SYMBOLOS
Revista internacional de 
Arte - Cultura - Gnosis
 

NEZAHUALCÓYOTL,
REY-FILÓSOFO, POETA,
CONSTRUCTOR Y GUERRERO

LUCRECIA HERRERA




Nezahualcóyotl.

Preámbulo

Transportémonos con el pensamiento al sigo XV y principios del XVI, pleno renacimiento europeo, pero esta vez a Mesoamérica, antes de la llegada de los conquistadores, época en la que también se dio un resurgimiento de la antigua tradición tolteca que formaba el gran mundo nahual, dando a luz a las más extraordinarias y refinadas culturas con sus escuelas o casas de estudios superiores dirigidas por sacerdotes y sabios donde se instruía, y se iniciaba, en los misterios del ser –y la guerra– a los jóvenes hijos de la nobleza desde temprana edad: los calmécac donde se daban “las relaciones orales de lo que se sabe”, es decir, a través de la palabra transmitida de viva voz de generación en generación, y se guardaban celosamente sus libros de pinturas, los códices donde estaba recogido todo el saber desde antiguo, su visión del mundo y su cosmogonía, manifestación del Dios Desconocido que permanentemente “se inventa a Sí Mismo”, “Invisible como la noche e Impalpable como el viento”, “que tiene todo en sí”, pues es “el que está junto a todo”, y junto al cual está todo, “Señor del Cerca y junto”.

Libros de “pinturas” en los que estaba conservado, guardado y pintado hasta el menor detalle, doblados a modo de un acordeón que al desplegarse, el mundo iba tomando forma, tal cual la Obra trazada y pintada por el pincel Divino, y que al replegarse, volvía a ocultarse en la unidad de ese rectángulo o cuadrado, el libro de pinturas, que todo contenía: su historia sagrada y mítica, su poesía, sus cantos y bailes, sus costumbres, sus juegos simbólicos, las artes y ciencias: la astrología, la adivinación, la música, la geometría y los números –númenes–, expresiones ritmadas y simbólicas de los aspectos y cualidades de Ometéotl, el Dios Dual 1, pero uno y solo dios, andrógino, que de su cuerpo increado, impasible, emanan dos energías opuestas y complementarias, femenino y masculino,

Madre de los dioses, padre de los dioses, el dios viejo, tendido en el ombligo de la tierra,

o sea, trino, que al desplegarse a través del movimiento, va expresándose de manera dual en los sucesivos planos o mundos que él crea, pero sólo ilusoriamente pues Él yace inmutable, quieto,

metido en un encierro de turquesas.
El que está en las aguas color de pájaro azul,
el que está encerrado en nubes,
el dios viejo, el que habita en las sombras
de la región de los muertos… 2

fuente y origen de todas las cosas. Revelación que los sabios y sacerdotes fueron grabando, enseñando y fijando en los corazones de los jóvenes aprendices, ideas que culminarían en lo que ellos llamaban “corazón endiosado”, “Dios en su corazón, que diviniza con su corazón a las cosas…”. Una sabiduría heredada de sus antepasados y de su dios civilizador, instructor y guía, Quetzalcóatl 3,




Quetzalcóatl (Códice Tudela).

es decir, de la antigua tradición tolteca que, a razón de ciertas circunstancias cíclicas, tuvo un resurgimiento apenas unos siglos antes de la conquista y, a partir de la cual, sufrió su rápida y total destrucción; su extraordinaria arquitectura, los grandes templos en honor a sus dioses construidos acorde a su visión del cosmos, en proporciones y medidas armónicas exactas, análogas a los planos o mundos celestes y a los movimientos de los astros, partiendo de una base estable y cuadrada o cuadriculada, a partir de la cual se creaban todas las cosas; las enormes estelas en piedra, talladas y grabadas con glifos y cuentas largas con fechas precisas del pasado, el presente y el porvenir.

Sintetizado todo esto en sus extraordinarios y complejos calendarios astronómicos-astrológicos, adivinatorios y rituales que ordenaron el tiempo y el espacio de la vida de estos pueblos, conjugando en ellos los ciclos lunares, solares y venusinos, los solsticios y equinoccios, los días festivos y los nefastos, los movimientos cambiantes del Sol, la Luna y “la estrella grande” –Venus–, los planetas, las estrellas fijas, las constelaciones y las Pléyades; los colores –rojo, el oriente, región de la luz; negro, el norte, región de los muertos, lugar de frío y desierto; blanco, el poniente, la casa del sol; y azul, “región incierta, a la izquierda del sol”, (el sur)–, vinculados a los distintos “Soles” 4 –o Eras–, a los cuatro rumbos del espacio y a la quinta dirección, axial, y a los cuatro elementos, Fuego, Aire, Agua y Tierra, o Principios Universales en que se manifiesta la materia en permanente transformación sintetizándose en la quintaesencia, el Éter, punto central y corazón del hombre; los númenes, asociados a los días, a los animales, a las plantas, las piedras, los fenómenos naturales: el trueno, el rayo, el relámpago, el viento y la lluvia, a la agricultura y el maíz; un modelo o estructura de un pensamiento mágico-teúrgico en el que todo está incluido y entretejido entre sí conformando el Orden Universal, rigiendo la vida cotidiana de sus habitantes, regenerándose y transformándose a perpetuidad, a través de la vida, muerte y resurrección de un nuevo Sol, en perfecta concordancia con las grandes Eras conocidas desde la antigüedad por las culturas del Viejo Continente.

Los Cuatro Soles. Centro de la Piedra del Sol, (extraído del libro de Alfonso Caso, El pueblo del Sol; reproducción de figura: Miguel Covarrubias).

Enseñanzas que se manifestaron por su amor al arte y a la belleza en todas sus expresiones como lo ejemplifica su literatura y sus pinturas. Y lo fueron en Texcoco los magníficos jardines cuidadosamente diseñados por Nezahualcóyotl hasta el más mínimo detalle, llenos de aves de distinto colorido, plumaje y canto, animales variados, libres y en magníficas jaulas a manera de lo que hoy día es un zoológico, y donde se cultivaban variedad de plantas aromáticas y salutíferas y “flores raras traídas de lugares remotos”, regados por grandes acueductos que llevaban el agua desde el lago a la ciudad, hacia las acequias, estanques con peces y fuentes, y a los inmensos bosques que incluían montañas reservadas para la caza “en los que habían muchos venados, conejos y liebres”, y estaban sembrados de cedros y abetos, y otras variedades que a la llegada de los españoles aún estaban en pie.

Espacios mágicos y numénicos de apariciones y visiones, donde Nezahualcóyotl se retiraba a meditar y ayunar sumergido en la soledad y el silencio por tiempos prolongados y donde le gustaba perderse, y escaparse sin ser visto, escabulléndose por secretas grutas en una pequeña barca que allí tenía, o por cuevas subterráneas que lo llevan lejos del palacio por largos pasadizos conocidos sólo por pocos.

En este jardín había hecho construir muchas salas y aposentos para recibir a los señores, poetas e intelectuales de otros señoríos donde había un patio privado para las danzas y representaciones teatrales y concursos de poesía, reuniones que eran habituales en el Jardín de Tetzcotzingo.

Y los amplios y majestuosos palacios cuyas paredes estaban todas estucadas con pinturas de sus dioses, códigos simbólicos y murales que relataban sus mitos ancestrales, construcciones ordenadas y divididas en estancias destinadas a los distintos asuntos de gobierno, a las diversas casas de estudios dedicadas a la enseñanza de los nobles y los futuros sacerdotes, los aposentos reales y los dedicados a la educación y crianza de las hijas del rey; las escuelas para la educación de los jóvenes del pueblo, y sus plazas privadas y públicas, donde se llevaban a cabo las grandes fiestas y ritos en los que participaba todo el pueblo, cantando y bailando al unísono con gran mesura y gravedad llevando el compás al ritmo de sus tambores, atabales y sonajas en cuentas precisas que conocían y nadie se equivocaba; y los asombrosos trajes, con los que iban ataviados sacerdotes y reyes en estos ritos y fiestas, cuajados de plumas finamente tejidas con piedras preciosas, como imagen de los dioses que encarnaban.

Sin olvidar hacer mención del gran dique, obra de ingenio, diseñado por Nezahualcóyotl para evitar las inundaciones de la ciudad de Tenochtitlán, impidiendo, igualmente, se mezclaran las aguas dulces con las saladas del lago.



Detalle del primer mapa de la ciudad de Tenochtitlan donde se puede ver el dique de Nezahualcóyotl que se extendía por más de 16 km., gran obra, de la que se dice, le valió la reputación de mejor arquitecto de las Américas.

Y esto es sólo una pincelada de lo que fueron estos reinos que se necesitaría larga historia para describir tan maravillosa creación.

Apenas unos años más tarde, todo, o casi todo lo descripto más arriba sería quemado y destruido por quienes insensibles a la belleza y esplendor de lo que veían y escuchaban –sin olvidar todas aquellas valiosísimas excepciones–, sumidos en la ignorancia y degradación, y cegados por el odio y el fanatismo religioso inquisitorial, el poder y la ambición del oro, no supieron –ni quisieron– reconocer el símbolo y la sacralidad de todo lo que les rodeaba, expresión de una cultura inspirada y revelada a sus sacerdotes y sabios por los dioses civilizadores, instructores y guías de los hombres en todos los tiempos y lugares, a quienes estos pueblos reconocían como los aspectos de un solo y único dios, el Dios Desconocido.

