SYMBOLOS
Revista internacional de 
Arte - Cultura - Gnosis
 

RENE GUENON, MAESTRO HERMETICO
JOSEMANUEL RIO

En su estudio "Algunas consideraciones sobre el Hermetismo"1 dice Guénon: "lo que se ha mantenido bajo este nombre de 'hermetismo', ¿puede ser considerado como constituyendo una doctrina tradicional completa en sí misma? La respuesta no puede ser más que negativa, ya que en eso no se trata estrictamente más que de un conocimiento que no es de orden metafísico, sino sólo cosmológico, entendiendo esta palabra en su doble aplicación 'macrocósmica' y 'microcósmica'". Sin embargo afirma en otro lugar: "podemos mencionar como ejemplo a los alquimistas, cuya doctrina era sobre todo de orden cosmológico; pero la cosmología debe tener siempre por fundamento cierto conjunto más o menos extenso de concepciones metafísicas."2 Efectivamente no está acabada la obra de la Creación, siempre hay una unidad que agregar, como ya mismo ocurre en la serie numérica indefinida, y la Cosmología, "una de las ciencias más 'sagradas'", no puede ser completa sin la Ontología de la que depende y de la cual es manifestación, o sea sin la Unidad Original que es el Principio del Cosmos y que en realidad no es sólo eso, pues es en sí misma el Ser Universal, verdaderamente supra-cósmico, es decir metafísico. Sin embargo la Metafísica es aún más amplia, pues el Ser engloba solamente todo aquello que puede ser afirmado del Principio; más allá de esto queda el No-Ser –el En-Sof de la Cábala–, aquello a lo que no podemos referirnos más que en términos Negativos. La realización de la identidad del Principio de los estados del ser –y por lo tanto de un ser– con el Principio incondicionado es el conocimiento de la No-Dualidad o Suprema Identidad. Su magistral exposición tanto de la Metafísica universal como de la Cosmogonía unánime y del símbolo, hace de Guénon un guía intelectual para la Tradición Hermética.

Con el nombre de Hermetismo no siempre designa René Guénon exclusivamente "una tradición de origen egipcio, revestida después de una forma helenizada, sin duda en la época alejandrina, y transmitida bajo esta forma, en la Edad Media, a la vez al mundo islámico y al mundo cristiano"3, como podemos ver expresará René Guénon en su estudio sobre El Esoterismo de Dante (Ed. Gallimard 1991):

"Lo que ofrece un interés muy particular para la historia de las doctrinas esotéricas, es la constatación de que varias manifestaciones importantes de estas doctrinas coinciden, en pocos años, con la destrucción de la Orden del Temple; hay una relación indiscutible, aunque bastante difícil de determinar con precisión, entre estos diversos acontecimientos. En los primeros años del siglo XIV, y sin duda ya en el curso del siglo precedente, había pues, tanto en Francia como en Italia, una tradición secreta ('oculta' si se quiere, pero no 'ocultista'), la misma que debía llevar más tarde el nombre de tradición rosacruciana. La denominación de Fraternitas Rosæ-Crucis aparece por primera vez en 1374, o incluso, según algunos (concretamente Michel Maier), en 1413; y la leyenda de Christian Rosenkreuz, el fundador supuesto cuyo nombre y cuya vida son puramente simbólicos, quizás no fue enteramente constituida más que en el siglo XVI; pero, acabamos de ver que el símbolo de la Rosa-Cruz es ciertamente muy anterior."

"Esta doctrina esotérica, cualquiera que sea la designación particular que se le quiera dar hasta la aparición del Rosacrucianismo propiamente dicho (si es que se encuentra necesario darle una), presentaba caracteres que permiten hacerla entrar en lo que se llama bastante generalmente el hermetismo. La historia de esta tradición hermética está íntimamente ligada a la de las Ordenes de caballería; y, en la época de que nos ocupamos, era conservada por organizaciones iniciáticas como la de la Fede Santa y los Fieles de Amor" –y dicho sea de paso Guénon acepta también una Masonería céltica, revestida de formas cristianas como conservadora de la tradición primero mencionada y uno de los orígenes de la Masonería moderna (p. 35-36).

Al mismo tiempo la corriente Pitagórica se hace presente en el núcleo de las Artes Liberales: "es precisamente esta misma tradición [la tradición pitagórica], la que permite comprender el papel 'solar' atribuido a la aritmética, de la que hace el centro común de todas las demás ciencias" (p. 15). ... subrayando "la importancia fundamental que tiene el simbolismo de los números en la obra de Dante", simbolismo que "no es únicamente pitagórico" y "se encuentra en otras doctrinas por la simple razón de que la verdad es una" (p. 16), tema al que dedicará el cap. VII de esta obra; afirmando por otra parte que "es más bien al Pitagorismo que a la Cábala al que, bajo esta relación [el 'empleo de la ciencia de los números'], se podría vincular Dante, que, muy probablemente, conoció sobre todo del judaísmo lo que el cristianismo ha conservado de él en su propia doctrina." (p. 32). Es interesante destacar que coetáneamente a Dante, y aunque este no llegara a conocerlo, aparecía en España el Zohar, uno de los textos cabalísticos más importantes, y que también incluía la doctrina de las diez "Numeraciones" o aspectos divinos que conforman el Arbol de la Vida sefirótico de la Cábala y de la que ya hablaba el Sepher Yetsirah.

De hecho, el Zóhar aparece simultáneamente en Castilla en 1280-90 de mano de Moisés de León (se lo considera escrito c. 1275)4 conteniendo estas doctrinas –que incluyen ideas gnósticas que también hereda el Hermetismo– que fermentarán en España y se propagarán por la Península y por Europa, también por el éxodo obligado de los judíos decretado en 1492, y seguramente por ese medio llega a Italia, y al resto del continente, donde ya existían grupos cabalísticos en asentamientos judíos (por ejemplo, Abraham Abulafia enseña en Italia y Grecia al mismo tiempo que se escribe el Zóhar).

Lo que nosotros llamamos aquí Tradición Hermética incluye parte de la Cábala –y de lo que hoy se llama la Cábala Cristiana del Renacimiento–, aunque para Guénon esta última terminología no existe, por lo que lo más probable es que la esté incluyendo en el Hermetismo cristiano. La Cábala se incorpora a la historia del Hermetismo con la participación del iniciado Juan Pico de la Mirándola (s. XV) que la había recibido de Elía de Médigo aunque debe nombrarse igualmente al judío Flavius Mitrhidates, al español Pablo de Heredia y a Guillermo de Sicilia y otros cabalistas radicados en Italia (v.g., Ferrara, Sicilia y Roma). Y así la Cábala hebrea, a través de la llamada Cábala Cristiana se incorpora al Hermetismo Renacentista, a una reagrupación del Hermetismo anterior a la Reforma y la Contrarreforma, extendiéndose desde Italia a toda Europa.

