VERS LA TRADITION. "Répandre la lumière et rassembler ce qui est épars". 14, avenue de Général de Gaulle; B.P. Nş 193, 51009 Châlons sur Marne cedex, France. Trimestral. Dirigida por Roland Goffin. Nş 83-84 Marzo-Junio de 2001. "POUR NOUS, RENÉ GUÉNON. 1886-1951. Hommage pour le cinquantième anniversaire de son retour à Dieu. Ce que nous lui devons". SOMMAIRE: Roland Goffin: Liminaire. TRADITION: T. Palingenius: La Religion et les Religions; HOMMAGES ET PRESENCE: Antonello Balestrieri: Pour nous, René Guénon ou: ce qu'a signifié pour moi l'oeuvre de Guénon; Cheik Khaled Bentounes: Cinquantenaire de la mort de René Guénon; Jean Borella: Ce que je dois à René Guénon; Federico González: Guénon dans le coeur; Jean Hani: Hommage; Koenraad Logghe: Vis et Souviens-toi; Denise Richard: Présence; Tullio Masera: Cher Directeur; Philippe Vaillant: Croire-savoir-croire, ce que je dois à René Guénon; Nikos Vardhikas: Nove, non nova; John Deyme de Villedieu: Post Tenebras Lux; FORMES: Dalil Boubakeur: René Guénon et l'Islam; Daniel Cohen: René Guénon et le Judaïsme; Patrick Marcelot: "Lorsque le soleil se lèvera à l'Occident..."; Michel Rouge: De René Guénon au Sheykh Abdul-Wahid Yahya; Jean-Pierre Schnetzler: René Guénon et l'arrivée de l'Orient bouddhique en Occident; CENTRE ET REALISATION: Luc-Olivier d'Algange: L'ensoleillement intérieur; Hajj Yahya Pallavicini: Le dernier rappel; G. Servant: L'intellectualité dans l'enseignement de René Guénon; Ahmad Abd-al-Waliyy Vincenzo: De l'oeuvre à la mise en oeuvre; Patrick Zanzi: La "réalisation virtuelle"; Amedeo Zorzi: "Et Lux in Tenebris Lucet"; MELANGES: André Bachelet: Divergences; Bruno Hapel: Edition en perdition; Jonas: Pour en finir avec René Guénon; Abdellah Penot: Guénon et les "Guénoniens"; PERSPECTIVES: Centre d'Etudes Métaphysiques: Témoignages; Roland Goffin: Et maintenant, que faire?; ANNEXES: Antonello Balestrieri: Nouvelles techniques d'attaque contre l'oeuvre de René Guénon.

Con este número doble la revista VERS LA TRADITION (cuya labor en la difusión de la obra guenoniana y del pensamiento tradicional en general es verdaderamente encomiable) se suma al homenaje que desde diferentes medios, y en diversos países, se ha tributado durante el año 2001 a la obra y figura de René Guénon con motivo del cincuentenario de su fallecimiento. Todos estos actos y reconocimientos nos permiten comprobar que en realidad Guénon, es decir su pensamiento, enraizado en la Sabiduría Perenne, y la obra que lo expresa, continúan vivos y nutriendo a muchos buscadores en el camino del Conocimiento, lo cual siempre es motivo de alegría en un mundo tan terriblemente oscuro y enajenado como el nuestro, producto del fin de ciclo, y al que Guénon, basándose en un conocimiento profundo de la doctrina de los ciclos cósmicos, tan magistralmente diagnosticó el origen y la causa de su anomalía.

