SYMBOLOS
Revista internacional de 
Arte - Cultura - Gnosis
 

EL SIMBOLISMO DE LA RUEDA.
51 ilustraciones. 207 págs. ISBN:978-84-92759-81-1

EL SIMBOLISMO PRECOLOMBINO.
123 ilustraciones. 321 págs. ISBN: 978-84-92759-82-8

HERMETISMO Y MASONERÍA.
16 ilustraciones. 275 págs. ISBN: 978-84-92759-83-5

LAS UTOPÍAS RENACENTISTAS.
70 ilustraciones. 337 págs. ISBN: 978-84-92759-84-2

Federico González Frías.
Libros del Innombrable. 1ª edición, marzo 2016.

http://www.librosdelinnombrable.com/


              

Presentación novedad editorial
Biblioteca Pública Arús, Barcelona
20 de abril de 2017

Esta tarde-noche del 20 de Abril de 2017 se han presentado en la Biblioteca Arús de Barcelona cuatro libros de Federico González reeditados por Libros del Innombrable en su colección Thot. El Símbolismo de la Rueda, El Simbolismo Precolombino. Cosmovisión de las Culturas Arcaicas, Hermetismo y Masonería. Doctrina, Historia, Actualidad, y Las Utopías Renacentistas. Todos ellos comentados respectivamente por Margherita Mangini, Margarita Batlle, Marc García y Carlos Alcolea. El acto comenzó con unas palabras de Raúl Herrero, el editor de Libros del Innombrable.

Resonaron nuevamente en los allí presentes las ideas acerca de la cosmogonía, el arte, la cultura, la historia, la ciencia sagrada y la metafísica que Federico González ha expuesto en estos libros, que son cuatro muestras significativas de su obra total. Los conferenciantes dejaron bien claro, cada uno tomando como soporte iluminador el libro que presentaba, que esta obra es un testimonio vivo del Conocimiento, de la Gnosis, asimilada y comprendida por su autor, y de la que ha querido hacer partícipes a todos los que han querido y quieran acercarse a ella. La clave de esa comprensión siempre es el símbolo. Federico González nos propone la Vía Simbólica como eje de toda su enseñanza: ya sea la que se desprende del símbolo de la Rueda, o la que se transmite a través de todas las tradiciones y culturas precolombinas, o el Hermetismo y la Masonería, o bien la Utopía, cuya no ubicación espacio-temporal hace que ella aparezca como un símbolo de la realización efectiva de ese Conocimiento, “deleite de la divina sabiduría”, al decir de Marsilio Ficino.

Federico González, su obra, es el Fénix de nuestro tiempo, la luz que ha brillado y continúa brillando en las tinieblas. Esto fue recordado reiteradamente, de una u otra manera, por cada uno de los presentadores, que han vivido en su propia alma el hecho asombroso de la fecundación por el Intelecto. En el fondo no se estaba “presentando” otra cosa que esa experiencia íntima que cada cual ha experimentado en sí mismo comprendiendo la obra de Federico, y han hecho partícipe de ello a quienes allí estábamos presentes.

El Amor siempre aparece cuando es evocado. Y allí hubo un acto de amor a la Sabiduría, que es lo que distingue a los verdaderos filósofos de los simples diletantes, que tanto abundan hoy en día. A estos se les llena la boca con la palabra “Tradición”, y desconocen que esta es sobre todo transmisión de un no saber mediante el aprendizaje de la Cosmogonía Perenne. Aquí no se sigue una lógica racional, como también se dijo, sino que nos encontramos ante constantes paradojas que destruyen nuestras viejas y anquilosadas estructuras mentales para abrirnos a otras perspectivas y posibilidades más universales. La escuela de Platón, a la que desde luego no es ajena la obra de Federico González, nos dejó dicho que el camino hacia la Inteligencia y la Sabiduría es para el alma la liberación de sus cadenas. Lo mismo pasa con la memoria, que necesita ser evocada mediante la idea-fuerza del símbolo, para que ella se libere también de sus cadenas, que son el olvido. El símbolo “sanea” nuestra mente, le devuelve su “virginidad”: la posibilidad de que aquello que el símbolo vehicula se plasme en su substancia; y nosotros devenimos eso mismo: “somos la idea, y el símbolo que la refleja”. Todo este engranaje de ideas tiene que ver con la transmutación alquímica, pues como también se dijo no se trata de “cambiar” sino de transmutar, y esto es el “fuego de rota”, de la Rueda. La Rota Mundi, es un modelo de la Cosmogonía, es idéntica al Liber Mundi, el Libro del Mundo, el que cada uno escribe con su propia vida inspirado por la Tradición, en este caso la Hermética, que tiene como dios nada menos que al mensajero de los estados superiores del Ser.

“Los libros herméticos” son nuestra guía, y Federico González los ha sintetizado y adaptado para su mejor y más fácil comprensión. La gratitud, que brota del corazón, es un gesto que se recibe y se devuelve. La Tradición siempre deja un hilo suelto, un rastro, para que tú lo puedas coger o puedas seguir su huella, y realizar tu viaje. De la “periferia al centro de la Rueda”, donde mora misteriosamente la Deidad ausenta de sí misma. La palabra, sonido articulado como la música, es un don otorgado por los dioses al hombre, y tiene el poder de la fecundación, lo mismo que la letra, que es su plasmación. El discurso de Federico es una hermenéutica de toda esta Enseñanza, y gracias a su interpretación ella cobra inteligibilidad ante nosotros. Ya sea oral o escrito, ese discurso es una revelación, palabra que como él mismo indica en su Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos, “es la irrupción del Bien, la Verdad o la Belleza en nuestras conciencias”, y añadiendo que la ‘audición’ está íntimamente ligada con el proceso de Conocimiento. El Espíritu, el Ser, la Unidad, está siempre presente.

El origen y el destino del viaje hacia el Conocimiento coinciden, de lo que resulta que en realidad nunca hemos “salido” de nosotros mismos. El Conocimiento no se adquiere, como tampoco se “posee”, sino que te das cuenta de que “tú ya eres eso”, de siempre. De ahí que Platón hablara de “recordar” cuando se refería a conocer. Y por eso la memoria es también uno de los motores de la transmutación. Pero los peregrinos constructores, herméticos y alquimistas, conscientes de este hecho asombroso, saben que su viaje no es sólo horizontal, sino que sobre todo es vertical y en torno al Eje del Mundo, y su destino ya está en ellos mismos.

A este respecto, y ya para finalizar, tomamos las siguientes palabras de Federico, escritas en Hermetismo y Masonería: “La vida y andanzas de los hermetistas, casi todos grandes viajeros, cuyas aventuras en busca de la Ciudad del Cielo y su reflejo en la Tierra, y las múltiples peripecias de su camino, constituyen las historias más ricas y extraordinarias a las que los contemporáneos puedan tener acceso, dada la extravagancia y la inagotable creatividad y gala intelectual de que hacen alarde, sin contar la genialidad explícita de los medios de que se valen y el caudal de desarrollo de posibilidades, que abarca todos los campos de la Ciencia y el Arte para desembocar siempre en el Conocimiento”.


Francisco Ariza.

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