SYMBOLOS
Revista internacional de
Arte - Cultura - Gnosis
 

DOS CLASES SOBRE EL SIMBOLISMO CONSTRUCTIVO * (I)
IÑIGO CORREA

TRES CONCEPTOS PREVIOS
Quisiera antes de introducir este curso sobre el simbolismo constructivo o sobre la arquitectura sagrada referirme a unos conceptos fundamentales que han estado siempre presentes en las construcciones tradicionales, ya sean estas de Oriente, de Occidente o de cualquier otra cultura tradicional.

En primer lugar decir que todo edificio o construcción que se entienda como tradicional es un modelo de la construcción cósmica, o sea, que tiene tanto en su concepción, su ubicación, su estructura, y en general todo lo que está implícito en ella, una correspondencia con el universo. Ello trae implícito que su origen no hay que buscarlo dentro de las concepciones humanas sino en una de orden celeste o para ser mas exacto, supraceleste.

Por otro lado hay que decir que este modelo es tan válido para el universo o macrocosmos como para el hombre o microcosmos, pues nuestra esencia no es sino la síntesis del cielo con la tierra, las dos partes que desde el estado humano constituyen la unidad cósmica.

Y por último decir que estas dos partes del universo toman por formas preferentemente la circular –a veces sintetizada por la triangular– para el cielo, y la cuadrada o rectangular (y en ocasiones muy precisas también la circular) para la tierra, de forma que la una situándose en lo alto cubre y la otra en lo bajo sostiene, constituyendo así un “patrón” en el que la mayoría de las construcciones tradicionales de una forma u otra fundamentan su estructura.                        

INTRODUCCION

Dicho esto empezaremos por acercarnos a través del significado etimológico de la palabra “arquitecto” y la de “edificio” a los vínculos fundamentales que se establecen entre este arte y la creación de la gran casa cósmica, la que veremos sintetizada en el alfabeto hebreo por la letra bet, seguidamente describiremos las trazas generales de la construcción cósmica para introducir los conceptos de: 1-. la Unidad y el centro, 2-. el de su polarización y el del axis mundi, 3-. del centro de cada mundo, 4-. del cuaternario y 5-. de la manifestación. Nos referiremos entonces al hombre como un microcosmos análogo al macrocosmos y al símbolo como intermediario entre ambos y aquello que los trasciende. Veremos entonces cómo una construcción sagrada es un símbolo en sentido metafísico porque todo lo que en ella se está expresando es análogo a los paradigmas suprasensibles de los que deriva.

La arquitectura, como decíamos, es en su verdadero sentido una imagen de la gran construcción cósmica que es el paradigma de toda la arquitectura sagrada; este patrón, al ser la idea primordial, la que le da origen, no es como apuntábamos obra de los hombres, sino de los dioses; así se le atribuye al dios Apolo en la tradición griega creación del arte de la arquitectura, en la tradición babilónica el semi-dios Uanna es el encargado de enseñar a los hombres el saber de este arte y así, por este motivo si se profundiza en las diferentes culturas siempre hay una deidad encargada de transmitir esos conocimientos a los hombres.

El hombre arquitecto es entonces el que concibe mediante la deidad intermediaria cuando no directamente del Dios único la obra de arquitectura y se convierte por ello en un intermediario o un visionario, un sabio en este arte. No es difícil encontrar ejemplos que testimonian este hecho: según narra Plutarco el mismo Alejandro funda la ciudad egipcia de Alejandría tras haber tenido un sueño premonitorio en el que observa una isla sobre un mar turbulento, cuando en sus viajes reconoció ese lugar privilegiado trazo un círculo con harina sobre el suelo (en vez de con yeso que era tal como se hacía) entonces vio cómo unas grandes aves descendieron del cielo para comerse la harina, lo que fue interpretado por los sabios como un buen augurio de riqueza y prosperidad. También podemos ver este legado en la concepción del templo de Salomón que como es narrado en las sagradas escrituras fue revelado por la deidad a David con todas sus proporciones y medidas, y sin nos trasladamos al extremo oriente observamos lo dicho en la ciudad púrpura de Pekín, la cual se dice fue revelada al emperador Yongle.

ARJITEKTOON

Como decíamos empezaremos profundizando en el significado que todavía queda entretejido en dos palabras importantes dentro del vocabulario constructivo de tal forma que nos va permitir acercarnos a las concepciones arcaicas de este arte llamado arquitectura, y empezaremos precisamente con esta palabra, “arquitectura”, fijémonos primeramente que está compuesta de dos partes, de “arqui” y de “tectura”. Esta palabra tiene sus orígenes en el griego antiguo. Proviene de arjitektoon donde su primera parte arjé o arché es un radical (da significado a la palabra) que designa aquello que es primero y singular e incluso se refiere a lo superlativo, o al principio de una serie o a aquello que genera al nombre que le acompaña, que le da origen, aquello por lo que deviene, por lo que la cosa es, así podemos observarlo por ejemplo en las palabras arquetipo, arcano, archiduque; en donde arquetipo es aquello que está antes del modelo, arcano es aquello que es recóndito e impenetrable, el archiduque es aquel que está por encima de los duques. El resto es la sucesión que está implícita en el nombre y que se da por-su-puesto, es decir, por la adición sucesiva. Aristóteles decía del arqué que era:

Aquello de donde salen todos los seres, de donde proviene todo lo que se produce, y adonde va a parar toda destrucción, persistiendo la sustancia misma bajo sus diversas modificaciones.

