio oscuro y subterráneo como es el alma humana, la caverna, y la interioridad, que ésta representa. Los habitantes del Agartha han comenzado a tomar a su propio ser como athanor, u horno, de la experiencia alquímica y han llegado, por su trabajo y la gracia de los dioses, a participar de los ámbitos y aulas de la Iglesia Secreta, así como a percibir la proximidad del Misterio y contar con la presencia permanente del Rey del Mundo, lo cual hace que consideren a las alegorías como intrínsecamente falsas, y negadoras, por su propia naturaleza, de la naturaleza metafísica y el auténtico mundo espiritual o intelectual, al que se llega merced a la estancia en la gruta, como lo sabe cualquier aspirante a yogui en los Himalayas. Agartha no está afuera sino dentro y es mucho más real que cualquier fenómeno, ser o cosa. Por ello es que sin necesitar de nada y de nadie ha permanecido y permanecerá idéntico a sí mismo en las condiciones actuales de la existencia terrestre, como el refugio de la inmanencia divina, contenida macrocósmicamente en la Shekinah y microcósmicamente en el Luz, nuez o almendra de inmortalidad, ubicada simbólicamente por la Cábala en la base de la columna vertebral del hombre. Los habitantes del Agartha han tenido que hacer un camino invertido con respecto a lo "normal" y "natural" y remontar una vía de ascenso paulatino, penosa y llena de pruebas; un peregrinaje en el interior de la caverna, lo que ha hecho que transformaran sus heces en piedras preciosas y los ha convertido en ciudadanos de la auténtica patria, es decir, verdaderamente universales y vinculados al gobierno interno del mundo.

P. – ¿Cómo crees que te has expresado mejor, en tus clases o en tus libros?

R. – Yo escribo lo que soy. No hay mayor diferencia entre lo que hablo y lo que escribo. Al menos eso era válido hasta hace unos años, pues cada vez hablo menos. No escribo ni una línea que no tenga que ver con lo que soy y con lo que me he identificado. Para mí las cuatro virtudes que respeto son como las de varias naciones precolombinas: valor, generosidad, paciencia y sabiduría. Fuera de esas no creo que me llame la atención ninguna otra, en primer lugar porque en todas ellas está implícito el amor y la caridad, así que no tengo por qué agregarle nada. Desde muy joven me fue muy útil aprender que debajo de la ropa todos estamos desnudos, aunque es verdad que esto evidentemente tiene otras implicaciones que lo puramente social, porque me enseñó también a ver que el cuerpo es un vestido del alma, que es al fin y al cabo también un disfraz del espíritu.

P. – Debo decir que me emocionó leer en tu último libro cómo llegaste a comprender que la Ciencia y Arte cabalístico que tanto te interesó desde siempre había llegado hasta ti gracias al Renacimiento.

R. – La Cábala hebrea propagada en medios cristianos es un ingrediente cultural fundamental en el Renacimiento y cuya transmisión se ha propagado hasta hoy, junto con la Tradición Hermética y la Platónica. Dentro de la legión de sabios debe destacarse a León Hebreo y sus Diálogos de Amor, obra traducida en varios idiomas. F. Secret, un inteligente investigador tanto de la Cábala como del medio en que ésta se manifestó cree que ella, aceptada o no, es un descubrimiento tan importante como el del Nuevo Mundo.

P. – ¿Cuál es la aspiración hoy en día de una escuela de pensamiento y hacia dónde se proyecta?

R. – Hoy como siempre abrir una puerta hacia la Sabiduría, entrada que por cierto también abre la clave de la Belleza por gracia del Amor.