Años mozos

Se dice que Texcoco, situada en la ribera oriental del gran lago en el Valle de México, capital del señorío chichimeca de Acolhuacan y uno de los más antiguos del mundo nahual, era la Atenas de América por aquellos tiempos cuando el gran rey Nezahualcóyotl –y luego, su hijo Nezahualpilli–, reinó. Desde niño, llegado entre los seis y ocho años fue enviado al calmécac, iniciándose “en la severa educación destinada a la nobleza”.




Tlamatini en el calmécac en el papel de educador. (Códice Mendocino).

Narran los cronistas que su padre designó a Huitzilihuitzin, considerado en su época un gran filósofo, “para su buena crianza y doctrina”, siendo para el joven Nezahualcóyotl el maestro que despertaría el amor por el conocimiento del antiguo pensamiento tolteca y su sensibilidad poética acompañándole durante toda su vida y adversidad.

Acolmiztli Nezahualcóyotl, cuyos nombres significan “brazo o fuerza de león y coyote hambriento o ayunado”, era descendiente, por lado paterno, de muy nobles y antiguos antepasados, pues se tenían por sucesores legítimos de los legendarios toltecas. Por lado materno, estaba íntimamente emparentado con el señorío de México-Tenochtitlán pues su madre, Matlalcihuatzin, era hija del rey mexica Huitzilíhuitl.




Árbol de la familia. Nezahualcóyotl y sus padres.
(Códice Xólotl).

Durante sus diecisiete primeros años sufrió el exilio y constantes persecuciones y luchas, de las que siempre logró escaparse, milagrosa o mágicamente, pues se dice que desde su nacimiento los astrólogos habían precisado que tenía un signo afortunado digno de grandes reyes.

Recogido y traducido por A. M. Garibay en su Historia de la literatura náhuatl se relata una leyenda de la época en que Nezahualcóyotl pasó refugiado con sus parientes mexicas, o aztecas, y que expresa con claridad el carácter predestinado de este joven príncipe:

Jugaba Nezahualcóyotl y cayó dentro del agua. Pero llegaron algunos dioses y lo sacaron. Lo llevaron hasta la cumbre del monte de las sutiles nieblas (Poyauhtécatl). Allá logró de ellos una gracia. Lo embadurnaron con la sangre de las víctimas, con el agua del ardor divino, y estas palabras le dijeron: –Tú serás: ¡lo decretamos! ¡Por tus manos la ciudad [de Azcapotzalco] será abolida! Inmediatamente lo llevaron al sito en que había caído y de las aguas salió.

Presagio que se verá hecho realidad apenas unos años más tarde cuando ayudado por pueblos aliados y conformando un formidable ejercito, la ciudad de Azcapotzalco, gobernada por el tirano tepaneca Maxtla –hijo de Tezozómoc, asesino del padre de Nezahualcóyotl –, queda asolada.

Finalmente llega el momento preciso de ser jurado señor de Texcoco, a sus veintinueve años de edad, por los señores de México-Tenochtitlán y Tlacopan, –en la ciudad de México, o ya en Texcoco– y por los nobles de los tres reinos que conformaron la Triple Alianza, relato sobre el que volveremos más adelante.

Recuerda aquel día, cuando apenas tenía doce años y ya se oían los tambores de guerra contra los tepanecas, cómo su padre, el rey Ixtlilxóchitl el Viejo 5, lo designa sucesor y heredero de su reino conforme a los ritos toltecas, dirigiéndose en nombre de ambos a su dios Tezcatlipoca 6,




Tezcaltipoca. (Códice Borgia 17).

rito al que se unen los consejos recibidos de los sacerdotes que guardaban la vieja sabiduría. Pero, sobre todo, el día de su coronación, el joven príncipe guarda muy vivo en su memoria y corazón, aquel otro momento, cuando apenas cuatro años después de ser designado heredero al trono –esto es a sus dieciséis años–, arreciada la guerra contra los tepanecas y luego de defender su ciudad “por cincuenta días inútilmente”, su padre se ve obligado a abandonar Texcoco para salvarle la vida, no sin antes dejar a su familia y criados escondidos y resguardados en uno de los bosques pertenecientes a su señorío, mientras él y el joven Nezahualcóyotl, acompañados únicamente por dos de sus capitanes se refugian “en una profunda barranca”, en una cueva del bosque; ya sitiados por sus enemigos, los de Azcapotzalco, y viendo su padre, el rey, que su muerte era inminente le habla así:

Hijo mío, muy amado, brazo de león, Nezahualcóyotl: ¿a dónde te tengo que llevar que haya algún deudo o pariente que te salga a recibir? Aquí ha de ser el último día de mis desdichas, y me es fuerza partir de esta vida; lo que te encargo y ruego es que no desampares a tus súbditos y vasallos, no eches en olvido que eres chichimeca recobrando tu imperio, que tan injustamente Tezozómoc te tiraniza y vengues la muerte de tu afligido padre; y que has de ejercitar el arco y las flechas; sólo resta te escondas en estas arboledas porque con tu muerte inocente se acabe en ti el imperio tan antiguo de tus pasados” 7.

Subido a un árbol “muy copudo” y oculto entre el tupido follaje, presencia la última batalla y la muerte despiadada de su padre.




Nezahualcóyotl presencia la muerte de su padre.
(Códice Xólotl).

Al retirarse los enemigos, recogen el cuerpo del difunto rey, lo amortajan y lo velan por la noche, para ser incinerado al día siguiente “conforme a los ritos toltecas” guardando “sus cenizas secretamente hasta que fuese tiempo de honrarlas como se debía”. Valerosos tezcocanos se impusieron el deber de proteger y esconder al príncipe y a su hermano mayor conduciéndolos, y escapando, por peñascos y quebradas hasta el lago, donde habían convenido con su tío abuelo, Itzcóatl, entonces futuro rey de México-Tenochtitlán, les recogería en una barca. Allí estaban, como convenido, diez de sus hijos “que luego de reconocerse con gran cautela” embarcaron rumbo a puerto seguro.

Y así comienza una larga e intensa vida (Nezahualcóyotl vivió 71 años, desde 1402 a 1472) no exenta de contradicciones, desgarros y cuestionamientos internos respecto a sus intuiciones intelectuales-espirituales, guerras constantes, sublevaciones, venturas y desventuras. Los primeros años hasta su coronación los pasó en el exilio, como ya se ha apuntado, primero, entre los señores de Tlaxcala que eran sus tíos quienes le habían dado refugio y lo habían criado. Pero tan pronto se repuso de sus pesares se trasladó a Chalco, pasando desapercibido disfrazado de soldado, viviendo en adelante entre escaramuzas, asesinatos y concertando, secretamente, alianzas para la recuperación de su señorío; traiciones y situaciones peligrosas que él mismo provocaba, de las que siempre escapa ileso por su astucia, los giros del destino… seguro por la protección de los hados… y de alguna manera u otra, de allegados y aliados, y, sobre todo, de su instructor y guía espiritual, Huitzilihuitzin.

Muy probablemente es durante esta época que compone este canto en el que reflexiona sobre las adversidades que le toca vivir:

En vano he nacido, / en vano he venido a salir / de la casa del dios a la tierra, / ¡yo soy menesteroso! / Ojalá en verdad no hubiera salido, / que de verdad no hubiera venido a la tierra… / ¿Habré de erguirme sobre la tierra? / ¿Cuál es mi destino?... / Me he doblegado, / sólo vivo con la cabeza inclinada / al lado de la gente. / Por eso me aflijo. / ¡Soy desdichado! 8

Mas, después de una época de paz forzada, cuando acogido por sus parientes y tías en México-Tenochtitlán, ellas “pidieron de merced al tirano la vida de su sobrino...; y por segunda vez… pidieron del tirano pudiese ir a Tetzcuco en donde le restituyó los palacios y casas de sus padres y abuelos, y algunos lugares para que le sirviesen con lo cual tuvo alguna más libertad”, para tratar de restaurar su imperio, según relata fray Juan de Torquemada en Los 21 libros rituales y Monarquía indiana. El príncipe Nezahualcóyotl aprovecha este tiempo para completar su educación y preparación militar, seguramente en la escuela de estudios superiores, el calmécac, o tlacateo –una variante tezcocana de aquél–, donde continúa su instrucción empezada desde niño, con los sacerdotes y sabios en el conocimiento de los códices y los calendarios en ellos pintados y los misterios más profundos de la antigua tradición tolteca.

Se les enseñaba con esmero a hablar bien, / se les enseñaban los cantares, / los que se decían cantares divinos, / siguiendo los códices. / Y se les enseñaba también con cuidado / la cuenta de los días, / el libro de los sueños / el libro de los años 9.

pues

…sus obras todas eran buenas, todas rectas, / todas bien planeadas, todas maravillosas… / Conocían experimentalmente las estrellas, / les dieron sus nombres. / Conocían su influjo, / sabían bien cómo marcha el cielo, / cómo da vueltas… 10




Sacerdote contemplando las estrellas. (Códice Mendocino 63).