Es importante remarcar el detalle de que el origen de algo lleva implícito el final; en las manifestaciones cíclicas p.ej. este se produce en el mismo punto a otro nivel, tal cual el año se cierra y comienza en un mismo momento entre el último día de diciembre y el primer día de eneroy en la manifestación de cualquier cosa en el centro que la origina. El Uno, o el origen, o centro y final de todo lo creado, de toda posibilidad formal o informal, visible o invisible, es entonces el Arqué del universo, así como el corazón es el arqué del hombre verdadero, en donde se origina su existencia y que como tal no puede ser  para el hombre sino un verdadero misterio.

Respecto a la palabra “tectura”, esta proviene del griego tektoon que era un técnico carpintero, aquel que realizaba estructuras en madera, –recordemos que en las primeras épocas la construcción era habitualmente en madera–, un architektoon era entonces el que estaba por encima de los tektoon. Dice al respecto de Pedro Azara que:

… no resulta extraño que el primer significado de téknon fuera “retoño” o “hijo”, la mayor manifestación de vida en la tierra, el desinteresado don vital, el origen de una nueva vida. Los hijos eran los frutos de una manera de obrar: los verbos griegos teknóoo y tíkoo significaban procrear (esto es, disponer delante, exponer, “ex_poner” un ente recién creado, lanzarlo al mundo), engendrar. En francés estos verbos se traducen por mettre à bas, mettre au monde, literalmente, poner aquí abajo, poner en el mundo.

Resultaba pues que la creación artesana era, en verdad, una creación verdadera, una pro-creación. El acto de teknites o del teknoon era dador de vida. Daban a la luz. La vida se originaba gracias a la acción del arquitecto que habilitaba un lugar para que el fuego, y la vida que las llamas eternas simbolizaban, las llamas que el templo de Hestia protegía, prendieran. El arquitecto era un creador, era el Creador. El arquitecto era Dios.

Así, para Platón (Tim. 28 c), Dios era un tektainómenos, literalmente un carpintero, el gran ensamblador del mundo1

Dios en tanto creador es el Gran Arquitecto Del Universo, (Brahma-pura en la tradición hindú), en el que solamente reside un habitante, el Principio divino que por su sola presencia, lo crea, lo anima, y le imprime su propio orden y medida; ese habitante es el carpintero divino como apunta un mito del Kathâ-Sárit-Sàgara que nos recuerda René Guénon, en el que existe:

… una ciudad enteramente poblada de autómatas de madera, que se comportan en todo como seres vivos, salvo que les falta la palabra; en el centro hay un palacio donde reside un hombre2 que es la “única consciencia” (ékakam chétanam) de la ciudad y la causa de todos los movimientos de esos autómatas, fabricados por él mismo.3

Esta figura del carpintero es la imagen del Principio divino que construye y ordena el Universo. Este arquetipo de toda construcción sagrada tiene como consecuencia inmediata la gran ciudad o templo cósmico, que es el modelo de toda arquitectura merecedora del calificativo de tradicional.

AEDE – FACERE

Quisiéramos ahora referirnos a las obras que concibe el arquitecto, a los edificios, y ello continuando con este análisis etimológico porque nos acerca particularmente al significado que lleva implícita la palabra y que en estos casos nos ayuda a descubrir un sentido que hoy día apenas se contempla. Edificio, decíamos, es una palabra cuya etimología proviene del indoeuropeo aede, que está relacionado con “fuego”, y del latín facere, que significa “hacer”, es decir que nos evoca la idea de hacer fuego. Este significado de hacer fuego como veremos está íntimamente implícito en la edificación y primeramente nos lleva a lo que habitualmente se entiende por “el hogar”, una construcción en donde se hace el fuego, y que por otro lado se ha extrapolado a la casa o ciudad en donde uno habita, lo cual no está falto de sentido.

Este hogar podríamos decir que es un altar del fuego, y que es el verdadero eje de la vivienda, su núcleo organizador y fundamentalmente un espacio sagrado; El fuego,  elemento sagrado, también es entregado a los hombres por los dioses, en el Popol Vuh se narra que el dios Tohil es el que entrega el fuego a los hombres, en la mitología griega que es el titán Prometeo el que roba el secreto del fuego a los dioses, para entregárselo generosamente a sus amigos los mortales, librándolos así de la muerte a la que Zeus les tenía condenados. Y destaquemos que Prometeo es sacrificado por ello, pues todo aspecto que se manifiesta del Principio requiere de una manera u otra un sacrificio.

