SYMBOLOS
Revista internacional de 
Arte - Cultura - Gnosis
 

TARTESOS, LA CIUDAD DE ULÍA,
EL SEÑORÍO DE MONTEMAYOR
Y EL CASTILLO DUCAL DE FRÍAS.
Linajes históricos y mitos fundadores.

Francisco Ariza.
1ª edición 2016. Diputación de Córdoba.
86 ilustraciones. 142 págs. D. L: CO 2050-2016.





Presentación novedad editorial
Biblioteca Pública Arús, Barcelona
30 de marzo de 2017

El autor tomó la palabra para dar gracias por la posibilidad de presentar el libro Tartesos, La Ciudad de Ulía, El Señorío de Montemayor y el Castillo Ducal de Frías. Linajes históricos y mitos fundadores.

La obra, editada por la Diputación de Córdoba y el Ayuntamiento de Montemayor, fue presentada en la Biblioteca Pública Arús de Barcelona el miércoles día 30 de marzo, y es el resultado de dos conferencias que tuvieron lugar en Montemayor y en el Círculo de Labradores de Montalbán en noviembre de 2015.

A continuación, nos abrió la puerta a otras realidades que están aquí y ahora, y que pueden ser rescatadas del olvido mediante el poder de la palabra si la intención de quien la pronuncia vibra en la misma frecuencia que lo que esta invoca:

"Por motivos que hay que atribuir al azar, (que es hermoso al decir de Platón), la génesis del libro, comenzó con la visita al Museo Arqueológico de Ulia, cuando este todavía no estaba ubicado en su sede actual sino en una de las dependencias anejas a la iglesia de Montemayor”, siendo efectivamente dicho museo “como una puerta de entrada no sólo a ese fecundo período civilizador de la Bética romana, receptora asimismo de distintas corrientes filosóficas y mistéricas venidas de las diferentes partes del Imperio, sino también a todas aquellas culturas que forjaron la España Antigua, precristiana y prerromana, y que han continuado perviviendo en la memoria."

Nos acercó al punto de vista sobre la Historia que se expresa en la obra, fundamentado “en la Vía Simbólica y sus códigos de conocimiento, en tanto que vehículos de la realidad metafísica, que son los que al fin y al cabo explican el acontecer de la vida humana como ejes vertebradores de la misma, pues de las ideas y principios emanados de esa realidad, entre ellos el modelo cósmico, es decir la cosmogonía, se han derivado todas las artes, las ciencias y el pensamiento de las distintas culturas y tradiciones de la tierra desde tiempo inmemorial.”

Y desde este mismo punto de vista, aborda “el Señorío de Montemayor y el Castillo Ducal de Frías, castillo-fortaleza que corona dicho municipio”, así como “dos de las familias nobiliarias más importantes de España ligadas a Montemayor desde antiguo”, (…) interesado ante todo en “sus linajes históricos y sus mitos fundadores”.

Como no, se refirió al mito, (relacionado con el silencio), y a la necesidad inherente en el ser humano de actualizarlo, accediendo a otros espacios del alma más amplios y menos condicionados, de tal modo que nos encuadró en una de las culturas más antiguas de Europa, Tartesos, a la que ciertos investigadores reconocieron como una colonia atlante:

“Debido a la expansión que la civilización de la Atlántida emprendió en un momento determinado de su ciclo de existencia milenios antes de desaparecer sumergida en las aguas del océano que lleva su nombre.” El arqueólogo e historiador Juan Maluquer de Motes “deja entrever ese origen atlante de Tartesos cuando nos recuerda que de la sangre que brota de Gerión al ser herido por las flechas de Hércules nació un árbol que daba un fruto rojo sin hueso (seguramente el madroño) en la época en que aparecen las Pléyades, las cuales eran llamadas las ‘Atlántidas’ por ser las hijas de Atlas. Como sabemos, en el contexto del mito la lucha contra Gerión representaba el décimo trabajo del héroe griego en su intento por conseguir alcanzar el jardín de las Hespérides (situado en el extremo Occidente), y robar sus manzanas de oro.

Esa expansión de la Atlántida se llevó a cabo también en dirección a América, y este es un dato significativo a retener, pues su ‘descubrimiento’ por Cristóbal Colón supuso el ‘encuentro’ de dos culturas, la precolombina y la hispana (o europea), que tenían a esa lejana civilización entre sus orígenes.”

Declaró con arrojo que vivir no es necesario, navegar es necesario, y que si vives pero no navegas por las aguas superiores es una vida llena de posibilidades que no se actualizan.

En ese sentido, “todos los viajes lo son por la memoria, ligada al tiempo y también con el espacio, pues la historia va íntimamente unida a la geografía y con el medio vital donde las culturas pretéritas han vivido y coexistido entre sí. Por eso mismo nuestro interés por la Antigüedad, en este caso de Occidente, y lo que ella significa, supera con mucho el mero horizonte ‘histórico’. Para nosotros esa Antigüedad está viva. No es un sinónimo de vetustez sino todo lo contrario: es un estado de la conciencia donde habitamos conjuntamente con los ancestros y con los orígenes de nuestra cultura, en la que con seguridad encontraremos un vehículo simbólico para lograr la identidad con nuestro ser verdadero, y que en algún momento quedó atrapada, o perdida, entre los meandros del río del olvido.”


Carlos Alcolea.
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