UN LIBRO SOBRE SWEDENBORG. José Antonio Antón Pacheco. Publicaciones de la Universidad de Sevilla, 1991. 95 págs.  
José A. Antón es profesor de filosofía en la Universidad de Sevilla. Ha publicado Elementos de Metafísica Tradicional (Ed. Heliodoro, Col. 'La Rama Dorada', Madrid 1982), Symbolica Nomina, Introducción a la hermenéutica espiritual del Libro (Ed. Symbolos, Barcelona 1988) y una edición de La Sabiduría de los Angeles, traducida y prologada por él (Ed. Swan, Madrid 1988). Ha publicado también, entre otros, los artículos "Hacia Swedenborg" (Cielo y Tierra, No. 12), "Swedenborg y Unamuno" (Pensamiento, No. 153) y "Presencia de Swedenborg en Eugenio D'Ors", (Heterodoxia, No. 1). Pertenece asimismo al consejo de redacción de esta última revista. 

Nos dice J. A. Antón en el primer capítulo "Unidad y Determinación en Swedenborg": "Así pues, para Swedenborg no hay división o solución de continuidad ontológica en los estadios del ser, y para explicarlo recurre a todo el aparato de conceptos y figuras que el pensamiento tradicional ha utilizado a tal efecto: correspondencias, representaciones, melosías, catóptrica, participación, reflejos... Todo el universo se encuentra entonces reunido y conectado ontológicamente y cada una de sus partes se refleja en todas y todas se reflejan en cada una, dándose así una solidaridad metafísica de todos los seres; el propio mundo inteligible, que en el lenguaje religioso de Swedenborg equivale al mundo divino, a Dios mismo, tiene sus correspondencias en el mundo sensible, efectuándose la presencia de lo divino mismo en el mundo, presencia que a la postre es la que lleva a efecto esa unidad metafísica del mundo sensible". 

Hemos de decir que no entendemos entonces que se hable de "la filosofía de la religión que revela el pensamiento de Swedenborg" o de "esta línea de filosofía religiosa y existencial" o más adelante del "sistema del sabio sueco" aunque se diga, o más precisamente cuando se dice que esa 'filosofía' "ocupa una extensión que abarcaría y contendría motivos del ciclo henóquico y de la metafísica neoplatónica, Dante e Ibn Arabí, Soravardí y el Zohar". No conocemos la obra de Soravardí, pero los demás son precisamente representantes de la Tradición Unánime, o de lo que en Occidente se ha conocido como Philosophia Perennis, o sea de un conocimiento efectivo, supraindividual y ahistórico. La "filosofía de la religión", así como la "filosofía de la historia" o de no importa de cuál cosa son en realidad producciones de la filosofía moderna, que como es profana, se empeña en verlo todo desde afuera, dedicándose entonces a "clasificar" las concepciones, pensamientos y fenómenos en una u otra manera y según un manojo de etiquetas con las que ya se arregla mal que bien, pues no cree verdaderamente en Sophia, arquetípica y presente en todas las cosas, a la que en el fondo niega y no conoce, al ver al pensamiento y a las concepciones de lo sagrado (es decir, de lo real en cualquiera de sus grados) como nada más que productos individuales, es decir, en el fondo y a pesar de las apariencias como nada más que opiniones. 

Creemos que J. A. Antón no se hace justicia, ni a él ni a este ensayo, cuando afirma que "el horizonte ontológico que nos abrirán tales llaves ('las pautas' que se han querido dar 'que sirvieran para abordar la lectura y la comprensión de Swedenborg') ubicarán a nuestro autor dentro de la filosofía de la religión, o de la hermenéutica restauradora o de un existencialismo teñido de religiosidad". 

Evidentemente, Swedenborg no es un filósofo de la religión (y si es la filosofía de la religión la que lo ubica será desde las limitaciones de ese punto de vista) ni es un existencialista más o menos religioso. La "hermenéutica restauradora" tendría mucho más que ver con la obra de Swedenborg; también nos parece que tiene que ver con el propio trabajo de J. A. Antón en este "Libro sobre Swedenborg" como se aprecia cada vez más en los sucesivos capítulos ('El papel del sujeto en Swedenborg', 'Hermenéutica y experiencia interior', 'Tiempo y espacio interiorizados', 'Algunas reflexiones') una vez roto el hielo de una cierta estructuración 'académica' y en ese sentido nos parece más transparente y de por sí sintética la introducción a su edición de La Sabiduría de los Angeles" antes citada, que precede a una selección por parágrafos de este libro, los que J. A. Antón considera los más representativos de toda la obra swedenborgiana. 

En realidad Swedenborg es un 'visionario' y respecto a éstos en general y luego respecto a Swedenborg en particular nos dice Guénon: "...estos 'videntes' no tienen en general ninguna de las nociones de orden teórico y doctrinal que les permitirían reconocerse en ellas a sí mismos y les impedirían deformar las cosas al dejar intervenir la imaginación, que, desgraciadamente, a menudo han desarrollado mucho. Cuando los 'videntes' son místicos ortodoxos, sus tendencias naturales a la divagación se encuentran en cierto modo comprimidas y reducidas al mínimo; casi en todos los demás casos, se dan libre curso y el resultado de ello es a menudo una confusión casi inextricable; los 'videntes' más indiscutibles y más célebres, como Swedenborg por ejemplo, están lejos de estar exentos de este defecto, y no se tomarían nunca demasiadas precauciones si se quiere despejar lo que sus obras pueden contener de realmente interesante. Aún es mejor recurrir a fuentes más puras, porque, después de todo, no hay nada en ellos que no pueda reencontrarse en otra parte, en un estado menos caótico y bajo formas más inteligibles." 1 También señala en otra parte que Swedenborg no es un guía seguro en simbolismo 2 y asimismo, en otro lugar afirma que "Swedenborg ha descrito simbólicamente unas "jerarquías espirituales" cuyos escalones todos podrían muy bien ser ocupados por iniciados vivos, de una manera análoga a lo que encontramos, en particular, en el esoterismo musulmán."3 

Entonces, la hermenéutica más interesante de la obra de Swedenborg sería, como ya está apuntada o comenzada en este trabajo de J. A. Antón, la de discernir en ella símbolo y alegoría, encontrando lo que hay allí de verdaderamente universal. Lo que podrá hacerse con el auxilio de la Tradición -donde quiera que se beba de ella- manifestada por sus vehículos sagrados, teniendo en cuenta que en la obra de aquellos que la manifiestan no hay o no ha habido sólo un esfuerzo personal o individual, que puede verse como ascendente, sino también una realidad descendente que con ella conjuga. 

Swedenborg es un hombre de conocimiento, como aquellos nombrados anteriormente, y un 'visionario' auténtico -no un vidente o un 'medium' pasivo- aunque como las de los chamanes, algunas de sus visiones son difíciles de traducir, pues pertenecen a su propio contexto. J. M. Río 
 
NOTAS 
1      L'Erreur Spirite. P. 332. 
2      Comptes rendus. P. 29. 
3      Etudes sur la Franc-Maçonnerie et le Compagnonnage. Vol. II. P. 217.

 
Fuente Mercurial
Rosario de los filósofos
Anónimo. Frankfurt, 1550 
 
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