En el Códice Matritense de la Real Academia se encuentra recogida la pintura del sabio náhuatl con una anotación a la par en castellano de fray Bernardino de Sahagún que dice: sabios o philosophos, haciendo alusión, seguramente, al parentesco con los filósofos del mundo clásico. El texto completo describe el sabio náhuatl, los tlamatinime, poseedores de la tinta negra y roja (la sabiduría) de sus códices, entregados al conocimiento de la antigua doctrina náhuatl.

El sabio: una luz, una tea, / una gruesa tea que no ahúma. / Un espejo horadado, / un espejo agujereado por ambos lados. / Suya es la tinta negra y roja, / de él son los códices, de él son los códices. / Él mismo es escritura y sabiduría. / Es camino, guía veraz para otros. / Conduce a las personas y a las cosas, / es guía en los negocios humanos. / El sabio verdadero es cuidadoso [como un médico] / y guarda la tradición. / Suya es la sabiduría transmitida, / él es quien la enseña, / sigue la verdad, / no deja de amonestar. / Hace sabios los rostros ajenos, / hace a los otros tomar una cara [una personalidad], / los hace desarrollarla. / Les abre los oídos, los ilumina. / Es maestro de guías, / les da su camino, / de él uno depende. / Pone un espejo delante de los otros, / los hace cuerdos, cuidadosos; / hace que en ellos aparezca una cara [una personalidad]. / Se fija en las cosas, / regula su camino, / dispone y ordena. / Aplica su luz sobre el mundo. / Conoce lo [que está] sobre nosotros / [y], la región de los muertos. / [Es hombre serio]. / Cualquiera es confortado por él, / es corregido, es enseñado. / Gracias a él la gente humaniza su querer / y recibe una estricta enseñanza. / Conforta el corazón, / conforta a la gente, / ayuda, remedia, / a todos cura.




Maestro con sus alumnos. (Códice Florentino).

Y la iniciación en la “poesía y los cantos”, forma ritual importantísima, dado que los tlamatinime, sabios-sacerdotes y guías espirituales que presidían las escuelas de estudios superiores pensaban que esta manera ritmada de invocación-evocación poética emanada de una intuición espiritual, mantenía viva la memoria de su Origen y Tradición –de dónde venían y quiénes eran–; en otros términos, las ideas metafísicas que les habían sido transmitidas de viva voz en el calmécac, que Nezahualcóyotl y otros nobles de señoríos cercanos conocían pues se habían sumergido desde muy jóvenes en la lectura y estudio de los viejos códices, sus libros de pinturas, de dónde su visión del Universo e inspiración poética.

Estos toltecas eran ciertamente sabios, / sabían dialogar con su propio corazón… / Hacían resonar el tambor, las sonajas, / eran cantores, / componían cantos, / los daban a conocer, / los retenían en su memoria, / divinizaban con su corazón / los cantos maravillosos que componían 11.




(Códice Mendocino).

Y a raíz de sus investigaciones y experiencias espirituales vieron que la simbólica de la “flor y canto” era la “única y verdadera en la tierra” siendo esta forma poética la más apta para la manifestación de sus meditaciones y especulaciones más profundas relacionadas con los misterios de la vida, su transitoriedad y la fragilidad de todo cuanto existe, la muerte, el Ser y el Dios Oculto y Desconocido, “sin forma y figura”.

¿Acaso de verdad se vive en la tierra? / No para siempre en la tierra: sólo un poco aquí. / Aunque sea jade se quiebra, / aunque sea oro se rompe, / aunque sea plumaje de quetzal se desgarra, / no para siempre en la tierra: sólo un poco aquí 12.

¿Acaso hablamos algo verdadero aquí, Dador de la Vida? / Sólo soñamos, sólo nos levantamos del sueño. / Sólo es como un sueño… / Nadie habla aquí la verdad… 13

¿Acaso son verdad los hombres? / Porque si no, ya no es verdadero nuestro canto. / ¿Qué está por ventura en pie? / ¿Qué es lo que viene a salir bien? 14

Estas enseñanzas habían sido transmitidas por el mítico rey de Tula (del siglo IX d. c.), Quetzalcóatl, considerado gran artista, sabio y héroe cultural, quien las conservó y dio un nuevo giro a las antiguas creencias, provenientes seguramente de la “ciudad de los dioses”, Teotihuacán, que por esta época sobrevino su misteriosa ruina. Ideas relacionadas con lo que los toltecas llamaron “toltequidad o toltecáyotl”, “sinónimo de perfección, arte y sabiduría”, en oposición a la tradición místico-guerrera relacionada con las “guerras floridas”, y el dios guerreo, Huitzilopochtli, identificado con el Sol, impuestas por Tlacaélel, consejero de Itzcóatl, rey de México-Tenochtitlán. Nezahualcóyotl se había opuesto a estas nuevas formas de culto al igual que los otros señoríos “más allá de los volcanes”, como igualmente lo habían hecho algunos nobles del mismo México-Tenochtitlán aunque de manera más velada.

De aquel rey-sacerdote, histórico y mítico llamado Quetzalcóatl que gobernó Tula, –y a quien “se atribuye la formulación de toda una doctrina teológica acerca de Ometéotl, el supremo Dios dual”–, 15 cuyas enseñanzas y culto al dios Quetzalcóatl, símbolo de la sabiduría, fueron fundamentales en el resurgimiento de la cultura tolteca se relatan varios mitos, pero en el Códice Matritense de la Real Academia de la Historia y en los Anales de Cuauhtitlán ha quedado recogido el recuerdo de lo que con celo guardaban los nahuas de la grandeza del rey Quetzalcóatl.




El Rey de Tula. (Códice Florentino).

Eran cuidadosos de las cosas de dios, / sólo un dios tenían, / lo tenían por único dios, / lo invocaban, / le hacían súplicas, / su nombre era Quetzalcóatl. / El guardián de su dios, / su sacerdote, / su nombre era también Quetzalcóatl.

Invocaba, hacía su dios a algo / [que está] en el interior del cielo, / a la del faldellín de las estrellas, al que hace lucir las cosas; / señora de nuestra carne, señor de nuestra carne; / la que está vestida de negro, el que está vestido de rojo; / la que ofrece suelo [o sostiene en pie] a la tierra, / el que la cubre de algodón. / Y hacia allá dirigía sus voces, / así se sabía, / hacia el Lugar de la Dualidad (Omeyocan), / el de los nueve travesaños, / con que consiste el Cielo…

Nuestro príncipe, 1 Caña Quetzalcóatl: / cuatro eran las casas,/ en las que él residía, / su casa de travesaños color de turquesas, / su casa de coral, / su casa de caracoles, / su casa de plumas de quetzal. / Allí hacía sus súplicas, / hacia penitencias y ayunos. / Y bien entrada la medianoche, / bajaba al agua, / allí a donde se dice palacio del agua, / el lugar color de estaño. / Y allí colocaba sus espinas, / encima del monte Xicócotl / y en Huitzco y en Tzíncoc / y en el monte de los nonohualcas. / Y hacía sus espinas / con piedras preciosas, / y sus ofrendas de ramas de abeto / con plumajes de quetzal. / Y cuando ofrecía fuego, / ofrecía turquesas genuinas, jades y corales. / Y su ofrenda consistía en serpientes, pájaros, / mariposas, que él sacrificaba… / Y en su tiempo, descubrió Quetzalcóatl las grandes riquezas, / las piedras preciosas, las turquesas genuinas / el oro y la plata, / el coral y los caracoles, / las plumas de quetzal y del pájaro color turquesa, / los plumajes amarillos del pájaro zacuán, / las plumas color llama. / Y también él descubrió / las varias clases de cacao, / las varias clases de algodón. / Era un muy grande artista / en todas sus obras: / los utensilios en que comía y bebía, / pintados de azul, verde, / blanco, amarillo y rojo / [y era también artífice] / en muchas otras cosas más. / Y al tiempo en que vivía Quetzalcóatl, / comenzó, dio principio a su templo, / le puso columnas en forma de serpientes, / pero no lo terminó, no lo concluyó. / Y durante su vida, / no se mostraba a la gente; / en el interior de un aposento, / al que no se podía entrar, allí estaba. Y era él protegido por sus servidores, / quienes lo guardaban, / lo protegían por todas partes. / Y en todos los muros / que circundaban su palacio, / en todos ellos estaban de guardia sus servidores. / Y había allí esteras de piedras preciosas, / esteras de oro y de plumas de quetzal…

Pero,

Se dice que cuando vivió allí Quetzalcóatl, / muchas veces los hechiceros quisieron engañarlo, / para que hiciera sacrificios humanos, / para que sacrificara hombres. / Pero él nunca quiso, porque quería mucho a su pueblo, / que eran los toltecas… / Y se dice, se refiere, / que esto enojó a los magos; / así éstos empezaron a escarnecerlo, / a burlarse de él. / Decían / que querían afligir a Quetzalcóatl, para que éste al fin se fuera, / como en verdad sucedió. / En el año 1 Caña murió Quetzalcóatl / se dice en verdad / que se fue a morir allá / a la Tierra del Color Negro y Rojo 16.




(Códice Florentino).

Cuando llegó a la orilla del mar divino, / al borde del luminoso océano, se detuvo, lloró. / Tomó sus aderezos y se los fue revistiendo, / su atavío de plumas de quetzal, su máscara de turquesas.

Y cuando estuvo aderezado, él por sí mismo se prendió fuego, y se encendió en llamas: es por esta razón llamado / el Quemadero, donde fue a arder Quetzalcóatl.

