SYMBOLOS
Revista internacional de 
Arte - Cultura - Gnosis
 

LOS MANTOS PARACAS

PATRICIA SERDÁ

Presentamos una pequeña muestra fotográfica de los magníficos y misteriosos tejidos precolombinos del antiguo Perú. Se descubrieron hace ya casi un siglo, en la península de Paracas, provincia de Pisco, en Ica, la costa sur de Perú, actualmente declarada “Reserva Natural”. Se destacan por su belleza y colorido, su rica y sorprendente iconografía, su técnica refinada y también por su conservación. Se dice de ellos que no han dejado de maravillar al mundo entero y son una muestra distintiva de su patrimonio cultural.

Estos textiles fueron descubiertos en 1927 por el antropólogo J. C. Tello, en el cementerio de Cerro Colorado y en la Necrópolis de Wari kayan, en esta desértica zona de Perú, que debido a sus fuertes vientos, un clima muy seco y escasas lluvias, (Paracas en quechua significa, “lluvia de arena”) permitió su buenísima conservación. Se encontraron enterrados bajo tierra, la mayoría de ellos en los llamados “fardos funerarios”. En la cultura Paracas el culto a los muertos era un rito muy importante. El difunto era momificado, posteriormente se lo colocaba en posición fetal en una canasta envolviéndolo con estos tejidos, formando un “bulto” en forma de cono al que llamaron fardo. Algunas de estas prendas habían sido su indumentaria, pero la mayoría formaban parte de sus atuendos rituales, como los hermosos y famosos mantos ceremoniales, de cuyo sentido simbólico y mítico e incluso se piensa calendárico de alguno de ellos, ciertamente no se sabe prácticamente nada. También se dice que ciertos mantos podrían haber sido confeccionados expresamente para el propio rito funerario, como ofrendas. Estos mantos eran de extraordinaria calidad, bordados con muchos matices de colores, como vemos en todas estas figuras simbólicas propias de su cosmovisión, verdaderos “cuadros” policromados. Algunos de estos fardos estaban envueltos en más de diez mantos, de los cuales los más finos pertenecieron, se dice, a las altas jerarquías como la nobleza, que era guerrera, y junto con la clase sacerdotal constituían la élite gobernante.

La cultura Paracas (700 a. C.- 200 d. C.), era contemporánea en parte de la cultura Chavín que se desarrolló en el norte, y antecesora de la Nazca. Ha sido clasificada en dos períodos de acuerdo a sus entierros. El de mayor antigüedad, llamado “Paracas Cavernas” (700 a 200 a.C.) donde a principios del siglo pasado se descubrieron 39 sepulturas en Cerro Colorado. Fueron halladas en una cámara subterránea, excavada en la roca, a unos seis metros de profundidad y cuyo acceso tenía forma de copa invertida. Allí se encontraron estos fardos funerarios rodeados de ofrendas de cerámica, instrumentos de caza, pieles de animales y alimentos. Son tejidos de algodón y sus diseños se caracterizan por ser “de tipo geométrico y rígido” con clara influencia de la cultura Chavín. Se observan seres antropomorfos, el más importante de ellos es el “Ser Oculado”, llamado así por sus enormes ojos, al que representaban con formas geométricas de cuerpo entero o solo con su cabeza, con cabellos serpentiformes.

El segundo llamado Paracas Necrópolis (300 a.C a 200 d.C.) fue descubierto en Wari kayán, muy cerca del anterior. Este era un gran cementerio rectangular, y el de mayor riqueza en ajuar funerario. Los sepulcros consistían en grandes cámaras subterráneas construidas dentro de los recintos de un antiguo poblado. Necrópolis significa “ciudad de los muertos” y en donde hallaron 429 fardos cada uno con varios mantos, plenos de colorido, y entre ellos se colocaba el ajuar funerario: (collares de conchas, turquesas, pulseras, espejos de obsidiana, abanicos de plumas, armas, penachos, narigueras de oro, diademas, incluso pequeños animales disecados, etc.). En su mayoría estos mantos estaban bordados con asombrosos “seres mitológicos ancestrales, con atributos de animales. También personajes de las élites locales con atributos de poder, ricamente engalanados que portan cetros, abanicos o cabezas trofeo”. Igualmente aparecen animales (aves, felinos, zorros, serpientes, peces) así como flora. Y principalmente este “Ser Oculado”, una figura que se repite constantemente y a la que representan “volando como un felino o con máscaras felinas, portando alimentos, cabezas trofeo y un báculo”. Son los célebres y enigmáticos mantos Paracas.