Sin embargo el llamado Movimiento Rosacruz de las primeras decenas del siglo XVII, manifestación contemporánea de los 'invisibles' Rosa-Cruces, no identificados con ninguna individualidad histórica determinada, será abortado rápidamente. Según Frances A. Yates (El Iluminismo Rosacruz cap. II: "La tragedia de Bohemia")5 "la batalla de la Montaña Blanca es un hecho de importancia fundamental para la historia de Europa" (p. 39); dicha batalla significó la derrota total de Bohemia y el Palatinado por parte de la liga católica austríaco-española en 1620, y el comienzo de la Guerra de los Treinta Años. Esta implicó el arrasamiento de esas regiones y el desencadenamiento de la caza de brujas de la Contrarreforma, que incluiría desde luego todo lo que tenía que ver allí con dicha manifestación Rosacruz. Le pondría fin el Tratado de Westfalia, el cual, desde el punto de vista espiritual de Guénon, siguiendo a St.-Yves d'Alveydre, marca la desacralización completa de Europa y señala la fecha simbólica de la "retirada al Oriente" de los Rosacruces, es decir la de su reabsorción en el Centro supremo dadas las condiciones de la época; desde el punto de vista de F. Yates sobre este hecho sucedido cinco años después de la aparición del primer Manifiesto, y al que considera decisivo en la Historia de la Tradición Hermética, implica la suspensión de las ediciones en Alemania (todavía aparecerá alguna obra en Francfort), trasladándose la centralización de lo que queda de este movimiento a Inglaterra (Robert Fludd ya había publicado sus obras más importantes en la imprenta palatina, al igual que Michael Maier la gran mayoría de sus textos alquímicos), Irlanda, y a Escocia: la que parece ya había recibido a caballeros templarios siglos antes, desembocando todo ello en la Masonería tal cual hoy se la conoce.6

Se trata pues, esta Tradición, no sólo de lo expresado en los textos que se conocen bajo el nombre de Corpus Hermeticum, de la Astrología y de la Alquimia, sino del Neoplatonismo de Marsilio Ficino, refundador de la Academia Platónica de Florencia, y la Cábala principalmente Sefirótica fundamentada en el Arbol de la Vida y su doctrina, que incluye como dijimos la doctrina de las diez "Numeraciones", en perfecta correspondencia con la década Pitagórica y modelo del macrocosmos y el microcosmos. Por otra parte debe señalarse aunque pueda chocar a primera vista una herencia Caldea y Orfica –los Oráculos Caldeos tuvieron una gran importancia en la Escuela Neoplatónica, tanto para Proclo (jefe de la Academia de Atenas en el s. V por 40 años)7 como para el Renacimiento, y lo mismo sucedió con el Orfismo que fue considerado al igual que el anterior como parte de una Teúrgia,8 y la más elevada de una Enseñanza que tomaba a Platón como intermediario.

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Para el Hermetismo contemplar la Cosmogonía es conocerla como símbolo,9 es decir como manifestación de su Autor, de la Inteligencia que ella está revelando, y al cantar su armonía se elevan todas las cosas con el hombre: no es que el hombre ha de dejar el mundo, lo que deja es la visión profana de la realidad, que ha dividido al mundo y a él y lo ha separado de la Deidad. La máxima expresión de la armonía es la conjunción de los opuestos, el lugar en que se da es el Centro. El conocimiento de ese Centro se da en el corazón del hombre. El Centro es el punto donde el eje corta a las condiciones que definen un estado de existencia. En ese Centro el ser se abre a la metafísica, al unir los dos polos opuestos a través de su unidad inmanifestada, que ya es simbólicamente supra-cósmica. Es decir, hay un Cosmos inmanifestado pero afirmado: los Principios o Arquetipos (el plano de Atsiluth del Arbol Sefirótico) del cosmos que es Creación (Beriyah) y por lo tanto un reflejo –aunque Informal– que se reviste de Formas sutiles (Yetsirah) que se concretizan en la manifestación Sensible (Asiyah); son los Principios ontológicos del Denario presididos y resumidos por el Ternario y "emanados" por la Unidad del Ser (Kether), el origen de todas las Numeraciones. La que se refleja a sí misma en el Cuaternario con el que comienza la Manifestación (y el Mundo de Beriyah), en la que siempre estará presente, en forma inmanente, en cualquiera de sus elementos, aquel Ternario que vehicula al Centro, y por lo tanto al Eje, y que actúa en todo equilibrio o unión de complementarios y en toda solución de opuestos. En cuanto a la metafísica no hay nada para ella pues no se queda en lo afirmativo y todo desaparece en la trascendencia del Todo inmanifestado.

Y análoga es la naturaleza del símbolo (revelada) dondequiera que se lo encuentre, y el hombre mismo es un símbolo. "Dios tiene dos imágenes: el cosmos y el hombre" como dice el Corpus Hermeticum, o también "El hombre es imagen del cosmos, y el cosmos es imagen divina". Esto es la base de la enseñanza hermética o simbólica, tal como lo manifiesta la Tabla de Esmeralda que es una expresión de la identidad, de la unidad del En to Pan. Al conocer el cosmos, es decir al conocer los Números (númenes) o Ideas que lo conforman, su síntesis ontológica, el hombre se eleva por su intermedio al conocimiento de la Deidad que lo produce y que ha incluido la posibilidad de trascenderlo a través del vacío central de la Rueda. Los números, vehículos de la unidad de la que se generan, y letras a su vez, están en el corazón de toda forma tradicional sirviendo en ella de concordia vertical y horizontal, constituyendo un simbolismo fundamental que posibilita el entendimiento de esas "lenguas" entre sí. Todo símbolo es susceptible de una transposición a un nivel superior, por eso es un símbolo, es decir es revelado y vehículo de Revelación. Siendo uno con El que escribe en el Libro de la Vida, o sea en el Cosmos manifestado, tal como se dice del Maestro, y siéndolo con toda su naturaleza de ser humano, ha llegado al final de los Misterios menores y se identifica con Adán, con el Adán primordial que puede nombrar todas las cosas porque las conoce como emanadas de sí mismo, como siendo sin "separación" y reproduciendo a su manera inevitable e inmediatamente los Arquetipos divinos, es decir las posibilidades del Ser que es el Centro de todos los radios. Permaneciendo en el Centro con él se elevan todas las cosas a la Unidad Trascendente al identificarse con el Principio Supremo y ser absorbido en el Origen Inmanifestado, lo cual es la teúrgia o ese sacerdocio "perenne" desde el punto de vista de la manifestación; todo lo demás ocurre fuera del tiempo profano y de toda sucesión. Sería absurdo pensar que "después" del estado primordial, o que para acceder más allá del estado primordial hace falta una nueva iniciación "exterior" distinta o un nuevo camino pautado a recorrer de modo ordenado, puesto que la iniciación, según René Guénon, se hizo necesaria a partir de cierto punto de la "caída" cíclica, no siéndolo para los hombres de aquella Edad de Oro en la que el desarrollo espiritual era "espontáneo" y como natural.

