Diseño de Chögyam Trungpa
 
SHAMBALA: La senda sagrada del guerrero. Chögyam Trungpa. Editorial Kairós.  
Hay ocasiones en que la búsqueda del Conocimiento a través de las obras escritas te lleva a encontrar una joya labrada con fina delicadeza, pulida mínimamente, porque el artesano que da belleza a su obra cumple su trabajo al dictado natural que la propia obra le va sugiriendo, dando así forma a la Idea primigenia, recreando mediante el estilo particular de su discurso, el trazado que insufla el viento del espíritu, que sopla en todas las direcciones y allí donde quiere. 

Shambhala es una obra diseñada a modo de vasija. siendo su parte cóncava la que define los limites del mensaje que recoge, dándole la medida y proporción adecuada para que la inteligencia lo pueda reconocer de forma natural, sin esfuerzo, como algo propio. Adentrarse en las enseñanzas Shambhala es evidenciar de inmediato todo aquello que uno ya sabe, que ha sabido desde siempre, pero que por algún motivo ha olvidado. Es retornar al principio de uno mismo, a su propia caverna interna donde subyace la memoria del origen. 

En la vía Shambhala no se dan fórmulas para cambiar el mundo; es la visión que de él se tiene la que impulsa a ser modificada. El 'recipiente' -el libro- está modelado siguiendo el arte de lo real, y esta realidad no es otra que la revelada en y por el mensaje de la Filosofía Perenne. Chögyam Trungpa es una voz de ese mensaje. Su lenguaje no es erudito, sino fresco, transparente como el agua, logrando de la transmisión de sus enseñanzas una didáctica fácil a la comprensión, dirigidas especialmente al hombre que vive su existencia en el tiempo actual, pues "El mensaje básico de las enseñanzas Shambhala es que lo mejor de la vida humana puede alcanzarse en circunstancias comunes y corrientes". 

Lo que se pretende es que el hombre adquiera la confianza necesaria para poner en marcha una empresa que de no ser en tales circunstancias quizá quedaría fuera de su alcance. Se trata, pues, de alentar y orientar al hombre en la conquista de sus propios valores internos, para lo cual es menester despertar a la condición de guerrero, y encaminarse por la Senda Sagrada e invisible que conduce hasta el reino o comarca de Shambhala, (o de Agartha, según otra definición), y que desde luego no es un lugar geográfico, sino que se está refiriendo a un estado de ser, a un espacio interno y central desde el que deben observarse todas las cosas, con los ojos del corazón, participando con pleno conocimiento de la belleza con que se expresa, en la multiplicidad de la creación, la Unidad Suprema del Ser. 

El mensaje trata de rescatar al niño que un día fuimos para permitimos descubrir el mundo de nuevo. Esto significa emprender un camino a contra corriente, volver al punto de partida en donde la visión del mundo es Pura, no contaminada de fijaciones mentales que parcializan y dividen la unidad del conjunto armónico de la existencia. La obra gira en tomo a la idea de que el hombre, el microcosmos, está integrado y se corresponde con un orden mayor, que es el universo o macrocosmos. Dicho en palabras de Chögyam Trungpa, hay que "armonizarse con el orden espontáneo que existe en el mundo", pues "...cuando los seres humanos pierden su conexión con la naturaleza, con el cielo y la tierra, no saben ya cómo nutrir su ambiente ni como gobernar su mundo". 

Así, en la senda Shambhala se habla del mundo del sol poniente; es la visión del héroe vencido, aquél que no ha conseguido remontar la corriente de las aguas y que esta condicionado por un bagaje psíquico que le obliga a vivir una existencia vacía de contenido sagrado, ritual o simbólico, es decir por debajo de sus propias posibilidades humanas, sin haber conseguido descubrir su piedra bruta y por consiguiente sin oportunidad para pulirla. Pero también habla del símbolo del camino del Sol del Gran Este, basado en "la visión de que en este mundo hay una fuente natural de resplandor y brillo que es esa aptitud despierta innata de los seres humanos" o lo que es lo mismo "El Este -el Oriente- representa el despuntar del estado vigílico". 

La obra trata de destacar la idea de que el hombre posee una dignidad humana que necesita rescatar. Sólo así el caminante de la senda Shambhala podrá convertirse en guerrero auténtico, dispuesto siempre a transformar su acontecer diario en un eterno ahora, o como dice el autor: "...encontrar la esencia del ahora". Ese es, sin duda, el desafío del guerrero, conseguir que la presencia real y majestuosa de una realidad trascendente sea en todo momento y circunstancia manifiesta a Su percepción, mostrándole el horizonte limpio y luminoso que nunca ha dejado en tinieblas a quien se ha atrevido a mirarlo e identificarse con él. El mensaje Shambhala sintetiza: "cualquier percepción puede conectarnos cabal y plenamente con la realidad, no es necesario que sea particularmente bonito, podemos apreciar todo lo que existe. En todo hay cierto principio de magia, cierta cualidad viviente. Algo vivo, algo real, está sucediendo en todas partes". M. A. Díaz 

 
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