EL SOL EMPLUMADO. Frithjof Schuon. Ed. Olañeta, Palma de Mallorca, 1992. 141 págs. 
En una de las introducciones que tiene este libro (pág. XIX) se afirma que: "En sus pinturas, la intención de Schuon es expresar las verdades interiores, y lo hace de una manera muy simple, espontánea y natural, y sin ninguna afectación de simbolismo didáctico. Fundamentalmente, lo que retrata son las realidades superiores, vividas por mediación de su propia alma". Sin embargo, y después de observar dichas pinturas (todas ellas retratos de indios norteamericanos, y que acompañan a los textos, la casi totalidad de los cuales ya han aparecido en distintas obras de Schuon) no se puede por menos que decir que esa afirmación es una gran mentira, pues no hace falta ser muy sagaz para advertir que de ninguna manera aquellas reflejan las "verdades interiores", las que vehiculan precisamente la didáctica simbólica (aquí negada) según la unánime opinión de todas las tradiciones, y nunca el gusto -o mal gusto- personal, pseudoestético y amanerado de que esas pinturas hacen gala. Schuon puede ser cualquier cosa menos artista plástico, y por lo visto su supuesto "talento" a lo sumo sólo alcanza a diseñar "estampas" y "posters", que es lo que en realidad son esos retratos. Estos no se acercan ni lo más mínimo al arte tradicional, y desde luego no parten de la "perspectiva de la philosophia perennis", como también se dice en la misma página. Más aún, Schuon se mofa de este arte, que cuando es realizado por los auténticos representantes de las culturas indígenas norteamericanas sí que expresa verdaderamente la Belleza de la Idea, la cual se traduce en la concepción cosmogónica y sagrada del mundo. De hecho, lo que hace Schuon es una mala y descarada copia de las pinturas realizadas por los nativos actuales, tal y como pueden apreciarse en las revistas especializadas en arte indígena antiguo y moderno, como "American Indian Art Magazine" o en catálogos turísticos como "The Santa Fean", "Vacation Guide" o "Santa Fe Visitors Guide". A pesar de que estén destinadas a la comercialización, muchas de esas pinturas se inspiran directamente de la tradición indígena, lo que les otorga un interés y una calidad que no tienen ni por asomo los "posters" de Schuon, los cuales nos parecen de una opacidad sombría al carecer de la luminosidad y sugestiva belleza del arte indígena. Nos preguntamos cómo pueden estar tan ciegos los "devotos" de éste (como Bárbara Perry, autora de la introducción que comentamos) para no advertir el engaño, pues es inmensa la desproporción entre las pinturas de Schuon y lo que se dice de ellas. Debe ser porque ignoran completamente la existencia de ese arte indígena, o porque lo consideran muy por debajo del que realiza su "maestro". En ambos casos se trataría de un desprecio hacia lo genuinamente indio, y en el fondo hacia lo tradicional, presente todavía en muchas manifestaciones del folklore popular. 

Por otro lado, nunca el arte tradicional ha sido "simple, espontáneo y natural" (al menos en el sentido con que estos términos se entienden hoy en día), en resumidas cuentas naïf, sino que por el contrario siempre ha sido considerado como una actividad ritual, y por tanto ejecutado según unas leyes precisas en perfecto acorde con la armonía del orden universal, al que expresa en todas y cada una de sus manifestaciones. Dicho orden, aquí, brilla por su ausencia. Pero ni tan siquiera esos retratos son naïf , o "ingenuos" (lo que tendría una cierta gracia y frescura), como es el caso flagrante de los desnudos femeninos, que bajo el pretexto de representar la "inocencia de la desnudez original" en verdad son lo más parecido a esas muñecas eróticas y sexis al estilo de la "Barbie superstar". ¿Es esa la imagen que se hace Schuon de la Madre Tierra, de la Gran Madre, sacralizada y venerada por todas las culturas tradicionales? Es grotesco. Evidentemente todo esto absolutamente nada tiene que ver con la doctrina metafísica, pretendidamente expuesta en la obra de Schuon, al que también se considera nada menos que su máximo representante en los tiempos actuales. Otra gran mentira, y esto por razones que por el momento no podemos desarrollar. Tan sólo diremos que personajes como éste lo que persiguen en el fondo es engañar y confundir a los elegidos, utilizando para ello la propia doctrina, a la que tergiversan, persiguiendo así fines muy oscuros. ¿Puede haber mayor traición que ésta? Estos personajes son los usurpadores de una autoridad para la que no están de ninguna manera cualificados. Por eso, y guiándonos sólo de lo que se desprende de estas pinturas, se ha de concluir que lo que retrata Schuon no son precisamente "las realidades superiores", sino otra cosa bien distinta, y no condenable desde nuestro punto de vista, pero si tuviéramos que ponerle un nombre éste no sería en el fondo más que la negación de lo verdaderamente sagrado y metafísico. Su parodia pura y simple, dedicada al consumo de la "Nueva Era". Francisco Ariza

 
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