Lo que caracteriza entonces a un brahmán que lo sea de verdad y no sólo exteriormente –y es lo primero aquello que es verdaderamente la "casta", que significa el "color", el cual representa la "resultante" de los tres gunas (blanco, rojo y negro: sattwa, rajas y tamas) que hereda por el hecho mismo de su cualidad de ser manifestado10– es su capacidad de realización en el grado que fuere de los estados superiores al individual humano11 hasta incluir en el mejor de los casos la plenitud de la realización metafísica. No debe establecerse entonces una división absolutamente tajante entre el kshatriya y el brahmán (sin olvidar al vaishya, que pertenece igualmente a la casta de los "nacidos dos veces") ni entre el "poder temporal" y la "autoridad espiritual" que están separados en la Tradición hindú –y en la historia del Cristianismo– por la polarización de un Principio único, en su manifestación a raíz de la caída cíclica, y si vemos que los Misterios menores son un paso en la totalidad de la Iniciación que es una sola cosa, un segmento del camino en una vía que es única, no hay que dejar entonces que la didáctica –la dialéctica: "el ver a través" del discurso– que se expresa en la obra de Guénon se configure en unas realidades separadas unas de otras, se objetivice en conceptualizaciones aisladas y por lo tanto antagónicas, cuando se trata de modelos teóricos (la contemplación de la naturaleza interna de las cosas con la que no siempre coinciden sus expresiones humanas), es decir de modelos conceptuales que traducen a través de funciones exteriores –luego en el mejor de los casos simbólicas– las fases de un solo proceso que siempre seguirá la Voluntad del Cielo, pues de esa manera se particularizarían en forma materialista tal como las de una ciencia profana. El sacerdocio –como grado de iniciación– no se "practica", se realiza; lo demás son las funciones sociales, que como la institución de las castas, siempre son exteriores, aunque sean una expresión de la Tradición a través de la sociedad que ella configura.12 Por otro lado, hoy en día las castas están "mezcladas" y el modelo válido sigue siendo la analogía de ese cuaternario con la constitución del individuo (microcósmica, y no social), independientemente de la correspondencia con el estado de aquellas funciones. Por otra parte mientras esté "constituida" la autoridad espiritual, el símbolo del Eje para una forma tradicional (y aunque permanezca totalmente desconocida "incluso para sus propios representantes", cf. Autoridad espiritual y poder temporal, final), habrá un "ancla" en este mundo que permitirá que esa forma incida en el tiempo –que no desaparezca en lo "histórico"–; mientras tanto el Eje efectivo se realiza a partir del Centro del estado humano: "El Pardes, considerado como 'centro del mundo', es, según el sentido originario de su equivalente sánscrito paradêsha, la 'región suprema'; mas también, según una acepción secundaria de la misma palabra, es la 'región lejana', tras haberse hecho inaccesible a la humanidad ordinaria por efecto de la progresión del proceso cíclico. En efecto, en apariencia al menos, es la zona más alejada por estar situada en el 'fin del mundo', entendiéndose éste en el doble sentido espacial (...) y temporal (...); no obstante, en realidad siempre está muy próximo, puesto que nunca ha dejado de encontrarse en el centro de todas las cosas"13. La función principal del "sacerdocio" es la Enseñanza, que es la transmisión por excelencia de la Tradición no-humana e incluye todos los medios para su realización, incluso el inmenso mandala de una Cultura, tan abierta como el mundo y los hombres que la pueblan, siempre que se respeten las leyes del símbolo, su naturaleza. La verdadera autoridad espiritual es supraindividual, así la manifieste un brahmán, un chamán u otro intermediario.

Respecto a la actitud ante lo cósmico no se trata de sustituir un ídolo por otro, por muy bello que éste fuere, sino que para el Hermetismo el cosmos no es un estorbo, es un símbolo, y por lo tanto un soporte de revelación y un vehículo de conocimiento de aquello que está más allá de él mismo, lo cual es en realidad lo mismo que la naturaleza del arte, y por lo tanto del rito y del mito que son sinónimos de aquél. Esto a diferencia de otras escuelas que han visto a la creación como mala, como obra de un Demiurgo que ha de ser negado, pues es una realidad invertida con respecto a la naturaleza del verdadero y más elevado autor de todas las cosas.14 Lo cual es una forma lícita de verlas, pero probablemente unilateral, o al menos lo es si se reduce sólo a esto15 pues implica olvidar la dualidad inherente a toda manifestación, que siempre se encuentra entre dos polos que ya no se asumen en la pureza o transparencia de su realidad inmanifestada (y que más allá no son sino como las dos caras de una sola cosa que desaparecen en la unidad de la misma) sino en sus reflejos relativos con respecto a un mundo; es decir inherentes a un conjunto de condiciones percibidas como tales por nosotros en cuanto habitantes de él, tanto más difícil de superar cuando esa percepción va cargada con la herencia de un devenir cíclico, que se acerca a su punto más extremo de oscurecimiento. Y que al menos en un sentido es parcial esa forma de ver lo demuestra la Alquimia en tanto que es capaz de purificar la materia y devolverla a su estado original, el blanco perfecto, y de matrimoniarla con el espíritu y obtener el rojo, y universalizar este logro conseguido gracias a la transmutación (más allá del constante cambio de las formas) y la transformación (más allá de la forma, tomada ésta como la condición emblemática y definitoria de un estado individual como el humano, en contraposición a lo universal o supraindividual)16.