En sus confecciones utilizaban fibras de algodón y lana de camélidos (llama, alpaca, vicuña) que teñían con vivos colores, se dice que con siete colores lograron hasta 190 gradaciones de color. Se dice que dominaban prácticamente todas las técnicas posibles ejecutadas con telar manual, desde la tapicería hasta finas gasas.

“Las figuras bordadas fueron realizadas principalmente con dos tipos de puntos, el satín stitch, con puntadas largas y alineadas paralelamente que vuelven al mismo punto de partida, lográndose el mismo efecto en el verso y reverso de la prenda; y el stem stitch, en el que la aguja vuelve hacia atrás situándose a la derecha del punto de partida, creándose dos caras de tejido diferentes. Otra técnica de bordado de enorme complejidad es el "bordado a la aguja tridimensional", que permitió aumentar la gama de colores y dio libertad para representar actitudes y movimientos de las figuras representadas.”
(Exposición: Mantos para la eternidad, textiles Paracas del antiguo Perú).

“Actualmente se sabe que lo que Tello denominó como 'Paracas-Necrópolis' pertenece a otra cultura, la llamada Topará, cuyo centro estaba ubicado más al norte, en el valle de Chincha”.

Con o Kon es un antiguo dios costero de la mitología peruana hermano de Pachacamac. Era un dios creador adorado en las culturas Paracas y Nazca. Algunos lo identifican con el “Ser Oculado” o “dios Oculado” que como decíamos aparece constantemente en la iconografía de sus textiles.

“Hijo del sol fue el creador del mundo, dios volador sin huesos ni carne, pero con forma humana, era rápido e intrépido. En el principio Kon creó el mundo y pobló las tierras bajas cercanas al mar con variedad de plantas y animales. Brindó agua y frutos a sus hijos los humanos sin que sientan la necesidad de trabajar su tierra.

La adoración a esta divinidad fue muy anterior al culto de Pachacamac ya que, según los mitos, éste lo venció y desterró. Siguiendo los relatos que todavía se hallan de Kon, se deduce que era una divinidad de las llamadas “Creadoras”, responsable de la primera generación de seres humanos. Suele vinculárselo con un elemento esencial, el agua. A pesar de su antigüedad y de los numerosos dioses posteriores que vinieron a reemplazar su culto, éste persistió en algunas localidades regionales en el recuerdo de los pobladores costeños y en los nombres de algunas localidades regionales como Kon Kon y Kon Kan, ubicadas a lo largo de la costa norte y central. De esta divinidad se decía que no tenía huesos, que caminaba –o quizás, más bien, volaba– ligero y ágil acortando las distancias, bajando las sierras y remontando los valles. Su desplazamiento por parte de Pachacamac como dios principal de la costa, estaría relacionado con invasiones de pueblos provenientes del sur, los cuales, al dominar la región impusieron el culto de sus dioses.