Y es fama que cuando ardió, y se alzaron ya sus cenizas, también se dejaron ver y vinieron a contemplarlo / todas las aves de bello plumaje que se elevan y ven el cielo: / la guacamaya de rojas plumas, el azulejo, el tordo fino, / el luciente pájaro blanco, los loros y los papagayos / de amarillo plumaje y, en suma, toda ave de rica pluma.

Cuando cesaron de arder sus cenizas / ya a la altura sube el corazón de Quetzalcóatl. / Lo miran y, según dicen, fue a ser llevado al cielo / y en él entró. Los viejos dicen que se mudó en lucero del alba, / el que aparece cuando la aurora. Vino entonces, / apareció entonces cuando la muerte de Quetzalcóatl. / Esta es la causa de que lo llaman El que Domina en la Aurora. Y dicen más, que cuando su muerte, por cuatro días sólo / no fue visto, fue cuando al Reino de la Muerte fue a vivir, / y en esos cuatro días adquirió dardos y, ocho días más tarde, / vino a aparecer como magna estrella. Y es fama que hasta entonces, / se instaló para reinar 17.

Y del que se afirma habrá de volver…

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*    *

Abrimos ahora un paréntesis para relatar un hecho importantísimo que nos expone Miguel León-Portilla en su libro La Filosofía Náhuatl, haciendo referencia y apoyándose en lo recogido por los cronistas y los textos indígenas; se trata del pensamiento y actuación, verdaderamente increíbles, de un personaje azteca casi desconocido, Tlacaélel, poderoso consejero de los gobernantes mexicas, y pariente de Nezahualcóyotl, ya que éste personaje era hijo de su abuelo materno, Huitzilíhuitl II, como veremos a continuación, que introduciendo unas reformas revulsivas, no sólo modificó toda la manera de ver y concebir la vida y creencias del pueblo mexica, sino que reescribió su historia, relacionada íntimamente con una visión místico-guerrera y su dios tutelar Huitzilopochtli, que llevaría a la consolidación de la supremacía azteca en la grandeza militar, comercial y política, así como en la esfera del arte.




Tlacaélel, el poder tras el trono.

Año 10 Conejo (1398) entonces, como lo sabían por tradición los ancianos mexicanos / nacieron Motecuhzoma el viejo, Ilhuicomina, / el que brilla con resplandor de jade, /que vino al mundo, al momento en que el sol estaba elevado. / Su madre era una princesa de Cuauhnáhuac (Cuernavaca), / su nombre Miyahuaxiuhtzin. / Y Tlacaélel, que nació el mismo día por la mañana, / cuando el sol, como decimos, iba a elevarse. / De suerte que se dice que (Tlacaélel) era mayor. / Su madre llamada Cacamacihuatzin, era una princesa de Teocalhuiyacan. / Cada uno tuvo madre distinta, / pero tuvieron el mismo padre Huitzilíhuitl II, / rey de Tenochtitlán.

Por aquel entonces, los tepanecas de Azcapotzalco, expandían su poder y domino tiranizando no sólo a Texcoco, como hemos visto, sino también a los mexicas y a otros pueblos cercanos, los que tenían que aceptar todo tipo de vejaciones, o reaccionar iniciando la guerra. Itzcoátl, rey de México-Tenochtitlán, hacia 1424, había elegido someterse al tirano Maxtla, hijo del ya fallecido Tezozómoc, evitando de esta manera la aniquilación de su pueblo.

Fue entonces cuando el joven Tlacaélel habló por primera vez, en público incitando a los mexicas a una lucha que iba a ser el principio de la grandeza de Tenochtitlán.

¿Qué es esto mexicanos? ¿qué hacéis? Vosotros estáis sin juicio… Y llegándose al rey, le dijo: Señor, ¿qué es esto? ¿cómo permites tal cosa? …búsquese un medio para nuestra defensa y honor, y no nos ofrezcamos así tan afrentosamente entre nuestros enemigos.

Largo sería relatar cómo vencieron los mexicas a los tepanecas, pero se narra que a Tlacaélel se debió la primera victoria. Y una vez establecida la paz lo primero que emprendió Itzcoátl, del que se afirma “no hacía más que lo que Tlacaélel le aconsejaba”, fue una doble reforma:

la concesión de títulos a los guerreros mexicas que se habían distinguido en la lucha, y la distribución de tierras al rey, a los señores, o nobleza recién constituida, y a cada uno de los barrios de la ciudad de México-Tenochtitlán

En relación con este afán de engrandecer con títulos y tierras a los mexicanos, los informantes de Sahagún se refieren a otro hecho de suma importancia, relacionado con “la conciencia histórica existente en el mundo náhuatl. Relata el documento indígena que, terminada la guerra de Azcapotzalco, se reunieron Itzcoátl y los principales señores mexicas, dentro de los cuales estaba Tlacaélel. Reunidos, determinaron quemar los códices y libros de pinturas de los vencidos tepanecas y aún los propios de los mexicas, porque en esos libros de pinturas la figura del pueblo azteca carecía de importancia. En realidad se había concebido la idea de imponer una nueva versión de la historia.” Transcribimos aquí, en relación con Tlacaélel, parte del texto indígena por la importancia que este hecho merece, donde se habla de la primera quema de los códices “mucho tiempo antes de las destrucciones ordenadas por los españoles”.

“Se guardaba su historia. / Pero, entonces fue quemada… / Los señores mexicas dijeron: / no conviene que toda la gente / conozca las pinturas. / Los que están sujetos (el pueblo), / se echarán el poder / y andará torcida la tierra, / porque allí se guarda mucha mentira, / y muchos en ellas han sido tenidos por dioses.”

Y sigue desvelándonos León-Portilla que:

La nueva visión de la historia mexícatl introducida entonces, se conserva en los textos de procedencia azteca que hoy día se conocen. En ellos, los mexicas aparecen frecuentemente emparentados con la nobleza tolteca. Las divinidades mexicas, especialmente Huitzilopochtli, se sitúan en el mismo plano con los dioses creadores de las diversas edades o “soles”, es decir con Tezcatlipoca y con Quetzalcóatl como puede verse, por ejemplo, en la Historia de los Mexicanos por sus Pinturas. Pero sobre todo, se trasluce en la documentación azteca ese espíritu místico-guerrero del “Pueblo del Sol”, o sea de Huitzilopochtli, que tiene por misión someter a todas las naciones de la tierra, para hacer cautivos, con cuya sangre habrá de conservarse la vida del astro que va haciendo el día.

Huitzilopochtli aparece como el dios más poderoso. A él le dirigen las antiguas plegarias de la religión náhuatl y los sacerdotes componen también nuevos himnos en su honor, como los que ya existían a honra de Quetzalcóatl principalmente. Identificado con el sol, Huitzilopochtli 18 es al mismo tiempo quien da la vida y conserva, alentando la guerra, esta quinta edad en que vivimos.




Huitzilopochtli. (Códice Borbónico).

¡Huitzilopochtli, el joven guerreo, / el que obra arriba, va andando su camino! / –No en vano tomé el ropaje de plumas amarillas: / porque yo soy el que ha hecho salir al sol… 19

Tal fue el modo como consolidó Tlacaélel la grandeza mexícatl, sin aceptar jamás la suprema dignidad de rey o del supremo título de tlatoani,” (…) que al morir Itzcóatl y Motecuhzoma, se empeñaron los nobles mexicas, acompañados del rey de Tezcoco, en ofrecerle.

Allí donde se tiñen los dardos, / donde se tiñen los escudos, / están las blancas flores perfumadas, / las flores del corazón: / abren sus corolas las flores del que da la vida, / cuyo perfume aspiran en el mundo los príncipes: es Tenochtitlán 20.

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Y aquí cerramos este paréntesis del importante tema relacionado con la primera quema de los códices ordenada por Itzcoátl y Tlacaélel que Nezahualcóyotl no había permitido llegara hasta Texcoco, citado del profundo, bien documentado y comentado libro de M. León-Portilla, que no ha dejado de sorprendernos pues nada sabíamos de este episodio fundamental de la historia de los aztecas, y que no sólo nos ha abierto una puerta a la compresión de esta cultura, sino a todo lo acontecido durante este período en Texcoco, en relación al sabio rey Nezahualcóyotl, a quien le tocó representar un papel bastante paradójico en la escena del mundo náhuatl de entonces, debiendo vivir, y conocer a fondo la totalidad de los aspectos de su tradición, aceptando y actuando acorde a las circunstancias de su tiempo, pero siguiendo siempre las intuiciones más íntimas de su corazón, sin negar las otras, pues si bien no estaba de acuerdo con los sacrificios humanos, su estrecho vínculo familiar –su madre (recordemos) era hija de Huitzilíhuitl II, rey de Tenochtitlán–, su educación mexica y las largas estadías allí, determinaron o le forzaron a adoptar la misma organización civil y religiosa. Y siendo el señorío de Texcoco un aliado de México-Tenochtitlán “no se liberó de esta barbarie a pesar de que Nezahualcóyotl parece haberse esforzado cuanto le fue posible por evitar la matanza religiosa” 21. Narra Torquemada que “nunca mandó sacrificar hombres, sino animales, y se cuenta que muchas veces amonestó a sus hijos en secreto para que no adorasen a sus dioses, y que sólo lo hicieran por cumplimiento…” 22.