No deja de ser interesante observar que dos de los últimos libros publicados por Guénon, El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos y La Gran Tríada, son libros totalmente hermético-alquímicos, y quizá sea aquí un lugar adecuado para señalar que el estado primordial, o el "hombre verdadero" es un estado "polar" para la manifestación de su "mundo", el reflejo directo del polo espiritual que es el verdadero Maestro del primero, lo mismo que para la Cábala hebrea es Metatron, polo que es el verdadero iniciador en los Misterios Mayores, cualquiera sea su designación en determinada forma tradicional.17

Los Estados múltiples del Ser puede ser tomado, sin negar cualquier otro de sus aspectos, como un libro de la Tradición Hermética o Vía Simbólica en el sentido amplio en que dijimos. Se trata según el propio autor de un "complemento" a la "representación geométrica del ser íntegramente basada en la teoría metafísica de los estados múltiples" expuesta en El Simbolismo de la Cruz, "teoría que debe ser considerada como absolutamente fundamental" (Prefacio).18 El libro de Guénon se basa en la geometría y por lo tanto en el número, y así pues en una de las Artes liberales, y en el corazón de las mismas, como expresa el propio autor en su artículo sobre "Las artes y su concepción tradicional": "... se puede decir que lo que constituye el fondo mismo de todas las artes es principalmente una aplicación de la ciencia del ritmo en sus diferentes formas, ciencia que se relaciona ella misma directamente con la de los números; y por otra parte debe entenderse bien que, cuando hablamos de ciencia de los números, no se trata de la aritmética profana tal como la entienden los modernos, sino de aquello cuyos ejemplos más conocidos se encuentran en la Cábala y en el Pitagorismo, y cuyo equivalente existe también en todas las doctrinas tradicionales, con expresiones variadas y con desarrollos más o menos extensos." Y por lo tanto es un modelo constructivo, una "obra de Arquitectura" expresada a través de la ciencia con la que se ha identificado tradicionalmente la Masonería: la Geometría, de raíces pitagóricas, transmitidas posteriormente a través de la adaptación de Euclides19: "... en la arquitectura, el ritmo se expresa directamente por medio de las proporciones que existen entre las diversas partes del conjunto y también por medio de las formas geométricas que, en definitiva, desde el punto de vista que consideramos, no son más que la traducción espacial de los números y de sus relaciones".

En el Hermetismo del Corpus Hermeticum el verdadero iniciador es el Nous o Intelecto divino considerado aquí no sólo como el principio inteligente del hombre, y revelador de la Ogdóada y la Enéada: Poimandrés, el pastor del hombre, análogo por tanto al "Maestro interno", sino también, en su origen divino, como el Espíritu o Intelecto del Hombre universal, del Adam Qadmon de la Cábala, el Verbo (Logos) como Luz del Mundo, idéntico a él –en el sentido de participación en su naturaleza– por su función mediadora que uniendo todas las cosas incluso las existencias separadas o angélicas es el que conjuga ambos polos, pues es de naturaleza universal y como ocurre con la luz no se puede separar al rayo de su fuente.20

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Todo se eleva al aproximarse al estado primordial, en el que la manifestación es el Libro divino escrito en presente simultáneamente en todos los estados. La Alquimia misma proviene del estado primordial, no por su "puesta en práctica", que se actualizará cuando sea necesario recuperarlo (a menos que consideremos ese desarrollo natural y espontáneo de aquellos seres de la primera Edad, el "Reino de Saturno", como una consecución "al rojo", a partir del "blanco" de ese estado) pero sí en cuanto al origen de la doctrina que conducirá, en la aplicación de la Alquimia a la recuperación de la Unidad original, el Oro alquímico. Una fase es solar, la plena "iluminación" intelectual-espiritual del cosmos, o sea del símbolo total, la segunda es polar, oscurecimiento del cosmos e "iluminación" del Principio supracósmico, cuya realización está simbolizada por el paso más allá de la Estrella Polar. La primera es el nacimiento del Niño alquímico, la segunda su crecimiento, maduración, sacrificio y posterior resurrección. (Ver especialmente los caps. XXX a XXXIV de Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada).

"... la participación en ambos principios existe para todo ser manifestado, y se traduce en él por la presencia de los dos términos, yang y yin, pero en proporciones diversas y siempre con predominancia de uno o del otro; la unión perfectamente equilibrada de estos dos términos no puede ser realizada más que en el 'estado primordial'[21]. En cuanto al estado total, ya no puede haber cuestión en él de ninguna distinción entre el yang y el yin, que han regresado entonces a la indiferenciación principial; ni siquiera pues se puede hablar aquí del 'Andrógino', lo que implica ya una cierta dualidad en la unidad misma, sino solamente de la 'neutralidad' que es la del Ser considerado en sí mismo, más allá de la distinción de la 'esencia' y la 'substancia', del 'Cielo' y la 'Tierra', de Purusha y Prakriti. Es sólo entonces en relación con la manifestación que la pareja Purusha-Prakriti, tal como decíamos más arriba, puede ser identificada con el 'Hombre Universal'[22]; y es también desde este punto de vista, evidentemente, que éste es el 'mediador' entre el 'Cielo' y la 'Tierra', al desaparecer estos dos términos mismos desde que se pasa más allá de la manifestación". (El simbolismo de la cruz, cap. XXVIII: "La Gran Tríada"). La obtención de una correspondencia perfecta entre lo interior y lo exterior constituye la "obra maestra" en el verdadero sentido de esta palabra, y más cuando se aplica al ser humano. Ese será el soporte para elevarse al principio inmanifestado de todos los complementarios.