El mito narra que en el principio de los tiempos llegó a la región central de la costa proveniente de la parte septentrional, un poderoso dios de nombre Kon, quien al no poseer los huesos, se desplazaba velozmente por el aire. Al arribar a esta región decidió crear a los primeros seres humanos y, para que estos viviesen sin necesidad, les proporcionó ricos valles, numerosos ríos y abundantes lluvias. Los afortunados pobladores vivieron en medio de la abundancia y comodidad durante algún tiempo, hasta que progresivamente se fueron degenerando y, con el tiempo, olvidaron a su dios. Este mal comportamiento provocó el enojo de Kon, despertando su ira. Para castigarlos ejemplarmente convirtió las fértiles tierras en desiertos, privándoles de las abundantes lluvias. De ahí resultaría la aridez característica de la costa peruana. Solo les proporcionó irregulares ríos para que, de ahora en adelante, sobreviviesen gracias a su trabajo y a la construcción de extenuantes obras de irrigación. Por esa misma época llegó de la región conocida como el “mediodía”, otro poderoso dios que decía ser el hijo del sol y de la luna, su nombre era Pachacamac y su propósito conquistar toda la región. Ambos dioses se enfrentaron en una colosal lucha que conmovió al mundo durante meses hasta que finalmente Kon resultó derrotado. El triunfante Pachacamac transformó a la primera generación de seres humanos en aves, gatos, pumas y papagayos, en remplazo de los hombres convertidos en animales creó nuevos hombres a los que proveyó de los bienes indispensables para vivir. Estos son los pobladores que habitan actualmente el lugar.”
(Fernando Rosas F. (compilador), Mitos y Leyendas del Perú).

El cronista mexicano Pedro Gutiérrez de Santa Clara (1521 - 1563) escribió:

“Cuentan los indios muy viejos, que lo oyeron de sus antepasados, que el primer dios que hubo en la tierra fue llamado Cons (Kon), el cual formó el cielo, la luna, estrellas y la tierra, con todos los animales y todo lo demás que hay en ella. Y formó con su resuello todos los indios y los animales terrestres y aves celestes y muchos árboles y plantas. Y que después de esto se fue a la mar y que anduvo a pie enjuto sobre ella, y sobre los ríos, y que crió todos los peces que hay, con su sola palabra, y que hizo otras cosas maravillosas, que después se fue de esta tierra y se subió al cielo.

Tiempo después, llegó a la tierra otro dios, más poderoso que Cons, llamado Pachacámac, que quiere decir hacedor del mundo o reformador, el cual destruyó todo lo que había hecho Cons. A los indios que Cons había creado los convirtió en simios o monas, y los envió a vivir a los Andes y a los valles que hay por allí. Pero, misericordioso, Pachacámac creó a otros hombres y muchas indias muy hermosas, así en la serranía como en los llanos. Los que poblaron la serranía, hallaron una tierra fresca, por haber salido recién del diluvio.”

Lo que significó el comienzo de un nuevo período cíclico.

Acerca del dios Pachacamac nos dice el Diccionario de Símbolos y Temas Misteriosos de Federico González Frías:

“PACHACAMAC (Perú). Entre los indios del Perú, Ser Supremo e invisible. Dios de la fertilidad y de los movimientos telúricos, su símbolo es el fuego-dios-oráculo; hacia su templo peregrinaron los indígenas hasta la época de la conquista. Cuando la tierra hacía ruidos ellos oían las voces de Pachacamac. Este nombre significa creador o animador del mundo o sostenedor y conservador de éste. Se dice que Pachacamac había luchado con su hermano Con, al que venció. También se cuenta que igual suerte corrió Viracocha en sus manos, las que una vez sosegadas, comenzaron a construir el mundo nuevamente. Se lo consideraba un sucesor de Viracocha en el período incaico. Ambos, como el viento, se trasladaban ágiles y volátiles sin ser vistos ni tocados. El sol (Inti), igualmente lo simbolizaba.1

Acerca de Viracocha, análogo al Quetzalcóatl mesoamericano y al Gucumatz, Kukulkán en Centro América, al Thot egipcio y al Hermes griego entre otros, el mismo Diccionario nos dice:

“VIRACOCHA (Perú). Nombre del dios liberador, entre los antiguos peruanos. Dios hacedor del mundo entre los indios andinos, original del lago Titicaca, donde vivía; fue también el constructor de Tiahuanaco.

Señor y dueño de todas las cosas, era el patrono del crecimiento en general. Regalos –tierras, ganado, ofrendas– eran dados a otros dioses incas, pero a Viracocha no se le daba nada puesto que lo contenía todo.