La revista se abre con un artículo del propio Guénon titulado "La Religión y las Religiones", publicado en La Gnose en marzo de 1910 bajo el sobrenombre de Palingenius. El joven Guénon tenía ya muy clara la naturaleza del fenómeno religioso, insuficiente para ir más allá de una lectura moral-sentimental, dogmática y "teológica" de la realidad de lo sagrado, de ahí que el artículo se abra con esta máxima taoísta: "Honrad la Religión, desconfiad de las religiones". La Religión es tomada aquí como sinónimo de la Tradición, mientras que las religiones no son otra cosa que "...desviaciones de la Doctrina primordial; y no hay que tomar como formando parte del Arbol de la Tradición a las plantas parasitarias, antiguas o recientes, que se enlazan a su tronco, las cuales, aun viviendo de su propia substancia, se esfuerzan en asfixiarla: vanas tentativas, porque las modificaciones temporales en nada pueden afectar a la Verdad inmutable y eterna".

Entrando ya de lleno en las aportaciones al homenaje, Antonello Balestrieri expone lo que ha significado para él la obra de Guénon, a la que compara con un inmenso edificio, "erigido durante más de cuarenta años de labor continua, incansable y solitaria", y destacando asimismo la armonía y la coherencia de su construcción, pues "cada elemento por acabado que esté en sí mismo, es continua y rítmicamente reconducido al plan del conjunto". Es desde luego muy sugestivo comparar, como hace Balestrieri, la obra guenoniana con un edificio, que ante todo ha de ser "estable" y "útil", condiciones que desde luego están en los libros de Guénon, que son "estables" porque lo que en ellos se expresa reposa esencialmente en los principios inmutables de la metafísica, arquetipos del discurso creacional; y son "útiles" porque en el fondo nada hay más útil y necesario que el Conocimiento, hacia el que precisamente nos guía la obra guenoniana como testimonio vivo y actual de la Tradición Unánime y la Ciencia Sagrada. El mismo Balestrieri denuncia en el Anexo final de la revista los ataques que está recibiendo la obra guenoniana de parte de ciertos sectores que precisamente no llegan a entender la verdadera naturaleza de lo que dicha obra vehicula.

Vienen a continuación una nota del Sheikh K. Bentounès, seguida de unas reflexiones de Jean Borella. Este último señala alguna experiencia personal que tuvo en su juventud con la lectura de El Simbolismo de la Cruz. Todo y reconociendo la influencia positiva que Guénon ejerció sobre él, Borella no acaba todavía de asimilar ciertos aspectos de sus enseñanzas, como por ejemplo la doctrina que se desprende de El Rey del Mundo, obra "imposible", según sus propias palabras, por su "concepción administrativa de la economía espiritual", cosa que no entendemos muy bien lo que quiere decir en relación a este libro fundamental en la bibliografía guenoniana.

"Guénon dans le coeur" es la contribución de nuestro director, Federico González, quien habla también en nombre de los redactores de SYMBOLOS y de todos aquellos que han sido tocados de verdad por la obra guenoniana, tomándola como la "guía intelectual que los ha introducido en el mundo del Conocimiento", siendo fundamental el papel que en este sentido cumple el símbolo como "mensajero del plano intermediario". En efecto, el símbolo, lo que él expresa y manifiesta, articula todo el discurso y el pensamiento de Guénon, que utiliza las correspondencias y analogías entre los símbolos y mitos de distintas culturas, "incluso alejadas en el tiempo y el espacio, entrelazando imágenes que terminan convirtiendo en un lenguaje propio el vehículo de las ideas de lo que él llamó la Ciencia Sagrada". Sin embargo, F. González se lamenta de lo poco que es conocido Guénon entre el gran público, a pesar de lo extenso de su obra y de las monografías, números especiales de revistas y los estudios dedicados a él, hecho éste que atribuye "a la solidificación de nuestros tiempos y la falta de interés por los temas que nuestro autor trata, prácticamente dejados de lado –como tantas veces él lo señalara– por el mundo moderno, cuyo anquilosamiento en esta fase final del ciclo llega hoy casi al oscurecimiento completo del entendimiento y al exterminio del símbolo". A esta lamentable realidad se unen todos aquellos que han tergiversado su pensamiento, los cuales "obedeciendo a intereses personales e influidos vaya a saber por qué oscuras fuerzas, han desvirtuado y adulterado su obra, incluso utilizándola en su provecho, especialmente por ciertos personajes que han pretendido ser sus continuadores", entre los que se encuentran "F. Schuon y sus epígonos". Estos, entre los que contamos a los reyorianos, cometen el gravísimo error de confundir religión y metafísica, o exoterismo y esoterismo, negando así la auténtica realidad de la Iniciación, y adulterando en consecuencia uno de los conceptos que Guénon estimaba que debían estar perfectamente clarificados en la conciencia del individuo por su importancia dentro "del proceso de transmutación". El artículo se complementa con unas notas a pie de página sumamente útiles, pues remiten a algunos de los libros y capítulos donde Guénon más ha hablado de la distinción entre metafísica y religión, e igualmente de aquella otra no menos importante que existe entre el No-Ser y el Ser.