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El esoterismo se diferencia de la teología en que se trata del Conocimiento de la realidad espiritual efectuado en el proceso de la iniciación, no de su descripción más o menos racional enmarcada obligatoriamente en los límites de una "forma" religiosa que es tal por lo que la diferencia de otras "formas", no como la metafísica que es una siempre y en todo lugar y es el conocimiento verdadero. La efectivización de la iniciación es la esencia del esoterismo y con respecto a ella es profano también lo religioso, o mejor dicho el "exoterismo" en general –una lectura de las cosas que no cabe en ese espacio, de hecho, que no sirve sino que es un estorbo ya que el ser va a ser despojado para conocer directamente. El símbolo, está presente en ambos dominios, aunque hay símbolos que son puramente esotéricos e iniciáticos. De hecho, el símbolo, en su parte sensible, y siempre que se trate de la misma representación, pertenece al exoterismo, o dicho de otra manera y mejor, esa es la parte "exotérica" del símbolo, pero su lectura, la comprensión cabal o "recta" (vertical)23 de lo que simboliza, pertenece al esoterismo. En lo religioso, el símbolo es alegoría, porque si fuera lo que es, es decir, si se tratase de una lectura "vertical" de él, estaríamos en el mundo o ámbito del esoterismo, que sólo es el que abre a su comprensión.24 Hay símbolos que son puramente esotéricos, como los alquímicos y la mayoría de los específicamente iniciáticos, otros se encuentra por doquier y en la Naturaleza así como en el Arte. Todo eso no quita la influencia de ese símbolo –y todo verdadero símbolo es revelado– como tampoco la del Libro Sagrado, al que le toca la misma cualidad simbólica de vehículo de las energías espirituales que le han plasmado y a las que sirve de soporte, provengan de la Deidad constructiva directamente o por intermedio de los dioses o estados superiores del ser.

La Tradición Hermética (o la Vía Simbólica como algunos preferimos llamarla), procedente del estado al que debe conducir, ajena a las instituciones si no es para "informarlas" –en el sentido medieval de "forma" por contraposición a "substancia"– o para "revivificar" sus contenidos olvidados, es así la expresión, la modulación de una Tradición intemporal, y por ello de una irradiación de la Tradición Primordial, como lo demuestra la acción de los Rosacruces desde el centro invisible de la Rueda, algunos de cuyos rayos iluminaron un periodo histórico de Occidente. Por lo demás, todos los símbolos fundamentales pertenecen a la Tradición Unánime.

Si "la vida entera no es sino la manifestación de un gesto, la solidificación de una Palabra, que contemporáneamente ha cristalizado un código simbólico", y "ese es el libro de la vida y del universo, en el que está escrito nuestro nombre y el de todos los seres y las cosas, y los distintos planos en que conviven y se expresan, comunicándose perpetuamente, interrelacionándose entre sí a través de gestos y símbolos",25 también es una estructura numérica visual que se hace audible por evidente y que es un puro arte "abstracto" y una grafía del Cosmos como símbolo, como emanación y manifestación de los Nombres divinos, que caracterizan a una forma tradicional por el acento en determinados números o estructuras a diferencia de otros, pero números que siempre pueden reducirse a los fundamentales (al denario y con él a la unidad, en el Pitagorismo y la Cábala, que como todas las tradiciones consideran al cuaternario como el comienzo de la manifestación), los cuales no son propiedad de ésta o aquella 'Forma' tradicional pues son simultáneos con la Creación y están implícitos en ella, así se expresen en figuras, ritmos, letras de la lengua sagrada, o en la Naturaleza misma y el ser humano. La Tradición Pitagórica es considerada por René Guénon como poseyendo un origen Polar: "Es oportuno notar, a este respecto, que el 'Dios geómetra' de Platón se identifica propiamente con Apolo, quien preside todas las artes; esto, que por otra parte ha derivado directamente del pitagorismo, tiene una importancia particular en lo que concierne a la filiación de algunas doctrinas tradicionales helénicas y su conexión con un origen primitivo 'hiperbóreo'" ("Las Artes y su concepción tradicional", cap. III, parte II, de Mélanges, Gallimard, París, 1976).

La iniciación incluye la transmisión de un elemento vital que es la envoltura de la influencia espiritual, y que por lo tanto sirve de protección y de intermediario. Esto, que corresponde a los niveles del propio símbolo, es así tanto en la iniciación "institucional" como la masónica, como en la enseñanza directa y viva, esté sellada o no por un rito (el estudio y la enseñanza misma lo son) específico o previo26; en cualquier caso, esa impronta en la 'historia' de ese ser –y el tiempo, junto con el espacio constituyen las "condiciones esenciales" de la existencia individual humana nos dice René Guénon– llevará al aspirante si se alimenta con los ingredientes adecuados (el amor por el Conocimiento y los "vehículos" de ese Conocimiento) al comienzo de su iniciación. Sea que ese suceso (pruebas, compromiso-muerte: un primer nacimiento) se produzca entonces mismo, o bien, siguiendo las "acciones y reacciones concordantes" guiadas por la relación analógica que encadena a todas las cosas entre sí y con su Principio, en otro momento del tiempo y lugar de la geografía vertical, del espacio finalmente sacralizado. Siempre será un rito, como lo expresa el simbolismo del tejido y la anudación o ligazón de un punto de la trama con la urdimbre, de la horizontal con la vertical.27

Un error del literalismo es suponer que una "organización" iniciática tiene siempre la forma de una "institución" en lugar de ser un "organismo" cuyos miembros pueden incluso no "conocerse" siquiera individualmente –cuando hasta en una institución iniciática como la Masonería se cambia de nombre pues la individualidad "profana" ha de quedar fuera del espacio sagrado, "cosmizado" a la luz de su Modelo. 28