Agrega el historiador Alva Ixtlilxóchitl:

Tuvo por falsos a todos los dioses que adoraban los de esta tierra, diciendo que no eran sino estatuas…; porque fue muy sabio… buscando de dónde tomar lumbre para certificarse del verdadero Dios creador de todas las cosas, como se ha visto en el discurso de su historia, y dan testimonio sus cantos que compuso en razón de esto como es el decir, que había un solo [Dios], y que éste era el hacedor del cielo y de la tierra, y sustentaba todo lo hecho y criado por él, y que estaba donde no tenía segundo sobre los nueve cielos que él alcanzaba: que jamás se había visto en forma humana, ni en otra figura… 23

En otras palabras, que nunca dejó de reconocer su verdadera identidad espiritual entroncada en la antigua tradición náhuatl venida de Teotihuacán (palabra cuya etimología, según León-Portilla viene de: teutl, dios; ti, causa; hua, posesión; y can, lugar, “Teotihuacán valdría tanto como ‘lugar que tiene por propio transformar a uno en dios’”, y su dios Quetzalcóatl, símbolo de la Sabiduría.

Además debemos mencionar algunas otras cosas relacionadas con este tema pues Nezahualcóyotl pertenecía a la élite guerrera instaurada en México-Tenochtitlán. De esta manera podemos completar este complejo panorama, y comprender más ampliamente las contradicciones internas que seguramente vivía, cantadas en sus poesías, y que le llevaron a cuestionarse, sobre todo en su edad madura –a partir de unos ‘hechos asombrosos’ que se le manifestaron durante un prolongado retiro y ayuno en la soledad de su jardín–, las ideas impuestas por los aztecas relacionadas con los sacrificios humanos para mantener, con el “líquido precioso”, la vida del Sol dado el advenimiento de la Quinta Edad; ritos en los que él había sido igualmente iniciado durante su estadía en México-Tenochtitlán, como veremos en seguida, pero con los que, cuando ya rey de Texcoco no estuvo de acuerdo al punto de prohibirlos en todo su reino, y llevarlo a construir un gran templo –frente al que le habían obligado a erigir dedicado a Huitzilopochtli y a Tlaloc, dios de la lluvia–, en honor al Tloque in Nahuaque, el Dios Desconocido al que proclamó como Único y Verdadero Dios.

El escritor mestizo citado más arriba, Don Fernando Alva Ixtlilxóchitl, descendiente de Nezahualcóyotl, deja este detallado testimonio en su libro Historias chichimecas, publicadas por Alfredo Chavero en Obras Completas, México:

…le edificó un templo muy suntuoso, frontero y opuesto al templo mayor de Huitzilopochtli, el cual demás de tener cuatro descansos, el cu y fundamento de una torre altísima, estaba edificado sobre él con nueve sobrados, que significaban nueve cielos; el décimo que servía de remate de los otros nueve sobrados, era por la parte de afuera matizado de negro y estrellado, y por la parte interior estaba todo engastado de oro, pedrería y plumas preciosas, colocándolo al Dios referido y no conocido, ni visto hasta entonces, sin ninguna estatua ni formar figura 24.

Y agrega Miguel León Portilla en su libro Los Antiguos mexicanos, a través de sus crónicas y cantares:

Tal fue la respuesta implícita dada por Nezahualcóyotl con este templo desprovisto de imágenes, que dedicó al dios desconocido, frente al templo de Huitzilopochtli que los aztecas le habían obligado a erigir. Nezahualcóyotl había cumplido con sus aliados, pero les estaba mostrando al mismo tiempo que la doctrina místico-guerrera no reinaba en su corazón.

A raíz de las luchas que habían durado años, desde la muerte de su padre, con los tiranos de Azcapotzalco –que por otra parte, también se adjudicaban ser descendientes directos de Xólotl, el legendario caudillo de las tribus nómades, razón por la cual Tezozómoc quería hacerse con el señorío de Texcoco–, auxiliado por otros pueblos aliados finalmente derrotan a los tepanecas, y fue a partir de esa victoria que nació la necesidad de formar una alianza. Las circunstancias familiares que unían a Tenochtitlán y Texcoco, y el hecho de que ambos pueblos compartían un ámbito geográfico en el Valle de México hizo factible conformar una alianza, a la “que tuvieron el acierto de designar, para que compartiese con ellos la hegemonía, a una ciudad de la tribu vencida, Tlacopan, bajo el mando de Totoquihuatzin, que sería un aliado firme”.




La Triple Alianza. (Códice Osuna).

Al constituirse la Alianza, Itzcoátl señor de México–Tenochtitlan, Nezahuacóyotl, señor de Texcoco y Totoquihuatzin, señor de Tlacopan recibieron “los títulos correspondientes como sus respectivos antepasados”. La gloria que alcanzaron con esta alianza será recordada por muchos años en cantos como este que recoge Alva Ixtlilxóchitl y que se cantaban en sus fiestas y convites:

Teñida dejaron, / allí en la tierra, fueron glorificando / la ciudad: / ésta de México, Motecuzomatzin, / la de Acolhuacan, Nezahualcoyotzin, / la de Tlacopan, Totoquihuatzin. / ¡En verdad vinieron a tener mando / en el solio y trono del que da la vida ! 25

Dado el triunfo conjunto se organizo y restauró la hermandad militar de los Caballeros Águilas y Tigres, tan frecuentemente mencionada en los cantos y poemas, aludiendo al águila como emblema del sol y al tigre como emblema de la tierra, “caballeros que volando como águilas en armas y valentía y en ánimo invencible por excelencia, les llamaban águilas y tigres”.




Caballeros Águilas y Tigres. (Códice Florentino).

En los Ms. Cantares mexicanos, traducido por A. M. Garibay, se canta la fundación y restauración de esta hermandad, en la que participaron los tres señoríos aliados en Tenochtitlan:

Oh, Motecuzoma, oh Nezahualcóyotl, oh Totoquihuatzin, / vosotros tejisteis, vosotros enredasteis / la Unión de los príncipes: / ¡Un instante al menos gozad de vuestras ciudades / sobre las que fuisteis reyes! / La mansión del Águila, la mansión del Tigre / perdura así, es lugar de combates / la ciudad de México. / Hacen estruendo bellas variadas flores de guerra, / se estremecen hasta que estáis aquí. / Allí el Águila se hace hombre, / allí grita el tigre de México: / ¡es que allí imperas tú, Motecuzoma! / Allí es el baile general, / allí se enlaza la Unión de las Águilas, / allí se da a conocer la Unión de los Tigres. / Con floridas cuerdas del Águila / está bien afianzada la ciudad: / cual flores del Tigre fueron enlazados / los príncipes Motecuzoma, Cahuatzin, / y Totoquihuatzin y aquel Yoyontzin [otro nombre dado a Nezahualcóyotl]; / ¡con nuestros dardos, con nuestros escudos / está existiendo la ciudad.

Asimismo, relata José Luis Martínez, en su libro Nezahualcóyotl , Vida y Obra, que:

…existe un poema muy importante, un canto que celebra la iniciación como Caballeros del Sol de Moctezuma y Nezahualcóyotl que debió efectuarse entre 1428 y 1430, cuando ambos primos eran aún jóvenes y acababan de mostrar su valor en la guerra contra los tepanecas. En la Historia tolteca-chichimeca se describe el que pudo ser el ritual primitivo de esta iniciación que oficiaban los ancianos: pasar cuatro días de ayuno y penitencia en el cerro Acolhuaca, adonde les llevaban de comer y beber el águila y el tigre. Pasados los cuatro días, a los iniciados se les perforaban las narices con el hueso del águila y del jaguar.

Canto de iniciación

Llegan bajando, / llegan bajando, / sobre las acacias es el sitio en que se tienden. / Flores busca Motecuzomatzin, / hoguera busca Nezahualcoyotzin. / Van en busca del cerco del agua, se agitan. / Ya se transforma en Águila, /en Mixcóatl tigre sobre las acacias: / en red de madera ha nacido el hijo de Mixcóatl, / Nezahualcoyotzin. ¿A dónde es enviado?, ¿a dónde? / Lo merecieron tus abuelos, / Acamapich y Huizilíhuitl: / la gran tierra de Acolhuacan / te reservaron, la casa de Mixcóatl, / la casa del que habita en las cavernas, / oh Nezahualcoyotzin. ¿A dónde es enviado?, ¿a dónde? / Entre cactos y magueyes broncos, / se puso el asiento de la casa de sangrarse, / una gran biznaga fue colocada: / vinieron y dejaron huellas mis abuelos / Quinatzin y Tlaltecatzin, / y Techotlala el señor, que vinieron uno tras otro, / desde Chicomóztoc. / Lloro, lloro y se entristece mi corazón, / yo Nezahualcoyotzin… ¿a dónde se fueron? / Al sitio de los sin cuerpo, mis abuelos / Quinatzin y Tlaltecatzin, / y Techotlala el señor, que vinieron uno tras otro, / desde Chicomóztoc. / Amargado y llevado por el viento / fue visto Acolmiztli: vienen cantando / él y Atotoztli el Colhuacan. / Ah, ya retoña, ya abre sus hojas / su llanto florido y de Coxcotzin el de Calcoman, / de igual modo se va en lamento. / Apenas vieron la gran tierra Acolhuacan, / entre acacias y magueyes salvajes, tomaron posesión de ella: / de igual modo se va en lamento. / Ya me voy, ya me voy, salga mi cautivo; / me voy, me voy, salga mi cautivo 26.