Jean Hani homenajea a Guénon reconociendo en su obra uno de los grandes faros que le han "guiado hasta el día de hoy en el orden intelectual y espiritual". Reconoce asimismo el papel que Guénon ha jugado en el reforzamiento de su fe cristiana, a pesar de que, según él, "la parte de la obra de Guénon que trata del Cristianismo es ciertamente la más floja".

Koenraad Logghe relata con pasión su experiencia personal con la lectura de Guénon, asumiendo su paulatina comprensión como una gesta heroica. Comenta que tras la lectura de El Reino de la Cantidad y los Signos de los Tiempos, tuvo "una visión totalmente nueva de la historia de la humanidad", cuya solidificación comienza con la entrada en escena de la contra-iniciación, nacida en el momento en que "la traición penetra en el seno del movimiento iniciático, corrompiéndolo sistemáticamente".

Vienen a continuación "Presence" de Denise Richard, "Cher Directeur" de Tullio Masera, y "Croire-savoir-croire" de Philippe Vaillant, quien afirma que lo primero que le debe a René Guénon "es su comprensión de la tradición y el símbolo". Le siguen Nikos Vardhikas con "Nove, non nova" y John Deyme de Villedieu con "Post Tenebras Lux". Este último afirma, refiriéndose a Guénon, que "a pesar de la envidia, la maledicencia y la necedad, para aquéllos que hayan recibido su mensaje en lo más secreto de ellos mismos él permanecerá siempre como el símbolo de una llama clara, inmutable y de una absoluta verticalidad".

Por su parte, Dalil Boubakeur con "René Guénon et l'Islam", parece que no tiene en cuenta el sentido universal de la obra guenoniana, pues se pensaría, leyéndolo, que ésta sólo hubiera sido escrita para los musulmanes. Es evidentísimo que Guénon no solamente "es el guía intelectual del que tienen necesidad los musulmanes de hoy en día", como afirma expresamente el autor, sino que lo es de todo aquel, islámico o no, que haya ligado con la esencia de su pensamiento a través de la lectura, meditación y asimilación de las ideas perennes y eternas con las que está tejida su obra.

Daniel Cohen con "René Guénon et le Judaïsme" reflexiona sobre las pocas pero jugosas referencias de Guénon a la tradición judía, y especialmente la Cábala. Dice cosas interesantes como las siguientes: "Querer reducir la universalidad a una forma particular procede de hecho de un punto de vista exotérico. Desde un punto de vista metafísico, la noción de forma pertenece al dominio de la multiplicidad. La Tradición Primordial contenía principialmente todas las formas que debían manifestarse, sin estar ella misma sumida a una forma particular".

"Lorsque le soleil se lèvera à l'Occident..." es la aportación de Patrick Marcelot. Este denuncia muy acertadamente las maniobras de Reyor en su intento por crear una Masonería "católica", tentativa que entra en contradicción con lo que ha sido la historia de la Orden, y por consiguiente en contradicción también con lo que dijo Guénon. Después de esto el autor se lanza a una serie de hipótesis acerca de lo necesario que sería el Islam en una revitalización de la Masonería, o en cualquier caso de la "élite intelectual" de Occidente, cuestión ésta muy problemática, que nunca ha fructificado en realidad, y que desde luego con lo que está pasando actualmente en el mundo será difícil que algún día lo haga.