Algo parecido hemos observado que ocurre con la palabra "magia" y otras entrecomilladas por René Guénon para advertir el cuidado con el que hay que utilizarlas o interpretarlas, especialmente cuando no hay otra que pueda sustituirlas. Sin embargo, la "literalidad" que toma siempre al símbolo por alegoría, a la letra por el espíritu, no hace otra cosa que invertir las cosas, y con la pretensión –el disfraz– de construir, se dedica a hacer una jaula, al no poder salir de aquella prisión. Los dioses, las potencias de la Inteligencia divina, habitan las cosas, los símbolos,29 revelándose en el alma, pues la manifestación de la Palabra Divina en acción es simbólica a distintos niveles, y permanente su Discurso sagrado, en el punto de que todo, más allá del discurso temporal o sucesivo, son las estructuras de los proyectos permanentes de la Construcción universal, realizados de hecho ya en lo divino, pues en su principio ni siquiera es el cosmos informal constituido por estados superiores pero "aún condicionados", y por lo tanto a partir de ahí un puro rito de contemplación es la vida del hombre, que es al mismo tiempo otra cosa que sus limitaciones gracias a lo cual puede concebir lo Ilimitado. El Conocimiento es un hecho que se da en el presente, más allá de los ciclos que nos aprisionan en el tiempo y que pueden transformarse en los númenes que hablan con los hombres, vehículos de la Deidad que a su través se da a sí misma como un don: inmanente en todas las cosas, por eso mismo no pueden encerrarla. El exoterismo forma parte de la determinación individual, como el nombre otorgado en el bautismo cristiano y por el que se reconoce al individuo en la sociedad. Si hay que "hacer la mayor parte posible a lo tradicional" en la existencia individual, el asistir a los ritos exotéricos (sin importar la cualidad de éstos) no es el único medio, lo que no quiere decir que el hecho de pertenecer a esa forma tradicional, de ser cristiano, no sea una constante y una referencia. En estas circunstancias y estado de cosas, y dejando aparte la "superstición legalista" no se ve qué razón pueda haber, porque si fuera cuestión de "influencia espiritual", al final lo que se plantea con respecto a los ritos exotéricos, es que sean una "condición de la iniciación", es decir, a fin de cuentas, como si, en el cristianismo por ejemplo, los sacramentos fueran iniciáticos, cosa que Guénon ha negado en su estudio "Cristianismo e Iniciación".30 Esa es la cuestión que subyace en última instancia. Si se trata de aprovechar los aportes pasados y presentes de la colectividad, la entidad "psíquica" informada naturalmente por una proyección espiritual (que de todas formas no tiene como objetivo el hacer salir al ser particular de las condiciones que definen su estado ya que sus ritos son exotéricos), por medio de los símbolos que la constituyen, entonces sí se entiende que sea una "base", pues representa a su manera y dentro de sus límites, el conjunto del estado individual, tomado simplemente como una "colectividad" que participa de una forma cultural más o menos homogénea, que en cualquier caso debe ser trascendida, como parte de la transmutación del individuo que participa de ella y ha recibido la impronta de sus imágenes culturales y aún a pesar de que el Origen de la Institución sea no-humano, que es a donde de todas formas se dirige la oración.31 Como parte de la herencia del medio, de la lectura que se posee de las cosas, todo ha de entrar en el athanor alquímico y ser disuelto en sus constituyentes, que volverán a los elementos a los que pertenecen dejando espacio para la identificación con lo que es verdaderamente supraindividual; y desde el punto de vista del conocimiento iniciático, lo colectivo no existe más que como prolongación de lo individual (lo que no es poco).

Lo exotérico, y más aún dentro de ello lo religioso, que implica mayores compromisos y limitaciones, no viene del mismo lugar que lo esotérico y menos que lo iniciático, salvo que se lleve todo a una última instancia –como puede hacerse con todas las cosas– y se lo considere en el mejor de los casos, y no puede conducir a lo mismo. Al contrario, puede ser el mayor obstáculo por su "aparente" proximidad a aquello, especialmente en las condiciones actuales.

En su mejor momento de amplitud horizontal, en la Alta Edad Media (pues hay que dejar aparte el cristianismo iniciático de los primeros tiempos), éste no fue un exclusivismo formal (esto sin olvidar todos aquellos sabios, parte de ellos hermetistas y/o alquimistas, que incluso pertenecieron al sacerdocio)32 y fue capaz de dar cabida a la presencia y herencia de otras tradiciones e incluso de preservarlas gracias a la universalidad de los símbolos y a su reconocimiento de los mismos. Hoy, o bien genera el fanatismo o la somnolencia, o en el mejor de los casos, colabora en la nigredo al fomentar la "melancolía" de Saturno –el "humor melancólico" del Renacimiento– en aquellos que no pueden conciliar sus degradadas propuestas con su propia necesidad de alimento espiritual y el testimonio de las palabras de su fundador.

A diferencia de la perspectiva religiosa de los últimos siglos, la hermética o simbólica se alegra de la presencia de toda expresión simbólica tradicional, igual que de todo arte o ciencia sagrados, y no se trata en absoluto de estética, como se sabe, sino que como se ha repetido muchas veces, la inteligencia goza con lo que la revela, comenzando por el Universo como un todo y siguiendo por el hombre: ya que el primer símbolo es el hombre, creado a imagen de su Creador y sujeto del Arte33 en todos sus aspectos, y responsable ante Él y ante su Sí-Mismo de la calidad de su adecuación según las posibilidades que le son entregadas. Y este hombre es capaz de comprender otros símbolos, y reunirlos en la síntesis de su propio significado y cumplir así la labor que le está encomendada, la de terminar, llevar a su fin, por el retorno a su Origen, la obra de la Creación.