El hombre, podríamos decir, renace o se libera de la muerte mediante el fuego,  antes de conocer la esencia de este elemento el hombre deambula por la tiniebla, decía Esquilo en su libro Prometeo encadenado (448-453) acerca de aquellos hombres que habitaban antes de que se les entregase el fuego:

en un principio, aunque tenían visión, nada veían, y, a pesar de que oían, no oían nada, sino que, igual que fantasmas de un sueño, durante su vida dilatada, todo lo iban amasando al azar. No conocían las casas de adobes cocidos al sol, ni tampoco el trabajo de la madera, sino habitaban bajo tierra, como las ágiles hormigas, en el fondo de grutas sin sol.

Pero si Prometeo es el que ofrece el secreto del fuego a los hombres, será la diosa griega Hestia la que velará por este, la diosa del hogar y del fuego y primogénita de los titanes Cronos (que la devora al nacer) y Rea.

El hogar es entonces el santuario de la diosa y la divinidad se aviva por su intermedio.

La edificación de este altar u hogar es por lo tanto un espacio sagrado y conlleva una construcción ritual, tenemos que ver en su estructura una actualización del eje del universo y del centro que lo sintetiza, el altar, por donde el fuego celeste es traído al mundo de los hombres mediante un acto sacrificial. Ananda Coomaraswamy nos dice al respecto en Svayamâtrnnâ: Janua Coeli4

Los tres perforados del Sí mismo, de los que el más bajo es un hogar y el más alto el lucernario cósmico, forman en efecto una chimenea, (vemos aquí además que lo simbolizado es el origen del símbolo) disons cheminée, á la fois “caminus” et chemin (<hogar> y <via>) par laquelle Agni s´achemine et nous-mémes devons nous acheminer vers le ciel.

("en verdad chimenea, a la vez que caminus y camino (hogar, y vía) por la cual Agni se encamina y nosotros mismos debemos encaminarnos hacia el cielo")

A los Perforados del Sí mismo se les llama "piedras" o "piedras secas" (´sarkare, ´suskaràh ´sarkaràh) (veremos más adelante la relación de la piedra con el altar)… … los perforados del Sí mismo no son solo para el paso hacia arriba de los soplos" sino también "para la visión del mundo del cielo". Además, son la Vía por la que los Devas anduvieron primero arriba y debajo de estos mundos, usando las "Luces Universales" como sus peldaños y la Vía para que el sacrificador haga ahora lo mismo…

Y Mircea Eliade:

En la India védica, se tomaba legalmente posesión de un territorio mediante la erección de un altar dedicado a Agni. "Se dice que se han instalado (avasyatí) cuando han construido un garhapatya, y todos los que construyen el altar del fuego se han establecido (avasitáh). Pero la erección de un altar dedicado a Agni no es más que la imitación microcósmica de la Creación.

Efectivamente es un ritual del sacrificio primordial de purusha (Purusamedha) reactualizado a partir del Agnicaya (es la construcción ritual del altar del fuego, donde se realizan los rituales que “repiten” el acto cosmogónico). Prajapati, Señor de las Criaturas, se representa aquí como el altar sacrificial con forma de pájaro, identificado con Purusa, con el Tiempo (Kala) y con la Muerte (Yama).

Quisiéramos leer de Adrian Snodgrass un fragmento de la descripción de este ritual del Agnicayana por el interés que para nosotros despierta y por lo bien definido que llega hasta nuestros días.

La duración de su construcción (del altar) dura un año en tanto Prajapati es el Año (fijación del tiempo). Acabada la primera hilada se le acerca un caballo al lugar y se le hace soplar sobre ella. El caballo aquí representa a Prajapati y al Sol y los ladrillos de la primera hilada del altar a la progenie de Prajapati, que son todos los seres de los mundos. El caballo resoplando o exhalando es la llegada del viento del espíritu, coincidente con la llegada del rayo de luz proveniente del Sol, por medio del cual todas las cosas vivientes son inspiradas “Tal como él, el que ejecuta el rito, le hace resoplar sobre estos ladrillos, de tal forma que el sol de allí cuelga estos mundos sobre sí mismo con un hilo” y “confiere el soplo verdaderamente sobre ellos”.

La primera hilada del altar de este modo es vivificada, una lámina de oro se deposita sobre una hoja de loto. Aquí la lámina es el sol “El mismo que está en ese disco (sol), es el que ahora descansa (en el altar)” y es inmortal, la hoja de loto representa a las Aguas primordiales, la matriz de Agni, (el Fuego). El Sol y las Aguas es el par de cuya unión se produce Prajapati, el altar, y como un signo de esta producción un Hombre dorado, como imagen de Prajapati, la Persona inmortal (purusa) del sacrificio está cerca tumbada sobre la lámina dorada. Lo siguiente: una tortuga símbolo del cosmos y de la savia vital del mundo se ubica dentro del altar y sobre ella se construyen cinco hileras representando las cinco direcciones y las cinco estaciones (un año)… … las cabezas de los animales sacrificiales se colocan dentro de las hiladas: una cabeza humana, y las cabezas de un caballo, un buey, un carnero y una cabra…. …El altar es una imagen del universo en ambos aspectos, el temporal y el espacial, para ello no solo incorpora los días y las noches y las estaciones de los años, sino que también está orientado de acuerdo a las cuatro direcciones cardinales, cada una gobernada por una estación. El altar está imbuido con la sustancia del mundo es la hipóstasis (las tres personas de la santísima trinidad) del cosmos, su construcción une las direcciones y los tiempos… en un singular y reintegrado todo…5

