LA FILOSOFIA OCULTA EN LA EPOCA ISABELINA. Frances A. Yates. Fondo de Cultura Económica, México 1982. 331 págs. 

Ya desde las primeras páginas del libro, su autora nos advierte que se trata de un estudio estrictamente histórico y no de una investigación de "lo oculto", para lo cual dice no tener los medios suficientes. Más adelante puntualiza que se ha centrado en lo que el Renacimiento denominó "filosofía oculta", que comprende el pensamiento hermético y mágico del neoplatonismo y una versión cristianizada de la Cábala judía. Pensamos que si bien puede decirse que está escrito desde una perspectiva histórica, también es cierto que la visión que nos ofrece del período en cuestión no consiste en una acumulación de datos, ni en su interpretación desde parámetros políticos y económicos, sino que es una visión que podemos denominar sagrada, que ve lo oculto como verdadero motor de lo aparente, y que por tanto coincide con la visión tradicional según la cual bajo el caparazón de los acontecimientos, de los hechos computables, es decir de lo exotérico, hay otro nivel interno y misterioso causa del anterior, lo esotérico. En este plano se mueven los personajes que encabezan los distintos capítulos del libro, hombres de conocimiento cuyas vidas y obras, -su manera de entender el mundo y a ellos mismos, sus contactos y la forma en que se influenciaron entre sí y a su entorno, sus viajes y avatares- describen también una historia, pero ésta ya no como algo cerrado en sí mismo, acabado y por tanto lejano, sino significante y vivo. 

El libro está dividido en tres partes, la primera lleva por título "La filosofía oculta en el Renacimiento y en la Reforma". Distintos personajes van iluminando este período, desde Ramón Llull a Alberto Durero pasando por Pico de la Mirándola, Johannes Reuchlin, Francesco Giorgi y Enrique Cornelio Agripa entre otros. Cada uno a su modo coincide en ver al hombre como un mago, o también un artesano al que gracias al conocimiento de los atributos divinos, -cielos planetarios, también llamados ángeles, números o sephirot en la Cábala- y a su meditación e invocación, le es permitido un viaje a través de estos mismos estados o planos de sí mismo. 

La segunda parte "La filosofía oculta en la época isabelina en Inglaterra" es la que da título a la obra. La autora se pregunta si el gran interés por lo oculto que caracterizó al mundo isabelino se debe sólo a "influencias de tradiciones populares", o bien si se trata de la misma filosofía oculta característica del Renacimiento que estaba todavía activa, con renovado vigor, durante el Renacimiento isabelino. Ella misma argumenta que "la filosofía dominante de esta época fue precisamente la oculta, con su magia, su melancolía, su deseo de penetrar en esferas profundas del conocimiento y de la experiencia científica y espiritual, y su temor ante los peligros de semejante empresa, así como con la fiera oposición que encontró en su camino". De John Dee nos dice que fue el filósofo más característico de la época isabelina, especialmente influenciado por Pico, Reuchlin y Agripa, y que hay que considerarlo como un cabalista cristiano, "así se explican las curiosas anomalías aparentes de su actitud, pues Dee era simultáneamente un brillante matemático y entusiasta propagandista de los estudios científicos, y un 'invocador' de los ángeles, al mismo tiempo que se consideraba con todo fervor un ardiente cristiano reformado". Desde esta óptica la obra de Shakespeare también adquiere un nuevo carácter, vemos en El mercader de Venecia el tema de la conversión de los judíos por medio de la Cábala cristiana, en Hamlet su melancolía inspirada, y en La Tempestad y en El Rey Lear distintos aspectos del mismo Dee; de El sueño de una noche de verano nos dice "es un asombroso ejemplo del increíble virtuosismo con que Shakespeare hace uso de las imágenes esotéricas. El verdadero argumento y el significado real están en la lógica metafísica de las imágenes". Respecto a esta temática recurrente en la obra de Shakespeare, Frances Yates insiste en el hecho de que no está tan ligada como comúnmente se ha dicho al folklore popular, sino que ella lo relaciona más bien a la corriente hermética y a la Cábala cristiana; pensamos que ambas posibilidades no son necesariamente excluyentes, ya que el mensaje transmitido a nivel oral mediante los cuentos y las leyendas que el pueblo ha sabido conservar, no es distinto en esencia al que fundamenta la obra de aquellos hombres. 

La tercera y última parte estudia cómo la filosofía oculta se proyecta hacia el futuro a través también del llamado movimiento rosacruz, el cual puede entenderse mucho mejor relacionándolo con la Cábala cristiana en su forma isabelina, tal como lo argumenta en su libro El iluminismo rosacruz. 

Frances Yates explica que lo que intenta es dar unas pautas, "sugerir nuevos ángulos", a partir de los cuales se pueda seguir investigando en unas interrelaciones, distintas a las de la "historia oficial". Una perspectiva que permite al hombre de hoy reconocer un mundo en el que lo oculto es todavía fecundo. Antonio Guri

 
 
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