Vemos que desde joven, Nezahualcóyotl fue un gran guerreo iniciado como Caballero del Sol, “un soldado de excepción, con narices, labios y orejas perforados y las borlas rojas a la espalda”, vinculado profundamente con la élite militar azteca. Estas borlas que colgaban de una trenza desde la coronilla a la que se ataba un plumaje de plumas verdes, azules y coloradas, eran otorgadas a los nobles por el rey en señal de agradecimiento por una gran hazaña. Además, probablemente “él mismo realizó alguna vez la función del verdugo ritual, en ocasiones como la inauguración del Cuauhxicalli, o piedra del sol para los sacrificios, que hizo construir Moctezuma y en cuya ceremonia estuvo presente”, según relata Fray Diego Durán en su Historia de la Indias de Nueva España, cap. XXIII. Mucho debió luchar en su corazón éste príncipe para oponerse a estos rituales en los que había sido iniciado y participado tan activamente.




Nezahualcóyotl como guerrero.

Pero otros eran los pensamientos que Nezahualcóyotl albergaba en su corazón, los que le llevaron a convertir a Texcoco en el centro cultural más importante de la época; lugar a donde los otros señoríos, incluso los de México-Tenochtitlán, enviaban a los príncipes, sus hijos, a estudiar con los tlamatinime, y a instruirse en el conocimiento de la lengua náhuatl, que Nezahualcóyotl se encargó muy especialmente de cuidar y preservar al igual que todas las artes: la arquitectura, la escritura, la poesía, las artes adivinatorias, la música, el canto y el baile, la pintura, la cerámica, la alfarería, la plumería, los fundidores de metales, los orfebres, gematistas, oficios que eran considerados sagrados pues en realidad para la mentalidad náhuatl no había diferencia entre éstos y su ser.

Entronización

Pues bien, llegado a este punto, vayamos de nuevo a la ciudad de México, a aquel día cuando a sus veintinueve años, finalmente, es coronado rey de Texcoco.

Vestido por los sacerdotes,

con una ropa real de algodón azul, se le calzó con unas cutaras, también azules, y se le puso en la cabeza, como insignia real, una venda del mismo color, forrada, más ancha hacia el frente, de modo que parecía una media mitra, se dirigió al templo de Tezcaltipoca acompañado por los grandes y principales del reino, y por los reyes de México y de Tacuba.

Encontrándose frente al ídolo desató su vestidura quedando desnudo. Le fue entregado el sahumerio con copal e invocando a las cuatro direcciones del espacio empezó a hablar, terminando su discurso con esta palabras:

¡Oh, señor nuestro humanísimo, sabedor de los pensamientos y dador de los dones!… Tened por bien darme un poquito de luz, aunque no sea más de cuanto echa de sí una luciérnaga que anda de noche, para ir en este sueño y en esta vida dormida, que dura como el espacio de un día donde hay muchas cosas en que tropezar, y muchas en que dar ocasión de reír, y de otras cosas que son camino fragoso, que se han de pasar saltando… yo soy vuestra boca, cara, orejas, dientes y uñas… por eso os ruego que pongáis dentro de mí vuestro espíritu y vuestras palabras 27.

Volviendo su rostro hacia el sacerdote principal o sucesor de Quetzalcóatl, éste comenzó a dirigirle larga plática ritual hablándole así:

¡Oh señor nuestro serenísimo, y muy precioso! Ya se determinó en el cielo y en el infierno, y se averiguó y te cupo esta suerte, a ti te señaló, sobre ti cayó la elección de nuestro señor dios soberano…

Y más adelante:

…sois imagen de nuestro dios, y representáis su persona, en quien está descansando, y de quien él usa como de una flauta y en quien él habla, y con cuyas orejas oye… Mira, señor, que no vuelvas a hacer lo que hacías cuando no eras señor… ahora te conviene tomar “corazón de viejo” de hombre grave y severo. Mira mucho por tu honra, por el decoro de tu persona, y por la majestad de tu oficio; que tus palabras sean raras y muy graves, ya tienes otro ser...

Y para terminar:

No penséis, señor, que el estrado real y el trono es deleitoso y placentero; no es sino gran trabajo y de mucha penitencia… ¡Oh señor nuestro y rey! ¡Viváis muchos años trabajando en vuestro oficio real! 28

Al terminar aquellos discursos y despedir con extremada cortesía a los oradores, bajó del templo con todo su acompañamiento, con gran silencio y acatamiento, y se apostó en la casa de los hombres de dignidad, que estaba al pie del cu. Allí permaneció cuatro días, ayunando sin comer más que poca cosa de un solo manjar, a medio día, y bebiendo agua simple. En aquellos días, además, no había de tener trato con mujer ni hacer cosa deshonesta, y pasaba el tiempo en meditar y considerar la dignidad que recibía y el cuidado que había de guardar en su gobierno. Al salir el sol y al ocultarse, incensaba al ídolo y hacia las cuatro partes del mundo. Pasados los días de su retiro y ayuno, se iniciaron las ceremonias civiles. Se le bañó con agua fría y, puesta la corona y los hábitos reales y acompañado de los grandes del reino y de los embajadores y personas ilustres que asistían, salió a la plaza al ‘areito’ público y bailó con mucha mesura y gravedad… Acabado el ‘areito’, ya cerca de la noche, recibió en una gran sala de la casa real, los parabienes de los súbditos que eran más bien para recordarle una vez más los trabajos del gobierno, sus muchos cuidados y los sobresaltos y mudanzas que acompañan a la dignidad real, y pedirle no se descuidase, ya que de él dependía el bien y el mal de todos... 29




Entronización.

Pasado un tiempo desde su coronación aún en México y de haber logrado concretar los límites entre los señoríos aliados, fijando una línea de norte a sur quedando la parte oriental para Texcoco y la occidental para México–Tenochtitlan, Nezahualcóyotl decidió trasladarse finalmente con toda su familia y corte a gobernar en Texcoco, ciudad situada al norte del Valle de México a la orilla del lago, reconquistando, pacificando y uniendo todas las provincias correspondientes a su señorío, ordenando su reino y convirtiendo rápidamente a Texcoco en el centro cultural más importante de su tiempo de donde emanaba todo saber, y lo más refinado de su pensamiento que aplicó a todos los órdenes de la cultura. Pues antes de partir para Texcoco y teniendo ya en mente todas las obras que quería llevar a cabo le pidió a su tío Itzcóatl, que le diera “cantidad de oficiales de todas las artes”, a los que se sumó muchos otros de las ciudades que conformaban la Triple Alianza.

De allí en adelante, comenta Juan Bautista Pomar, bisnieto de Nezahualcóyotl, nacido de padre español en Texcoco hacia 1535, que:

mandaba y gobernaba como le parecía que convenía, poniendo todo su cuidado principalmente en tres cosas: la primera, en los negocios de la guerra, lo segundo, en el culto divino, y lo tercero, en los frutos de la tierra, para que siempre hubiera mucha hartura. Oía todos los días las cosas de gobierno, porque las de justicia oían los jueces… Despachaba con pocas palabras y jamás se excedía en lo que mandaba 30.




Arriba, Nezahualcóyotl con su hijo Nezahualpilli gobernando en su Palacio de Texcoco.
(Códice Quinatzin).

No acabarán mis flores, / no acabarán mis cantos: / Yo cantor los elevo: / se reparten, se esparcen… 31

Continuará…

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BIBLIOGRAFÍA.

–Federico González Frías, El Simbolismo Precolombino, cosmovisión de las Culturas Arcaicas, Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2016.
–Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2013.
–José Luis Martínez, Nezahualcóyotl, Vida y Obra, Fondo de Cultura Económica, México, 1980.
–Miguel León-Portilla, Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, Fondo de Cultura Económica, México, 1974.
– Miguel León-Portilla, La Filosofía Náhuatl, UNAM, México, 1974.
– Ángel M. Garibay K., La Literatura de los aztecas, Ed. Joaquín Mortiz, México, 1975.
–Fr. Bernardino de Sahagún, Historia General de las cosas de Nueva España, Edición de Ángel María Garibay K., Editorial Porrúa, México, 1979.
–Informantes de Sahagún, Códice Florentino.


