SYMBOLOS
Revista internacional de
Arte - Cultura - Gnosis
 

CELEBRANDO LA MEMORIA DE NUESTRO DIRECTOR Y FUNDADOR: FEDERICO GONZALEZ (1933-2014)
 
A FEDERICO GONZALEZ FRIAS
JOSE MANUEL RIO

«Todos los seres y las cosas expresan una realidad oculta en ellos mismos, la cual pertenece a un orden superior, al que manifiestan, y son el símbolo de un mundo más amplio, más realmente universal, que cualquier enfoque particular o literal, por más rico que éste fuese. En verdad la vida entera no es sino la manifestación de un gesto, la solidificación de una Palabra, que contemporáneamente ha cristalizado un código simbólico».

Así comienza tu obra escrita, después de enseñar por años la palabra salvífica que despierta la Memoria de lo divino y de nuestro verdadero destino, conocido por todos los pueblos tradicionales del mundo y en particular los del viejo continente y el nuevo pues a ambos se dirige en especial tu obra, como poderoso Atlante que distinguiendo perfectamente lo alto y lo bajo permite que exista una comunicación entre el cielo y la tierra a través del puente revelado del Intelecto y con ello, la realización espiritual de los que se interesan en el Conocimiento. Gracias a escucharte, tus alumnos y luego amigos supimos que era cierto lo que dices en los textos de Simbolismo y Arte, que:

«La audición [es] el medio de que se vale el tiempo para perpetuar el eterno presente».

Y que:

«La verdadera audición se refiere a la identidad con la vibración sonora del plano sutil, increado, pero tan real que constituye el origen de lo audible, lo cual es sólo un símbolo o imagen de la auténtica percepción intelectual, equiparable a la audición metafísica, originada por esa entidad o diosa llamada Inteligencia, capaz de seleccionar valores por nuestro intermedio y presentarse ante la Sophia universal. Saber es escuchar la música cósmica, obtener una respuesta que se ordena igualmente en cada quien a fin de acceder a la audición metafísica».

También has dicho suavemente para quien se acerque a leerte:

«Cada regeneración que sufren los adeptos es un nuevo nacimiento de Dios, que se va abriendo paso en las aguas; se trata de un acontecimiento solemne, es la aparición de la criatura llamada 'Niño alquímico, el Niño dios, en el interior de una individualidad, que lo autogenera –en la Tradición Taoísta llamada 'La Endogenia del Inmortal'. Siendo esa aparición majestuosa el inicio de un camino –es un niño– hasta la coronación de la 'Gran Obra'».

Has ampliado y recodificado la Tradición Hermética, refundándola y abriéndola al pasado y al futuro, en un presente que se despliega reuniéndolos y orientándose hacia lo más Alto como la única Realidad posible, que así se acerca a tocar del corazón, siempre en la Corona.

Has enseñado sus vehículos simbólicos desde la voz y la fuerza espiritual de quien ha llegado con ellos al Buen Puerto.

Has prolongado honrosamente la Cadena Áurea hasta nosotros y nos has hecho pertenecer a ella sin que faltara de tu parte toda generosidad y paciencia, dando asimismo con tu obra la posibilidad a todos a quienes la Providencia quiera hacer partícipes de esa Vía, la única que al parecer queda viva en Occidente y que contigo ha encontrado la Palabra en Acto y con ella novísima fuerza y vigor, como si fuera cada día por vez primera. Ahora te despides en este Fin de Ciclo diciéndonos:

«Llevados por el símbolo, guiados por él, hemos llegado a una Utopía, tan real, como cualquier otro sueño, salvo que éste está signado por la certeza.

«Y guiados por todos los dioses, esos desconocidos, hemos arribado a las puertas del Misterio. Y entonces debemos callar, aunque tratando de hacer comprender a nuestros contemporáneos el valor del Silencio absoluto, de una magnitud que no puede medirse.

«Vivificando la Tradición Hermética estamos cada uno en su casa, como si no pasara nada, aguardando el fin de un ciclo y rogando podamos transbordar a la majestuosa barca de Hermes y Anubis, para navegar perennemente por las aguas de lo no finito».

Y no olvidamos estas otras palabras tuyas acerca de la iniciación:

«…la identificación con la deidad no es sólo la definitiva del individuo con ella, sino un hecho cósmico de alcances inesperados y desconocidos».

Pues que ese Rocío glorioso descienda vivificante sobre los corazones abiertos a él. Donde tú estés, «allí queremos ir».


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