NOTAS
1 Apreciaciones sobre la Iniciación, cap. XLI: "Algunas consideraciones sobre el hermetismo".
2 Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes, 2ª parte, cap. IX: "Esoterismo y exoterismo".
3 Apreciaciones sobre la Iniciación, cap. XLI.
4 Gershom Scholem, Las grandes tendencias de la mística judía, p. 209. Siruela, Madrid 1996.
5 FCE, México 1981. Puede consultarse también con provecho La Filosofía oculta en la época Isabelina, id. 1992, y Giordano Bruno y la Tradición Hermética, Ariel, Barcelona 1994.
6 Heredera incluso de la concepción del Santo Imperio, imagen de la Ciudad Celeste representada también por la "Ciudadela Solar" de los Rosacruces (ver R. Guénon: "Hermes", final, SYMBOLOS Nº 17-18, 1999). Aún en 1623 se publicaría en Francfort La Ciudad del Sol de T. Campanella, cuyo título parece inspirado por ésta. De hecho, a la construcción de modelos en correspondencia con el cosmos se vincula el Arte de la Memoria del Renacimiento, que debe comprenderse a causa de esa analogía dentro de lo hermético, y desde luego sus producciones se relacionan con las Artes Liberales, de entrada con la Retórica en tanto que modelos memorativos. Ver también F. Yates: El Arte de la Memoria, Taurus 1974. La caza de brujas del s. XVII, incluyendo esta vez Inglaterra, será una de las causas de la adopción de una forma "científica" en la exposición de las ideas herméticas en esa época, una expresión análoga en un sentido al simbolismo mineral de la Alquimia; pero el tema es mucho más amplio (ver "Apuntes sobre Hermetismo y Ciencia", en Hermetismo y Masonería, Doctrina, Historia y Actualidad, de nuestro director. Kier, Buenos Aires 2001). Las antiguas ciencias quedarán convertidas por intermedio de los respectivos "sopladores" en sus versiones modernas. Algo semejante ocurrió con el "humanismo" en el Renacimiento, como puede comprobarse leyendo De hominis dignitate, de Pico de la Mirándola.
7 Ver también, para una panorámica más completa de estas corrientes de pensamiento que confluyen, el cap. I: "Los Libros Herméticos" y el apéndice 2: "La Escuela Pitagórica y la Academia de Platón: Genealogía", en Federico González: Hermetismo y Masonería, ya citado en la nota anterior. La transmisión ininterrumpida de las concepciones del Pitagorismo (que ya eran una adaptación) ha sido señalada por R. Guénon en varias ocasiones, por ejemplo en "Medida y manifestación", cap. III de El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, Ed. Ayuso, Madrid 1976.
8 "Este símbolo de la escala parece ser de origen caldeo y haber sido aportado a Occidente con los misterios de Mithra: tenía entonces siete escalones de los que cada uno estaba formado de un metal diferente, según la correspondencia de los metales con los planetas; por otra parte se sabe que, en el simbolismo bíblico, se encuentra igualmente la escala de Jacob, que, uniendo la tierra a los cielos, presenta una significación idéntica." El Esoterismo de Dante, p. 24. Puede observarse en la primera la unión de la Alquimia y la Astrología, presente en la obra de Dante; por otra parte una escala de oro aparecerá situada en el Cielo de Saturno, por la cual él ascenderá a la Octava esfera, la de las Estrellas fijas.
9 "... la naturaleza toda entera no es, ella misma, más que un símbolo, es decir, que no recibe su verdadera significación más que si se considera como un soporte para elevarnos al conocimiento de las verdades sobrenaturales, o 'metafísicas' en el sentido propio y etimológico de esta palabra, lo que es precisamente la función esencial del simbolismo, y lo que es también la profunda razón de ser de toda ciencia tradicional". (Apreciaciones sobre la Iniciación, cap. XVIII).
10 "Las tres fases a las cuales se refieren respectivamente las tres partes de la Divina Comedia pueden explicarse también por la teoría hindú de los tres gunas, que son las cualidades o más bien las tendencias fundamentales de las que procede todo ser manifestado; según que una u otra de estas tendencias predomine en ellos, los seres se reparten jerárquicamente en el conjunto de los tres mundos, es decir, de todos los grados de la existencia universal." (El Esoterismo de Dante, p. 48). Esto, que podría traducirse también como la expresión simbólica del grado de sensibilidad a la "atracción" de la 'Voluntad del Cielo' según la terminología taoísta, se relaciona por otra parte con los cuatro elementos, entre los cuales: "el fuego (que es aquel de los elementos en el que predomina sattwa) es el agente de la 'renovación de la naturaleza' o de la 'reintegración final'" (ibid., p. 71). El estudio "Varna", de René Guénon, incluye diagramas ilustrativos para el cuaternario de las castas y "La teoría hindú de los cuatro elementos" otros análogos para los gunas y los elementos (Etudes sur l'Hindouisme, Ed. Traditionnelles, París 1979). Existe naturalmente una correspondencia con los cuatro planos del modelo del Arbol de la Vida Sefirótico, aplicado a nivel del ser humano individual.
11 "Los Cielos son los estados superiores del ser ... en relación al estado humano o terrestre ... los Cielos son realmente los estados superiores, y no sólo su reflejo en el estado humano, cuyos prolongamientos más elevados no constituyen más que la región intermediaria o el Purgatorio, es decir, la montaña en la cima de la cual Dante coloca el Paraíso terrestre. La meta real de la iniciación, no es sólo la restauración del 'estado edénico', que no es más que una etapa sobre la ruta que debe conducir mucho más arriba, puesto que es más allá de esta etapa donde comienza verdaderamente el 'viaje celeste' ... " (El Esoterismo de Dante, p. 46-47).
12 Como decimos esto por la confusión –intencionada o expresión de una consigna, según los casos– que pretende superponer lo religioso a lo iniciático, también queremos recordar que no es la "autoridad espiritual" de un exoterismo, cualquiera que éste fuere, la que "inicia" en ningún grado de los Misterios, ni siquiera a los miembros de su propia institución.
13 En nota al pie: "Este es el sentido del Regnum Dei intra vos est del Evangelio" (El reino de la cantidad y los signos de los tiempos, cap. XXIII). Agni, del que todos los avataras son manifestaciones, aparece en el centro del estado humano recuperado en su primordialidad (cf. la Jerusalén Celeste del libro de la Revelación), y es por otra parte, para la tradición hindú, el sacerdocio in divinis (Etudes sur l'Hindouisme, p. 195).
14 La Masonería reúne ambos aspectos, que obedecen a distintos niveles, en una de las expresiones que utiliza para designar al "Principio de la Construcción Universal": "The Great Architect and Contriver of the Universe" (R. Guénon, Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada, cap. XVII: "La letra G y el svástica", en nota).
15 Ver el estudio "El Demiurgo", incluido en Mélanges, Gallimard (traducido al castellano en SYMBOLOS Nº 8). En la obra de Guénon también hay un rechazo al mundo moderno, y por lo tanto "al mundo". Una negación que está igualmente en el Gnosticismo, y en el Hermetismo como se expresa con claridad en el Corpus Hermeticum. Naturalmente están en ella por otro lado la armonía, la belleza, el símbolo, y los significados "constructivos" procedentes de la ontología y la metafísica, su propósito y profundo sentido. Hay en ello una analogía con la Obra alquímica: una disolución de lo grueso, hasta las últimas escorias, y una coagulación de lo más sutil (ver La Gran Tríada, cap. IV: "Solve y coagula").