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NOTAS.
1 Transcribimos a continuación, por su claridad, lo que Federico González Frías cita en su Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, extraído de uno de los libros que nos ha servido de guía en este trabajo: Nezahualcóyotl, Vida y Obra, por José Luis Martínez –magníficamente escrito y documentado–, respecto a las ideas y los nombres que daban los nahuas a su dios Dual, pero único y solo Dios, Ometéotl, andrógino, manifestación del “que a sí mismo se inventa” expresando así su origen metafísico, el Dios Desconocido:
“En la base de la concepción teológica tolteca se encuentra un doble principio creador, masculino y femenino a la vez, al que llamaron Ometéotl, que engendró a los dioses, al mundo y a los hombres. Este dios de la dualidad o creador supremo habita en «el sitio de las nueve divisiones» o cielos o «sobre los doce cielos» o en «el treceno cielo», y va tomando diferentes aspectos al actuar en el universo…”
Es Señor y Señora de la dualidad (Ometecuhtli, Omecíhuatl).
Es Señor y Señora de nuestro sustento (Tonacatecuhtli, Tonacacíhuatl).
Es madre y padre de los dioses, el dios viejo (in teteu inan, in tetu ita, Huehuetéotl).
Es al mismo tiempo el dios del fuego (in Xiuhtecuhtli), ya que mora en el ombligo (tle-xi-co: en el lugar del ombligo del fuego).
Es el espejo del día y de la noche (Tezcatlanextia, Tezcatlipoca).
Es el astro que hace lucir las cosas y faldellín luminoso de estrellas (Citlallatónac, Citlalinicue).
Es señor de las aguas (Tláloc), el del brillo solar de jade y la de la falda de jade (Chalchiuhtlatónac, Chalchiuhtlicue).
Es nuestra madre, muestro padre (in Tonan, in Tota).
Es, en una palabra, Ometéotl que vive en el lugar de la dualidad (Omeyocan).
Ometéotl tiene, además, los siguientes atributos existenciales:
Es Yohualli-ehécatl, que Sahagún traduce como «invisible e impalpable»; [Noche y Viento]. Es In Tloque in Nahuaque, «El dueño del cerca y del junto», como propone León-Portilla, o «Cabe quien está el ser de todas las cosas, conservándolas y sustentándolas», según fray Alonso de Molina (Vocabulario en lengua castellana y mexicana, f 148 r), o «Aquel que tiene todo en sí», según Francisco Javier Clavijero (Historia antigua de México, lib. VI, Cap. 1) o «El que está junto a todo, y junto al cual está todo», según Garibay (Historia de la literatura náhuatl, t. III, p. 408);
Es Ipalnemohuani, «Aquel por quien se vive», según Clavijero (Ibídem), o el «Dador de la Vida», como lo traduce Garibay en sus versiones de los cantares nahuas;
Es Totecuio in ilhuicahua in tlalticpacque in mictlane, «Nuestro Señor, dueño del cielo, de la tierra y de la región de los muertos», según León-Portilla;
Es Moyocoyani, «El que a sí mismo se inventa», según León-Portilla.”

(Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, ver entrada: Ometéotl y Dios Desconocido, Ed. Libros de Innombrable, Zaragoza, 2013).
2 Informantes de Sahagún, Códice Florentino. Extraído de Miguel León-Portilla, Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, Fondo de Cultura Económica, México, 1974.

3

“De Quetzalcóatl, indicaremos que hay varias versiones de la historia de este personaje mítico, las que corresponden asimismo a la verticalidad de sus funciones como dios, o sea, como emisario de la energía divina. Sin embargo, todas ellas confluyen en este esquema de lo descendente-ascendente con ciertas características particulares o secundarias que es interesante observar.
Quetzalcóatl es dios del fuego y en ese sentido su sacrificio repite el de Nanahuatzin, el 'buboncillo' creador, en Teotihuacán, al que también se lo identifica con Huehuetéotl. Es hijo de la pareja emanada de Ometéotl: Ometecutli-Omecíhuatl y, como tal, dios descendente.
Es también dios del aire y por lo tanto hálito y mensajero divino. Como deidad del viento está en el 'principio del agua', en el 'corazón del agua', pues barre el camino de las lluvias, a las que anuncia al final de la época seca como emisario de la regeneración de la naturaleza.
En el mismo sentido, como heraldo de la mañana, precede al sol en su recorrido y anuncia el nuevo día, actuando como vínculo entre las tinieblas nocturnas y la luz matinal.
Este papel dual se advierte asimismo como dios de los gemelos y, en especial, en la vinculación con su propio mellizo Xolótl –es decir: Venus como estrella matutina y estrella vespertina– el cual representa la parte oscura, húmeda, subterránea del paredro en el que él significa la porción luminosa.
En Teotihuacán y en otras manifestaciones culturales mesoamericanas se lo asocia a Tláloc y por lo tanto a la lluvia y las aguas –también a la luna–, por eso mismo a la fecundación, a la generación y la vegetación, lo cual lo liga igualmente a las deidades de la tierra y la naturaleza. Reúne en sí los cuatro elementos que en él se complementan y como deidad descendente-ascendente recicla constantemente al universo.
Es la potencia divina en acción, el verbo y el aliento de este ser ya viejo llamado mundo. Este papel intermediario le ha sido atribuido siempre a Quetzalcóatl –y de allí su vinculación estrecha con el sol– puesto que es el constructor del mundo, el demiurgo, asimismo sostén y columna del cosmos, y también el creador del hombre a partir de los huesos de los difuntos, regados por la sangre de su propio desmembramiento, como otros dioses de distintas tradiciones.
Es también el sustentador y como tal 'descubre' el maíz, el alimento constitutivo del género humano.
Es educador, psicopompo, ha dado la ciencia y dispensa el conocimiento de los misterios cosmogónicos y teúrgicos.
Es asimismo salvador y liberador ya que la revelación y encarnación de esta entidad así llamada promueve en nosotros la iniciación al Hombre Verdadero, al Hombre Arquetípico por excelencia, modelo, símbolo y ejemplo a seguir ritualmente por sabios, guerreros, artistas y agricultores que conformaron la comunidad de los pueblos americanos.
Quetzalcóatl está en el comienzo (como creador), en el medio (como sustentador), y en el fin (como esperanza de retorno, o sea, la posibilidad de ser recibido por el hombre actual en su interioridad), pues de manera tradicional y unánime se espera su vuelta mesiánica en el continente indígena.
Como símbolo del planeta Venus recorre el mundo subterráneo y sale airoso de las tenebrosas pruebas a que es sometido. Quetzalcóatl Topiltzin, rey de Tula, su imagen histórica, hace lo mismo y reitera un viaje verdaderamente subterráneo (o infra-mundano) que incluye la embriaguez y el incesto –como símbolos de lo que está fuera o más allá de la ley– antes de su culminación como lucero del alba.
Deidad central de los pueblos americanos –que lo conocen con distintos nombres– reúne en sí la acción divina y es por lo tanto la imagen más notoria de la potencialidad de lo sagrado."

(Federico González Frías, El Simbolismo Precolombino, Cosmovisión de las culturas arcaicas, Ed. Libros del Innombrable, Zaragoza, 2016).

4 Recogido en su Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, Federico González Frías nos da una síntesis de la visión náhuatl de la grandes eras, de las cuales hay varias versiones.
“Los mesoamericanos llaman ‘soles’ a cada una de las grandes eras en que se divide el ciclo completo. Existen varias versiones, en las distintas tribus, de cómo fueron los soles anteriores, y cómo terminaron cada uno de ellos. Según una versión muy conocida de los aztecas, todos los soles, ciclos, o eras terminan siempre en grandes cataclismos, originados por Quetzalcóatl o Tezcatlipoca dioses enemigos cuyos combates determinan la historia del universo. El primer sol, regido por Tezcatlipoca, el tigre, es frío, nocturno y se relaciona con el norte; en ese mundo habitaron los gigantes, que fueron destruidos al ser devorados por el tigre. El segundo sol es de viento, y está bajo el patrocinio de Quetzalcóatl, corresponde al oeste y fue destruido por un gran viento que derribó los árboles haciendo perecer a casi toda la humanidad; quedaron unos cuantos hombres convertidos en monos. En el tercero los dioses pusieron a Tláloc, dios de la lluvia, como el sol; acabó cuando Quetzalcóatl hizo que lloviera fuego, quedando unos pocos hombres convertidos en pájaros; este sol corresponde al sur. El cuarto sol es acuático, situado bajo el signo de Chalchiuhtlicue, diosa del agua, hermana de Tláloc; este sol corresponde al este y terminó por inundación cuando Tezcatlipoca hizo que lloviera, pereciendo los hombres o siendo transformados en peces. Actualmente vivimos en el quinto sol, el cual correspondería al centro, ya que los anteriores cuatro se colocan en cada uno de los puntos cardinales; es un sol regido por Xiuhtecutli, una de las diosas del fuego, y acaba por terremoto o temblor de tierra”.
La Teogonía e Historia de los Mexicanos dice:
“El quinto sol, signo del cuarto ollín (movimiento), se dice Olintonatiuh (sol del movimiento), en éste habrá terremotos y hambre general, con que hemos de perecer.”
Ciclos solares:
“Se refería, se decía / que así hubo ya antes cuatro vidas, / y que ésta era la quinta edad.
Como lo sabían los viejos, / en el año 1-Conejo / se cimentó la tierra y el cielo. / Y así lo sabían, / que cuando se cimentó la tierra y el cielo, / habían existido ya cuatro clases de hombres, / cuatro clases de vidas. / Sabían igualmente que cada una de ellas / había existido en un Sol (una edad).
Y decían que a los primeros hombres / su dios los hizo, los forjó de ceniza. / Esto lo atribuían a Quetzalcóatl, / cuyo signo es 7-Viento, / él los hizo, él los inventó. / El primer Sol (edad) que fue cimentado, / su signo fue 4-Agua, / se llamó Sol de Agua. / En él sucedió / que todo se lo llevó el agua. / Las gentes se convirtieron en peces. Se cimentó luego el segundo Sol (edad). / Su signo era 4-Tigre. / Se llamaba Sol de Tigre. / En él sucedió / que se oprimió el cielo, / el Sol no seguía su camino. / Al llegar el Sol al mediodía, / luego se hacía de noche / y cuando ya se oscurecía, /los tigres se comían a las gentes. / Y en este Sol vivían los gigantes. /Decían los viejos / que los gigantes así se saludaban: / "no se caiga usted", / porque quien se caía, / se caía para siempre.
Se cimentó luego el tercer Sol. / Su signo era 4-Lluvia. / Se decía Sol de Lluvia (de fuego). / Sucedió que durante él llovió fuego, los que en él vivían se quemaron. / Y durante él llovió también arena. / Y decían que en él / llovieron las piedrezuelas que vemos, / que hirvió la piedra tezontle / y que entonces se enrojecieron los peñascos.
Su signo era 4-Viento, / Se cimentó luego el cuarto Sol. / Se decía Sol de Viento. / Durante él todo fue llevado por el viento. / Todos se volvieron monos. / Por los montes se esparcieron, /se fueron a vivir los hombres-monos.
El Quinto Sol: / 4-Movimiento su signo. / Se llama Sol de Movimiento, / porque se mueve, sigue su camino. / Y como andan diciendo los viejos, / en él habrá movimientos de tierra, / habrá hambre / y así pereceremos. / En el año 13-Caña, / se dice que vino a existir / nació el Sol que ahora existe.
Entonces fue cuando iluminó, / cuando amaneció, / el Sol de movimiento que ahora existe. / 4-Movimiento es su signo. / Es éste el quinto Sol que se cimentó, / en él habrá movimientos de tierra, / en él habrá hambres.
Este Sol, su nombre, 4-Movimiento, / éste es nuestro Sol, / en el que vivimos ahora, / y aquí está su señal, / cómo cayó en el fuego el Sol, / en el fogón divino, / allá en Teotihuacán. / Igualmente fue este Sol / de nuestro príncipe, en Tula, /o sea de Quetzalcóatl.”