Y por otro lado me parece ilustrativo reproducir este testimonio recogido de Alce Negro, de la tribu de los sioux que describe el ritual previo a la construcción de un altar y que posteriormente tendremos ocasión de apreciar la similitud que tiene con otros ritos de fundación como es el caso de los de la ciudad romana. Lo describe de la siguiente manera6:

Tomando el hacha, la dirigió hacia las seis direcciones y luego golpeó el suelo al oeste. Repitiendo el mismo movimiento, golpeó el suelo al norte; y después, de la misma manera, al este y al sur; luego levantó el hacha hacia el cielo y golpeó el suelo dos veces en el centro para la tierra, y a continuación dos veces para el Gran Espíritu. Acto seguido rascó el suelo y, con un palo que había purificado en el humo y había ofrecido a las seis direcciones, trazó una línea que iba del oeste al centro, después del este al centro, a continuación del norte al centro, y finalmente del sur al centro, luego ofreció el palo al cielo y tocó el centro, y a la tierra y tocó el centro. Así es como se hizo el altar; como ya he dicho, hemos fijado aquí el centro de la tierra, y este centro, que en realidad está en todas partes, es la morada del Gran Espíritu.

Este ofrecimiento al centro del cielo y al centro de la tierra lo es al eje del universo, el cual es simbólicamente el conducto por el que se puede abandonar el edificio a través de la perforación superior, e inversamente, por donde simbólicamente descienden los efluvios celestes o el soplo del espíritu.

Podríamos decir que el altar de fuego es una imago mundi. Efectivamente si observamos el conducto desde el exterior, desde el hueco de la parte más elevada se saldría de la construcción cósmica, dando acceso a lo que está más allá de los cielos más cristalinos, a ese “lugar” que los circunda y que es llamado el Empíreo.

En cada uno de los niveles horizontales que se expresan en el conducto de la chimenea –que podemos hacer corresponder por ejemplo con cada hilera de ladrillos– podemos ver una ubicación jerárquica de esa parte que se corresponde entonces con el alma del mundo en su aspecto más aéreo, por donde se canaliza el soplo espiritual a medida que fecunda el universo, e inversamente por donde la propia creación y en particular el hombre retorna a su principio en forma aquí de humo ascendente, en donde cada anillo es la representación límite de un mundo que, añadamos, está regulado por el cuaternario expresado aquí según las cuatro direcciones del espacio.

En su base se encuentra el fuego que da a luz nuestro mundo, lo ilumina como ilumina la casa y lo que en ella sucede, con el fuego lo invisible se hace visible, se distingue lo lejano de lo cercano de tal forma que sus rayos de luz van dando color y poniendo medidas a las cosas.

La analogía entre el macrocosmos, el microcosmos y el altar del fuego la podemos ver en el altar védico por el número y la forma en que se colocan los ladrillos que forman el altar y microcósmicamente en tanto sus proporciones y medidas son extraídas del hombre, así el lado de la base recibe las medidas de un hombre con los brazos extendidos, los ladrillos de las hiladas reciben la medida de la de un pie y el “ombligo” del altar mide un palmo cuadrado.

El hogar es el centro que preside el espacio habitado, es un templo dedicado a Hestia o a Vesta, diosas griega y romana del hogar o del fuego de éste, el centro que siempre luminoso señala a los hombres su verdadera morada, aquella de la que nunca salieron y en el que reside su identidad.

Digamos también que el hogar no se refiere solamente al cuerpo de uno o a la casa familiar que se transmitía de padres a primogénitos, el hogar se extiende a la familia, a los conciudadanos, a los antepasados, a la patria, a la civilización y al universo. Si la casa tiene un templo de fuego la ciudad madre también tiene un templo al fuego, por ello Augusto, que fundó sobre el Palatino su propio palacio, levantó como pontífice máximo, un Templo dedicado a Vesta y lo mismo podemos decir de una civilización en el antiguo Egipto la palabra faraón significaba tanto gobernante como casa7, y como ello es una imagen de lo que es el cielo también este es una casa o un hogar

BET

Efectivamente, cuando la Deidad decide crear el mundo, dice la tradición judía que todas las letras del abecedario se mostraron presurosas ante ella para ponerse a su servicio y con ellas poder nombrar todas las cosas. Se le presentaron primero las últimas letras pero por diferentes motivos las fue descartando, Thav fue la primera en mostrarse pero fue rechazada porque era la última letra de la palabra Maveth que significaba muerte, también Shin se presentó y fue despedida por ser la primera letra de Schéquer que quiere decir mentira, sigilosamente entonces se retiraron también la Qoph y la Resh. De entre todas eligió a la letra Bet por ser la primera letra de la palabra bereshit que quiere decir “en el principio” y también de Baruj que quiere decir “bendito seas” y de Berajá que es “bendición”. Bet se traduce por “casa”, Bayit es la casa, el universo es la casa. En el principio Dios nombró el universo como una casa, la esencia de la casa cósmica fue pronunciada, Bet, escribe Cohen de Herrera:

es la letra que construye el mundo. En su configuración icónica y en su valor numérico, bet se constituye como el paradigma de la Creación, como el modelo de la arquitectura de lo que existe y existirá en el universo.