16 Hoy en día "transformación" (el "trascender la forma") ha llegado incluso a ser sinónimo de cambio de una por otra, tal como lo "transexual", que debería hacer referencia a lo que está más allá del sexo; en cambio "transmutación" aún conserva parte de su sentido original.
17 Como es el caso de Jesucristo, nacido de estirpe real, a quien nadie ungió como sacerdote sino el Polo espiritual. Por otra parte esto no quita los aspectos divinos incluidos en el Verbo, que el Avâtara manifiesta como tal. Pero debe señalarse al mismo tiempo que: aparece como hijo de un carpintero (un artesano), símbolo del Gran Arquitecto del Universo –el Vishwakarma del hinduismo–, que aquéllos a quienes llama son simples pescadores, y a quienes enseña no pertenecen a ninguna casta en particular, cosas éstas que forman parte de la "revolución" cristiana (por otro lado: "no he venido a traer la paz sino la espada", y a "encender un fuego sobre la tierra"); lo que se incluye en los motivos de su rechazo por el sacerdocio oficial hebreo, incapaz de reconocerlo pues esperaba un Mesías "temporal". Además, el Cristianismo se ha encontrado en la extraña situación de carecer de una lengua sagrada específica (ver Sobre el esoterismo cristiano) y se ha difundido en su mayor parte a través del griego y su cultura, y su heredera latina.
18 En el Corpus Hermeticum estos estados quedan simbolizados por las "Potencias" contempladas en la "luz del Nous" (Poimandrés I), aunque deba efectuarse una transposición pues admiten una primera lectura en la que representan la "luminosidad" de las esferas celestes análogas a las descritas en el Paraíso de la Divina Comedia, pero dicho texto hermético no se extiende sobre ellos.
19 Recuérdese la importancia del Teorema de Pitágoras en la Masonería, destacado por René Guénon especialmente como una condición indispensable en la apertura de la Logia en el 7º Grado de la Masonería "Operativa". Ver también A. Reghini, Les Nombres Sacrés dans la Tradition Pythagoricienne Maçonnique (Arché, Milano). Varias cartas de Guénon a este último han sido traducidas en SYMBOLOS Nº 21-22 (p. 303-329).
20 "En otro grado, ya más extenso, esta misma noción [la del 'Hombre Universal'] puede abarcar el dominio de existencia correspondiente a todo el conjunto de un estado de ser determinado, cualquiera que sea por lo demás ese estado; ... si se trata del estado humano, incluso tomado en el desarrollo integral de todas sus modalidades, o de otro estado individual, [esta significación] no es todavía propiamente más que 'cosmológica', y lo que aquí debemos considerar esencialmente, es una transposición metafísica de la noción del hombre individual, transposición que debe efectuarse en el dominio extraindividual y supraindividual. En este sentido, ... la concepción del 'Hombre Universal', se aplicará primero, y más ordinariamente, al conjunto de los estados de manifestación; pero puede hacérsela todavía más universal, en la plenitud de la verdadera acepción de esta palabra, extendiéndola igualmente a los estados de no manifestación..." (Ver El simbolismo de la cruz, cap. II).
[21] "Por eso es por lo que las dos mitades del yin-yang constituyen por su reunión la forma circular completa (que corresponde en el plano a la forma esférica en el espacio de tres dimensiones)." (en nota al pie del texto citado).
[22] "Lo que decimos aquí del verdadero lugar del 'Andrógino' en la realización del ser y de su relación con el 'estado primordial', explica el importante papel que esta concepción desempeña en el hermetismo, cuyas enseñanzas se refieren al dominio cosmológico, así como a las extensiones del estado humano en el orden sutil, es decir, a lo que se puede llamar en suma el 'mundo intermediario', que es necesario no confundir con el dominio de la metafísica pura." (id.).
23 La "vía recta" es el eje vertical tomado en su sentido ascendente, tanto en la Tradición islámica como en el Taoísmo, en el que se designa como el Te (cf. El simbolismo de la cruz, cap. XXV: El Arbol y la Serpiente"); sobre el Tao ver cap. XX: "El Vórtice esférico universal". Ver también el Tao-te-king de Lao-Tsé: "El libro de la Vía y el camino recto". "... es ahí ['en el centro cósmico del estado de existencia al cual pertenece esta individualidad'] donde se proyecta el eje que liga entre sí todos los estados, el 'rayo divino' que, en su sentido ascendente, conduce directamente a esos estados superiores que se trata de alcanzar." El Esoterismo de Dante, p. 66.
24 "Todo esto, por otra parte, no nos impide admitir que las concepciones religiosas sean susceptibles de una transposición por la cual reciben un sentido superior y más profundo, y esto porque ese sentido está también en las Escrituras sagradas sobre las cuales reposan; pero, mediante tal transposición, pierden su carácter específicamente religioso, puesto que este carácter está ligado a ciertas limitaciones, fuera de las cuales se está en el orden metafísico puro". (El hombre y su devenir según el Vêdânta, cap. XXI).
25 Federico González, La Rueda, una Imagen simbólica del Cosmos, pág. 5. Ed. Symbolos, Barcelona 1986. Donde se agrega: "Y si toda la manifestación es simbólica y el universo un lenguaje, un código de signos, nosotros somos también símbolos y conocemos y nos relacionamos a través de ellos. Todo pasa entonces a ser significativo y cada cosa está representando otra de orden misterioso y superior a la que debe la vida, su razón de ser."
26 Dejamos esta cuestión sin determinar, porque puede depender de los individuos y su propia trayectoria, y el rito en cuestión, que es la vinculación a la organización iniciática, ocurrir simultáneamente al comienzo de su iniciación efectiva, constituyendo una sola cosa con ella, y un soporte no únicamente de ese primer grado o nivel de realización.
27 Ver El simbolismo de la cruz, cap. XIV: "El simbolismo del tejido"; y la correspondencia con la estructura de un libro sagrado en el estudio: "Tantra" (Etudes sur l'Hidouisme, Eds. Traditionnelles, París 1989). "Todo conocimiento que se pueda llamar verdaderamente iniciático resulta de una comunicación establecida conscientemente con los estados superiores" (Apreciaciones sobre la Iniciación, cap. XXXII: "Los límites de lo mental").
28 "... los errores de este género [como el de 'confundir inmutabilidad con inmovilidad'] son frecuentes en los occidentales, porque son generalmente incapaces de separar la concepción de la imaginación, y porque su espíritu no puede desprenderse de las representaciones sensibles". (Oriente y Occidente, cap. III: "La superstición de la vida".) Ni qué decir que eso se refiere especialmente a una mentalidad, y no exclusivamente a una región geográfica.
29 "A lo largo de tu caminar, él vendrá por todas partes a tu encuentro, en todas partes se ofrecerá a tu vista, incluso en el lugar y a la hora en que tú no lo esperas, veles o reposes, navegues o camines, de noche y de día, hables o te calles: pues nada existe que él no sea." (Poimandrés, XI, 21).
30 Sobre el esoterismo cristiano, Obelisco, Buenos Aires 1994.
31 ¿Qué podría contestar Chuang-Tsé (Zhuang-zi, Kairós, Barcelona 1996) si se le dijera que para ser Taoísta debiera ser primero Confuciano, o incluso seguir los ritos del Confucianismo?
32 Como Eckhart –que continúa sin ser reconocido por la autoridad eclesiástica–, o el propio Marsilio Ficino en el Renacimiento.
33 Ver Federico González, Los Símbolos Precolombinos, Cosmogonía, Teogonía, Cultura, cap. XVII: "Arte y Cosmogonía". Obelisco, Barcelona 1992.
   
 

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