"De René Guénon au Sheykh Abdul-Wahid Yahya" es la aportación de Michel Rouge, la que es seguida por "René Guénon et le arrivée de l'Orient bouddhique en Occident" de Jean-Pierre Schnetzler. Este comienza recordando su temprano interés por el Budismo y de lo importante que fue el encuentro con Guénon a través de la lectura de El Hombre y su Devenir según el Vedanta. En líneas generales el autor habla de lo beneficioso que ha sido, y sigue siendo, el Budismo tibetano (y el zen-budismo) para el hombre occidental actual, que según nuestra opinión se muestra más receptivo a la doctrina del Bodhisattva que a las rigideces de otras formas tradicionales con base religiosa.

En "L'Ensoleillement interieur", Luc-Olivier d'Algange habla claramente del carácter anormal de la "modernidad", que según sus palabras "quiere reducir nuestro entendimiento a un único estado de ser decididamente periférico", por lo que la obra de Guénon es "a la vez un 'vademecum' y un arma", es decir una guía intelectual que contiene la síntesis de la Ciencia Sagrada y la Metafísica al mismo tiempo que un poderoso instrumento que nos infunde el valor (nacido de la claridad procedente de las ideas), tan necesario para afrontar el combate contra los enemigos internos. Leemos lo siguiente: "El Diablo es aquel que divide, aquel que suscitando y adulando la fatuidad humana acrecienta los pretextos de la discordia, envenena las rivalidades y desencadena los poderes de su sumisión a la autoridad. No solamente la Verdad no es ni mía, ni nuestra, ella no está ni en la subjetividad ni en el agregado de las subjetividades, sino en la interpretación infinita que abandona por el camino las cortezas muertas, hasta encontrarlas con la iluminación interior del Sí. Tal es exactamente el sentido de la caballería espiritual".

En "Le dernier rappel" Hajj Yahya Pallavicini llega a la conclusión de que la única posibilidad de la realización espiritual hoy en día en Occidente pasa necesariamente por la pertenencia al Islam, siendo todo lo demás una pérdida de tiempo. Nos preguntamos por qué ese empeño por parte de algunos en que nos hagamos todos islámicos cuando el propio Guénon no dijo jamás nada de eso, él que siempre trascendió las formas particulares para hablarnos de la esencia y la identidad común de todas ellas, es decir de la Tradición primigenia. Es evidente que no todos los islámicos piensan igual, y como dijo en cierta ocasión Michel Valsan: "René Guénon jamás se ha presentado especialmente en nombre del Islam, sino en nombre de la conciencia tradicional e iniciática de una manera universal".

En un interesante artículo G. Servant nos habla de "L'Intellectualité dans l'enseignement de René Guénon", y señala precisamente que su obra es la expresión de la Tradición primordial, y por eso mismo sirve de vehículo a ésta, por lo que la enseñanza contenida en ella no puede ser la "propiedad" de ninguna tradición particular, y desde luego en absoluto persigue que nos integremos en una u otra de esas tradiciones particulares, como vemos que algunos pretenden movidos por no se sabe qué proselitismo, que tal vez sea propio del punto de vista religioso, pero que resulta totalmente extraño a la realización iniciática, que es hacia la que apunta en verdad la obra guenoniana, que, como afirma Servant, "contiene una enseñanza propiamente metafísica caracterizada por la afirmación de la esencia intelectual de todo conocimiento espiritual". Añade que esa enseñanza viene dada a través del conocimiento teórico (aquel que proviene de la doctrina y los símbolos de la Ciencia Sagrada), el único que realmente es "necesario porque es esencialmente intelectual", y como Guénon dice "el orden intelectual es el único que está directamente relacionado con lo universal". Creemos por nuestra parte que el lector que consigue conectar con la esencia de su mensaje tiene la certeza, es decir reconoce, de lo que está hablando Guénon, y esto es lo más parecido a la "anamnesis" o "recuerdo" del que nos habla Platón, y gracias al cual el ser toma "conciencia de lo que es, de una manera permanente e inmutable", como podemos leer en La Metafísica Oriental.