Letra Beth

La letra está trazada a escuadra, analizándola como si estuviera inscrita en un rectángulo verticalmente, podemos observar cómo en este rectángulo que la contiene hay un eje principal en el sentido vertical que es más alargado y uno secundario mas corto en el sentido horizontal, y si su traza la observamos tal como se dibuja vemos cómo un trazo superior curvado y dinámico que desliza –como una extensión y descenso de la letra iod– en una dirección hasta un trazo inferior rectilíneo y estático que aun estando unidos los dos a escuadra, entre ambos el trazo es discontinuo, es decir, que uno tiene que levantar la pluma para después de imprimir el trazo superior, imprimir el inferior, lo que muestra un punto crítico en el cual ambos trazados se unen. Ya nos referiremos más adelante a ello, ahora nos interesa explicar en líneas generales la estructura básica de esta casa cósmica, cómo está ubicado nuestro mundo en ella y la relación que se establece entre ambos.

EL ESQUEMA COSMOLÓGICO

Como anunciábamos al principio vamos a trazar un esquema básico del cosmos con la particularidad de que lo haremos partiendo desde nuestro mundo manifestado como imagen de la multiplicidad para finalizar con aquello que todo lo incluye, y que llamamos la Posibilidad Universal, o sea, que iremos de la parte al todo o de la periferia al centro.

Pues bien, digamos primeramente que nosotros los hombres nos hemos interrelacionado con el mundo exterior mediante los cinco sentidos que tenemos y por intermedio ellos se ha producido un diálogo entre el mundo que consideramos exterior y nosotros. Lo cierto es que mediante este diálogo nos hemos formado una imagen de la realidad un tanto distorsionada, hemos confundido aquello que las cosas son en realidad con lo que aparentan ser, a veces ni siquiera somos conscientes de que hay una realidad que da origen a lo que percibimos, es decir que no somos capaces de percibir que lo exotérico depende de lo esotérico y que este es más real e inmutable. En otras palabras podríamos decir que confundimos el símbolo con lo simbolizado.

Para poder descifrar esta confusión en la que estamos inmersos es necesario que nos ubiquemos describiendo un esquema de cómo está estructurado el cosmos y dónde se sitúan estas realidades a las que nos referimos. Lo haremos utilizando el lenguaje geométrico pues es el que más se asemeja al tema que tratamos, aunque bien se podría describir con muchos otros lenguajes como lo son aquellos que nos ofrecen las otras artes liberales.

Digamos que este mundo de formas sensibles al que nos referíamos es solamente la periferia de un plano horizontal o un nivel de existencia dentro de la diversidad de niveles o mundos que junto con el nuestro constituyen en su conjunto lo que se llama la manifestación universal o cosmos.

Como anunciábamos al principio vamos a trazar un esquema básico del cosmos con la particularidad de que lo haremos partiendo desde nuestro mundo manifestado como imagen de la multiplicidad para finalizar con aquello que todo lo incluye, y que llamamos la Posibilidad Universal, o sea, que iremos de la parte al todo o de la periferia al centro.

Pues bien, digamos primeramente que nosotros los hombres nos hemos interrelacionado con el mundo exterior mediante los cinco sentidos que tenemos y por intermedio ellos se ha producido un diálogo entre el mundo que consideramos exterior y nosotros. Lo cierto es que mediante este diálogo nos hemos formado una imagen de la realidad un tanto distorsionada, hemos confundido aquello que las cosas son en realidad con lo que aparentan ser, a veces ni siquiera somos conscientes de que hay una realidad que da origen a lo que percibimos, es decir que no somos capaces de percibir que lo exotérico (lo aparente) depende de lo esotérico (lo interior) y que este es más real e inmutable que lo exotérico. En otras palabras podríamos decir que confundimos el símbolo con lo simbolizado.

Para poder descifrar esta confusión en la que estamos inmersos es necesario que nos ubiquemos describiendo un esquema de cómo está estructurado el cosmos y dónde se sitúan estas realidades a las que nos referimos. Lo haremos utilizando el lenguaje geométrico pues es el que más se asemeja al tema que tratamos, aunque bien se podría describir con muchos otros lenguajes como lo son aquellos que nos ofrecen las otras artes liberales.

Digamos que este mundo de formas sensibles al que nos referíamos es solamente la periferia de un plano horizontal o un nivel de existencia dentro de la diversidad de niveles o mundos que junto con el nuestro constituyen en su conjunto lo que se llama la manifestación universal o cosmos.