Hay un depósito, una Ciencia Sagrada que la humanidad ha estado a punto de perder en numerosas oportunidades y que los iniciados en ese conocimiento han tratado de preservar y al mismo tiempo testimoniar y difundir de las más diferentes y aun extraordinarias maneras, pues siempre han pensado que cuando ese conocimiento se pierda definitivamente será el fin de esta humanidad sumida en la ignorancia y la peor brutalidad. En cuanto a los colaboradores de SYMBOLOS, estamos ejercitados en la concentración, donde la coexistencia de diferentes puntos de vista, incluso opuestos, pero en sus múltiples y extrañas relaciones, también complementarios, y por lo tanto capaz de conjugarse a perpetuidad, nunca es el producto de una fijación en un único carril de la mente, tomado apriorísticamente, y al que se aplica toda la voluntad forjada por razones que se aceptan como credos, con exclusión de todo tipo de conciliación de opuestos, o ejercicio del libre albedrío, y negando, u obstaculizando la entrega a la Inteligencia, diosa tan esquiva como real. En las dudas angustiosas, en la verificación de nuestra nada que cada vez es aún menos algo, o sea, con el instrumental del gabinete alquímico del alma, es que se percibe la simultaneidad de los eones y el perpetuo nacimiento de lo creado.

P. – Nada tan actual en el mundo de la difusión como Internet, un medio desde el que SYMBOLOS no sólo está difundiendo las ideas de la Filosofía y de la Tradición Unánime, sino que además el entramado que sus distintas Páginas han creado supone un material extraordinario que al día de hoy se halla en la red al alcance de cualquiera que quiera investigar en su contenido, los que tal vez buscan un apoyo u orientación en sus estudios. Es evidente que tratar sobre cada uno de esos escenarios desde los que se proyecta un mismo punto de vista, de la Ciencia Sagrada, requeriría un estudio completo. Por ejemplo, en lo que se refiere a la página de América Indígena (recomendada por distintas escuelas infantiles y juveniles americanas como textos de estudio sobre el auténtico legado de los antiguas culturas precolombinas), y otro tanto podemos decir de las demás páginas del anillo de SYMBOLOS, como es la dedicada a la Masonería, Textos Herméticos, Guía Bibliográfica, Alquimia, la tuya propia donde están todos tus libros, etc., conformando todas ellas la estructura de un diseño antiguo adaptado a la expresión más nueva.

R. – Sí, desde hace años ya estamos en Internet porque hemos advertido la importancia del medio y tenemos una media de 800 visitantes al día en el anillo que conformamos y donde sacamos una edición especial para la red aparte de los textos impresos editados por nosotros. La técnica moderna tiene eso, que acerca el pensamiento a un sinnúmero de personas a las que uno ni siquiera conoce. Es virtual el asunto (risas), pero las entradas están allí todos los días, o sea, que esto es un mensaje que se propala a los vientos y que los vientos lo lleven a donde sea. Es decir que nosotros preferimos sembrar al voleo, o sea, donde caiga y como caiga y no constituir una pequeña capilla ceñida de determinadas normas siempre restrictivas que en todo caso no es nuestra función representar.

P. – Para terminar, algunas personas sostienen, según he oído, que cada uno de tus libros es un capítulo de una obra mayor. ¿Qué opinas de esto?

R. – Me parece muy interesante esa lectura.

P. – ¿Cuál crees que es la característica que te define?

R. – La timidez.

BIBLIOGRAFIA

La Rueda. Una Imagen Simbólica del Cosmos, Ed. Symbolos. Barcelona, 1986.

El Simbolismo Precolombino, Cosmovisión de las Culturas Arcaicas. Kier, Bs. As. 2003.

En el Vientre de la Ballena. Textos alquímicos. Ed. Symbolos, 1990.

El Tarot de los Cabalistas. Vehículo Mágico. Kier, 1993.

Simbolismo y Arte. Ed. Symbolos, 1998.

Hermetismo y Masonería. Doctrina, Historia, Actualidad. Kier, Buenos Aires 2001.

Esoterismo Siglo XXI. En Torno a René Guénon. Muñoz Moya, Sevilla 2001.

Introducción a la Ciencia Sagrada. Revista SYMBOLOS 25-26, Barcelona 2003.

Las Utopías Renacentistas, Esoterismo y Símbolo. Kier, 2004.

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