En "De l'oeuvre à la mise en oeuvre" A. A. W. Vincenzo nos dice que la aplicación de la obra guenoniana, esto es su puesta en práctica, ha de venir a través del Islam, y que la pretendida "élite intelectual" en Occidente ha de estar formada prácticamente por integrantes de esa forma tradicional. En Guénon no encontramos nada que apunte en ese sentido, y cuando él habla de la influencia del Oriente en la revivificación de la herencia tradicional de Occidente lo hace refiriéndose a las doctrinas orientales y extremo-orientales en su conjunto, como bien saben sus lectores, y no a una parte de las mismas. Y sin duda esa influencia, esencialmente polar y metafísica, es ejercida por la propia obra guenoniana, testimonio vivo de la Tradición Intemporal.

Patrick Zanzi reflexiona acerca de "La 'réalisation virtuel'", expresión que, según nos dice, Guénon ha empleado tan sólo una vez, concretamente en Introducción general al estudio de las doctrinas hindúes. Recogiendo las palabras de Guénon, el autor considera que esta expresión, aparentemente contradictoria en los términos, alude a la idea de que el conocimiento teórico, o virtual, de la doctrina, lleva en sí mismo sus frutos, pues el ser se identifica con lo que conoce, y esto constituye precisamente "el germen de las realizaciones posteriores, en cualquier orden que esto sea".

El sugestivo título de "Et lux in tenebris lucet" sirve a Amedeo Zorzi para hablarnos de Guénon como un intérprete y adaptador de la Tradición, y que al contrario de los que tomaron esa función en otro tiempo, como por ejemplo es el caso de Dante, no emplea para ello el lenguaje ni la forma de una tradición particular (que en el caso de Dante fue el Cristianismo), pues, continúa Zorzi, "en Guénon el estudio de las doctrinas engloba Oriente y Occidente (...) y todas las tradiciones conocidas son tenidas en cuenta, y asimismo sus elementos más importantes son profundizados a través del lenguaje universal del simbolismo. De esta manera las enseñanzas tradicionales y las verdades metafísicas son expresadas sin depender de las formas tradicionales particulares, y, en esto, encontramos otra característica que convierte a la obra guenoniana en un caso único".

Bajo el título "Divergences", André Bachelet comienza hablando de la inmensa deuda que tiene contraída con René Guénon y su obra, la cual ha "dejado a Occidente la herencia inestimable de la Sabiduría primordial". Esa obra, nos recuerda Bachelet, ha sido escrita fundamentalmente para los occidentales, a pesar de que éstos, en su inmensa mayoría, la hayan rechazado, lo cual constituye "una singular inversión de las cosas, en la que participan, conscientemente o no, aquellos que tienen interés en mantener, si no en agravar, el desorden y la confusión que son inherentes a la marcha descendente de este fin de ciclo". En efecto, Guénon ha sido rechazado por aquellos mismos a los que su obra iba dirigida, una obra que en sí misma es un inmenso acto de generosidad y rigor intelectual que sólo puede venir de aquellos seres cuya individualidad está absorbida en lo universal, en el mundo de las ideas, o como dice Bachelet: "La posición de René Guénon, siendo de orden universal, se sitúa por encima de los puntos de vista particulares". Pero, continúa Bachelet, lo que resulta realmente lamentable, y un signo también del fin de ciclo, es que la obra guenoniana no haya sido aceptada, salvo honrosas excepciones, por quienes estaban destinados a ser los receptores de ella, fundamentalmente el medio esotérico y tradicional, que no ha llegado a comprender la verdadera naturaleza del mensaje de Guénon, y ha dado "... libre curso a una ilusión que bien puede ser calificada de 'exacerbación individualista', más o menos bien masticada en sus diversas modalidades de expresión. De esta forma la obra es amputada, por el ejercicio exclusivo de la razón y el artificio de la dialéctica, de la interioridad que ella vehicula, es decir del 'contenido' universal 'supra-humano' de cuya inspiración procede". Pero el inmenso caudal de Sabiduría que Guénon nos legó está ahí, nos señala Bachelet, quien ve en el propio interés que Guénon tenía por la Orden masónica hasta los últimos días de su vida un testimonio de que esta organización iniciática conserva todavía un destino que cumplir en Occidente, siendo como es la heredera de su auténtico esoterismo, el cual perdurará hasta el final del ciclo, pues es lo único que se conservará en el seno del Arca, en la cual, como dice Bachelet y suscribimos plenamente, se reunirán "los 'gérmenes' para la futura 'humanidad'. Porque lo importante, aquí y ahora, es 'reunir lo disperso'; en primer lugar en nosotros mismos, como nos incita y conduce la Vía que nos ha escogido. Estas exigencias intelectuales ­que Guénon nos recuerda sin cesar­ las aceptamos sin ninguna reserva. Ellas son el garante de una actitud conforme en un itinerario que participa de la Esperanza".