Por sí mismo este mundo nuestro es cambiante e imperfecto si se considera solo como un aspecto parcial del cosmos, el cual es perfecto e inmutable en su conjunto y por su universalidad es más real que el mundo que conocemos.

Todos y cada uno de los indefinidos mundos horizontales que dan cuerpo al cosmos están formados y regulados paradigmáticamente por el cuaternario primordial que podemos representar en cada mundo como una cruz en dos dimensiones cuyo centro es el centro de ese mundo.

Desde este plano en el que nos encontramos, situado este a un cierto nivel respecto al conjunto de planos del universo es que podremos referirnos a los mundos “celestes” como aquellos otros planos que por su ubicación con respecto al nuestro son superiores o más elevados y a aquellos que son inferiores al nuestro como “terrestres”.

Por “encima” de todos los planos celestes, o el “anterior” a todos, (no en sentido temporal sino jerárquicamente) y siendo como el confín que cubre todos los planos que se encuentran por encima del nuestro, se encuentra un límite superior que ya no es un plano sino un polo. Este polo es el que en todas las tradiciones se ha hecho corresponder con la Esencia primordial, en lenguaje platónico por ejemplo es el de las Formas inmutables y en el de la tradición Hindú recibe el nombre de Purusha.

Por “debajo” de los planos inferiores al nuestro, también “anterior” y actuando como soporte “inferior” aun sometido a la influencia del polo superior se encuentra un polo límite que se corresponde con la Sustancia primordial, llamada en la tradición hindú, Prakriti; es la materia prima, aquello que sustenta el mundo pero que no es el mundo (digamos que por este motivo se representa en ocasiones a la Virgen  como negra, es decir, como todavía inmanifestada).

Ahora bien, estos dos polos no son exclusivos o independientes sino complementarios. El símbolo gráfico del Yin-Yang expresa claramente esta realidad: la circunferencia exterior representa la unidad principial, esta a su vez tiene dos puntos opuestos que dividen la circunferencia en dos mitades, de cada uno de ellos surgen dos formas cuyo perímetro es igual que el de la circunferencia y que dividen el círculo en dos partes, una blanca y otra negra, y que son la representación de cómo cada una de las dualidades se expresan en el círculo del cosmos. El movimiento de cada una de las partes tiene como epicentro un “punto” de la otra parte, como si fuera precisamente de su opuesto del que extrae su forma; (observemos que en las diferentes secciones horizontales cuando el color blanco está en su zona inferior la negra está en la superior y viceversa).

Entre esta primera dualidad esencia-sustancia focalizada en los polos podemos advertir un eje vertical, al que se refieren las tradiciones como el axis mundi, o como el “hilo del Sí Mismo” llamado sutratma en la tradición hindú, y se lo puede ver según el simbolismo constructivo como el hueco de la chimenea o como el eje principal de cualquier templo; también se le llama la vía del medio, en donde la esencia ocupa el polo superior y la sustancia el polo inferior.

Y es mediante la acción combinada de estos dos polos que se produce el propio eje que es la síntesis y el germen del desarrollo de todas las posibilidades que se expresan en los diferentes mundos, planos o estados del Ser.

Cada punto de este eje vertical es el origen de un mundo horizontal, de los cuales el del hombre es el que ocupa el lugar central de entre ellos. Este punto central desde el que se origina nuestro mundo se corresponde con lo que anteriormente veíamos que era el altar del fuego.

Retomando lo que decíamos sobre la primera dualidad diremos también que esta no es sino una polarización aparente que resulta de un punto único, geométricamente el símbolo de la Unidad. Es por esta apariencia que ciertos autores se refieren a la creación como un sueño, lo que es análogo al velo de Maya de la Tradición Hindú, un velo que desde un punto de vista no permite ver la verdadera esencia de las cosas, y que nos muestra solamente un grado de su realidad.

De este punto primero poco se puede decir, no está en el espacio porque no tiene dimensión, pero por eso mismo es el generador del espacio y es ubicuo estando en todas partes a la vez, es decir, también aquí y a su vez en ninguna. Si adoptamos el lenguaje temporal, el punto es correlativo al origen de los tiempos y este por lo tanto tampoco puede estar en el tiempo y por ello mismo es eterno, pero tendremos ocasión de hablar detenidamente sobre el aspecto temporal a continuación.

El principio Supremo, la unidad o el centro de centros es un ámbito en el que no hay ninguna dualidad, a El se refieren las tradiciones desde dos aspectos diferentes recibiendo asimismo diferentes terminologías: –Por un lado en tanto se refieren a las posibilidades que tiene inherentes de manifestarse, es decir en tanto la unidad es trascendente –y por otro lado en tanto se refieren a las posibilidades de no manifestación, es decir en tanto la unidad está incluida en el seno del No-Ser.

Así en el primer caso se la ve como el Soberano Arquetipo, el Angulo de ángulos, el punto Geométrico de la gran Unidad, en su aspecto constructor como el Gran Arquitecto Del Universo, en tanto ordenador cósmico en la tradición hindú se le nombra Prajapati y en tanto no-supremo Brahma es Apara-Brahma o Saguna y en tanto es Brahma cualificado se le llama Iswara (personalidad divina). Los gnósticos valentinianos se referían a ella como monógenes, el unigénito.