Antes que el sol y que la luna fueran hechos, se elevó desde el fondo de las aguas de su hogar; después creó los dos cuerpos luminosos y los colocó en el cielo convenientemente. Su siguiente tarea fue hacer imágenes de piedra y dotarlas de vida, creando así la raza humana. El dios enseñó a los hombres las artes, la agricultura, y la metafísica; les dio enseñanzas mágicas e instituciones. Con posterioridad, habiendo hecho su trabajo, desapareció como había llegado, de súbito.

2. Otro de sus nombres es Pachacamac que significa la fuerza vital del universo.”2

En relación a la Cosmogonía y los dioses Federico González en su libro, El Simbolismo Precolombino nos dice:

“Las cosmogonías precolombinas constituyen una modalidad de la Cosmogonía Arquetípica –en la que el hombre está incluido– más allá de cualquier especulación personal y pese a las diferentes formas o modos en que ella se exprese de acuerdo a las características de espacio, tiempo o manera, que a la vez velan y revelan su contenido, su esencia. Por eso es que esas cosmogonías también están vivas hoy día, en sus símbolos y mitos, que esperan ser vivificados por su conocimiento, por su invocación, para que generen toda la magnitud de su energía potencial. Los hombres antiguos han desaparecido pero no sus dioses eternos –Quetzalcóatl, Kukulkán, Viracocha–3 que aún conviven con nosotros y conforman gran parte de la historia de los países americanos, y aunque no lo advirtamos, la nuestra misma. En verdad aún muchos millones de personas –en el norte, centro y sur de América– los invocan con los antiguos ritos tradicionales y también bajo distintas formas religiosas o teñidas de folklore. La deidad es igual para todos los pueblos que la conocen, así la llamen de una u otra manera, o tome ésta o aquella forma particular; esto es válido para todas las tradiciones vivas o muertas, puesto que la deidad 'en sí' es finalmente una sola aunque sus manifestaciones sean múltiples.4

En este mismo libro en un pie de nota relacionado directamente con este tema nos dice:

“Sin que pudieran ver a Viracocha, los muy antiguos le hablaban y adoraban. Y mucho más los maestros tejedores que tenían una labor tan difícil, adoraban y clamaban. (Dioses y hombres de Huarochirí, manuscrito indígena colonial. Traducción J. M. Arguedas, México 1975). Viracocha, dios educador, era el que había enseñado las artes a los hombres estableciendo así la comunicación cielo-tierra. Este es un bello ejemplo de invocación ritual por intermedio de una iniciación artesanal, particularmente si se toma en consideración que los textiles de la zona, en que se encontró este manuscrito, se cuentan entre los más bellos y perfectos del mundo. Es notoria la poca importancia que los cronistas coloniales prestaron a las artesanías como forma ritual y didáctica, como recepción y transmisión de conocimientos, aunque alaban las condiciones y la industria de los naturales y el Códice Florentino, verbigracia, ilustra claramente sus actividades. Los informantes indígenas de Sahagún equiparan a los alfareros (artífices-toltecas) a los sabios y maestros, en cuanto son creadores, dan vida a la masa informe. "El que da un ser al barro; de mirada aguda, moldea, amasa el barro. El buen alfarero pone esmero en las cosas, enseña al barro a mentir, dialoga con su propio corazón, hace vivir a las cosas, las crea, todo lo conoce como si fuera un tolteca...". Lo mismo sucede con los pintores: "El buen pintor; entendido, Dios en su corazón, que diviniza con su corazón las cosas, dialoga con su propio corazón". (Texto traducido por Miguel León Portilla).Por otra parte, los motivos 'decorativos' artesanales no son creaciones populares como se suele creer, sino que constituyen diseños perfectamente establecidos y repetidos ceremonialmente, símbolos tradicionales reveladores de un pensamiento e idea cosmogónicos.5



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NOTAS
1 Editorial Libros del Innombrable, 2013.
2 Ibid.
3 De los que se dice han de volver.
4 Editorial Libros del Innombrable, 2016
5 Ibid.
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