En "Edition en perdition", su autor, Bruno Hapel, se lamenta de que después de cincuenta años todavía no haya habido una edición de las "obras completas" de Guénon, lo que sin duda facilitaría más su difusión, pues si bien lo que hace valiosa la obra de Guénon es sin duda su contenido y no su envoltura, sí se reconoce el valor que se da a una joya por el cofre donde se la guarda. Pero además, nos dice B. Hapel, esa edición obligaría a una actualización o a una "puesta a punto" de toda la obra guenoniana (aún pueden quedar algunos artículos y reseñas no incluidos en ninguno de sus libros póstumos), dándole además una cadencia cronológica, pues creemos que es importante seguir su desarrollo en el tiempo, teniendo en cuenta además que algunos libros fueron escritos como respuesta doctrinal a determinados acontecimientos observados por Guénon como "señales" o "signos" de realidades de un orden más profundo y que él consideró, desde su ubicación polar y central, que debían ser conocidos por el gran público a la luz de la Tradición Unánime. Como dice el autor: "Leer la obra de René Guénon a conciencia es rendirle también homenaje".

Igualmente interesante nos ha parecido la contribución "Pour en finir avec René Guénon", de Jonás, quien afirma con razón que la mayor parte de las críticas hechas a Guénon emanan de los fariseos, de los "esoteristas de salón", de los universitarios y de los intelectuales integrados en la "cultura del sistema"; todas estas críticas, como las que proceden de "Schuon, Danièlou y Reyor", padecen la enfermedad del mundo moderno, que no es otro que "el análisis crítico indefinido, que, cuando aparece, jamás puede conducir, por su misma naturaleza, a ningún tipo de síntesis, y por tanto a un verdadero conocimiento". Hablando del "misterio Guénon", el autor dice de manera muy clara que ese "misterio" se nos presenta cara a cara en el momento en que descubrimos la obra que él gestó: "esta certeza implícita, esta fuerza abrumadora del mensaje tradicional expuesto con el estilo más impersonal, Ħlo más puro posible! En el siglo XX ninguna obra como la de Guénon expresa con tanta fuerza, evidencia y claridad, la trascendencia absoluta del mensaje del que dicha obra es el soporte y el vehículo. Guénon (...) nos pone en relación directa con el intelecto". Por otro lado, estamos totalmente de acuerdo con Jonás cuando, recogiendo las palabras del mismo Guénon, plantea la necesidad de concentrar todas las potencias de nuestro ser en lo realmente esencial y vertical, y no tanto en las formas exteriores (exotéricas) que presentan las diversas tradiciones "abocadas a una decadencia segura, en razón de las condiciones cíclicas". Y como también recuerda el poeta Rûmi: "Lo esencial es atrapar el verdadero sentido, y devenir uno mismo el verdadero sentido".