En el segundo caso la tradición hindú lo nombra como supremo Brahma, Para-Brahma, y neutro, o Nirguna, los escolásticos se referían a El como el Dios incognoscible y los gnósticos como Theos agnostos.

Dentro del esquema de la creación que estamos trazando hay que decir que la Unidad (también llamada el Ser en tanto lleva en sí las posibilidades de manifestación) que contiene en sí el universo es solo un punto o una afirmación dentro de aquello que no es, de la Nada que no es un vacío sino que como dice la cábala es más que luminosa, y le ha puesto por nombre Ain. Es el “ámbito” de todas las posibilidades de no manifestación. Se dice que la “Luz del Absoluto” brilla por encima de las Ideas Arquetípicas que dan sombra al mundo de los símbolos y este al mundo de los fenómenos y este ultimo al mundo de las sombras).

Así, considerando el No ser y el Ser, o las posibilidades de no manifestación y las posibilidades de manifestación se completa lo que todo lo engloba, la Posibilidad Universal o Principio Supremo.

LOS SIMBOLOS - LAS ANALOGIAS

Pues bien, completado este esquema de los diferentes estados del ser, digamos que tanto nuestro mundo como aquellos otros manifestados, aun siendo cada uno según sus condiciones un aspecto parcial del cosmos, están hechos a su imagen, son como una imitación o una estampación del mundo arquetípico según las condiciones de cada mundo –por ello dice Platón en el Timeo que esta estampación en el espacio es la gran obra de arte– y es por esta característica que se pueden hacer correspondencias y analogías entre los diferentes planos de existencia. Pero también existe una correlación entre los mundos, ellos están interpenetrados formando un campo de actuación vertical, una malla interactuante, todo lo que somos como seres humanos y todo lo que perciben nuestros sentidos participa de todos los mundos superiores, de las ideas suprasensibles y es por ello precisamente por lo que no hay nada en nosotros o “fuera” de nosotros que tenga una realidad particular o aislada sino que todo está interconectado a diferentes niveles y dimensiones, lo que confiere otra realidad en donde todo se puede considerar como un símbolo, es decir, como intermediario entre el mundo sensible y el inteligible.

Estos símbolos por otra parte también son interactuantes con otros símbolos de un mismo plano de existencia creando así una malla en ese plano fruto de la intersección de la red vertical, es decir que un mismo eje vertical se expresa según diferentes modalidades de un plano horizontal, son por ejemplo, muchas las construcciones que expresan una misma idea y entre ellas por lo tanto se crea una malla intercultural de simbólicas afines. Esta malla podríamos decir, es análoga a la tradición.

La esencia es la que da cuerpo a los símbolos y no al revés, los hace adecuados (ad- equation = hacerse iguales a) a la idea, la cual siendo de otro nivel de realidad es expresada a nuestro nivel comprensión. La validez del símbolo no depende de que se lo comprenda, ni siquiera de que uno sea consciente de su significado, es válido por su contenido esotérico. El significado del símbolo es inalcanzable por nuestra mente discursiva, solamente lo es mediante la intuición intelectual, pero uno no es inmediatamente consciente de su percepción, la cual además es revelada mediante un proceso escalonado de exégesis (extraer su significado) a través de los mundos superiores antes de llegar a su significado esencial.

No hay nada en el mundo sensible que no participe del mundo inteligible y todo subsiste por la providencia de aquello que no cambia, del Principio Supremo como constituyente de todo lo que existe. Las Ideas Arquetípicas como enseñaba Plotino son pensamientos en la mente divina, el nous,  y que las cosas provienen del Uno por su plenitud y abundancia. Ibn Arabi se refería a ello de la siguiente manera:

Los arquetipos de todas las cosas, que son aspectos de los nombres y cualidades de Dios existen en un estado latente en el intelecto divino. Dios les da existencia de tal forma que devienen manifestadas, así, lo que se ve en el mundo sensible no es sino la sombra de los arquetipos.

ALGUNAS RELACIONES DEL TIEMPO Y DEL ESPACIO

La primera correspondencia que podemos establecer entre el universo y nuestro mundo es la que se produce entre la primera dualidad, la “Esencia” y la “Sustancia”, y el “tiempo” y el “espacio”; efectivamente, nuestro mundo surge de una primera polarización, de la desintegración de la unidad que lo genera bajo estos dos aspectos, la Esencia universal que se expresa dinámicamente como “tiempo” y la Substancia universal que complementariamente se expresa estáticamente como “espacio” y es dentro de los parámetros de estas dos modalidades, la del espacio y la del tiempo, que nuestro mundo está delimitado y en donde las cosas se distinguirán como individuales, de tal modo que aparecen como separadas unas de otras, y si esto lo vemos en su conjunto se constituye el ámbito de la multiplicidad. Las cosas se individualizan y se separan ocupando un espacio propio y desarrollándose en un tiempo concreto, y estas dos modalidades se conjugan entre ellas mediante el cuaternario que se expresa aquí como movimiento, lo que nos da la apariencia de un permanente devenir o de una realidad efímera.