(De Los Antiguos Mexicanos a través de sus Crónicas y Cantares. Poemas recogidos por Miguel León Portilla. Extraído del Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos de Federico González Frías, ya citado. Ver entrada: Ciclos–Ciclología).
5

Era el sexto señor chichimeca, descendiente del mismo Xólotl, caudillo de tribus nómades venidas del norte con filiación y lengua náhuatl, que hacia el siglo XII encabezó la conquista de Tula, ciudad para entonces en decadencia, estableciendo, finalmente, la capital de su extenso dominio en Texcoco. Durante su largo reinado, Ixtlilxóchitl adoptó plenamente los usos y costumbres toltecas. “Esta singular voluntad de educación de los tezcocanos o acoluhas culminó con Nezahualcóyotl, que aparece como el representante más típico y más refinado de la cultura mexicana clásica”.

(José Luis Martínez, Nezahualcóyotl, Vida y Obra. Fondo de Cultura Económica, México, 1980).

6

“Deidad náhuatl, principal de las tribus nahuas de la parte oriental del Valle de México. Dios astral de la oscuridad y del cielo nocturno.
Asimismo numen de los tiempos anteriores a la creación cuando aún era de noche. Emblema del Polo celeste simbolizado por la Osa Mayor; por ello, se le identificaba con esta constelación. Era tomado por dios principal y viajó junto con Huitzilopochtli en la migración de los aztecas nómadas hacia Tenochtitlan.
Walter Krickeberg en Las Antiguas Culturas Mexicanas dice:
“El dios Tezcatlipoca se transformó en el dios Mixcóatl y creó el primer fuego con ayuda del taladro en forma de molinillo, porque Mixcóatl reside en el polo celeste, alrededor del cual gira el firmamento entero como el palo en el orificio de la tabla por taladrar al hacer el fuego.”
Y agrega en el libro ya citado:
“En todo caso, según su significado original, Tezcatlipoca era un dios estelar, hecho que se desprende también de los mitos que relatan su origen. Ya sabemos que se transformó en estrella polar para producir el fuego; en otro mito se convierte en la constelación de la Osa Mayor. En los países tropicales, esta constelación aparece verticalmente en el cielo, y era interpretada por los mexicanos y los mayas como un «hombre de una sola pierna» (Huracán en el idioma de los mayas de las tierras altas). A esto se debe que Tezcatlipoca esté representado en los códices con un pie arrancado. El hecho de que esté dibujado con un espejo humeante o llameante en el sitio del pie arrancado y en la sien, es decir, en ambos extremos de su cuerpo, se debe posiblemente a que se querían indicar los dos lugares del horizonte en que emerge el sol desde el océano y desaparece; pues los mexicanos le daban a una superficie de agua el nombre de «espejo de agua». Estas relaciones con los fenómenos naturales conformaron para los aztecas las características de Tezcatlipoca por las que lo veneraban tanto como le temían. El era el ojo que ve de noche, al igual que las estrellas, y era por consiguiente juez y vengador de cualquier acto criminal; era omnisciente y omnipresente, severo e insondable. Era el dios que actuaba según su parecer cuyos esclavos somos (titlacahuan) y lleva como símbolo de su capacidad para escudriñar lo escondido el «utensilio para ver» (tlachieloni) –una vara con un disco agujereado en un extremo–…”

(Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, ya citado).

7

José Luis Martínez, Nezahualcóyotl, Vida y Obra. Fondo de Cultura Económica, México, 1980.

8 Ms. Romances de los señores de la Nueva España, fragmentos, trad. Miguel León-Portilla, extraído de José Luis Martínez, Nezahualcóyotl, Vida y Obra, Fondo de Cultura Económica, México, 1980.
9 Códice Florentino. Miguel León-Portilla, Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, Fondo de Cultura Económica, México, 1974.
10

Informantes de Sahagún, Códice Matritense de la Real Academia, fol. 115v. 116r. Miguel León-Portilla Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, Fondo de Cultura Económica, México, 1974.

11 Miguel León-Portilla, La Filosofía Náhuatl, UNAM, México, 1974.

12 Ms. cantares mexicanos, Miguel León-Portilla, Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, Fondo de Cultura Económica, México, 1974. 

13 Ibid. 

14 Ibid.

15 Miguel León-Portilla, Los antiguos mexicanos a través de sus crónicas y cantares, Fondo de Cultura Económica, México, 1974. 

16 Anales de Cuauhtitlán (Códice Chimalpopoca) Miguel León-Portilla, La Filosofía Náhuatl, UNAM, México, 1974). 

17 Ms. Cantares Mexicanos, Ángel M. Garibay K., La Literatura Náhuatl, Ed. Joaquín Mortiz, México, 1975. 

18 “Importantísimo dios azteca que guía a su pueblo en su peregrinaje hasta Tenochtitlan. Dios de la guerra, los conquistadores lo llamaban peyorativamente Vichilobos: los dioses primigenios Ometecuhtli y su esposa Omecíhuatl, increados y que habitaban en el decimotercero cielo decretaron que este dios y Quetzalcóatl fundaran el ciclo actual. En su honor se festejaban grandes fiestas en el cerro de Huizoctlan. Era hijo de la virgen Coatlicue que había sido embarazada con unas plumas y vituperada por no haber sido creída su versión.”

(Federico González Frías, Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, entrada: Huitzilopochtli). 

19 Canto a Huitzilopochtli, Veinte Himnos Sacros de los Nahuas, versión A. M. Garibay de M. León-Portilla, La Filosofía Náhuatl. 

20 Ms. Cantares mexicanos; M. León-Portilla, La Filosofía Náhuatl. 

21 Aunque, como era de esperarse, no tardaron en surgir desavenencias entre Itzcóatl y Nezahualcóyotl, a partir del incumplimiento por parte del rey mexica de lo pactado con su sobrino, llegando al extremo de ser retado por Nezahualcóyotl al frente de un gran ejército entrando en Tenochtitlán. Itzcóatl acepta su derrota y Nezahualcóyotl, habiendo podido, con esta victoria, hacerse con el señorío de México-Tenochtitlán, sabiamente, les perdona de manera magnánima, manteniendo de esta forma un equilibrio entre los pueblos y las alianzas existentes. Otra disputa se produjo, más luego, entre Motecuhzoma Ilhuicamina y Nezahualcóyotl cuando éste no aceptó colaborar en la construcción del gran templo a Huitzilopochtli resultando en escaramuzas y afrontes entre señoríos, pero a pesar de estas desavenencias se conservó la Alianza manteniéndose la supremacía militar y política de Tenochtitlán, si bien Texcoco “sobresalía como centro de leyes, normas sociales y creaciones filosóficas, literarias e históricas”, según relata A. M. Garibay en su libro Estudios de Cultura Náhuatl. 

22 Miguel León-Portilla, La Filosofía Náhuatl, UNAM, México, 1974.

23 José Luis Martínez, Nezahualcóyotl, Vida y Obra, Fondo de Cultura Económica, México, 1980. 

24 José Luis Martínez, Nezahualcóyotl, Vida y Obra, op. cit.
25 Ibid.
26 Ibid.
27 Fr. Bernardino de Sahagún, Historia General de las cosas de Nueva España, Edición de Ángel María Garibay K., Editorial Porrúa, México, 1979. Extraído de José Luis Martínez, Nezahualcóyotl, Vida y Obra. Fondo de Cultura Económica, México, 1980. 

28 Ibid.
29 Ibid.
30 Juan Bautista Pomar, Relación de Texcoco, extraído del libro de J. L. Martínez ya citado. 

31 Ms. Cantares mexicanos, M. León-Portilla, La Filosofía Náhuatl, ya citado.. 

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