Viene a continuación "Guénon et les guénoniens" de Abdellah Penot, seguido de los "Témoignages" escritos por diversos miembros del Centre d'Etudes Métaphysiques de Milán. El homenaje se cierra con "Et maintenant, que faire?" de Roland Goffin, para quien la obra guenoniana emana directamente del principio luminoso de Metatron y está al servicio del "Rey del Mundo", es decir de la Tradición Primordial, siendo "el soporte para nuestro tiempo de una palabra teofánica". Por todo esto, Goffin advierte con toda la razón de que "...no se puede acoger a Guénon como si se tratara de cualquier autor, ya fuese pensador, filósofo o teólogo (...) Para nosotros [su obra] no se reduce a una ornamentación cultural o erudita. Ella constituye un alimento y una regla para nuestro espíritu". Por otro lado Guénon como individuo jamás se ha postulado a sí mismo como modelo, y si él en un momento dado de su vida se hizo musulmán, esto corresponde totalmente a la esfera privada de su vida, y no significa de ninguna manera que todos los que toman su obra como guía tengan que abrazar necesariamente esa forma tradicional. Goffin nos dice que esto es tan obvio que en verdad sorprende que todavía algunos piensen lo contrario, es decir que la individualidad de Guénon sea más que el principio universal que informa su obra. Una obra que ha sido escrita en la época más oscura de la "edad sombría" como un hecho verdaderamente providencial por la misma naturaleza de las ideas que expresa y vehicula. Estamos de acuerdo con Goffin cuando afirma que el legado vivo dejado por Guénon es en sí mismo una manifestación del Centro, y que por ello mismo constituye esa "brújula infalible" que nos orienta permanentemente hacia él. F. A.

 

VERS LA TRADITION. "Répandre la lumière et rassembler ce qui est épars". Nş 85 - Septembre-Octobre-Novembre 2001. SOMMAIRE: A. K. Coomaraswamy: "La mer"; 'Umar: "Propos sur l'architecte (I)"; G. Servant: "Remarques sur le statut et la fonction de la femme en Islam d'après l'enseignement d'Ibn Arabi (I)"; Denise Richard: "A propos du Symbolisme des Montures"; Nikos Vardhikas: "La Gnose, les Apocryphes et l'Evangile de Thomas"; Daniel Cologne: "Trois regards sur l'Ordre du Temple et sa survivance"; Philippe Bouet: "Thérapeutique et mode d'emploi"; MISES AU POINT: Roland Goffin: "Dix ans après"; Nikos Vardhikas: "A propos de la vocation de VLT"; 'Umar: "La paille et la poutre"; André Bachelet: "Un départ inspiré"; NOTES DE LECTURE: Luc-Olivier d'Algange: Les Alchimistes; Peregrinus: "A propos du livre de Jean-Luc Maxence: René Guénon Le philosophe invisible"; COMPTES RENDUS: Daniel Cologne: Le souverain caché; Yves Le Cadre: Guénon; Soufisme d'Orient et d'Occident.

Nş 86 - Décembre 2001-Janvier-Février 2002. SOMMAIRE: Roland Goffin: "L'épée, le croissant et la croix"; Charles-André Gillis: "Le Maître de l'Or: 10. L'homme fut serpent autrefois"; 'Umar: "Propos sur l'architecte (II)"; Andé Bachelet: "Le Tuileur: une fonction maçonnique oubliée?"; Koenraad Logghe: "Johann Georg Gichtel et le choix entre Amour et Colère"; G. Servant: "Remarques sur le statut et la fonction de la femme en Islam d'après l'enseignement d'Ibn Arabi (II)"; Luc-Olivier d'Algange: "Notes sur les langages secrets"; Antonello Balestrieri: "René Guénon et le 'Centre d'Etudes Métaphysiques' de Milan"; NOTES DE LECTURE: Michel Rouge: René Guénon et le Roi du Monde de Bruno Hapel; Daniel Cologne: Antaios; Le regard ésotérique; Philippe Bouet: La onzième heure de Martin Lings; John Deyme de Villedieu: "Propos et quiproquos (II)".

 
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