En la arquitectura sagrada se expresan los principios incluidos en el espacio y en el tiempo bajo el lenguaje propio de la arquitectura que es el espacial, si bien hay que decir que es precisamente este lenguaje el más adecuado, pues por la propia naturaleza inefable y escurridiza del tiempo es complejo expresarlos temporalmente. La fijación espacial del tiempo es posible en virtud de que este es regulado por los diferentes movimientos circulares de los astros celestes en el espacio, (el día por la rotación, el mes lunar, el año por la traslación, el gran año por el movimiento de precesión de los equinoccios).

Y para finalizar hoy daremos unas escuetas nociones respecto al simbolismo inherente a la bóveda estrellada, ese magno discurso o canto que permanentemente está pronunciándose por los astros en el firmamento y en el que estamos todos incluidos como preferenciales espectadores y también si esa es nuestra voluntad, como directores de orquesta.

Los movimientos que trazan los astros sobre la bóveda celeste cíclicamente respecto a un eje inmóvil son un símbolo de los principios universales y del alma del mundo así como de la del hombre, es decir, que los patrones internos que la regulan actúan igualmente en el hombre y en los cielos. Las revoluciones celestes son un símbolo para el hombre de las revoluciones de sus propios pensamientos y de las que se producen en su vida; volveríamos a repetir la máxima hermética de lo que está abajo es como lo que está arriba y lo que está arriba es como lo que está abajo... Estos patrones, como observamos en los ciclos y movimientos marcados por los planetas, están regulados por la misma idea del número, que se muestra constituyendo un espacio regulado, ordenado, en equilibrio y en armonía. Los cielos incorporan los mismos significados metafísicos que los números, la existencia de dos polos y de un eje que atraviesa la bóveda celeste nos refiere a los principios ontológicos, al intelecto no discursivo, los propios planetas y sus movimientos son la imagen de cómo las cosas entran en la existencia, creando el tiempo a partir de un origen atemporal. La constante repetición de las rotaciones, la movilidad respecto a un centro y el cambio permanente que se sucede en los astros son una imagen de la eternidad, una proyección de esta en el tiempo, como decía Platón, “el tiempo es la imagen móvil de la eternidad” o “ el tiempo es la imagen de la eternidad moviéndose respecto al número”, no en sentido literal, aquí el número no es algo cuantitativo sino que se refiere a la cualidad que le es inherente de intermediario entre la unidad y la multiplicidad, de la misma manera que el tiempo juega el papel de mediador entre la eternidad y el devenir, la eternidad es un arquetipo del intelecto, el tiempo es la parte esencial del alma del mundo.

Desde el punto de vista tradicional la bóveda celeste tiene un polo visible y otro invisible, el visible lo ocupa actualmente la estrella polar y el invisible lo que se llama el sol metafísico, este ocupa permanentemente el cenit de la bóveda, es inmóvil y en él no hay direcciones, o es en tanto principio de ellas la 7ª dirección, de la que irradian las seis que crean el espacio, se le considera el arquitecto del espacio, el que le da medida y orden y es el punto de unión de los cuatro cuadrantes, (con él Varuna mide la tierra e Indra las seis regiones) y desde él todo el tiempo es instantáneo, es el ojo de Prajapati, que recordemos su forma es la del año. Es el sol en el que contraen matrimonio el tiempo y el espacio, es el paradigma de la constante creación y destrucción y el arquetipo de nuestro sol visible, el que bajo sus auspicios marca durante sus ciclos sobre la tierra la cruz de las direcciones, con el día la del este-oeste y con el del año la de norte-sur, el sol de los hombres el que nos muestra las entradas y las salidas del tiempo…


Continuación

NOTAS
*

Ofrecidas en el CES de Barcelona los días 12 y 26 de Enero del 2009.

1 Castillos en el aire, Mito y arquitectura en Occidente, pág. 49, Ed. GG.
2 Asimilable a Viçvakarma en cuanto principio regulador y constructor del universo.
3 “La Ciudad Divina”, cap. LXXV de Símbolos Fundamentales de la Ciencia Sagrada.
4 El Cuerpo Sembrado de Ojos, Ed. Ignitus, Madrid, pág. 214.
5 Decir que el sacrificio de cada animal es a una hilada y son los diferentes aspectos de Agni, donde Agni es Prajapati. El del hombre es dedicado a VisvaKarman el dios arquitecto llamado también el Gran Arquitecto del Universo.
6 Cf. Hehaka Sapa, Les rites secrets des Indiaens Sioux. Textos recogidos por Josep Epes Brown, Paris, Payot, 1953, p. 22, recogido del libro de Titus Burckhardt, Principios y Métodos del Arte Sagrado, pág. 23-24, Ed. Olañeta.
7 Pedro Azara, Castillos en el aire, ed. GG, pág. 43.

No impresa
Home Page